Mostrando las entradas con la etiqueta plan escudo. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta plan escudo. Mostrar todas las entradas

lunes, 25 de julio de 2011

Tema polémico: Plan Escudo y empleo público


Una importante causa de la crisis financiera actual de la Caja Costarricense del Seguro Social es el desproporcionado aumento de 10.956 puestos de trabajo entre los períodos del 2005 al 2010. Este aumento en plazas responde al famoso Plan Escudo de don Oscar Arias para, supuestamente, combatir las consecuencias de la crisis financiera mundial.

Como ya lo hemos denunciado en ASOJOD en varias ocasiones, la mayoría de las medidas implementadas del Plan Escudo para lo único que sirvieron fue para dejar a al Estado con uno de los déficit fiscales más altos de la región y, como ha quedado en evidencia en las últimas semanas, también las demás instituciones del Estado, como la CCCSS, que ha quedado al borde la quiebra. No entendemos como alguien tan preparado como don Oscar Arias y el resto de su equipo keynesiano nunca logró comprender el simple hecho de que el dinero no crece en los árboles y cualquier aumento en el gasto estatal tiene que salir, tarde o temprano, del bolsillo de todos los costarricenses. Quizá precisamente por ser keynesianos.

Aún muchos analistas defienden el Plan Escudo, aduciendo que si el Estado no hubiera contratado a las personas desempleadas del sector privado a causa de la crisis financiera, los efectos de la misma sobre el país hubiesen sido nefastos. Ciertamente la crisis financiera mundial obligó al sector privado en Costa Rica a disminuir sus planillas. Se perdieron alrededor de 41.000 puestos de trabajo entre setiembre del 2007 y abril del 2009. Pero, como ocurre en todas las crisis, la recuperación viene acompañada de un efecto acelerador (entre setiembre del 2009 y abril del 2010 se recuperaron casi 35.000).

Obviamente, los países con mejor clima empresarial son aquellos que salen ganadores luego de una crisis. En Costa Rica, en lugar de asegurar mejores condiciones para el sector privado, de modo que pudiera salir de la crisis con mayor facilidad, se tomó la decisión de aumentar las planillas en el sector público injustificadamente e incrementar el gasto, al tiempo que se envió un nuevo paquete de impuestos al Congreso que, de ser aprobado, enterrará todo esfuerzo por generar empleo y riqueza.

Ver el trabajo como un fin en sí mismo es el peor error que se puede cometer. Un incremento en el empleo siempre tiene que responder a una necesidad. Por ejemplo, la CCSS aumento su planilla en casi 11.000 empleados, pero esto no se vio reflejado en una mejora en el servicio brindado. Entonces ¿qué beneficio recibieron los costarricenses con esos empleados de más? Ninguno. Por el contrario, se perjudicaron, pues tendrán que pagar, con sus cuotas, los salarios y gollerías que adquieran esos trabajadores.

Claro, en aquel entonces pareció como una buena idea pero es ahora, que el Estado tiene un déficit insostenible y las instituciones públicas están en crisis, que estamos viendo las consecuencias. Lo único que logró don Oscar Arias con su Plan Escudo fue posponer los efectos de la crisis unos cuantos años y tirarle las consecuencias a la próxima Administración. A menos que se reviertan estas medidas por medio de una significativa disminución del gasto público (y sí, lo decimos abiertamente, eso implica disminuir planilla pública vía despidos), el Gobierno tendrá que cubrir esto por medio de impuestos poniendo aún más en riesgo la actividad económica del país. Ahora las consecuencias podrían ser más graves que las que hubieran sucedido si no se hubiera puesto en marcha el Plan Escudo de don Oscar.

lunes, 7 de febrero de 2011

Tema polémico: las consecuencias indirectas del Plan Escudo


El economista Henry Hazlitt en su libro “Economía en una Lección” (uno de los libros de economía más vendidos en la historia) expone que el arte de la economía consiste en mirar no solo los efectos inmediatos sino también aquellos que surgen a mediano y largo plazo de cualquier política y no sólo para un grupo sino para todos los grupos de personas. ¡Que maravilloso hubiera sido que don Oscar Arias se hubiese leído este libro antes de sacar adelante su famoso Plan Escudo!

Con la excusa de la crisis financiera mundial en el 2008, Arias incrementó el gasto del Gobierno en forma desmedida y, peor aún, aumentando partidas de gasto como empleos y pensiones que luego no se pueden revertir con facilidad. Esto trajo como consecuencia un déficit fiscal que cerrará este año por encima del 5% del PIB y que será uno de los más altos de todo Latinoamérica. Lo que en un principio se veía como algo bueno, dado que con este Plan se dotaría de empleo a muchas personas despedidas por la empresa privada a causa de la crisis, luego de un tiempo vislumbró las consecuencias a mediano y largo plazo: estas contrataciones implicaron un aumento en el gasto del Estado injustificado que, ahora, en el gobierno de doña Laura Chinchilla pretenden resolver incrementando los impuestos.

El principal problema del empleo público es que, en muchas ocasiones, es generado no en respuesta de una necesidad clara (por ejemplo, las calles no son seguras y es necesario contratar más policías) sino que el empleo por sí mismo el fin y nada más. Se le da empleo a la gente con el simple propósito de que sigan obteniendo salario para que puedan seguir gastando. Lo que no se considera es que ese empleo no genera valor alguno a la sociedad y obliga a los contribuyentes a pagar por algo sin sentido. Si no le hubieran quitado ese dinero a los contribuyentes para empleos sin sentido, probablemente esa misma plata la hubieran gastado en necesidades reales que hubieran colaborado con la economía verdaderamente y hubiera surgido la necesidad de contratar a esas personas que estaban desempleadas en un principio. En otras palabras, el Plan Escudo no favoreció al crecimiento de la economía.

Ahora doña Laura pretende financiar este gasto totalmente ineficiente cargándole más impuestos a los costarricenses y desincentivando aún más el crecimiento de la economía. Esto es un clarísimo fomento a la ineficiencia. Contrario a esto, lo que debería hacer doña Laura es quitar los empleos, instituciones y demás gastos que no generan ningún valor agregado en el sector público. De esta manera se podría disminuir la carga tributaria sobre las personas y este dinero adicional lo podrían utilizar en necesidades reales que fomenten la generación de mayor empleo (empleo de verdad). Lo que necesitamos en este país es una mejor administración del gasto público, no más gasto ni más impuestos.

Lástima que algo tan sencillo no quepa en la cabeza de los políticos costarricenses.

martes, 21 de abril de 2009

¿Cómo evitar y salir de las crisis financieras?



Cuando en el 2001 EEUU entra en un periodo de desaceleración económica, el Gobierno reaccionó con una política monetaria de crédito fácil (o irresponsable) que se tradujo en una reducción de las tasas de interés del 6.50% en enero del 2001 al 1.00% hacia el 2004. Dadas las condiciones reales de la economía de los EEUU, esta reducción era artificial; es decir, insostenible y se sabía que eventualmente debían subir. Con la reducción artificial en las tasas de interés, el gobierno “estimuló” e indujo deliberadamente a las personas a contraer deudas hipotecarias que empezaron a ser imposibles de pagar una vez que las tasas empezaron a subir y alcanzaron niveles de 5.25% a mediados del 2006.

Esto fue lo que causó la crisis inmobiliaria en los EEUU. Cuando subió la tasa de interés, ya muchos no pudieron pagar la hipoteca y el valor de los bienes raíces cayó dando origen a la crisis bancaria. Esto no es falla del mercado ni de la libertad económica sino del gobierno. La riqueza no se genera con una reducción artificial de las tasas de interés por parte del gobierno ni con una expansión mágica del crédito o del gasto público sea por medio de la Banca Central o del Tesoro.

Es necesario observar que en 1912 (hace casi un siglo), el economista Ludwig Mises, exponente de la corriente Escuela Austriaca de Economía pronosticó la actual crisis financiera en su libro “The Theory of Money and Credit” cuando expresó: “El demagogo no se molesta por las consecuencias remotas de sus políticas. Él escoge inflación y expansión del crédito a pesar de que sabe que el boom creado es de corta duración y que inevitablemente debe acabar en desplome”.

Sin embargo, si bien es cierto que la crisis financiera en los EEUU se empezó a gestar con la reducción de las tasas de interés, el papel que desempeñaron dos entidades financieras hipotecarias fue fundamental para agravar la crisis. Estas entidades son Fannie Mae (Federal National Mortgage Association) y Freddie Mac (Federal Home Loan Mortgage Corporation) que son de origen privado pero con patrocinio estatal muy importante. Estas entidades, al tener patrocinio político, usaron criterio político para cumplir sus objetivos de suplir de liquidez a las entidades prestamistas de hipotecas y de otorgar garantías hipotecarias.

Fue así como para el tercer trimestre del 2007 ambas instituciones llegaron a garantizar, o a tener derechos, sobre más del 50% de todas las hipotecas de los EEUU, con un valor de deuda de US$5.2 billones que en el 2003 apenas era de US$1.2 billones. Por ser entidades de patrocinio político, se pensó sólo en el corto plazo y se dieron varios descuidos con el fin de poder colocar más recursos con mayores niveles de riesgo. Uno de ellos fue que estas entidades operaron con menores niveles de reservas a los exigidos a las entidades privadas. Por tanto, no es de extrañar lo acontecido cuando las tasas de interés subieron.

El papel que jugaron en la crisis financiera las instituciones cuasi-gubernamentales de Fannie Mae y Freddie Mac es tal que en una entrevista que le hiciera Larry Kudlow, del programa Kudlow Reports de CNBC, a Stephen Harper, Primer Ministro de Canadá, este último afirmó que la solidez del sistema financiero canadiense se debe a que ellos no tienen instituciones financieras semejantes con participación del gobierno.

En los EEUU, el 2008 fue el año del desplome de las políticas de estímulo artificial de los años anteriores. Y, ¿qué hace el gobierno de los EEUU en este momento para salir de la crisis? ¡Increíblemente está haciendo lo mismo que dio origen a la misma! Las tasas de interés de referencia de la FED se han reducido nuevamente a partir de septiembre del 2008 y en diciembre de ese año alcanzaron niveles históricos a una banda que va de entre el 0.0 y el 0.5%. En abril del 2009, fecha en que se escribe esta nota, no ha habido modificación sobre las mismas.

Por otra parte, las tasas hipotecarias en los EEUU están en 4.96%, sus niveles del más bajos en toda la historia. ¿Cree el lector que son sostenibles las tasas de interés en los EEUU?

Por otra parte, existe un peligro inminente de repunte de la tasa de inflación de EEUU. Un programa de “estímulo” de la Reserva Federal de los EEUU está inyectando liquidez la economía con US$ 500 mil millones. Dicho incremento de la cantidad de liquidez empezó a mediados de enero y terminará el 30 de junio próximo que consiste en la compra de bonos hipotecarios. Y dado que la inflación, o aumento en el costo de la vida, es un fenómeno monetario, ¿qué pasará cuando este exceso de liquidez se traduzca en inflación y deban ajustarse a la alza las tasas de interés?

Y como si esto fuera poco, se está incrementando el gasto público usando recursos de los contribuyentes para rescatar a empresas ineficientes bajo el pretexto de que son muy grandes para dejarlas quebrar. ¿No serán estas empresas muy grandes para rescatarlas? Por definición, una empresa en quiebra no es capaz de generar ni inversión ni nuevas fuentes de empleo, ni siquiera aumentar los salarios. Sólo las empresas competitivas son las capaces de financiar inversión y transferencia tecnológica, de generar empleo y pagar salarios crecientes. No podremos estimular el crecimiento favoreciendo a las empresas ineficientes con los recursos de los contribuyentes. Debe quedar claro que ni la expansión artificial del crédito ni las políticas socialistas que implican la expansión del gasto público estimulan el sano crecimiento económico.

El eventual desplome de una política monetaria que estimule artificialmente la economía es inevitable y no existe regulación posible que lo evite. La crisis no es un problema de falta de regulación. Creer lo contrario es demagogia. Si los gobiernos continúan con políticas monetarias expansivas y reducciones artificiales de las tasas de interés, por más nuevas regulaciones que implementen, no podrá evitar un nuevo desplome.

Las sociedades siempre han sido consumistas y codiciosas. Si esta fuera la causa de la crisis entonces siempre estaríamos en crisis. El problema surge cuando el gobierno alimenta el consumo de manera artificial ya sea con reducción de las tasas de interés, expansión de la oferta monetaria sin respaldo o con un mayor gasto público. En fin, la crisis tuvo su origen con el intervencionismo estatal en la reducción artificial de las tasas de interés y por tanto es falla exclusiva del gobierno.

Decía Adam Smith en su obra “La riqueza de la naciones” que lo que es sano para una economía familiar también lo es para el gobierno. En época de crisis, se recomienda a las familias austeridad en sus gastos y evitar mayor endeudamiento. Y esto mismo es lo que deben hacer los gobiernos en periodos de crisis. El endeudamiento por parte del gobierno y sus programas de “estímulo” solo agravará la crisis. Así como en un pastel de recursos, a mayor tamaño sea la tajada que se lleve el gobierno, menos recursos quedan a disposición del sector privado. Le hago una pregunta al lector, ¿dónde genera mayor riqueza el capital? ¿En manos de un burócrata o en manos de los emprendedores privados? Para reactivar la economía el gobierno debe reducir impuestos y simultáneamente reducir sus gasto para liberar recursos al sector privado, único motor del desarrollo económico.

Si la causa de las crisis financieras tiene su origen en un manejo discrecional de la política monetaria, entonces para evitarlas la única solución posible es eliminar esta facultad discrecional que tienen los políticos de alterar a su antojo las tasas de interés y de expandir la oferta monetaria. Aquí hay tres opciones. La primera es diseñar un programa monetario donde el crecimiento de la oferta monetaria sea determinado según una regla de expansión, como por ejemplo siguiendo la propuesta de Milton Friedman, donde el crecimiento de la oferta monetaria se determina según el crecimiento del PNB de los últimos años. La segunda propuesta es también una regla monetaria y es volver al patrón oro tal y como lo propone Murray Rothbard. En este caso, la cantidad de dólares que imprima la FED será una función directa de las reservas de oro. Una última propuesta es cerrar los Bancos Centrales y entrar en un esquema denominado “free banking” tal y como existía siglos atrás en donde tanto la oferta como la demanda de dinero se determina en un mercado libre y competitivo.

José Joaquín Fernández
Instituto Libertad