Mostrando las entradas con la etiqueta socialismo del siglo XXI. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta socialismo del siglo XXI. Mostrar todas las entradas

viernes, 29 de agosto de 2014

Viernes de recomendación

Para esta ocasión, queremos compartir con ustedes un breve pero interesante artículo de Eneas Biglione  sobre la realidad de Venezuela a partir del maniático proyecto del Socialismo del Siglo XXI, titulado "La Venezuela de Hugo Chávez: petrodólares, narcóticos y populismo".

lunes, 3 de marzo de 2014

Tema polémico: Venezuela, un caso más...

Una vez más, la realidad habló y, al igual que hace décadas, el experimento socialista venezolano sufre su inexorable destino: la caída. Ha sido una caída lenta, tortuosa, que ha costado sangre, que ha despedazado familias, ideas, negocios y ciudades. Ha sido una caída difícil porque miles de venezolanos se creyeron el cuento de un guerrillero bufón que, por el populismo o por la fuerza, implementó una aventura espoleada por los regalos, el facilismo y el revanchismo que prometía llevarlos al paraíso.

Lamentablemente, el venezolano como buen latinoamericano es terco en eso de hacerle caso a la historia, en eso de aprender del pasado. Le cuesta entender que ciertas cosas ya se han hecho y fracasado, por lo que se deja conquistar por la aventura y la esperanza, bastante loca, de que esta vez las cosas serán diferentes.  Al fin y al cabo, nuestras sociedades están infestadas de especímenes del "perfecto idiota latinoamericano" del que hablaba Carlos Alberto Montaner, pues uno tras otro, los países de la región cada cierto tiempo viran hacia el socialismo revolucionario como moda política para implementar en sus tierras y convertirlas en verdaderos infiernos. Ya lo están viviendo Nicaragua, Argentina, Ecuador y Bolivia, mientras que otros como México, Guatemala, Honduras y hasta Costa Rica le han coqueteado de una u otra forma.

Aunque nos entristece profundamente las muertes de cuidadanos venezolanos -ocho según diversos medios internacionales-, nos llena de esperanza que ese pueblo hermano despertara del marasmo en el que lo había sumido la ebriedad revolucionaria, el odio y la manipulación populista. Se ha tirado valientemente a la calle, enfrentando represión -la que no ven los progres cuando es ejecutada por sus regímenes amigos- y sin una solidaridad institucional organizada -diversos gobiernos, entre ellos el costarricense, e instituciones regionales como la Organización de Estados Americanos han guardado silencio cómplice frente a la violación de derechos en Venezuela- que presione por un cambio de sistema que respete la libertad de las personas.

Finalmente, el régimen bolivariano comienza a tambalearse y la protesta popular le dará su estocada. Pronto, las anécdotas absurdas de los Chávez y los Maduro pasarán a la historia como un capítulo triste de la historia venezolana y latinoamericana. Esperamos que esta vez nuestros pueblos al fin comprendan que el socialismo no trae más que muerte, miseria, destrucción, violencia y tiranía.   

martes, 25 de febrero de 2014

La columna de Carlos Federico Smith: execrable silencio de organismos y políticos farsantes

La tragedia que hoy vive el pueblo venezolano no ha sido capaz de suscitar la reacción de organismos internacionales de la región, ni tampoco la de connotados políticos, tanto nacionales como extranjeros.  Tal vez no debía preocuparme porque, ante el dolor ciudadano del venezolano, más que seres vivientes se comporten como fríos autómatas, si no fuera debido a que, esos mismos organismos y políticos, nos han dicho innumerables veces estar a favor de los derechos fundamentales de sus pueblos y que la libertad y la democracia son los modelos que norman su quehacer y su razón de ser. 

La hipocresía en asuntos internacionales es abundante, pero ello no debería ser óbice para que ahora no la desnudemos, en su cruel evidencia de la actualidad.  La Organización de Estados Americanos se apuró a criticar al anterior gobierno de Honduras, ante el golpe de estado que experimentó el entonces gobernante Zelaya.  A pesar de las evidentes manipulaciones de éste, para asegurar la entrega de su país al imperioso gobierno chavista, rápidamente la OEA se reunió para condenar la presunta ruptura del orden constitucional en Honduras. La razón de esa agilidad institucional no hay duda que se encontró en el interés de los llamados países del Alba, para apoyar a su compañero en desgracia. Ahora, Venezuela no es importante: es más, atañe a quien ahora se perfila como el nuevo dueño de la OEA. 

Algo parecido sucedió en el caso de la destitución constitucional del anterior presidente paraguayo Fernando Lugo y su sustitución por Federico Franco.  De nuevo, con suma prontitud, la OEA se reunió para tratar el tema del golpe de estado.  En una sesión de ella, en donde habló el Presidente Franco, se ausentaron 13 de los 34 países miembros. Pueden imaginarse cuáles fueron esos 13. Varios países de inmediato dijeron que no mantendrían relaciones con un gobierno (el de Franco) que no había sido electo por el pueblo, a pesar de que la constitución del Paraguay facultaba la destitución de Lugo.

Otras entidades multinacionales de la región, el Mercosur y la Unasur (Unión de Países Suramericanos) y de la cual el Paraguay es miembro fundador, velozmente le condenaron, ambos organismos expulsando a esa nación por aquel presunto golpe de estado.

También ha permanecido en silencio una organización en la cual Costa Rica ya está metida. Se trata del CELAC, que quiere decir Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, que claramente ha sido impulsada por el gobierno chavista. Ahora le toca a Costa Rica presidirla (después de la “democrática y libre” Cuba) y, se ha dicho, esa fue la razón por la cual la Presidenta Chinchilla acudió recientemente a la Habana. De paso, se reunió con el tiranuelo de Cuba, pero no tuvo tiempo de reunirse con las opositoras Damas de Blanco ni con otros grupos libres, ni tampoco con las autoridades de la Iglesia Católica de aquel país: “París bien vale una misa”. 

El CELAC no se ha reunido para ver el álgido tema de los derechos humanos en Venezuela, hoy reprimidos por el totalitario gobierno de Maduro.  Probablemente no lo vaya a hacer, pues, después de todo, el mantenimiento del CELAC en mucho viene de los ingresos petroleros del pueblo venezolano y que hoy su gobierno utiliza para mantener a muchos gobiernos de la región, que le son afines o amigos de sus proyectos en expansión.

¿Y los políticos de la región? Hacen el mutis en lo que toca a la situación actual del pueblo venezolano.  No todos, pues supuesto.  Entre las excepciones honrosas están nuestro ex Presidente, Oscar Arias, así como el uruguayo Luis Alberto Lacalle y el escritor Mario Vargas Llosa.  Tal vez hay otros que también hayan dicho algo en torno a la situación venezolana, pero probablemente sus pronunciamientos han sido “suavecitos”, como para que hayan pasado sin ser noticia, tal vez buscando que así fuera, para no tener que definirse en estos momentos álgidos

Pero, veamos a nuestro país. No soy liberacionista, pero debo reconocer en el candidato presidencial de ese partido, Johnny Araya, su clara definición en torno a la necesidad de que el gobierno de Maduro respete los derechos humanos y las libertades básicas de los venezolanos. Por supuesto que casi que yo ya sabía que el candidato presidencial del Frente Amplio, José María Villalta, no iba  a pronunciarse en favor de la hoy sufrida ciudadanía venezolana –ni siquiera entre dientes, con un murmullo que con suerte podría pasar inadvertido- así como tampoco lo iba a hacer en contra del gobierno de Maduro, el actual diputado del PAC, Claudio Monge.  Lo cierto es que esos dos políticos, junto con el eterno líder sindical, el alborotero Albino Vargas, se reunieron el viernes 29 de marzo del 2013 en la sede de la Conferencia Episcopal, en un homenaje póstumo a Hugo Chávez Frías.

En un país como el nuestro, en donde la mayor parte de los ciudadanos aprecian plenamente el valor de la libertad y la democracia, tiene que sorprendernos que un importante líder político, don Luis Guillermo Solís, actual aspirante a la presidencia y con amplias posibilidades de acceder a ella, haya hecho declaraciones en donde manifiesta que Costa Rica debe ser prudente ante lo de Venezuela, porque, insinuando el trillado dicho de esperar a que se aclaren los nublados del día, dice que “hay razón del gobierno (de Laura Chinchilla) de ser mesurado y pedir que las cosas se aclaren un poco más, porque la situación en Venezuela hoy (17 de febrero) es tan complicada como lo es en cualquier escenario de conflictividad interna de los que conocemos en América Latina”.  ¿Acaso no ha sucedido lo suficiente en Venezuela para clamar por la defensa de los derechos humanos de sus ciudadanos? ¿De no dejarlos solos ahora, cuando nos necesitan ante el poder despótico de sus gobernantes? ¿No podría pensarse en responder en favor de un pueblo que, en su momento, nos apoyó en Costa Rica, cuando Somoza nos amenazó con invadirnos? Simple gratitud…

Del gobierno de la señora Chinchilla no diré nada más que, desconocer ahora lo que nos ha dicho que han sido sus amores -la democracia, la libertad y los derechos humanos- cuando es necesario apoyar al acogotado pueblo venezolano, no es más que un desprecio a aquellos valores que tanto apreciamos todos o la mayoría de los costarricenses.  Dejar de lado, en el olvido, aquellos valores, a cambio de una circunstancial presidencia, por un año, de algo relativamente tan irrelevante para nuestro pueblo, como es la CELAC, constituye una grosería hacia todos nosotros. Es lo menos duro que puedo decir.

Jorge Corrales Quesada

lunes, 24 de febrero de 2014

Tema Polémico: La izquierda y los medios de comunicación

La semana pasada el Gobierno Bolivariano de Venezuela expulsó a miembros de CNN Español de su país y giró órdenes para que la cadena no pudiera transmitir más dentro de la nación. Esto es uno más de un sinnúmero de acciones que ha venido tomando el gobierno venezolano, desde la llegada de Chávez al poder hasta ahora con su discípulo Nicolás Maduro, en contra de la libertad de prensa. 

Fácilmente se podría concluir que los regímenes de izquierda siempre terminan repudiando la libertad de prensa. Venezuela no es el único país adonde los medios de comunicación que cubren formas de pensar distintas a las del gobierno son atacados y expulsados; también se da frecuentemente en Cuba, Ecuador, China, Rusia y otros. Todos estos gobiernos tienen una característica que los une y es precisamente el hecho de que son regímenes de izquierda de índole socialista – comunista. Claro, esto es verdad pero a medias; se han dado casos de regímenes de derecha que también han tenido sus riñas con los medios de comunicación. Lo que sucede es que no es un tema de “izquierda” o “derecha” es un tema de acumulación del poder y arrebato de libertades fundamentales. Es un tema de carencia o no de libertades. En todo régimen indistintamente si es de “derecha” o de “izquierda” lo que siempre escasea es la libertad.

Los países donde la libertad de prensa es más respetada son aquellos que cuentan con sistemas democráticos bastante maduros donde las distintas líneas de pensamiento se enfrentan constantemente y la ciudadanía va formando un rumbo sin mayores desvíos con los cambios de poder en el gobierno. La libertad de prensa no necesariamente es contraria a ciertas ideologías, lo que sucede es que es enemiga del autoritarismo y la antidemocracia. 

Pero entonces, ¿por qué será que hoy en día los gobiernos que notoriamente están en contra de la libertad de prensa son regímenes de izquierda socialistas – comunistas? Aquellos países que adoptan políticas socialistas con mucha mayor facilidad tienden a caer en prácticas autoritarias. Aquellos países en donde el Gobierno tiene mayor injerencia en las decisiones de mercado y el modo de vida de los ciudadanos es muy fácil que termine arrebatándoles tantas libertades a las personas que luego el paso lógico es caer en medidas autoritarias.  Y en sus medidas autoritarias el primer enemigo es la libertad de prensa pues es uno de los factores más riesgosos para el régimen pues con facilidad deja en evidencia lo erróneo de sus políticas y le puede dar protagonismo a otros grupos con deseos de quitarle poder.

lunes, 17 de febrero de 2014

Tema polémico: Venezuela y el límite de nuestros esquemas conceptuales


En medio de la tragedia de los venezolanos (y esto incluye a los chavistas) ponerse a hacer reflexiones in abstracto parecerá antipático pero sin embargo es necesario para tratar de entender qué está sucediendo.

La república constitucional norteamericana fue originada en horizontes lejanos. Horizontes donde se suponía que los derechos individuales eran el valor supremo de la ética política, donde las diversas “administraciones” no deberían tocarlos en absoluto y si ello ocurría, para eso estaba el control constitucional. Y, muy importante, todos coincidían en ese sistema, y ninguna persona, partido o lo que fuere se atribuía la propiedad de “la Nación”, la patria, la revolución o la historia.

América Latina nunca fue terreno cultural fértil para trasladar esas ideas. Hubo intentos, sí, siempre un mix no del todo coherente entre la influencia anglosajona y la influencia francesa; siempre un general ilustrado y un grupo de liberales constructivistas laicistas enfrentados con las tradiciones religiosas y españolas anteriores. De ese mix, siempre en tensión, nunca resuelto, algo salió. Muchas naciones latinoamericanas trataron de implantar la división de poderes, el control de constitucionalidad, un derecho penal liberal, algo de libre comercio, “pero”…. Dentro de la inestabilidad intrínseca de un marco cultural que se resistía, como un suelo rocoso resistente a instituciones que requerían un humus diferente, Lationoamérica nunca pudo plasmar instituciones liberales firmes. Su génesis es revolucionaria al estilo francés, y ese horizonte revolucionario la marcó, parece, para siempre.

Durante mucho tiempo eran guerras civiles intestinas, facciones diferentes que se disputaban un poder al que siempre se accedía con la lógica de la revolución: los buenos, los malos, los traidores, los cobardes. Palabras como democracia, república, límites, derechos de las minorías, etc., se escribían pero no se comprendían.

Pero con el advenimiento del marxismo como horizonte cultural, y con la revolución cubana como ejemplo, el asunto fue peor. Los Castro tuvieron al menos la coherencia de los violentos: por la violencia subieron y por la violencia están. Pero en otros lares, se introdujo el sutil engaño del acceso nazi al poder: la vía democrática en sentido laxo. Mucho más inteligente y perverso. El Chile de Allende, la Argentina de Perón (1945, 1951, 1973, 2003), y, obviamente, la Venezuela de Chávez, son ejemplos perfectos. La dialéctica revolucionaria, junto con la marxista, encontraron en esas vías democráticas la forma casi perfecta de perversión conceptual. Los términos revolucionarios eran los mismos (leal, traidor, amigo, enemigo). Pero mientras que los constitucionalistas de los EEUU jamás imaginaron que toda esa dialéctica fuera compatible con los métodos electorales, ahora, en cambio, sí. El partido revolucionario, el que va a luchar contra el capitalismo opresor, sube al poder con la mayoría de los votos, o con los votos inventados o con los votos que fueren, pero asumen el criterio de legitimidad de origen de los sistemas democráticos. El enemigo sigue siendo el traidor, el vendepatria, el cipayo vendido al imperialismo, pero ahora es legítimo aniquilarlo –de golpe o de a poco- “democráticamente” y denunciar a todo el mundo “la violación de la democracia” de cualquier intento de resistencia.

Todo esto tomó a los no marxistas totalmente desprevenidos, conceptual y terminológicamente. Al principio, gentes desesperadas apoyaron las contra-revoluciones militares, pero la bestialidad e ignorancia de estos últimos no hizo más que acrecentar el problema. Ahora no hay salida posible. Ahora, los marxistas, los verdaderos golpistas, a quienes los derechos humanos les importan absolutamente nada, allí están, como cuasi estadistas republicanos. Los Correa y los Kirchner son ejemplos perfectos; Chávez, en cambio, era más sincero, y el delirante de su sucesor ha convertido a Venezuela no en una broma woodyallinezca, sino en una verdadera tragedia donde Calígula ha resucitado y el caballo tiene el apoyo del ejército, del ejército cubano y el silencio cómplice y cobarde de casi todos los gobernantes del mundo.

No hay mucha salida. Que Dios se apiade de los venezolanos y de todos nosotros, porque la Venezuela actual es el futuro de todos, excepto que intervengan las aleatoriedades de la historia, imprevisibles, inconmensurables, sólo accesibles a las denuncias de los profetas, ya muertos, sin embargo, en el silencio del desierto.

Gabriel Zanotti

martes, 3 de diciembre de 2013

La columna de Carlos Federico Smith: Venezuela avanza hacia al totalitarismo

Recientemente la Asamblea Nacional de ese país aprobó la llamada Ley Habilitante, la cual le permite al presidente Maduro actuar con poderes extraordinarios, sin las limitaciones propias de una democracia de frenos y contrapesos.  Para lograr tan descomunales facultades, el gobierno usó como pretexto “la lucha contra la corrupción y la guerra económica”. Maduro podrá gobernar mediante decreto durante un año y las leyes que emita serán de carácter obligatorio. El presidente de Venezuela, al recibir de sus diputados la recién aprobada Ley Habilitante, les dijo: “Ustedes han visto apenas las primeras acciones contra la burguesía”.  El control de precios y de utilidades, además de persecuciones contra los “especuladores” (posiblemente de “opositores del gobierno”) caracterizarán los próximos meses del gobierno de Maduro.

Este Poder Habilitante abre un nuevo umbral para la entronización gradual de un estado totalitario en Venezuela. De un gobierno que buscará ejercer un control centralizado, absoluto y total, de todos los aspectos de la vida de sus ciudadanos, en donde los individuos estarán totalmente subordinados al poder del estado.  Sin empacho alguno, ello se hace en nombre del bien para el pueblo. Lo dice Maduro: “con la ley habilitante no me puede parar nadie para proteger al pueblo”.

Rescato un aspecto de todo ese proceso, cual es el argumento de que se requiere de una casi total irrupción del estado en la vida de sus ciudadanos, principalmente con su intercambio de bienes y servicios, con el objetivo de “acabar con la corrupción”. La paradoja radica en que, entre más interviene el estado en la actividad económica, mayor presencia tendrá la corrupción.  Lo que se conoce como corrupción usualmente surge porque hay individuos dispuestos a pagar a funcionarios públicos, para que se les excluya de la aplicación de ciertas regulaciones o limitaciones.  A su vez, estos últimos están dispuestos a hacerlo a cambio de una paga o de alguna forma de remuneración.

También surge la corrupción cuando personas sobornan o brindan oportunos “financiamientos políticos” a encargados de formular leyes para que aprueben alguna forma de protección o subsidio, que les permita aventajar a otros competidores tanto del momento como potenciales.  Por ejemplo, mediante el otorgamiento de subsidios con fondos públicos o con la imposición de aranceles que les protejan de la competencia externa.

También hay corrupción cuando se presenta el robo directo o disimulado de parte de funcionarios encargados de cuidar los haberes del estado, cuya vigilancia les fue encomendada.  Recientemente lo hizo una ex alta funcionaria del Banco de Desarrollo Económico y Social de Venezuela (BANDES), quien llevó a cabo negocios indebidos con empresas de la bolsa estadounidense (compartió el chorizo).  Asimismo, cierto alto funcionario venezolano -aún en pleno ejercicio del poder- públicamente fue mencionado en una grabación inesperada de Mario Silva -un caído en desgracia director de un periódico amarillista del gobierno venezolano, La Hojilla- quien señaló “que el Presidente de la Asamblea Nacional había obtenido una gigantesca fortuna a través de corruptelas que operaba con CADIVI” (el ente gubernamental Comisión de Administración de Divisas).  Divisas logradas a tasas preferenciales, a un precio favorable mucho menor que el vigente en los mercados.

En nuestra campaña política actual llama la atención que haya políticos que, paradójicamente y con un alto grado de liviandad, proponen aumentar significativamente el activismo estatal, a la vez que expresan su enojo por una evidente corrupción en el sector público.  No es posible que no se hayan dado cuenta de que, entre mayor sea la participación del estado en nuestra vida política, mayor es el campo en que florece la corruptela. Ojalá que los ciudadanos, cuyos votos les piden ahora, no se coman ese cuento. Fueron y son sabias las palabras de Lord Acton: El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente.

Jorge Corrales Quesada

martes, 21 de mayo de 2013

La columna de Carlos Federico Smith: ya ni para limpiarse el trasero

¡Quién iba a imaginarse que, en una de las naciones del mundo más rica en bienes naturales, como es Venezuela, iba a escasear el papel para el escusado! A tal estado de cosas ha llegado la situación de esa economía.  Es verdad que no solo el papel “toilette”, como se le llama allá, desapareció de los comercios, sino que también están ausentes de los anaqueles otros productos esenciales como la harina, la leche, el pollo, la manteca y el café, entre otros.  Paradójicamente, lo único que parece abundar es la gasolina y otros derivados de petróleo. Un litro de gasolina cuesta entre 3 y 4 centavos de dólar, el más bajo del mundo. En contraste, una taza de café en una soda cuesta 30 veces más.  Por lo general, la propina que el consumidor le da a quien le llena el tanque, es más que lo que se gasta en echarle gasolina al carro.

Todo este desorden tiene que ver con la política gubernamental de control de precios. La gasolina tiene un precio ínfimo, por lo cual el gobierno está dispuesto a subsidiar su consumo hasta la coronilla, como medio para ganar puntos ante los consumidores (aunque esas pérdidas en que incurre el estado lo pagan todos los ciudadanos-consumidores de ese país). Pero, en el caso de bienes que son producidos por el sector privado, como muchos de los que cité antes, la situación es muy diferente, pues sus precios están muy por debajo de su costo de producción, con lo cual nadie, en su sano juicio y siempre evitando perder, estaría dispuesto a producirlos para llevarlos al mercado a ese precio controlado. 

No hace mucho Alejandro Fleming, Ministro de Economía de Venezuela, dijo que ese desabastecimiento de productos se debía a que había mucha demanda y poca oferta.  En rigor, eso es cierto, pero hay que entender por qué se presenta esa disparidad entre la oferta y la demanda.  Veamos primero la razón de la alta demanda en la economía.  Ello se debe simplemente a la enorme emisión de dinero que ha practicado el Banco Central de Venezuela durante los últimos tiempos.  Cualquier estudiante de Economía básica, así como cualquier ciudadano medianamente informado, saben que, si se emite mucho dinero en una economía, mucho más allá de lo que crece la producción, se presenta inflación.  No se necesita ser un Milton Friedman para saber que el más de 30% de inflación que actualmente azota a Venezuela, se debe al populismo monetario de las autoridades del Banco Central de ese país. 

A fin de controlar la inflación, el gobierno venezolano ha acudido a dos medidas.

Una de ellas es realizar importaciones de bienes que se consumen masivamente en Venezuela y que no se elaboran en ese país o que han dejado de producirse internamente. Casi todos los bienes, excepto petróleo y derivados, están en esas circunstancias. Tales importaciones han sido posibles gracias a los elevados precios internacionales del petróleo. 

Sin embargo, la producción de petróleo de Venezuela ha venido declinando con el paso de los años. Se estima que la producción anual de Petróleos de Venezuela S. A. (PDVSA) ha caído un 2% anual desde el 2008. A pesar de que, según la Organización de Países Exportadora de Petróleo (OPEP), Venezuela posee los mayores recursos petrolíferos del mundo, superando incluso a Arabia Saudita, su producción actual de petróleo es tan sólo de 2.4 millones de barriles diarios. Esto es, un 25% menos de lo que se producía cuando Chávez llegó al poder, hace 14 años.

En mucho ese decrecimiento de la producción de PDVSA se debe a su propia incapacidad. En estos tres últimos años su capacidad productiva ha caído un 35%. Por ello, ahora andan como locos tratando de que los chinos inviertan en su industria petrolera, aunque tal vez sea a cambio de los derechos que hoy Venezuela tiene por su petróleo. La incapacidad administrativa de PDVSA y la limitación de recursos que le impiden llenar los montos requeridos de inversión auguran un futuro muy incierto para los ingresos petroleros de ese país en especial ante su cierre a inversión extranjera (con excepción, tal vez, de la China o la de India). Los efectos ya se están sintiendo en la economía de esa nación.

Volviendo al tema de la inflación y particularmente en lo referente a la disminución de la oferta en la economía citada por el Ministro de Comercio Fleming, en la actualidad es notoria la escasez de divisas que permitan a las empresas domiciliadas en Venezuela adquirir del exterior lo necesario para producir sus bienes. Ante tal incapacidad para importar, las firmas internas han tenido que reducir sus niveles de producción. Por supuesto, eso no lo dice ese Ministro de Economía, quien habló de la mucha demanda y de la poca oferta. Esta decrece porque ahora no se tiene el financiamiento de divisas, que antes se disponía gracias a la abundancia petrolera de Venezuela. Al no tenerse ahora financiamiento para adquirir los insumos necesarios, ni el equipo productivo indispensable, ni los repuestos requeridos, la producción nacional tiene que caer. 

El Ministro de Finanzas de Venezuela, Nelson Merentes, ha reconocido estos problemas de financiamiento y ha dicho que está en marcha un plan para garantizar la adquisición de divisas para las empresas pequeñas y medianas. Pero lo cierto es que la situación de reservas internacionales de Venezuela parece ser precaria.  Se ha se mencionado que, a principios de mayo de este año, si acaso las reservas internacionales del país superaban los $25.000 millones y que de ellas un elevado porcentaje (70%) estaba conformado por posiciones en oro y similares. Se ha hecho saber que la posición de reservas líquidas de Venezuela es inferior a los $3.000 millones. (Casualmente un monto de reservas parecido al que hoy tiene Costa Rica, si bien no son totalmente líquidas).

Por eso es que, ante la limitación de divisas, en Venezuela el tipo de cambio se ha disparado por las nubes.  El llamado dólar paralelo –el precio del dólar en la calle- tiene a la fecha un precio superior a los 26 bolívares (llamados bolívares fuertes), en tanto que el tipo de cambio oficial es de 6.30 bolívares fuertes por dólar.  Ya el presidente Maduro ordenó llevar a cabo una guerra contra el tipo de cambio paralelo, al igual que lo han hecho infinidad de veces en el pasado, todos los usuales poseedores de la sabiduría que supuestamente otorga el poder: y que siempre concluyen en un fracaso. Ha llamado a clausurar los sitios libres en donde se transan dólares fuera del estado. A los participantes en ellos casi que los ha convertido en delincuentes subrepticios, tan sólo porque quieren cambiar sus dólares por su verdadero valor y no por el que se le antoja a Maduro y a su Banco Central.

Al otro  intento del gobierno venezolano por contener la inflación ya nos referimos anteriormente: fijar precios topes o máximos. La lección de la historia económica en este tema es tajante. Desde la época de Henku, rey de Egipto en el 2080 antes de Cristo, o del rey Hammurabi (hace 4.000 años) hasta en el Chile de Allende y la Nicaragua de la primera administración de Ortega, los gobiernos nunca han podido controlar la inflación mediante el control de precios.  Tal vez con excepción de lo sucedido bajo el régimen nazi, se tuvo algún grado de éxito en poder controlar los precios en circunstancias inflacionarias.
El historial de fracasos de la política de fijación de precios lo documento en un libro que escribí en 1984 bajo el título Inflación y Control de Precios (Editorial Stvdivm). Pronto estará disponible en la web y de ello oportunamnte le informaré al amigo lector que desee ojearlo o reproducir. En él, expongo los resultados que tiene sobre los mercados esa ineficiente política que pretende controlar la inflación, como es hoy el caso de Venezuela. Provoca el surgimiento de mercados negros, que los precios no controlados se disparen, que se presente un deterioro de la calidad de los bienes cuyo precio es controlado, que surjan largas colas para poder comprarlos, que aparezcan sistemas de ventas atadas (esto es, que a usted se le vende el bien al precio controlado, pero tan sólo si adquiere otro bien a un precio más alto o de menor calidad). 

Asimismo, el control de precios provoca el acaparamiento y la aparición de negocios “fáciles”, como cuando se obtiene de parte del gobierno permisos de importación, lo cual genera grandes ganancias que van más allá de las usuales en los mercados. También abunda la corrupción de las autoridades, así como la escasez y desaparición de los bienes en los mercados, los horarios anormales de ventas, como en las madrugadas, a los precios mayores del mercado, al igual que los productos se venden de repente en bolsas menos llenas, al igual que surge la venta de productos empacados en cantidades diferentes a las reguladas, con lo cual se evita la regulación a bienes empacados en otras cantidades. Incluso simplemente aparece un producto “nuevo” (por ejemplo, ahora con “triclorín climatizado”). Igual de nocivo es el impacto que la política de control de precios tiene sobre el desempleo, que afecta a  trabajadores de empresas cuyo precio es controlado, así como la subutilización del equipo de producción, entre muchas otras cosas.

Podemos predecir que el iluminado del pajarito, con total incultura y poca madurez, pero sobre todo con falta grave de inteligencia, le dirá a su pueblo: “Si no hay papel, pues que usen elotes”. El problema es que en Venezuela tampoco hay producción suficiente de maíz para usar los elotes en esas higiénicas materias. Esto significa que hay una buena oportunidad para la exportación de elotes a Venezuela desde Costa Rica, entre otras naciones.  El problema es que sus reservas monetarias, a pesar de la abundancia petrolera, se han menguado notoriamente como para poder exportarles lo necesario a Venezuela.

Jorge Corrales Quesada

sábado, 5 de diciembre de 2009

Conferencia: Socialismo siglo XXI


Los invitamos a que visiten la conferencia del Socialismo del Siglo XXI, impartida por el economista Roberto Casanova y cometaba por el profesor Alberto Mansueti y Carlos Sabino.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Chávez: mesías del siglo XXI


Estas fueron algunas palabras que el delirante comandante se dejo decir en un reciente discurso:

“Debemos tener valores socialistas y guerrear contra el capitalismo donde quiera que esté y sea cual sea la máscara que se ponga”.
“Yo cada día soy más revolucionario, sépanlo, cada día soy más socialista, sépanlo, y si es que la salud me acompaña y si es que Dios me da salud y vida, en el 2012 candidato presidencial seré otra vez y el pueblo dirá si yo seguiré o no seguiré, pero aquí todos tienen que saberlo: yo voy a llevar a Venezuela hacia el Socialismo con el pueblo y los trabajadores no hacia el capitalismo. ¡Ni se negocia la Revolución, ni se negocia el Socialismo! Para nada, porque cada día estoy sencillamente más convencido que el Socialismo es el reino de Dios aquí en la tierra”.

¿Cuándo acabará todo este circo?

miércoles, 7 de octubre de 2009

El nuevo socialismo en Latinoamérica

En este video, el Lic. Eneas Biglione manifiesta las nuevas estrategias del socialismo del siglo XXI en Latinoamérica

lunes, 3 de agosto de 2009

Tema polémico: Chávez y la libertad


En ASOJOD hemos escrito, en reiteradas ocasiones, fuertes críticas contra Hugo Chávez, puesto que repudiamos su absurdo proyecto del "Socialismo del Siglo XXI", en tanto, como toda forma de colectivismo, representa un atropello a los valores de la libertad, la propiedad privada y el individualismo.

Una vez más, mediante este Tema polémico, nos vemos en la necesidad de denunciar lo que muchos "demócratas" costarricenses y latinoamericanos son incapaces de ver: que el teniente-coronel está formando un gobierno totalitario que a punta de petrodólares y populismo, terminará por eliminar a todo aquel que se le ponga en el camino. Pruebas de la dictadura chavista abundan: los reiterados intentos por diseñar una Constitución a la medida, la permanencia casi de por vida que pretende en el poder, los constantes atropellos a la propiedad privada mediante nacionalizaciones y las nada positivas restricciones a la libertad de expresión, como lo demuestra la no renovación de la concesión a Radio Caracacas TV en 2007.

Por si fuera poco, recientemente se anunció que el gobierno bolivariano de Venezuela implementó una serie de medidas para sacar del aire a 34 emisoras de radio y televisión, al tiempo que anunció que 200 más están en peligro, pues se estudia la posibilidad de emitir una nueva ley que castiga como "delito mediático" el "abuso de la libertad de expresión".

Para ASOJOD, esta actitud no sólo merece todo el repudio posible, sino que además, es una manifestación clara del despotismo y la intolerancia, del totalitarismo y la irracionalidad que estos verdaderos payasos bolivarianos están pretendiendo implementar a lo largo del continente. Hoy es Hugo Chávez, pero mañana pueden ser los Correa, los Ortega, los Humala, los Morales y, aunque en Costa Rica aún no ha despuntado una figura de tal calibre, nada impide que aparezca uno de ellos. Ya hay varios candidatos a ocupar tan nefasto pueblo: podemos mencionar a José Merino, Eugenio Trejos, Mariano Figueres, Rolando Araya, Fabio Chávez y algunos otros.

Hay que tener mucho cuidado con este tipo de gente que pretende planificar la vida de los individuos mediante el uso de unos para cumplir los fines de otros. Hemos de recordar que, en la historia de la humanidad, el único parangón de esta situación es el esclavo, es decir, alguien que trabaja para que otros disfruten de los réditos, pero que no recibe nada a cambio de sus servicios. Lo más preocupante de todo es que los diferentes pueblos latinoamericanos van en esa dirección, aunque los "intelectuales" criollos se nieguen a verlo y más bien defiendan que bajo ese tipo de gobiernos se alcanzará el paraíso de la prosperidad y la libertad.

Ya Orwell nos avisó, en su novela 1984, lo que podría pasar en un régimen tiránico cuando el "caudillo" llega a acabar, incluso, con la libertad de expresión y pensamiento. Así las cosas, el cierre de emisoras y canales que se atreven a criticar a Chávez, muestra su verdadera cara: la de un dictador que no está dispuesto a escuchar ni a pensar, que ocupa la fuerza como su herramienta de gobierno, que procura, a toda costa, acabar con aquel que ose a interponerse en su camino. Y esta es una advertencia que aplica no sólo a los venezolanos (que quizá ya poco puedan hacer), sino a todos los latinoamericanos y, en especial, a los costarricenses, principalmente a aquellos que creen que nuestro país está inmune a este tipo de enfermedades políticas y que, todavía, se pasan vanagloriando de aquel desafortunado epíteto de "Suiza centroamericana".

La libertad entra por rendijas, pero también se escapa por ellas. Conforme los políticos de turno sigan implementando programas de solidaridad forzada, limitaciones a la libertad, imposiciones del "bienestar general" sobre el individual, se abren espacios para que, un día (quizá no tan lejano) los colectivistas triunfen definitivamente.

lunes, 15 de junio de 2009

Venezuela está sola

Aeropuerto de Caracas, Venezuela, 11 de Junio de 2009. Delante de mí camina una mujer blanca, de unos cincuenta años y de apariencia potentada. Se dirige a la clase business de Lufthansa. Al verla, un policía le exige el pasaporte. La mujer, que no había hecho o dicho nada, le dice que se espere un momento porque sus manos están ocupadas con maletas. El policía, contrariado ante la falta de sumisión de la señora, la detiene y le impide volar. Un ejemplo más de la arbitrariedad con la que las autoridades bolivarianas de Venezuela abusan del poder que les da el ex teniente coronel Hugo Chávez.

Después de un intento fallido de golpe de estado en Febrero de 1992, Chávez ganó unas elecciones democráticas en diciembre de 1998. Desde entonces, ha intentado imponer lo que llama “revolución bolivariana”, una revolución que, creo, se ha basado en cuatro ejes fundamentales. El primer eje es político: desde en 1999 Chávez ha ido sometiendo a los partidos políticos de la oposición a una campaña de hostigamiento, persecución y asfixia económica y mediática. El proceso culminó en las elecciones municipales de noviembre de 2008, cuando los opositores Antonio Ledezma y Manuel Rosales ganaron las alcaldías de Caracas y Maracaibo respectivamente. Lejos de aceptar los resultados democráticos, Chávez reescribió las leyes y creó un ente por encima de la alcaldía de Caracas desposeyendo al alcalde de todo poder efectivo hasta el punto que Antonio Ledezma no puede ejercer su cargo. El alcalde electo de Maracaibo, segunda ciudad más poblada de Venezuela, corrió peor suerte si cabe: ante las acusaciones de corrupción y la falta de garantías que le ofrecía un sistema judicial entregado al régimen, Manuel Rosales optó por exiliarse en Perú.

El segundo eje, el mediático-informativo, consiste en ir estrechando el nudo a la libertad de expresión. Ante las constantes amenazas de los “círculos bolivarianos de la verdad” la mayoría de los medios de comunicación han ido claudicando uno tras otro. En 2007 sólo quedaban Radio Caracas Televisión y Globovisión. El 27 de mayo de 2007 se produjo uno de los mayores atentados a la libertad de expresión que ha vivido América Latina en los últimos 30 años cuando Radio Caracas fue cerrada por expreso mandato presidencial y ante la pasividad de los tribunales de justicia y la opinión pública internacional. Y la semana pasada tuve la oportunidad de comprobar que Globovisión está a punto de seguir el mismo camino: la única cadena televisiva independiente que todavía se atreve a exponer a la luz pública los abusos y los fracasos del socialismo del siglo XXI se enfrenta a una desproporcionada multa de 2,5 millones de dólares cuyo impago la va a obligar a cerrar. El presidente del canal y magnate de la automoción, Guillermo Zuloaga, ha sido acusado de irregularidades en el almacenamiento de vehículos y “violación de las leyes medioambientales” por (por favor no se rían) poseer algún animal disecado en su mansión particular.

El tercer eje, el económico, es eso que Chávez llama el “socialismo del siglo XXI” y al parecer consiste en ahogar la economía a través de la persecución de empresarial: los propietarios de negocios son sistemáticamente amenazados y vilipendiados por unas autoridades que no dudan en expropiar las fábricas de quien no se somete. Venezuela ha caído hasta las últimas posiciones del mundo en los rankings internacionales de competitividad, calidad institucional, infraestructuras, libertades, eficiencia empresarial, sanidad y educación. Docenas de entidades reguladoras impiden que las empresas operen y compitan en un entorno internacional. La arbitrariedad y el abuso de poder que demostró el policía del aeropuerto no hacen más que fomentar la corrupción rampante de un sector público ineficiente y voraz. Los industriales se levantan cada día con la espada de Democles de la nacionalización, sabiendo que el sistema judicial no les va a proteger de los abusos del tirano. En 1999 había 14000 empresas en Venezuela. Hoy solo quedan 8000. Los alimentos escasean. Los índices de pobreza se disparan. Los jóvenes más preparados han huido o están huyendo del país en busca de la libertad, la ilusión y las oportunidades que la revolución bolivariana les niega. El socialismo del siglo XXI está conllevando el mismo fiasco económico, la misma miseria, la misma falta de libertad, la misma corrupción rampante y la misma pobreza que el socialismo del siglo XX. Porque el socialismo que ya fracasó en Europa del Este, en China, en la Unión Soviética, en Corea del Norte o Cuba es una ideología que no funciona y que no va a funcionar por más que Chávez utilice la factura del petróleo para camuflar sus catastróficas consecuencias.

Y claro, ante ese evidente fracaso, el descontento de la ciudadanía es cada vez mayor. Pero, con el sistema político secuestrado, la libertad informativa exterminada y el poder económico sometido, esa insatisfacción popular no sale a la luz pública. Sólo queda la presión internacional y eso es lo que mantiene vivo a Chávez porque los Estados Unidos están demasiado preocupados buscando terroristas en oriente medio y los europeos seguimos enamorados de cualquier payaso que tenga un discurso antiamericano. Y ese es el cuarto eje de la revolución bolivariana: una política exterior con marcado discurso antiamericano. Es la manera de comprar la opinión pública de la IPPE (Internacional Papanatas Progresista Europea, Barbeta dixit). Venezuela está mal. Y lo que es peor: Venezuela está sola.

Xavier Sala-i-Martin

lunes, 16 de febrero de 2009

Domingo negro para la libertad


Este domingo 15 de febrero será recordado como un día negro para la libertad en Venezuela y en América Latina, pues lamentablemente Hugo Chávez ganó, con el 54,4% de los votos, el referendo que le permitirá postularse indefinidamente para la Presidencia de ese país. Con ello, el teniente coronel podrá continuar con su terco experimento de hacer de Venezuela una nueva Cuba, sin notar que el mismo recorrido le está llevando al mismo resultado: desastre, hambre, pobreza, muerte, y destrucción.

En ASOJOD nos unimos a los individuos venezolanos que dieron una fuerte lucha contra la instauración de esta nueva forma de totalitarismo y nos comprometemos a no ceder en nuestro empeño de denunciar a estos populistas, estatistas y absolutistas que quieren concentrar todo el poder posible para hacer cumplir sus más vulgares fantasías y así limitar los derechos y la libertad de las personas.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Tragedia venezolana y latinoamericana


Un artículo del diputado José Merino (“¿Por qué Chávez?”, La Nación , 3/12/2008) sobre el régimen de Hugo Chávez en Venezuela debe ser desvirtuado ante la opinión pública costarricense por deformar groseramente la realidad de mi país.

Argumenta el diputado Merino que Hugo Chávez ha llevado a cabo once elecciones y ha ganado “limpiamente” diez de ellas. Debo decirle que lo de “limpiamente” no es verdad. Hugo Chávez ha poseído todos estos años el control político del Consejo Nacional Electoral. Las campañas para cada elección han sido modelo de abusos de poder por parte de Chávez, el cual encadena a su capricho los medios de comunicación para hacer su propaganda y utiliza sin ningún reparo fondos estatales para promover sus campañas y desvirtuar a sus oponentes.

Condiciones para la democracia. Pero más allá de esto, el diputado Merino debería saber que las elecciones transparentes son condición indispensable pero no suficiente para que un gobierno pueda ser definido como democrático. Se requiere, además, una separación efectiva de poderes, una rendición sistemática de cuentas al pueblo, una alta transparencia en el manejo de las finanzas públicas, respeto a la disidencia política y un tratamiento equitativo ante la justicia para todos los ciudadanos. Ninguno de estos requisitos ha estado presente en los diez años de régimen autocrático de Hugo Chávez, y ello es fácilmente comprobable.

Se refiere Merino a los “logros” sociales del régimen chavista. Es necesario comenzar por decir que Chávez ha recibido ingresos del orden de los $600.000-700.000 millones –nadie sabe exactamente cuánto– durante sus diez años en el poder. El gasto público se ha incrementado de un 18% del PIB en 1999 a un 30% en el 2006. Sin embargo, afirma el brillante economista venezolano Francisco Rodríguez, profesor en Wesleyan University y exasesor de Economía del Congreso Nacional en Venezuela, la desigualdad social, medida por el coeficiente de Gini, ha aumentado bajo Chávez, al pasar de 0,44 en el 2000 a 0,48 en el 2005. En esta evaluación negativa concuerdan dos otros excolaboradores chavistas de mucho prestigio en Venezuela: Felipe Pérez Martí (exministro de Planificación de Chávez) y Domingo Maza Zavala (director del Banco Central de Venezuela). La política de Chávez ha sido la de repartir peces, pero no enseñar a pescar.

Estrepitosa caída. Sin embargo, no solo en la desigualdad social estamos peor. En 1999, un 8,4% de los niños recién nacidos en Venezuela estaban bajo peso. En el 2006 es el 9,1%. Los hogares sin agua corriente han aumentado del 7,2% en 1999 al 9,2% en el 2006 y las casas con pisos de barro han pasado a representar el 6,8% en comparación con el 2,5% de 1999. El presupuesto combinado del régimen de Chávez para educación, salud y vivienda representa el 24% del PIB, en comparación con el 26% durante los 8 años anteriores a Chávez. Al contrario de lo afirmado por Merino, el puesto de Venezuela en el Índice de Desarrollo Humano elaborado por las Naciones Unidas ha sufrido una estrepitosa caída, al pasar del número 43 en 1999 al 76 hoy en día.

Los índices de corrupción de Transparencia Internacional colocan a Venezuela en el último lugar del hemisferio, junto a Haití, mientras que los índices de competitividad y gobernabilidad generados por el Banco Mundial también colocan a Venezuela en uno de los últimos lugares, junto a algunos países de África. La llamada revolución social de Hugo Chávez ha sido más propaganda vacía que otra cosa.

Una mentira escandalosa del régimen chavista ha sido decir que el analfabetismo ha desaparecido en Venezuela, gracias a la revolución. El último informe de la Unesco establece la verdad: la tasa de analfabetismo en Venezuela en el 2007 es idéntica a la de 1999, el 7%. Más tristemente aún, el 15% de estos analfabetos tienen entre 15 y 24 años, es decir, crecieron durante estos diez años chavistas sin ser educados en lo más básico.

La tasa de mortalidad infantil durante el régimen de Chávez ha declinado en un 3,3% anual, lo mismo que declinaba antes de la llegada de Chávez al poder. Mientras tanto, en Chile declina al 5,3%, y en México, al 5,2%, excepto que en ninguno de estos países ha sido necesario tener una “revolución”.

La inflación venezolana este año será del 40%, la más alta en América Latina. Cerca de 14.000 venezolanos morirán violentamente en las calles del país. Mientras tanto, los venezolanos hacen colas de tres horas o más para comprar los alimentos más esenciales. Venezuela está gastando más de $40.000 millones al año en importar hasta lo más elemental, porque la insensata política agrícola de Chávez (invasiones de fincas productivas) e industrial (estatificación de empresas productivas sin pago de indemnización) y su control de cambios instalado hace seis años ha causado el cierre de la mitad de la capacidad productora del país. Según el Banco Central de Venezuela (manejado por Chávez) el índice de escasez de algunos alimentos básicos durante el 2007 en Venezuela fue del 86% (sardinas), 85% (cereales) y 65% (leche).

Manejo criminal. El manejo que Hugo Chávez ha hecho de nuestros recursos financieros ha sido criminal. Durante los últimos seis años ha dado a líderes amigos de otros países unos $30.000 millones. Solo a Fidel Castro le ha dado unos $14.000 millones en petróleo, casas y dinero en efectivo. Miles de millones han ido a los gobiernos de Evo Morales, Rafael Correa, los Kirchner, Daniel Ortega, entre otros. Esto no es “generosa ayuda exterior”, como lo define algún desprevenido presidente Nobel latinoamericano con reputación de demócrata, sino vulgar soborno y malversación del dinero que pertenecía a los venezolanos y que nunca más veremos.

Las instituciones de Venezuela, desde la empresa estatal Petróleos de Venezuela hasta el Ejército, pasando por el Consejo Nacional Electoral, el Tribunal Supremo de Justicia y la Asamblea Nacional, se encuentran en el bolsillo del autócrata, hasta el punto de que los contrapesos institucionales, que son esenciales para la democracia, han desaparecido.

El diputado Merino dirá si ese es el tipo de país donde a él le gustaría vivir. Sería bueno que los costarricenses lo supieran.


Gustavo Coronel

domingo, 16 de marzo de 2008

Mambrú se iba a la guerra


Si un psiquiatra decidiera aplicar su ciencia a los problemas políticos de América Latina, hablaría del “síndrome Galtieri” para explicar el último desvarío de Hugo Chávez. Galtieri, como es sabido, fue el presidente de la Junta Militar argentina que decidió la invasión de las islas Malvinas en abril de 1982. Con esta aventura bélica buscaba alborotar el nacionalismo de sus compatriotas y encontrar de este modo sesgado razones de apoyo popular para su agónico gobierno. Lo que produjo fue una catástrofe y su propia caída.

De igual manera, al amenazar a Colombia por un problema que no le concierne, al expulsar a sus diplomáticos y enviar a las zonas fronterizas diez batallones, el presidente Chávez buscaba ocultar tras los estrépitos y resplandores de un conflicto externo los agudos problemas que tiene dentro de casa, creados por su incompetencia y sus extravagancias histriónicas. Los venezolanos están hoy afectados por una inflación que supera el 22%, por el desabastecimiento de productos básicos, por la fuga de capitales, el mercado negro, el desempleo, la inseguridad y la corrupción. La popularidad de Chávez, que en su mejor momento llegó al 65%, hoy se ha derrumbado a un 21%. Está quedándose sólo con sus fieles seguidores de boinas y camisas rojas.

Coartada. La coartada de fabricar un conflicto internacional tuvo o debió tener como sustento en él la furia que le produjo la muerte de “Raúl Reyes”. Dentro de su elemental escenografía política, Chávez ubica de un lado a los amigos del imperio y del otro a los amigos de la revolución; es decir, los que buscan como él instaurar en el continente su espectral socialismo del siglo XXI. “Raúl Reyes” pertenecía a estos últimos. Era un amigo.

Lo eran las FARC y no de ahora. Su relación con ellas se estableció desde 1995, cuando Chávez adhirió al Foro de São Paulo, organización auspiciada por Fidel Castro y a la cual pertenecían, además de grupos o partidos de extrema izquierda continentales, las FARC y el ELN de Colombia.

Con esa previa relación, que suponía total identidad ideológica y comunidad de objetivos, no es de extrañar que las FARC acabaran por recibir un encubierto apoyo del gobierno presidido por un antiguo compañero de ruta, apoyo que se traduce en hospitalidad en su territorio para campamentos guerrilleros, recursos financieros y en armas, como lo han demostrado recientemente los documentos extraídos de los computadores de “Raúl Reyes”.

¿Guerra con Colombia? ¿Quería realmente Hugo Chávez una guerra con Colombia? Sí, dice su amigo de otros tiempos, el general Raúl Isaías Baudel, fundador con él del Movimiento Bolivariano Revolucionario y su ministro de Defensa hasta julio del año pasado. “Pero Chávez – dice Baudel – quiere ir a la guerra como Mambrú: solo. Porque a la guerra no sólo van generales y almirantes. Van mandos medios, oficiales y suboficiales que razonan y saben que no ha habido una agresión contra nuestro país. Las razones son ficticias. El pueblo venezolano, del que las fuerzas armadas forman parte, lo sabe”.

De su lado, el presidente del Ecuador Rafael Correa ha protestado en la OEA y en la cumbre de Santo Domingo por la incursión colombiana en su territorio, y su reclamo sería válido si no hubiese permitido que “Raúl Reyes” estableciera allí, tranquilamente, su campamento. Tranquilamente, también, lo visitaba el ministro Larrea. En realidad – decía el diario español ABC en una nota editorial– el gobierno ecuatoriano debe (por esta razón) más explicaciones que el de Bogotá.

La verdad es que Correa y Hugo Chávez, además del rústico Daniel Ortega, nunca han visto como terroristas a los autores en Colombia de atroces masacres, atentados, secuestros, tráfico de droga o siembra de minas que han dejado más de tres mil inválidos, entre ellos 600 niños. Considerándolos como camaradas que comparten su sueño revolucionario, los apoyan.

Es la verdad que ahora sale a luz. En vez de dar explicaciones por ello, se apresuraron a empujar tropas, tanques y amenazas a las fronteras de Colombia. Increíble: los ofensores que han protegido a las FARC jugaron el papel de ofendidos. Menos mal que todo terminó en una escena algo histriónica de abrazos, aunque la verdad quedó ahí, en los computadores de “Raúl Reyes”.


Plinio Apuleyo Mendoza

domingo, 3 de febrero de 2008

¿Más recetas socialistas?


Durante las últimas largas décadas, en buena parte de la región latinoamericana se han aplicado con intensidad variada las recomendaciones socialistas con resultados siempre nefastos, especialmente para la gente más necesitada. Ahora, resulta que se anuncia como una novedad la implantación más intensa del colectivismo empobrecedor, para lo que hacen punta Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador con gobernantes trasnochados y discípulos del mandamás cubano.

Se han encaramado en el poder merced a una concepción tramposa de la democracia que hace tabla rasa con los derechos de las minorías. Recientemente, durante los años noventa, no fueron pocos los que se dejaron embaucar con etiquetas liberalizadoras pero, en gran medida, esos experimentos desembocaron en aumentos siderales en el gasto estatal, en la deuda pública y en la carga fiscal, al tiempo que surgieron casos de alarmante corrupción en el contexto de llamadas privatizaciones que significaron el traspaso de monopolios gubernamentales a monopolios privados.

Este cuadro de situación impulsó a muchos partidarios de corrientes de pensamiento de izquierda a señalar un quiebre más marcado respecto de lo que equivocadamente consideraron (y consideran) políticas liberales. De más está decir que los efectos negativos del estatismo no se combaten con más estatismo sino revirtiendo el camino.

Los extremos de esta lamentable situación fueron Fujimori en Perú, Menem en Argentina y Salinas de Gortari en México, con el agravante del desconocimiento más palmario de la división horizontal de poderes y el desvergonzado copamiento de los organismos de contralor republicano.

El momento que nos toca vivir sirve para refutar a los distraídos que alegremente sostuvieron que a partir de la caída del muro de la vergüenza en Berlín, era inexorable e irreversible la terminación del socialismo. Esto no es más que un torpe marxismo al revés. Tal como ha enseñado Popper, en los sucesos humanos no hay tal cosa como las leyes inexorables de la historia. Todo depende de lo que seamos capaces de hacer cada uno de nosotros todos los días.

Con todos los experimentos truculentos de los megalómanos ingenieros sociales para fabricar “el hombre nuevo” y otras sandeces, a esta altura de los acontecimientos no resulta fácil explicar la insistencia en las fallidas recetas del autoritarismo socialista. Salvo honrosas excepciones, en las universidades se siguen repitiendo machaconamente las virtudes del positivismo jurídico como si no existieran puntos de referencia extramuros de las normas promulgadas por el legislativo, se sigue insistiendo en que el aparato estatal debe tratar a sus congéneres como animales imponiéndoles retenciones al fruto de sus trabajos obligándolos al aporte para sistemas quebrados y absurdos de jubilaciones que sorprenden a cualquiera que tenga alguna remota idea de interés compuesto, se sigue manipulando el mercado laboral que no permite productividades elementales y se sigue pensando que constituye una gracia mayúscula el cerrarse al mundo en una enfermiza autarquía alambrada para adquirir bienes mas caros y de peor calidad.

Entre otros, el caso argentino exhibió un notable progreso desde su organización nacional hasta que hicieron estragos los populismos y las demagogias, primero en la década del treinta y mucho mas intensamente a partir de la década siguiente. Antes de eso último, los salarios de los peones rurales y de los obreros de la incipiente y floreciente industria eran superiores a los de Suiza, Alemania, Francia, España e Italia. La población se duplicaba cada diez años. Las exportaciones estaban a la altura de las de Canadá y Australia y con teléfonos per capita y líneas férreas en relación a la población eran igual que en Estados Unidos. En el centenario —1910— la Academia Francesa comparó los debates parlamentarios en aquel país con los que se llevaban a cabo en el seno de esa corporación debido a la cultura que ponían de manifiesto diputados y senadores.

Alexis de Tocqueville en su obra sobre el antiguo régimen y la Revolución Francesa conjetura que los países que han mostrado gran progreso moral y material, tienden a dar eso por sentado. Momento fatal, porque es allí donde ocupan los espacios vacantes otras corrientes intelectuales. Para bien de los que vivimos en esta región latinoamericana, es de desear que se recapacite y se abandone el uso de fuerza para imponer desde el estado planificaciones atrabiliarias y se le de cabida a los bienhechores principios de la sociedad abierta.

El ex marxista Bernard-Henri Lévy apuntó en su libro Barbarie con rostro humano: “He dicho que el socialismo es un engaño y una decepción; cuando promete, miente, cuando interpreta, yerra”. El socialismo es “el crematorio de la libertad” como bien ha dicho el gran Jean-Francois Revel. Recluta incautos y canallas para alimentar la insaciable voracidad del poder.

Alberto Benegas Lynch

miércoles, 30 de enero de 2008

La generosidad de Chávez


Al tiempo que Venezuela pierde posiciones entre las economías del orbe, ocupando el puesto 28 entre 29 países de América y su inflación acumulada de 13,6 por ciento es la mayor del continente --lo que la ha llevado a fijar precios a los artículos básicos de la canasta familiar como la leche, el pollo, la carne y el azúcar--, el teniente coronel sigue despilfarrando en el exterior, alimentando a extremistas afines a su ideología y sustentando a sus aliados con préstamos multimillonarios. Chávez está regalando en América Latina más dinero que los Estados Unidos. The Associated Press indicó que para 2007 prometió más de 8.800 millones de dólares en donaciones y financiamientos, pero no se sabe con certeza cuánto realmente dio ni a dónde fue a parar el dinero.

La ayuda norteamericana se maneja con controles fiscales y objetivos específicos, que hacen que su cooperación no sea grotescamente visible como la del venezolano, que es usada de cartel publicitario para el régimen bolivariano. Estados Unidos es quien más aporta al BID y al Banco Mundial, que entregan los fondos a las naciones necesitadas, condonando habitualmente la deuda de los países más pobres como Bolivia, Nicaragua, Honduras, Guayana y Haití a los que les perdonaron el pago de 7.500 millones de dólares en los últimos tres años.

Mientras el militar neocomunista sigue ganando terreno afianzándose como jefe máximo de los incautos latinoamericanos, 25 por ciento de los 26 millones de venezolanos subsiste con menos de tres dólares diarios. Gran parte del capital distribuido en Latinoamérica es utilizado para sobornar a individuos con cierto liderazgo que no se vendieron inicialmente al chavismo. En Bolivia, el alcalde del pequeño pueblo de San Lorenzo, entre otros intendentes, recibió un cheque del embajador venezolano por 427.000 dólares para construir un nuevo mercado agrícola. La entrega se hizo sin condiciones, como si fuese un obsequio personal, pero en la política y en los negocios no hay almuerzos gratis, la factura, más temprano que tarde, les va a llegar a todos, y Chávez recurrirá al chantaje u otros métodos coercitivos, legales o ilegales para recuperar sus inversiones con apariencia de donativos. A quien más ha entregado hasta el momento es a la monarquía Kirchner, 5.100 millones de dólares a cuenta de bonos del estado, ante lo que el periódico Scotts News citó mordazmente: “Argentina es la mejor democracia que el dinero puede comprar”.

La nueva propuesta continental de Chávez es la creación del “Banco del Sur”. Como capital inicial para su formación piensa utilizar las reservas internacionales de Venezuela. Simultáneamente, el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social venezolano (Bandes) se está expandiendo a Bolivia, Uruguay, Honduras, Guatemala, Haití y Nicaragua, brindando préstamos blandos. A los agricultores nicaragüenses les cobra sólo cinco por ciento de interés, en comparación con el 35 por ciento que exige la banca privada.

Por si sus marionetas se desploman, y sus intereses políticos y económicos llegasen a tambalear, el Stalin bananero está importando asesinos del Medio Oriente y sosteniendo financieramente a delincuentes, mercenarios, líderes barriales, piqueteros, políticos, militares de baja ralea y tropas enteras de individuos de peligroso pedigrí, con quienes está conformando células que le obedecen directamente, y serán usadas para cometer atentados terroristas, asesinatos, robos y secuestros, que desestabilizarán cualquier opción de gobierno ajeno al chavismo.

Al desbocado paso que anda el locuaz demagogo, Venezuela pronto estará en la bancarrota. Los primeros en asumir las consecuencias serán los venezolanos, a quienes les elevará sus impuestos y el 1 de enero le borró tres ceros al bolívar para disimular su desplome. Con sus hermanos árabes subirá el valor del petróleo. Exigirá mayor participación y control en las compañías en las que está de socio. Nacionalizará lo que tenga a su alcance, comenzando por los bancos españoles, continuará con las empresas rentables, y por último, para consolidar su poderío sobre sus colonias, es probable que emplee la fuerza militar, como amenazó reiteradamente, intentando defender al cada día más débil Morales, que es su adquisición más importante. 2008 se perfila como un año de peligrosos conflictos.


José Brechner

martes, 29 de enero de 2008

Libertad o democracia


El neosocialismo inaugurado por Hugo Chávez y Fidel Castro en América Latina no habría sido tan nefasto para los pueblos si se apoyara en la democracia liberal vigente en el mundo durante los últimos 150 años, en lugar de una “democracia mayoritaria” con poderes ilimitados, una suerte de “régimen popular” como el fantasma que se extiende por nuestro continente, desde Nicaragua a Tierra del Fuego. No es fácil encontrar por ello otra solución al temerario populismo predominante y que día a día gana impulso con los grupos de presión, si no es fortaleciendo la libertad, el derecho a la vida y la búsqueda de la felicidad, valores tradicionales del liberalismo clásico.

En Venezuela, la seudo democracia mantiene una tramposa “legitimidad moral” que le permite burlarse de las instituciones democráticas venezolanas y de la región, manejar abusivamente los fondos públicos y recursos naturales del país, dilapidar los ingresos del petróleo en medio de la miseria, extender la corrupción de un extremo al otro del gobierno y exigir a la legislatura poderes extraordinarios como la reelección indefinida. Pero ni Chávez ni sus secuaces lograrán legitimidad democrática por ser electos cabecillas de los “40 ladrones”, en un Estado corrupto hasta los tuétanos.

Los abusos de una tiranía que comienza no son diferentes a los abusos de un dictador en ciernes como Chávez, que desconoce los valores de la libertad. Solo en un gobierno estrictamente limitado por la vigencia de los derechos individuales se puede decir que hay libertad. Es inútil insistir que pueblos sometidos –como Irak, Irán, Venezuela o Bolivia– voten en elecciones limpias y transparentes, como pretende EEUU, para comprometerlos a seguir una conducta democrática.

Ninguna elección puede revertir o legitimar una represión, como creen algunos demócratas. Antes es preciso valorizar la libertad individual.

El neosocialismo ha vuelto a pervertir la función del gobierno, como la socialdemocracia anteriormente. Esta función no es simplemente la de hacer cumplir la “voluntad del pueblo”. Su función primigenia en toda República requiere proteger los derechos individuales a la vida, libertad y propiedad, no a destruirlos. Esta es la razón por la que se crean los mismos. Por eso, cuando los gobiernos no cumplen sus funciones, las personas pueden destituirlos y cambiarlos por otros que protejan los derechos individuales.

Una legislatura que para satisfacer los deseos de una mayoría ocasional decide expropiar o confiscar los derechos de propiedad de una o más personas para cumplir su “función social”, en lugar de proteger a las personas, atropella sus derechos inalienables y cae en el populismo y los abusos, como está ocurriendo con la reforma agraria de Chávez y su área de influencia ideológica. Lo mismo sucede cuando los gobernantes dilapidan los ingresos del petróleo, energía eléctrica u otros recursos naturales para subsidiar a partidarios políticos y financiar campañas electorales en otras latitudes.

En todas partes, muchos demócratas han quedado atrapados con esta maldición del neosocialismo. Pretenden legitimar todos sus resultados electorales y no pueden darle la espalda a elecciones ya realizadas supuestamente en condiciones relativamente libres. Gracias a ello, terroristas, asesinos, guerrilleros, narcos, todos se valen del sistema seudo democrático para comprometer a las potencias occidentales con establecer treguas, ayuda militar, ayuda externa.

América Latina no es un continente de libertad. No tiene una tradición libertaria. Estamos muy habituados a confundir libertad individual con democracia y a reconocer como legítimos gobernantes a caudillos, déspotas y corruptos. Si nuestro mundo latinoamericano alguna vez logra desembarazarse de las tiranías populistas, será preciso restablecer la sagrada tradición del liberalismo clásico y su defensa irrestricta de la vida, la libertad y la propiedad.

Porfirio Cristaldo Ayala

jueves, 24 de enero de 2008

Más carroña de Chávez


Después de la absurda teatralización de un tema tan espantoso como es el secuestro de personas, realizado sistemáticamente por las FARC en territorio colombiano, uno se pregunta como es posible que un gobernante como el venezolano pueda hacer alarde de liberaciones cuando, simultáneamente, canta loas al régimen tiránico de Cuba cuyo gobierno a contribuido en todo momento a organizar guerrillas terroristas en diferentes partes del mundo. No solo eso, sino que el coronel bolivariano concuerda con los sistemas colectivistas-totalitarios patrocinados por las bandas terroristas de marras.

No es posible admitir payasadas en asuntos graves donde le va la vida a la gente pacífica y honrada. Toda persona de bien debe celebrar el fin de cautiverios inauditos pero no puede tomarse seriamente un hipócrita y paranoico doble discurso rayano en el escupitajo a la inteligencia.

Ahora se aclara la situación con las declaraciones formuladas por el mandamás del Orinoco, nada menos que en la Asamblea Legislativa a raíz de su informe del año que acaba de finalizar. En esa ocasión manifestó que deben borrarse a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) como guerrilleros terroristas ya que eso constituiría un invento grotesco de Estados Unidos.

Textualmente sentenció que “no son ningún grupo terrorista, son verdaderos ejércitos que ocupan espacio en Colombia, hay que darles reconocimiento, son fuerzas insurgentes que tienen un proyecto político, un proyecto bolivariano que aquí es respetado” a lo que naturalmente le replicó el ministro del interior colombiano al afirmar que la calificación de terrorista no es caprichosa sino que deriva de los actos terroristas de las mencionadas bandas criminales. Lamentablemente hay otros gobierno cómplices del terrorismo que apoyan directa o indirectamente al estridente patrocinador del inaudito y reiterativo socialismo rebautizado como “del siglo xxi”.

La droga producida en la zona de influencia de las FARC sale a Europa vía Venezuela y el gobierno de este país entrega armas al grupo terrorista. El coordinador venezolano del operativo para liberar a dos de las rehenes, Ramón Rodríguez Charín, les ha dicho públicamente a las FARC: “mantengan el espíritu... cuenten con nosotros”, al tiempo que Chávez insiste en que las relaciones diplomáticas con Colombia solo se regularizarán si abandonan la tipificación de terrorista para catalogar al mencionado grupo.

Tras todos estos episodios está presente la macabra idea de imponer las asfixiantes mortajas para beneficio de una casta de sicarios que pretenden manejar a sus congéneres como despreciables esperpentos y resacas destinadas al subsuelo mas horripilante y degradante que pueda concebir la imaginación. Este es el “proyecto político” del terrorismo. El respeto recíproco tan caro a la sociedad abierta es completamente desconocido por esta lacras subhumanas que se regodean con el padecimiento ajeno.

El eje central de una sociedad de hombres libres es la tríada reconocida desde tiempo inmemorial: el derecho a la vida, a la propiedad y a la libertad. La propiedad privada entrelaza los otros dos derechos ya que no hay vida si no hay la posibilidad de sustentarla ni hay libertad si no resulta posible usar y disponer de lo propio (ni justicia, ya que según la célebre definición de Ulpiano consiste en “dar a cada uno lo suyo”). Es por esto que Marx y Engels en el Manifiesto Comunista de 1848 escribieron que “todo el programa se puede resumir en esto: la abolición de la propiedad”. En esto se está precisamente en Venezuela . Tenemos que ejercitarnos en el espíritu independiente y no adoptar el triste rol de simple eco que demandan los Hugo Chávez del momento, porque como ha dicho Viktor Frankl “el fanático no posee opinión: es la opinión la que lo posee a el.”

Alberto Benegas Lynch

martes, 8 de enero de 2008

Ecuador: ¿Fascismo del siglo XXI?


Los regímenes autoritarios necesitan tener en su bolsillo a los militares y el Ecuador socialista del siglo XXI no es la excepción. Durante el primer año del gobierno de Rafael Correa ya hemos visto suficiente coqueteo entre el Presidente y las Fuerzas Armadas Ecuatorianas (FF.AA.) para concluir que lo que se busca es tenerlas de aliadas.

Desde octubre del presente año una politización acentuada de las FF.AA. se volvió obvia cuando el comandante de la marina Vicente Arellano declaraba que las FF.AA. comprendían el cambio que vive el país con el gobierno de Correa y que lo respaldarían. No debería sorprender que a penas dos meses después el Presidente premió a la marina con Petroecuador, movida similar a la del caudillo del Orinoco que le entregó PDVSA a los militares de su país. Asumo que el Presidente o no sabe o no le importa que los marinos no estén preparados para administrar el negocio petrolero, al igual que unos geólogos e ingenieros petroleros no están preparados para pilotear destructores y submarinos.

Con la compra de esos aliados el actual gobierno también entrega más poder a individuos que por la naturaleza de su misión—garantizar la seguridad nacional—no tienen formación democrática.

“Vuestro deber como miembros de las Fuerzas Armadas es aportar al desarrollo comunitario, a la minga del civismo, a la ética de la palabra y del pensamiento, a proteger a la madre tierra, sin devoción por la Pacha Mama no hay futuro”, afirmó Correa, en un discurso en julio de este año. Esta cita demuestra una concepción del deber de las FF.AA. mucho más amplia de la que se contempla en la Constitución de 1998—la cual todavía estaba vigente hasta el 29 de noviembre de 2007.

Según ese documento: “Las Fuerzas Armadas tendrán como misión fundamental la conservación de la soberanía nacional, la defensa de la integridad e independencia del Estado y la garantía de su ordenamiento jurídico”.

Aunque los regímenes militares se acabaron en 1979 cuando el Ecuador volvió a ser una democracia, las FF.AA. han conservado un poder económico y político poco común y recomendable en una república democrática.

La constitución de 1967 creó el marco institucional que permitió que las FF.AA. sean propietarias y administradoras de tantas industrias propias del sector privado—en una cantidad no vista en otro país del hemisferio. Esto, mientras que es sorprendente para los extranjeros, es ignorado por la gran mayoría de los ecuatorianos. Para que tenga una idea de lo que estoy hablando en Ecuador los militares son dueños de una aerolínea (TAME), una flota petrolera (FLOPEC), una empresa de acero (ANDEC), una bananera (DINEAGRO), una constructora de viviendas (DINMOB), una empresa de seguridad privada (SEPRIV), entre muchos otros negocios. Algunas de estas empresas compiten en el mercado bajo condiciones privilegiadas.

Las FF.AA. ya violaron lo que era su mandato constitucional bajo la Constitución de 1998 al no garantizar “el ordenamiento jurídico”. Sin ellos, la destrucción del Estado de Derecho y el establecimiento de un régimen autoritario en Ecuador este año no hubiera sido posible pues han tomado parte, ahora, han declarado su respaldo a las decisiones de la Asamblea Constituyente con poderes dictatoriales.

El Socialismo del Siglo XXI, como lo hemos visto hasta ahora en Bolivia, Ecuador y Venezuela, requiere ser militarista para imponer su proyecto político, que al igual que el fascismo implica estatismo ilimitado. La insaciable concentración de poder coincide con el pensamiento de Mussolini: “Todo en el estado, nada fuera del estado, nada en contra del estado”.

Gabriela Calderón