En ASOJOD hemos visto con pesar la noticia de que el gobierno costarricense intentará poner todos los obstáculos necesarios para impedir la entrada de una compañía rusa de casinos que desea invertir en nuestro país, con la justificación de que aparentemente detrás de esta compañía se esconde toda una organización mafiosa dedicada al narcotráfico y al blanqueo de capitales. Pues bien, el asunto no acaba ahí, pues basta con escuchar las declaraciones de muchos de nuestros políticos para darse cuenta que la causa primigénea del impedimento remite a cuestiones "morales", específicamente al elemento de vicio que se esconde detrás del juego.El Editorial de La Nación de hoy día da validez precisamente a ese argumento, pues es un derroche de mojigatería de tal modo que llega a crucificar a la actividad lúdica en general, poniéndola como una actividad hermanada con el narcotráfico y la mafia criminal. Ex ante, tanto el gobierno como el editorial de La Nación definen a todas las personas vinculadas con los casinos como los seres más despreciables de la Tierra, cerrándo las puertas a la posibilidad de que entre ellos exista algún individuo honesto.
En ambos casos se refleja el conjunto de ideas predominantes en nuestro país respecto a ciertas actividades empresariales. Una vez más, el gobierno busca legitimarse en una serie de valores compartidos por la mayoría de los costarricenses para prohibir actividades que, según ellos, resultan nocivas para el individuo. Ya lo hemos dicho en otras ocasiones, se trata de proteger y salvar al individuo de sí mismo y enrumbarlo en el camino del bien y la santidad para que disfrute del paraíso.
Así pues, la exhortativa que envía el Editorial de La Nación para "revivir la ley sobre casinos, que la Asamblea Legislativa no pudo votar (1998-2002) por la oposición vehemente de un prominente diputado, por cuanto, según él, esta legislación restringía la libertad individual" resulta hilarante justamente porque, en otras palabras, está pidiendo a las autoridades que produzcan una maravillosa ley que no sólo cortará de raíz el problema sino que también nos protegerá de nuestras propias desviaciones, ilusiones ambas típicas de una mentalidad pro ingeniería social que no creíamos tuviera la línea editorial de ese rotativo.
El asunto de fondo es que, per se, el juego y los casinos no son malos como tampoco lo son los bares, los motele o los sportbooks. Las personas que asisten a esos lugares o utilizan esos servicios tienen muy claro cuáles son los beneficios y perjuicios que podrían obtener y están dispuestos a arriesgar su patrimonio porque valoran más lo que pueden obtener. Y ese es un derecho que corresponde al ámbito privado, el cual no debería ser intervenido por el gobierno. A pesar de que a muchas personas no les gusta el juego, el licor o el tabaco por considerarlos vicios, eso no es justificación para que se intente anteponer un código de valores a otro. Si simplemente no les gustan esas actividades, que no las realicen, pero que dejen a aquellos que si las aprecian realizarlas. Soslayar ese principio fundamental es irrespetar el concepto de libertad y de convivencia pacífica, pues si para los unos se debería prohibir lo que no les gusta, los otros estarían legitimados para solicitar lo mismo y al final viviríamos en un completo caos, sometidos al imperio de la fuerza, donde el grupo más grande de bándalos es capaz de imponernos su visión del bien y del mal.
Por ello en ASOJOD les tenemos una solución muy sencilla para estos problemas: legalizemos la venta de droga. Son ininmaginables el dinero así como los problemas de violencia que nos ahorraríamos con tan sólo legalizarlas. El mejor ejemplo de eso fue la época de la prohibición en los Estados Unidos, pues con ella vino de la mano el contrabando, la mafia, el mercado negro, etc.



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