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lunes, 25 de enero de 2016

Tema Polémico: Uber y sus valientes emprendedores

El día de ayer salió publicado un reportaje en el periódico La Nación sobre Uber. En el mismo cuenta como distintas personas se han animado a “lanzarse al agua” en busca de mejorar sus condiciones de vida.

Los conductores de Uber, arriesgan su tiempo, capital, esfuerzos, activos, todo ello con el propósito de cultivar un mañana mejor. Simple y llanamente salen a la calle a buscar clientes y satisfacer sus necesidades. En lugar de ser “víctimas” y pretender que el Estado les financie la vida, han buscado una forma digna de obtener ingresos.


Desafortunadamente, desde que Uber llegó al país ha tenido un clima hostil por parte del gobierno. Pocas cosas asustan más a los políticos que los “ciudadanos de pie” que desean ser dueños de su destino, sin tener que besar el anillo del Rey para que les den una licencia o patente para poder trabajar honradamente. Uber rescata aquello que los founding fathers llamaron “the pursuit of happiness”. Ojalá todos los días para los costarricenses esa búsqueda dependa más de ellos mismos y de sus esfuerzos, que de la intervención divina estatal.

viernes, 26 de julio de 2013

Viernes de Recomendación

¿Realmente los ricos son los responsables de la pobreza de los demás? Les compartimos este video para que saquen sus propias conclusiones.

viernes, 24 de agosto de 2012

Viernes de recomendación

Para esta ocasión, queremos compartir con ustedes una interesante conferencia de Friedrich Hayek titulado "Libertad económica y gobierno representantivo", donde reflexiona no solo sobre la importancia del libre mercado y el peligro de la intervención estatal en la economía, sino también sobre la preocupante idea de que las mayorías tienen derecho a imponer su criterio, cuando en realidad son simples voceros de grupos particulares de interés. Hayek nos llama a pensar sobre la importancia de que el sistema de frenos y contrapesos no debe existir únicamente entre los Poderes, sino también a lo interno de ellos, de forma que, por ejemplo en el Parlamento, deban existir límites a la capacidad coerctiva para garantizar los derechos y libertades individuales.

jueves, 24 de marzo de 2011

Jumanji empresarial: consumidores vrs productores


Todos los individuos somos productores y consumidores a la vez. Vendemos nuestro trabajo o producto sólo para comprar el trabajo o el producto de otros. Cambiamos de sombrero constantemente. Cuando usamos el sombrero de productor, nuestros intereses son antisociales: el productor de café tico se alegra cuando hay una helada en Brasil; le gusta la escasez. Los abogados, médicos y otros limitan la oferta por medio de los colegios; promueven la escasez. Los empresarios agrícolas e industriales se benefician de la escasez causada por los aranceles. Las aerolíneas utilizan la Dirección General de Aviación Civil para limitar la oferta.

Por el contrario, cuando usamos el de consumidor y vamos al mercado en esa condición, queremos abundancia; queremos que la cosecha de todos sea muy buena, que abunden los teléfonos, automóviles, seguros, alimentos, medicinas, salud, cines, seguros, servicios de conexión a Internet. Evidentemente, el interés del consumidor está en total armonía con el interés general de la sociedad y el bienestar de la humanidad.

¿Cuál interés debería prevalecer: el del productor o del consumidor?. Bastiat explica que el problema de la teoría de la escasez se debe a la falta de entendimiento de lo que es el intercambio. En una economía, donde se da la división de labores, cada persona valora su trabajo no como un medio (cosa que hace en autosuficiencia), sino como un fin en sí mismo. Con respecto a un producto en particular, el intercambio crea dos intereses directamente contrapuestos: el productor quiere escasez, precios altos y poca variedad; el consumidor, abundancia, precios bajos y mucha variedad. Dado que los dos intereses son mutuamente incompatibles, uno de ellos debe coincidir con el interés de la sociedad como un todo, y el otro debe ser hostil a este interés.

Si los deseos secretos del hombre en su papel de productor se cumplieran, habría escasez de todo, pobreza generalizada y hambruna, el mundo retrocedería rápidamente hacia el barbarismo. En cambio, si los secretos deseos del hombre en su rol de consumidor se cumplieran, habría abundancia de todo, y más riqueza, bienestar y prosperidad. El interés del consumidor está en armonía con el interés de la sociedad. Y es el que debería proteger la legislación.

Es un hecho que el proteccionismo o subsidios que otorga un país, lo hace en contra de sus propios consumidores y contribuyentes, y no en contra de otros países. Criticar el proteccionismo o subsidios de otra nación es totalmente inútil, dado que es una decisión soberana la de empobrecer a sus ciudadanos a base de aranceles o impuestos a la producción y el consumo.

La protección o subsidio de una actividad económica siempre tendera a castigar a otro grupo económico más grande y más relevante para la economía; ademas, las actividades subsidiadas nunca encuentran un punto óptimo de eficiencia y el uso indiscriminado de los recursos a su disposición hace que estas tarde o temprano desaparezcan. En Latinoamérica, donde la cantidad de consumidores pobres es mayor a la cantidad de agricultores protegidos, las protecciones arancelarias terminan convirtiéndose en sistemas de redistribución de riqueza que va de pobres a ricos, y la falta de innovación e inversión real, termina convirtiendo a los mismos agricultores en depredadores y beneficiarios crónicos de asistencias estatales.

Andrés I. Pozuelo

viernes, 5 de noviembre de 2010

Viernes de recomendación


Para este viernes de recomendación, les ofrecemos un extraordinario ensayo del economista español Xavier Sala-i-Martín, titulado "Globalización y reducción de la pobreza". En ese texto, el autor se trae abajo el mito de que la globalización "neoliberal" ha generado más miseria y pobreza, como frecuentemente nos dicen los colectivistas.

Con un análisis sencillo y ameno, Sala-i-Martín demuestra que más bien, el libre mercado y la globalización han generado una reducción sorprendente de la pobreza, a ritmos tan vertiginosos como nunca antes se habían visto en la historia de la humanidad.

sábado, 15 de mayo de 2010

¿Suecia rica por socialista?



Mucho se suele escuchar acerca de los países nórdicos, se suele decir que son ejemplos vivos de como altos impuestos, economías socializadas en buena medida, son ejemplos exitosos de dicho modelo estatal. Pero, ¿es esto así?. En este interesante video el economista Andreas Bergh, explica el espejismo que suele existir acerca de uno de estos países: Suecia.

martes, 4 de mayo de 2010

¿(Neo)-liberalismo en CR?



¿Será cierto que Costa Rica se encuentra sometida a las garras del capitalismo salvaje y el ¿neo?-liberalismo? En este video se analizan las verdaderas políticas públicas que rigen a nuestro país.

sábado, 30 de enero de 2010

Mercantilismo vrs capitalismo



En este programa el periodista John Stossel demuestra las grandes diferencias que existen entre el capitalismo y mercantilismo.

lunes, 4 de enero de 2010

Libre mercado vrs intervencionismo


Se preguntarán ustedes por qué he titulado esta clase “las restricciones a la producción”. Bien, en realidad estoy haciendo honor a la terminología de Mises, en su tratado de economía, cuando habla de gran parte de las medidas intervencionistas. Porque lo que ellas, logran, en conjunto, es eso: restringir la producción, bajar la tasa de ahorro, de inversiones, de demanda de trabajo, de salario real. Hay un “circuito”, análogamente hablando, que ya hemos aprendido. Hay una “cadena” proporcional entre más ahorro, más inversiones, más demanda de trabajo y mayor salario real y por ende mayores (no iguales) oportunidades para todo el mundo. Todas las políticas intervencionistas atentan de un modo u otro contra la primera parte de esta cadena. Y por eso no se puede ser un buen economista –como decía Hayek- siendo “sólo economista”. Hay condiciones jurídicas, políticas y culturales que favorecen al ahorro y otras que lo desfavorecen. La economía, por todo lo que expusimos en la clase 1, simplemente dice: dejen al mercado ser tal. Esto es, libre.

De las políticas intervensionistas que más restringen la producción, las más típicas son el impuesto progresivo a la renta y los aranceles.

Comencemos por el tema de los impuestos progresivos.No vamos a comenzar (aunque sea un tema importante) con el tema del estado y su justificación, que es un tema que habitualmente rodea al tema de los impuestos. No tenemos tiempo de introducirnos en las profundidades de la filosofía política, simplemente diré que la existencia de “estados-naciones” como los concebimos hoy en día es algo que damos por sentado y deberíamos preguntarnos más seguido su por qué.

Pero no sigamos o de lo contrario nos vamos de tema. Todos los impuestos tienen sus dificultades. Ninguno es totalmente “neutro”, esto es, ninguno deja de afectar de algún modo al proceso de mercado. Sin embargo, entre los economistas austríacos ha habido un consenso en oponerse al impuesto progresivo a la renta, quedando nuevamente como los “malos de la película”. ¿Por qué esta oposición a lo que parece más justo, esto es, que más paguen los que más ganan, y progresivamente?

Nuevamente, es el tema de la escasez. Para minimizar los efectos de la escasez hay que aumentar el ahorro, y para ello hay que “liberar recursos”. Eso tiene que ver con la noción de ahorro potencial.

El razonamiento es el siguiente. Con lo que cada uno “tiene”, hay dos posibilidades: gastarlo o no. Eso implica consumo, en el primer caso, o ahorro, en el segundo. Bueno, no ahorro necesariamente en el segundo caso: usted puede donar sus bienes, o quemar sus billetes (¿nadie lo haría, no?) o ponerlos en su casa, lo cual en la Argentina aún se sigue haciendo, y es una forma especial de ahorro.... Pero se presupone que en una economía moderna y con circuito bancario organizado, gran parte de lo que no se consume se destina al ahorro en el mercado de capitales.

Por lo tanto, si nosotros gravamos impositivamente a alguien en el momento de consumir (impuesto al consumo) no digo que sea eso excelente, pero al menos podemos estar seguros de que no son recursos que se podrían haber destinado al ahorro. Pero si gravamos directamente las ganancias y todo tipo de “activos” que tiene una persona, ya empleador, ya empleado, estamos gravando recursos que “potencialmente” podrían haberse destinado al ahorro. Si usted tiene 10 en su bolsillo, y yo lo saco impositivamente antes de que usted lo consuma, estoy sacando tal vez 5, tal vez 8, tal vez 2 que podrían haber sido destinados al circuito bancario de ahorro. Por lo tanto, los impuestos a las ganancias implican una menor cantidad de ahorro potencial. Y ya vimos lo que eso significa: menor tasa de capital, y, ya sabemos, menor salario real para todos. Más escasez de la que ya hay.

Si el impuesto es progresivo, peor. Si cuando más uno gana más le sacan, tal vez ciertas inversiones que se podrían haber realizado no se hacen.

Por lo tanto los impuestos a la renta, ya progresivos o no, implican sencillamente un menor nivel de vida para toda la población. Se saca a “los ricos” para solucionar la pobreza, y lo que se logra es incrementarla. Otra vez, el paradójico resultado de toda política intervensionista.

Dado que los austríacos razonan habitualmente con lo que “no se ve” (Hazlitt) esto es... ¡Difícil de ver! Es fácil ver las obras públicas, es fácil ver a un gobernante dando un gran discurso, con una aureola de santidad sobre su cabeza, como si fuera Gandhi, anunciando todo lo que va a repartir, fruto de sus impuestos.... Lo difícil es ver “lo que no hay”, como consecuencia de esas políticas: todo el ahorro y las inversiones que no se realizaron porque el estado sacó y gastó (a pesar de que su propaganda dice “invertir”) en otras cosas; es difícil ver todos los recursos en salud, alimentación, vivienda, etc., que quedaron desatendidos porque el gobierno sacó y gastó.... Con la infundada creencia socialista de que los particulares no pueden ocuparse de todo ello, o con la infundada creencia marxista, en el sentido estricto del término, aún hoy en día, de que con esos impuestos “mitigamos” los efectos de la explotación capitalista....

Por eso viene bien resaltar aquí que la economía de mercado es un sistema que funciona con personas normales, personas, como decía Sto Tomás, “la mayor parte de las cuales no son perfectas en la virtud”. Para que aumente el ahorro y los salarios reales de todos no es necesario contar con héroes, con grandes gobernantes ni con sacrificados e incorruptos contribuyentes. ¿De dónde salen, en una economía de mercado, los recursos que alimentan al mercado de capitales que implican un aumento de ahorro y por ende una mayor tasa de capitalización? Pues de millones y millones de actos cotidianos de ahorro de pequeños ahorristas, como todos ustedes, que tienen (tenemos) sus dineritos en el banco y sostienen con ello las pocas inversiones genuinas que nuestra economía intervenida tiene. Pero les aseguro que lo que podemos ahorrar está limitado por muchas cosas, entre ellas, lo que el estado ya nos ha sacado con todo tipo de impuestos, y entre ellos el de ganancias.

P.: Si dos empresas ganan lo mismo, ¿es justo que paguen lo mismo?

R.: En estas cosas creo que hay que guiarse por un sano criterio de utilidad social. Lo que es justo o no en las políticas impositivas es, creo yo, sencillamente lo que aumente o no el ahorro existente, pues de eso depende el nivel de vida de nuestros semejantes. Así que yo no me preocuparía de cuánto tiene que pagar cada empresa. Sencillamente creo que debe eliminarse todo tipo de impuesto a las ganancias. Sencillamente todos. No estoy exagerando. Ya hablé muchas veces de los dramáticos efectos de la escasez. La miseria y la pobreza. No tenemos que escatimar esfuerzos en la lucha contra todo lo que la cause.

P.: ¿Pero hay algún país que sobreviva que haya eliminado el impuesto a las ganancias?

R.: Bueno, yo diría que sobrevivieron a su no eliminación.... Sobre todo aquellos cuyas condiciones jurídicas y políticas fueron tan estables que promovieron una tendencia al ahorro mucho mayor que la presión impositiva, que jugaba en contra.... Por eso pueden ustedes imaginarse los efectos terribles de estos impuestos en las naciones subdesarrolladas.... Y si a eso agregamos la inflación.... Las revoluciones..... Las guerras....

Bien, cambiemos de tema....

Vamos al tema de los aranceles. Les aseguro que si el punto anterior los asombró, este les va a asombrar mucho más. En esta carrera contra el tiempo que estoy librando, he decidido organizar el tema de este modo.

Primero, vamos a razonar un poquito “in abstracto”. ¿Cuáles son los efectos de colocar o sacar un arancel? Un arancel es una especie de impuesto a los productos importados. Esto está muy bien explicado en “La economía en una lección” de Hazlitt. Vamos a suponer que este reloj importado sale $ 10. Es un ejemplo, nada más, para razonar sobre el tema. Tenemos un reloj cuyo precio en el mercado internacional es de $ 10. Ahora vamos a suponer que se lo grava en $ 5, con lo cual sale, en el país, $15. Todo esto con los argumentos habituales: para proteger o estimular la industria nacional de relojes, para que haya más ocupación, más producción local, etc.

Tenemos entonces que cada vez que alguien compra un reloj en el país, está dando al gobierno $ 5. Ahora multipliquen eso por millones y millones de veces que se compra un reloj. Van a obtener una cifra muy abultada. Son recursos que han sido sacados del circuito de ahorro e inversión, y del consumo de otros bienes, para ser enviados al estado.

Ya vimos los perjuicios de sacar recursos del circuito de ahorro e inversión. No los quiero cansar con eso. Porque tenemos ahora algo nuevo. Dije que a esos recursos se los sacaba también “del consumo de otros bienes”. ¿Y qué hay con eso? Pues que, como vimos en la clase uno, en un mercado libre, sin privilegios ni protecciones legales, sólo se mantienen en el mercado quienes menos errores cometan. Se producirá entonces una tendencia a concentrar la producción en áreas donde naturalmente la productividad es mayor. Si alguno de ustedes es empresario y trabaja sin protecciones es obvio que sería un grueso error poner una heladería en la Antártida. Pero, claro, los errores no son siempre tan gruesos, y para eso está el sistema de precios, para avisarnos de algo que anda mal, cuando nuestros costos van subiendo e incurrimos en pérdidas. Por ende, un mercado libre, donde también haya mercado libre internacional, concentrará la producción en aquellas áreas naturalmente más productivas y aquellos productos que sean naturalmente más costosos tenderán a ser importados. Otra vez, la escasez. Los costos altos tienden a ser mitigados del mercado importando más barato aquello que sería caro en cierta región, y exportado aquello que naturalmente salga más barato. Pero si el arancel desvía la producción a sectores protegidos, los costos aumentan y la productividad global disminuye. La división del trabajo es una de las grandes armas contra la escasez. Los aranceles atentan directamente contra ella. Los costos internos aumentan y por eso la capacidad de ahorro interno disminuye.

Pero, me podrán decir, ¿acaso los otros economistas ignoran todo esto? No. Los más inteligentes partidarios del proteccionismo (no me refiero a empresarios y sindicalistas que piden aranceles simplemente por intereses sectoriales) tienen detrás de los aranceles una teoría más amplia, que estuvo muy de moda en los años 70 aunque no ha perdido su vigencia (ahora se la presenta con un vocabulario distinto). Muchos piensan que los países subdesarrollados nunca van a salir adelante porque tienen una estructura de producción dependiente de los países desarrollados. Son agroexportadores o monoexportadores de materias primas, que venden al exterior a bajo precio, mientras importan, muy caro, productos manufacturados. Para salir de esa situación deben tener una política arancelaria fuerte y desarrollar así su industria nacional para entonces sí, estar en condiciones de competir con el extranjero. Esto sigue estando detrás de las guerras tarifarias entre los bloques, tema que retomaremos hacia el final.

Vamos a relacionar esto con la clase dos. Esta teoría de la dependencia estructural tiene un error que se ve claramente a la luz de la teoría austríaca de la formación de capital, que en última instancia es la teoría austríaca del desarrollo. ¿Cómo se constituye el ahorro y todo lo que le sigue (inversiones, etc.) en determinada región, llámese país, nación, o lo que fuere? Ya lo hemos visto: hay que abstenerse de consumir ciertos recursos en el presente para destinarlos al ahorro, esto es, al consumo futuro, lo cual implica que esos recursos ahorrados sirven para la producción de bienes de capital. Si una región está tan subdesarrollada que el ahorro interno sería casi nulo o muy lento, se recurre al capital prestado. Esto es, si las fronteras son libres las inversiones extranjeras podrán entrar libremente. Debe haber estabilidad política y jurídica, incluyendo esto último que las condiciones sean iguales para todos (esto es, el estado no debe proteger a ninguna industria, ni nacional ni extranjera). Con esta apertura de las fronteras al capital extranjero, más la libertad migratoria, la lucha contra la pobreza comienza a vencerse.

Otra vez, les pido no que me den la razón inmediatamente, sino que hagan el esfuerzo de ver las cosas al revés de lo que habitualmente se supone. La causa del subdesarrollo es que no se han dado las condiciones de estabilidad política y jurídicas necesarias para un mercado libre. La causa del subdesarrollo es el intervensionismo o el directo socialismo, ya desde el inicio o por el medio de la historia de un país (como la Argentina). La causa del subdesarrollo es por ende también la protección arancelaria con la cual supuestamente se quiere desarrollar un país. El efecto del subdesarrollo puede ser, perfectamente, países exportadores de materias primas baratas. Eso es efecto de políticas intervensionistas que han frenado la acumulación de capital. Por lo tanto, aquello que se recomienda para solucionar esa situación (aranceles y otros controles) es precisamente lo que la provoca o lo que la aumenta y prolonga. Por otra parte, este tipo de intervensionismo es compatible ya con industrias privadas protegidas, ya con industrias nacionalizadas. En la Argentina se hicieron las dos cosas. El efecto fue la pobreza y la miseria, y aumentar la que ya estaba. Y el acusado fue un mercado libre que nunca se aplicó....

En mi opinión la teoría de la dependencia estructural es una fuerte y nueva versión de la clásica teoría marxista de la explotación. Marx decía que la acumulación de capital sólo se producía merced a la explotación (trabajo hecho y no remunerado) del sector obrero y que por ende en las naciones “capitalistas” iba a haber ricos cada vez más ricos y pobres cada vez más pobres. Pero en los países desarrollados del hemisferio norte los sectores medios se expandieron, lo cual parecía contradecir la teoría de Marx. Pero entonces se dio una perfecta contrarréplica. La teoría marxista seguía vigente, trasladada a nivel internacional. Hay “países ricos” porque explotan a los países pobres del sur. Lo que gana un obrero de un país rico del hemisferio norte, lo pierde un obrero del hemisferio sur.

Como vemos el aparato conceptual marxista nunca logró captar el proceso de acumulación de capital. Siempre concibieron una torta estable. Algunos socialistas siempre hablaban de repartir la torta. Marx era más sagaz. Vio que la torta crecía, pero también concibió ese crecimiento “a expensas” de otros: los explotados. Los neomarxistas latinoamericanos nunca pudieron ver, entonces, la causa del subdesarrollo de estas regiones. La riqueza de los países ricos aparecía como la causa de su pobreza. Siempre que alguien gana algo, hay otro que pierde. Pero no es así. Todo lo visto hasta ahora nos muestra que es al revés: en la medida que aumenta la tasa de capital, la demanda de trabajo aumenta, los precios bajan y el salario real de todos aumenta. Para entender esto hay que hacer un verdadero esfuerzo de cambiar la perspectiva mental y tomar conciencia del marxismo cultural en el que nos encontramos. El marxismo de ningún modo ha caído de nuestras mentes. Cuando nuestros dirigentes sindicales hablan de “planes de lucha” para defenderse de la explotación de un supuesto capitalismo, y cuando todo tipo de intelectuales justifican la violencia por ellos aplicada, ¿de qué estamos hablando? ¿De Martín Luther King?

Ahora bien, hemos visto el origen de gran parte de los sectores industriales protegidos. Me parece adecuado llamar a eso “el drama” de la protección. ¿Por qué? Porque estamos parados sobre este sistema canceroso. Habitualmente en Latinoamérica, pero también en muchos otros países, hay sectores productivos asentados sobre décadas y décadas de protección arancelaria. Familias enteras dependen y han dependido siempre, tanto económica como culturalmente, de esos sectores. Para ellos es sencillamente un drama la eliminación de la protección. Obvio que debe hacerse, tal vez gradualmente. Pero los problemas políticos, culturales, psicológicos y morales de esta “curación” son enormes. Son los problemas de una política de transición. Con esto no quiero decir que debe evitarse el problema, porque de lo contrario se agudiza. La no transición agudiza los problemas, no los soluciona (alguien puede seguirse endeudando y mientras sigue la fiesta nadie se da cuenta, hasta que llega el contador, el abogado, la policía....). Pero independientemente de las políticas concretas de transición que apliquemos, hay una pregunta clave: ¿quiénes produjeron el drama? No los economistas austríacos, precisamente, que siempre se opusieron a todo tipo de políticas intervensionistas. De todos modos, ahora que ciertos países están intentando aplicar economías de mercado, los economistas austríacos tienen una buena oportunidad para trabajar en temas de transición, tema que hasta ahora no ha sido su especialidad.

¿Hay hasta aquí alguna pregunta aclaratoria?

P.: Hablando de protección.... En este momento es vox populi que la industria argentina ha sido destruída porque se abrió la entrada a cualquier producto de cualquier lugar del mundo, de modo que se destruye la industria argentina, con la consecuente desocupación. ¿Cuál es la solución?

R.: Independientemente del caso argentino, quiero aclarar que, en cuando a la interpretación de lo que en general es un arancel, su reducción o eliminación no implica una “destrucción”, sino más bien una “transformación”, un reacomodamiento de los factores productivos. Si usted tiene $ 10 en su bolsillo, destinados a la industria X protegida, y sin el arancel usted dispone de $ 8 pesos más, porque el precio del producto no es entonces 10 sino 2, entonces sucede lo contrario a la imposición de un arancel. Esos 8 pueden ser destinados al consumo de otros bienes y servicios, o al ahorro. En ambos casos aumenta la demanda de bienes y servicios en el presente o se los destina para la fabricación de nuevos bienes de capital. En cualquier caso la eliminación del arancel dejó recursos liberados para otros sectores, y lo importante es que esos sectores no estén protegidos para que el proceso no se repita. Como vemos, no hay destrucción, sino una especie de creación de nuevos sectores productivos, con la “curación” consiguiente de la des-economización de recursos que se producía en la etapa anterior.

Su pregunta me lleva a hablar de la tan mentada globalización, pero eso lo dejamos mejor para el final.

P.: Pero en ese proceso de transformación nos podemos morir en el intento...

R.: Nos estamos muriendo ahora. Bueno, me explico.

Hay que cambiar la interpretación de lo que significa una política de transición. Yo no he negado sus dificultades, las he afirmado expresamente, pero por algo dije que mientras dura la fiesta nadie se da cuenta. Esto es, no es cuestión de decir “estamos bien ahora y en la transición vamos a estar mal”. No, estamos mal ahora. En la transición lo que va a estar bien es el bien común, pero no los intereses sectoriales. Pero hay que tomar conciencia de lo que significa el costo social de la no-transición. Usted habló de morir en el intento. Pues bien: ¿cuántos niños se mueren de hambre en la Argentina, diariamente, o padecen terribles desnutriciones a causa de las políticas que en este curso hemos venido denunciando? Le aseguro que no son pocos. Las condiciones infrahumanas de vida ya existen en nuestro país y, vuelvo a decir, el eje central del debate es qué las causa. Y yo respondo: no las políticas de transición a una economía de mercado. Por otra parte, ¿de qué economía de mercado me hablan en la Argentina? ¿De unas cuantas empresas privatizadas con privilegios y monopolios? Está bien que en la realidad todo es una cuestión de grado.... No quiero ser pesimista. Pero por favor no confundan a Menem o a De la Rúa con Mises.... Esa confusión, por favor, no....

P.: ¿Pero no hubo proteccionismo en EEUU, sobre todo en el noreste, y aún lo hay?

R.: Sí, sencillamente hubieran estado mejor sin todo eso. Yo no les estoy “tirando hechos por la cabeza”, sino que estoy tratando de cambiar la interpretación de ciertos fenómenos sociales. Así que el desarrollo industrial de EEUU no es un argumento ni a favor ni en contra de lo que yo digo. Todo depende de cómo se lo interprete.,

P.: ¿Qué opina de la economía informal, de la que habla Hernando de Soto?

R.: Bueno, es uno de los miles de temas de los que no pude hablar. Pero es muy interesante. Cuantas más reglamentaciones hay, cuanto más intervensionismo hay, hay un sinfín de cosas que usted tiene derecho natural a hacer pero que quedan sin embargo “fuera de la ley”. Pero fuera de una ley injusta, contraria al derecho natural. En Perú, donde Hernando de Soto hizo ese estudio, toda la industria del transporte era informal, porque era imposible asumir los costos que el estado imponía con sus reglamentaciones.... Y muchas personas lograron evitar el hambre ofreciendo servicios sin el control de estado.... El también estudió que si usted quería poner una pequeña o mediana empresa, el número de reglas exigidas por el estado cuando se imprimían en hojas de computación era de 600 metros....... Sí, aunque no lo puedan creer..... Y después los grandes intelectuales se preguntan por la causa de pobreza en Latinoamérica, y siguen acusando al capitalismo global..... Santo Dios.....

P. ¿Y qué me asegura que mi ahorro se convierta en inversión?

R.: Nada ni nadie se lo puede asegurar necesariamente, claro, por eso hemos hablado hasta el cansancio de condiciones políticas y jurídicas estables para un mercado libre.... Que creen las mejores condiciones que “favorezcan” ese proceso. Justamente, el proceso de ahorro y acumulación de capital es tan difícil... Las masas, como diría Ortega, dan por sentado que un día se levantan y ahí está un supermercado, y trabajo, y salarios para comprar todo eso... Creen que es fácil.... Por eso el otro día hablaba yo de la visión de conjunto. No debe suponerse que la economía es algo aislado de otros fenómenos sociales. Hayek, dado que era un excelente economista, habló, en su libro “Los fundamentos de la libertad” de las razones por las cuales la democracia es conveniente, y una de ellas era cierta tendencia al aprendizaje cívico que se produce con la estabilidad política. En cada elección los electores pueden aprender de sus errores pasados. Eso, mantenido durante décadas, ayuda notablemente a la paz y estabilidad que son la mejor garantía humana para el desarrollo. Por eso Mises y Hayek, en su filosofía política, eran tan poco proclives a las revoluciones violentas. Bueno, esta es una cuestión de filosofía política un tanto larga, pero la doy como ejemplo de tratamiento conjunto de los temas.

Pero hablando de temas, nos fuimos un poco de tema y nos queda el último punto.

Este último punto, sobre el libre comercio internacional y la libre inmigración y emigración, va a ser como una especie de “cierre”, que “abra” alguna humana esperanza a este mundo difícil.

Un mercado libre internacional como el que proponen los austríacos es una situación posible, plausible, que implica un libre movimiento de capitales y de personas. Eso no significa tener plata para comprar pasajes. No, significa algo mucho más concreto. Significa que no hay trabas jurídicas para emigrar o inmigrar. Lo cual significa, a su vez, que los austríacos están en contra de cosas a las cuales nos hemos acostumbrado y que casi no cuestionamos. Un mercado libre es incompatible con aduanas, pasaportes, visas y todo tipo de regulaciones e impedimentos para entrar y salir de un país. Para entender esto hay que tener en cuenta una filosofía social de fondo, muy bien explicada por Mises en su libro “Liberalismo”. En esa filosofía social cada persona más no significa más escasez, más problemas, sino mayor riqueza. Estamos tan acostumbrados a filosofías intervensionistas, para las cuales la torta siempre debe ser repartida frente a una población en aumento, que no concebimos una situación donde cada persona, trabajando libremente y ofreciendo sus servicios en el mercado, implique un mayor aumento en la productividad global y, por ende, una torta que crece, y no para pocos, como habitualmente se cree, sino para cada vez más gente, por el referido aumento en el salario global como fruto de las mayores inversiones. Pero hoy en día no se piensa así, y por eso se recomiendan políticas de fronteras cerradas, políticas restrictivas frente a la inmigración, donde personas humanas, que no tienen más ni menos que la dignidad que Dios les dio, son sometidas a todo tipo de vejámenes por querer entrar simplemente a trabajar libremente. Y en eso los campeones son los actuales EEUU, donde sus dirigentes políticos y sus empresarios y sindicalistas creen que la inmigración significa una menor torta para repartir, cuando hemos visto que, si liberaran el mercado, cada persona se pondría a trabajar en aquello para lo cual tiene natural productividad, y si comete muchos errores, sea del país o no, no podrá quedar en el mercado por las pérdidas en las que incurre. Pero no sólo en EEUU: no hay lugar, prácticamente, donde no se esté convencido que “uno más” significa “menos para mí”. Si se piensa así, hay que ser realmente héroe para proclamar la solidaridad para con el pobre y al mismo tiempo “dejarlo entrar”. De lo contrario se vive en la habitual hipocresía: grandes discursos solidarios, al mismo tiempo que se mantienen las fronteras cada vez más cerradas: más visas, visas de trabajo, persecución de “inmigrantes indocumentados”, etc. Un mercado libre implica la posibilidad de hacer realmente algo por todos los pobres y refugiados del mundo al mismo tiempo que se aumenta la productividad global: abrir las fronteras, eliminar las aduanas, visados, pasaportes y todo tipo de controles para con la libre movilidad de las personas. Por eso, como bien explicó Mises, nacionalismo, estatismo y militarismo van de la mano... Claro, esto no cubre todos los aspectos del corazón humano, donde las razones para la intolerancia y los prejuicios negativos son más amplias y complejas.... Pero lo que estoy proponiendo es al menos posible a nivel de sistema político y económico.

De acuerdo con lo que estoy diciendo, quiero enfatizar que, a pesar de los declamados intentos de abrir el mercado a nivel internacional, estamos muy lejos de ellos tal como la describe Mises en su ya citada obra de 1927. Las llamada actualmente “globalización” es una política de bloques cerrados que luchan entre sí: Mercosur vs. Nafta, Nafta vs. Union Europea, etc. En el fondo también todos esos gobernantes, que conciben y firman esos acuerdos, también conciben al mundo como una torta fija cuya repartición hay que disputarse. En un mercado libre, el libre comercio no depende de acuerdos políticos, de nada que funcionarios estatales firmen o decidan. En un mercado libre los gobiernos no comercian entre sí, y no puede haber deuda pública porque los gobiernos sólo obtienen sus recursos de los impuestos indirectos al consumo. Si verdaderamente se abren las fronteras, yo hago una llamada telefónica a un amigo de EEUU, arreglamos nuestro negocio por teléfono, o por e-mail, y él me vende a mí lo que acordemos, sin regulaciones ni aranceles. En una política de mercado libre, si un ciudadano paraguayo quiere venir a vivir a la Argentina, simplemente viene y se instala, como si yo quisiera instalarme a vivir en Mendoza. Sin visas ni humillantes persecuciones por “indocumentado”. En un mercado libre no hay “indocumentados”. No hay necesidad de documentos por los cuales el gobierno nos controle. Sólo hay personas que no atentan contra el código penal y los que sí, y sólo estos últimos son acusados y sometidos a juicio justo. Y no hay necesidad de otros códigos.

No quiero ser pesimista, no quiero decir que estamos igual, a nivel internacional, que hace 60 años, pero hay que ser claro y no identificar actuales políticas de globalización con la sencillez de la política de mercado libre estudiada y propuesta por los austríacos. El gobierno no debe decirle a usted qué importar, qué no, a qué arancel, etc. Meir Zylberberg, que estuvo aquí la semana pasada, me hizo acordar de un artículo de él escrito en 1963, cuando yo tenía 3 años.... En el que describe la situación de la Argentina en ese momento. Voy a leer una parte: “Control de cambios, Dirección de impuesto a los réditos, Banco Central, Corporación del Transporte Metropolitano; ingerencia en el tránsito de carreteras interprovinciales, control de precios, Junta Reguladora de la Producción Agropecuaria, barreras migratorias, Marina y Aviación Comercial del Estado, nacionalización de los depósitos bancarios, ferrocarriles, teléfonos, puertos, usinas eléctricas, agremiación y previsión social compulsiva, tales son los hitos que van generando el camino hacia la actual frustración y decadencia”.

Bueno, dejo a cada uno de ustedes ver si hemos cambiado mucho o poco....

P.: Hablando de las negociaciones entre bloques.... Supongo que lo que se pretende es tratar de equilibrar de algún modo desigualdades, debilidades.... No es fácil para México comerciar con EEUU.... A un mejicano le va a resultar más fácil conseguir un buen salario en EEUU, que al revés.... Yo supongo que la negociación viene del compromiso que el gobierno tiene con sus respectivos pueblos de ofrecerles, de algún modo, mejores condiciones de negociación....

R.: Bueno, vamos a tratar de acercar posiciones. Por supuesto que los ciudadanos de EEUU y México van a estar mejor ahora con el Nafta que 40 años atrás. Pero para lograr esa integración hay una vía más rápida desde el punto de vista conceptual, pero más lenta en cuanto a su implementación sencillamente porque es más difícil de aceptar. La vía rápida, conceptualmente, es quitar controles y abrir las fronteras. Pero esto es a su vez lento por los intereses sectoriales. Es lo que dije antes sobre el drama de la protección. No va a ser fácil esa liberalización de la que hablo para personas que han basado su existencia en un sector protegido por el estado. Tal vez como política gradual lo que usted dice tiene su importancia. De todos modos insisto: no quiero ser pesimista, no quiero decir que la situación sea un total desastre; simplemente quiero insistir en que no hay crisis del capitalismo global, como dice Soros: hay crisis del intervensionismo global. No hay horror económico, como dice una pensadora francesa; el horror es el intervencionismo económico, a parte del horror del corazón humano, cuyo solución no está en nuestras manos humanas....

P.: Con respecto al tema de los monopolios, ¿cuál es la posición de la escuela Austríaca?

R.: Bueno, un poco ya lo dijimos en la primera clase, cuando hablamos de la libertad jurídica de entrada. Pero hay que agregar que en este tema los austríacos han tenido diversas fases. Por influencia de Mises se hablaba de un precio de monopolio, cuando, en un mercado libre, un productor era capaz de reducir su producción sin que caiga su demanda, elevando el precio. Mises insistía en que esa situación era muy rara y difícil de mantener. Su discípulo Rothbard afirmó que en un mercado libre todos los precios son de mercado, que el precio de monopolio sólo es posible con un mercado protegido. O sea que con libertad jurídica de entrada al mercado, sin ningún tipo de protecciones ni siquiera contra el mercado libre internacional, es imposible que una demanda sea “absolutamente inelástica” con respecto a un bien (o sea, que aumente el precio y la demanda no se derive a productos sustitutos). De este modo los austríacos se enfrentaron desde siempre contra otra teoría marxista clásica, la de la concentración monopolística. Marx afirmaba que en el capitalismo los factores de producción tienen una tendencia a la concentración en pocas manos. Claro, alguien puede decir que eso está sucediendo. Pero el caso es saber por qué. Los austríacos afirman que a medida que va creciendo el radio de acción de una empresa, va disminuyendo paulatinamente el radio de precios libres de otros bienes y servicios que antes competían. Pero entonces la empresa se enfrenta, a medida que crece, con el mismo problema del socialismo que explicó Mises en 1922: la imposibilidad de cálculo de costos y precios por la ausencia de precios libres. Cuanto más amplio es su margen de acción, a la empresa se la hace cada vez más difícil hacer ese cálculo y comienza a incurrir en pérdidas. A menos que.... Que esté protegida por el estado. Las grandes y enormes corporaciones, que después se las trata de fraccionar por ley, son fruto de prebendas y privilegios obtenidos por los “lobbys” en los congresos que generan todo tipo de intereses sectoriales. Y de vuelta lo mismo: esa es la antítesis del mercado libre, aunque las empresas sean nominalmente privadas.

P.: Yo me quería referir a los derechos de propiedad que existen sobre los descubrimientos científicos. Esas patentes, ¿son derechos de propiedad o son también fruto del intervencionismo?

R.: Bueno, no todos los austríacos han estado de acuerdo en eso. Creo que con el tema del patentamiento industrial hay dos riesgos que correr. Sus partidarios dicen que si no los ponemos, la creatividad industrial y los estímulos a las invenciones disminuyen. Sus no partidarios dicen que el riesgo de monopolio jurídico es inmediato. Yo me decidiría a correr el primer riesgo y no el segundo. Es tan necesaria la desregulación del mercado hoy en día, que las patentes deben ser eliminadas aún corriendo el riesgo de que algún estímulo a la invención disminuya. Cosa que no creo, porque el mercado, como “proceso de descubrimiento”, como dice Hayek, tiene siempre estímulos para la renovación tecnológica: el sólo mantenerse en el mercado así lo requiere.

P.: ¿Y si una sola empresa patentara algo así como el genoma humano, como ocurrió en los EEUU?

R.: Bueno, frente a ejemplos así, más necesario es no correr el riesgo de patentes industriales....

P.: Muchos monopolios se rompen por la creación de sustitutos. A pesar de las patentes nuevas ideas han destruido muchos monopolios, como el caso del plástico....

R.: Bueno, conforme a lo que venimos diciendo, los productos sustitutos aumentan la demanda potencial frente a un eventual monopolio momentáneo. Y esos productos sustitutos son fruto de ese mercado como proceso de descubrimiento. La clave del mercado no es tanto la tierra, el capital, el trabajo, sino la creatividad de la inteligencia humana. Ese es el “capital” básico de la economía. Actualmente casi todos los economistas están hablando de eso. Sin embargo fueron los austríacos (permítaseme el entusiasmo) aquellos para los cuales este tema fue el eje central de su posición económica. Esto lo vimos desde la primera clase. El motor del proceso económico es la “alertness”, como otros discípulo de Mises, I. Kirzner, la denominó: la capacidad de estar alerta a las oportunidades de ganancia en el mercado, que es la contrapartida de esa “ignorancia ignorada” que todos tenemos en el mercado. Sin eso, imposible sería la explicación del proceso económico.

P. Bueno, pero para que todo eso deje de ser una utopía, para poder implementar eso en medio de otras naciones que protegen sus propios intereses... Bueno, si los demás protegen a sus productos y nosotros no, entonces nos comen los de afuera...

R.: Mire, yo sé que es muy difícil explicar cómo nos va a ir mejor con un mercado totalmente libre aunque los demás no lo tengan, así que para eso voy a poner un ejemplo muy usado, el de una calle. Vamos a suponer que usted en una calle tiene una panadería y todos los demás comercios de la misma calle se protegen contra sus ventas. O sea que la farmacia, la verdulería y la tintorería quieren desarrollar su propia industria de panadería y ponen un arancel a sus familias según el cual su pan vale el doble. Claro, usted queda en una mala situación. Su “reacción casi instintiva” sería no comprarles a ellos. Pero, si razona un poco, va a ver que queda en ese caso peor. Antes, no podía vender sus productos; ahora, tampoco puede comprar o comprar barato. Tiene que hacer usted sus propios vestidos, remedios, etc, con los mayores costos y menor productividad que eso implica. Su situación no podría ser peor. Al menos con una política de mercado libre unilateral de su parte usted estaba mejor. En el contexto internacional es lo mismo. Desde luego que la Argentina va a estar mal si la Unión Europea, por ejemplo, protege sus productos agropecuarios. Pero si nosotros hacemos lo mismo estaremos peor, porque todos nuestros costos internos, como vimos, aumentarán. Claro, si seguimos concibiendo al comercio como una guerra, nunca entenderemos esto. Otra vez, fue Mises, con claridad meridiana, quien dijo que el comercio es exactamente lo contrario a una guerra. Ahora bien, vuelvo a decir que el mercado libre no es la utopía de suponer que con ese sistema todo está solucionado y tenemos la paz perpetua. Hay otros factores políticos y jurídicos, como ya dijimos, necesarios para el mercado libre, y, digamos más: para una vida humana digna. Lo fundamental son los derechos individuales. Es moralmente obligatorio respetarlos. Lo demás es voluntario. Un mercado libre no implica necesariamente las comodidades de la civilización occidental. Los factores culturales son aquí claves. Puede haber una perfecta pobreza voluntaria, pero no se debe imponer. La pobreza coactiva, impuesta por los gobiernos y pagada fundamentalmente por los millones de niños que se mueren de hambre diariamente, es una inmoralidad, una inmoralidad mucho más terrible y profunda que el consumismo que es fruto de un corazón humano cuya única cura está en Dios y no en un sistema.

Bien, ya no tenemos más tiempo. Pero quiero decirles una última cosa. Karl Popper, uno de los más grandes filósofos de este siglo, afirmó claramente que el motivo del optimismo no consiste en saber que mañana vamos a estar bien. No, porque eso no lo podemos saber. El motivo del optimismo consiste en todo lo que podamos hacer “hoy”. Creo que falta mucho, efectivamente, para que estas ideas se implementen, pero lo que hoy podemos hacer, fundamentalmente, es estudiarlas, profundizarlas y difundirlas. Este curso es lo que “hoy” hemos podido hacer, y en ese sentido hay motivos para ser optimistas.

Gabriel Zanotti

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Crecimiento, gasto público y libre mercado


A finales del 2008 el mundo se estremeció por la crisis financiera iniciada en EE.UU.. Ésta definitivamente se tradujo en un reto para los defensores del libre mercado y las políticas de liberalización económica, ya que la mayoría de países del mundo decidió incrementar el gasto público como medida para contrarrestar sus efectos. En EE.UU., baluarte del liberalismo, el gobierno anunció que respaldaría a importantes empresas del ramo financiero y automotriz, en defensa de un nacionalismo trasnochado.

En América Latina la mayoría de países anunciaron medidas de carácter contra cíclico cuyo principal objetivo consistía en incrementar la demanda vía un mayor gasto público, básicamente en infraestructura. Casi todos los analistas de la región vieron con buenos ojos este anuncio, se presentó como una solución “original” y harto solicitada.

La crisis llevó a pensar que la idea de mercados libres era inestable, injusta y destructiva, creó el caldo de cultivo ideal para los partidarios de un Estado interventor capaz de decidir por nosotros lo que es mejor para la maximización de nuestra función de utilidad. La hecatombe económica permitió resurgir las ideas de John Maynard Keynes y otra serie de economistas políticos que la historia ha demostrado se equivocaron en sus recomendaciones.

Los políticos presionados por la opinión pública, los medios de comunicación y principalmente su ignorancia se volcaron a buscar medicinas rápidas para la enfermedad y se pensó que lo mejor era aumentar el gasto público. Sin darse cuenta que esto terminará magnificando la crisis.

De manera por demás absurda también se ha planteado el incremento en la regulación de los flujos financieros y operaciones realizadas por empresas de este ramo. Esto corre en contra de la evolución natural de la economía de la información y el conocimiento. No existen leyes e instituciones capaces de regular adecuadamente estas actividades, lo mejor sería dejar que los mercados operaran libremente. Mayor regulación implica la creación de mayores burocracias y por ende despilfarro de recursos.

Esta serie de circunstancias permite realizar, aunque sea brevemente, un recuento de ideas para sustentar que el crecimiento económico no puede ser impulsado de forma permanente por un incremento en el gasto público, ya que para financiar dicho gasto se requiere de un incremento en los impuestos, un aumento del endeudamiento público o en el peor de los casos un aumento del circulante, lo que a la postre es de carácter inflacionario.

Adicional a esto, la mayoría de entidades gubernamentales en América Latina son percibidas por la ciudadanía como altamente corruptas –según la última entrega del Índice de Percepción de la Corrupción publicado por Transparencia Internacional– con lo que es posible que el gasto termine fluyendo hacia actividades que no son necesariamente rentables. Aún más, como Milton Friedman ya lo anticipara en su magistral libro, Capitalismo y Libertad: desde una oficina pública es imposible saber dónde y cuáles inversiones se deben realizar.

La fuente de creación de riqueza, el determinante próximo del crecimiento es el trabajo y conocimiento con el que cuenta cada uno de los agentes económicos. Bajo este escenario el Estado debería abocarse únicamente a crear las condiciones para una operación eficiente de los mercados. Los gobiernos deben velar porque las reglas se cumplan y ésta función la deben desempeñar con la menor cantidad de recursos posible. Se requiere de menos y no más Estado.

Los promotores de la intervención gubernamental creen que las inyecciones de dinero incrementan la demanda y por ende la producción, pero ¿de dónde provienen los recursos para sostener el gasto? Cada unidad monetaria que los gobiernos inyectan a la economía debe ser obtenida de mayores cargas impositivas o bien del endeudamiento. No se crea nuevo poder de gasto, sino que se redistribuye de un grupo a otro.

Quienes están a favor de un mayor gasto estatal consideran que el dinero se traslada de aquellas personas que ahorran a las que gastan, conduciendo a un mayor gasto. La verdad es que el gobierno no puede crear poder de compra de la nada, simplemente redistribuye el existente. ¿Es eficiente el traslado de poder compra? Definitivamente no lo es ya que la única asignación eficiente es la realizada por mercados libres.

Sin embargo, debe reconocerse que el gasto gubernamental al alterar la composición de la demanda total tiene un impacto sobre el crecimiento. Por ejemplo puede fomentar el consumo a expensas de la inversión con lo que el crecimiento de largo plazo se vería alterado a la baja ya que lo que se necesita es incrementar la cantidad de bienes y servicios producidos. De hecho se ha demostrado que el gasto público tiene la capacidad de desplazar las inversiones privadas y en consecuencia desalentar el crecimiento.

El crecimiento económico se produce cuando crece la productividad total factorial como resultado de mejoras en las máquinas y herramientas, inversión en nuevos equipos, incorporación de conocimiento y progreso técnico. La calidad del gasto gubernamental, entonces estará en función de la forma en la que afecta a estos factores.

De acuerdo con Brian Riedl de la Heritage Foundation, históricamente el mayor gasto público ha reducido la productividad y el crecimiento de largo plazo, debido a: 1) el gasto es financiado por impuestos y estos reducen los incentivos para trabajar, ahorrar e invertir, lo que resulta en una clase trabajadora menos motivada y empresarios reacios a colaborar con un gasto del que no saben su destino. En muy pocas ocasiones el gasto gubernamental incrementa la productividad lo suficiente como para compensar la perdida de la misma como consecuencia del alza impositiva; 2) frecuentemente el gasto social reduce los incentivos para elevar la productividad ya que fomenta el ocio y el desempleo, evidentemente si se combinan los impuestos con los subsidios tenemos una vía directa a la reducción de la productividad y del crecimiento económico; 3) cada unidad monetaria utilizada por los políticos implica una unidad monetaria menos asignada por las fuerzas del mercado dentro de las áreas más productivas del sector privado. Por ejemplo, puede que usen los recursos para favorecer las actividades del partido político que los llevó al poder, generando un gasto que no contribuye a elevar la productividad; 4) la provisión de servicios públicos por parte del gobierno, la mayor parte de las veces es menos eficiente de lo que podría ser si fueran suministrados por el sector privado. Para el caso de América Latina, basta con ver las condiciones actuales del sector educativo y de salud público.

En conclusión el crecimiento económico no puede verse estimulado por decisiones que se toman desde una agencia central. El crecimiento es el resultado de individuos y empresas que operan bajo condiciones de mercados libres.

En América Latina, Chile es un excelente ejemplo de las ventajas que ofrece la libertad económica. Éste país es hoy en día un ejemplo para el resto de naciones del continente; no sólo ha incrementado su crecimiento, junto con ello a mejorado el bienestar de la población. Las políticas de libre mercado y sería mucho más enfático de libertad real son el único camino conocido para el crecimiento económico.

Por libertad real me refiero a que debe existir ausencia de coerción en todas las esferas de la vida y no en unas cuantas. Por ejemplo, en México desde principios de los ochentas se abrieron los mercados al comercio internacional, se promovió la venta de empresas públicas y se desreguló gran parte de la actividad económica; no obstante, persisten límites a la libertad, los ataques a la misma son constantes. El Estado sigue siendo el único agente en el sector petrolero y de energía eléctrica, se fijan salarios mínimos al trabajo y se congelan por decreto el precio de importantes productos como el maíz, el gas y las gasolinas. Para rematar se acaba de aprobar un presupuesto para el 2010 que incrementa el déficit público y financia el gasto a través de mayores impuestos y endeudamiento público. La libertad no puede ser a medias, tiene que ser total, de lo contrario el crecimiento continuará siendo mediocre

Isaac Leobardo Sánchez

lunes, 23 de noviembre de 2009

¿Empresarios? vrs libre comercio: reflexiones en torno al TLC con China


El ojo observador no puede pasar por alto que algunos actores que apoyaron y bendijeron el CAFTA, se encuentran un tanto renuentes a que el TLC con China se lleve acabo. Por supuesto esto tiene que causar una gran confusión en el público, cómo es que aquellos que alababan las bondades del libre comercio y la competencia ahora reniegan de ellas. Precisamente el día de hoy nos queremos centrar en este tema, el cuál ha provocado una distorsión conceptual tremenda la cual nos pasa una gran factura.

Lo primero que se debe decir es que en nuestro país no existe ni ha existido nada que se le parezca al libre mercado, no importa cuantos gritos pregonen ciertos “académicos” a este respecto. Precisamente aquí se encuentra la primera distinción que debemos hacer: distinguir entre lo que se denomina capitalismo democrático (libre mercado) y capitalismo antidemocrático (mercantilismo). El libre mercado se caracteriza por reglas claras y abstractas, un Estado de Derecho y una economía abierta y competitiva, donde los empresarios para triunfar deben atender de la mejor manera posible las múltiples necesidades de sus consumidores. En este sistema todos los días el consumidor sale a votar con su dinero y elige la opción que más le plazca, determinando así quienes son los grandes ganadores y perdedores del mercado. Por otra parte, el mercantilismo ocurre cuando la competencia sale del mercado económico y se traslada al mercado político. Así los “empresarios” no deben tener que prestar atención a sus consumidores, sino que dedican sus esfuerzos y recursos para ganar el favor político. Así esperan que sus amigos en el poder se dediquen a emitir normativa que los favorezca: barreras de entrada, barreras de salida, exenciones fiscales, tarifas de servicios públicos preferenciales, aranceles, subsidios, etc. Los CATS son el mejor ejemplo del drama y la tragedia mercantilista que ha secuestrado a nuestro país a lo largo de los últimos años.

Dada esta distinción podemos encontrar como bien lo mencionara el Nobel de Economía James Buchanan dos tipos de comportamiento: rent seeking behavior (búsqueda de rentas) vrs porfit seeking behavior (búsqueda de ganancias). La búsqueda de rentas se refiere al comportamiento económico que realizan ciertos individuos dentro de un marco institucional, en donde sus esfuerzos por maximizar valor generan mayores pérdidas sociales que beneficios. En cambio en la búsqueda de ganancias encontramos un mayor beneficio social, ya que la misma se produce a raíz de la creación de riqueza y no de la extracción de la misma. Esta situación se produce debido a que los grupos de interés o presión tienen mayores incentivos y reportan un mayor beneficio, que aquellos que tienen que financiar sus privilegios. Así un grupo de productores de arroz tiene mayor interés en mantener los precios altos, que el que puedan tener los consumidores en que los precios bajen, Esto porque el costo para los consumidores se difumina entre millones de personas, mientras que los beneficios para los productores se concentran en un sector que ha decidido como mencionamos con anterioridad utilizar sus recursos y esfuerzos en el mercado político.

Dada esta situación es ininteligible como ciertos progres que se autodenominan los defensores de los desprotegidos, de los pobres, del pequeño productor nacional, etc, apoyen iniciativas de corte mercantilista, estatista o dirección central de la economía. Resulta casi increíble la ingenuidad de estos grupos, ¿si el gobierno tiene la posibilidad de intervenir en la economía, y convertir en ganadores a uno y en perdedores a otros, quiénes creen que se verán beneficiados? Por supuesto, que serán los grupos económicamente más poderosos, aquellos que contribuyeron con la campaña, etc. Es precisamente este contubernio entre el poder político y económico el que se debe evitar a toda costa, si deseamos una sociedad justa y próspera.

En conclusión, lo que menos existe en nuestros país son empresarios en cambio lo que abundan son lobistas profesionales, que en todo momento buscan obtener beneficios a costa del resto.