Jorge Corrales Quesada
martes, 4 de diciembre de 2018
La columna de Carlos Federico Smith: ¿y quién va a pagar por esto?
Jorge Corrales Quesada
lunes, 26 de octubre de 2015
Tema polémico: crónicas de Tiquicia
Como en Narnia. Así nos nos sentimos a veces con lo que pasa en nuestro país, pues pareciera más la obra de ficción, imaginada en la mente de un creativo escritor que la realidad cotidiana que enfrentamos. Quizá Gabriel García Márquez había planteado, en su Macondo, una dimensión paralela e increíble donde las cosas más sorprendentes ocurrían con toda normalidad, sin pensar que poco después, en este pequeño rincón del mundo, se iba a materializar. miércoles, 14 de mayo de 2014
Desde la tribuna: brecha educacional
lunes, 15 de agosto de 2011
Tema Polémico: Indignados contra...¿?
En ASOJOD queremos llamar a reflexionar sobre el verdadero valor del derecho a manifestarse y su utilidad, como recurso ante las verdaderas injusticias, además del peligro y las contradicciones que se esconden detrás de algunas de estas expresiones.
Para ser claros, el derecho que estamos defendiendo –y sobre el cual queremos llamar la atención- es aquel que utiliza los mecanismos institucionales que brinda la democracia para manifestarse, y que constituye la vida misma de todo régimen democrático. No podríamos tolerar, por su puesto, aquellas manifestaciones contra la democracia misma, pues su naturaleza pone en peligro la propia supervivencia del sistema.
La reflexión surge a partir de las manifestaciones de los llamados Indignados de España, que nacen como corolario de la revolución de los Jazmines, con la clara diferencia de que estos últimos combaten en países al mando de tiranos, mientras que en Occidente las manifestaciones se enmarcan dentro de regimenes democráticos.
La consideración no escapa a nuestro interés inmediato, pues aunque los acontecimientos que se viven en España, Inglaterra, Chile e Israel se dan a miles de kilómetros de distancia, las consecuencias podemos apreciarlas en casos como la reciente huelga de trabajadores de la Caja Costarricense del Seguro Social, por citar sólo un caso.
Y es que no podemos dejar de lado las claras contradicciones que encierran este tipo de acciones colectivas, cuando los manifestantes exigen empleo, pero sus ataques se dirigen contra el sistema financiero y empresarial generador de empleo; cuando se indignan contra los políticos y la política en general, pero sus demandas colectivistas se encaminan a pedir mayores prerrogativas a los políticos; cuando exigen transparencia y democracia genuina, pero ellos mismos critican a los representantes que votaron, o peor aún, ni siquiera votaron.
“No nos representan”, gritan en España, pero son los que gritan –y los que no-, quienes llevaron a los representantes hasta donde están. Estas mismas contradicciones las podemos encontrar una y otra vez en nuestro país. Cuántos costarricenses que hoy critican las condiciones en que vivimos votaron por el partido en el gobierno.
Indignarse más parece un esnobismo que se expande al ritmo de las redes sociales. El último grito de la moda progresista es indignarse, y luego, preguntar por las razones de la indignación. Si alguien creé exagerada esta apreciación debería ingresar al grupo en Facebook Indignadxs Costa Rica para corroborar lo aquí dicho.
Pero no debemos reflexionar únicamente sobre la banalización del derecho a manifestarse, y los peligros que acarrea semejante libertad, sino también, sobre la eficacia de este instrumento, como mecanismo para llamar la atención y lograr objetivos sociales.
Ya en 1965 Mancur Olson, en su libro La Lógica de la Acción había señalado la naturaleza ineficiente de las manifestaciones dentro de los grupos numerosos, los cuales resultan menos eficientes en términos de organización y movilización que los grupos pequeños.
La cuestión no es menos relevante, pues si nos preguntamos cuál fue la última movilización social en Costa Rica que alcanzó el 100% de sus demandas deberíamos retroceder hasta el año 2000, cuando las organizaciones sociales lograron detener denominado “COMBO DEL ICE” que intentaba privatizar la prestación de los servicios la electricidad y las telecomunicaciones. Muchas manifestaciones han pasado en poco más de 11 años desde entonces, y ninguna ha logrado alcanzar la totalidad de sus peticiones.
¿Podríamos decir que este es un mecanismo eficiente? La respuesta es un categórico No.
Ni los grupos en contra del TLC, ni los estudiantes universitarios que pedían un aumento del presupuesto del FEES, ni los porteadores, ni los grupos indígenas, ni los trabajadores de la Caja, ninguno de estos grupos han alcanzado la integridad de los objetivos perseguidos.
Es por estas razones que consideramos que el derecho a la protesta debe ser accionado como ultima instancia, en casos que lo ameriten. Convocar a la protesta sin antes agotar los mecanismos que la propia democracia nos otorga es banalizar el derecho a la desobediencia. Lamentablemente hoy el derecho a manifestarse se encuentra corrompido, desgastado y degradado por los aficionados a la queja.
jueves, 26 de febrero de 2009
En Vela

La junta directiva o, mejor, comando político, como se le llama, de los profesores de segunda enseñanza (APSE) anunció ayer lo único que saben hacer: declarar una huelga, revestida, por supuesto, de “un pliego de peticiones” o documento chantaje, cuyo secreto es la imposibilidad de cumplir. Por años han demostrado una singular pericia en esta materia, cuyo único requisito es la decisión de causar daño, esencia de su oxidada ideología.
La huelga se proclama, en esta oportunidad, 9 días después de iniciado el curso lectivo. La razón es de alcance universal: la recesión y, por ella y con ella, el despido de empleados en la empresa privada. Para quienes no tienen idea del papel de la empresa privada en la economía, aunque viven en gran parte del pago de los impuestos de empresarios y trabajadores, cualquier pretexto es posible para no dar clases. Para estos acuerdos no hace falta estudiar ni conocer los valores éticos o cívicos. Es suficiente un odio entrañable contra la democracia, contra la empresa, contra la educación pública. Estos dirigentes son los educadores y los modelos de los jóvenes de Costa Rica.
Estemos, pues, preparados para una serie de declaratorias de huelga a lo largo del año. La impunidad los ampara. El ladrón de carros se expone a sufrir la dureza de la cárcel. Al ladrón del tiempo lectivo de estudiantes y padres de familia, esto es, de lo más entrañable de nuestra cultura, nada le pasa. Se echará a dormir y a ver tele el día de la huelga para retirar el salario, sin rubor, a fin de mes. Los educadores responsables darán clases sin temor a la persecución de sus dirigentes.
Razones para huelgas futuras: la insuficiencia de psiquiatras en Costa Rica, la muerte en Bolivia del Che Guevara, el mal estado de salud de Fidel Castro, las inundaciones de octubre y la probabilidad de algún terremoto en nuestro país, los privilegios discriminatorios de Hugo Chávez para otras agrupaciones de profesores en América Latina, los exámenes de evaluación, la exigencia del bachillerato, la obligación de saber leer y escribir para cursar la segunda enseñanza, la campaña imperialista a favor del estudio del inglés, el uso de Internet y la tecnología capitalista, toda forma de raciocinio contraria a los cánones de la revolución bolivariana, la prohibición de heredar el cargo de directores de APSE a los hijos de los actuales líderes, la lectura de libros conforme a las normas de la Real Academia Española –eurocéntrica y antiindigenista–, cualquier tradición o norma que signifique esfuerzo o elevación personal, y, en fin, todo motivo inspirado en el respeto a los demás.
La escuela de la violencia juvenil en todo su esplendor…
Julio Rodríguez
miércoles, 8 de octubre de 2008
En vela
Atribuyo a humildad el recato publicitario de las conclusiones. Claudio Mora, estudiante de Economía, rompió, el 2 de octubre pasado, los velos del secreto. Lo sigo. No puede ser que este tesoro de soluciones patrias a la crisis actual no se divulgue. Así los ticos sabremos en qué gasta la UCR nuestros impuestos, máxime si el objetivo capital de ese Congreso es promover una gran revolución nacional a lo Chávez. Por ello, estos congresistas trabajaron desde el alba hasta el ocaso…
Primero, los alimentos ( manduco, ergo sum ). 1) “Ni el Gobierno ni la Aresep deben autorizar ninguna alza en el precio de los alimentos y servicios básicos”. Soberanía alimentaria. Una ideal genial. 2) “Promoción de expendios populares de alimentos donde los trabajadores y sectores populares compren la comida a bajos precios”. Feliz idea con una leve le omisión: ¿quién establecerá un expendio popular sin lucro y si, de acuerdo con el primer punto, se derrumbará la producción? 3) “Expropiación de las grandes empresas monopólicas y oligopólicas de alimentos”. ¡Ojo, Dos Pinos! Así se hace. A lo macho. Ojalá sin indemnización. Fuera nacionales y transnacionales. Costa Rica para los ticos. 4) “Si las empresas pretendieran cerrar sus operaciones, los obreros se encargarán de su control, mediante el financiamiento de los bancos estatales”. ¡Ojo, banca estatal! Una especie de soviet a la tica, que deberíamos exportar como aporte universitario a los problemas del mundo.
El plan alimentario estudiantil se enmarca en el “Plan Único de Lucha del Movimiento Obrero Popular”, seguido de un “Comando Nacional de Huelga”, un “Encuentro para derrotar al Gobierno de Arias y “una huelga general”, todo financiado con los recursos congelados (¢300 millones) de la FEUCR, esto es, de los contribuyentes. En síntesis, la estrategia alimentaria y política de Kim il Song, de Corea del Norte, aplicada en Costa Rica. Remate: “Rechazo rotundo al TLC con la Unión Europea”, como en estos días del TLC, de parte del PAC, y de toda relación cultural, musical, tecnológica, futbolística y turística con Europa y EE. UU.
Si estas son las soluciones nacionales de un grupo de universitarios, en un congreso, preguntémonos cuál es el nivel de nuestras universidades, en qué ha consistido nuestro sistema educativo y cómo se gasta el dinero público.
Julio Rodríguez
miércoles, 28 de noviembre de 2007
En vela
El lunes pasado, con ansias de regalos y tamales, fue un día especial. Una exdiputada, huésped de la tarima, el 7 de octubre pasado, y un grupo de líderes sindicales habían decretado para esa fecha una huelga general.
En esos trances, uno toma algunas previsiones sobre el bloqueo de calles, máxime que todas, sin excepción, llegan a San José. Una vez en San José, comprobé, sin mayores afanes, que el tránsito fluía y la gente caminaba apaciblemente. Sorprendido por la quietud, desemboqué en la Universidad de Costa Rica y no vi la huelga general. En su lugar, un grupo reducido de “patriotas”, con pasamontañas y tambores, habían cercado los semáforos frente a la Facultad de Derecho. Luego, colocaron llantas en la vía y les prendieron fuego, deambularon por el campus universitario, insultaron a diestro y siniestro, y, al final, olorosos a sudor patrio, enterraron el TLC. Costarricense, así se invierten tus impuestos…
Me llamó la atención el grito de guerra de estos legionarios: “Resistir, resistir”, el mismo que apareció en un campo pagado, antes del 7 de octubre, suscrito por algunos representantes de la flor y nata de nuestra intelectualidad y cultura, entre ellos, adustos Magones y otros de parecido linaje. En ambas ocasiones, me he preguntado: ¿Resistir a qué o a quién? ¿Al narcotráfico, a la corrupción, a la mediocridad, al populismo, a la vagancia, a la corrupción de menores, a la violencia doméstica…? Formulo estas preguntas porque estos reverendos señores y señoras nunca han firmado, en conjunto, un manifiesto de “resistencia” contra estas desventuras sociales. ¿Resistir, entonces, a los gringos? ¿A los chinos? ¿A la Unión Europea? ¿Al diablo? ¿A “la tiranía de los hermanos Arias”? ¿A Jorge Alarcón? ¡Qué linda es Tiquicia!
La huelga general, en el ICE, se redujo a una marcha de unas 500 personas, en que acordaron, henchidos de emoción, otra huelga general, y los líderes exhibieron su refinada retórica: “Vamos a poner la vida, si hay que ponerla”. ¿Dónde? “Esta es la última vez que venimos de manera patriótica, vamos a incendiar esta sociedad”. Alerta, Cuerpo de Bomberos. “Se debe hacer una lista de maricones y pendejos”. Si solamente participaron 500 de 20.000 convocados a la huelga, 19.500 ¿son pendejos y maricones? “Ha llegado la hora de cambiar el pico y la pala por las armas”. Habida cuenta de la diferencia de precios, con los picos y las palas no se compra hoy ni una pistola de agua. Al final, un transeúnte gritó, al paso de los 500 soldados: “¡Jalen, vagos!”… Pagados por los contribuyentes. Y un grupo de transeúntes aplaudió.
En fin, la patria está salva…
Julio Rodríguez
