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lunes, 12 de enero de 2009

Tema Polémico: el conflicto palestino-israelí


Para este tema polémico, en ASOJOD queremos hacer una reflexión acerca de una de las situaciones más importantes del momento: el conflicto entre Palestina e Israel. Este enfrentamiento no es nuevo, sino que data desde hace mucho tiempo y tal extensión temporal nos hace preguntarnos hasta dónde puede llegar la irracionalidad del ser humano, que no satisfecho con creer en una entidad metafísica -cualquiera que sea su denominación- que no tiene sustento lógico, todavía mata a otros por dicha creencia.

Antes de abordar la situación actual, queremos hacer un muy breve repaso de la historia de este conflicto durante este siglo (a pesar de que sus orígenes se remontan desde mucho tiempo atrás). El 29 de noviembre de 1947, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) adoptó un Plan de Partición que proyectaba la división de Palestina en dos Estados, uno árabe y otro judío, con Jerusalén como zona internacional bajo su jurisdicción. En diciembre del mismo año, una resolución de esa organización internacional avaló la creación en Palestina esos dos Estados. El Estado de Israel fue establecido el 14 de mayo de 1948, pero el plan para la creación del Estado Palestino no fue aceptado por los países árabes. La creación del estado israelí dio lugar a la primera guerra entre árabes y judíos. En 1957, Yasser Arafat junto con Jalil al-Wazir y Salah Jalaf, fundaron el movimiento Al Fatah para luchar contra los israelíes. Para 1967 estalló la guerra de los seis días, en la que Israel ocupó la península de Sinaí, la franja de Gaza, Cisjordania y parte de los altos del Golán. Un año después, en 1968, la ONU adoptó una resolución en la que conminaba al Estado de Israel a regresar a las fronteras que tenía previo a esa guerra, al mismo tiempo que invitaba a los países arabes a reconocer la existencia del Estado israelí. Sin embargo, ni judíos ni árabes acataron la resolución y los enfrentamientos continuaron hasta derivar, en 1973, en la Guerra del Yom Kippur.

En 1978, un comando palestino mató a 35 civiles israelíes a bordo de un autobús, lo que desató un nuevo conflicto armado: la guerra del Líbano, país en que se había instalado la Organización de Liberación Palestina (OLP), con Arafat a la cabeza. En mayo de 1983, Israel y Líbano alcanzaron un acuerdo para la retirada de las tropas judías, pero al no ratificarse dicho tratado y por causa de la gran cantidad de bajas, Israel inició su repliegue. El año de 1987 significó la aparición de la Primera Intifada, donde prácticamente toda la sociedad palestina se unió en contra de Israel. El año de 1991 marcó el inicio de las negociaciones por pacificar la zona y en 1993, tanto Palestina como Israel se reconocieron mutuamente como Estados. El acuerdo, materializado en el Tratado de Oslo, preveía devolver a Palestina la mayor parte de los territorios perdidos en la guerra de los seis días, aunque mantenía la soberanía israelí sobre gran número de asentamientos judíos esparcidos en esas zonas. Esta situación provocó que grupos terroristas palestinos atacaran a las poblaciones judías, lo cual a su vez fue utilizado por Israel como excusa para incumplir el compromiso de retirada militar de la zona.

Las complicaciones continuaron hasta que en el año 2000, luego de que la Policía judía matara a siete jóvenes palestinos, inició la Segunda Intifada, donde la tónica fue el uso de ataques suicidas de palestinos en contra de judíos, lo que motivó, una vez más, al Estado Israelí a ocupar nuevamente las zonas conflictivas e implementar represalias militares. que derivaron en la muerte de decenas de palestinos.

Desde entonces y hasta la fecha se han presentado numerosas manifestaciones de violencia por parte de ambos bandos. El más actual se presenta desde finales de diciembre de 2008 y durante los primeros días de este año, como consecuencia -según los judíos- de ataques al territorio israelí con cohetes lanzados por los miltantes de Hamas (organización insurrecta islámica palestina que pretende expulsar a Israel, mediante la lucha armada, de los territorios que considera pertenecientes a Palestina y que controla el territorio de Gaza desde junio del 2007). La respuesta de Israel ha sido el ataque mediante la utilización de la fuerza militar, así como el cierre de los puestos fronterizos que comunican a Gaza. Según Mark Regev, portavoz del primer ministro israelí, "una paz duradera debe basarse sobre la total ausencia de fuego hostil desde Gaza contra Israel y un embargo de armas efectivo sobre Hamás que cuente con apoyo internacional".

Seguido a los primeros embates, la condena internacional no se ha hecho esperar en diferentes partes del mundo, sobre todo de los países árabes. El resultado este capítulo del conflicto, luego de más de 12 días de iniciado, es de al menos 600 muertes y se espera que la cantidad de muertos aumente vertiginosamente conforme avances las hostilidades, sobre todo entre la población civil que resulta afectada. Aunado a esto se debe considerar la escasez de medicamentos, pues el ejército judío mantiene un bloqueo contra el el suministro de los mismos (solamente se ha dado un cese al fuego por 3 horas par permitir el paso de ayuda humanitaria), la destrucción de la infraestructura y el hacinamiento en que viven los palestinos (1,5 millones de palestinos en 378 kilómetros, una de las mayores densidades poblacionales del mundo). Se dice además que Israel no descarta ampliar la ofensiva que incluiría la entrada masiva de soldados en las poblaciones de Gaza para acabar con Hamás.

Todo este recorrido histórico del conflicto permite concluir que las incursiones armadas de uno u otro bando no han sido ni siquiera mínimamente eficaces para pacificar la región. Un poco más de mérito pueden tener los esfuerzos de la comunidad internacional, como por ejemplo el del plan para un alto al fuego presentado por los presidentes Hosni Mubarak (Egipto) y Nicolás Sarkozy (Francia) o las accciones que pueda tomar la ONU al respecto, pero lo cierto es que no pasan de ser respuestas temporales a un conflicto cuya solución definitiva no parece vislumbrarse pronto.

Evidentemente, las razones de este conflicto han sido político-económicas y religiosas. Para nadie es un secreto que el territorio judío cruza una de las rutas comerciales más importantes del Medio Oriente hacia Europa y que Jerusalem y otras ciudades son centros turísticos visitados por millones de personas al año. Por su parte, las reservas petroleras que poseen muchos países musulmanes y la necesidad de poder exportarlos, aunado a la conducta de buena parte de los musulmanes que desean acabar con todo aquel que no sea seguidor del Corán, se han erigido como causas del conflicto.

Sin embargo, quizá el componente más fuerte que se erige como motivación de los enfrentamientos armados entre judíos y musulmanes es la "convivencia" forzosa de dos culturas cuyas manifestaciones religiosas históricamente han promovido la violencia (atrás tampoco se quedan los católicos, cristianos, menonitas y otros). En ASOJOD creemos que lamentablemente el problema en Medio Oriente continuará en la medida en que judíos y musulmanes sigan guiando sus acciones por la creencia en que cada uno de sus dioses es el único verdadero y que ellos, como individuos, tienen la misión de limpiar de "infieles" a la Tierra. Obviamente y como el mismo recorrido histórico lo demuestra, el uso de la fuerza como derecho de las bestias, no puede provocar otra cosa que no sea más violencia, más salvajismo y más muerte. Hasta que los involucrados en este conflicto no comprendan que deben usar la razón, la negociación y el diálogo en la búsqueda de soluciones, la historia seguirá sin fin.

Consideramos que el error de la burocracia internacional respecto a la creación artificial del Estado de Israel donde previamente existía otro, fue también una de las principales causas de complicaciones y problemas como los acá descritos. Si bien es cierto que el pueblo judío en un momento de su historia ocupó dichos territorios, y que a lo largo de muchos años ha sufrido eventos lamentables como el holocausto, también lo es que el revisionismo histórico no puede ser nunca un método eficaz para resolver los problemas, máxime cuando se le imponen decisiones a otro país como Palestina, prácticamente a la fuerza. Los problemas del pasado no se solucionan mágicamente de un día para otro, pero tampoco castigando a los actuales por las cosas que sucedieron muchísimas décadas antes, cuando ni siquiera habían nacido, de modo que ni los judíos ni los palestinos de hoy día tienen por qué cargar sobre sus espaldas el pesado fardo de culpa por decisiones y situaciones en las que no estuvieron involucrados.

Para concluir, en ASOJOD consideramos que, tanto musulmanes como judíos se han comportado históricamente como máquinas de matar, como enemigos de la paz y el respeto por la vida humana. Y en vez de buscar soluciones serias para acabar con el conflicto bélico, siguen invirtiendo el dinero de sus tax payers en grandes cantidades de armamento. Imaginemos cuánta riqueza más podría crearse en ambas sociedades si los gobiernos dejaran a los individuos usar su dinero de la forma que mejor les parezca y que no se los quitara para financiar guerras sin sentido. ¿Cuántos civiles inocentes han tenido que pagar con su vida la insensatez de sus políticos? ¿Cuántos daños a infraestructura, al comercio, a las relaciones políticas, sociales, económicas y culturales se han producido por la irracionalidad que está detrás de este conflicto? ¿Cuánto más tendremos que esperar para que la gente aprenda a usar la razón como guía de sus acciones?

Ya lo decía Pascal: "¿Puede haber cosa más insensata que yo tenga que matar a un hombre que no conozco, tan sólo porque mi príncipe tiene una querella con el suyo?" La respuesta es evidente. Por eso, esperamos que los israelíes y palestinos sensatos puedan impulsar con más fuerza su idea de acabar con el conflicto y que los seres humanos racionales de todas partes del planeta, apoyen esa iniciativa o, al menos, quiten lo antes posible del poder a verdaderos carniceros que creen que la razón la tiene quien posea mejor armamento y sea capaz de matar a más personas.