viernes, 29 de agosto de 2014
Viernes de recomendación
lunes, 3 de marzo de 2014
Tema polémico: Venezuela, un caso más...
martes, 25 de febrero de 2014
La columna de Carlos Federico Smith: execrable silencio de organismos y políticos farsantes
Otras entidades multinacionales de la región, el Mercosur y la Unasur (Unión de Países Suramericanos) y de la cual el Paraguay es miembro fundador, velozmente le condenaron, ambos organismos expulsando a esa nación por aquel presunto golpe de estado.
lunes, 24 de febrero de 2014
Tema Polémico: La izquierda y los medios de comunicación
lunes, 17 de febrero de 2014
Tema polémico: Venezuela y el límite de nuestros esquemas conceptuales
No hay mucha salida. Que Dios se apiade de los venezolanos y de todos nosotros, porque la Venezuela actual es el futuro de todos, excepto que intervengan las aleatoriedades de la historia, imprevisibles, inconmensurables, sólo accesibles a las denuncias de los profetas, ya muertos, sin embargo, en el silencio del desierto.
martes, 3 de diciembre de 2013
La columna de Carlos Federico Smith: Venezuela avanza hacia al totalitarismo
Jorge Corrales Quesada
martes, 21 de mayo de 2013
La columna de Carlos Federico Smith: ya ni para limpiarse el trasero
El historial de fracasos de la política de fijación de precios lo documento en un libro que escribí en 1984 bajo el título Inflación y Control de Precios (Editorial Stvdivm). Pronto estará disponible en la web y de ello oportunamnte le informaré al amigo lector que desee ojearlo o reproducir. En él, expongo los resultados que tiene sobre los mercados esa ineficiente política que pretende controlar la inflación, como es hoy el caso de Venezuela. Provoca el surgimiento de mercados negros, que los precios no controlados se disparen, que se presente un deterioro de la calidad de los bienes cuyo precio es controlado, que surjan largas colas para poder comprarlos, que aparezcan sistemas de ventas atadas (esto es, que a usted se le vende el bien al precio controlado, pero tan sólo si adquiere otro bien a un precio más alto o de menor calidad).
Jorge Corrales Quesada
sábado, 5 de diciembre de 2009
Conferencia: Socialismo siglo XXI

miércoles, 18 de noviembre de 2009
Chávez: mesías del siglo XXI

“Debemos tener valores socialistas y guerrear contra el capitalismo donde quiera que esté y sea cual sea la máscara que se ponga”.
“Yo cada día soy más revolucionario, sépanlo, cada día soy más socialista, sépanlo, y si es que la salud me acompaña y si es que Dios me da salud y vida, en el 2012 candidato presidencial seré otra vez y el pueblo dirá si yo seguiré o no seguiré, pero aquí todos tienen que saberlo: yo voy a llevar a Venezuela hacia el Socialismo con el pueblo y los trabajadores no hacia el capitalismo. ¡Ni se negocia la Revolución, ni se negocia el Socialismo! Para nada, porque cada día estoy sencillamente más convencido que el Socialismo es el reino de Dios aquí en la tierra”.
miércoles, 7 de octubre de 2009
El nuevo socialismo en Latinoamérica
lunes, 3 de agosto de 2009
Tema polémico: Chávez y la libertad

Una vez más, mediante este Tema polémico, nos vemos en la necesidad de denunciar lo que muchos "demócratas" costarricenses y latinoamericanos son incapaces de ver: que el teniente-coronel está formando un gobierno totalitario que a punta de petrodólares y populismo, terminará por eliminar a todo aquel que se le ponga en el camino. Pruebas de la dictadura chavista abundan: los reiterados intentos por diseñar una Constitución a la medida, la permanencia casi de por vida que pretende en el poder, los constantes atropellos a la propiedad privada mediante nacionalizaciones y las nada positivas restricciones a la libertad de expresión, como lo demuestra la no renovación de la concesión a Radio Caracacas TV en 2007.
Por si fuera poco, recientemente se anunció que el gobierno bolivariano de Venezuela implementó una serie de medidas para sacar del aire a 34 emisoras de radio y televisión, al tiempo que anunció que 200 más están en peligro, pues se estudia la posibilidad de emitir una nueva ley que castiga como "delito mediático" el "abuso de la libertad de expresión".
Para ASOJOD, esta actitud no sólo merece todo el repudio posible, sino que además, es una manifestación clara del despotismo y la intolerancia, del totalitarismo y la irracionalidad que estos verdaderos payasos bolivarianos están pretendiendo implementar a lo largo del continente. Hoy es Hugo Chávez, pero mañana pueden ser los Correa, los Ortega, los Humala, los Morales y, aunque en Costa Rica aún no ha despuntado una figura de tal calibre, nada impide que aparezca uno de ellos. Ya hay varios candidatos a ocupar tan nefasto pueblo: podemos mencionar a José Merino, Eugenio Trejos, Mariano Figueres, Rolando Araya, Fabio Chávez y algunos otros.
Hay que tener mucho cuidado con este tipo de gente que pretende planificar la vida de los individuos mediante el uso de unos para cumplir los fines de otros. Hemos de recordar que, en la historia de la humanidad, el único parangón de esta situación es el esclavo, es decir, alguien que trabaja para que otros disfruten de los réditos, pero que no recibe nada a cambio de sus servicios. Lo más preocupante de todo es que los diferentes pueblos latinoamericanos van en esa dirección, aunque los "intelectuales" criollos se nieguen a verlo y más bien defiendan que bajo ese tipo de gobiernos se alcanzará el paraíso de la prosperidad y la libertad.
Ya Orwell nos avisó, en su novela 1984, lo que podría pasar en un régimen tiránico cuando el "caudillo" llega a acabar, incluso, con la libertad de expresión y pensamiento. Así las cosas, el cierre de emisoras y canales que se atreven a criticar a Chávez, muestra su verdadera cara: la de un dictador que no está dispuesto a escuchar ni a pensar, que ocupa la fuerza como su herramienta de gobierno, que procura, a toda costa, acabar con aquel que ose a interponerse en su camino. Y esta es una advertencia que aplica no sólo a los venezolanos (que quizá ya poco puedan hacer), sino a todos los latinoamericanos y, en especial, a los costarricenses, principalmente a aquellos que creen que nuestro país está inmune a este tipo de enfermedades políticas y que, todavía, se pasan vanagloriando de aquel desafortunado epíteto de "Suiza centroamericana".
La libertad entra por rendijas, pero también se escapa por ellas. Conforme los políticos de turno sigan implementando programas de solidaridad forzada, limitaciones a la libertad, imposiciones del "bienestar general" sobre el individual, se abren espacios para que, un día (quizá no tan lejano) los colectivistas triunfen definitivamente.
lunes, 15 de junio de 2009
Venezuela está sola
Aeropuerto de Caracas, Venezuela, 11 de Junio de 2009. Delante de mí camina una mujer blanca, de unos cincuenta años y de apariencia potentada. Se dirige a la clase business de Lufthansa. Al verla, un policía le exige el pasaporte. La mujer, que no había hecho o dicho nada, le dice que se espere un momento porque sus manos están ocupadas con maletas. El policía, contrariado ante la falta de sumisión de la señora, la detiene y le impide volar. Un ejemplo más de la arbitrariedad con la que las autoridades bolivarianas de Venezuela abusan del poder que les da el ex teniente coronel Hugo Chávez.Después de un intento fallido de golpe de estado en Febrero de 1992, Chávez ganó unas elecciones democráticas en diciembre de 1998. Desde entonces, ha intentado imponer lo que llama “revolución bolivariana”, una revolución que, creo, se ha basado en cuatro ejes fundamentales. El primer eje es político: desde en 1999 Chávez ha ido sometiendo a los partidos políticos de la oposición a una campaña de hostigamiento, persecución y asfixia económica y mediática. El proceso culminó en las elecciones municipales de noviembre de 2008, cuando los opositores Antonio Ledezma y Manuel Rosales ganaron las alcaldías de Caracas y Maracaibo respectivamente. Lejos de aceptar los resultados democráticos, Chávez reescribió las leyes y creó un ente por encima de la alcaldía de Caracas desposeyendo al alcalde de todo poder efectivo hasta el punto que Antonio Ledezma no puede ejercer su cargo. El alcalde electo de Maracaibo, segunda ciudad más poblada de Venezuela, corrió peor suerte si cabe: ante las acusaciones de corrupción y la falta de garantías que le ofrecía un sistema judicial entregado al régimen, Manuel Rosales optó por exiliarse en Perú.
El segundo eje, el mediático-informativo, consiste en ir estrechando el nudo a la libertad de expresión. Ante las constantes amenazas de los “círculos bolivarianos de la verdad” la mayoría de los medios de comunicación han ido claudicando uno tras otro. En 2007 sólo quedaban Radio Caracas Televisión y Globovisión. El 27 de mayo de 2007 se produjo uno de los mayores atentados a la libertad de expresión que ha vivido América Latina en los últimos 30 años cuando Radio Caracas fue cerrada por expreso mandato presidencial y ante la pasividad de los tribunales de justicia y la opinión pública internacional. Y la semana pasada tuve la oportunidad de comprobar que Globovisión está a punto de seguir el mismo camino: la única cadena televisiva independiente que todavía se atreve a exponer a la luz pública los abusos y los fracasos del socialismo del siglo XXI se enfrenta a una desproporcionada multa de 2,5 millones de dólares cuyo impago la va a obligar a cerrar. El presidente del canal y magnate de la automoción, Guillermo Zuloaga, ha sido acusado de irregularidades en el almacenamiento de vehículos y “violación de las leyes medioambientales” por (por favor no se rían) poseer algún animal disecado en su mansión particular.
El tercer eje, el económico, es eso que Chávez llama el “socialismo del siglo XXI” y al parecer consiste en ahogar la economía a través de la persecución de empresarial: los propietarios de negocios son sistemáticamente amenazados y vilipendiados por unas autoridades que no dudan en expropiar las fábricas de quien no se somete. Venezuela ha caído hasta las últimas posiciones del mundo en los rankings internacionales de competitividad, calidad institucional, infraestructuras, libertades, eficiencia empresarial, sanidad y educación. Docenas de entidades reguladoras impiden que las empresas operen y compitan en un entorno internacional. La arbitrariedad y el abuso de poder que demostró el policía del aeropuerto no hacen más que fomentar la corrupción rampante de un sector público ineficiente y voraz. Los industriales se levantan cada día con la espada de Democles de la nacionalización, sabiendo que el sistema judicial no les va a proteger de los abusos del tirano. En 1999 había 14000 empresas en Venezuela. Hoy solo quedan 8000. Los alimentos escasean. Los índices de pobreza se disparan. Los jóvenes más preparados han huido o están huyendo del país en busca de la libertad, la ilusión y las oportunidades que la revolución bolivariana les niega. El socialismo del siglo XXI está conllevando el mismo fiasco económico, la misma miseria, la misma falta de libertad, la misma corrupción rampante y la misma pobreza que el socialismo del siglo XX. Porque el socialismo que ya fracasó en Europa del Este, en China, en la Unión Soviética, en Corea del Norte o Cuba es una ideología que no funciona y que no va a funcionar por más que Chávez utilice la factura del petróleo para camuflar sus catastróficas consecuencias.
Y claro, ante ese evidente fracaso, el descontento de la ciudadanía es cada vez mayor. Pero, con el sistema político secuestrado, la libertad informativa exterminada y el poder económico sometido, esa insatisfacción popular no sale a la luz pública. Sólo queda la presión internacional y eso es lo que mantiene vivo a Chávez porque los Estados Unidos están demasiado preocupados buscando terroristas en oriente medio y los europeos seguimos enamorados de cualquier payaso que tenga un discurso antiamericano. Y ese es el cuarto eje de la revolución bolivariana: una política exterior con marcado discurso antiamericano. Es la manera de comprar la opinión pública de la IPPE (Internacional Papanatas Progresista Europea, Barbeta dixit). Venezuela está mal. Y lo que es peor: Venezuela está sola.
Xavier Sala-i-Martin
lunes, 16 de febrero de 2009
Domingo negro para la libertad

En ASOJOD nos unimos a los individuos venezolanos que dieron una fuerte lucha contra la instauración de esta nueva forma de totalitarismo y nos comprometemos a no ceder en nuestro empeño de denunciar a estos populistas, estatistas y absolutistas que quieren concentrar todo el poder posible para hacer cumplir sus más vulgares fantasías y así limitar los derechos y la libertad de las personas.
jueves, 11 de diciembre de 2008
Tragedia venezolana y latinoamericana

Un artículo del diputado José Merino (“¿Por qué Chávez?”, La Nación , 3/12/2008) sobre el régimen de Hugo Chávez en Venezuela debe ser desvirtuado ante la opinión pública costarricense por deformar groseramente la realidad de mi país.
Argumenta el diputado Merino que Hugo Chávez ha llevado a cabo once elecciones y ha ganado “limpiamente” diez de ellas. Debo decirle que lo de “limpiamente” no es verdad. Hugo Chávez ha poseído todos estos años el control político del Consejo Nacional Electoral. Las campañas para cada elección han sido modelo de abusos de poder por parte de Chávez, el cual encadena a su capricho los medios de comunicación para hacer su propaganda y utiliza sin ningún reparo fondos estatales para promover sus campañas y desvirtuar a sus oponentes.
Condiciones para la democracia. Pero más allá de esto, el diputado Merino debería saber que las elecciones transparentes son condición indispensable pero no suficiente para que un gobierno pueda ser definido como democrático. Se requiere, además, una separación efectiva de poderes, una rendición sistemática de cuentas al pueblo, una alta transparencia en el manejo de las finanzas públicas, respeto a la disidencia política y un tratamiento equitativo ante la justicia para todos los ciudadanos. Ninguno de estos requisitos ha estado presente en los diez años de régimen autocrático de Hugo Chávez, y ello es fácilmente comprobable.
Se refiere Merino a los “logros” sociales del régimen chavista. Es necesario comenzar por decir que Chávez ha recibido ingresos del orden de los $600.000-700.000 millones –nadie sabe exactamente cuánto– durante sus diez años en el poder. El gasto público se ha incrementado de un 18% del PIB en 1999 a un 30% en el 2006. Sin embargo, afirma el brillante economista venezolano Francisco Rodríguez, profesor en Wesleyan University y exasesor de Economía del Congreso Nacional en Venezuela, la desigualdad social, medida por el coeficiente de Gini, ha aumentado bajo Chávez, al pasar de 0,44 en el 2000 a 0,48 en el 2005. En esta evaluación negativa concuerdan dos otros excolaboradores chavistas de mucho prestigio en Venezuela: Felipe Pérez Martí (exministro de Planificación de Chávez) y Domingo Maza Zavala (director del Banco Central de Venezuela). La política de Chávez ha sido la de repartir peces, pero no enseñar a pescar.
Estrepitosa caída. Sin embargo, no solo en la desigualdad social estamos peor. En 1999, un 8,4% de los niños recién nacidos en Venezuela estaban bajo peso. En el 2006 es el 9,1%. Los hogares sin agua corriente han aumentado del 7,2% en 1999 al 9,2% en el 2006 y las casas con pisos de barro han pasado a representar el 6,8% en comparación con el 2,5% de 1999. El presupuesto combinado del régimen de Chávez para educación, salud y vivienda representa el 24% del PIB, en comparación con el 26% durante los 8 años anteriores a Chávez. Al contrario de lo afirmado por Merino, el puesto de Venezuela en el Índice de Desarrollo Humano elaborado por las Naciones Unidas ha sufrido una estrepitosa caída, al pasar del número 43 en 1999 al 76 hoy en día.
Los índices de corrupción de Transparencia Internacional colocan a Venezuela en el último lugar del hemisferio, junto a Haití, mientras que los índices de competitividad y gobernabilidad generados por el Banco Mundial también colocan a Venezuela en uno de los últimos lugares, junto a algunos países de África. La llamada revolución social de Hugo Chávez ha sido más propaganda vacía que otra cosa.
Una mentira escandalosa del régimen chavista ha sido decir que el analfabetismo ha desaparecido en Venezuela, gracias a la revolución. El último informe de la Unesco establece la verdad: la tasa de analfabetismo en Venezuela en el 2007 es idéntica a la de 1999, el 7%. Más tristemente aún, el 15% de estos analfabetos tienen entre 15 y 24 años, es decir, crecieron durante estos diez años chavistas sin ser educados en lo más básico.
La tasa de mortalidad infantil durante el régimen de Chávez ha declinado en un 3,3% anual, lo mismo que declinaba antes de la llegada de Chávez al poder. Mientras tanto, en Chile declina al 5,3%, y en México, al 5,2%, excepto que en ninguno de estos países ha sido necesario tener una “revolución”.
La inflación venezolana este año será del 40%, la más alta en América Latina. Cerca de 14.000 venezolanos morirán violentamente en las calles del país. Mientras tanto, los venezolanos hacen colas de tres horas o más para comprar los alimentos más esenciales. Venezuela está gastando más de $40.000 millones al año en importar hasta lo más elemental, porque la insensata política agrícola de Chávez (invasiones de fincas productivas) e industrial (estatificación de empresas productivas sin pago de indemnización) y su control de cambios instalado hace seis años ha causado el cierre de la mitad de la capacidad productora del país. Según el Banco Central de Venezuela (manejado por Chávez) el índice de escasez de algunos alimentos básicos durante el 2007 en Venezuela fue del 86% (sardinas), 85% (cereales) y 65% (leche).
Manejo criminal. El manejo que Hugo Chávez ha hecho de nuestros recursos financieros ha sido criminal. Durante los últimos seis años ha dado a líderes amigos de otros países unos $30.000 millones. Solo a Fidel Castro le ha dado unos $14.000 millones en petróleo, casas y dinero en efectivo. Miles de millones han ido a los gobiernos de Evo Morales, Rafael Correa, los Kirchner, Daniel Ortega, entre otros. Esto no es “generosa ayuda exterior”, como lo define algún desprevenido presidente Nobel latinoamericano con reputación de demócrata, sino vulgar soborno y malversación del dinero que pertenecía a los venezolanos y que nunca más veremos.
Las instituciones de Venezuela, desde la empresa estatal Petróleos de Venezuela hasta el Ejército, pasando por el Consejo Nacional Electoral, el Tribunal Supremo de Justicia y la Asamblea Nacional, se encuentran en el bolsillo del autócrata, hasta el punto de que los contrapesos institucionales, que son esenciales para la democracia, han desaparecido.
El diputado Merino dirá si ese es el tipo de país donde a él le gustaría vivir. Sería bueno que los costarricenses lo supieran.
Gustavo Coronel
domingo, 16 de marzo de 2008
Mambrú se iba a la guerra

Si un psiquiatra decidiera aplicar su ciencia a los problemas políticos de América Latina, hablaría del “síndrome Galtieri” para explicar el último desvarío de Hugo Chávez. Galtieri, como es sabido, fue el presidente de la Junta Militar argentina que decidió la invasión de las islas Malvinas en abril de 1982. Con esta aventura bélica buscaba alborotar el nacionalismo de sus compatriotas y encontrar de este modo sesgado razones de apoyo popular para su agónico gobierno. Lo que produjo fue una catástrofe y su propia caída.
De igual manera, al amenazar a Colombia por un problema que no le concierne, al expulsar a sus diplomáticos y enviar a las zonas fronterizas diez batallones, el presidente Chávez buscaba ocultar tras los estrépitos y resplandores de un conflicto externo los agudos problemas que tiene dentro de casa, creados por su incompetencia y sus extravagancias histriónicas. Los venezolanos están hoy afectados por una inflación que supera el 22%, por el desabastecimiento de productos básicos, por la fuga de capitales, el mercado negro, el desempleo, la inseguridad y la corrupción. La popularidad de Chávez, que en su mejor momento llegó al 65%, hoy se ha derrumbado a un 21%. Está quedándose sólo con sus fieles seguidores de boinas y camisas rojas.
Coartada. La coartada de fabricar un conflicto internacional tuvo o debió tener como sustento en él la furia que le produjo la muerte de “Raúl Reyes”. Dentro de su elemental escenografía política, Chávez ubica de un lado a los amigos del imperio y del otro a los amigos de la revolución; es decir, los que buscan como él instaurar en el continente su espectral socialismo del siglo XXI. “Raúl Reyes” pertenecía a estos últimos. Era un amigo.
Lo eran las FARC y no de ahora. Su relación con ellas se estableció desde 1995, cuando Chávez adhirió al Foro de São Paulo, organización auspiciada por Fidel Castro y a la cual pertenecían, además de grupos o partidos de extrema izquierda continentales, las FARC y el ELN de Colombia.
Con esa previa relación, que suponía total identidad ideológica y comunidad de objetivos, no es de extrañar que las FARC acabaran por recibir un encubierto apoyo del gobierno presidido por un antiguo compañero de ruta, apoyo que se traduce en hospitalidad en su territorio para campamentos guerrilleros, recursos financieros y en armas, como lo han demostrado recientemente los documentos extraídos de los computadores de “Raúl Reyes”.
¿Guerra con Colombia? ¿Quería realmente Hugo Chávez una guerra con Colombia? Sí, dice su amigo de otros tiempos, el general Raúl Isaías Baudel, fundador con él del Movimiento Bolivariano Revolucionario y su ministro de Defensa hasta julio del año pasado. “Pero Chávez – dice Baudel – quiere ir a la guerra como Mambrú: solo. Porque a la guerra no sólo van generales y almirantes. Van mandos medios, oficiales y suboficiales que razonan y saben que no ha habido una agresión contra nuestro país. Las razones son ficticias. El pueblo venezolano, del que las fuerzas armadas forman parte, lo sabe”.
De su lado, el presidente del Ecuador Rafael Correa ha protestado en la OEA y en la cumbre de Santo Domingo por la incursión colombiana en su territorio, y su reclamo sería válido si no hubiese permitido que “Raúl Reyes” estableciera allí, tranquilamente, su campamento. Tranquilamente, también, lo visitaba el ministro Larrea. En realidad – decía el diario español ABC en una nota editorial– el gobierno ecuatoriano debe (por esta razón) más explicaciones que el de Bogotá.
La verdad es que Correa y Hugo Chávez, además del rústico Daniel Ortega, nunca han visto como terroristas a los autores en Colombia de atroces masacres, atentados, secuestros, tráfico de droga o siembra de minas que han dejado más de tres mil inválidos, entre ellos 600 niños. Considerándolos como camaradas que comparten su sueño revolucionario, los apoyan.
Es la verdad que ahora sale a luz. En vez de dar explicaciones por ello, se apresuraron a empujar tropas, tanques y amenazas a las fronteras de Colombia. Increíble: los ofensores que han protegido a las FARC jugaron el papel de ofendidos. Menos mal que todo terminó en una escena algo histriónica de abrazos, aunque la verdad quedó ahí, en los computadores de “Raúl Reyes”.
Plinio Apuleyo Mendoza
domingo, 3 de febrero de 2008
¿Más recetas socialistas?

Durante las últimas largas décadas, en buena parte de la región latinoamericana se han aplicado con intensidad variada las recomendaciones socialistas con resultados siempre nefastos, especialmente para la gente más necesitada. Ahora, resulta que se anuncia como una novedad la implantación más intensa del colectivismo empobrecedor, para lo que hacen punta Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador con gobernantes trasnochados y discípulos del mandamás cubano.
Se han encaramado en el poder merced a una concepción tramposa de la democracia que hace tabla rasa con los derechos de las minorías. Recientemente, durante los años noventa, no fueron pocos los que se dejaron embaucar con etiquetas liberalizadoras pero, en gran medida, esos experimentos desembocaron en aumentos siderales en el gasto estatal, en la deuda pública y en la carga fiscal, al tiempo que surgieron casos de alarmante corrupción en el contexto de llamadas privatizaciones que significaron el traspaso de monopolios gubernamentales a monopolios privados.
Este cuadro de situación impulsó a muchos partidarios de corrientes de pensamiento de izquierda a señalar un quiebre más marcado respecto de lo que equivocadamente consideraron (y consideran) políticas liberales. De más está decir que los efectos negativos del estatismo no se combaten con más estatismo sino revirtiendo el camino.
Los extremos de esta lamentable situación fueron Fujimori en Perú, Menem en Argentina y Salinas de Gortari en México, con el agravante del desconocimiento más palmario de la división horizontal de poderes y el desvergonzado copamiento de los organismos de contralor republicano.
El momento que nos toca vivir sirve para refutar a los distraídos que alegremente sostuvieron que a partir de la caída del muro de la vergüenza en Berlín, era inexorable e irreversible la terminación del socialismo. Esto no es más que un torpe marxismo al revés. Tal como ha enseñado Popper, en los sucesos humanos no hay tal cosa como las leyes inexorables de la historia. Todo depende de lo que seamos capaces de hacer cada uno de nosotros todos los días.
Con todos los experimentos truculentos de los megalómanos ingenieros sociales para fabricar “el hombre nuevo” y otras sandeces, a esta altura de los acontecimientos no resulta fácil explicar la insistencia en las fallidas recetas del autoritarismo socialista. Salvo honrosas excepciones, en las universidades se siguen repitiendo machaconamente las virtudes del positivismo jurídico como si no existieran puntos de referencia extramuros de las normas promulgadas por el legislativo, se sigue insistiendo en que el aparato estatal debe tratar a sus congéneres como animales imponiéndoles retenciones al fruto de sus trabajos obligándolos al aporte para sistemas quebrados y absurdos de jubilaciones que sorprenden a cualquiera que tenga alguna remota idea de interés compuesto, se sigue manipulando el mercado laboral que no permite productividades elementales y se sigue pensando que constituye una gracia mayúscula el cerrarse al mundo en una enfermiza autarquía alambrada para adquirir bienes mas caros y de peor calidad.
Entre otros, el caso argentino exhibió un notable progreso desde su organización nacional hasta que hicieron estragos los populismos y las demagogias, primero en la década del treinta y mucho mas intensamente a partir de la década siguiente. Antes de eso último, los salarios de los peones rurales y de los obreros de la incipiente y floreciente industria eran superiores a los de Suiza, Alemania, Francia, España e Italia. La población se duplicaba cada diez años. Las exportaciones estaban a la altura de las de Canadá y Australia y con teléfonos per capita y líneas férreas en relación a la población eran igual que en Estados Unidos. En el centenario —1910— la Academia Francesa comparó los debates parlamentarios en aquel país con los que se llevaban a cabo en el seno de esa corporación debido a la cultura que ponían de manifiesto diputados y senadores.
Alexis de Tocqueville en su obra sobre el antiguo régimen y la Revolución Francesa conjetura que los países que han mostrado gran progreso moral y material, tienden a dar eso por sentado. Momento fatal, porque es allí donde ocupan los espacios vacantes otras corrientes intelectuales. Para bien de los que vivimos en esta región latinoamericana, es de desear que se recapacite y se abandone el uso de fuerza para imponer desde el estado planificaciones atrabiliarias y se le de cabida a los bienhechores principios de la sociedad abierta.
El ex marxista Bernard-Henri Lévy apuntó en su libro Barbarie con rostro humano: “He dicho que el socialismo es un engaño y una decepción; cuando promete, miente, cuando interpreta, yerra”. El socialismo es “el crematorio de la libertad” como bien ha dicho el gran Jean-Francois Revel. Recluta incautos y canallas para alimentar la insaciable voracidad del poder.
Alberto Benegas Lynchmiércoles, 30 de enero de 2008
La generosidad de Chávez

La ayuda norteamericana se maneja con controles fiscales y objetivos específicos, que hacen que su cooperación no sea grotescamente visible como la del venezolano, que es usada de cartel publicitario para el régimen bolivariano. Estados Unidos es quien más aporta al BID y al Banco Mundial, que entregan los fondos a las naciones necesitadas, condonando habitualmente la deuda de los países más pobres como Bolivia, Nicaragua, Honduras, Guayana y Haití a los que les perdonaron el pago de 7.500 millones de dólares en los últimos tres años.
Mientras el militar neocomunista sigue ganando terreno afianzándose como jefe máximo de los incautos latinoamericanos, 25 por ciento de los 26 millones de venezolanos subsiste con menos de tres dólares diarios. Gran parte del capital distribuido en Latinoamérica es utilizado para sobornar a individuos con cierto liderazgo que no se vendieron inicialmente al chavismo. En Bolivia, el alcalde del pequeño pueblo de San Lorenzo, entre otros intendentes, recibió un cheque del embajador venezolano por 427.000 dólares para construir un nuevo mercado agrícola. La entrega se hizo sin condiciones, como si fuese un obsequio personal, pero en la política y en los negocios no hay almuerzos gratis, la factura, más temprano que tarde, les va a llegar a todos, y Chávez recurrirá al chantaje u otros métodos coercitivos, legales o ilegales para recuperar sus inversiones con apariencia de donativos. A quien más ha entregado hasta el momento es a la monarquía Kirchner, 5.100 millones de dólares a cuenta de bonos del estado, ante lo que el periódico Scotts News citó mordazmente: “Argentina es la mejor democracia que el dinero puede comprar”.
La nueva propuesta continental de Chávez es la creación del “Banco del Sur”. Como capital inicial para su formación piensa utilizar las reservas internacionales de Venezuela. Simultáneamente, el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social venezolano (Bandes) se está expandiendo a Bolivia, Uruguay, Honduras, Guatemala, Haití y Nicaragua, brindando préstamos blandos. A los agricultores nicaragüenses les cobra sólo cinco por ciento de interés, en comparación con el 35 por ciento que exige la banca privada.
Por si sus marionetas se desploman, y sus intereses políticos y económicos llegasen a tambalear, el Stalin bananero está importando asesinos del Medio Oriente y sosteniendo financieramente a delincuentes, mercenarios, líderes barriales, piqueteros, políticos, militares de baja ralea y tropas enteras de individuos de peligroso pedigrí, con quienes está conformando células que le obedecen directamente, y serán usadas para cometer atentados terroristas, asesinatos, robos y secuestros, que desestabilizarán cualquier opción de gobierno ajeno al chavismo.
Al desbocado paso que anda el locuaz demagogo, Venezuela pronto estará en la bancarrota. Los primeros en asumir las consecuencias serán los venezolanos, a quienes les elevará sus impuestos y el 1 de enero le borró tres ceros al bolívar para disimular su desplome. Con sus hermanos árabes subirá el valor del petróleo. Exigirá mayor participación y control en las compañías en las que está de socio. Nacionalizará lo que tenga a su alcance, comenzando por los bancos españoles, continuará con las empresas rentables, y por último, para consolidar su poderío sobre sus colonias, es probable que emplee la fuerza militar, como amenazó reiteradamente, intentando defender al cada día más débil Morales, que es su adquisición más importante. 2008 se perfila como un año de peligrosos conflictos.
José Brechner
martes, 29 de enero de 2008
Libertad o democracia

En Venezuela, la seudo democracia mantiene una tramposa “legitimidad moral” que le permite burlarse de las instituciones democráticas venezolanas y de la región, manejar abusivamente los fondos públicos y recursos naturales del país, dilapidar los ingresos del petróleo en medio de la miseria, extender la corrupción de un extremo al otro del gobierno y exigir a la legislatura poderes extraordinarios como la reelección indefinida. Pero ni Chávez ni sus secuaces lograrán legitimidad democrática por ser electos cabecillas de los “40 ladrones”, en un Estado corrupto hasta los tuétanos.
Los abusos de una tiranía que comienza no son diferentes a los abusos de un dictador en ciernes como Chávez, que desconoce los valores de la libertad. Solo en un gobierno estrictamente limitado por la vigencia de los derechos individuales se puede decir que hay libertad. Es inútil insistir que pueblos sometidos –como Irak, Irán, Venezuela o Bolivia– voten en elecciones limpias y transparentes, como pretende EEUU, para comprometerlos a seguir una conducta democrática.
Ninguna elección puede revertir o legitimar una represión, como creen algunos demócratas. Antes es preciso valorizar la libertad individual.
El neosocialismo ha vuelto a pervertir la función del gobierno, como la socialdemocracia anteriormente. Esta función no es simplemente la de hacer cumplir la “voluntad del pueblo”. Su función primigenia en toda República requiere proteger los derechos individuales a la vida, libertad y propiedad, no a destruirlos. Esta es la razón por la que se crean los mismos. Por eso, cuando los gobiernos no cumplen sus funciones, las personas pueden destituirlos y cambiarlos por otros que protejan los derechos individuales.
Una legislatura que para satisfacer los deseos de una mayoría ocasional decide expropiar o confiscar los derechos de propiedad de una o más personas para cumplir su “función social”, en lugar de proteger a las personas, atropella sus derechos inalienables y cae en el populismo y los abusos, como está ocurriendo con la reforma agraria de Chávez y su área de influencia ideológica. Lo mismo sucede cuando los gobernantes dilapidan los ingresos del petróleo, energía eléctrica u otros recursos naturales para subsidiar a partidarios políticos y financiar campañas electorales en otras latitudes.
En todas partes, muchos demócratas han quedado atrapados con esta maldición del neosocialismo. Pretenden legitimar todos sus resultados electorales y no pueden darle la espalda a elecciones ya realizadas supuestamente en condiciones relativamente libres. Gracias a ello, terroristas, asesinos, guerrilleros, narcos, todos se valen del sistema seudo democrático para comprometer a las potencias occidentales con establecer treguas, ayuda militar, ayuda externa.
América Latina no es un continente de libertad. No tiene una tradición libertaria. Estamos muy habituados a confundir libertad individual con democracia y a reconocer como legítimos gobernantes a caudillos, déspotas y corruptos. Si nuestro mundo latinoamericano alguna vez logra desembarazarse de las tiranías populistas, será preciso restablecer la sagrada tradición del liberalismo clásico y su defensa irrestricta de la vida, la libertad y la propiedad.
Porfirio Cristaldo Ayala
jueves, 24 de enero de 2008
Más carroña de Chávez

Después de la absurda teatralización de un tema tan espantoso como es el secuestro de personas, realizado sistemáticamente por las FARC en territorio colombiano, uno se pregunta como es posible que un gobernante como el venezolano pueda hacer alarde de liberaciones cuando, simultáneamente, canta loas al régimen tiránico de Cuba cuyo gobierno a contribuido en todo momento a organizar guerrillas terroristas en diferentes partes del mundo. No solo eso, sino que el coronel bolivariano concuerda con los sistemas colectivistas-totalitarios patrocinados por las bandas terroristas de marras.
No es posible admitir payasadas en asuntos graves donde le va la vida a la gente pacífica y honrada. Toda persona de bien debe celebrar el fin de cautiverios inauditos pero no puede tomarse seriamente un hipócrita y paranoico doble discurso rayano en el escupitajo a la inteligencia.
Ahora se aclara la situación con las declaraciones formuladas por el mandamás del Orinoco, nada menos que en la Asamblea Legislativa a raíz de su informe del año que acaba de finalizar. En esa ocasión manifestó que deben borrarse a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) como guerrilleros terroristas ya que eso constituiría un invento grotesco de Estados Unidos.
Textualmente sentenció que “no son ningún grupo terrorista, son verdaderos ejércitos que ocupan espacio en Colombia, hay que darles reconocimiento, son fuerzas insurgentes que tienen un proyecto político, un proyecto bolivariano que aquí es respetado” a lo que naturalmente le replicó el ministro del interior colombiano al afirmar que la calificación de terrorista no es caprichosa sino que deriva de los actos terroristas de las mencionadas bandas criminales. Lamentablemente hay otros gobierno cómplices del terrorismo que apoyan directa o indirectamente al estridente patrocinador del inaudito y reiterativo socialismo rebautizado como “del siglo xxi”.
La droga producida en la zona de influencia de las FARC sale a Europa vía Venezuela y el gobierno de este país entrega armas al grupo terrorista. El coordinador venezolano del operativo para liberar a dos de las rehenes, Ramón Rodríguez Charín, les ha dicho públicamente a las FARC: “mantengan el espíritu... cuenten con nosotros”, al tiempo que Chávez insiste en que las relaciones diplomáticas con Colombia solo se regularizarán si abandonan la tipificación de terrorista para catalogar al mencionado grupo.
Tras todos estos episodios está presente la macabra idea de imponer las asfixiantes mortajas para beneficio de una casta de sicarios que pretenden manejar a sus congéneres como despreciables esperpentos y resacas destinadas al subsuelo mas horripilante y degradante que pueda concebir la imaginación. Este es el “proyecto político” del terrorismo. El respeto recíproco tan caro a la sociedad abierta es completamente desconocido por esta lacras subhumanas que se regodean con el padecimiento ajeno.
El eje central de una sociedad de hombres libres es la tríada reconocida desde tiempo inmemorial: el derecho a la vida, a la propiedad y a la libertad. La propiedad privada entrelaza los otros dos derechos ya que no hay vida si no hay la posibilidad de sustentarla ni hay libertad si no resulta posible usar y disponer de lo propio (ni justicia, ya que según la célebre definición de Ulpiano consiste en “dar a cada uno lo suyo”). Es por esto que Marx y Engels en el Manifiesto Comunista de 1848 escribieron que “todo el programa se puede resumir en esto: la abolición de la propiedad”. En esto se está precisamente en Venezuela . Tenemos que ejercitarnos en el espíritu independiente y no adoptar el triste rol de simple eco que demandan los Hugo Chávez del momento, porque como ha dicho Viktor Frankl “el fanático no posee opinión: es la opinión la que lo posee a el.”
martes, 8 de enero de 2008
Ecuador: ¿Fascismo del siglo XXI?

Los regímenes autoritarios necesitan tener en su bolsillo a los militares y el Ecuador socialista del siglo XXI no es la excepción. Durante el primer año del gobierno de Rafael Correa ya hemos visto suficiente coqueteo entre el Presidente y las Fuerzas Armadas Ecuatorianas (FF.AA.) para concluir que lo que se busca es tenerlas de aliadas.
Desde octubre del presente año una politización acentuada de las FF.AA. se volvió obvia cuando el comandante de la marina Vicente Arellano declaraba que las FF.AA. comprendían el cambio que vive el país con el gobierno de Correa y que lo respaldarían. No debería sorprender que a penas dos meses después el Presidente premió a la marina con Petroecuador, movida similar a la del caudillo del Orinoco que le entregó PDVSA a los militares de su país. Asumo que el Presidente o no sabe o no le importa que los marinos no estén preparados para administrar el negocio petrolero, al igual que unos geólogos e ingenieros petroleros no están preparados para pilotear destructores y submarinos.
Con la compra de esos aliados el actual gobierno también entrega más poder a individuos que por la naturaleza de su misión—garantizar la seguridad nacional—no tienen formación democrática.
“Vuestro deber como miembros de las Fuerzas Armadas es aportar al desarrollo comunitario, a la minga del civismo, a la ética de la palabra y del pensamiento, a proteger a la madre tierra, sin devoción por la Pacha Mama no hay futuro”, afirmó Correa, en un discurso en julio de este año. Esta cita demuestra una concepción del deber de las FF.AA. mucho más amplia de la que se contempla en la Constitución de 1998—la cual todavía estaba vigente hasta el 29 de noviembre de 2007.
Según ese documento: “Las Fuerzas Armadas tendrán como misión fundamental la conservación de la soberanía nacional, la defensa de la integridad e independencia del Estado y la garantía de su ordenamiento jurídico”.
Aunque los regímenes militares se acabaron en 1979 cuando el Ecuador volvió a ser una democracia, las FF.AA. han conservado un poder económico y político poco común y recomendable en una república democrática.
La constitución de 1967 creó el marco institucional que permitió que las FF.AA. sean propietarias y administradoras de tantas industrias propias del sector privado—en una cantidad no vista en otro país del hemisferio. Esto, mientras que es sorprendente para los extranjeros, es ignorado por la gran mayoría de los ecuatorianos. Para que tenga una idea de lo que estoy hablando en Ecuador los militares son dueños de una aerolínea (TAME), una flota petrolera (FLOPEC), una empresa de acero (ANDEC), una bananera (DINEAGRO), una constructora de viviendas (DINMOB), una empresa de seguridad privada (SEPRIV), entre muchos otros negocios. Algunas de estas empresas compiten en el mercado bajo condiciones privilegiadas.
Las FF.AA. ya violaron lo que era su mandato constitucional bajo la Constitución de 1998 al no garantizar “el ordenamiento jurídico”. Sin ellos, la destrucción del Estado de Derecho y el establecimiento de un régimen autoritario en Ecuador este año no hubiera sido posible pues han tomado parte, ahora, han declarado su respaldo a las decisiones de la Asamblea Constituyente con poderes dictatoriales.
El Socialismo del Siglo XXI, como lo hemos visto hasta ahora en Bolivia, Ecuador y Venezuela, requiere ser militarista para imponer su proyecto político, que al igual que el fascismo implica estatismo ilimitado. La insaciable concentración de poder coincide con el pensamiento de Mussolini: “Todo en el estado, nada fuera del estado, nada en contra del estado”.
Gabriela Calderón






