Don Ottón Solís una vez más comete una serie de errores de razonamiento que, dada la reincidencia, me hacen sospechar que no son fallas tan inocentes. Como si no le bastara con el triste comentario que publicó en La Nación denominado "¿No ha leido el TLC?" (05/04/07), donde afirma que "no hace falta leer el TLC o Mi lucha de Hitler para rechazar sus comentarios", ahora va de nuevo a la carga con su artículo "Más allá de la Sala IV". En este último , don Ottón dice que "Esperamos que los defensores del TLC no utilicen esta resolución para afirmar o insinuar que el TLC es bueno para el país. Que la Sala IV dicte que el TLC es constitucional no significa que sea bueno. La misma Sala IV considera que los matrimonios entre extranjeros y costarricenses que ni se conocen, hechos por poder en un protocolo notarial, para obtener el derecho a vivir en Costa Rica, son constitucionales". Típica falacia de argumentum ad hominem, pues no se refiere al argumento esgrimido por los magistrados, sino que inmediatamente busca desacreditarlos utilizando un caso como el de los matrimonios por poder. ¿Por qué don Ottón no se refiere con argumentos jurídicos del por tanto de la Sala y más bien los ataca personalmente refiriéndose a dos casos que no tienen relación entre sí?
Luego asegura que "El fallo únicamente establece que el TLC no atenta contra el ordenamiento constitucional. No dice nada ni tiene ninguna implicación sobre nuestros argumentos en relación con los daños que el TLC causará a la economía, al sector agrícola, a las finanzas de la CCSS, al ambiente, al precio de los servicios de telecomunicaciones y electricidad". ¿Tiene don Ottón una bola de cristal como para afirmar con tanta propiedad que todo eso va a pasar? Una cosa es lo que él crea que va a pasar y otra muy diferente lo que realmente pase. Yo no tengo bola de cristal para conocer el futuro y, hasta donde sé, ningún otro ser humano la tiene. Si Nostradamus ha resultado un charlatán, ¿qué puede esperarse de cualquier otro que intente seguir sus pasos? Y espero que don Ottón no utilice su ya gastado y empolvado argumento del TLC con México para defender este punto, porque como bien lo expuso Jacques Sagot en su artículo "¡Qué mal, don Ottón!" (05/06/07) no hay recetas universales, y además, al afirmarlo, don Ottón comete la falacia denominada Non causa pro causa, al tomar como causa de un efecto algo que no es su causa real, pues la situación de México no se debe al TLC, sino como Alberto Padilla se lo explicó en CNN, por el alto grado de corrupción y clientelismo que ha hecho que las medidas de liberalización comercial no se apliquen como debiera.
La lista de falacias de don Ottón continúa. Afirma que "los costarricenses debemos recordar día a día que el país en que vivimos es una excepción maravillosa en el mundo, resultado de las decisiones correctas y originales que ha tomado nuestro pueblo. En el pasado nunca intentamos imitar las rutas de los vecinos". Acá hay dos falacias: primero, la falacia ad populum, pues pretende lograr validez para su argumento apelando a emociones, pasiones y sentimientos populares al exaltar la " maravillosa excepción en el mundo en que vivimos". Pero también cae en la falacia argumentum ad antiquetatem, pues declara que lo que se ha hecho antes es correcto tan sólo porque es antiguo o porque siempre se ha hecho así. Sin embargo, nuestro país no es la máxima maravilla del mundo, con lo que don Ottón cae con ese argumento en la falacia de los deseos ya que exalta exclusivamente los atributos positivos. Como todo país, tenemos serios problemas: corrupción, un Estado sumamente interventor y limitador de la libertad, inseguridad ciudadana, pésima infraestructura pública, sectores sociales enemigos de la institucionalidad, bloqueos, desórdenes, muertes en carretera, etc. O sea, no somos perfectos.
Nuevamente, don Ottón comete un razonamiento erróneo, pues afirma que "La inequidad en el acceso a recursos para la campaña, las campañas millonarias, el clientelismo gubernamental condicionado al apoyo al TLC, el uso de recursos públicos, los engaños a gente humilde sobre los beneficios del TLC, las amenazas a trabajadores de empresas privadas o a empleados públicos, las estrategias de miedo o de desacreditación personal, deben cesar". En este caso, don Ottón cae en la falacia ad consequentiam pues sólo señala las consecuencias desagradables de apoyar una posición particular con el fin de demostrar su argumento. Pero me pregunto: ¿no hay apelaciones al miedo y la amenaza por parte de algunos activistas del NO, para no generalizar como don Ottón lo hace con los del SÍ? ¿No hay dineros dudosos para la campaña del NO? ¿No cometen desacreditaciones personales algunos miembros del NO? ¿No utilizan recursos públicos algunos sindicalistas para el NO (como su salario recibido cuando están a tiempo completo contra el TLC). ¿Ahora viene don Ottón a decirnos que los ángeles, arcángeles, querubines, santos y el mismo Dios están todos con el NO? ¿Pretende hacernos creer que el No tiene el monopolio del bien y de la verdad?
Luego, expresa que en la lucha contra el TLC "están comprometidos empresarios, académicos, profesionales, agricultores, trabajadores, ambientalistas, amas de casa, jóvenes, sacerdotes, pastores evangélicos, liberacionistas, socialcristianos, etc.". Pues le recuerdo a don Ottón que también en el SÍ están involucrados académicos y profesionales serios y respetables, trabajadores, amas de casa, estudiantes y demás personas que, contrario a lo que don Ottón afirma, no son grandes accionistas de empresas que se beneficiarían con el TLC sino que poseen argumentos ideológico-filosóficos que defienden. Espero que no crea don Ottón que sólo el NO tiene el monopolio de la filosofía y de las ideas.
Pero todos estos razonamientos errados de don Ottón no son lo peor. Lo peor es que luego de tirar la piedra esconde la mano. Primero, solapadamente, ataca a los magistrados y le resta credibilidad a la Sala. Segundo, arguye que el SÍ tiene condicionado el clientelismo gubernamental. Y luego, sin empacho, llama a la institucionalidad y a la paz con el referéndum. ¿Contradictorio? Juzgue usted.
Alejandro Barrantes Requeno
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