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lunes, 27 de julio de 2009

¿Son la religión y la mitología distintas?


Hoy quisiéramos analizar el tema sobre la relación entre mito y fe. Generalmente se utiliza la noción de mito para referirse a las creencias particulares de ciertos pueblos, como por ejemplo la mitología griega o la mitología escandinava mientras que la religión se refiere a sistemas practicados en la actualidad como la religión cristiana, la religión hindú, entre otras. Ahora bien, la pregunta que quisiéramos hacer es si la religión y la mitología son distintas, tanto desde un aspecto histórico como desde uno epistemológico.

En primera instancia es interesante observar cómo define la REA (Real Academia Española) tanto al mito como la religión:

“Mito: Narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heróico. Con frecuencia, interpreta el origen del mundo o grandes acontecimientos de la humanidad.”

“Religión: Conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto.”

Si se observa ambas definiciones, pareciera ser que el mito posee una connotación mucho más fantástica que la religión, ya que el primero es descrito como una narración maravillosa mientras que la segunda es un corpus de creencias que se refieren a la divinidad.

Ahora bien, si se analizan desde un plano histórico, es posible encontrar tantos diferencias como similitudes entre la religión y el mito (en nuestro caso nos basaremos en la mitología griega y el cristianismo, ya que son los casos con los que estamos más familiarizados). Por ejemplo, es posible identificar textos sagrados o fundamentales en ambas creencias. En el caso del cristianismo podría pensarse en la Biblia (escrita por diversos autores) mientras que en la mitología griega en la Teogonía de Hesíodo y en la Odisea y la Ilíada de Homero. Es posible que estos libros mencionados, en todo caso, representen la recopilación hecha por estos autores de tradiciones orales de mucho tiempo en sus respectivos pueblos.

Ahora bien, es cierto que podría decirse que la mitología posee un carácter menos histórico que la Biblia, aunque también no habría que olvidar la antigua ciudad de Troya fue descubierta gracias a investigaciones inspiradas en la Ilíada y que, además, la Biblia tiene un claro comienzo mitológico con el relato del Génesis y las subsecuentes intervenciones divinas en una u otra forma. También desde un punto de vista institucional la mitología tenía sacerdotisas (el oráculo de Delfos siempre fue muy famoso en la antigüedad) como en la actualidad existirán los correspondientes líderes espirituales de cada religión.

Recapitulando, lo más posible es que la distinción entre religión y mitología se comenzó a concretar cuando los primeros profetas del cristianismo, al tener que separar su religión de las “paganas”, tuvieran que clasificarlas como un fenómeno distinto al de ellos. Luego, con el intento del cristianismo de incorporar la filosofía griega a su creencia durante la Edad Media (por ejemplo San Agustín con Platón y Santo Tomás con Aristóteles) posiblemente sus escolares creyeron que el cristianismo tenía que ser distinto a la superstición del mito, puesto que este se había racionalizado (al menos eso pretendía). Así, la religión sembró la idea de que la superstición y lo fantasioso era propio de la mitología, pero no de ella misma. Por eso, hoy en día observamos que las personas ven con incredulidad que, en el pasado, otros creyeran en Zeus pero conciben como algo completamente racional (o al menos evidente) que un hombre pueda resucitar en 3 días.

Claro está que, como el intento de racionalizar la religión nunca fue muy exitoso, el concepto de “fe” contribuyó a fundamentar la religión, ya que se transformó en virtud el tener creencias que, en última instancia, no pudieran ser refutadas al transformarse en dogmas. Se podría considerar que la religión ha cambiado algunas de sus posturas a lo largo del tiempo, por ejemplo, la posición de la iglesia católica con respecto a la evolución. Sin embargo, lo importante, para nuestros efectos, es que toda creencia religiosa debe tener un núcleo duro que, en el momento en que lo cambia, dejaría de ser un fenómeno religioso. Por ejemplo, al parecer, la teoría de la evolución podría ser leída bajo la luz de la teología católica, pero si esta renunciara a la creencia de que Jesús resucitó, entonces sería difícil concebir en que sentido el catolicismo seguiría siendo la misma religión de antes.

Así, hemos observado cómo, en realidad, la diferencia entre la mitología y la religión es muy poca, pues ambas tienen una teoría sobre el origen del mundo, ambas tienen entes sobrenaturales que intervienen en la vida del hombre, ambas sugieren una moral para que el ser humano viva, ambas tienen sus libros “sagrados”, sus instituciones religiosas, entre otras y, en realidad, radica más en una distinción con el fin de desprestigiar a lo mitológico y así considerar a lo religioso como un fenómeno superior, cuando en realidad es igual irracional creer que Atenea ayudó a Ulises a regresar a su hogar con Penélope, que creer que Yahveh guío a los judíos fuera de Egipto.

lunes, 9 de marzo de 2009

Tema polémico: Ciencia vrs Religión


Hoy quisiéramos tratar desde ASOJOD un tema sumamente interesante, aquel que se refiere a la relación sobre la ciencia y la religión, y en este caso, sobre si ambas son compatibles o incompatibles entre sí.

Claro está que independientemente de la compatibilidad o no de la ciencia y la religión, esto no quita que una persona profundamente religiosa sea capaz de realizar aportes significativos al corpus científico de su época (por ejemplo Newton y Galileo en la física o Adam Smith y John Locke en economía y filosofía política). Tampoco quiere decir esto que no hayan existido momentos históricos donde la religión y la ciencia hayan atravesado sus períodos de relaciones cordiales o relaciones más conflictivas. Por ejemplo, podría afirmarse que durante el ambiente fuertemente escolástico de la Edad Media entre el siglo XI y XV se generó un ambiente cultural donde se prefería darle gran credibilidad a las fuentes (e.g, Aristóteles, Santo Tomás de Aquino, etc) en vez de apoyar un espíritu de cuestionamiento intelectual. Por el otro lado, han existido ocasiones en que la religión ha apoyado ciertas teorías científicas como por ejemplo la interpretación del Big Bang por parte del Vaticano como un momento adecuado para la intervención de un Creador.

En ASOJOD deseamos analizar la compatibilidad de la ciencia y religión desde un aspecto metodológico y no histórico u ontológico (es decir, no nos referiremos al problema de la existencia de Dios). Una vez aclarado todo esto, pensamos que existen ciertas inconsistencias metodológicas entre ciencia y religión que dificultan a una persona a dedicarse a ambas actividades sin supeditar una sobre la otra.

En primer lugar se puede hacer referencia a la navaja de Ockham, la cual podría parafrasearse como sigue: “Dadas dos o más teorías que pretenden explicar un fenómeno X, ha de escogerse aquella que necesite de la menor cantidad de presupuestos.” Ahora bien, alguien podría pensar que en realidad es injusto decir que la ciencia y la religión discrepan en cuanto a esto, puesto que ambas constituyen teorías que pretenden explicar distintos fenómenos y por ende no están compitiendo. Sin embargo, si se piensa más profundamente el problema, se presentan ciertos temas donde ambas pretenden dar una explicación. Por ejemplo, supongamos que se tiene una teoría científica (teoría A) que es capaz de explicar todo en el universo -concerniente a su funcionamiento- salvo su creación. Supongamos por el otro lado que la teoría B no discrepa con la A respecto al funcionamiento del Universo y sus leyes, pero agrega el supuesto de Dios como creador del Universo para explicar su origen. Ahora bien, mientras que para la teoría A sólo es necesario suponer la existencia del universo, para la teoría B es necesario también suponer la existencia de Dios, es decir, la teoría B traslada el problema de la existencia del universo a algo mucho más complejo como podría ser por qué existe Dios. Nuevamente, esto no quiere decir que Dios exista o no exista sino que simplemente suponer su existencia no añade ninguna información relevante a la explicación del universo y por ende, si se quiere ser consistente con la navaja de Ockham habría que desecharlo como hipótesis.

El segundo y último argumento que queremos mencionar sobre la incompatibilidad entre ciencia y fe se refiere más que todo a las creencias religiosas de algunas religiones y no tanto a la creencia en dios. Con esto nos referimos a otro principio metodológico que podríamos llamar “Principio Copernicano” y que podría enunciarse así: “En la explicación de una fenómeno natural cualquiera, el ser humano debe evitar al máximo cualquier explicación en términos antropomórficos, es decir, haciendo referencia a cualidades propiamente humanas.”

Cabe resaltar en este caso que este principio ha surgido a partir de una acumulación de información científica abundante, donde cada vez ha existido una mayor tendencia a explicar los fenómenos naturales sin asignarles cualidades humanas, mientras que en otra época habría parecido sensato darles cualidades humanas a la naturaleza. Con respecto a las religiones, bastaría con hacer referencia a que, en la mayoría de ellas existe, un antropomorfismo enorme ,puesto la mayoría de los dioses religiosos gozan de características humanas como la capacidad de amar, odiar, etc. y porque en ciertas cosmovisiones como el cristianismo, el hombre adquiere un rol central dado que Dios asume forma humana y en este sentido el hombre posee un rol privilegiado entre el resto de la creación.


Finalmente, desde ASOJOD hemos querido referirnos a este tema porque consideramos mejor un “monismo epistemológico” sobre un “dualismo epistemológico”, donde en el último tenemos distintos presupuestos para entender el mundo y en el primero solo uno: la ciencia.