
Lo primero que hay que señalar es que, al plantearse un “racionalismo critico” inmediatamente debemos inferir la existencia de otro racionalismo que difiere de este, es aquí donde entra el “racionalismo clásico".
La diferencia fundamental entre uno y otro es que, el racionalismo clásico se fundamenta en la certeza del conocimiento, es decir, en el conocimiento seguro e infalible, mientras que, el racionalismo crítico nos señala que no existe ningún conocimiento absolutamente cierto, porque el hombre puede siempre equivocarse en la solución de sus problemas. Por esta razón, el contenido de nuestro conocimiento sólo posee el status de presunción, de tal manera que la exigencia de un conocimiento seguro es, por tanto, irrealizable y todo saber es "hipotético", lo que no ha de conducir al relativismo, ya que el conflicto de las teorías permite por lo menos un saber aproximativo. Por eso, el racionalismo crítico renuncia a ese ideal de certeza y propugna un falibilismo, el cual establece como criterio limite entre ciencia y no-ciencia la refutabilidad de las teorías.
El racionalismo crítico ha tenido profunda influencia, como lo señaló Popper al final de ponencia titulada “La lógica de las Ciencias Sociales”,
Más allá del campo de la epistemología, el racionalismo crítico posee gran aplicación en nuestra vida, y he aquí lo importante. Él nos obliga a criticarnos sin piedad a nosotros mismos, a adelantar escenarios en los cuales nuestros argumentos y posiciones resultarían ser falsos, a entender, por tanto, que no hay nada seguro, ni siquiera nuestras propias posiciones ante la vida, que nuestro credo y expectativas pueden variar cuando el entorno nos ha demostrado que resultan ser falsos y sobre todo, a tener la humildad de aceptar nuestros errores, abandonarlos y empezar de nuevo, (método de ensayo y error). Como lo señala Popper en otro de sus libros recordando a Jenófanes:
La diferencia fundamental entre uno y otro es que, el racionalismo clásico se fundamenta en la certeza del conocimiento, es decir, en el conocimiento seguro e infalible, mientras que, el racionalismo crítico nos señala que no existe ningún conocimiento absolutamente cierto, porque el hombre puede siempre equivocarse en la solución de sus problemas. Por esta razón, el contenido de nuestro conocimiento sólo posee el status de presunción, de tal manera que la exigencia de un conocimiento seguro es, por tanto, irrealizable y todo saber es "hipotético", lo que no ha de conducir al relativismo, ya que el conflicto de las teorías permite por lo menos un saber aproximativo. Por eso, el racionalismo crítico renuncia a ese ideal de certeza y propugna un falibilismo, el cual establece como criterio limite entre ciencia y no-ciencia la refutabilidad de las teorías.
El racionalismo crítico ha tenido profunda influencia, como lo señaló Popper al final de ponencia titulada “La lógica de las Ciencias Sociales”,
“no sólo para las ciencias particulares, sino también para la filosofía, y que el malestar religioso y filosófico de nuestro tiempo, malestar que a todos nos atañe, sin duda, es en buena parte un malestar epistemológico-filosófico. Nietzsche lo llamó el nihilismo Europeo y Benda la traición de los intelectuales. Yo prefiero calificarlo como una consecuencia del descubrimiento socrático de que no sabemos nada, es decir, de que nunca podremos justificar racionalmente nuestras teorías. Pero este importante hallazgo, que entre otros muchos malestares ha dado lugar también al existencialismo, es sólo medio hallazgo; y el nihilismo puede ser superado. Porque aunque no podamos justificar racionalmente nuestras teorías ni evidenciarlas siquiera como probables, sí podemos al menos criticarlas racionalmente, Y podemos distinguir lo que es mejor de lo que es peor".
Más allá del campo de la epistemología, el racionalismo crítico posee gran aplicación en nuestra vida, y he aquí lo importante. Él nos obliga a criticarnos sin piedad a nosotros mismos, a adelantar escenarios en los cuales nuestros argumentos y posiciones resultarían ser falsos, a entender, por tanto, que no hay nada seguro, ni siquiera nuestras propias posiciones ante la vida, que nuestro credo y expectativas pueden variar cuando el entorno nos ha demostrado que resultan ser falsos y sobre todo, a tener la humildad de aceptar nuestros errores, abandonarlos y empezar de nuevo, (método de ensayo y error). Como lo señala Popper en otro de sus libros recordando a Jenófanes:
"Los dioses no nos revelan, desde el comienzo todas las cosas; pero en el transcurso del tiempo, a través de la búsqueda los hombres hallan lo mejor.Pero en cuanto a la verdad segura ningún hombre la ha conocido, ni la conocerá, ni sobre los dioses. Ni sobre todas las cosas de las que hablo y aun si por azar alguien dijera la verdad final, el mismo no lo sabría, pues todo es una maraña de presunciones."

