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martes, 14 de abril de 2015

La columna de Carlos Federico Smith: una riqueza que despreciamos

No recuerdo en que libro de texto de Economía leí hace mucho tiempo, acerca de las ideas de riqueza y de valor aplicadas a las llanuras de los indios en el estado de Oklahoma. A mediados del siglo XIX, éstas tenían un valor relativamente muy bajo, pues si acaso servían como pastos para el ganado. Los indios, quienes eran de hecho los dueños de esas tierras, vivían en la pobreza, en mucho sobreviviendo gracias a la cacería, algunos cultivos y crianza de animales. La tierra era sumamente barata e incluso, en cierto momento, el gobierno federal de los Estados Unidos se las compró a muy poco precio, para después regalarlas, con tal de que fueran pobladas principalmente por blancos, negros y otras tribus indígenas distintas de las que tradicionalmente moraban en ellas. A principios del siglo XX se descubrieron enormes depósitos de petróleo debajo de esas tierras de Oklahoma (así como en muchas otras partes de los Estados Unidos), las cuales que evidentemente ganaron un enorme valor en poco tiempo debido al desarrollo de los pozos petroleros.

Así me viene a la mente recordar que no había riqueza en las tierras de Oklahoma, sino hasta que se desarrolló la actividad petrolera. Esto es, aunque un recurso natural exista en el subsuelo, en tanto no se le desarrolle económicamente -es decir, que tenga algún valor en los mercados- no constituye riqueza: simplemente es “tierra” de poca valía. 

Esto lo expongo en relación con un artículo que leí recientemente en La Nación del 15 de diciembre, que lo encabeza el siguiente texto: “Presidente sepulta geotermia en los parques nacionales: Solís no aceptará proyectos de generación en su mandato”. ¿De qué nos sirve tener tanta “riqueza” energética potencial en los parques nacionales? Entiendo muy bien la posición de conservacionistas, aquellos honestamente preocupados porque un desarrollo de esa fuente de energía no ocasione un daño grave al medio ambiente, pero es un daño hipotético que económicamente podría ser compensado, si la ciudadanía logra un beneficio muy elevado al contar con una fuente de energía más barata que las actuales de que dispone. Es un asunto de ver los números del análisis de costo-beneficio social. En mi opinión, posiblemente el daño medioambiental de esos proyectos de explotación geotérmica es relativamente pequeño y podrá ser más que compensado con los beneficios de un proyecto de esa naturaleza que sea bien y cuidadosamente ejecutado.

El tema es muy interesante desde diversos ángulos, pero quisiera enfatizar uno de ellos.  Si bien es apropiado preocuparse por el posible impacto negativo sobre el medio ambiente de un proyecto de esa índole, en realidad en el país ya tenemos amplia experiencia en la generación de energía a partir de la geotermia, la cual han tenido un impacto mínimo –nimio- sobre la naturaleza en sus alrededores. Esta fuente se ha desarrollado en el país desde 1977 y ya tenemos cinco plantas generadoras de energía proveniente de geotermia (4 en Miravalles y una en Pailas, todas en la Cordillera de Guanacaste). Están operando limpiamente y con una afectación muy marginal en su alrededor. En una entrevista formulada a finales del 2012 al ingeniero Alfredo Mainieri, director en ese entonces del Centro de Recursos Geotérmicos del ICE, señaló que “la geotermia es una energía autóctona, limpia, poco contaminante y que, si además se maneja convenientemente, puede llegar a ser renovable, por lo que se espera que el tema de la explotación se analice más profundamente.” (Entrevista en Crhoy.com, el 9 de octubre del 2012).

En dicha entrevista se señala que “La geotermia también se ubica como la segunda más barata en cuanto a costos de producción por kilovatio, ya que, producir un 1 kilovatio de geotermia cuesta 6.22 centavos de dólar a pesar de solo tener el 8% de la capacidad instalada; producir 1 kilovatio de energía hidráulica cuesta 3.81 centavos de dólar,” al menos en aquél año. 

No hay razones para que, tomando en cuenta la necesidad de compensar cualquier efecto sobre el medio ambiente, el país no pueda acudir a esta fuente de energía, cuyo costo parece ser relativamente bajo, es limpia y casi que inagotable. Cerrar las posibilidades de su desarrollo, tanto por parte del ICE como de empresas privadas, es, en mi opinión, una nueva decisión absurda del gobierno en tiempos recientes en el campo de la energía (además de ésta, también lo fue el impedimento de que hubiera una mayor participación privada en la producción de electricidad de fuentes hídricas).

A veces hay posiciones extremas que cierran las posibilidades de progreso en las sociedades.  En este caso, la justa preocupación por el medio ambiente resultante de desarrollos energéticos, creo que ha sido llevada muy lejos. Existe enorme experiencia en muchos países -además de la nuestra antes citada- que incluso poseen literalmente desarrollos en los patios de sus casas. Volviendo a la Oklahoma que antes cité, una visita a la ciudad de Tulsa podría confirmar lo que aquí estoy diciendo: allá, en aquella tierra antiguamente de los indios, hoy existe una enorme producción petrolera en su inmediata vecindad. Pero también, por ejemplo, se podría acudir a Los Ángeles, California y ver allí, en un lugar que se conoce como La Brea, que sucede algo similar a lo de Tulsa, Oklahoma.  Simplemente para esos desarrollos energéticos se han tenido reglas claras, definidas, estrictas, en cuanto al manejo ambiental. Pero no de manera tal que se prohíba la producción, que se impida el desarrollo, que se afecten las posibilidades de progresar de sus ciudadanos, sino todo lo contrario: para que el ser humano se beneficie de energía más barata. Y eso es progresar.

En Costa Rica se ha demostrado que se pueden hacer plantas para extraer energía proveniente de la geotermia, sin afectar los parques nacionales. Incluso si un desarrollo afectara a un parque nacional, eso podría ser compensado con tierras nuevas que se adicionen al parque. Pero ni eso ha sido necesario hacerlo en el caso de Costa Rica. 

El gobierno no admite que privados puedan producir más electricidad proveniente de desarrollos hídricos; no permite ahora que nadie, ni el mismo estado, pueda generar electricidad con base en la energía proveniente de la profundidades de la tierra; no dejan que se explore el país para ver si hay depósitos de petróleo o de gas; no acceden a que se utilicen paneles solares para que las familias desarrollen fuentes energéticas provenientes del sol; no dejan hacer nada de nada. El estado nuestro no sólo es ineficiente, sino retrógrado: conculca cualquier posibilidad de generación de energía, sino es a través de su casi monopolio, el ICE, e incluso hasta a esa institución se le vedó la posibilidad de un mayor desarrollo energético con base en la geotermia. Hace muchos años no veía una mentalidad tan retrógrada, antiprogresista y que frene el impulso innovador de la empresa privada a tal grado. Más tarde o más temprano eso nos pasará la factura a todos los ciudadanos -como usualmente sucede en estos casos- a causa de nuestro estancamiento energético. Entonces los de siempre buscarán echarle las responsabilidades por el retroceso a cualquier otro, menos a la obcecación de sí mismos.

Jorge Corrales Quesada

martes, 3 de marzo de 2015

La columna de Carlos Federico Smith: desarrollemos nuestra riqueza energética potencial

No recuerdo en qué libro de texto de Economía leí hace mucho tiempo, acerca de las ideas de riqueza y de valor aplicadas a las llanuras de los indios en el estado de Oklahoma, las cuales tenían, a mediados de siglo XIX, un valor sumamente bajo, pues si acaso servían para pastoreo del ganado. Los indios, quienes eran de hecho los dueños de esas tierras, vivían en la pobreza, en mucho sobreviviendo gracias a la cacería, algunos cultivos y de la crianza de animales. La tierra era sumamente barata e incluso, en cierto momento, el gobierno federal de los Estados Unidos se las compró a muy poco precio, para después regalarlas con tal de que fueran pobladas principalmente por blancos, negros y otras tribus indígenas. A principios del siglo XX, se descubrieron enormes depósitos de petróleo bajo esas tierras de Oklahoma (y en muchas otras partes de los Estados Unidos), las cuales evidentemente vieron incrementar su valor enormemente en poco tiempo, al desarrollarse los pozos petroleros.

Así me viene a la mente recordar que antes no había tanta riqueza en las tierras de Oklahoma, sino hasta que se desarrolló su actividad petrolera. Es decir, aun cuando exista un recurso natural en el subsuelo, en tanto no se le desarrolle económicamente -es decir, que tenga algún valor mayor- no se aumentará la riqueza: simplemente era “tierra” de muy poco valor, dedicada a simple pastoreo, que luego fue “tierra” de mucho valor, gracias al desarrollo petrolero. 

Lo expongo en relación con un artículo que leí recientemente en La Nación del 15 de diciembre, que lo encabeza el siguiente texto: “Presidente sepulta geotermia en los parques nacionales: Solís no aceptará proyectos de generación en su mandato”. Pregunto: ¿de qué nos sirve tener tanta “riqueza” energética potencial en los parques nacionales? No hay riqueza mientras no se le desarrolle. Entiendo muy bien la posición de conservacionistas, preocupados porque un desarrollo de esa fuente de energía no cause un daño grave al medio ambiente, pues también, no lo dudo, constituye riqueza. Pero el desarrollo energético ocasionaría tan sólo un daño hipotético, que económicamente bien podría ser compensado, si la ciudadanía obtiene un beneficio muy elevado, al contar con una fuente de energía más barata que las actualmente disponibles. Es un asunto de ver los números del análisis de costo-beneficio social, el cual tome en cuenta el posible daño al medio ambiente.

El tema es muy interesante desde diversos ángulos, pero quisiera enfatizar uno de ellos.  Si bien es apropiado preocuparse por el posible impacto negativo sobre el medio ambiente de un proyecto de esa índole, en realidad en el país ya tenemos amplia experiencia en la generación de energía a partir de la geotermia, la cual han tenido un impacto mínimo -nimio; relativamente pequeño- sobre la naturaleza de los alrededores. Esta fuente se ha desarrollado en el país desde 1977 y ya tenemos cinco plantas generadoras de energía derivada de la geotermia (4 en Miravalles y una en Pailas, todas en la Cordillera de Guanacaste). Están operando limpiamente y con una afectación muy marginal en su alrededor. En una entrevista formulada a finales del 2012 al ingeniero Alfredo Mainieri, director en ese entonces del Centro de Recursos Geotérmicos del ICE, señaló que “la geotermia es una energía autóctona, limpia, poco contaminante y que, si además se maneja convenientemente, puede llegar a ser renovable, por lo que se espera que el tema de la explotación se analice más profundamente.” (Entrevista en Crhoy.com, el 9 de octubre del 2012).

En dicho diálogo se señala que “La geotermia también se ubica como la segunda más barata en cuanto a costos de producción por kilovatio, ya que, producir un 1 kilovatio de geotermia cuesta 6.22 centavos de dólar a pesar de solo tener el 8% de la capacidad instalada; producir 1 kilovatio de energía hidráulica cuesta 3.81 centavos de dólar,” al menos en aquél año. 

No hay razones para que, tomando en cuenta la necesidad de compensar cualquier efecto sobre el medio ambiente, el país no pueda acudir a esta fuente de energía, cuyo costo parece ser relativamente bajo, es limpia y casi que inagotable. Cerrar las posibilidades de su desarrollo, tanto por parte del ICE como de empresas privadas, es, en mi opinión, una nueva decisión absurda del gobierno, en tiempos recientes en el campo de la energía (además de ésta, también lo fue el impedimento de que hubiera una mayor participación privada en la producción de electricidad de fuentes hídricas, así como negarse a la búsqueda y eventual desarrollo del gas natural y del petróleo en el país).

A veces hay posiciones extremas que cierran las posibilidades de progreso de las sociedades.  En este caso, la justa preocupación por el medio ambiente resultante de desarrollos energéticos, creo que ha sido llevada muy lejos. Existe enorme experiencia en muchos países -además de la nuestra antes citada- que incluso poseen literalmente desarrollos en los patios traseros de sus casas. Volviendo al estado de Oklahoma, Estados Unidos, una visita a su ciudad Tulsa podría confirmar lo que aquí estoy diciendo: allá, en aquella tierra antiguamente de los indios, hoy existe una enorme producción petrolera en su inmediata vecindad. Pero también, por ejemplo, se podría ir a Los Ángeles, California y ver allí, en un lugar que se conoce como La Brea, que sucede algo similar a lo de Tulsa, Oklahoma.  Simplemente para esos desarrollos energéticos se disponen de reglas claras, definidas, estrictas, en cuanto al manejo ambiental. Pero no de manera tal que se prohíba la producción, que se impida el desarrollo, que se afecten las posibilidades de progresar de sus ciudadanos. 

En Costa Rica se ha demostrado que se pueden hacer plantas para extraer energía proveniente de la geotermia, sin afectar significativamente a los parques nacionales. Incluso si un desarrollo lo ocasionara, eso podría ser compensado con tierras nuevas que se adicionan al parque. Pero ni eso ha sido necesario hacerlo en el caso de Costa Rica. 

El gobierno no admite que privados puedan producir más electricidad proveniente de desarrollos hídricos; no permite ahora que nadie, ni el mismo estado, pueda generar electricidad con base en la energía proveniente de la profundidades de la tierra; no dejan explorar el país para ver si hay depósitos de petróleo o de gas; no acceden a que se utilicen paneles solares para que las familias desarrollen fuentes energéticas provenientes del sol; no dejan hacer nada de nada. El estado nuestro no sólo es ineficiente, sino retrógrado: conculca cualquier posibilidad de generación de energía, sino es a través de su casi monopolio, el ICE, e incluso hasta a esa institución se le vedó la posibilidad de un mayor desarrollo energético de la geotermia. Hace muchos años no veía una mentalidad tan retrógrada, antiprogresista y que frenara a tal grado el impulso innovador de la empresa privada. Más tarde o más temprano eso nos pasará la factura a todos los ciudadanos -como usualmente sucede en estos casos- a causa de nuestro estancamiento energético.

Jorge Corrales Quesada

miércoles, 30 de julio de 2014

Desde la tribuna: estatolatría, el caso de la energía

Desde hace muchos años he venido denunciando a los adoradores del Estado, a quienes han puesto su fe en el Estado y poco a poco han ido ahogando la libertad, asfixiando las posibilidades de los ciudadanos, estrujando a los sectores privados y limitando las posibilidades de desarrollo en casi todos los países.

Es obvio que se trata de fascismo en su más indisputable versión (todo con el Estado, nada fuera del Estado).  Pero todavía es más evidente que los que viven en esta estatolatría no tienen conciencia de que son fascistas.  

En su dogmatismo y prejuicio creen que hacen el bien, consideran que cualquier actividad importante debe estar en manos del Estado, controlada por el Estado, fomentada por el Estado, supervisada por el Estado y regulada por el Estado. Han acuñado el término “neoliberal” cual ofensa-insulto y no tienen la menor idea de lo que dicen ni defienden. Odian el lucro ajeno (sobre todo el que se obtiene en actividades abiertas y en competencia) pero se hacen los que no ven cuando hay mercantilismo, corporativismo, clientelismo electoral, privilegios y gollerías de los empleados públicos o sobresueldos y estorbo en la actividad pública.

A fuerza de repetir sin entender los versos de sor Juana Inés de la Cruz, han perdido la perspectiva de la corrupción, señalando a los corruptores como parte del sector privado y sin entender que cuando las normas establecen cuellos de botella, embudos y demás controles, peajes y posibilidad de grandes contrataciones, más bien se fomenta el caldo de cultivo de la corrupción.

El caso en Costa Rica es que entre el estatismo y el espíritu de limitación de la libertad y de las actividades de los sectores privados, el Estado costarricense ha concentrado su control y posesión de las fuentes de energía.  Generar la electricidad es privilegio suyo y de sus entidades (incluso las de sello mixto) y el campo para los particulares es mínimo e hipercontrolado, en el caso de derivados del petróleo se ha establecido un monopolio del comercio a granel y se ha prohibido la exploración y algunas otras actividades conexas, en otros campos hay limitaciones irracionales y caprichos insostenibles.

El hecho puro y simple es que no abunda la energía, es cara y ello afecta profundamente el desempeño de la sociedad y las posibilidades de exportación y desarrollo económico.

Ha trascendido un informe de la propia Contraloría General de la República al respecto de los planes nacionales de energía y no es necesario leer entre líneas para determinar el grave daño hecho al país poniendo la energía en manos de los sectores públicos y relaciones.  La propia prensa habla de inconsistencias, debilidades y carencias significativas.

El reportaje del digital CRHoy destaca interesantes textos del Informe de la Controlaría, como que 

“El Informe de Avance del VI Plan Nacional de Energía (PNE) 2013 no permite derivar el grado de éxito en la ejecución de las políticas públicas en eficiencia energética, ni mide el  avance en sus líneas de acción; que permitiera detectar oportunamente errores de diseño, fallas de implementación y factores externos no considerados inicialmente. Por lo tanto, este informe no determinó si el avance es satisfactorio  y suficiente para lograr finalmente las metas a largo plazo, ni permite identificar si  las acciones han permitido que el país sea más eficiente en materia de energía.” 

Asimismo, que 

“Debilidades como las anteriores, hacen que las políticas públicas en esta materia, que se basan en el documento Hacia un nuevo modelo energético para nuestro país elaborado por el MINAE en el año 2010, pierdan la capacidad de incluir y  fomentar credibilidad, en cuanto a si representan las alternativas de mayor impacto en el ahorro y consumo energético eficiente”.

O sea, años y años de acción pública, informes y políticas, documentos y papeles y nada.  Toda la fe puesta en el Estado y los entes y oficinas públicas no han hecho algo apropiado. Incluso, hay señalamientos concretos a algunas dependencias y entidades como la JASEC y la ESPH  (servicios públicos de Cartago y Heredia) que utilizan como argumentos para concluir en que el plan público no es creíble ni apropiado.

Es muy claro que hay un gran fracaso estatal en los planes de energía.

El episodio de un Presidente entrante enredado entre los ofrecimientos de campaña (abaratar la electricidad y la gasolina) y las fórmulas de Aresep y los estudios del propio ICE es una triste anécdota.  Hay que salirse del prejuicio para dejar de producir perjuicio.   La solución no está en más de lo mismo.  El Estado ha fracasado en el asunto y sus funcionarios no tienen idea de cómo salir de lo mismo. 

Hay que dar oportunidad al sector privado.  Fomentar legislación oportuna que nos libere de los monopolios públicos, sus privilegios y gollerías y sus necesidades.

La estatolatría nos tiene al borde de la postración general, pues cada vez la energía resulta más cara, las vías públicas son más absurdas (¡petrocaribe y la refinería china!) y la competitividad es menor. 

Federico Malavassi Calvo

miércoles, 2 de julio de 2014

Desde la tribuna: ¿matriz energética?

El presidente de la República ha optado por la racionalización de la energía.  Dicen que el PAC ya definió la matriz energética, que el presidente se ha echado un pulso con el ICE, Recope y el aumentador y que lo único que atinan a decir es que hay que bajar impuestos.  El presidente también ha expresado que no autorizará la exploración de petróleo.

Por otro lado, el aumentador acaba de aprobar aumentos en el precio de la electricidad y, además, los aumentos en la gasolina no cesan.

Lo que nuestra sociedad necesita es energía abundante, buena y barata.  Lo deseable es que dejemos de ser importadores de energía y nos pudiésemos convertir en exportadores de energía.

La energía hidroeléctrica apenas alcanza a un 15% de la utilizada y no parece ser la llave inmediata para dar el importante salto.

¿Bajar los impuestos?  No andan tan perdidos los poco imaginativos burócratas que lo recomiendan.  Si quitamos impuestos a los derivados de petróleo y a la electricidad, podrá esta última venderse un poco más barata.  Recordemos que una buena parte de la electricidad es producida por plantas que consumen derivados del petróleo.  Lo que pasa es que si en la actualidad quitáramos los impuestos, sería como halar la cobija para otro lado, dejando descubiertos a otros sectores importantes.

Ello por cuanto, sin que sea el punto central de este artículo, vivimos una de las más serias crisis financieras del Estado costarricense.  Hay un serio déficit fiscal que resulta en un endeudamiento diario de más de tres mil millones de colones. 

En todo, la solución a los elevados precios de la energía eléctrica no pasa necesariamente por el tema de los impuestos  (por supuesto que sin negar su impacto, sin renunciar a la denuncia por el desvío de los fondos a otras cosas, sin dejar de pregonar que el gasto público es desmedido e injustificado). 

La deseable electricidad barata tiene un par de obstáculos más serios que la angurria fiscal:  el monopolio de Recope y el monopolio del ICE.  Dos gigantes públicos, burocráticos, pesados e inútiles que no hacen bien las cosas.  Uno empeñado en la refinería china y el otro nos tiene aún con los malos recuerdos de Alcatel, Erickson y demás corruptelas, ambos llenos de privilegios, gollerías y planilla excesiva.

El ICE se ha empeñado en impedir cualesquiera otras participaciones privadas en la generación eléctrica.  Ello cercena las posibilidades de la sociedad costarricense e impone esquemas anacrónicos y limitantes. 

Es irracional cerrar los caminos del desarrollo y la útil participación de la iniciativa privada en la cogeneración eléctrica.  Quedamos limitados a la proverbial inutilidad del ICE y a sus engañosos números, que conculcan libertades y desarrollo.

Por otra parte, la limitación jurídica y política, ideológica y burocrática a formas de apertura para que la sociedad y la iniciativa privada participen en diversas formas de generación eléctrica, aprovechamiento de las diversas fuentes y formas y las posibilidades de proveer la abundancia e incluso tener oportunidad de exportación constituye, sin duda alguna, una tragedia nacional.  Es la expoliación del futuro a todos los costarricenses, la condena a ser importadores de energía y postración de la industria nacional.

Todos los sectores productivos requieren energía, desde el escritor que utiliza apenas la luz hasta el que se sirve de la computadora, desde quien manufactura productos hasta el exportador de software, desde el trabajador de turismo hasta agricultor.   Limitar la producción de energía a la estulticia burocrática y monopólica significa perder la carrera de la competitividad.  No hay posibilidad de suplir con imaginación y esfuerzo las falencias que impone el monopolio, el costo de la energía y el desposicionamiento económico que todo ello supone.  Es una guerra perdida.
 
¿Ahorrar y racionalizar la energía?  ¡Claro que se puede!  Pero a costa de producir menos, negarse a competir y optar por actividades que no requieran energía.  Tal exportemos unos futbolistas ahora que Pinto y nuestros jugadores han tenido tan buen desempeño en el Mundial pero …. de ahí no pasaremos.   

Hay que permitir la exploración de las fuentes de energía que la sociedad requiere, hay que aprobar nuevos esquemas de explotación y hay que permitir que participe la sociedad y la iniciativa privada en este asunto.  Tenemos que convertirnos en exportadores de energía y exportarla junto con todo el valor agregado que podamos.  

Sin abundante energía, sin buena energía, sin energía barata no somos opción para más empresas, no tenemos oportunidad de competir y tendremos como fomentar el desarrollo.

Federico Malavassi Calvo   

lunes, 9 de junio de 2014

Tema polémico: ambiente y libertad

Como es sabido por todos el medio ambiente es uno de los temas que más preocupación genera hoy en día. Pareciera que es posible afirmar con cierta seguridad, de que es un tema que preocupa a distintos actores sociales, sin importar su “ideología”. Ahora bien, el enfoque que se efectúa para solventar los distintos problemas ambientales, evidentemente se matiza según dichas visiones de mundo. En este sentido, para nadie es un secreto que el medio ambiente ha servido como terreno fértil para distintos grupos contrarios a la libre empresa y al libre mercado, pero esto no debe necesariamente ser así, veamos.

En estos días ha circulado en las redes sociales un video que habla sobre la posibilidad de instalar paneles solares en nuestras carreteras, como un medio para obtener nuevas fuentes de energía. Obviamente, la plausibilidad o no de dicha idea escapa nuestra posibilidad de análisis, pero lo que nos interesa resaltar, es la perspectiva del mismo. Sin duda alguna, la presente es una idea cuya base es una mejor optimización y maximización de los recursos ya existentes, la cual busca generar réditos (no sólo ambientales, sino también económicos y sociales), y no reducir la productividad de los individuos y empresas.
 
Decía sabiamente el mago libertario Penn Jillette, que para todo problema existen dos formas de aproximarse al mismo: 1) buscando resolverlo con menos libertad, o 2) buscarlo resolverlo con más libertad. Como ya sabrán en ASOJOD siempre nos inclinamos por la segunda forma, con ingenio e innovación es posible lograr solventar diversos problemas que nos aquejan, sin tener que sacrificar nuestras libertades. Ese es precisamente el reto de nuestro tiempo.

miércoles, 12 de febrero de 2014

Desde la tribuna: ¿cuál es el área más importante?

En torno al impostergable y necesario impulso que requiere la libertad, resulta ineludible determinar su importancia y grado, a fin de orientar adecuadamente los esfuerzos y tareas.

En tal tesitura, concurren muchos temas de vital interés, que van desde el trabajo de desintoxicación de la tramitopatía que azota al país hasta una estrategia para superar la postración en la que la mezcla de ambientalismo oportunista, ambientalismo patológico, eliminación del silencio positivo y burocratización tienen a la actividad privada y la gestión de infraestructura en general.  

Se filtran por allí algunos temas específicos, sobre todo en torno a retraso de la organización pública en permisos y los temas atinentes a los planes reguladores.

Igualmente, no se puede dejar de lado el rezago en algunas áreas específicas, tales como cumplimiento efectivo de algunas leyes paralelas al famoso TLC (apertura en telecomunicaciones, por ejemplo; igual registros en salud) y el desempeño de algunas instituciones públicas en relación con ello.

Por supuesto que hay que impulsar cambios estructurales y culturales en torno a la gestión municipal, que van desde poner en práctica el 10 del presupuesto nacional como aporte al régimen hasta la transferencia efectiva de competencias del Poder Ejecutivo equivalentes a dicho porcentaje.

Tampoco se puede evadir lo que pasa con la educación, pues la ausencia de ella o la falencia que muestra la pública (la general) muestra un exceso de gasto, desprecio de propósitos institucionales (como los 200 días efectivos) y serias transformaciones negativas (2 años para aprender a leer y escribir) y un exceso de trámites y regulaciones en el ámbito privado.  Ni que decir de la falta de libertad y exceso de regulación y tramitología en el área de la educación privada universitaria. 

Por supuesto que emergen  también múltiples temas en el espacio económico y energético, que igualmente no pueden hacerse un lado:  el monopolio de Recope y sus metástasis y demás riesgos, el costo de la energía eléctrica y las posibilidades de solución, el mercado financiero, la tendencia regulatoria en torno al comercio, las barreras no arancelarias y el impacto de la gestión del Banco Central en la economía general.

¿Qué es lo más importante?  ¿Cómo acometer la tarea?  

Es esencial promover foros para idear agendas, prioridades, determinar la importancia relativa de cada tema y continuar la faena en pro de la libertad.


Federico Malavassi Calvo 

martes, 19 de noviembre de 2013

La columna de Carlos Federico Smith: impacto del alto costo de nuestra energía

Se espera que en menos de diez años, los Estados Unidos se conviertan en el mayor productor global de gas natural y de petróleo.  Eso se logrará con precios menores que los actualmente existentes.  Como nación, Estados Unidos superará a Arabia Saudita, que actualmente encabeza la lista en cuanto a producción de esos energéticos. Súmele al de Estados Unidos el aumento elevado que de esos productos también se espera en Canadá y en México, si este último decide en serio fortalecer su anquilosado sector energético, con  otro más competitivo y mayor participación privada.  Norte América, como bloque, por muchos años será el gran proveedor mundial de combustibles baratos.

Esta transformación del mercado se reflejará en un declive del poder monopólico de la OPEP, cuyas restricciones usuales de la oferta internacional, orientadas a elevar artificialmente el precio de los combustibles, se verán limitadas por el poder competitivo de la energía proveniente de América del Norte.

Una energía más barata y abundante facilitará la repatriación de inversiones de los Estados Unidos hacia su país de origen. Esa inversión se había alejado, atraída fundamentalmente por una mano de obra más barata en otras naciones y, además, porque en cierto momento el precio de la energía en otras naciones no era tan diferente del costo que tenía en los Estados Unidos. Con esta revolución energética en proceso en los Estados Unidos, a pesar del poco apoyo y casi aversión de Obama hacia esa industria, se abren enormes posibilidades para que la producción industrial de esa nación tenga un renacer, de poder verse fortalecida de nuevo y de estar en capacidad de competir eficientemente en los mercados internacionales.

Mientras tanto, en Costa Rica se observa un crecimiento paulatino del costo de la energía, resultado de un inmovilismo en la inversión potencial que se podría dar en el país, pero también porque el sector energético estatal muestra claras deficiencias económicas, resultado del proteccionismo en que se le ha tenido.  Es lamentable que el cuerpo político legislativo de los últimos tiempos haya hecho todo lo posible, con notorias excepciones, para impedir que el mercado energético nacional pueda mejorar con el impulso productivo que le podría brindar el sector privado.  En esta demora ha sido partícipe el gobierno actual, con su característica ineficiencia, al rechazar legislación que facilitaría el desarrollo del sector y pretender suplirla por otra que conserva el statu quo.  Pero también han sido responsables algunas fracciones legislativas, empeñadas en mantener un populismo que termina por obstaculizar cualquier posibilidad de progreso en el país.  Esa conducta la han observado las fracciones del PAC, del Frente Amplio, parte de la del PUSC, así como una fracturada mitad de la fracción liberacionista.  

De esa forma, en la Asamblea no se ha podido aprobar una nueva legislación que permita aumentar nuestra capacidad de oferta, principalmente logrando los aportes de los sectores privados.  En la Asamblea tan sólo se desea más de lo mismo: que el Estado, en sus diferentes variedades y matices, continúe con el monopolio de hecho de la producción de energía. Esto es, que se prosiga con un modelo energético que a todas luces está haciendo aguas… y no por culpa de un neoliberalismo mítico, al cual el populismo barato, en vez de asumir los resultados de sus propias acciones, escoge achacarle todos los males de este mundo. 

Sabemos cómo es que actúan usualmente los políticos, especialmente en épocas previas a elecciones y ante la acosadora angurria financiera del momento.  Creen en aprobar legislación que medio abra la posibilidad para algunos, casi que escogidos a dedo, de participar en el mercado de generación eléctrica. Consideran que así resuelven el problema de producción de energía, pero sin que se alborote el cotarro ni el coto de caza. Pero en verdad, el nudo gordiano que hay que cortar radica en la actual falta de competencia de privados con el estado, así como entre aquellos, de forma que se facilite el logro de la mayor cantidad posible y más barata de energía, a fin de suplir económicamente las necesidades del país. 

En vez de aprobar una ley moderna sobre el sector energético del país, basada en la competencia y la producción privada, lo que posiblemente se tendrá es un mamotreto más. Con él algunos pocos podrán medrar, pero se impedirá al país disponer del vigor necesario que impone la lucha competitiva, pues quedarán por fuera muchos otros entrantes potenciales. Con esa ley no se tendrá el aumento requerido en nuestra producción doméstica de energía, sino que será tan sólo un parche más a un sistema defectuoso e incapaz de generar lo que el país necesita: más energía y más barata para todos los usuarios y consumidores.

Ante lo expuesto, posiblemente nuestra energía proseguirá siendo costosa y por ello no sólo veremos cómo empresas nacionales migrarán hacia otros países, para beneficiarse de su producción más barata de energía, sino que también observaremos cómo gradualmente disminuirá la inversión extranjera en el país. Ya varias empresas nacionales han trasladado sus operaciones o parte de ella a naciones del área que disponen de energía más barata (no vale la pena mencionarlas, pues bien las conocemos). Pero es indispensable tener presente que la gran fórmula nacional de atracción de capitales internacionales, con base en una mano de obra que fuera tanto relativamente barata como lo suficientemente calificada, no será capaz de compensar el creciente aumento del precio de nuestra energía, así como la fuerte reducción de esos costos en los Estados Unidos y en Norte América, en general. Ya sea que, por las razones expuestas, empresas nacionales se instalen en otros países, como que deje de entrar inversión extranjera al país, un resultado lamentable de ello será la caída en el empleo, así como la reducción de los ingresos familiares de los costarricenses.

Jorge Corrales Quesada

miércoles, 22 de mayo de 2013

Desde la tribuna: el costo de la energía

Bajo el título de “empleados de Recope son los más del sector energía”, el periódico La Nación presenta una especie de cuadro comparativo entre los trabajadores del monopolio de hidrocarburos (Recope) y del sector eléctrico (nacionalizado, Ice y otras distribuidoras).

El costo anual por empleado de Recope es como de ₡26 millones al año en tanto el del ICE apenas supera los ₡13 millones. Dice el reportaje que “Si comparamos ambas empresas, encontramos que la planilla global de la Refinadora es cuatro veces más pequeña que la del ICE, pero cuesta apenas un poco menos de la mitad que la del Instituto.” 

El que la empleopatía de Recope resulte carísima no debe obviar el hecho de que la empleopatía del ICE también es muy onerosa para los costarricenses. Por supuesto que tras todo ello hay un problema de contratación laboral, monopolio público y estatización. Al final el pueblo costarricense paga más por su energía, el ambiente es menos competitivo, exportar es más caro y hay injusticia social (unos obligan a otros a pagar sus sobresueldos).  

Se han estatizado algunos giros (la producción de electricidad, el comercio de hidrocarburos a granel) y el resultado ha sido desastroso para la sociedad. Es fácil evidenciarlo a través de la envidia que produce conocer las asimetrías salariales. El problema es que hay asuntos deontológicos más importantes y que tal vez no traslucen con la primera información. La empleomanía estatal, el mito de que con el monopolio público se racionaliza la administración de recursos, el mito de los monopolios naturales, el mito de que el ente público trabaja por el bien común y el sujeto de Derecho privado solo se mueve por el lucro, la concentración de poder en manos políticas, tecnócratas o estatistas, los manejos públicos del dinero, las contrataciones de los entes públicos: son muchos los asuntos por plantear. ¡Qué lástima que la envidia sea el motor más eficiente para evidenciar las falencias del estatismo!

Hace un decenio iniciamos una serie de acciones de inconstitucionalidad contra las cláusulas inconstitucionales que había en los convenios colectivos de este tipo de entidades. Es obvio e indiscutible que se trataba de cláusulas abusivas y nulas. Con un grupo de jóvenes abogados que trabajaban con nosotros en la Asamblea Legislativa acometimos la tarea con las uñas, sin mucha facilidad informativa ni tiempo. Combatíamos a un Presidente de la República que deshonró su palabra, pues a pesar de negar que lo haría promovió un paquete tributario.

Las acciones de inconstitucionalidad eran un ejemplo de racionalidad administrativa, ordenamiento y fiscal y demostración de cuán mal se gastaban los recursos públicos. Poco a poco, incluso luego de nuestro período constitucional, la Sala Constitucional fue declarando la nulidad de una serie de cláusulas de varias administraciones públicas. Fueron apareciendo toda clase de gollerías, inequidades, abusos, alcahueterías y obsecuencias. ¡Todas ellas inconstitucionales! Demostración indubitable de mala administración, abuso y angurria, corrupción y avidez, voracidad e indolencia.

No es de extrañar que sea tan difícil aprobar normas para permitir la participación de otros actores que abaraten la energía, aprovechen la tecnología y permitan que la sociedad se desarrolle. Demasiados intereses creados en mantener el status quo. ¿Cómo hacemos?
 
Federico Malavassi Calvo

martes, 23 de octubre de 2012

La columna de Carlos Federico Smith: sequía eléctrica

A pesar de lo difícil que es, desde hace ya su buen tiempo, los expertos en predecir el clima ubicados en instituciones especializadas internacionales, nos han anunciado un nuevo arribo del fenómeno conocido como el Niño, el cual se suele caracterizar por provocar una más intensa sequía en lo que llamamos verano.

Desde tiempos inmemoriales, los ciudadanos de este país sabemos que una característica de nuestro verano es que escasea el agua en los ríos y en los depósitos de agua, ya sean naturales o artificiales.  También sabemos que, ante una demanda dada, si disminuye la producción de electricidad producida con fuentes hídricas, se hace necesario acudir a otras fuentes sustitutas de generación. En Costa Rica una parte significativa de la producción energética dedicada a suplir esos faltantes, se ha hecho mediante la utilización de plantas que emplean combustibles fósiles, derivados del petróleo. Por ello, si se espera que arribe el fenómeno del Niño, con su escasez de aguas, y si a la vez los precios internacionales de los combustibles experimentan un serio aumento, entonces, no se necesita ser un brujo de alto calibre para señalar que enfrentaremos graves problemas. Eso es lo que simplonamente ha hecho el jerarca del MINAET, al indicar públicamente en días recientes que, por la utilización que habrá de darse de combustibles fósiles ante la falta de agua en el Arenal, será necesario aumentar fuertemente el costo de la energía eléctrica. Por supuesto, eso lo terminamos pagando los ciudadanos.

Lo anteriormente expuesto por el Ministro -algo de sentido común- no hubiéramos tenido otra posibilidad más que aceptarlo, de no ser porque esas mismas autoridades, por razones esencialmente ideológicas, se han opuesto sistemáticamente a que el sector privado pueda suplir faltantes de energía eléctrica producida hidráulicamente. Esto es, con sus políticas ha impedido el desarrollo de nuevas fuentes de oferta de electricidad producida con nuestras aguas, pues la sequía que se avecina, que necesariamente las reducirá, no parece llegar a un grado tal como para extinguirla en su totalidad en todos nuestros ríos.  Si la sequía acabara con toda posibilidad de disponer de cauces para generar electricidad, pues no habría posibilidad de suplir lo que realmente parece que se dará, cual es una disminución de la electricidad que actualmente se produce. Lo esencial es enfatizar que se trata de ver cómo se pueden suplir complementariamente los faltantes energéticos producidos con agua, que se avecinan a partir de la actual estructura de producción.

De hecho los productores privados han ofrecido suplir electricidad proveniente de las aguas a un costo mucho menor que el que actualmente deberá pagar el país, al menos en comparación con los de la planta térmica de Garabito. Se ha señalado que el costo de un kilovatio-hora producido privadamente oscilaría entre $0.08 y $0.12, en tanto que el de aquella planta es de $0.46. El caso es claro. Ya sabemos que ese costo mayor, al usar marginalmente las plantas térmicas del ICE, nos será trasladado casi automáticamente por la acción de la ARESEP, ese órgano que lo único que parece mostrarnos es que sirve para hacerlo en detrimento del bienestar de los consumidores y en beneficio de los monopolios públicos.

La ideología contraria a la posibilidad de que numerosas empresas privadas puedan producir electricidad de forma más barata, en comparación a como actualmente lo hacen los entes estatales, no puede seguir así de campante y provocando que ella se refleje en un menor ingreso disponible de las familias costarricenses.  Debemos lograr una mayor eficiencia mediante la competencia. No se vale en esta lucha pensar que, si se abre un poquito el monopolio estatal productor de electricidad, permitiendo que sean algunos pocos que han venido impulsando tal participación, los que puedan entrar a proveer energía más barata, se va a resolver el verdadero problema.  La apertura debe ser total, lo más ampliamente posible, sin que medien subsidios para algunos, a fin de que, compitiendo entre sí, los numerosos oferentes se vean obligados a ser lo más eficientes que puedan, produciendo cada uno de ellos la electricidad de la forma más barata que logren hacerlo.  En su búsqueda de ganancias, los proveedores nos darían un enorme beneficio a los consumidores. 

Parte de lo que muestra esta actitud de las autoridades de gobierno, es la existencia de una política energética que esencialmente descansa en la producción de parte del estado. Debería, en vez de ella, tratar de hacer que el sector privado logre producir lo más posible, de la manera más barata. Sólo una plena competencia lo podría lograr. No lo hará un sistema de producción basado en lo que conocemos como un capitalismo de los amigotes.

Jorge Corrales Quesada

miércoles, 6 de junio de 2012

Desde la tribuna: un Estado a troche y moche

Recientes acontecimientos en Costa Rica deberían poner a reflexionar a los supresores sistemáticos de la libertad, quienes se decantan por un fundamentalismo estatista. Me refiero a los criminales atrasos en las mamografías a cargo de la CCSS y el desabasto en medicamentos básicos, incluidos algunos para tratamiento del cáncer, por más de un año, en la misma institución. Ambas noticias han sido publicadas por La Nación.
 
Sin duda, estas son gravísimas fallas de un estado anquilosado e insensible. Algunas personas, pueden salir de estos compromisos con la salud, por medio de servicios privados y medicamentos adquiridos en el tan difamado mercado. Pero, muchas no. Debe recordarse, porque esto es olvidado con frecuencia, que los servicios de salud no son gratuitos, cuestan a los contribuyentes directos de la caja, patronos y trabajadores y a los contribuyentes de los impuestos, cuando el estado deja impagos sus compromisos legales para con la CCSS. Muchas familias no pueden hacer frente a los dos pagos, el de planilla y el de servicios privados. Pero, tampoco es posible descartar el hecho de que, a la economía familiar, el encarecimiento en la contratación de trabajadores puede causarle daños en posibilidades no solo de pago directo de servicios, sino de empleo.  
 
No es este, sin embargo un problema de recursos de la CCSS. Se trata, más bien de manejos corruptos o ineficaces e ineficientes de los fondos disponibles. Se trata de administrar a troche y moche, improvisando y facilitando abusos. Por cierto, el desabasto de medicinas facultaba la declaración de estados de emergencia o de urgencia que, a su vez, permitían saltarse los procedimientos de compra con competencia.  Impedir la competencia era el desiderátum.
 
No es esa conducta exclusiva de la CCSS. La construcción de la trocha mocha en la zona norte y sus desenfadados abusos, hizo uso del mismo mecanismo de emergencia, adobado con patrioterismo, para montar una plataforma de corrupción, despilfarro y mala ingeniería. La urgencia permitía evitar la competencia y el falso patrioterismo sirve hoy, para intentar tapar todos los abusos. Impedir la competencia era el desiderátum.
 
El panorama no queda aún completo. Costa Rica es un país cada vez menos competitivo. Está ahogado en trámites creados al  impulso del fundamentalismo estatista y la demagogia. Además, el costo de la energía, en un país que quiere propiciar el mejoramiento en la calidad de vida, y la creación de nuevas oportunidades, ha llegado a niveles tan altos, que un gobierno a troche y moche, ha propuesto subvencionar a un reducido número de empresas, elevando la tarifa para el resto de los consumidores de energía. Si bien el esquema de subvención es inaceptable y el problema de estas empresas por subvencionar podría solventarse moviendo o flexibilizando las áreas de servicio de productores y distribuidores actuales, el costo de la energía eléctrica en Costa Rica, es superior, kilowatt/hora por kilowatt/hora al de Estados Unidos de América. Efectivamente,  de acuerdo a la publicación “Electric Power Monthly” de Mayo 2012, con datos de marzo del 2012 del U.S. Energy Information Administration (EIA), el costo promedio de en EUA no excede, en promedio, los 10 centavos de dólar por Kwh, mientras que en Costa Rica ese costo llegó a  17 centavos de dólar por Kwh, un abismal setenta por ciento más,  con una preocupante tendencia alcista.
 
Si no se disminuyen los privilegios y la ineficacia e ineficiencia y se acrecientan dinámicamente las oportunidades de empresa, de competencia y de trabajo,  cada vez menos costarricenses serán capaces de abandonar la trampa de su desatención médica. Bien sea esto consecuencia de una CCSS  cuarteada por privilegios y urgencias artificiosas o de desempleo y falta de mejoramiento en los ingresos familiares. 

Tristemente, Costa Rica vive un presente rememorando glorias pasadas, en medio de presagios sobre un futuro muy desmejorado. Se requiere de propuestas de mayor alcance, de abandonar el etiquetado ideológico y de reconocer la realidad.  Normalmente, los enemigos de la libertad, señalan cualquier contratiempo económico como causado por fallas de la libertad de empresa, de la propiedad privada, del capitalismo o del mercado. Impidiendo la competencia, piensan encontrar la solución. Como remedio, sugieren más estado y menos sociedad.  Muchos consideramos  llegado el momento de revisar el rumbo. 

Mario Quirós Lara.

martes, 17 de mayo de 2011

La columna de Carlos Federico Smith: apéndice a un planteamiento energético


Espero que hayan tenido la oportunidad de leer mis tres comentarios previos con propuestas para elevar nuestro desarrollo energético durante los próximos años. No obstante, poco después de haber concluido dicha serie, surge la oportunidad de comentar la reciente propuesta del gobierno de la República ante la Asamblea Legislativa para, fundamentalmente, ampliar la participación del sector privado en la provisión de energía eléctrica, pues, de no lograrse, daría lugar a serios problemas de abastecimiento.

Antes de opinar al respecto, debo indicar que en la Asamblea Legislativa se habían presentado dos proyectos (llamados Ley General de Electricidad) que en mucho “organizaba” o “abría” el sector de producción eléctrica al sector privado, pero ambos han estado plagados de problemas que hacen poco viable su aprobación en el corto plazo. El primero, que en general me parece tiene grandes virtudes, fue presentado al curso legislativo durante la administración anterior y, el segundo, sorprendentemente, lo presentó la nueva sustituyendo al proyecto previo. Sabido es que ambas administraciones son del mismo partido político, por lo que esta última versión fue, a su vez, bloqueada por gran parte de esa misma fracción, que no podía ver con buenos ojos cómo sus mismos compañeros de partido echaban por la borda la versión original, sin que mediara una justificación válida para proponer una fuerte variación al curso inicialmente planteado sobre la política energética del país.

Por lo tanto, nada tenía que ver la existencia de un nuevo directorio legislativo integrado por diputados de la oposición, como un factor que obstaculizara un proyecto para asegurar una mayor provisión de electricidad. El problema venía políticamente “desde adentro” y, por tanto, es injusto adscribir la responsabilidad de no asegurar la electricidad necesaria al directorio de oposición, que ni siquiera existía cuando se presentaron ambos proyectos en la Asamblea. Por ello, abrigo la esperanza de que esta última versión -llamada de Contingencia Eléctrica- sea aprobada, con algunas mejoras a las que luego me referiré, con el apoyo de una mayoría importante de diputados del Congreso. Así no habrá excusa para que les “echen los muertos” al nuevo directorio legislativo por una presunta falta de no hacer bien las cosas necesarias para el país.

En un seminario que ANFE celebró en octubre del año pasado, el Ministro de Energía, Ingeniero Teófilo de la Torre, fue cuestionado por el nuevo proyecto (el segundo de ellos), al considerarse que reintroducía una serie de restricciones innecesarias, indeseables y costosas para la participación privada en dicha actividad, en comparación con el primero que presentó la administración previa. Don Teófilo reconoció que el cambio de visión se debía a una mejor adaptación del nuevo proyecto a las políticas participativas mayoritarias y casi monopólicas que el estado había mantenido en el pasado y que la administración anterior se propuso variar. Pero ahora, inteligentemente, don Teófilo cambia aquella posición y, si se me permite así decirlo, parece haber escuchado razones para variar posiciones que no conducían a nada más que a una inopia segura en la provisión eléctrica del país. Su proyecto de ley previo no iba a resolver el problema inminente de escasez de electricidad, en especial ante los atrasos con los proyectos de Reventazón y Diquís No muchos funcionarios públicos saben rectificar decisiones, al percibir que pueden estar equivocadas. Por ello, le reconozco el mérito de haber variado su actitud inicial.

Me agrada la última -tercera si se le quiere llamar- propuesta dirigida a asegurar el abastecimiento energético del país en el corto plazo, al abrir un espacio mayor a su provisión privada. Constituye un paso adelante y significativo en el esfuerzo por lograr un suministro adecuado de electricidad. Sin embargo, creo que no hay justificación para que ese paso hacia adelante siga siendo tan pequeño. La nueva propuesta no debe reprimir el desarrollo de un sector privado fuerte en el sector eléctrico, que esté preparado para competir eficientemente con otros oferentes de países vecinos y, sobre todo, que les permita lograr escalas de operación que hagan más rentables y seguras las inversiones que tengan que realizar. Así, no encuentro explicación lógica de por qué ampliar la capacidad instalada máxima por planta de 20 a tan sólo 30 megawatts. Por ejemplo, una capacidad máxima permitida de 50 megawatts no sólo es factible realizarla sin problemas significativos, sino que su tamaño podría hacer la operación más rentable, la inversión más manejable y, sobre todo, lograr suplir en el plazo más corto posible la electricidad requerida por el país.

En el mismo sentido no me explico porqué tan sólo aumenta de un 15 a un 25% la provisión privada (que incluye a cooperativas, entre otros) del total de energía eléctrica producida en el país. Parece que el intento de conservar ciertos privilegios es lo que está detrás de estos tímidos pasos de apertura al sector privado, como proveedor impostergable e indispensable de energía en el país.

Debe recordarse que el precio al cual se adquiriría la nueva electricidad producida por estas nuevas plantas privadas es fijado por la ARESEP, razón por la cual aprovecho la oportunidad de recalcar la importancia de que esa entidad haga las cosas bien y rápidamente. Debe comprender que si la tarifa no es adecuada, esa inversión privada no se llevará a cabo o, tal como ha sucedido hasta el momento, se vaya a Panamá a producir esa misma energía, para luego venderla a Costa Rica a precios más altos. La ARESEP debe saber que en la actualidad están en proceso de construcción, tan sólo en Chiriquí, Panamá, 32 plantas que eventualmente venderían a nuestro país la energía que produzcan. Si les preocupa un hipotético sobre-abastecimiento, deben tener presente que si existe un mercado dinámico y en crecimiento en cuanto a demanda de electricidad es el propio mercado panameño, por lo cual esas firmas fácilmente podrían variar el destino de su producción, si así fuera más rentable para ellas. Claro, todo está en los precios que los productores privados de electricidad, tanto nacionales como desde el exterior, puedan obtener y es aquí donde ARESEP debe tener “bien puestas las pilas“.

Jorge Corrales Quesada

martes, 10 de mayo de 2011

La columna de Carlos Federico Smith: un planteamiento energético (Tercera Parte y Final)


Termino mis consideraciones orientadas a ampliar la dotación energética del país, en vez de insistir en el control de la demanda, acción que parece ser la preferida por las autoridades gubernamentales, al menos en el corto plazo. La numeración en este comentario viene de los dos anteriores.

12.- La principal provisión doméstica de energía geotérmica parece ubicarse en zonas de parques nacionales, razón por la cual hay grupos contrarios a un mayor desarrollo. Sin embargo, para así pensar hay varias consideraciones que creo que deberían de tomarse en cuenta.

En primer lugar, no parece ser una actividad que cause fuertes alteraciones al medio. Sus efectos, aún en los parques nacionales, parecen ser de magnitud relativamente pequeña y, por tanto, manejable con una buena administración. Una propuesta para canjear zonas en parques en donde se ubicaría su producción por tierras que hoy no forman parte de ellos, podría ser una opción aceptable. Debemos ser capaces de administrar bien estos proyectos enclavados dentro de los parques nacionales, que brinden energía al país a la vez que se tenga un cuido especial sobre los efectos posibles en el medioambiente. No entiendo cómo no se tiene la capacidad de administrar bien este tipo de desarrollos, pues es frecuente que diversos proyectos energéticos en distintos países se ubiquen en zonas sensibles en cuanto a conservación medioambiental, sin problemas significativos.

En segundo lugar, el costo de este desarrollo energético parece ser relativamente barato, dependiendo de cada caso particular. Así, el proyecto debe tener de antemano una adecuada valoración de costo-beneficio, el cual debe incorporar las variables medioambientales.

En tercer lugar, disponer de una oferta relativamente diversificada y balanceada de fuentes energéticas, que no resulte de subsidios distorsionadores, es deseable, en especial ante fuertes fluctuaciones de precios de algunos de los componentes de esa oferta.

Finalmente, considero que debe permitirse y facilitarse la exploración de fuentes de energía geotérmica ubicadas en zonas fuera de los parques nacionales. En general los proyectos de energía geotérmica deberán estar abiertos al sector privado.

13.- El gas natural es otra fuente interesante de energía cuyo desarrollo podría facilitarse en el país. Hay regiones en donde parece haber fuentes cuyo desarrollo podría ser económicamente factible. Tal es la región del Golfo Dulce en el Pacífico Sur, así como en el Atlántico y en partes de la Zona Norte. Es conveniente incentivar a que la empresa privada pueda desarrollarla y venderla a los consumidores, pues el gas natural parece ser una fuente relativamente barata de energía (como es el caso de Estados Unidos y Europa). Una política de apertura del estado hacia la producción privada de esta actividad estimularía la inversión, el empleo y el crecimiento de la economía nacional y daría una señal clara de que el estado no está empeñado en monopolizar la producción energética del país.

14.- Por supuesto que la existencia de vehículos que utilicen combustibles diferentes a los derivados del petróleo es conveniente, pero que no se origine en subsidios artificiales o políticas de impuestos discriminatorios que hacen que alguna actividad o producto luzca rentable cuando lo es. No conviene manipular costos y precios por políticas estatales. Por ejemplo, es posible que una disminución de los precios del LPG, tal como se sugirió en los comentarios previos, estimularía su uso en vehículos de transporte colectivo, comercial y privado, sin mediar subsidio alguno, sino una mejor ecuación precio/energía que beneficia al usuario.

15.- Similar recomendación hago en cuanto a la utilización del ferrocarril, tanto urbano como regional. Su uso debe surgir con fundamento en los resultados de análisis de costo-beneficio, no por la introducción de subsidios que alteran su verdadera rentabilidad. Debe considerarse la concesión de un ferrocarril interoceánico, en donde el estado facilite el uso de los actuales derechos de vía ferroviaria, así como de los que se requerirían bajo nuevas opciones. No deberá subsidiarse el costo de los pasajes de ferrocarril, sino dejar que compita directamente con otras formas de transporte masivo

16.- Debe permitirse la libre competencia en la distribución de gasolina, permitiendo que las empresas distribuidoras utilicen estrategias competitivas que favorezcan al consumidor, así como en lo referente a la propiedad de las gasolineras. La posibilidad de que las bombas de gasolina vendan a precios diferentes debe estimularse, pues la actual política estatal de control de precios y márgenes de los combustibles vendidos en las bombas de gasolina, que lleva a cabo la ARESEP, lo que hace es permitir la consolidación de un cartel que no beneficia a los consumidores. La eliminación del monopolio a la importación de combustibles de RECOPE, permitiría que las gasolineras puedan importarlos, con lo que la mayor concurrencia beneficiaría a los consumidores, pudiendo escoger en cuanto a precio, calidad, ubicación y servicio que recibe, cosas elementales de las cual es hoy no puede disfrutar.

17.- Un tema de candente actualidad, relacionada con la provisión energética del país a largo plazo, es la edificación del proyecto conocido como Diquís, el cual sería llevado a cabo por el ICE supuestamente con el financiamiento de instituciones multilaterales especializadas. Por su magnitud, si bien inferior en extensión a la represa de Arenal, será el proyecto hidroeléctrico más grande del país, con una generación estimada de 650 megavatios, que equivale a aproximadamente la mitad de la capacidad hoy instalada y a la cual también se uniría el proyecto llamado Reventazón, que generaría aproximadamente 300 megavatios adicionales. Diquís sería el proyecto hidroeléctrico más grande de Centroamérica y su mercado, además de Costa Rica, sería el regional, al menos en los primeros años de operación.

Diquís reemplaza al antiguo proyecto Boruca, que si bien produciría más del doble del proyecto Diquís, fue sustituido por el inconveniente de exigir tanto una mayor movilización de personas (2.500 Boruca mientras que Diquís requeriría la de 1.100), como una mayor extensión (12.500 hectáreas Boruca en tanto que Diquís se extendería por 6.800 hectáreas). Se ha mencionado que el costo de la electricidad producida por la represa de Diquís será uno de los más bajos del ICE ($0.07 el kilowatt/hora), pero deben esperarse las cifras finales, en especial a la luz de proyectos alternativos (por ejemplo, compararlo con el costo equivalente de proyecto Boruca, entre otros). Esto significa que los estudios de factibilidad económica deberán estar debidamente listos y publicitados antes de iniciar su construcción. Enfatizo la trascendencia que tienen dichos costos, tanto para los consumidores nacionales de energía, los potenciales compradores internacionales, como para las finanzas del ICE y, en general, del país. Se ha mencionado que las obras se iniciarán en el 2012 y concluirán en el 2018, por lo cual es crucial que se hagan del conocimiento de la ciudadanía estos y otros aspectos del proyecto que deben formar parte de los estudios de costo-beneficio.

Llevar a cabo los primeros estudios en el sitio para el desarrollo de este proyecto ha dado lugar a conflictos en torno al desalojo de personas y la disposición de tierras que serían necesarios para poder realizarlo. Los afectados principales parecen ser miembros de grupos indígenas, quienes deberán ser debidamente compensados por los daños que el proyecto les podría ocasionar. Las negociaciones con los indígenas (y residentes del área, en general, que serían afectados) tendrán que contemplar el pleno respeto a los derechos humanos y a la propiedad de la cual hoy disfrutan, incluso derivada de una simple y respetable tradición.

Sin embargo, hay dos elementos derivados de la discusión de los problemas que me han preocupado y que, si no se tienen presentes, podrían afectar los acuerdos necesarios.

Uno es la petición que se suele hacer para que el proyecto pague una especie de “peaje”, al ubicarse en una zona específica del país para servir a todos los costarricenses. Una compensación por los daños derivados del proyecto a las personas y propiedad de la región involucrada es condición sine que non el arreglo se ha de llevar a cabo, el cual debe considerar la reposición de los asentamientos en condiciones mejores que las actuales. Pero tal “impuesto a la exportación de energía” desde esa zona al resto del país es inaceptable, al partir de un principio básico de unidad territorial. ¿Se imaginan el desorden socio-económico que surgiría si, por ejemplo, Caldera exigiera el pago de un impuesto por dar entrada y salida a mercancías de todo el país? Asimismo, Moín podría requerir algo similar. Los vecinos de Alajuela podrían pedir una compensación por el uso que todos los costarricenses y extranjeros hacen del Aeropuerto Juan Santamaría. ¿Qué les parece si la ciudad de San José introduce un gravamen por cada documento que emitan sus oficinas allí ubicadas por cada transacción que solicitan los ciudadanos de fuera de la ciudad? ¿O que los vecinos de Montes de Oca exijamos un pago a cada costarricense no residente del cantón por hacer uso de la instalaciones de la UCR o simplemente cobrar una tarifa por circular entre San José y Cartago pasando por el cantón? La integridad territorial de la nación debe ser un principio a mantener, pues el país es uno y no diferentes naciones (ni siquiera una confederación de estados). El “chantaje” en estos casos es inaceptable desde su pretensión inicial. Una cosa es la compensación por eventuales perjuicios legítimos y otra imponer un gravamen que se cobra a toda la ciudadanía por hacer uso de un producto proveniente de la región citada. (Piense el desastre que sería si cada comunidad cobrara un impuesto por cada bien que se produce dentro de ella y que es “exportado” al resto del país).

Un segundo tema, que puede ser objeto de polémica, es el domicilio nacional de los miembros a quienes debe retribuirse por daños que les causaría el proyecto. Si son extranjeros con propiedades o residentes actuales de territorios afectados por el proyecto, su compensación es legítimamente posible, pero no lo debe ser si se trata de residentes en el extranjero quienes buscan lograr un resarcimiento en donde no lo hay. Por ello, las autoridades negociadores deberán ser muy claros en cuanto a quienes serían las personas y grupos indígenas con quienes se forjarían los acuerdos necesarios, a fin de impedir que haya reclamaciones improcedentes por afectaciones inexistentes.

Finalmente, considero que el proyecto debe estar abierto a la participación activa del sector privado como propietario o inversionista. No se vale que el país se endeude por medio del ICE y que todos los costarricenses luego tengamos que pagar impuestos para cancelar dicha deuda. La fuente de recuperación de los recursos deberá ser en todo momento el resultado de la operación del proyecto, de manera que los pagos de la deuda estén incorporados en los costos de venta del producto (esto es, además de los costos de producir la energía, incorporar los derivados del endeudamiento), los cuales serían cobrados a todos los usuarios, tanto nacionales como extranjeros. Hay diversas formas por las cuales el sector privado nacional podría participar en este tipo de proyectos, sin que la única opción sea la de una producción eléctrica nacional monopolizada por una entidad estatal. A fin de señalar la importancia de la apertura al sector privado que debe darse en el país, vale la pena mencionar que a la fecha, tan sólo en la provincia de Chiriquí, Panamá, hay 37 plantas hidroeléctricas en proceso de construcción, en mucho para exportar energía a Costa Rica. Debemos quitar los obstáculos que faciliten el aporte empresarial privado nacional a la oferta de electricidad en el país.

18.- Para concluir esta serie de tres comentarios sobre asuntos energéticos, considero apropiado referirme a la medida reinstalada de limitar la circulación de vehículos por el centro de San José, la cual se realiza una vez a la semana, según horario y placa del vehículo. Las autoridades han dicho que es un esfuerzo para restringir la demanda de combustibles, ante el alza internacional de su precio. Pero este propósito públicamente afirmado también tiene visos de haberse convertido en una fuente apreciable de recursos para las autoridades gubernamentales, quienes los aprovechan para dirigirlos hacia sus propios objetivos institucionales, loables o no. Así, autoridades nacionales del tránsito y del transporte han indicado públicamente que es necesario que las cortes aceleren su fallo en cuanto a objeciones legales planteadas por ciudadanos acerca de la pertinencia del cobro de ciertas multas y, ene especial, de los procedimientos aplicados y aplicables. Con dicha petición la las autoridades judiciales, las del tránsito esperan obtener recursos que usarían en actividades propias del interés de sus entes estatales. Pero esto, simple y llanamente, es sólo una forma de lograr plata por medio multas, cuyo objetivo debería de ser la disuasión de conductas anti-sociales y no llegar a convertirse en una fuente de financiación de los presupuestos operativos gubernamentales.

En todo caso, la intención expresada públicamente por las autoridades con la medida bajo comentario es restringir la demanda y a ello paso a referirme, empezando por indicar que no es una forma razonable para lograr el objetivo anunciado y que mejor sería que el costo (el precio) mayor que tiene que pagar el ciudadano por el aumento internacional de los precios de los combustibles, sea el que defina su demanda. Procedo a indicar las razones de mi criterio.

En primer lugar, no es totalmente seguro que la restricción practicada dé lugar a una disminución del gasto en combustible, por varias razones. Ante la limitación para circular por el área central de San José, quien deba dirigirse de una parte de la ciudad a otra, atravesándola, ahora lo hará circulando alrededor del área restringida; esto es, movilizándose por calles aledañas. Si mis clases de geometría elemental no las he olvidado del todo, la distancia más corta entre dos puntos es la línea recta (permítanme darle flexibilidad al ejemplo: asumir que el área de circulación es plana y no curva como la tierra, lo cual es aceptable dadas las distancias relativamente cortas de las que estoy hablando), por lo cual el desvío obligado significa una distancia mayor que la previa y, todo lo demás constante, se refleja en un gasto mayor de combustible. Se me dirá que posiblemente eso sea cierto, pero que el ahorro está en el día en el cual el vehículo no puede circular, pero lo cierto es que circula, pero por una distancia mayor. En caso de que el usuario lo dejara guardado y tomara un taxi, me imagino que su gasto de combustible sería posiblemente igual a si circulara en su vehículo propio, además de que incurre en un costo por el servicio de transporte, el cual previamente no tenía que pagar. Esto es, no hay ahorro de gasolina y se tiene un costo mayor.

En segundo término, se ha señalado que también hay un ahorro en el tiempo de traslado por el centro de San José. Ello es cierto, pero también los vehículos que ahora circulan por las calles aledañas causan presas en esas zonas, que incluso probablemente no están diseñadas para un flujo de tránsito más elevado que el usual. Es decir, se usan caminos menos aptos para transitar, lo cual significa una mayor lentitud en la movilización. Por tanto, es dudoso que haya tal ahorro en el tiempo de movilización de quienes se trasladan .

En tercera instancia, la restricción tiene un efecto negativo sobre la producción. Alguien dirá que es pequeño, pero no deja de ser significativo, en especial en momentos de dificultades económicas como los actuales. En la actividad económica de un país (o de una ciudad) hay todo un orden que no es planificado por ningún ente centralizado, pues no es capaz de ello, como lo podría pretender algún burócrata, sino que resulta de la libre interacción de los individuos. Sin embargo, con medidas como las analizadas dicho orden espontáneo se ve alterado. La amplia actividad de intercambio comercial requiere de suministros adecuados continuos, tanto en para el ingreso de los insumos como para la salida de los productos. Todo esto es afectado por la medida limitante citada. Quienes se dirigen a sus trabajos, impedidos de atravesar ciudad y obligados que a desvíos, se ven afectados, lo cual encarece la prestación de sus servicios, así como su productividad. Esto no sucede tan sólo con obreros fabriles, como alguien podría pensar, sino también con todo tipo de profesionales, quienes se ven afectados al no poder prestar su labor al momento en que se les requiere, todo causa de las limitaciones impuestas en el tránsito. No voy a cansarlos con la muy diversa gama de actividades humanas que se ven alteradas con la restricción y el grave efecto que tiene sobre la producción, pero sí es importante destacar que tiene un impacto negativo en el empleo, al “encarecerse” la prestación de los servicios laborales.

En cuarto lugar, la propuesta restrictiva del tránsito parece ser una solución oportunista ante el mal sistema vial del centro de San José, el cual requiere ser mejorado Para opinar de esta manera me fundamento en que, cuando se objetó en el pasado que la restricción basada en el alza al precio internacional del petróleo era indebida, las autoridades usaron como un argumento adicional para aquella limitación, que en el centro de la ciudad se estaban realizando obras viales que creaban una gran congestión y que, por ende, la medida era oportuna y deseable. Esto último podría ser cierto, pero, entonces, la restricción vehicular debería de practicarse tan sólo en aquellos sectores en donde se llevaban a cabo obras viales y no en toda la ciudad capital.

Hay medidas, además de la mencionada acerca del ferrocarril interurbano, que podrían economizar efectivamente combustible, sin que implique restricciones a la libre circulación de los vehículos como la impuesta. Por ejemplo, proceder adecuada y correctamente a la renovación del transporte urbano de buses. Las llamadas interlíneas son una buena idea, pero en un primer intento de ponerlas en práctica en el pasado reciente, hubo fuertes razones legales para detener su inicio. Que las cosas se hagan bien y correctamente desde un principio es indispensable para que se restaure la confianza de los ciudadanos en sus autoridades de transporte. Asimismo, se requiere que dichas rutas nuevas estén sujetas, en lo máximo posible, a las fuerzas de la competencia. No hay razón para que los nuevos servicios públicos de transporte sean brindados por oferentes únicos sin tener frente a otros proveedores que les traigan competencia. Ello redundaría en beneficio de los usuarios, quienes escogerían al que mejor les sirva. ¿Qué es necesario algún grado de coordinación posiblemente gubernamental de dichas rutas? Podría ser, pero eso no requiere que haya un único dueño (incluso bajo la figura de consorcio que no es sino varios empresarios asociados para dicha empresa de una forma particular) el que opere en una ruta o sección particular, sino que el objetivo mayor sea brindar el marco más competitivo posible en la provisión de esos servicios

Asimismo, una posibilidad, que podría traducirse en un ahorro de combustible y una menor congestión vial, es la de permitir que existan los llamados taxis colectivos, los cuales pueden recoger y descargar diversos clientes y no uno sólo a lo largo de algunas rutas preestablecidas. En muchas ciudades del mundo (recuerdo a la Ciudad de México) hay tal forma de servicio público. Esta es una forma en la que se puede traer mayor competencia a los proveedores de transporte colectivo. No entiendo las razones por las cuales dicha idea no puede llevarse a cabo, excepto que el interés verdadero de las autoridades políticas yace en mantener las posiciones monopólicas de los actuales proveedores de los servicios. Con tanto taxi con problemas de volumen de negocios, con tantas personas que desearían poner a trabajar un vehículo como taxi para así tener algún empleo remunerado y decente, con tanta desocupación como en la actualidad, ¿por qué no pensar en esta idea que en esencia significaría un beneficio tanto a aquellos como a los consumidores? Nada más piensen en quién se beneficia y a quién se le trae competencia…

En quinto término, creo que es necesario, dado la limitada estructura actual de nuestras calles del centro urbano de San José, que durante el día por ellas no circulen camiones pesados que se dedican a la carga y descarga de mercancías. En muchas ciudades grandes, con serios grados de dificultad física para que se pueda lograr un flujo expedito de vehículos, la circulación de tales camiones pesados se permite sólo en horas de la noche, cuando el flujo urbano se reduce de manera significativa. Mientras las calles de San José tengan la estrechez que hoy tienen, el costo social impuesto por vehículos dedicados a esa forma de transporte probablemente es muy elevado, al originar presas innecesarias que provocan un consumo excesivo de combustibles a terceras partes. No soy amigo de las restricciones y limitaciones a la libertad de las personas, pero esta medida me parece aceptable para la generalidad de quienes deben transitar por el centro de la ciudad de San José, incluso por quienes podrían verse afectados por ella, quienes a su vez son aquejados por terceros que circulan cargando y descargando mercancías durante el día.

En sexto y último lugar, deseo destacar mi creencia en que la decisión de restringir el libre tránsito en el área central de San José debido al alza en los precios internacionales del petróleo, como la han justificado las autoridades correspondientes, constituye un precedente a todas luces inconveniente. Con ella no sólo se restringe el derecho a la libre movilización que tiene el ciudadano, sino que también se afecta el derecho a la propiedad y al uso legal que puede hacer de ella, así como el derecho al trabajo, pues provoca un aumento en el costo de accesar a los sitios de trabajo. Pero sobre todo la juzgo inconveniente porque no parece ir acorde con la lógica. La base del argumento para la restricción es, repito, según las autoridades, el alza en el precio del petróleo y sus derivados, que son elementos importantes en el consumo de las personas y de la sociedad como un todo. Si tal es la justificación de las autoridades para limitar la libertad de las personas, entonces, ¿por qué no restringirles el consumo de pan si, por ejemplo, aumenta el precio del trigo en los mercados internacionales? Después de todo, también es un gasto importante en los hogares y en la economía nacional. O, por ejemplo, ¿por qué no limitar el consumo personal de medicinas si experimentaran un aumento en sus precios internacionales? ¿Restringiría la Caja el consumo de medicinas que le da a los asegurados? ¿Acaso los ejemplos citados no son similares al que fundamenta la restricción que se hace a la libre circulación de vehículos? Usted puede poner muchísimos ejemplos de bienes y servicios importados que conceptualmente podrían sufrir aumentos en los precios internacionales, y que podrían ser usados como base para justificar la limitación de la libertad para escoger, para consumir, para usar sus bienes en la forma en que le plazca sin que signifique que está causando un daño a terceros, caso en que sería responsablemente directo de tales daños. Por ello digo que el precedente expuesto es nefasto, al abrir puertas de todo tipo a posibles acciones de burócratas, quienes creen que limitando los derechos y libertades de las personas, es como los seres humanos podemos ser más felices, resolver nuestro problemas y mejorar nuestras vidas.

Jorge Corrales Quesada

martes, 3 de mayo de 2011

La columna de Carlos Federico Smith: un planteamiento energético II Parte


Continúo presentando una serie de consideraciones en torno a una propuesta para ampliar la dotación de energía en el país, en vez de insistir en la manipulación de la demanda, como parece ser la opción preponderante de las autoridades gubernamentales. La numeración en este comentario viene del anterior.

(7) La exploración y producción petrolera nacional deberá ser producto de la contratación competitiva y no de algún acuerdo especial directo con país alguno, tal como China, en donde se otorguen derechos especial. Este principio es también aplicable para la eventual refinación de petróleo en el país.

(8) Un tema relacionado con el petróleo y que no deja de tener cierta fundamentación empírica, es la corrupción que se suele asociar entre la producción petrolera que se da en un país y los políticos domésticos. Al respecto se suele mencionar a Venezuela como país en el cual la abundancia de recursos derivados petroleros ha hecho que los políticos de esa nación hayan tomado decisiones de muy dudosa corrección en cuanto a su uso y sobre todo ha conducido a un gigantismo estatal totalmente inconveniente para la libertad ciudadana. Muchos políticos de países árabes también son citados por la corrupción entronizada en sus estados como resultado de su producción petrolera. El contraste a este mal e incorrecto uso de recursos públicos lo encontramos en países como Noruega y Canadá, que poseen un enorme sector petrolero, así como también Chile, si bien se trata de un mineral como es el cobre. En tales naciones el estado no ha cometido el error de dejar que su riqueza mineral quede sin explotar, pero han tenido la previsión de que los ingresos provenientes de ella no queden a la disposición inmediata e indiscriminada de los estados, sino que se administran por un fondo especial objeto de una rigurosa vigilancia. Este se ha instituido deliberadamente con el propósito de que el beneficio llegue a la ciudadanía a lo largo de los años, en especial una vez que tales recursos se hayan extinguido o bien se presente alguna situación catastrófica que requiera su utilización, particularmente como compensación a fluctuaciones de los precios de esos minerales. Propongo que en nuestro país, en caso de que se dé un desarrollo petrolero, la administración de los recursos provenientes de esa actividad se lleve de la mano con la asesoría de entidades tales como las de los gobiernos de Noruega, Canadá o Chile, los cuales, estoy casi seguro, nos brindarían la ayuda externa necesaria para el desarrollo institucional requerido. Así, la justa preocupación por “la maldición del petróleo” puede ser minimizada, en tanto que los recursos no se desperdician, al quedar sin uso bajo la tierra en donde no tienen valor económico alguno (o poco).

(9) Juzgo necesaria la apertura del monopolio de RECOPE (al igual que siempre he propuesto que se haga con cualquier otro monopolio instaurado por el estado). Tengo muy claro que las actuales autoridades gubernamentales no necesariamente están dispuestas a una apertura de dicho monopolio (además de algunos otros grupos políticos que también están a favor del monopolio). La competencia en el área de desempeño de RECOPE creo que eliminaría algunos de los problemas connaturales a cualquier tipo de monopolio, como son una oferta insuficiente, precios más elevados y sobre todo una conjunto de regulaciones que se introducen para que el monopolio efectivamente mantenga su posición de control sobre el consumidor y, sobre todo, de cualquiera que intente competir con aquel.

Sin embargo, me permito hacer algunas sugerencias en el caso de que RECOPE conserve sus condiciones de monopolio, de forma que podría ser posible promover el interés del consumidor mediante una regulación de su monopolio que llevaría cabo el propio estado (claro que no resolvemos el problema de que es el estado quien es el “dueño” de RECOPE, limitando por tanto el incentivo para la regulación).

(10) Una medida reciente que RECOPE nos anunció como parte de su “solución” al aumento en los precios internacionales del petróleo es la utilización de una mezcla de gasolina con alcohol, o gasohol, como se le conoce. Ya se ha tenido alguna experiencia (en Guanacaste y otras áreas del país) y parece indicar que su uso no daña los motores, al menos en vehículos “modernos”, pero si se requiere un gasto fuerte en la adecuación de las bombas distribuidoras para que el gasohol no dañe sus tanques. Si su utilización fuera mejor que el simple empleo de gasolina, es necesario que se den otra serie de condiciones que es necesario señalar.

En primer lugar, el argumento de que así se ahorran divisas (supuestamente porque el gasohol es de producción nacional o usa materia prima nacional) está equivocado, porque si el tipo de cambio se aproxima al de equilibrio (no hay ni subvaluación ni sobrevaluación), como parece ser el caso actual, da lo mismo, desde el punto de vista de la utilización de recursos, que se use gasolina totalmente importada o gasohol. La prueba esencial de la conveniencia del uso del gasohol es que tenga un menor precio al consumidor que la gasolina, sin que medie algún subsidio o impuesto distorsionador. Ello indicaría, al tipo de cambio de equilibrio y con libertad para importar, que el gasohol es mejor opción (todo lo demás constante) que emplear gasolina.

En segundo lugar, la operación de traer alcohol del exterior para mezclarlo con alcohol (lo cual señala problemas con el argumento de ahorro de divisas) requiere de instalaciones de almacenamiento, transporte y de desembarque que hoy no se poseen, por lo que dicho costo deberá tomarse en cuenta.

En tercer lugar, emplear tierras actualmente usadas en producir otros cultivos para producir caña de azúcar y convertirla en alcohol (se supone que las refinerías existen y son capaces de producir en el país) significa que se sacrifican otras actividades económicas posiblemente más rentables, lo cual daría lugar a una pérdida neta para la economía. Además, el cultivo de caña de azúcar no suele ser muy ameno a la calidad de los suelos y eso deberá tomarse en cuenta.

Las reglas de oro al definir la conveniencia de mezclar alcohol con gasolina son dos: primero, que no haya subsidios de ninguna índole y, en segundo lugar, que el costo neto de recursos usados en el gasohol que se vende al consumidor final resulte ser menor que el costo de la gasolina importada.

(11) Es posible que en RECOPE se den ciertas prácticas que, ni más ni menos, significan la presencia de subsidios cruzados -esto es que, de alguna manera, se grava alguna actividad para a su vez favorecer otra dentro de la misma empresa. El caso del tratamiento que RECOPE da al gas licuado (LPG) podría evidenciar tal situación. De acuerdo con la ley del monopolio de RECOPE, este se aplica tan sólo a la importación de petróleo y sus derivados. Por lo tanto, cabe preguntarse si la importación monopólica de RECOPE al gas licuado se hace al amparo de dicha potestad, pues lo cierto es que es posible obtener LPG tanto como un derivado de petróleo o como un derivado del gas natural. Por ello, en el primer caso es posible pensar que el monopolio de RECOPE es aplicable, en tanto que no lo es en el segundo. Es decir, no hay impedimento legal alguno para que alguien diferente de RECOPE pueda importar gas licuado si se obtiene a partir de la derivación del gas natural. No hay duda que una política gubernamental que facilite la importación privada de gas LPG contribuiría enormemente al bienestar del consumidor.

Lo anteriormente expuesto cobra mayor importancia al tomar en consideración que RECOPE, a la hora de la fijación de precios por parte de la ARESEP de sus diferentes tipos de combustibles, suele cargar al costo sobre el cual fija se fija su margen de ganancias, diversos costos que son más bien propios y aplicables a otros combustibles, mas no al LPG. De esta manera, por medio de un subsidio cruzado, RECOPE reduce el costo (precio) a que vende otros combustibles, en tanto que relativamente aumenta el precio a que vende el gas LPG.

Es deseable que se defina una política gubernamental para terminar con este subsidio cruzado, que impacta negativamente el consumo de gas licuado y aumenta el de otros combustibles. Lo más interesante es que uno de los principales grupos consumidores de gas licuado lo forman familias rurales de bajos ingresos; en concreto, en las provincias de Guanacaste, Limón y Puntarenas, principalmente. En ellas es a la vez más prolijo el consumo de leña obtenida de árboles como fuente de energía doméstica. Uno esperaría que si se abarata el gas licuado (tanto al permitir su libre importación privada, como si se acabaran esos subsidios cruzados de RECOPE) redundara en un efecto positivo en cuanto a la conservación de los árboles y más generalmente de los bosques, además de que los más importantes beneficiados serían las familias rurales de menores ingresos. Por supuesto que el beneficio también llegaría a otros consumidores de LPG en general. Tal rebaja de costos también podría traducirse en un uso más eficiente de la energía en el país, dado que la relación producción energética/ precio del LPG es más elevado que el de otros combustibles que vende RECOPE, así como posiblemente también en comparación con la electricidad.

A fin de que este comentario no sea muy extenso, en una tercera parte continuaré presentando sugerencias para ampliar la oferta de energía en el país y favorecer así la satisfacción de las necesidades de los consumidores.