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martes, 4 de diciembre de 2018

La columna de Carlos Federico Smith: ¿y quién va a pagar por esto?

Ya lo sé. Habrá quien piense que esta es una pregunta estúpida. Pero, me parece conveniente enfatizar que será usted, que seré yo y que seremos todos los contribuyentes al sistema de la Caja del Seguro Social, quienes tendremos que pagar por las pérdidas provocadas por la huelga reciente en esa entidad. Y no es poca cosa: estimaciones preliminares hechas por ese ente indican que, al momento en que se dio a conocer a los ciudadanos, la pérdida será, como mínimo, de ¢12.000 millones.

La información proviene de un artículo de La Nación del 21 de octubre, titulado “Huelga costó a la Caja al menos ¢12.000 millones,” pero creo que es un título verdadero a medias, pues, en realidad, es un costo que nos fue ocasionado a todos los costarricenses por un grupo de huelguistas en días anteriores (estimación de la huelga que duró del 10 de setiembre al 10 de octubre).
 
Pero, quedemos claros: esas son estimaciones preliminares pues, según lo señaló al medio la Gerencia Médica de la entidad, dicha información tiene que ajustarse por “el dato de los funcionarios participantes en la huelga y con los requerimientos de las diferentes unidades de la Caja para mitigar las secuelas de la protesta de los servidores.” Aquella estimación de ¢12.000 millones “incluye los pagos de horas extra y la contratación de personal adicional”, así como “la compra de servicios de lavandería y nutrición” y lo que la Caja denomina “oportunidades perdidas,” que es “el valor de las consultas y cirugías programadas y que no se pudieron realizar.” 

Según la Caja, el total de citas perdidas fue de 129.935, de las cuales 80.949 eran con médicos generales, 40.567 con médicos especialistas y 8.000 con otro personal como trabajadores sociales, psicólogos y nutricionistas. Hasta el 10 de octubre se habían perdido 3.706 operaciones y se estimó que podrían ascender a 4.000. Gracias al Expediente Digital Único de Salud se atendió a enfermos en los hospitales. Así, las citas perdidas no fueron lo elevadas que podrían haber sido sin ese instrumento de control.

Aquellos datos de costos en que incurrimos los costarricenses por esa huelga en la Caja, obviamente no miden los costos que personalmente experimentaron, incluso en el control de su salud, todos aquellos que no tuvieron los servicios normales de la Caja, costos que van desde adquirir servicios médicos fuera de la Caja, pedir permisos en los trabajos para ir a la nueva oportunidad de cita que se les dio, costos de transportarse a los hospitales y llegar darse cuenta de que no los atenderían, teniendo que volver luego a recibir el servicio, e incluso por dolores que muchos sufrieron durante esa espera del cuido necesario y no me atrevo a pensar que, por la huelga, hasta muertes pueden haberse dado, al no tenerse el servicio de pleno funcionamiento de la Caja.
 
Por eso, aquella pregunta “estúpida” me permitió hacer ver la ausencia de misericordia ante el dolor ajeno que exhiben ciertos huelguistas insensatos, además del costo pecuniario para la Caja; esto es, para los contribuyentes, quienes siempre son los que terminamos pagando esas injusticias.


Jorge Corrales Quesada

lunes, 26 de octubre de 2015

Tema polémico: crónicas de Tiquicia

Como en Narnia. Así nos nos sentimos a veces con lo que pasa en nuestro país, pues pareciera más la obra de ficción, imaginada en la mente de un creativo escritor que la realidad cotidiana que enfrentamos. Quizá Gabriel García Márquez había planteado, en su Macondo, una dimensión paralela e increíble donde las cosas más sorprendentes ocurrían con toda normalidad, sin pensar que poco después, en este pequeño rincón del mundo, se iba a materializar. 

El último capítulo de esta saga llamada Costa Rica es el anuncio de huelga que hicieron los sindicatos para mañana, a fin de proteger sus privilegios y gollerías, financiadas a costa de los impuestos de miles de ciudadanos a los que dicen "defender", sobre la cual, el Presidente Solís Rivera ha asumido una posición bastante complaciente. 

No puede ser que, una vez más, un grupo de holgazanes paralice el país y perjudique a miles de personas que quieren trabajar para tener un mejor presente y futuro. Y menos puede ser que el Gobierno trate con tanta benevolencia a una banda de esbirros, por miedo a lo que sus potenciales aliados políticos puedan hacer. Su acción se limitó a llamarlos a negociar y cuando las gestiones fracasaron, simplemente Solís se lavó las manos diciendo "que cada palo aguante su vela", como si con tal frase advirtiera que tomará acciones.

En realidad, el Presidente no tiene voluntad para ejercer su mandato con seriedad y responsabilidad. Su frase de campaña "con Costa Rica no se juega" no ha sido más que una triste parodia en este año y medio de gestión, ya que a los ticos nos han bailado y vacilado una y otra vez sin que pase nada. A nadie han destituido, nadie ha mostrado vergüenza y presentado su renuncia, nadie ha asumido el costo político ni ha sido procesado.


Aunque hemos visto con beneplácito la incipiente organización ciudadana en la anterior marcha contra RECOPE, falta mucho más por hacer. Todavía hay muchos que no se dan cuenta de que tienen el poder para exigir a los políticos impulsar los cambios necesarios para frenar este abuso y, más bien, siguen legitimando en las urnas a los que mienten y llevan el país hacia el despeñadero.
 
En ASOJOD creemos que mañana debería ser un día que marque el inicio del cambio, que las personas que están cansadas de ser rehenes de unos cuantos gamberros institucionales alzen la voz y exijan cambios.Es nuestra oportunidad de devolver a esta sociedad a la senda de la decencia, de la ética y de la responsabilidad. Está en nuestras manos aprovecharla o dejarla pasar.

miércoles, 14 de mayo de 2014

Desde la tribuna: brecha educacional




Es cierto que a una parte de los maestros no ha llegado completo su salario quincenal.  También es cierto que algunos no han recibido el pago.  Pero también es cierto que el software nuevo del MEP es una mejor herramienta para los trabajos correspondientes y que la nueva Administración (a partir del 8 de mayo) no tiene culpa ni responsabilidad en lo que pasa.

Es irracional exigir solución inmediata a una Ministra que apenas llega a tomar posesión de su cargo.  Es inaceptable que la supuesta negociación no de un margen de tiempo para que la nueva Administración tome medidas o averigüe cómo arreglar los problemas, en su verdadera dimensión.

Pero todavía es peor que las víctimas sean los estudiantes.  ¿Acaso no contribuirá la huelga a aumentar la brecha entre la educación pública y la privada?

También es malo hacer una manifestación en la calle entre el Hospital San Juan de Dios y el MEP (Edificio Rofas).  Ello victimiza a mucha gente más:  pacientes del hospital, usuarios de diversos servicios y una presión laboral impropia sobre los programadores del MEP, que deben estar al borde del infarto y la presión.

Todo ello sin hablar del caos en las calles josefinas, que acarrea pérdidas, gasto inútil de derivados de petróleo, afectación del tiempo ajeno y la ruina de muchos trabajadores.  Al final los educadores afectados recibirán hasta el último cinco, pero sus víctimas no serán resarcidas.  Así ha funcionado siempre.

Como si no fuera suficiente diseñar programas públicos criticables y cuestionables, por razón de que en la escuela pública ahora se tardará más en aprender a leer y escribir y, ello más otras cuestiones del sistema, podría hacer que el atraso sea mayor y determinante;  ahora queda claro que los estudiantes son el instrumento de negociación y su necesidad es como un secuestro.  

Tengo claro que en la escuela privada avanzan, quizás con menos pago de recargos, quizás con menos inclusiones en sus salarios, quizás con muchos menos ventajas laborales, quizás sin el pago de incentivos por servicios que no se prestan (200 días efectivos, materiales de clase incluidos en el salario) pero con esa porfiada manera en que el sector privado avanza y trabaja, compite y produce, sirve y se afana, a pesar de que desde la acera de enfrente le acusan de poco solidario y centrado en el lucro.  ¡Ay paradojas de la vida!  

Con ello, el sector privado evidencia su respeto por el educando y su eficacia indiscutible.  En cambio, en la acera de enfrente …

Federico Malavassi Calvo 

lunes, 15 de agosto de 2011

Tema Polémico: Indignados contra...¿?


Es innegable el legítimo derecho del ser humano a manifestarse ante lo que considera injusto. Este es, de hecho, un elemento fundamental de las democracias, al punto que no podríamos considerar una que acalle la voz de quienes sienten cómo sus legítimas aspiraciones se ven afectadas. Sin embargo, en los últimos meses hemos presenciado en diversas partes del planeta manifestaciones que banalizan este derecho.

En ASOJOD queremos llamar a reflexionar sobre el verdadero valor del derecho a manifestarse y su utilidad, como recurso ante las verdaderas injusticias, además del peligro y las contradicciones que se esconden detrás de algunas de estas expresiones.

Para ser claros, el derecho que estamos defendiendo –y sobre el cual queremos llamar la atención- es aquel que utiliza los mecanismos institucionales que brinda la democracia para manifestarse, y que constituye la vida misma de todo régimen democrático. No podríamos tolerar, por su puesto, aquellas manifestaciones contra la democracia misma, pues su naturaleza pone en peligro la propia supervivencia del sistema.

La reflexión surge a partir de las manifestaciones de los llamados Indignados de España, que nacen como corolario de la revolución de los Jazmines, con la clara diferencia de que estos últimos combaten en países al mando de tiranos, mientras que en Occidente las manifestaciones se enmarcan dentro de regimenes democráticos.

La consideración no escapa a nuestro interés inmediato, pues aunque los acontecimientos que se viven en España, Inglaterra, Chile e Israel se dan a miles de kilómetros de distancia, las consecuencias podemos apreciarlas en casos como la reciente huelga de trabajadores de la Caja Costarricense del Seguro Social, por citar sólo un caso.

Y es que no podemos dejar de lado las claras contradicciones que encierran este tipo de acciones colectivas, cuando los manifestantes exigen empleo, pero sus ataques se dirigen contra el sistema financiero y empresarial generador de empleo; cuando se indignan contra los políticos y la política en general, pero sus demandas colectivistas se encaminan a pedir mayores prerrogativas a los políticos; cuando exigen transparencia y democracia genuina, pero ellos mismos critican a los representantes que votaron, o peor aún, ni siquiera votaron.

“No nos representan”, gritan en España, pero son los que gritan –y los que no-, quienes llevaron a los representantes hasta donde están. Estas mismas contradicciones las podemos encontrar una y otra vez en nuestro país. Cuántos costarricenses que hoy critican las condiciones en que vivimos votaron por el partido en el gobierno.

Indignarse más parece un esnobismo que se expande al ritmo de las redes sociales. El último grito de la moda progresista es indignarse, y luego, preguntar por las razones de la indignación. Si alguien creé exagerada esta apreciación debería ingresar al grupo en Facebook Indignadxs Costa Rica para corroborar lo aquí dicho.

Pero no debemos reflexionar únicamente sobre la banalización del derecho a manifestarse, y los peligros que acarrea semejante libertad, sino también, sobre la eficacia de este instrumento, como mecanismo para llamar la atención y lograr objetivos sociales.

Ya en 1965 Mancur Olson, en su libro La Lógica de la Acción había señalado la naturaleza ineficiente de las manifestaciones dentro de los grupos numerosos, los cuales resultan menos eficientes en términos de organización y movilización que los grupos pequeños.

La cuestión no es menos relevante, pues si nos preguntamos cuál fue la última movilización social en Costa Rica que alcanzó el 100% de sus demandas deberíamos retroceder hasta el año 2000, cuando las organizaciones sociales lograron detener denominado “COMBO DEL ICE” que intentaba privatizar la prestación de los servicios la electricidad y las telecomunicaciones. Muchas manifestaciones han pasado en poco más de 11 años desde entonces, y ninguna ha logrado alcanzar la totalidad de sus peticiones.

¿Podríamos decir que este es un mecanismo eficiente? La respuesta es un categórico No.

Ni los grupos en contra del TLC, ni los estudiantes universitarios que pedían un aumento del presupuesto del FEES, ni los porteadores, ni los grupos indígenas, ni los trabajadores de la Caja, ninguno de estos grupos han alcanzado la integridad de los objetivos perseguidos.

Es por estas razones que consideramos que el derecho a la protesta debe ser accionado como ultima instancia, en casos que lo ameriten. Convocar a la protesta sin antes agotar los mecanismos que la propia democracia nos otorga es banalizar el derecho a la desobediencia. Lamentablemente hoy el derecho a manifestarse se encuentra corrompido, desgastado y degradado por los aficionados a la queja.

jueves, 26 de febrero de 2009

En Vela


La junta directiva o, mejor, comando político, como se le llama, de los profesores de segunda enseñanza (APSE) anunció ayer lo único que saben hacer: declarar una huelga, revestida, por supuesto, de “un pliego de peticiones” o documento chantaje, cuyo secreto es la imposibilidad de cumplir. Por años han demostrado una singular pericia en esta materia, cuyo único requisito es la decisión de causar daño, esencia de su oxidada ideología.

La huelga se proclama, en esta oportunidad, 9 días después de iniciado el curso lectivo. La razón es de alcance universal: la recesión y, por ella y con ella, el despido de empleados en la empresa privada. Para quienes no tienen idea del papel de la empresa privada en la economía, aunque viven en gran parte del pago de los impuestos de empresarios y trabajadores, cualquier pretexto es posible para no dar clases. Para estos acuerdos no hace falta estudiar ni conocer los valores éticos o cívicos. Es suficiente un odio entrañable contra la democracia, contra la empresa, contra la educación pública. Estos dirigentes son los educadores y los modelos de los jóvenes de Costa Rica.

Estemos, pues, preparados para una serie de declaratorias de huelga a lo largo del año. La impunidad los ampara. El ladrón de carros se expone a sufrir la dureza de la cárcel. Al ladrón del tiempo lectivo de estudiantes y padres de familia, esto es, de lo más entrañable de nuestra cultura, nada le pasa. Se echará a dormir y a ver tele el día de la huelga para retirar el salario, sin rubor, a fin de mes. Los educadores responsables darán clases sin temor a la persecución de sus dirigentes.

Razones para huelgas futuras: la insuficiencia de psiquiatras en Costa Rica, la muerte en Bolivia del Che Guevara, el mal estado de salud de Fidel Castro, las inundaciones de octubre y la probabilidad de algún terremoto en nuestro país, los privilegios discriminatorios de Hugo Chávez para otras agrupaciones de profesores en América Latina, los exámenes de evaluación, la exigencia del bachillerato, la obligación de saber leer y escribir para cursar la segunda enseñanza, la campaña imperialista a favor del estudio del inglés, el uso de Internet y la tecnología capitalista, toda forma de raciocinio contraria a los cánones de la revolución bolivariana, la prohibición de heredar el cargo de directores de APSE a los hijos de los actuales líderes, la lectura de libros conforme a las normas de la Real Academia Española –eurocéntrica y antiindigenista–, cualquier tradición o norma que signifique esfuerzo o elevación personal, y, en fin, todo motivo inspirado en el respeto a los demás.

La escuela de la violencia juvenil en todo su esplendor…

Julio Rodríguez

miércoles, 8 de octubre de 2008

En vela

La crisis financiera mundial ha aguzado el magín de todos los que poseen una brizna de poder o de intelecto. No podía faltar en esta egregia legión la Federación de Estudiantes Universitarios de la UCR, congregados sus dirigentes, a fines de setiembre pasado, en el XXII Congreso Estudiantil Universitario (CEU).

Atribuyo a humildad el recato publicitario de las conclusiones. Claudio Mora, estudiante de Economía, rompió, el 2 de octubre pasado, los velos del secreto. Lo sigo. No puede ser que este tesoro de soluciones patrias a la crisis actual no se divulgue. Así los ticos sabremos en qué gasta la UCR nuestros impuestos, máxime si el objetivo capital de ese Congreso es promover una gran revolución nacional a lo Chávez. Por ello, estos congresistas trabajaron desde el alba hasta el ocaso…

Primero, los alimentos ( manduco, ergo sum ). 1) “Ni el Gobierno ni la Aresep deben autorizar ninguna alza en el precio de los alimentos y servicios básicos”. Soberanía alimentaria. Una ideal genial. 2) “Promoción de expendios populares de alimentos donde los trabajadores y sectores populares compren la comida a bajos precios”. Feliz idea con una leve le omisión: ¿quién establecerá un expendio popular sin lucro y si, de acuerdo con el primer punto, se derrumbará la producción? 3) “Expropiación de las grandes empresas monopólicas y oligopólicas de alimentos”. ¡Ojo, Dos Pinos! Así se hace. A lo macho. Ojalá sin indemnización. Fuera nacionales y transnacionales. Costa Rica para los ticos. 4) “Si las empresas pretendieran cerrar sus operaciones, los obreros se encargarán de su control, mediante el financiamiento de los bancos estatales”. ¡Ojo, banca estatal! Una especie de soviet a la tica, que deberíamos exportar como aporte universitario a los problemas del mundo.

El plan alimentario estudiantil se enmarca en el “Plan Único de Lucha del Movimiento Obrero Popular”, seguido de un “Comando Nacional de Huelga”, un “Encuentro para derrotar al Gobierno de Arias y “una huelga general”, todo financiado con los recursos congelados (¢300 millones) de la FEUCR, esto es, de los contribuyentes. En síntesis, la estrategia alimentaria y política de Kim il Song, de Corea del Norte, aplicada en Costa Rica. Remate: “Rechazo rotundo al TLC con la Unión Europea”, como en estos días del TLC, de parte del PAC, y de toda relación cultural, musical, tecnológica, futbolística y turística con Europa y EE. UU.

Si estas son las soluciones nacionales de un grupo de universitarios, en un congreso, preguntémonos cuál es el nivel de nuestras universidades, en qué ha consistido nuestro sistema educativo y cómo se gasta el dinero público.

Julio Rodríguez

miércoles, 28 de noviembre de 2007

En vela


El lunes pasado, con ansias de regalos y tamales, fue un día especial. Una exdiputada, huésped de la tarima, el 7 de octubre pasado, y un grupo de líderes sindicales habían decretado para esa fecha una huelga general.

En esos trances, uno toma algunas previsiones sobre el bloqueo de calles, máxime que todas, sin excepción, llegan a San José. Una vez en San José, comprobé, sin mayores afanes, que el tránsito fluía y la gente caminaba apaciblemente. Sorprendido por la quietud, desemboqué en la Universidad de Costa Rica y no vi la huelga general. En su lugar, un grupo reducido de “patriotas”, con pasamontañas y tambores, habían cercado los semáforos frente a la Facultad de Derecho. Luego, colocaron llantas en la vía y les prendieron fuego, deambularon por el campus universitario, insultaron a diestro y siniestro, y, al final, olorosos a sudor patrio, enterraron el TLC. Costarricense, así se invierten tus impuestos…

Me llamó la atención el grito de guerra de estos legionarios: “Resistir, resistir”, el mismo que apareció en un campo pagado, antes del 7 de octubre, suscrito por algunos representantes de la flor y nata de nuestra intelectualidad y cultura, entre ellos, adustos Magones y otros de parecido linaje. En ambas ocasiones, me he preguntado: ¿Resistir a qué o a quién? ¿Al narcotráfico, a la corrupción, a la mediocridad, al populismo, a la vagancia, a la corrupción de menores, a la violencia doméstica…? Formulo estas preguntas porque estos reverendos señores y señoras nunca han firmado, en conjunto, un manifiesto de “resistencia” contra estas desventuras sociales. ¿Resistir, entonces, a los gringos? ¿A los chinos? ¿A la Unión Europea? ¿Al diablo? ¿A “la tiranía de los hermanos Arias”? ¿A Jorge Alarcón? ¡Qué linda es Tiquicia!

La huelga general, en el ICE, se redujo a una marcha de unas 500 personas, en que acordaron, henchidos de emoción, otra huelga general, y los líderes exhibieron su refinada retórica: “Vamos a poner la vida, si hay que ponerla”. ¿Dónde? “Esta es la última vez que venimos de manera patriótica, vamos a incendiar esta sociedad”. Alerta, Cuerpo de Bomberos. “Se debe hacer una lista de maricones y pendejos”. Si solamente participaron 500 de 20.000 convocados a la huelga, 19.500 ¿son pendejos y maricones? “Ha llegado la hora de cambiar el pico y la pala por las armas”. Habida cuenta de la diferencia de precios, con los picos y las palas no se compra hoy ni una pistola de agua. Al final, un transeúnte gritó, al paso de los 500 soldados: “¡Jalen, vagos!”… Pagados por los contribuyentes. Y un grupo de transeúntes aplaudió.

En fin, la patria está salva…

Julio Rodríguez