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sábado, 19 de junio de 2010

La farsa del "neoliberalismo"


Hace algún tiempo, una de mis hijas, me pidió que le ayudara con una tarea. "Es un trabajo sobre el neoliberalismo" Me explicó. Busqué algunos libros, algunos documentos y nos conectamos a la Internet. Luego de lecturas, búsqueda en la red y discusión concluimos en que no había nada, absolutamente nada que indicara que el neoliberalismo es una corriente filosófica, una escuela de pensamiento o una doctrina económica, como se suele decir.

"Me van a poner mala nota, si pongo eso. Mi profesor nos repite constantemente que el neoliberalismo es la causa de todos los males que vivimos" Me dijo. La misma angustia de las otras niñas cuando les tocó escribir o exponer sobre cuestiones de este tipo. Y eso que estudian en instituciones (dos en la universidad y una en secundaria) de "derecha"

Nunca he tratado de imponerle a mis hijas mis puntos de vista. He procurado que ellas se formen sus propias opiniones, a partir de la lectura y la discusión permanentes. Afortunadamente hay en casa una buena bibliotequita con títulos que van desde el Manifiesto Comunista, Marcuse, Harnecker y similares pasando por los clásicos de la literatura universal, los grandes escritores latinoamericanos hasta las obras de Adam Smith, Stuart Mills, Ortega y Gasset, Hayek, Isaiah Berlin y afines. Afortunadamente a todas les gusta leer. Por eso su conflicto con ciertas tareas escolares.

No me extraña que en las notas que me envían algunos lectores, sobre todo como reacción a las últimas columnas, se mencione al neoliberalismo como la raíz de todos los males en el país y en el mundo. Imagino que se los han dicho en la escuela, las universidades, que lo han leído en artículos de opinión, periódicos de izquierda, blogs y toda suerte de panfletos y diatribas.

El socialismo tiene sus padres fundadores, sus exponentes teoricos: desde los socialistas utópicos como Saint Simon, Fourier y otros hasta Marx y Engels. El liberalismo también y así otras escuelas de pensamiento o corrientes ideológicas. Hasta sobre extravagancias como el trotskismo uno encuentra algunos teóricos y defensores. Pero ¿del neoliberalismo? Nada.

Se trata de manera simple y silvestre de una falacia, de un ardid de los populistas de izquierda y de derecha para atacar al capitalismo. Los marxistas lo hacen para presentar al socialismo del Siglo XXI como la salvación, mientras que la "derecha popular" para justificar un demagógico discurso basado en lo social. Cuando se discute entre "neoliberalismo" y la "agenda social", en realidad no se está hablando de economía, sino de trucos de comunicación política para pescar incautos.

La peor ofensa que un demagogo de cualquier signo puede hacerle a un adversario político es acusarlo de "neoliberal" La viñeta ha tenido éxito no cabe duda. Y como no, si hasta los profesores de instituciones educativas de derecha pontifican sobre las maldades de las "recetas neoliberales".

La leyenda comenzó en América Latina cuando a principios de los Ochenta hicieron agua los modelos populistas: proteccionistas, militaristas de izquierda y derecha, cepalinos, etc. Todos ellos basados en el paradigma de conferirle al estado un gran protagonismo en la economía. El fracaso se tradujo en casi todos los países en hiperinflación, bajo o nulo crecimiento, desempleo y sobre todo en el estallido de la llamada crisis de la deuda externa.

El gobierno como administrador había fracasado. Frente a tal situación de retroceso, no le quedó otra a los líderes políticos más decentes que transferir a los civiles las empresas que tan ruinosamente habían manejado los burócratas. O sea privatizar, reducir el gasto público, modernizar el estado. Y no era por razones de ideología. Es que no quedaba otra.

Fue por esos días cuando a alguien, alguno de esos irredimibles profesores o economistas marxistas se le ocurrió calificar a aquellas medidas como "recetas neoliberales" Una ocurrencia exitosa. Entre los que atacan con pasión casi fanática al neoliberalismo están los que siguen aferrados al socialismo marxista, a pesar de su contundente fracaso y los que alaban el modelo del "Estado del Bienestar". Dicen que éste último es el verdadero socialismo.

Los primeros son un caso perdido. Los segundos quizá no. A lo mejor no están enterados de lo que ha ocurrido o está ocurriendo en Europa con los gobiernos socialistas. La mayoría de partidos socialistas fue barrida en las urnas por la derecha como en Francia, Inglaterra, Alemania e Italia. Y los pocos que quedan: Grecia, Portugal y España están en agudas crisis. El intento social demócrata de combinar economía de mercado con medidas populistas fracasó. Seguiremos con el tema.

Marvin Galeas

miércoles, 28 de abril de 2010

Lógica Económica




Muchas personas creen que la destrucción puede generar riqueza a través de la activación de la economía. Muchos incluso piensan que cuando Estados Unidos se encuentra ante una adversa situación económica, el siguiente pasa a seguir es la guerra como mecanismo de reactivación económica. Quienes piensen eso jamás estuvieron en contacto con la falacia de la ventana rota que en el Siglo XIX expusiera Frederic Bastiat. En este video Tom G. Palmer explica en que consiste dicho aporte de Bastiat al pensamiento económico.

viernes, 25 de abril de 2008

Viernes de Recomendación



Este día nos alegra presentar el primer escrito por parte de un costarricense, nos referimos al Doctor Minor Salas, profesor de Derecho Penal y Filosofía del Derecho en la UCR.

Nos alegra saber que en nuestro país todavía se pueden encontrar personas comprometidas con el pensamiento crítico, la precsión conceptual y con la investigación sera. En este ensayo: La Falacia del Todo: Claves para la crítica del Holismo Metodológico en las Ciencias Sociales y Jurídicas, el profesor Salas demuestra exquisitamente el camino sin sentido que es caer en abstracciones metafísicas antropomorfizantes.

martes, 18 de diciembre de 2007

El derecho a la sin-razón


Hoy sale en las noticias que el Rey Abdalá de Arabia Saudí indultó a una mujer víctima de violación de ser condenada a seis meses de cárcel y 200 latigazos. Fue la única decisión razonable que podía tomar luego de que ella fuera condenada por estar con un hombre (presuntamente su exnovio) cuando varios sujetos la secuestraron y la violaron. Precisamente esa condena, en virtud de la ley islámica, es el acto más irracional que se pueda cometer: además de ser víctima de una violación, todavía dicha mujer es condenada a la cárcel y a los latigazos, como si ella fuera la culpable de tal violación.

En ASOJOD no entendemos tal idiotez. ¿En qué mundo una persona víctima de una ofensa es culpable y condenada a recibir castigo por una tontería como estar con un hombre que no era pariente o cónyuge suyo? Más de una persona dirá al respecto: "no puede juzgarse la cultura islámica desde la perspectiva occidental porque para ellos eso es válido y razonable, toda vez que siguen los mandatos del Corán". En otras palabras, más de uno apelará al relativismo cultural, noción por la que todo es válido según el contexto. Pues bien, ese argumento, si merece llamarse así, es de fácil refutación. El relativismo cultural es la típica exigencia del derecho a la sin-razón, es decir, la pretensión de validar acciones y conductas que no responden al uso de la facultad mental, sino sencillamente a tradiciones, mitos, creencias, opiniones, etc. Aunque ustedes no lo crean, amigos lectores, todavía hay gente que reclama el derecho a actuar de modo muy alejado de la razón. Lo que están pidiendo es un cheque en blanco para validar todo comportamiento, amparándose en tradiciones o acciones practicadas por mucha gente.

Por eso, a veces escuchamos a alguien decir que lo que se hace en un país está bien porque así es su cultura y porque, seguramente, así lo han hecho sus coterráneos por generaciones y generaciones. Pues bien, esa persona está apelando a la falacia ad antiquitatem, según la cual algo es bueno o correcto tan sólo porque siempre ha sido así. Otras veces, escuchamos a alguien decir que una práctica es correcta pues es realizada por mucha gente y "si todas las vacas comen pasto no pueden estar equivocadas". Allí, hace uso de la falacia ad numerum.

Como vemos, el derecho a la sin-razón va de la mano, casi siempre, con falacias, mentiras, evasiones de la realidad, etc. Pretender que existe un derecho a la sin-razón es como pretender que existe un derecho constitucional a la fuga de la escena del crimen. Nada más irracional. Si dicen que es válido algo que se ha hecho por cientos de años, y por eso hay que aplaudir como focas la decisión soberana de la cultura islámica (como contraposición al vilipendiado Occidente que tanto atacan los irracionales de toda parte del mundo), entonces hay que decir que es válido el asesinato porque desde sus orígenes los seres humanos se han matado entre sí. Si se afirma que algo es válido porque mucha gente lo hace, entonces también debería aplaudirse el asesinato. Pero estas son inconsistencias que las personas que exigen el derecho a la sin-razón no ven o no quieren ver. Para ellos todo es válido según el momento, el lugar y el sujeto que ejecute la acción.

La gente que reclama el derecho a la sin-razón pide que sus actos no sean juzgados de ninguna forma. Piden la opción de comportarse como seres irracionales y curiosamente, caen en terribles incoherencias. Una de ellas, en virtud de la noticia que da lugar a este artículo es la de validar la ley islámica y el tema del machismo. Gran cantidad de gente lanza diatribas contra el machismo y la sociedad patriarcal, pero al mismo tiempo, legitima la soberanía cultural del Islam para tratar a las mujeres como objetos de menor importancia que un camello. Porque si lo vemos claramente, así es como las tratan. ¿Qué pensarán los islámicos en ese sentido? No lo sabemos. ¿Qué pensarán los defensores occidentales de estas prácticas? Ahí si nos arriesgamos a especular: que todo el mundo tiene derecho a ser tan irracional como pueda. Si le da la gana ladrar como perro o graznar como pato en una conferencia, puede hacerlo. Para ellos ese es el significado de la libertad

viernes, 6 de julio de 2007

Herejía contra la lógica


Don Ottón Solís una vez más comete una serie de errores de razonamiento que, dada la reincidencia, me hacen sospechar que no son fallas tan inocentes. Como si no le bastara con el triste comentario que publicó en La Nación denominado "¿No ha leido el TLC?" (05/04/07), donde afirma que "no hace falta leer el TLC o Mi lucha de Hitler para rechazar sus comentarios", ahora va de nuevo a la carga con su artículo "Más allá de la Sala IV". En este último , don Ottón dice que "Esperamos que los defensores del TLC no utilicen esta resolución para afirmar o insinuar que el TLC es bueno para el país. Que la Sala IV dicte que el TLC es constitucional no significa que sea bueno. La misma Sala IV considera que los matrimonios entre extranjeros y costarricenses que ni se conocen, hechos por poder en un protocolo notarial, para obtener el derecho a vivir en Costa Rica, son constitucionales". Típica falacia de argumentum ad hominem, pues no se refiere al argumento esgrimido por los magistrados, sino que inmediatamente busca desacreditarlos utilizando un caso como el de los matrimonios por poder. ¿Por qué don Ottón no se refiere con argumentos jurídicos del por tanto de la Sala y más bien los ataca personalmente refiriéndose a dos casos que no tienen relación entre sí?

Luego asegura que "El fallo únicamente establece que el TLC no atenta contra el ordenamiento constitucional. No dice nada ni tiene ninguna implicación sobre nuestros argumentos en relación con los daños que el TLC causará a la economía, al sector agrícola, a las finanzas de la CCSS, al ambiente, al precio de los servicios de telecomunicaciones y electricidad". ¿Tiene don Ottón una bola de cristal como para afirmar con tanta propiedad que todo eso va a pasar? Una cosa es lo que él crea que va a pasar y otra muy diferente lo que realmente pase. Yo no tengo bola de cristal para conocer el futuro y, hasta donde sé, ningún otro ser humano la tiene. Si Nostradamus ha resultado un charlatán, ¿qué puede esperarse de cualquier otro que intente seguir sus pasos? Y espero que don Ottón no utilice su ya gastado y empolvado argumento del TLC con México para defender este punto, porque como bien lo expuso Jacques Sagot en su artículo "¡Qué mal, don Ottón!" (05/06/07) no hay recetas universales, y además, al afirmarlo, don Ottón comete la falacia denominada Non causa pro causa, al tomar como causa de un efecto algo que no es su causa real, pues la situación de México no se debe al TLC, sino como Alberto Padilla se lo explicó en CNN, por el alto grado de corrupción y clientelismo que ha hecho que las medidas de liberalización comercial no se apliquen como debiera.

La lista de falacias de don Ottón continúa. Afirma que "los costarricenses debemos recordar día a día que el país en que vivimos es una excepción maravillosa en el mundo, resultado de las decisiones correctas y originales que ha tomado nuestro pueblo. En el pasado nunca intentamos imitar las rutas de los vecinos". Acá hay dos falacias: primero, la falacia ad populum, pues pretende lograr validez para su argumento apelando a emociones, pasiones y sentimientos populares al exaltar la " maravillosa excepción en el mundo en que vivimos". Pero también cae en la falacia argumentum ad antiquetatem, pues declara que lo que se ha hecho antes es correcto tan sólo porque es antiguo o porque siempre se ha hecho así. Sin embargo, nuestro país no es la máxima maravilla del mundo, con lo que don Ottón cae con ese argumento en la falacia de los deseos ya que exalta exclusivamente los atributos positivos. Como todo país, tenemos serios problemas: corrupción, un Estado sumamente interventor y limitador de la libertad, inseguridad ciudadana, pésima infraestructura pública, sectores sociales enemigos de la institucionalidad, bloqueos, desórdenes, muertes en carretera, etc. O sea, no somos perfectos.

Nuevamente, don Ottón comete un razonamiento erróneo, pues afirma que "La inequidad en el acceso a recursos para la campaña, las campañas millonarias, el clientelismo gubernamental condicionado al apoyo al TLC, el uso de recursos públicos, los engaños a gente humilde sobre los beneficios del TLC, las amenazas a trabajadores de empresas privadas o a empleados públicos, las estrategias de miedo o de desacreditación personal, deben cesar". En este caso, don Ottón cae en la falacia ad consequentiam pues sólo señala las consecuencias desagradables de apoyar una posición particular con el fin de demostrar su argumento. Pero me pregunto: ¿no hay apelaciones al miedo y la amenaza por parte de algunos activistas del NO, para no generalizar como don Ottón lo hace con los del SÍ? ¿No hay dineros dudosos para la campaña del NO? ¿No cometen desacreditaciones personales algunos miembros del NO? ¿No utilizan recursos públicos algunos sindicalistas para el NO (como su salario recibido cuando están a tiempo completo contra el TLC). ¿Ahora viene don Ottón a decirnos que los ángeles, arcángeles, querubines, santos y el mismo Dios están todos con el NO? ¿Pretende hacernos creer que el No tiene el monopolio del bien y de la verdad?

Luego, expresa que en la lucha contra el TLC "están comprometidos empresarios, académicos, profesionales, agricultores, trabajadores, ambientalistas, amas de casa, jóvenes, sacerdotes, pastores evangélicos, liberacionistas, socialcristianos, etc.". Pues le recuerdo a don Ottón que también en el SÍ están involucrados académicos y profesionales serios y respetables, trabajadores, amas de casa, estudiantes y demás personas que, contrario a lo que don Ottón afirma, no son grandes accionistas de empresas que se beneficiarían con el TLC sino que poseen argumentos ideológico-filosóficos que defienden. Espero que no crea don Ottón que sólo el NO tiene el monopolio de la filosofía y de las ideas.

Pero todos estos razonamientos errados de don Ottón no son lo peor. Lo peor es que luego de tirar la piedra esconde la mano. Primero, solapadamente, ataca a los magistrados y le resta credibilidad a la Sala. Segundo, arguye que el SÍ tiene condicionado el clientelismo gubernamental. Y luego, sin empacho, llama a la institucionalidad y a la paz con el referéndum. ¿Contradictorio? Juzgue usted.

Alejandro Barrantes Requeno

domingo, 10 de junio de 2007

Argumentar, no embaucar


Convenimos, don Rodrigo Carazo: usted y yo nos debemos respeto mutuo, en primer lugar porque, como usted bien lo dice, ambos somos seres humanos y de no hacerlo estaríamos incurriendo en el crimen de lesa humanidad. Lo que es más, mi delito sería peor, por cuanto yo estaría además pecando de lesa majestad; o sea, de afrenta al rey.

Como músico y escritor –es decir, como educador, porque hoy una cosa presupone la otra–, he tratado siempre de detectar y erradicar en mi país toda forma de adoctrinamiento. El prejuicio es la negación del pensamiento crítico: pre-juicio; esto es, lo que precede al juicio. Y lo que precede al juicio es el miedo, la rabia, el egoísmo… y de nuevo el miedo.

El debate en torno al TLC se ha convertido en una guerra religiosa, y cuando las cosas llegan a este punto, la razón comienza a evaporarse. Es la quinta vez que lo digo: a pesar de reiterados y honestos esfuerzos, sigo careciendo del instrumental de navegación necesario para surcar estos mares, pero ello no significa que no sea capaz de oler la mala voluntad y la argumentación tendenciosa. He aquí la forma en que, en mi personal sentir, estas se han manifestado.

La falacia a d hóminem: “refutar” los puntos de vista del adversario, descalificándolo por medio de la derogación o la burla.

Quien apoya al TLC es (léase en el orden que se quiera y añádanse apelativos ad líbitum): un cavernícola, un reaccionario, un vendepatrias, un fascistoide, un ignorante, un esbirro del Presidente, un apologista del poder, una pluma vendida, un dinosaurio). Un magnífico recurso icónico es también pegar las fotos de estos jurásicos especímenes en pizarras y pintarles cachos y tridentes… ¡qué valentía!

El síndrome de Espartaco. La falacia del gran emancipador, o “síndrome de Espartaco”: “Yo voy al frente y doy la cara porque ustedes vienen detrás”. ¿Ah sí? ¿Y quién es “ustedes”? Porque podrían ser menos de los que el intrépido paladín cree. Francamente, ¿en qué difiere este épico gesto del “¡síganme los buenos!”, del Chapulín Colorado?

La falacia a d populum, o apelación a la multitud: sostener que un argumento es verdadero porque “el pueblo” –siempre asumido como “mayoría”– lo endosa. ¿Cómo podría equivocarse tanta gente? –es el sustento de tal asunción–. A lo que yo respondería, como Sócrates: “Para demostrar que no tengo razón convocas a todos los atenienses, pero yo, aunque no soy más que uno, insisto en rebatir tus ‘argumentos’. En lugar de convencerme, te limitas a presentar contra mí cientos de testigos falsos”.

La falacia patética : punge las fibras delpathos (emoción) más que dellogos (razón), y se nutre de los lugares comunes de la mitología patriótica. “Hay que correr al rescate del labriego sencillo”; “el límpido azul de nuestro cielo será mancillado por la garra de la arpía imperial”; “la antorcha imperecedera de Juan Santamaría no debe extinguirse”. ¿Significa esto que simpatice con las políticas expansionistas de Bush? No. De hecho, creo que es el gobernante más tontico desde Jorge IV “el idiota”.

La falacia del argumento ad terrorem : “Si la mayoría diputadil apoya al TLC, las marejadas de sangre van a llegar hasta la Casa Presidencial, como sucediera cuando los infames 27 legisladores de 1948 burlaron la voluntad popular”. Apocalíptica y falaz.

Por supuesto que de los errores históricos hay que aprender, pero procuremos que la lección sea la correcta. Si un niño tropieza y se golpea, la prevención debe ser “camine con cuidado”, no “métase en la cama y no vuelva a caminar”. ¿Qué tiene que ver 1948 con el TLC? La coyuntura histórica es radicalmente diferente. Si vamos a ponernos en ese plan, remontémonos a las guerras púnicas entre cartagineses y romanos.

Pensar o aporrear ollas. La falacia de la generalización: “Mi novia me dejó por otro. De ello se sigue que todas las mujeres son criaturas ofídicas y traicioneras”. Que el TLC no haya funcionado aún en México, en toda su plenitud social, no significa que sea intrínseca, inexorablemente malo.

Uno de los rasgos que sustentan la identidad cultural de un país es su especificidad económica y jurídica. Cada nación digiere sus procesos políticos de manera diferente.

Claro está, más fácil que pensar es ir a aporrear ollas y toda suerte de trastos por las aulas universitarias. El problema es que para eso están las batucadas, que por cierto tienen mejor sentido del ritmo y bastante mejores caderas que ustedes.

¡“Concientizar” a la gente! ¡Qué pobre asimilación de la filosofía de Paulo Freire! Los costarricenses no somos prisioneros de la caverna platónica a quienes hay que sacar del mundo de las sombras y revelarles “la Verdad”. Bien les haría a los “iluminadores” considerar de vez en cuando la posibilidad de que ellos mismos necesiten ser “iluminados”.

Don Rodrigo, amigos en la divergencia: errar es un rasgo definitorio de la naturaleza humana; lo hago yo a cada rato y acaso lo hayan hecho ustedes alguna vez. Si en algún momento descubro estar equivocado en los puntos que defiendo, juro pedirles perdón, a ustedes como a mi país. Lo que nunca haré es “interpretar” las cosas como me plazca y asumir la misión de “despertar” a un pueblo que no está ni comatoso ni descerebrado.

Jacques Sagot, tomado de la Nación