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martes, 11 de febrero de 2020

La columna de Carlos Federico Smith: ¿de dónde va a salir toda esa plata?

Con base en un informe técnico de la Contraloría General de la República acerca del Presupuesto Nacional del 2020, La Nación del 4 de enero nos presenta el comentario titulado “Gobierno afronta faltante de ¢840.000 millones para pagar las pensiones.”

La pregunta obvia es ¿de dónde saldrán los dineros para pagar esas pensiones? Bueno, parte de la respuesta, no muy agradable, se la brinda el mismo medio, al indicar que, ese déficit por las pensiones a cargo del presupuesto nacional de casi ¢840.000 millones, “tendrá que ser cubierto con deuda pública y con impuestos.” Y dije que “parte de la respuesta,” pues se asoma otro camino que podría seguir este gobierno, dejando de lado, por supuesto, una reducción sustancial de los aportes estatales para, al menos para empezar, a las llamadas pensiones de lujo. Ese otro camino que podría elegir es emitir dinero, lo que crearía inflación, con las consecuencias nefastas que eso implica (entre otras, reducir las pensiones en términos de su poder adquisitivo). 

Lo cierto es que, cualesquiera de las opciones indicadas -endeudarse, aumentar impuestos o generar inflación- será cargada a los bolsillos de los ciudadanos. Pero, claro, como este gobierno (y todos) pretende tener el menor costo político actual, lo que casi que dejaría por fuera su “necesidad” de ponernos aún más impuestos a los ciudadanos hoy acogotados, en el marco de una economía que por eso es que no crece lo suficiente, podría preferir otras dos alternativas más sutiles, más “placenteras,” como son, una de ellas, endeudarse hasta la coronilla (ya vamos llegando al punto de inflexión de un 60% del PIB de endeudamiento del estado), que tiene la ventaja adicional que no se “carga” directamente a los votantes de hoy, sino que será pagada por las generaciones del futuro y que potencialmente no se vengarían votando en contra de ese gobierno. (Aunque la gente descuenta esos pagos futuros que se traducirán en impuestos).

La otra alternativa, de rapacidad encubierta, es que el Banco Central emita para prestarle al gobierno para que financie su gasto. Y, como es usual, al subir los precios, los políticos dirán que es “por culpa de los voraces empresarios” y no tardará en proponer la siempre fracasada política de controles de precios, que lo único que genera es escasez de bienes y servicios para los consumidores. (Dejo de lado todas las distorsiones en el sistema de precios, en donde ya no más es claro que un aumento en el precio de un bien sea indicador de su escasez e impulsa aumentar la oferta, pues, en una inflación todos los precios aumentan generalmente y la señal deja de servir). 

Este año el gobierno destinará ¢1.127.890 millones a pensiones, donde ¢917.000 millones corresponden a sistemas de pensiones como los del Magisterio, Nacional, Hacienda y ex Diputados, financiados ¢840.000 millones por el estado y los restantes ¢78.000 millones serán aportados por los “beneficiarios, funcionarios públicos activos y pensionados.” Los ¢211.000 millones que faltan corresponden al aporte estatal al IVM de la Caja (recuerden que es un régimen tripartito; trabajadores, patronos y estado). Según informa la Contraloría, “el gasto en pensiones se comerá casi el 11% del Presupuesto Nacional.” Indica el medio que ese “rubro creció en un 41% entre el 2015 y el 2020” y que, para este año, comparado con el anterior, el aumento es de un 6.4%.
 
La jarana siempre sale a la cara. El desorden fiscal, si se mantiene ese gasto desbordado, nos pasará la cuenta de una u otra forma, pues. para hacer cacao, se necesita de chocolate y ese chocolate viene de los bolsillos de los ciudadanos contribuyentes, los de hoy y los del futuro.
 
Aquel déficit, en opinión de la Contraloría, se debe a “la ausencia histórica de fondos con financiación tripartita y a la reducción de la población trabajadora, producto también de la situación demográfica” (¿y de la económica, que se ha reflejado en un crecimiento de la economía subterránea, en donde no hay cotizaciones?), además de que ”los regímenes con cargo al presupuesto son de carácter cerrado” y aunque desaparecerán en su momento, “durante un plazo considerable tendrán un peso significativo en el gasto.” Claro, lo que nos dice es que se debe terminar ya con las pensiones de lujo que básicamente están presentes en esos regímenes a cargo del presupuesto nacional. Estos sistemas “seguirán costándole mucho dinero al Estado,” léase, a los bolsillos de los ciudadanos contribuyentes.
 
El artículo señala que los sistemas de pensiones de mayores cuantías en el presupuesto nacional son el del Magisterio con ¢619.000 millones, los de Hacienda y Poder Legislativo con ¢78.000 millones, ¢211.000 millones al IVM de la Caja, esto último porque pasó de ¢72.400 millones del 2018 a ¢211.000 millones, ante el alza en el aporte estatal (además del laboral y patronal) de 0.58% a un 1.41%.  Por otra parte, las llamadas pensiones no contributivas subieron de ¢8.560 millones a ¢12.680 millones, en mucho debido a las prejubilaciones a extrabajadores de JAPDEVA. En el desglose que presenta el medio se indica que el gasto gubernamental a las pensiones del IVM en este año será de ¢285.000 millones, pero, por otra parte, señala que es de ¢211.000 millones, a lo que podría ser necesario sumar el aporte estatal de las llamadas pensiones no contributivas, si es que va a dar a la Caja, que este año ascenderían a ¢12.860 millones. Así, el total para la Caja sería de ¢224.000 millones, cifra que no calza con la señalada por el medio. Así que no tengo certeza acerca de los datos que consigno y que indica el medio.
 
En todo caso, vale la pena destacar que, en un esfuerzo por reducir los montos destinados a pensiones, “el gobierno planea impulsar, cuando los diputados retornen a sus labores el 13 de enero próximo, una segunda reforma a las pensiones de lujo que imponga un tope de ¢2.4 millones (al mes) y que pase al IVM a todos los trabajadores públicos que aún no se hayan pensionado mediante regímenes con cargo al Presupuesto Nacional.” Bueno, ver para creer...




Jorge Corrales Quesada

viernes, 17 de julio de 2015

Viernes de Recomendación

Sin duda alguna el tema de los salarios en el sector público y su impacto en el deficit fiscal del país ha sido la noticia de esta semana. Precisamente por ello les compartimos los siguiente archivos. El primero de ellos es la entrevista al Diputado Ottón Solís respecto a las ramificaciones que puede tener el pacto FAC-PAC-Sindicatos de cara a este tema. El segundo el debate entre el Diputado Otto Guevara y el incansable Favio Chaves.

viernes, 19 de junio de 2015

Viernes de Recomendación

Esta semana nuestro país estuvo lleno de entrevistas y debates en cuanto al tema del deficit fiscal y las finanzas públicas. En razón de la importancia de esta temática queríamos compartir con ustedes las mismas.

Por un lado tenemos las entrevistas efectudas en el programa "Hablando Claro", al Diputado Otto Guevara, a la Contralora  Marta Acosta y el economista Luis Mesalles.

Así mismo, les compartimos el debate realizado entre los Diputados Otto Guevara y Patricia Mora en cuando a la educación superior universitaria.

lunes, 22 de septiembre de 2014

Tema Polémico: La realidad no entiende de ideologías


Cualquiera que siga este espacio de opinión sabrá bien que no somos seguidores de Ottón Solís. Sin embargo el mínimo de decencia y honestidad intelectual hacen imposible no reconocer la importante labor que ha emprendido como Presidente de la Comisión de Hacendarios.

El Diputado Solís se ha avocado la titánica tarea de recortar el gasto superfluo del presupuesto de la República para el año 2015. Desafortundadamente, ahora que se está en el poder algunos de sus compañeros no ven como superfluo lo que antes lo era. Además, esta valiente postura ya ha ocasionado que ciertos incautos acusen al señor Solís de “enemigo de los trabajadores” o “neoliberal”.

Evidentemente acá no se trata de ser enemigos de nadie o cosa por el estilo, sino simple y llanamente de realismo puro. Esta discusión no se encuentra en el ámbito valorativo, sino descriptico, es decir, no se trata de preguntarnos si queremos más o menos privilegios y gasto en el sector público, sino si podemos seguir bajo el estado de cosas actual. En este sentido, en ASOJOD creemos dos obviedades muy básicas (desgraciadamente vivimos en tiempos en donde es necesario decir lo obvio), a saber: a) todo gasto ordinario debe encontrarse debidamente financiado por ingresos ordinarios, y b) en tiempos de déficit fiscal se debe recortar el presupuesto y no aumentarlo.

Lamentablemente, en nuestro país tenemos el gran pecado de efectuar los debates de los grandes temas de políticas públicas, a través de meras etiquetas y de lo que los norteamericanos llaman “name calling”. Resulta imperioso, evitar estos malos hábitos discursivos y argumentativos, para que así podamos de una vez por todas entrarle en serio a los graves problemas que nos aquejan, de lo contrario más pronto que tarde sufriremos las consecuencias de tanta ideología de cafetín. 

miércoles, 11 de junio de 2014

Desde la tribuna: quien parte y reparte...

Quien parte y reparte …se deja la mejor parte. Así es el asunto. El Estado se ha desviado de sus funciones básicas y elementales y, de manera culposa e indolente, acomete diversas labores que no corresponden a su naturaleza y termina volviendo el rótulo para adentro.

La prensa ha hecho eco del  estudio de la Academia de Centro América denominado “Costa Rica: empleo y política salarial del sector público”. El digital CRhoy destaca que “Unos 120 mil funcionarios públicos reciben beneficios de 54 regímenes de convenciones colectivas”, que el “El monto que reciben los empleados públicos por remuneraciones, representa un 25% del gasto público total” y que “El pago de los incentivos con poca fiscalización se ha convertido en uno de los principales gastos del sector público y mucho de eso está relacionado con que 120 mil funcionarios se cobijan bajo 54 regímenes de convenciones colectivas.”.  

Por su parte, el resumen que trae el propio estudio, expresa que “ Se examina la dinámica de los salarios y el empleo público en Costa Rica, ante una crítica situación fiscal en donde la masa salarial aparece como uno de los disparadores automáticos del gasto público. La situación es muy com- pleja debido a un sector público fragmentado, una autonomía institucional fuerte y la ausencia de un ente rector. El estudio inicia con la presentación de un marco conceptual de referencia sobre la importancia, costos y beneficios del empleo público y los regímenes de servicio civil. Se presentan seguida- mente algunos casos sobre las mejores prácticas internacionales que rigen la materia, y los principales desafíos que involucra la puesta en marcha de reformas en empleo público y salarios. El estudio continúa con un análisis de la situación en Costa Rica, destacando las principales características del sistema, el marco legal e institucional y algunas experiencias llevadas a cabo en el país para romper con los esquemas tradicionales. Se examina también algunas de las reformas que han sido planteadas en el transcurso de poco más de una década para atacar los problemas identificados, y se concluye con algunas reflexiones finales.”

Los autores del estudio son Miguel Loría y Carlos Umaña. Destaco algunas expresiones de las conclusiones:

1.    “ … Un sector público costoso, ineficiente y sin un adecuado sistema de rendición de cuentas impide un servicio de calidad para el ciudadano y perjudica la productividad del aparato pro- ductivo. Esta temática no fue abordada a profundidad en el presente estudio, toda vez que el énfasis se concentró los temas de salarios y remuneraciones. …” 

2.    “La masa salarial exhibe un crecimiento automático. Dicho crecimiento en un contexto de ingresos fiscales con lento crecimiento contribuye a ensanchar el desequilibrio en las finanzas públicas.  …” 
 
3.    “La ausencia de un organismo rector en materia de empleo y salarios públicos ha derivado en el surgimiento de una serie de incentivos en el Gobierno Central y en las entidades descentralizadas, que se han consolidado como derechos adquiridos, sin una vinculación directa con el trabajo realizado. Si bien el costo de la planilla descentralizada no incide en el déficit del Gobierno Central, tiene importantes implicaciones sobre el precio de los servicios públicos. además, salarios altos en el sector descentralizado son puntos de referencia para negociaciones en Gobierno Central.  …”
 
4.    “ … a lo largo de los años el sistema actual de empleo y salarios públicos ha generado una serie de distorsiones e ineficiencias en el manejo del recurso humano. Si bien existen diferencias en los salarios base según el puesto y la institución, la raíz del problema se focaliza en los pluses salariales, los cuales se generan en gran medida al amparo de convenciones de trabajo y que son consideradas como derechos adquiridos e irrevocables por los sindicatos.”
 
5.    “ … La problemática tratada no es nueva, ya que el país ha realizado varios intentos de reforma sobre el empleo público. Durante poco más de una década el diagnóstico es básicamente el mismo, sin que se hayan ejecutado las recomen- daciones indicadas.”
Entre las recomendaciones, podemos leer lo siguiente:  “El costo-beneficio de las reformas en el empleo público y la política salarial luce positivo en términos del bienestar social, por sus impactos en el déficit fiscal, la gobernabilidad y el desarrollo económico. Pero al mismo tiempo ello implica un gran desafío para las autoridades, en términos de los arreglos institucionales, políticos, económicos y sociales que serán necesarios para poner en marcha las reformas. El tema es altamente sensible, toca una gran cantidad de intereses y genera resistencias al cambio, como bien lo ha evidenciado la experiencia internacional, sobre todo cuando existen posiciones encontradas con respecto al efecto del empleo público y el costo de la planilla estatal en la sostenibilidad de las finanzas públicas."

Aparte de los valiosos elementos de juicio, conclusiones y recomendaciones del estudio reseñado, creo que es hora de reflexionar acerca de otras cuestiones relativas directamente al tipo de Estado y de burocracia que se han desarrollado por inercia y abulia en nuestra sociedad.  Gran cantidad de convenciones colectivas reparten gollerías y prerrogativas de tal modo que quedan de lado los subterfugios y justificaciones que han servido para crear instituciones y programas.

Sencillamente el sector público gana mejor que el privado, no tiene riesgo, no necesita eficiencia, no luce ninguna productividad y ahoga a la sociedad entera.

Entre los daños no solo aparece la irritante y desastrosa situación fiscal sino la libertad conculcada a todos y entregada a una burocracia que goza de limitar las posibilidades de los demás, juega de empresaria y entorpece el desarrollo social.

Esta burocracia se queda con todo, irrespeta los principios constitucionales y se reparte convenciones colectivas que no le corresponden.   ¿Necesitamos más pruebas?

Federico Malavassi Calvo

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Desde la tribuna: déficit

La moneda es una de las grandes invenciones humanas.  Ha servido para fomentar el cambio de bienes y servicios (abandonando el trueque y la permuta), ha acelerado las relaciones comerciales y económicas, ha servido como valor y representación de la riqueza.

Con el tiempo, el Estado se la apropió y la monopolizó.  Primero modositamente en forma de patrón oro y equivalentes.  Con el tiempo los diques se rompieron y vinieron los desastres.

La inflación es uno de los males más graves.  Es un azote contra quienes menos tienen (pues los dueños de bienes de fortunas casi siempre se acomodan mejor).  No obstante, la mentira política convence a los desposeídos que es en su favor y de la quimera de la soberanía monetaria que el Estado provoca inflación.  He oído a algunos defenderla a capa y espada como un mecanismo de redistribución y demás especias.

El déficit fiscal (originado en el incumplimiento de normas constitucionales) es una pesada carga para todos.   Su origen estricto radica en el incumplimiento del juramento constitucional de los gobernantes, pues es prohibido presupuestar de manera que se genere este gran daño para la sociedad.

No obstante, las causas van haciéndose cada vez más complejas.  Muchas de ellas son la falta de oficio, capacidad y exigencia en la labor pública.  Otras van por el lado del clientelismo político.  No pocas van parejas con la corrupción.  Algunas van con las gollerías y privilegios.

Así es.  Se gasta más de lo que se puede y se olvida la función de escoger lo principal, de establecer prioridades y de atender lo primero y esencial.  Luego viene lo demás, pues una vez que se han brincado la cerca, entonces se da una desmoralización general.

Obviamente, hay quienes se aprovechan directamente de tan mal manejo económico:  obtienen transferencias directas, convenciones, privilegios, altos salarios, porcentajes presupuestarios y demás prebendas.  

No hay neutralidad.  Es algo como aquello de que “después de mí, el diluvio”.  Se trata de ordeñar los presupuestos públicos en la idea de que, aunque el mal sea general, “yo agarré algo de primero y me aprovecho”.  

En algunos países el déficit es causa de inflación.  En el nuestro es un mal  que se suma al mal manejo que hace el gobierno de moneda y presupuesto.  No hay agallas para hacer las cosas bien y a muchos les resulta cómodo y conveniente encogerse de hombros y dejar que las malas cosas pasen.  

Los que están en el sistema tendrán que pagar no solo con desposicionamiento económico sino con sangre tanta irresponsabilidad.  Cada vez recibiremos menos prestaciones públicas (a las que tenemos derecho), cada vez los servicios públicos serán más malos, cada vez será más difícil para la empresa privada desempeñarse y generar empleos, cada vez habrá menos posibilidades de que la sociedad se desintoxique de la postración y falta de habilidad.  Algunos tendrán sus privilegios, pero todos sufriremos y algunos más que otros.

Tendremos un Estado más grande, más gastón, más inútil, menos apto y mucho dinero en pagar deudas.  Menos inversión pública, más necesidad de buscar otras fuentes de financiamiento y una desilusión general.  Las empresas no gustan de los países con mala infraestructura, pésima seguridad, atraso judicial, sistema escolar que cada día enseña menos, puentes en mal estado, colapso del tránsito, carreteras deshechas, servicios públicos caros y malos.

Tampoco es halagüeña la perspectiva de más impuestos, sobre todo si van a parar en el pago de comilonas ajenas, de deudas originadas en manejo irresponsable de la economía y de privilegios y gollerías.  

Desde hace meses se ha acelerado el crecimiento del déficit, del endeudamiento y del propio gasto público.  ¡Qué doloroso para los futuros años!.

Federico Malavassi Calvo

lunes, 9 de septiembre de 2013

Tema Polémico: Nuevo presupuesto del gobierno

El nuevo presupuesto del continúa con los mismos vicios de los presupuestos presentados durante toda la administración de doña Laura. Los gastos exceden considerablemente los ingresos esperados. Esto no parece importarle a este Gobierno y sinceramente, si no le ha importado mucho gastar sin reparo durante todos esto años, menos le va a importar presentar esta oda al gasto durante su último año en gobierno. Han sido tantas las críticas que ha recibido doña Laura durante su mandato que ya parece no importarle nada y más ahora que va de salida. 

Siguiendo este comportamiento, no nos extrañaría que en unos cuantos años terminemos igual que países como Grecia y Portugal obligados a pagar tasas de interés elevadísimas para seguir financiado los gastos o con una inflación descontrolada. De cualquier forma, los grandes perdedores seremos todos los ciudadanos y en especial lo más pobres.

¿Será que el país tiene que tocar fondo para finalmente darse cuenta del error? ¿O será que definitivamente a los gobernantes de turno no les interesa lo que pueda pasarle al país en el mediano o largo plazo?

En ASJOJOD creemos que definitivamente hay una cuota de esto elevada. Hace falta más voluntad para buscar soluciones. Pero el problema es un poco más complejo.

Hay quienes exponen que el problema de déficit se debe a que en nuestro país la carga tributaria es baja. En ASOJOD diferimos categóricamente. Ya en muchas ocasiones hemos demostrado que en este país más bien hay demasiados impuestos. Y aunque esto fuera cierto, habrá que tomar en consideración las siguientes dos irrefutables realidades:

1- La forma en que se está gastando el dinero de los todos los que pagamos impuestos es sumamente ineficiente y en muchos casos hasta descarada. Tal vez en eso nos diferenciamos de otros países como Noruega y Suiza en que la carga tributaria es mayor pero por lo menos se ve que el dinero es gastado de manera más eficiente.

2- La reforma fiscal más fuerte que se ha presentado ante la Asamblea Legislativa en las últimas décadas si acaso logra disminuir en déficit en 2% del PIB. Asumiendo que en verdad con una reforma así se logre disminuir en ese porcentaje el déficit (y eso lo dudamos mucho pues implicaría a su vez una mayor evasión), no lograría disminuir ni la mitad del déficit fiscal actual. Por lo tanto el grado de éxito de este tipo de medidas sobre el problema en cuestión es mínimo.

Para verdaderamente eliminar el déficit hay que disminuir el gasto sin duda. Otra forma podría ser aumentando la recaudación por medio de una mayor actividad económica pero para lograr eso más bien habría que bajar impuestos en vez de aumentarlos.

La disminución del gasto debería ser una prioridad fundamental para el próximo gobierno y eso necesariamente implicará hacer una serie de reformas legales en empleo público, reformas a las pensiones y presupuestos obligados constitucionalmente que no necesariamente son las más populares pero serán necesarias para que no terminemos con un país mucho más pobre.

miércoles, 20 de marzo de 2013

Desde la tribuna: peligro latente

En Costa Rica continúa presentándose el déficit presupuestario. Es un tema muy serio que afecta profundamente la economía.

Además, para males, la actuación del Banco Central en la compra de los dólares, está incubando pérdidas y ejerciendo presión inflacionaria.

Para colmo de males, según lo reconoce el mismo Banco Central, los precios “regulados” han aumentado en demasía (electricidad, agua, combustibles).

Todos hemos sufrido, una experiencia compartida, la angurria estatal en los pagos de impuestos del último período (especialmente en lo tocante a vehículos). 

Ello pone a la vista un panorama sombrío, amenazador y peligroso.

Para terminar de iluminar (o, en este caso, llenar de tinieblas) el cuadro, es claro que de la Comisión de Notables se pasó a unos paquetes de reformas normativas (Constitución, Reglamento de la Asamblea Legislativa y Ley de la Jurisdicción Constitucional) que pretende allanar el camino para un Paquete tributario (plazos irracionalmente cortos para votar proyectos, restricción del uso de la palabra, eliminación de la consulta legislativa de constitucional y caducidad de la inconstitucionalidad para irrespeto a las formas):  la mesa queda servida para que nos coman con impuestos. 

Es obvio que la economía y el desempeño de la sociedad costarricense está bajo la amenaza de cobrar la factura por el deficitario desempeño público.  De feria, el Ejecutivo está empeñado en dilapidar centenar y medio de miles de millones de colones en la trocha mocha y proyectos circunvecinos.  Dinero que no le sobra al Estado y tampoco a los ciudadanos.

Aviados estamos, tomemos conciencia de que éste no es el camino del desarrollo sino la vía hacia la pobreza.

Federico Malavassi Calvo

viernes, 17 de febrero de 2012

Viernes de Recomendación


En este paper del Chicago Journals llamado Large Changes in Fiscal Policy: Taxes versus Spendin escrito por Alberto Alesina y Silvia Ardagna se demuestra que las políticas para reducir el deficit fiscal del Gobiero central basadas en recortes del gasto y no en incremento de impuestos son mucho más efectivas. Esta lectura tiene especial importanciaen este momento que se está discutiendo un nefasto paquete de impuestos en la Asamblea Legislativa.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Tema polémico: en Navidad, no sólo los niños reciben regalos


Decía Richard Lamm que "La navidad es una época en que los niños le piden a Papá Noel lo que quieren y los adultos pagan por ello. El déficit del Estado es cuando los adultos le piden al gobierno lo que quieren y los niños pagan por ello".

Esta atinada frase refleja muy bien la realidad que vivimos los costarricenses. La reciente aprobación del Presupuesto de la República -financiado en un 45% con deuda- nos tiene que poner a reflexionar seriamente acerca de lo que se vendrá. Ya el Gobierno avisó que propondrá un nuevo paquetazo de impuestos para "arreglar" las finanzas. Inclusive, uno de esos impuestos ya avanza en el trámite legislativo, como lo es el impuesto a las personas jurídicas, y el otro -aumento del impuesto de ventas- está listo para ingresar.

Con la intención de dotar de recursos a la seguridad ciudadana -una de las promesas de campaña de doña Laura Chinchilla- y con la excusa de que las sociedades anónimas inactivas se utilizan para la evasión fiscal, el Gobierno pretende cazar a todo aquel que tenga una, cobrándole $200 anuales. Y como no es capaz de cobrar lo que ya existe -la evasión fiscal en nuestro país ronda el 70%- ni de revisar adecuadamente la contabilidad de los evasores, el Leviatán decidió, salomónicamente, castigar a todos cobrándoles más. A eso hay que agregarle que el "impuesto estrella" de la Administración Chinchilla Miranda será elevar del 13% al 15% el impuesto sobre las ventas, para tener más recursos y así financiar sus demás ocurrencias. O sea, castigar a los ciudadanos aumentándole los costos de ir al dentista, al peluquero, al mecánico, al abogado, al contador, etc.

De lo anterior se concluye que todos los subsidios, las becas de Avancemos, de las pensiones del Régimen No Contributivo, de los bonos de vivienda, el aumento del empleo público (3 de cada 4 empleos creados en los años 2008 y 2009 fueron estatales) y el elevadísimo gasto público de los últimos años, sintetizado en la burda y llana aplicación de los postulados keynesianos, nos pasarán la factura. Lo que los adultos pidieron, como decía Lamm, lo tendremos que pagar nosotros: los nuevos profesionales que apenas estamos empezando a ganar nuestro sueldo y nuestros futuros hijos, a los que sin duda les tocará cargar con el pesado fardo de la deuda.

A propósito de esto, vale destacar una pequeña curiosidad: desde hace días viene sonando en la radio un campaña ambientalista donde una voz indica que de no cuidad el medio ambiente, en el futuro nuestros hijos preguntarán en qué estábamos pensando entonces. Pues bien, lamentablemente a nadie se le ha ocurrido hacer esa misma pregunta cuando el Gobierno nos quita más dinero para despilfarrarlo.

Ahora que estamos en tiempos navideños, donde muchos gastan todos sus ahorros y su aguinaldo en regalos, y luego tienen que afrontar la cuesta de enero con los bolsillos vacíos, es cuando debemos preguntarnos si el Estado no pasa todo el año en una Navidad, con la diferencia que nos pasa la factura a los tax payers.

Así como algunos propugnan por el "derecho de las futuras generaciones a tener un medio ambiente sano", ¿por qué no lo harán también por el "derecho de las futuras y actuales generaciones a no tener que pagar por una deuda que no desean"?

jueves, 13 de mayo de 2010

Dos preguntas

¿Quién llega a un nuevo trabajo, y en los primeros días, sin demostrar sus habilidades y capacidad, pide un aumento del salario?

Alguien que sabe que por semejante osadía no va a ser despedido. Y es que los Padres de la Patria no deben temer por su exabrupto, nadie los va a despedir.

Ellos pueden lograr el consenso en cuestión de un par de semanas para solicitar su aumento y saben, una vez efectuado el cálculo electoral, que el horizonte para los próximos comicios está muy largo aún, para entonces el costarricense ya habrá olvidado el descaro cometido durante los primeros días de la labor parlamentaria.

Lo que importa, según el limitado razonamiento de los inquilinos de Cuesta de Moras, es la ganancia inmediata.

¿En que se parece Costa Rica al Reino Unido?


Obviamente casi en nada, sin embargo ambos poseen un elevado déficit público. Hasta aquí llega la comparación, porque mientras en Costa Rica los diputados se quieren aumentar el salario en medio de la dificultad que atraviesa la Administración Pública, los nuevos ministros del Gobierno británico acordaron reducirse el sueldo un 5%.


Al pueblo británico y al costarricense no sólo los separa la inmensidad del océano, sino también la madurez de sus políticos, sus instituciones y el sentido responsabilidad de cara a los ciudadanos.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Deficits de moda


Resulta que la genial nueva idea de la fracción del PLN y del gobierno es eliminar las trabas que contiene la Ley de Presupuesto, que impiden al gobierno financiar gastos corrientes vía endeudamiento.

Así los verdiblancos quieren un cheque en blanco para gastar simplemente lo que les de la gana, y después cómodamente pasarle la factura a los ciudadanos costarricenses. Por ello es fundamental que la futura oposición busque mecanismos para incorporar a la Constitución una serie de garantías monetarias que impidan este tipo de situaciones.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Gobierno nos dirige hacia una crisis fiscal

Voy a tomar prestado un tema que ha venido presentando de manera muy acertada mi colega bloguero de El Financiero, Allan Rodríguez, y es el de la preocupante acumulación de deuda y gasto deficitario que está generando el gobierno.

Casi la mitad del presupuesto de la República presentado el martes pasado por el ministerio de Hacienda se financia mediante deuda, es decir, el gobierno no generará los recursos a través de impuestos y tendrá que recurrir a pedir prestado. Cuando eso ocurre, suben las tasas de interés, puesto que el Estado acapara el crédito disponible, en detrimento del sector productivo que es el que genera riqueza.

El gobierno apela al cuento de que las finanzas públicas se han deteriorado debido a la caída en ingresos producto de la crisis económica mundial. Si bien efectivamente ha habido una disminución en la recaudación de impuestos, el grueso del boquete fiscal es el resultado de que el gobierno ha soltado irresponsablemente las llaves del gasto, el cual aumentó en un 22% en el último año (ver gráfico).

Y la borrachera del gasto y el endeudamiento continúa. El gobierno ahora está proponiendo financiar la banca de desarrollo con deuda. El nuevo presupuesto crea 5.632 puestos nuevos en el sector público, de los cuales casi la mitad serán puestos de maestros–cuando más bien la matricula escolar va a la baja–principalmente de artes plásticas, música y educación física. Cualquier malpensado diría que el gobierno está tratando de nutrir a un gremio (educadores) que siempre ha sido base del PLN de cara a las elecciones. También se planea aumentar el presupuesto de las universidades estatales en un 10% a pesar de que la economía nacional se va a contraer este año.

Todo este festín del gasto nos ha llevado a tal grado de apretazón presupuestaria que ahora el gobierno pretende apelar al endeudamiento para pagar los gastos corrientes del Estado. La ministra de Hacienda afirma irresponsablemente que esta es la única solución al faltante de recursos. El gobierno también pretende eliminar la cláusula que prohibe que el endeudamiento en dólares supere un 20% del total de la deuda pública. No puede haber una idea más peligrosa que aumentar el endeudamiento público en dólares, puesto que cualquier devaluación del colón incrementaría significativamente el peso de la deuda.

El gobierno nos lleva a toda velocidad hacia una crisis fiscal. ¿Quién lo detiene?

Juan Carlos Hidalgo