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miércoles, 13 de noviembre de 2013

Desde la tribuna: Estado e impuestos

Igual que el Derecho, el Estado y los impuestos tienen el mismo origen y propósito.  Del mismo modo, los tres pueden ser prostituidos o bastardeados. Se supone que aportan al bien común dentro de una serie de conjugaciones:  respeto a la libertad,  derechos fundamentales, reglas de juego y no confiscación.

No obstante, la corrupción de los tres o de cualesquiera, lleva a una seria desviación de fines, desviación de poder y abuso contra los seres humanos. Algunos se concitan en ello, precisamente desviando la función pública o estableciendo la demagogia. Por ejemplo, la Venezuela de Maduro (la continuación del chavismo) ha intervenido con el ejército algunos almacenes de línea blanca, bajo el pretexto de que venden muy caro y ello es un abuso de la moneda y las importaciones, entonces establece el gobierno nuevos precios y hay largas filas para completar la expoliación y el despojo.

Sufren unos pocos (los comerciantes) y se benefician un montón (largas filas para aprovecharse).  Los muchos no tienen sensibilidad para entender que hay violación de derechos fundamentales y un acto de abuso de poder.

A mi se me parece a los cristales rotos de la Alemania nazi.  El autoritarismo poco a poco va segregando grupos y conculcando sus derechos.  El montón, como muchas veces, hace fiesta del despojo.

En nuestro propio medio, un gobernante promovió un impuesto a las casas de alto valor, bajo el argumento de que debían contribuir a que otros tuvieran casa. Argumento falaz y demagógico que establece una nueva función del Estado:  quitarle a unos para darle a otros.  Detrás de ello hay una moral inaceptable, solo podré tener casa  si le quito a otro.  Los impuestos son para que unos le quiten a otros.   El Estado y el Derecho, así como los impuestos, corrompidos hasta el tuétano.

En general, cuando un Estado establece monopolios y las tasas son para nutrir a grupúsculos (monopolio de Recope, por ejemplo), cuando el rótulo se vuelve para adentro, entonces se desnaturaliza el Estado y se descompone todo.

El impuesto se pone violentando el principio de generalidad (impuestos específicos a grupos y personas específicos, algunas veces ni siquiera representados) y todo se corrompe.  Unos grupos asaltan directamente el Estado para despojar a otros o tal vez unos políticos ejercen el clientelismo político-electoral proponiendo promesas de repartir lo ajeno.

Por todo ello es tan importante conservar el sentido de las normas constitucionales.  Y, exactamente por lo mismo, en ello está la razón por la cual algunos seleccionan intérpretes de la Constitución que le den un sentido torcido a las normas. 

De vez en cuando aparecen magistrados que desprecian los procedimientos parlamentarios, que hablan de flexibilidad para justificar los atropellos a las normas fundamentales, que inventan normas para justificar las violaciones a los principios básicos y que proponen su elección enviando mensajes de complacencia con los abusos descritos.

La declaración de derechos fundamentales (sobre todo los que tienen en su esencia un poder de autodeterminación, por sobre los programáticos) debe erigirse como una barrera frente a los abusos del poder.   Si ello no sucede así, de nada vale la Constitución.

Los impuestos no pueden justificarse en un déficit producido por un gasto corrupto, desordenado, incontrolado e ineficiente.   Es como darle más plata al hijo pródigo, como alentar al vicioso y como promover la corrupción.

Federico Malavassi Calvo

lunes, 21 de octubre de 2013

Tema Polémico: El diálogo nacional de Edgar Ayales

Esta semana nuestro ministro de hacienda Edgar Ayales hizo público un estudio en el que analiza la situación fiscal del país y se proponen supuestas soluciones. Éstas, aparte de unas cuantas recomendaciones ligadas a la eficiencia del gasto que analizaremos más adelante, no es más que otro intento del Gobierno de querer meternos más impuestos. Por más absurdo que parezca, pues en el estado de la economía actual más impuestos sería como un golpe de gracia al país, en esta ocasión el paquetazo nos llega en un ambiente increíblemente favorable para que pase pues casi todos los partidos políticos con excepción del Movimiento Libertario y casi todos los medios de comunicación lo apoyan. 

La Nación, por ejemplo, casi al mismo tiempo que el documento de Ayales sacó un editorial apoyando abiertamente el aumento de los impuestos y calificando de irresponsables a todos aquellos que estén en contra. Palabras muy fuertes, especialmente viniendo de un medio acusado por fraude fiscal. Qué fácil es pedir más impuestos y no pagar los que le corresponden. Y es que esa es la actitud de la mayoría de las personas que e instituciones que apoyan el paquetazo, aunque nunca lo admiten, creen que es necesario aumentar la carga fiscal pero nunca la propia.

No terminamos de comprender como tantas personas siguen apoyando más impuestos pues son muchísimas razones las que demuestran que ésta no es la solución. En ASOJOD, al igual que todos creemos que esté déficit fiscal sostenido es un enorme problema para el país y debe corregirse pero observamos como los gobernantes siguen tratando de ver como corregirlo de cualquier forma sin tratar de reparar lo que causó el problema desde el puro inicio: el exceso de gasto. La solución supuestamente es más impuestos, pero, ¿Qué se logrará con más impuestos? Una reforma fiscal devastadora para la economía lo más que podría reducir el déficit sería en un 2% del PIB (y lo dudamos pues, sin lugar a dudas, más impuestos implicará más evasión y menos crecimiento económico). El déficit es casi del 6%. Esa solución no solucionará el problema ni tan siquiera en la mitad. La justificación de siempre, y se repite en el documento de Ayales, es que otras economías de Latinoamérica tienen una carga tributaria mayor ¿Y qué? Aunque fuera cierto, esas economías deberían buscar formas para bajar la carga tributaria no verse al contrario.

Basta usar la lógica un poco para concluir que la única manera de solucionar esto es disminuyendo el gasto. El Estado venía con un sostenido superávit fiscal hasta el 2008 que don Oscar Arias Sanchez decidió incrementar el gasto desmedidamente para evitar una crisis. Los problemas de la crisis no se evadieron, tan solo se postergaron unos dos o tres años. La pregunta clave es: ¿Este incremento en el gasto aumentó la eficacia del Estado, la calidad de la educación o de la salud, la infraestructura o disminuyó la pobreza? Para todo esto la respuesta es un categórico NO. Entonces, seguimos con el mismo mal Estado pero ahora es más gastón. La solución es evidente: hay que disminuir el gasto y, por lo menos volver al estado de antes del 2008.

Ahora bien, analizando este documento, se pueden rescatar algunas recomendaciones que consideramos aceptables. Por ejemplo, coincidimos con él en la irresponsabilidad de aprobar proyectos de ley que incrementan gastos sin analizar sus fuentes de financiamiento (situación que nuestra constitución prohíbe). También desaprobamos que más del 90% del presupuesto nacional este comprometido por ley. Finalmente, coincidimos en que contamos con un sistema tributario complicado lleno de excepciones y tasas diferenciadas y eso dificulta mucho la recaudación. Nosotros apoyaríamos una reforma que busque un sistema más se sencillo de tasas bajas sin excepciones. Algo parecido a un “flat tax”. Lamentablemente no sentimos que esta sea la intención de este estudio de nuestro ministro de hacienda.

La intención de este ministro es clara y es más impuestos. Este documento propone implementar IVA, colocarle impuestos a las transacciones bancarias, meter renta global y otras. Muy lamentable, pero lo más lamentable es que esta vez será la vencida y nos “clavarán” más impuestos. Lo mejor que podrán hacer los pocos sensatos que están en desacuerdo con esto es tratar de negociar condiciones un poco menos desfavorables. Lo único bueno que se podría rescatar de este seguro paquetazo es que luego que dejar en evidencia que el problema del déficit no se soluciona con más impuestos; todos, finalmente y porque no les queda de otra, se tendrán que concentrar el verdadero problema que es el gasto.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Tema polémico: cómo el grinch se quiere robar la navidad


Es víspera de noche buena; los aldeanos se preparan para celebrar las fiestas de navidad. Miles de familias corren para comprar los regalos, preparar las cenas y compartir con sus seres queridos tanta felicidad.

En los hogares, todo es paz y tranquilidad. Nadie quiere perderse la algarabía y por eso, aunque apurados y ataviados, todos guardan la amabilidad.

Ni el frío, ni las presas, ni la ligera garúa merman el espíritu festivo. Todos disfrutan sin notar que alguien trama contra ellos su plan coercitivio.

En una fría cueva ubicada en Zapote, con la ayuda de sus compinches de Cuesta de Moras, el grinch criollo prepara furtivo su garrote. Maquina con sus gendarmes, dos torpes duendes malvados, un terrible plan sacado de libros empolvados. Dicen que su propuesta nos ayudará a salir de problemas, pomposas palabras para disfrazar sus estratagemas.

La verdad es que el grinch quiere robarse la navidad, aumentando los impuestos sin que exista representatividad. No hay discusión y quienes osen a oponerse serán atacados, gracias a la oportuna ayuda de sus comunicadores comprados.

Por eso, en el cónclave, ha nombrado general de sus huestes a un gato, con tan mala suerte que los errores y desaguisados, lo han metido en un zapato. No es el gato con botas, sino un gato con brumas, cuyas malas justificaciones lo han convertido en el centro de las bromas.

Con la ayuda de los mojigatos, el grinch ha logrado orquestar un PACto que le permita dar el garrotazo pufrefacto. El plan ha avanzado presto y veloz, casi sin contratiempos, excepto los que la propia torpeza del que daña enmaraña.

En sus propios mecates se ha enredado el grinch criollo, forzando la marcha de un plan que condena al subdesarrollo. Por eso manda a su ejército que, antes de Navidad, resuelva el embrollo.

¿Por qué antes de Navidad? Porque el grinch quiere aprovechar la emotividad para dar su zarpazo, evitando que los aldeanos sientan el cachiporrazo. Todos extasiados con carnes, frutas y regalos, pólvora y globos, son víctimas fáciles de abominables robos.

El grinch quiere aprovechar el descuido para meter su mano en los bolsillos, esperando encontrar monedas, billetes y chequecillos. Mientras todos están dormidos, quiere irrumpir para sustraer las posesiones de los aldeanos desguarnecidos.

De momento, un grupo de valientes que han denunciado el asalto a mano armada, tiene la propuesta varada. Miles de frenos han presentado, aunque todas sus ideas el grinch ha rechazado, gracias a la mayoría de representantes que quiere ver el robo consumado.

No obstante, el plan de momento ha fallado. Contar con gendarmes que no piensan y solo asienten es riesgoso, pues su torpeza los lleva a un accionar desastroso.

Pese a todos los yerros y desaguisados, los aldeanos deberían estar más atentos y pellizcados. Un grinch y sus duendes les quieren robar lo que tanto esfuerzo y trabajo les ha costado ganar.

Esta Navidad no podrá ser tranquila y pacífica, cuando un grupo de bandoleros merodea con una intención terrorífica. Rogarle al Mesías de El General que salve a los aldeanos no tiene sentido, porque la deidad está con el saqueo comprometido.

Por eso, un poco más de atención y reflexión, no caerían mal entre los aldeanos. Quizá todos juntos puedan conformar un frente espanta villanos.

Si a esos malhechores y sus ideas retorcidas, todos los aldeanos deshechan de por vida, el futuro de la villa podrá ser prometedor. Aunque de momento, es suficiente que después de las fiestas, el panorama deje de ser tan comprometedor.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Viernes de recomendación


Para este Viernes de recomendación, queremos compartir con ustedes el célebre ensayo de Frederic Bastiat, "El recaudador de impuestos", que consiste en una fábula de la angurria y voracidad fiscal, en tiempos cuando el Estado costarricense nos pretende aturuzar con un paquetazo de impuestos para financiar sus payasadas.

lunes, 22 de agosto de 2011

Tema polémico: el origen de la delincuencia


Dada la apremiante situación que tiene nuestro país con la delincuencia azotando cada esquina y amenazando a todos los individuos decentes que tratan de vivir en paz, en ASOJOD nos pareció importante hacer una breve reflexión sobre el origen de este problema.

Hay quienes dicen que la causa de la delincuencia es la falta de oportunidades, la pobreza, la misería, todo lo cual hace que las personas tengan que robar para poder sobrevivir. Son quienes afirman que la delincuencia es un producto social y tienen el descaro de responsabilizarnos a todos los demás por lo que una persona hace. Ven al delincuente como una víctima de la sociedad, como el resultado de privaciones y exclusiones, por lo cual no hay que castigarlo, sino rehabilitarlo. Pretenden afirmar que existe una relación entre pobreza y delincuencia, pero esto no explicaría por qué hay personas de estratos socioeconómicos altos que delinquen (los delitos de “cuello blanco”, los fraudes registrales, la corrupción política, los desfalcos a fondos públicos, entre otros), ni tampoco se sostiene cuando se revisan los datos de pobreza y delincuencia. Como dice Pirie, “no existe una relación lineal mecánica entre pobreza y violencia. Las naciones y los individuos más pobres no siempre son los más propensos al crimen. En América Central, los países más seguros son el más rico, Costa Rica, y el más pobre, Nicaragua. La de Costa Rica fue la tasa más baja (6,2), y la de El Salvador, la más elevada (43,4)” .

Lo mismo sostiene el informe “Crime and Development in Central America” del Observatorio de Tendencias Delictivas y Operaciones de Sistemas de Justicia Penal de las Naciones Unidas, donde se expresa que “las naciones más pobres y la gente más pobre, no son necesariamente los más propensos al crimen. De acuerdo a las estadísticas, uno de los países más seguros en Centroamérica es el más pobre (Nicaragua). Entonces, el desempleo o la “situación económica”, aunque podrían estar arraigados en la mentalidad pública como causas del delito, tienen una relación muy circunstancial” .

No obstante, como esa creencia pareciera estar fuertemente arraigada en la mentalidad de los tomadores de decisiones, nuestro sistema penal ha sido llevado en esa dirección. De acuerdo con el I Informe Estado de la Región, “el Código Procesal Penal, de 1998, aumentó las garantías del debido proceso a favor de las personas indiciadas y, ese mismo año, una reforma al Código Penal generó las condiciones que llevaron a la desjudicialización de ciertos delitos. Esta situación ha motivado una creciente controversia y frecuentes demandas públicas, a las que las autoridades judiciales (Corte Suprema y Ministerio Público) han respondido con nuevos procedimientos” . Así las cosas, viendo al criminal como una víctima y siendo muy flexibles con él, los diferentes Gobiernos han alcahueteado las conductas negativas.

Este tipo de ideas soslayan una cuestión elemental: la acción delictiva es el resultado de una decisión individual, facilitada por un marco jurídico e institucional excesivamente tolerante, que prácticamente garantiza la impunidad. En un contexto como el costarricense, donde la tónica ha sido que unos obtengan ganancias a través de otros, el individuo ―sin importar su condición socioeconómica― ha comenzado a interiorizar la posibilidad de obtener aquello que necesita mediante la fuerza, sea robándolo, sea exigiéndoselo al Estado como si fuera un derecho o sea aliándose con políticos corruptos para obtener favores, acciones que tienen el común denominador de perjudicar a terceros.

Justamente allí es donde, para ASOJOD, se origina la actitud delictiva de las personas: de su propia voluntad. No hay nada de eso de que a alguien lo empujan a cometer delitos ni que roban para alimentar a una pobre familia a punto de morir de inanición. Lo que tenemos es una cultura que ha premiado la actitud parasitaria, donde se ha enseñado a las personas que siempre habrá alguien que pague sus cuentas, que necesidad es equivalente a derecho, que está bien ver a los otros como animales de sacrificio, como medios para cumplir sus fines.

Es esa perversión moral que las personas han individualizado gracias a un sistema que le incentiva conductas de tal naturaleza y cuyos horizontes culturales han sido fijados a ese nivel, la que motiva a los individuos a delinquir. Y, tras de eso, son premiados con la lástima, el "pobrecito", el discurso de la "segunda oportunidad", la tolerancia y alcahuetería extremas que terminan por impedir que se les castigue con rigurosidad y que nos tiene realmente mal.

Si queremos acabar con la inseguridad ciudadana es necesario cambiar los horizontes culturales y las premisas morales que llevan a las personas a creer que está bien vivir a costa de los demás y que solo basta pedirle a alguien y esperar que todo le sea entregado. De lo contrario, nos estaremos autoengañando al creer que más policías y más recursos van a evitar que nos roben.

jueves, 12 de mayo de 2011

Jumanji empresarial: la verdadera naturaleza de los impuestos


Realmente a nadie la gusta pagar sus impuestos. Pero como dice el viejo dicho sobre “muerte e impuestos”, hay una sensación de que los impuestos son tan legítimos e inevitables como la propia muerte. En su aceptación de los impuestos, mucha gente bienintencionada olvida que éstos violan nuestros principios morales más básicos.

Si han estado alguna vez en una guardería o en un parque donde juegan los niños, se habrán dado cuenta de que, aunque los chicos son demasiado jóvenes como para entender muchas cosas, ya tienen un sorprendente sentido de la justicia.

Quite un juguete a un niño que aún no pueda hablar una palabra y generalmente se encontrará con una clara protesta. En lo que respecta al niño, le ha robado su juguete, ha iniciado violencia, y por tanto es tiempo de llorar. El razonamiento del niño probablemente no sea tan sofisticado, pero ahí está la comprensión.

Los niños algo mayores sn incluso más asombrosos. Entienden que hay violencia ilegítima (cuando se roban juguetes), pero también entienden que existe asimismo una violencia legítima, que se produce cuando el niño víctima se dirige al ladrón y recupera su juguete. Lo asombroso es que lo normal es centrarse en recuperar el juguete en lugar de castigar al agresor. El castigo es un concepto que aprenden más tarde, probablemente de nosotros.

La iniciación de violencia es el acto de un agresor contra ti o contra tu propiedad. Puede realizarse mediante violencia real o intimidación, porque la mera amenaza de violencia es un acto de violencia en sí mismo. Un buen ejemplo sería un ladrón que te apunta con un arma para quedarse con tu cartera sin apretar el gatillo. Otro ejemplo menos evidente es la forma en que el gobierno se queda con nuestro dinero. Decir que los impuestos son una forma de robo puede parecer un poco exagerado, pero rechaza pagar tus impuestos y acabarás en la cárcel. Rechaza pagar tus impuestos a la propiedad y verás quién es realmente el propietario de tu casa.

Los gobiernos han hecho un maravilloso trabajo de relaciones públicas: Nos llaman contribuyentes, no víctimas, y los impuestos de alguna forma se recaudan, no se roban. A los impuestos también se les llama contribuciones, como si hubiera opciones. Y como es el gobierno el que decide si esta forma de robo es legal o no, no hay nada que podamos hacer legalmente para conseguir una restitución. Un hay justicia del parque para nosotros.

Muchos pueden ver realmente el delito, pero lo consideran un mal necesario y cuando reclamas la abolición completa de los impuestos, preguntan con detalle minucioso cómo pagaríamos las carreteras y la aplicación de la ley.

Admito que es difícil imaginar cómo funcionaría nuestra sociedad en un orden completamente nuevo, pero me gustaría ofrecer algunas ideas y hechos históricos que puedan aliviar estas preocupaciones.

Algo importante a recordar es que todos los servicios ahora financiados por impuestos y ofrecidos por el gobierno estuvieron en un pasado no tan distante financiados y ofrecidos privadamente. De hecho, muchos se están ofreciendo privadamente hoy, desde una educación privada asequible en Ghana a las lujosas calles que se construyen cada día en nuestra ciudades de Norteamérica para nuevas urbanizaciones (que se entregan luego a los gobiernos locales).

Otro ejemplo reafirmante para quienes quieren respuestas ahora mismo respecto de un futuro sin impuestos es que no hace mucho tiempo la esclavitud era normal y en muchas partes del mundo nadie habría concebido la vida sin ella. Cuando algunos apuntaron los problemas éticos y económicos tras esa práctica, la inmensa mayoría de la gente afirma que no solo era imposible abolir la esclavitud, sino que incluso los propios esclavos estaban mejor en cautiverio que en libertad. Hoy esas afirmaciones nos parecen ridículas.

Había quien estaba verdaderamente preocupado por los esclavos. Como no tenían propiedades, había quien decía que todos serían vagabundos y vagarían sin rumbo. Esos conservadores bienintencionados incluso temían que sin amos los esclavos estarían desempleados. Y sobre todos, los preocupados afirmaban que toda la economía se derrumbaría, poniendo a todos (incluyendo a los antiguos esclavos) en un estado de abyecta pobreza.

Nos es difícil imaginar la idea de un mundo sin impuestos y hay muchas preguntas sin respuesta que nos gustaría ver respondidas. Pero necesitamos defender la libertad independientemente de nuestras reservas, igual que seguimos estando contra la esclavitud.

Aunque estoy de acuerdo en que pueden hacerse muchas cosas enormes con dinero robado, tenemos que recordar que nunca nos dirigiríamos a nuestros vecinos con una pistola y les diríamos que pagaran nuestra educación o jubilación, independientemente de lo ricos que sean. No lo haríamos porque está mal. Incluso un niño lo sabe.

Rod Rojas
Mises Daily