El día de hoy queremos repasar algunas ideas relevantes en relación con lo acontecido en La Reforma la semana pasada. Mucho de lo aquí escrito ya lo hemos expresado en otras oportunidades, pero a la sombra de estos acontecimientos no queda más remedio que insistir con nuestras "majaderías".
Antes de iniciar el análisis, debemos manifestar el asco y repudio que nos ha embargado con la terrible noticia de que un custodio trabajador y honesto muriera a causa de estos desalmados. Dicho lo anterior y deseando con todas nuestras fuerzas que tal evento no vuelva a ocurrir damos paso a unas cuantas reflexiones respecto a los hechos acaecidos.
Del criminal como víctima
Es menester manifestar, en este momento, nuestro rechazo total a una serie de pseudo-teorías que algunos trasnochados intelectuales cacarean, en las cuales se presenta al delincuente como víctima social. En este sentido el ambiente cultural-social-económico-político-familiar es el que empuja al delincuente a cometer sus actos, siendo dichas actuaciones consecuencias lógicas y necesarias del ambiente en que dicho sujeto se desenvuelve.
El problema de tan pobre teoría salta a la vista: es que es incapaz de explicar satisfactoriamente por qué individuos sometidos a los mismos condicionamientos obran de forma totalmente distinta, evitando el camino del crimen, la muerte y la destrucción. Tampoco puede dar cuenta de por qué individuos sometidos a contextos muy favorables también delinquen.
Precisamente, lo que esto nos muestra es que nos encontramos a un mero problema de valores simplemente algunas personas prefieren delinquir a no delinquir, y es a la luz de este libre albedrío que deben de ser juzgados con todo el peso de la ley, sin que charlatanes del pizarrón creen narrativas para justificar sus actos.
Muerto el perro acabada la rabia
En ASOJOD hemos insistido en repetidas ocasiones en el carácter ético de la pena de muerte. Suscribimos la ética objetivista que reza: dar valor con valor. En este sentido, las personas deben de ser tratadas tal y como estas tratan a otras. Si existen criaturas que han matado a un ser inocente, igual suerte deben de correr. Los seres humanos decentes (lo cual es una redundancia en términos), no pueden convivir con estos forajidos que han renunciado a la civilización (esto es el intercambio a través de la división del trabajo por medio de la cooperación social, siendo cada individuo un fin en si mismo, sin que otro pueda atentar contra los derechos de éste) actuando única y exclusivamente a través de la violencia, el miedo y la extorsión.
Si el monstruo Hurtado hubiera sido castigado como debió haberlo sido con el crimen de Monteverde (esto es con su muerte), hubiéramos tenido un monstruo menos alrededor nuestro, o sea una amenaza menos de que preocuparnos. Queremos aclarar que nadie está hablando aquí de muertes sistemáticas o cosas por el estilo, para evitar las falsas acusaciones; simplemente nos referimos que aquellas bestias que han decidido iniciar la fuerza contra un ser humano y quitarle su vida, en el caso de ser encontradas culpables en un proceso judicial transparente y justo que deben de ser castigas con la pena de muerte.
El que mucho abarca poco aprieta
Por último, queremos insistir una vez más como nuestro Estado es todo menos eso. Ha renunciado a su tarea fundamental la cual es protegernos, para dedicarse a vender electricidad, telefonía, internet, gasolina, agua, seguros, a otorgar vivienda, salud, educación, etc., descuidando de forma sistemática e irresponsable la seguridad de sus ciudadanos. Ese descuido nos ha costado muy caro, con la vida de cientos de inocentes.
Estas razones nos llevan, una vez más, a sostener la necesidad de aplicar la pena de muerte a individuos que son incapaces de respetar el derecho a la vida que tienen los otros. Cualquiera que no pueda respetar eso, simplemente es incapaz de convivir en sociedad y se convierte en una amenaza total para el progreso de cada individuo con quien puede interrelacionarse.
En ASOJOD insistimos en que las personas decentes, honestas y trabajadoras no deben vivir en un estado de amenaza constante con ese tipo de bestias.
Antes de iniciar el análisis, debemos manifestar el asco y repudio que nos ha embargado con la terrible noticia de que un custodio trabajador y honesto muriera a causa de estos desalmados. Dicho lo anterior y deseando con todas nuestras fuerzas que tal evento no vuelva a ocurrir damos paso a unas cuantas reflexiones respecto a los hechos acaecidos.
Del criminal como víctima
Es menester manifestar, en este momento, nuestro rechazo total a una serie de pseudo-teorías que algunos trasnochados intelectuales cacarean, en las cuales se presenta al delincuente como víctima social. En este sentido el ambiente cultural-social-económico-político-familiar es el que empuja al delincuente a cometer sus actos, siendo dichas actuaciones consecuencias lógicas y necesarias del ambiente en que dicho sujeto se desenvuelve.
El problema de tan pobre teoría salta a la vista: es que es incapaz de explicar satisfactoriamente por qué individuos sometidos a los mismos condicionamientos obran de forma totalmente distinta, evitando el camino del crimen, la muerte y la destrucción. Tampoco puede dar cuenta de por qué individuos sometidos a contextos muy favorables también delinquen.
Precisamente, lo que esto nos muestra es que nos encontramos a un mero problema de valores simplemente algunas personas prefieren delinquir a no delinquir, y es a la luz de este libre albedrío que deben de ser juzgados con todo el peso de la ley, sin que charlatanes del pizarrón creen narrativas para justificar sus actos.
Muerto el perro acabada la rabia
En ASOJOD hemos insistido en repetidas ocasiones en el carácter ético de la pena de muerte. Suscribimos la ética objetivista que reza: dar valor con valor. En este sentido, las personas deben de ser tratadas tal y como estas tratan a otras. Si existen criaturas que han matado a un ser inocente, igual suerte deben de correr. Los seres humanos decentes (lo cual es una redundancia en términos), no pueden convivir con estos forajidos que han renunciado a la civilización (esto es el intercambio a través de la división del trabajo por medio de la cooperación social, siendo cada individuo un fin en si mismo, sin que otro pueda atentar contra los derechos de éste) actuando única y exclusivamente a través de la violencia, el miedo y la extorsión.
Si el monstruo Hurtado hubiera sido castigado como debió haberlo sido con el crimen de Monteverde (esto es con su muerte), hubiéramos tenido un monstruo menos alrededor nuestro, o sea una amenaza menos de que preocuparnos. Queremos aclarar que nadie está hablando aquí de muertes sistemáticas o cosas por el estilo, para evitar las falsas acusaciones; simplemente nos referimos que aquellas bestias que han decidido iniciar la fuerza contra un ser humano y quitarle su vida, en el caso de ser encontradas culpables en un proceso judicial transparente y justo que deben de ser castigas con la pena de muerte.
El que mucho abarca poco aprieta
Por último, queremos insistir una vez más como nuestro Estado es todo menos eso. Ha renunciado a su tarea fundamental la cual es protegernos, para dedicarse a vender electricidad, telefonía, internet, gasolina, agua, seguros, a otorgar vivienda, salud, educación, etc., descuidando de forma sistemática e irresponsable la seguridad de sus ciudadanos. Ese descuido nos ha costado muy caro, con la vida de cientos de inocentes.
Estas razones nos llevan, una vez más, a sostener la necesidad de aplicar la pena de muerte a individuos que son incapaces de respetar el derecho a la vida que tienen los otros. Cualquiera que no pueda respetar eso, simplemente es incapaz de convivir en sociedad y se convierte en una amenaza total para el progreso de cada individuo con quien puede interrelacionarse.
En ASOJOD insistimos en que las personas decentes, honestas y trabajadoras no deben vivir en un estado de amenaza constante con ese tipo de bestias.