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lunes, 4 de noviembre de 2013

Tema polémico: La (in)cultura del costarricense

Dos eventos acontecidos esta semana nos han desnudado una vez más como país. Desafortunadamente eso que llamaremos de forma muy laxa, general y relativa “el ser costarricense” cada vez que puede hace gala de su incultura, disvalores, irresponsabilidad, negligencia, vagabundería e incompetencia.  Lo trágico de todo esto es que se requieren de “pruebas” u “obstáculos” menores para que todos nuestro defectos salgan a aflorar. A los eventos que nos referimos son ni más ni menos, que: a) el cambio de placas, y b) la supuesta noticia de las conversaciones secretas entre el Presidente del TSE (Luis Antonio Sobrado) y el ex-mandatario Oscar Arias.

Empecemos por lo primero. Hace ya varios meses el Registro Nacional había anunciado la obligatoriedad en el cambio de las placas de los vehículos. Para ello, se inició una primera fase en donde cualquiera podía cambiarlas sin importar el número de placas que tuviera su vehículo, seguidamente se estableció un horario en donde de forma ordenada se haría el cambio según el número de placas conforme cada tres meses. Pues bueno, este 31 de octubre vencía el cambio en regla de las placas de vehículos que terminaban en uno, y como era de esperar las últimas semanas en el Registro fueron azotadas por las filas, al punto tal que más de 22mil propietarios no lograron realizar el cambio en tiempo. Dicho evento únicamente evidencia una vez más uno de los rasgos más característicos de nuestra incultura y subdesarrollo, el dejar todo para el último minuto, el arte de la improvisación, irresponsabilidad y la de desidia.

Por otro lado tenemos el bochorno que paso más de uno que de buenas a primeras se “tragó” la noticia de CNN Ireport en donde se “denunciaba” que el Presidente del TSE y Oscar Arias mantenían conversaciones secretas para manipular el resultado de las elecciones. Lo más patético de este episodio es que incluso candidatos a la presidencia así como “académicos” cayeron en la trampa. Estos hechos únicamente muestran la imprudencia del costarricense, su incapacidad de análisis crítico y mesurado, ya que lamentablemente preferimos el mero “bla bla bla” y el facilismo mediático.

El día de hoy queríamos resaltar estos dos eventos, ya que los mismos caen como anillo al dedo para la campaña electoral en la que nos vemos inmersos. Vivimos en tiempos en donde la ciudadanía cree que por un lado se encuentra ella y por el otro la clase política, un nosotros vrs los otros. Pero, de lo que aún no se han dado cuenta es que todos los males que le achacan (correctamente) a los politiquillos de turno, ellos mismos  los reproducen, practican y celebran sólo que en otros escenarios y supuestos. Es decir, si Costa Rica en realidad quiere salir adelante y progresar algún día no es sólo su clase política la que debe cambiar, somos todos y cada uno de nosotros.

lunes, 3 de octubre de 2011

Tema polémico: ¿Doble moral?

El día de hoy queremos presentarles dos noticias recientes, pero sobre todo queremos analizarlas sociológicamente, investigar la razón de por qué no son los hechos, sino los sujetos, los que le varían el significado a los eventos. En este sentido, el artículo del día de hoy pretende explicar por qué, ante los mismos hechos, ciertos costarricenses reaccionan de forma diametralmente según quien esté detrás de los mismos.

El primer evento, son los recientes y reiterativos derrumbes sobre la Ruta 32 . Llama poderosamente la atención cómo, en este caso, a nadie parece importarle que dichos eventos ocurran. Contrario sensu, cuando un derrumbe acontece en la carretera a Caldera, no falta quien pegue el grito al cielo. El punto aquí no es que la gente no debe reclamar por los derrumbes, sobre todo si son producto de un mal diseño vial, sino, que deben ser consistentes y expresar el mismo malestar independientemente de la ruta en que el hecho ocurra.

El segundo evento se refiere al famoso Proyecto Diquis del ICE. Esta semana, la Sala IV obligó al ICE a consultar a los indígenas como requisito para la viabilidad del mismo. No queremos ni imaginarnos que hubiera pasado si hubiera sido una empresa privada la que hubiera pretendido obviar la consulta como lo quería hacer el ICE. En este supuesto, hubieran aparecido todos los encapuchados y abanderados de la justicia y conciencia social, defensores del indigenismo criollo, de la soberanía y el ambiente, a manifestarse en las calles con todas sus pancartas y folklore. Pero como el responsable fue el ICE, prevaleció el silencio.

Precisamente, el punto es que en nuestro país, si una acción proviene de una institución pública o del Estado, la misma es juzgada de forma totalmente distinta a que si esta proviniera de un particular. Esto ocurre porque Costa Rica se encuentra inmersa en un marxismo cultural light. Con esto, a lo que nos referimos no es que el ciudadano de a pie sabe cuál es la diferencia de la dialéctica hegeliana con la marxista o qué es materialismo-histórico, plusvalía o teoría de la alienación, etc. Lo que significa es que el zeitgeist, el “sense of life” randiano, es decir los paradigmas culturales, los horizontes, los mundos de vida, los espejuelos desde donde analizamos la realidad están profundamente arraigados en un marxismo light, el cual se refiere a distintas creencias: la necesaria concentración de la riqueza del sistema capitalista, la desconfianza intrínseca a la riqueza y al rico, la creencia de que la riqueza se obtiene de la extracción de recursos del otro, la explotación del obrero dentro del sistema capitalista, una teoría del valor objetiva, etc. En este sentido, mientras este sea el clima intelectual imperante, nuestro país seguirá con las mismas respuestas, es decir, sin respuestas; seguirá estancado. De ahí, la importancia de retar constantemente dichos presupuestos, para lograr ampliar el abanico de análisis y desde ahí presentar nuevas soluciones a viejos problemas.

lunes, 22 de agosto de 2011

Tema polémico: el origen de la delincuencia


Dada la apremiante situación que tiene nuestro país con la delincuencia azotando cada esquina y amenazando a todos los individuos decentes que tratan de vivir en paz, en ASOJOD nos pareció importante hacer una breve reflexión sobre el origen de este problema.

Hay quienes dicen que la causa de la delincuencia es la falta de oportunidades, la pobreza, la misería, todo lo cual hace que las personas tengan que robar para poder sobrevivir. Son quienes afirman que la delincuencia es un producto social y tienen el descaro de responsabilizarnos a todos los demás por lo que una persona hace. Ven al delincuente como una víctima de la sociedad, como el resultado de privaciones y exclusiones, por lo cual no hay que castigarlo, sino rehabilitarlo. Pretenden afirmar que existe una relación entre pobreza y delincuencia, pero esto no explicaría por qué hay personas de estratos socioeconómicos altos que delinquen (los delitos de “cuello blanco”, los fraudes registrales, la corrupción política, los desfalcos a fondos públicos, entre otros), ni tampoco se sostiene cuando se revisan los datos de pobreza y delincuencia. Como dice Pirie, “no existe una relación lineal mecánica entre pobreza y violencia. Las naciones y los individuos más pobres no siempre son los más propensos al crimen. En América Central, los países más seguros son el más rico, Costa Rica, y el más pobre, Nicaragua. La de Costa Rica fue la tasa más baja (6,2), y la de El Salvador, la más elevada (43,4)” .

Lo mismo sostiene el informe “Crime and Development in Central America” del Observatorio de Tendencias Delictivas y Operaciones de Sistemas de Justicia Penal de las Naciones Unidas, donde se expresa que “las naciones más pobres y la gente más pobre, no son necesariamente los más propensos al crimen. De acuerdo a las estadísticas, uno de los países más seguros en Centroamérica es el más pobre (Nicaragua). Entonces, el desempleo o la “situación económica”, aunque podrían estar arraigados en la mentalidad pública como causas del delito, tienen una relación muy circunstancial” .

No obstante, como esa creencia pareciera estar fuertemente arraigada en la mentalidad de los tomadores de decisiones, nuestro sistema penal ha sido llevado en esa dirección. De acuerdo con el I Informe Estado de la Región, “el Código Procesal Penal, de 1998, aumentó las garantías del debido proceso a favor de las personas indiciadas y, ese mismo año, una reforma al Código Penal generó las condiciones que llevaron a la desjudicialización de ciertos delitos. Esta situación ha motivado una creciente controversia y frecuentes demandas públicas, a las que las autoridades judiciales (Corte Suprema y Ministerio Público) han respondido con nuevos procedimientos” . Así las cosas, viendo al criminal como una víctima y siendo muy flexibles con él, los diferentes Gobiernos han alcahueteado las conductas negativas.

Este tipo de ideas soslayan una cuestión elemental: la acción delictiva es el resultado de una decisión individual, facilitada por un marco jurídico e institucional excesivamente tolerante, que prácticamente garantiza la impunidad. En un contexto como el costarricense, donde la tónica ha sido que unos obtengan ganancias a través de otros, el individuo ―sin importar su condición socioeconómica― ha comenzado a interiorizar la posibilidad de obtener aquello que necesita mediante la fuerza, sea robándolo, sea exigiéndoselo al Estado como si fuera un derecho o sea aliándose con políticos corruptos para obtener favores, acciones que tienen el común denominador de perjudicar a terceros.

Justamente allí es donde, para ASOJOD, se origina la actitud delictiva de las personas: de su propia voluntad. No hay nada de eso de que a alguien lo empujan a cometer delitos ni que roban para alimentar a una pobre familia a punto de morir de inanición. Lo que tenemos es una cultura que ha premiado la actitud parasitaria, donde se ha enseñado a las personas que siempre habrá alguien que pague sus cuentas, que necesidad es equivalente a derecho, que está bien ver a los otros como animales de sacrificio, como medios para cumplir sus fines.

Es esa perversión moral que las personas han individualizado gracias a un sistema que le incentiva conductas de tal naturaleza y cuyos horizontes culturales han sido fijados a ese nivel, la que motiva a los individuos a delinquir. Y, tras de eso, son premiados con la lástima, el "pobrecito", el discurso de la "segunda oportunidad", la tolerancia y alcahuetería extremas que terminan por impedir que se les castigue con rigurosidad y que nos tiene realmente mal.

Si queremos acabar con la inseguridad ciudadana es necesario cambiar los horizontes culturales y las premisas morales que llevan a las personas a creer que está bien vivir a costa de los demás y que solo basta pedirle a alguien y esperar que todo le sea entregado. De lo contrario, nos estaremos autoengañando al creer que más policías y más recursos van a evitar que nos roben.