En la vida hay momentos en que uno se pregunta, respecto a algunas personas, si son idiotas o tienen mala fe en sus actos. El caso del Diputado Carlos Gutiérrez es uno de ellos. Ahora resulta que este "ilustre libertario", junto con Mario Núñez (el diputado fantasma) está apoyando una propuesta para permitir que la Junta de Protección Social instale y opere casinos en cualquier parte del país y que, además, le otorga a esa institución "en forma exclusiva, la creación, administración, venta y comercialización de todas las loterías, apuestas deportivas, juegos, video-loterías y otros productos de azar, incluidos los de casinos".
El título de la obra de Carlos Alberto Montaner, Plinio Apuleyo Mendoza y Álvaro Vargas Llosa, pareciera aplicarse perfectamente al Diputado Gutiérrez. La única diferencia es que no se trata de un regreso, pues nunca se fue, sino que ha estado sentadito en su curul haciendo de las suyas. Como si no fuera suficiente estar impulsando impuestos a las casas de lujo y entrometerse en acuerdos entre privados, como se desprende de la famosa "protección a las empleadas domésticas", este pseudorepresentante de las ideas de la libertad, que ni entiende ni comparte, ahora está patrocinando una forma más de intervencionismo estatal y la creación de un nuevo monopolio.
Gracias a él, ahora se pretende que la JPS se entrometa en una actividad totalmente privada, pero no sólo como regulador, sino de forma proactiva., pudiendo decidir si da o no concesiones para casinos. Definitivamente, el Estado costarricense está obsesionado por acabar con los casinos y el juego, imponiéndole su visión moral a los individuos que, libre y voluntariamente, hacen uso de su propiedad. Ya antes en ASOJOD nos habíamos pronunciado sobre este hecho ("Miseria estatal" y "Mojigatería lúdica"), aunque lo hacíamos denunciando el accionar de quienes, desde un principio, se oponían a estas actividades. No obstante, en esta ocasión, atacamos a uno de los que, en buena teoría, debería defender la libertad de los individuos para actuar como mejor les parezca y evitar que el Estado, de la manera que sea, intervenga en esta actividad.
Además de institución de beneficencia para todos, ahora el Estado costarricense podría convertirse en administrador del juego. ¿Qué vendrá después? ¿Carlos Gutiérrez proponiendo un proyecto de ley para "proteger" a los trabajadores de casinos? ¿Impulsando que los puestos en estos lugares dependan del servicio civil? ¿Apoyando un impuesto a los casinos de lujo o los que tengan utilidades superiores a cierto nivel?
En definitiva, cuando uno cree que no puede ver nada peor, Carlos Gutiérrez sale a la arena pública y sigue fastidiando a los que defendemos la libertad. Esperemos que si la fracción libertaria tiene todavía un poco de decencia, se oponga con vehemencia a esta aberrante idea.
El título de la obra de Carlos Alberto Montaner, Plinio Apuleyo Mendoza y Álvaro Vargas Llosa, pareciera aplicarse perfectamente al Diputado Gutiérrez. La única diferencia es que no se trata de un regreso, pues nunca se fue, sino que ha estado sentadito en su curul haciendo de las suyas. Como si no fuera suficiente estar impulsando impuestos a las casas de lujo y entrometerse en acuerdos entre privados, como se desprende de la famosa "protección a las empleadas domésticas", este pseudorepresentante de las ideas de la libertad, que ni entiende ni comparte, ahora está patrocinando una forma más de intervencionismo estatal y la creación de un nuevo monopolio.
Gracias a él, ahora se pretende que la JPS se entrometa en una actividad totalmente privada, pero no sólo como regulador, sino de forma proactiva., pudiendo decidir si da o no concesiones para casinos. Definitivamente, el Estado costarricense está obsesionado por acabar con los casinos y el juego, imponiéndole su visión moral a los individuos que, libre y voluntariamente, hacen uso de su propiedad. Ya antes en ASOJOD nos habíamos pronunciado sobre este hecho ("Miseria estatal" y "Mojigatería lúdica"), aunque lo hacíamos denunciando el accionar de quienes, desde un principio, se oponían a estas actividades. No obstante, en esta ocasión, atacamos a uno de los que, en buena teoría, debería defender la libertad de los individuos para actuar como mejor les parezca y evitar que el Estado, de la manera que sea, intervenga en esta actividad.
Además de institución de beneficencia para todos, ahora el Estado costarricense podría convertirse en administrador del juego. ¿Qué vendrá después? ¿Carlos Gutiérrez proponiendo un proyecto de ley para "proteger" a los trabajadores de casinos? ¿Impulsando que los puestos en estos lugares dependan del servicio civil? ¿Apoyando un impuesto a los casinos de lujo o los que tengan utilidades superiores a cierto nivel?
En definitiva, cuando uno cree que no puede ver nada peor, Carlos Gutiérrez sale a la arena pública y sigue fastidiando a los que defendemos la libertad. Esperemos que si la fracción libertaria tiene todavía un poco de decencia, se oponga con vehemencia a esta aberrante idea.