sábado, 28 de julio de 2007

Respeto la ley si me conviene…


El lema oficializado por los partidarios del “no al TLC” parece ser “respeto la ley, el ordenamiento jurídico, los tribunales, todos los procesos democráticos, solo si me conviene”. Habiendo cifrado sus esperanzas de demostrar que “el TLC era malo porque era inconstitucional”, ahora, apuntan las baterías contra la Sala, porque su veredicto no les conviene.

Como si tal incongruencia no fuera suficiente, Ottón Solís ha salido a la prensa a decir que “esperamos que los defensores del TLC no utilicen esta resolución para afirmar o insinuar que el TLC es bueno para el país. Que la Sala IV dicte que el TLC es constitucional no significa que sea bueno”. ¡No señor! Hoy tenemos legitimado el TLC por el fondo en cuanto a la constitucionalidad y no nos vengan a decir quienes lo adversaron enconadamante que por esta razón, que ellos usaron como premisa básica, no la usemos como argumento esencial a favor del TLC.

Lista inventada. Repito: hasta hace unos días, los opositores al TLC decían que era malo porque era inconstitucional; alegaban que se rompía con la institucionalidad del país y con la soberanía; elaboraron una larga lista, inventada por ellos, de supuestas inconstitucionalidades que la Sala IV no halló por ningún lado. Y, hoy, los que hemos defendido al Tratado tenemos el derecho de decir que es bueno porque genera desarrollo y bienestar, y que no es inconstitucional.

Pero quien retrata completamente las falacias argumentales del grupo del “no”, del grupo que se opone al desarrollo y a la institucionalidad democrática, es Rosario Íncer Arias, que, en representación de la Comisión Nacional de Enlace contra el TLC, escribió enLa Nación que la Sala IV ignoró el criterio de algunos abogados que decían que el TLC era inconstitucional. Si la ley y la Constitución se interpretan fuera de la Corte Suprema de Justicia, vale preguntarse: ¿por qué no la cerramos? Pero ese es el camino hacia la anarquía. Basta de minar la democracia y el sistema de poderes del país. Lo menos que podemos hacer es respetar a la Corte Suprema de Justicia.

Peligroso absurdo. Como si fuera poco, en la línea de las contradicciones nos dice que no es posible que los 5 magistrados se leyeran “más de 3.000 páginas de un documento casi ininteligible aun para los más expertos”, pero, por supuesto, sí sería posible que los 2 magistrados que votaron en contra de la constitucionalidad si se las leyeran. Un poco más de seriedad en los análisis y argumentos. ¿Por qué no podemos aceptar que los siete magistrados tuvieron oportunidad de conocer el texto y asesorarse, y que, de tal lectura y asesoramiento, 5 llegaron a una conclusión que 2 no compartieron? Pretender que por una votación sobre la constitucionalidad de un proyecto la Sala IV pierda legitimidad, es un absurdo peligroso que conlleva a la anarquía y al irrespeto democrático, que se agrava con la siguiente declaración de la Comisión Nacional de Enlace: “ni la Sala IV ni el Tribunal Supremo de Elecciones nos merecen respeto alguno, pues hoy son simplemente instrumentos de una oligarquía prepotente que conduce el país hacia el despeñadero”.

Vamos a un referéndum confiados en el Tribunal Supremo de Elecciones y en la capacidad suprema de los electores de decidir, a conciencia, cuál es el camino que desean como futuro para Costa Rica.

Trámite y ratificación. El país entero sabe ya que va a ir a las urnas a decidir si aprueba o no un tratado cuyo trámite no tiene vicios de procedimiento, pues en la Comisión de Relaciones Internacionales que presidí, así como el Plenario, lo tramitamos al tenor de lo dispuesto por la Constitución y al Reglamento legislativo, y así lo ratificó la Sala IV.

Pero, más importante aún, sobre el fondo, también ha dicho la Sala IV que el tratado no tiene inconstitucionalidades en su texto ni deroga el ordenamiento vigente, sino que más bien lo complementa y lo enriquece.

El futuro está en nuestras manos. Debemos acudir a votar, y sobretodo, respetar el resultado que en las urnas decida libremente el pueblo costarricense.


Janina Del Vecchio, tomado del periòdico La Nación

No hay comentarios.: