martes, 23 de marzo de 2010
sábado, 20 de septiembre de 2008
El mito del Che
El estreno mundial de la película de Steven Soderbergh, Che: El Argentino, es una excelente oportunidad para poner en su verdadera dimensión la figura de Ernesto Guevara, uno de los íconos sagrados de la izquierda del siglo XX. Mientras vivió se le consideró el más idealista, abnegado y puro de los dirigentes cubanos. Alcanzó el martirologio en la plenitud de su vida y eso hizo posible desligarle, dejarle incontaminado de los fracasos y crímenes del socialismo real. Así se convirtió en un mito en el que se combinan los rasgos de un cristo laico con los del buen revolucionario. Sin embargo, la vida y la obra del Che simbolizan la tragedia de la utopía comunista, una hermosa mujer con la cabeza en las nubes y los pies en un charco de sangre y de miseria. Guevara encarna mejor que nadie esa terrible paradoja y su personalidad adquiere con el paso del tiempo tintes patéticos y siniestros más que heroicos.
El Che siempre quiso ser recordado como un “condottiero del siglo XX”. Así se lo escribió a su madre en una de sus últimas cartas desde la selva boliviana. A pesar de los intentos de intelectualización del personaje realizado por Regis Debray en ¿Revolución dentro de la revolución? y por otros apologistas, Guevara no realizó ninguna aportación teórica al marxismo. Era un hombre de acción, un aventurero fascinado por las armas y por la violencia como testimonia su primera experiencia guerrera, el bombardeo de la ciudad de Guatemala. La causa revolucionaria era un motivo para justificar su existencia y era un fin en sí misma. Para él, la revolución era un proceso destructivo permanente y justificado por su propia dinámica. Su consolidación y sus consecuencias nunca le importaron. Esa fue una de las causas de su salida de Cuba en busca de nuevos horizontes.
Siempre hubo una distancia insalvable entre el Che y aquellos a quienes pretendía liberar. Los trabajadores y los campesinos en cuyo nombre decía luchar no desempeñaban papel alguno en el enfoque guevarista. El individuo concreto, sus necesidades, sus aspiraciones no le interesaban como tampoco lo hicieron las célebres condiciones objetivas que, de acuerdo con la doctrina marxista, hacían o no posible la revolución. Amaba tanto a la Humanidad que en su noble pecho no cabían los hombres con minúscula. A los obreros cubanos les consideraba “dientes de una rueda” y a los guerrilleros “abejas de un colmenar”. El desprecio de Guevara por la realidad y por los seres humanos le llevó a cometer errores de juicio abrumadores como ofrecer tierras a los campesinos congoleses que tenían abundancia de ellas o plantear la colectivización a los bolivianos que habían accedido a la propiedad con las reformas agrarias del MNR (Movimiento Nacionalista Revolucionario). Su incomprensión de la ingratitud de los “kulaks” bolivianos se refleja amargamente en el Diario de Bolivia y fue una de las razones de su muerte: los campesinos le denunciaron a las autoridades y contribuyeron de manera decisiva a su captura.
En la práctica, la filosofía vital de Guevara era una versión de la vieja doctrina y estética del culto al héroe, al líder carismático, a una especie de superhombre nietzscheano de un indudable aroma estalinista y fascista. Esto se tradujo en un desprecio a la individualidad de los demás y condujo de manera inexorable a la represión. Si el “hombre nuevo” no surgía por la imitación del ejemplo de los santos guerrilleros había que fabricarle por la fuerza. Así apareció con rapidez el rostro autoritario del Che. No le tembló la mano para ajusticiar a sus propios allegados y para ordenar miles de ejecuciones de sus adversarios. En 1960 creó el primer campo de concentración del régimen castrista, Guanahacalibes, destinado a “reeducar mediante el trabajo”. El legendario idilio con los campesinos de la leyenda guevarista se tradujo en un “terror planificado”, en palabras de Guevara, cuando aquellos se mostraban insensibles a sus planes salvadores. El Che no quería ensuciarse las manos pero no le asqueaba mancharse de sangre. A menudo decía parafraseando a Sartre: “los guantes rojos son elegantes”.
La creencia en su capacidad de conseguir cualquier objetivo con independencia de las restricciones impuestas por la realidad y la lógica tuvo una expresión dramática en su lamentable gestión de la economía desde el Banco Nacional de Cuba primero y desde el Ministerio de Industria después. Su ignorancia económica, unida a la introducción de la centralización burocrática y a la abolición del mercado y a su aspiración a sustituir los incentivos materiales por los morales en el comportamiento de los individuos y de las empresas condujeron al colapso económico y a un rápido empobrecimiento de la población. A finales de 1960, Cuba tenía serios problemas de suministro eléctrico, escasez de comida y de otros productos básicos lo que llevó a imponer el sistema de racionamiento todavía vigente. El bloqueo estadounidense no existía aún; es decir, el enemigo externo no vale como coartada para explicar el desastre. Este fue tan grande que forzó a la ortodoxia marxista a formular una crítica demoledora de las políticas del Che a manos de Charles Bettelheim. Este fue otro factor determinante de su marcha de Cuba.
A estas alturas del siglo XXI, el Che emerge como un caso paradigmático del siglo de terror y muerte que en buena medida fue el XX. Refleja el lado oscuro de la fuerza, esa terrible energía encaminada a la destrucción y a la opresión. En la Liga de los Hombres Extraordinarios, Guevara no tiene lugar. Su historia es, gracias a los dioses, la de un fracaso. Su éxito se hubiese traducido en la construcción de un gigantesco Gulag planetario, eso sí administrado por los santos apóstoles de la revolución con su profeta, Guevara, al frente.
Lorenzo Bernaldo de Quirós
domingo, 18 de noviembre de 2007
La beatificación del Che

Evo Morales, en su reciente homenaje a Ernesto Guevara, dijo: “Nunca olvidemos al Che que nos dio línea política, que dio su vida por los demás” y, emocionado, procedió a dar a conocer el sello postal ordenado por su gobierno con motivo de los 40 años de la muerte de este terrorista, en territorio boliviano. ¡Por favor! Cualquiera diría que estamos asistiendo a la beatificación de Guevara, a quien, como van las cosas en este mundo al revés, seguramente muy pronto se le confirmarán milagros.
Es acaso que el mundo ha olvidado que éste es el mismo “Carnicero de La Cabaña”, como es llamado Guevara por los cubanos que vivieron en carne propia su crueldad hacia los presos políticos encarcelados en la fortaleza de La Cabaña, uno de los lugares de La Habana, donde se cometieron los peores crímenes políticos de la Revolución Marxista. Los sobrevivientes a las atrocidades cometidas en esta prisión recuerdan cómo a Guevara, mientras disfrutaba de su tabaco, le gustaba observar las ejecuciones aprobadas por él mismo, sin previo juicio o defensa de los enemigos, o supuestos enemigos, del marxismo cubano. Cómo, sin inmutarse, hacía desfilar a los familiares por el muro de ejecuciones aún fresco con la sangre de los fusilados. Su vena sanguinaria fue bien conocida. Fue también el encargado en la Sierra Maestra de ejecutar, sin juicio ni defensa, a aquellos que consideraba traidores o informantes. En busca de otros frentes donde desarrollar su sangrienta revolución, el Che abanderó sin éxito su exportación a Panamá y Republica Dominicana y encabezó la fracasada campaña cubana de apoyo al marxista Lumumba en el Congo. Finalmente, lideró un grupo de guerrilleros bolivianos, quienes sucumbieron al no contar ni con el apoyo del Partido Comunista de su país.
Mal hace Evo Morales, quien se dice demócrata, en celebrar a este marxista enemigo de la democracia y del orden. Pero es que Evo, al igual que muchos inocentes o ignorantes, se ha dejado llevar por la romantización y comercialización de la imagen del Che. ¿Cuántos jóvenes no quedaron fascinados por la inocente sensibilidad social del joven Ernesto Guevara representada en la película Diarios de Motocicleta? ¿Cuántos no portan camisetas o mochilas con la famosa foto que Alberto Korda tomó de este sanguinario hombre, con actitud de gloria y una reluciente estrella en su gorra? Son muchos los que solo conocen el mito e ignoran o han olvidado su cruenta y fracasada realidad.
La muerte hace maravillas de la imagen de algunos. El “famoso” Che es el clásico ejemplo de un ídolo de papel creado por los medios ¿Quién sería hoy el Che si no hubiera muerto? Un fracasado y brutal revolucionario que acabó con la economía de Cuba siendo ministro de finanzas. En fin, uno más de los secuaces de Fidel Castro.
Por María Clara Ospina
jueves, 11 de octubre de 2007
Algunas verdades sobre el Che Guevara

El nieto del Ché, Canek Sánchez Guevara, escucha con entusiasmo Porno para Ricardo, un grupo punk cubano que critica y denuncia, sin eufemismos, la dictadura totalitaria de Fidel Castro. Canek describe a su abuelo como un hombre de su tiempo, y dice que tiene mil críticas que hacerle. “No me gusta su concepción del hombre nuevo, su concepción del socialismo del Estado, de dictadura del proletariado”.
Así lo leí en el Diario de Mallorca del 9 de mayo pasado. Lo anterior lo dijo Sánchez en compañía de Jorge Masetti, hijo del guerrillero guevarista Masetti. Jorge dice que el Ché era autoritario y que trató de crear un sistema autoritario.
Pero autoritario, claro, no es lo mismo que asesino. Y Ernesto Guevara era una “maquina de matar”. Cito a Alvaro Vargas Llosa cuando relata que en abril de 1967 y hablando de su experiencia, Guevara resumió su idea homicida de justicia en su Mensaje a la Tricontinental: “El odio como elemento de la lucha; el odio inflexible contra el enemigo, que empuja al ser humano más allá de sus limitaciones naturales, haciendo de él una efectiva, violenta y selectiva máquina de matar, con la sangre fría”.
En una carta a Jacobo Arbenz, Guevara escribió que “fue divertido que, con bombas, discursos y otras distracciones, se rompiera la monotonía en la que estaba viviendo”. En otra carta, a su esposa, dijo estar “aquí en la jungla cubana, vivo y sediento de sangre”. En su diario, en la Sierra Maestra, al referirse a un problema con un delator, dice: “Resolví el problema con una pistola calibre .32 en el lado derecho de su cerebro…sus pertenencias ahora son mías”.
Según Humberto Fontova, citando a Enrique Ros, Guevara explicó el triunfo de la Liberación, en Guatemala, a que “Arbenz no fusiló a suficientes personas”.
Con el triunfo de Castro, cuando el Ché estuvo a cargo de la prisión La Cabaña y tenía la misión de defender la revolución contra la infección. “Las ejecuciones tenían lugar de lunes a viernes a la media noche”, dice un testigo. Guevara sabía lo que hacía y recomendaba: “Siempre interroga a tus prisioneros de noche, de noche es más fácil doblegar a un hombre porque su resistencia está más baja”.
No se sabe exactamente cuántas fueron las víctimas del Ché y algunos hablan de hasta 2000; sin embargo, un estudio documentado, de Armando M. Lago, cita 14 en la Sierra Maestra; 23 en Santa Clara; y 164 en La Cabaña. A eso, claro, habría que añadir a los muertos en combate, fuera de Cuba.
Ernesto Guevara fue ministro de Economía, relata Fontova; y a los pocos meses el peso cubano, que estaba a la par del dólar de los Estados Unidos de América y estaba respaldado por las reservas de oro cubanas, era prácticamente inútil. Luego fue ministro de Industrias y consiguió que su país, que antes tenía un ingreso per capita más alto que los de Austria y Japón, que tenía un elevado ingreso de emigrantes y que era el tercer consumidor de proteínas en el hemisferio, se convirtiera en un país en el que había racionamientos de comida, cierre de fábricas, y en del cual la gente huía despavorida.
Muchos jóvenes llevan playeras con la imagen de Guevara como símbolo de rebeldía. Esos mismos jóvenes hubieran terminado en campos de trabajo forzado, si se hubieran topado con el Che. En un discurso de 1961, Guevara denunció todo “espíritu de rebelión” como “reprobable”. “La juventud debería evitar todo cuestionamiento de los mandatos del gobierno”, dijo. “En vez de eso, deberían dedicarse a estudiar, a trabajar y al servicio militar”. “La juventud”, escribió Guevara, “debería aprender y a actuar como masa”. Así lo relata Fontova en su Carta a Johnny Depp acerca del verdadero Che Guevara.
Eso ya pasa, claro, porque muchos jóvenes pueden decir, ¿con orgullo?: “Llevo una playera del Che, y no se por qué”. Yo, por mi parte, me he unido a un grupo de Facebook que se llama Che Guevara was a murderer, and your T-shirt is not cool; o sea “El Ché Guevara era un asesino, y tu playera no es chilera”.
Por Luis Figueroa
Tomado de CATO