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miércoles, 4 de julio de 2012

Desde la tribuna: visitando, nuevamente, la Gobernabilidad

La existencia de una Junta de Notables, designada por el Poder Ejecutivo, muestra el grave quebranto de salud de la politica costarricense. Hasta ahora, la patraña de imputar al reglamento legislativo, a la revisión judicial y a la representación proporcional con minorías, los problemas nacionales, sigue desarrollándose, aún con lo ridícula que es, sin prometer soluciones a la impunidad de la jerarquía gubernativa, al clientelismo electorero, al secretismo en los asuntos públicos y al dominio oligárquico que obstaculizan una mayor participación popular y desvían el ejercicio del poder hacia fines ilegítimos. 

La convocatoria de una Junta de Notables es, al mismo tiempo, una convocatoria al pueblo para que resista y combata la impunidad, el clientelismo y el desmembramiento de la república democrática que ansía Casa Presidencial. Para una cepa politica con ansias de mayor dominio, la division de poderes y el control constitucional de las leyes, son estorbos. Para ese producto intelectual, gobernabilidad equivale a domesticación.

Su meta final consiste en desarticular cualquier control real a los designios del poder ejercido desde Casa Presidencial. No significa esto que el poder lo ejerza Casa Presidencial o el Poder Ejecutivo sino, que esta rama del poder politico, es la más sencilla de instrumentalizar y la mas eficaz, frente a las complicaciones de hacerlo con el Poder Legislativo y sus órganos auxiliares y el Poder Judicial.  

Claro, que se procura mantener una fachada de división de poderes y de control jurisdiccional de las actuaciones administrativas y de constitucionalidad de las leyes. Esta apariencia es importante para seguir utilizando el concepto de democracia y república como expresiones del sistema político costarricense y su legitimidad, por más falso que  llegue a ser.

El equilibrio consiste, para esa pertinaz cepa política, en mantener una apariencia de gobierno republicano y democrático, pero, en realidad, funcionar como una dictadura, desde el Poder Ejecutivo. La mala gestión administrativa en el caso de la platina, el "affair" de isla Calero, la trocha, la concesión de la vía a Caldera, la CCSS, el ICE, el tráfico de recomendaciones y un muy evidente etcétera, se disimula o explica finalmente, achacando la defectuosa gestión politica a tres causas. Según la notable versión, el reglamento legislativo, la Sala Constitucional y la representacion multipartidista-partidos minoritarios-en municipios y en la Asamblea Legislativa, son los imputados.  

Los cortesanos del poder, reunidos o individualmente, en comisiones o en solitario, defienden esa versión de la agenda nacional. El resultado que buscan es convertir en menguas del control político y jurisdiccional los problemas que derivan, evidentemente, de menguas de control político y jurisdiccional. 

Es, en realidad, un acto de engaño y desfachatez. Tramitar proyectos de ley con mayor improvisación y premura, poner bozales al control legislativo, hacer simbólica, en vez de eficaz, la representación política minoritaria, obstuculizar y limitar la revisión judicial de los actos administrativos y de las leyes, bajo el pretexto de que, por esa vía, se arreglaran los problemas nacionales, no puede ser mas falaz. 

Pero una engañifa puede tener consecuencias más o menos graves. Si se la reconoce y desestima, no se ocultarán o disimularán los verdaderos problemas como los que se han evidenciado en las compras de la CCSS, en las del CONAVI y el MOPT, en las fijaciones tarifarias y abusos de la ARESEP, en el agobio de trámites administrativos, en la impunidad de los jerarcas, en las irracionales decisiones acerca de RECOPE y la Refinería, en el desorden hacendario, en la falta de perspectiva frente a los retos y oportunidades de la inversión productiva y el empleo, en el inadecuado manejo de las oportunidades de la energía y el ambiente, en las carencias de profundización y extensión de los derechos de propiedad en zonas costeras e insulares, en la falta de mayor libertad de expresión e información y de una  acrecentada libertad de participacón en la vida nacional y en la búsqueda de la felicidad de las familias. Un largo etecetera de una agenda real, no la falsa que quieren imponer los que no han resuelto, sino agravado, cada uno de los problemas nacionales y dejado pasar, de largo, las oportunidades de mejor vida, más libertad y bienestar con responsabilidad, para las familias costarricenses.

La democracia y la vida republicana existen para que las Juntas de Notables, nombradas y encajadas desde Casa Presidencial,  sean artilugios antidemocráticos desactualizados y, como mucho, históricos. Cuando ocurre que toman preminencia e influencia por sobre las instituciones republicanas y democráticas, señal es de que, en vez de menos, es necesaria más república, más participación ciudadana, más iniciativa, más liderato para profundizar la responsabilidad política y más decisión para expulsar la impunidad y la corrupción.   


Mario Quirós Lara

domingo, 10 de junio de 2007

¿Existe la democracia directa?


Hace pocos años, un líder latinoamericano quiso desestabilizar el Gobierno de su país con una herramienta aparentemente democrática. Propuso convocar a una consulta popular con dos preguntas: “¿está usted de acuerdo con que el Presidente acabe con la pobreza y la inseguridad del país en un plazo de 60 días?” Y, “¿estaría usted de acuerdo con que el Presidente sea destituido de manera automática si no cumple con este mandato del pueblo?” Aplicamos encuestas y encontramos que más del 80% habría dicho “sí” en ambos casos.

La encuestadora Informe Confidencial ha medido en varios países opiniones acerca de algunos temas. Una amplia mayoría de encuestados ha respondido “sí” ante la propuesta de duplicar los salarios, imponer la pena de muerte o de que su país anexe el territorio de la Luna. Importantes porcentajes creen que se evitarían los accidentes aéreos ubicando semáforos para los aviones en los alrededores de los aeropuertos o que existen los platillos voladores. Está claro que si el “pueblo soberano” dirigiese nuestras sociedades, mediante una democracia plebiscitaria, terminaríamos en un caos absoluto.

Dictaduras bonapartistas. En las consultas populares, como en las encuestas, no hay respuestas tontas, sino preguntas maniobradas o mal formuladas, que producen resultados absurdos. En los últimos años, algunos países latinoamericanos usan las consultas populares para impulsar dictaduras bonapartistas. Preguntan algo incomprensible para los electores, formulan las preguntas de manera mañosa, logran una respuesta manipulada y en nombre del “pueblo soberano” imponen esquemas totalitarios.

Este domingo los ecuatorianos han ido a una consulta en la que expresaron su acuerdo o desacuerdo con la convocatoria a una asamblea constituyente y con un “estatuto electoral” desconocido por el 99% de la población.

En las urnas han recibido una boleta y un texto, que es un galimatías jurídico, difícil de entender incluso por quienes somos abogados. Sin tener tiempo de leerlo ni preparación para entenderlo, tienen la opción de decir “sí” o “no” a las decenas de disposiciones que contiene ¿Qué hará si, como es muy probable, está de acuerdo con algunos artículos del texto y no con otros? En vísperas de la consulta, las encuestas decían que siete de cada diez ecuatorianos no sabían para qué se la convoca, para qué sirve una constituyente, ni tiene ninguna información sobre lo que se discute. La gente dijo sí o no porque le cae bien o mal Correa, o por cualquier otra cosa que no tiene relación con el fondo de la pregunta.

A pesar de todo esto, algunos políticos dicen que cada una de las disposiciones del estatuto –las referentes al sí– es sagrada porque el “pueblo soberano” lo aprobó. El problema radica en que el “soberano” es tan sabio que resuelve lo que no conoce.

“Participación” chavista. El coronel Chávez aplicó este método para demoler la democracia representativa venezolana e imponer su bonapartismo petrolero. Consulta tras consulta, arrasó con el sistema de partidos reemplazándolo con una democracia “participativa” en la que los ciudadanos dicen sí a todo lo que quiere el Presidente, mientras recibe los beneficios de los petrodólares que se reparten generosamente. Estos procesos plantean algunas preguntas. ¿Será la democracia participativa una alternativa a la democracia representativa? ¿Sobran los partidos y las instituciones políticas? ¿Es más democrática una sociedad en la que una persona controla todos los poderes de manera vitalicia, porque de tiempo en tiempo consulta al “soberano” de esta manera? ¿Serán la España de Franco, el Chile de Pinochet y otras dictaduras del siglo pasado que hacían las mismas consultas el modelo de un “socialismo del siglo XXI”? ¿Se podrá imponer el modelo de Chávez en otro país que no pueda poner a sueldo a un tercio de la población como lo ha hecho el Coronel? ¿Es la autocracia “participativa” una opción a la democracia?


Jaime Durán Barba, tomado del periódico La Nación