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lunes, 5 de noviembre de 2012

Tema polémico: el ocaso de la democracia costarricense

El día de ayer, La Nación publicó una encuesta donde revela algo que se ha convertido en una tendencia preocupante: el aumento de la cantidad de ciudadanos que están decepcionados de la democracia y prefieren, en su lugar, un autoritarismo. Según dichos datos, 43% de los encuestados aseguraron que es mejor tener otro sistema diferente al democrático, cuando dicha variable había registrado 22% en la encuesta de 2006.

En ASOJOD observamos con temor esta situación que va in crescendo, no por la defensa axiologica de la democracia, sino por la vulnerabilidad que amenazaría los derechos individuales. Nos explicamos. En reiteradas ocasiones hemos indicado que validamos la idea churchilliana de la democracia,  por cuanto, parafraseando al célebre ex Primer Ministro británico, ella es el peor sistema de gobierno, exceptuando a todos los demás. Lamentablemente, la evolución institucional ha llegado a un punto donde el abanico de opciones en regímenes políticos no es prolífico: dictadura, monarquía, democracia y anarquía, con variaciones de grado que las acercan o alejan del "tipo ideal" utilizando el concepto weberiano. Podríamos hablar del minarquismo, que dicho sea de paso, es un modelo más acorde con las ideas que sostenemos en ASOJOD, como un sistema donde el Estado debe proteger los derechos individuales de la coerción que pueda existir en las relaciones humanas, dejando todas las demás actividades humanas sujetas a la relación voluntaria y contractual de los individuos. No obstante lo anterior, y muy a nuestro pesar, el minarquismo no ha sido aplicado, al menos con claridad y decisión, en diferentes momentos históricos. Lo mismo podríamos decir de la anarquía, que pareciera ser solo posible en colectivos muy pequeños, aunque siempre con la duda de que la propia inexistencia de reglas es una regla que anula el significado literal del término. 

Independientemente de esta reflexión teórica, lo cierto es que la historia política de la humanidad se ha caracterizado, en diferentes momentos y con gradaciones diversas, en organizaciones monárquicas, dictatoriales (muchas veces siendo el mismo monarca el mandamás totalitario) y democracia (con más o menos peso de los derechos individuales y con formas de organización del gobierno parlamentario, presidencialista o mixto). En este sentido, consideramos que los datos de la encuesta antes mencionada, aunado a la vivencia por la que han pasado la mayoría de los pueblos latinoamericanos, son motivos suficientes para preocuparnos. Si la conclusión a la que se pudiera llegar al ver los números es que la gente apostaría por un modelo minarquista, celebraríamos con algarabía; pero el panorama no es tan alentador. Tristemente, cuando se observa que el porcentaje de personas que expresamente preferirían el establecimiento de un gobierno autoritario pasó de 11% en 2006 a 22% en este año, los temores comienzan a tomar fuerza. 

Si de ese 43% apuntado en el primer párrafo que prefiere un sistema diferente al democrático, un 22% expresamente escoge el autoritarismo, es dable pensar que el 21% no debe tardar mucho en convencerse de lo mismo. Si a eso se le suma el descontento manifiesto de la ciudadanía con el proceso electoral, reflejado en el abstencionismo (que ha subido como la espuma en los últimos tres comicios nacionales), entonces cada vez se vuelve más probable que unos pocos elijan a quien gobierne el país y con la flacidez institucional, el mal diseño de las reglas de juego constitucionales y la concentración de poder en pocas manos, no parece tan descabellado pensar que pronto el cerco contra la libertad se irá estrechando. 

Como lo dijimos antes, el motivo de nuestra preocupación no es la democracia per se, sino la protección de los derechos y libertades individuales. La democracia tiene muchísimos defectos, especialmente porque es un modelo que permite o posibilita la tiranía de las mayorías y aunque la teoría y práctica de los derechos humanos ha avanzado hasta un punto donde en casi todas las latitudes se impide que las mayorías decidan sobre algunos derechos de las minorías, lo cierto es que todavía persisten enormes violaciones a ese principio, especialmente en materia económica, donde se legaliza e institucionaliza el robo del producto del trabajo individual mediante impuestos, se empeña el futuro de las personas con endeudamiento estatal, las regulaciones que políticos y burócratas imponen a empresarios y trabajadores, etc. 

Y todos estos problemas se agravarían en caso de un gobierno autoritario. Si ya de por sí, el nuestro es un sistema político de partido hegemónico, en el cual el PLN tiene prácticamente copados todos los puestos de poder y la oposición es sumamente débil, desarticulada y golpeada por diferentes cuestionamientos (muchos de ellos impulsados por un sistema judicial parcializado), la existencia de un gobierno autoritario formalmente instaurado complicaría más la situación. No queremos ni imaginarnos cuán grave sería la amenaza contra las libertades económicas, así como las civiles y políticas. Sin duda, el escenario es, cuando menos, aterrador.

A pesar de nuestro tono negativo, no todo está perdido. El sistema político y el régimen democrático costarricense deben reinventarse para poder satisfacer los deseos, expectativas, intereses y valores de los ciudadanos. Se requiere mucha más participación de estos, más espacios políticos, mayor desconcentración de poder, fortalecimiento del sistema republicano de frenos y contrapesos, más libertad, menos Estado y un compromiso de los actores políticos para hacer las modificaciones correspondientes. Aunque suene difícil, todo pasa porque el ciudadano comience a exigir más poder y hacer valer sus libertades y derechos, en lugar de cruzarse de brazos y sentarse a esperar que los cambios surjan por sí solos.

La democracia costarricense, al menos en la forma en la que la hemos conocido desde hace años, está agotada y su ocaso se acerca. Depende de nosotros los individuos lo que surja en su lugar: un totalitarismo al estilo de los demás países latinoamericanos o una minarquía respetuosa de los derechos y libertades.

jueves, 1 de marzo de 2012

Jumanji empresarial: ¿de quién es la lucha hoy?


Hitler, en Mi lucha (1924), señalaba con respecto a la misión educadora del Estado: “su objetivo consiste, en primer término, en formar hombres físicamente sanos; en segundo plano está el desarrollo de las facultades mentales y aquí, a su vez y en lugar preferente, la educación del carácter y sobre todo el fomento de la fuerza de voluntad y de decisión, con la finalidad de que los educandos asuman gustosos la responsabilidad de sus actos. Solo después de todo eso, viene la instrucción científica”.

Si se quita el nombre de Hitler y los otros clisés nazis al párrafo anterior, posiblemente una persona bien intencionada y con ganas de ser inspirada por alguien, diría que el párrafo tiene no solo lógica, sino que también posee un carácter humanista. Ahora bien, si retornamos al contexto histórico todos conocemos la verdadera tragedia que acarreó el discurso hitleriano, causada en gran parte porque la mayoría de la gente de aquella época estaba tan ocupada buscando guía y dirección a sus empobrecidas vidas, que no lograron distinguir el auténtico vector histórico en palabras como estas.

El problema con los movimientos nacionalistas es que todo el mundo sabe dónde terminan, pero nadie sabe dónde comienzan. La razón de tal distorsión histórica tiene que ver con un fenómeno que podríamos llamar la "falacia narrativa". Y es que la historia que leemos hoy, es la historia narrada por aquellos que sobrevivieron a los acontecimientos o tragedias y que tuvieron la iniciativa de escribir sus propias narrativas, aunque la narrativa de aquellos menos afortunados que no vivieron para contar sus experiencias siempre se pierda en la historia. Este es el caso precisamente de los inicios de los movimientos nacionalistas o perfeccionistas de comienzos del siglo XX. Muchas de las acciones inocentes y sutiles de aquel periodo solo nos permiten ahora una especulación tardía acerca de sus intenciones originales.

El asunto es digno de meditación; y si nos preguntamos por lo que estamos viviendo hoy, cuando se observan tendencias intervencionistas del Estado y de sus agentes con poder de coerción y coacción legalizada y cuando se siente una inquietante pasividad y sumisión por parte de la mayoría de los ciudadanos, advertimos más semejanzas que diferencias entre nuestra actualidad y el ambiente que reinaba durante los años que precedieron a los movimientos nacionalistas y posteriormente bélicos de la era nazi.

La escuela, con sus protocolos de iniciación y conformación, es siempre el foro ideal para el adoctrinamiento nacionalista y perfeccionista de una juventud hambrienta de sentimientos e ideales inspiradores, alejados de la verdadera misión de la escuela, que es el descubrimiento por parte del individuo de su naturaleza y de la naturaleza de todo lo que lo rodea.

En Costa Rica, las apariencias de buenas intenciones sobran en el discurso de los burócratas con poder, como el Ministro de Educación y demás, pero la pregunta es: ¿buenas intenciones de acuerdo a quién? Tener el apoyo de las masas no significa tener la razón; y sin embargo, esta es la excusa que utilizan los ingenieros sociales a la hora de justificar sus intervenciones y restricciones a la libertad individual. La historia nos dice, y es una lección que ya debiéramos haber aprendido, que la consecuencia inevitable de la intervención excesiva del Estado acaba desintegrando la familia y que este es el primer paso hacia el control total de las mentes de los jóvenes, víctimas propiciatorias de un Estado cada vez más autocrático e intolerante. O sea, el tipo de Estado por el que luchó Hitler.

Andrés Pozuelo Arce

martes, 2 de junio de 2009

Venezuela: de mal en peor...

En esta entrevista Gabriela Calderón explica la persecusión que lanzó el gobierno de Chávez en contra del evento Universidad El CATO- CEDICE.


lunes, 24 de diciembre de 2007

Bolivia secuestrada, quebrada y salvaje


El secuestro: Bolivia se encuentra invadida por oscuros personajes, que se despliegan dentro del escenario oficialista, en forma ofensiva y humillante para sus ciudadanos. El gobierno regaló la soberanía del estado. La guardia personal del presidente está formada por esbirros venezolanos y cubanos, que informan a Chávez de todo lo que hace el servil mandatario.
¿A Evo Morales lo están protegiendo o manipulando? La respuesta es obvia, el hombre no tiene la capacidad de pensar por sí mismo. Bolivia está secuestrada por los comunistas, que enviaron asesinos para controlar el país y adiestrar a grupos afines, de manera que puedan desarticular las protestas populares opositoras, que cada vez son más frecuentes y multitudinarias.

¿Por qué un presidente que se considera el auténtico representante de las mayorías, y que en su exacerbado etnocentrismo se rebela contra todo lo foráneo, acude a extranjeros para gobernar? ¿Por qué Morales no se apoya en su propia gente? Sencillamente, porque conoce a los suyos, y sabe que son tan poco fiables como él.

Los indigenistas vociferan contra 500 años de dominio criollo, pero no tienen problema en dejarse comandar por un paranoico ególatra venezolano. El gobernante aimara habla de no someterse a intereses imperialistas, pero nadie se arrodilló tan despreciablemente como él ante otro estado. Chávez es el presidente de Bolivia, Morales no es más que la fachada.

La quiebra: El líder cocalero, en su diminuto mundo intelectual, no percibe las consecuencias de sus viscerales decisiones. Rompió con el FMI y el Banco Mundial. Nadie quiere hacer negocios con Bolivia. El aislamiento que el presidente-campesino ha logrado ocurrió en tiempo récord. El país está marginado de cualquier proyecto productivo de importancia.

Una de las compañías mineras más grandes del globo, que tenía planificado invertir cientos de millones en el altiplano boliviano, prefirió colocarlos en Pakistán y perder 15 millones de dólares que gastaron en prospecciones, antes que trabajar con Morales. Consideran que la nación asiática es más segura, pese a la guerrilla islamista en el sur del país, la presencia de Al Qaeda, los conflictos políticos internos y la disputa con India sobre Cachemira.

Las medidas tomadas por el régimen autocrático, que incluyen la confiscación de los hidrocarburos, la elevación de los impuestos a los mineros, la redistribución de tierras privadas, el asalto a los ingresos de los gobiernos regionales, la imposición de una caricaturesca Asamblea Constituyente integrada por analfabetos, que se escondieron en un cuartel para aprobar de forma sigilosa e ilegal una constitución marxista-indigenista, que restringe las libertades económicas, son rechazadas por el pueblo.

El salvajismo: La población pensante empieza a reaccionar, demandando su derecho a vivir en la cordura y la legalidad. Los enfrentamientos entre los estudiantes de la Universidad de San Francisco Xavier y los represores neocomunistas, en la ciudad de Sucre --que es la legítima capital de Bolivia y cuna de los próceres que dieron nacimiento a la independencia sudamericana del colonialismo virreinal-- son un aliento de esperanza para la nación, y demuestra que Chuquisaca mantiene vibrante su histórico espíritu libertario.

Desde que Evo Morales asumió el poder 22 meses atrás, se acreditó 27 muertos y más de 300 heridos. Sus desaforados paramilitares, los campesinos de Achacachi --un poblado de sanguinarios aimaras que visten ponchos de color rojo, y que alguna vez fueron acusados de canibalismo-- degollaron a dos perros vivos, entre risas y vítores amenazantes. En su sádico show, advirtieron que ese es el futuro que les espera a los opositores. El salvajismo de los indígenas comienza a asustar.

Ante los abusos del régimen y el desmoronamiento de la democracia, seis de los nueve gobernadores del país declararon la desobediencia civil, que ha pasado a convertirse en resistencia civil movilizada. Los eventos van cobrando envergadura y las posibilidades de diálogo con un presidente que no tiene cerebro ni corazón, son nulas. El departamento (provincia) de Santa Cruz ha convocado a partir del 3 de diciembre, a una huelga de hambre general e indefinida en todo el país. La situación es impredecible. Bolivia necesita de un líder con conocimientos políticos, carisma, experiencia, inteligencia, y fundamentalmente coraje, que según Aristóteles es la primera de las cualidades humanas, porque garantiza las demás. Ninguno de los dos partidos opositores cuenta con él, o ella.

Por José Brechner

martes, 18 de diciembre de 2007

Democracias autoritarias


Bolivia, Venezuela y Ecuador demostraron a principios de este mes que las democracias ilimitadas pueden volverse autoritarias. Aunque la democracia es el mejor sistema conocido por la humanidad para proteger la libertad, si no se limita el poder de quienes elegimos, puede destruirse a si misma cuando una mayoría de los ciudadanos le otorga poderes ilimitados a un líder o grupo de individuos, que luego arrasan con las libertades.

El sábado 24 de noviembre en Bolivia se reveló el rostro autoritario de la revolución que lidera Evo Morales, cuando en un cuartel a puerta cerrada se aprobó la nueva constitución boliviana sin la presencia de la oposición (la Constitución todavía debe ser aprobada por los bolivianos para entrar en vigencia). Seis de los nueve departamentos—que constituyen 80% de la economía, casi dos tercios del territorio y 58% de la población boliviana—se oponen a la Constitución. Después de 15 meses de pretender que este era un proyecto de participación ciudadana se ha revelado que la revolución que se está llevando a cabo en Bolivia va a tener que ser impuesta. Al parecer a los Socialistas del Siglo XXI se les olvida que las democracias modernas que respetan las libertades individuales no se rigen por la lógica del garrote y del “50+1?. Según esa lógica, el 49,3% de los bolivianos que no se manifestaron en los últimos comicios a favor del proyecto del Sr. Morales deberían ser ignorados.

El jueves 29 de noviembre comenzó la Asamblea Constituyente en nuestro país, y bastó un solo día para darnos cuenta de que en efecto el futuro del país se decidirá por 80 individuos que se han declarado estar por encima de toda ley. En una clara violación del Estatuto escrito por el mismo partido de la mayoría oficial, esta mayoría dio un golpe de Estado cesando al Congreso y declarándose en posesión de autoridad para cesar a cualquier funcionario público, inclusive a aquellos que conforman la Corte Suprema de Justicia, el Tribunal Constitucional y el Tribunal Supremo Electoral. Ya quedó demostrado que no estábamos exagerando los que decíamos en abril de este año3 que la Constituyente era un peligro porque acabaría con el Estado de Derecho, y con instituciones básicas de la democracia como un Congreso independiente.

El domingo 2 de diciembre a los venezolanos se les consultó si querían que su país continúe siendo una caricatura de democracia, o si querían que se vuelva una “monarquía tropical” como dice el analista venezolano Gustavo Coronel. Al momento de escribir este artículo, y con 88% de las actas escrutadas, el NO ha ganado por 1,4%. Los venezolanos estuvieron a punto de elegir democráticamente vivir bajo una dictadura.

Estos son puntos de inflexión para el futuro de la libertad en estos tres países. Libertad y democracia no son sinónimos y olvidarse de eso puede derivar en lo que estamos viviendo los ecuatorianos, los bolivianos y los venezolanos: una democracia autoritaria.

Los defensores de la democracia ilimitada pronto se convierten en los principales promotores de la arbitrariedad y como decía F.A. Hayek, “los más entusiastas partidarios de tan ilimitados poderes de la mayoría son a menudo esos mismos administradores, conocedores mejor que nadie de que una vez asumidos tales poderes, serán ellos y no la mayoría los que de hecho harán ejercicio de los mismos”.

Por Gabriela Calderón