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lunes, 7 de septiembre de 2009

Tema polémico: la relación entre la ciencia y los medios de comunicación


Generalmente existe una relación entre la ciencia y los medios de comunicación (sobre todo los de la televisión), que presenta una visión ficticia sobre lo que es la ciencia y esto ocasiona falsas impresiones en los televidentes, que termina trayendo consequencias negativas para el nivel de alfabetismo científico de la población.

Esta visión ficticia se señala fácilmente en la presentación de las noticias científicas en segmentos de corta duración (unos cuantos segundos), a las cuales no se les da seguimiento y sin mencionarse siquiera la metodología utilizada en la investigación científica que se comenta en la noticia. Así, lo más importante para determinar si la investigación es válida o no, esto es, su metodología, no es presentada al público, sino que simplemente se presenta como “hechos” y no como hipótesis o investigaciones en progreso. Claro está, podría decirse, que de poco uso sería intentar presentar la metodología a la audiencia, ya que esta posiblemente no la entendería (tal vez ni siquiera la entienda el presentador de la noticia).

Sin embargo, en ese caso lo único que se pretende es que una persona crea en la noticia, sin saber el método por el cual se determinó su validez, simplemente porque se le presenta como un resultado “científico” y de esa forma se quiere que se crea ciegamente en todo aquello que se pone la etiqueta de ciencia. Lo único que provoca esto es que se forme una actitud acrítica con respecto a la forma de proceder de los científicos y se presente a la ciencia como un tipo de conocimiento cuya verdad es incuestionable (el caso de las encuestas políticas y las enfermedades es un ejemplo claro sobre como se caricaturizan las noticias científicas al ni siquiera mencionar los presupuestos metodológicos y epistemológicos que utiliza una encuesta o una investigación sobre la propagación de una enfermedad, por ejemplo, la gripe H1N1).

Evidentemente, esto dista mucho de lo que pretende ser el ambiente científico, donde cada una de las propuestas que hacen los científicos debería tomarse con cautela y siempre como algo provisional (aunque a algunos científicos se les olvide esto último). También resulta interesante que, durante las noticias, nunca se señalan las limitaciones teóricas de las investigaciones, por lo que la ciencia y la tecnología se confunden con "oráculos" que tienen respuestas a cualquier inquietud humana, cuando en realidad ha tomado varios siglos resolver ciertos problemas científicos de forma "satisfactoria".

Esta mala representación de la ciencia se da también cuando se le presenta como de consenso absoluto entre sus investigadores. Difícilmente, los medios de comunicación facilitan al público el conocimiento de que siempre hay distintas escuelas de pensamiento dentro de una misma disciplina, por lo que el televidente confunde la información que da un investigador como si fuera representativo del 100% de la comunidad científica. Esto se facilita, además, por el hecho de que las noticias casi nunca se presentan contrastando investigaciones científicas ni tampoco se distingue entre el uso cotidiano del lenguaje y el uso científico del mismo. En realidad, los medios acuden en esta forma a una falacia de autoridad, ya que desean validar los argumentos científicos bajo el pretexto de que así lo dicen los científicos, cuando en realidad no facilitan la posibilidad de que los usuarios desarrollen su capacidad crítica de argumentación.

Ahora bien, es claro que esta situación no es culpa exclusiva de los medios de comunicación, toda vez que estos también presentan las noticias de forma que le sean placenteras al público que las demanda. Así, lo que se puede concluir, es que la audiencia prefiere no desarrollar una actitud crítica en tanto le resulta más cómodo vivir con información que no tenga que cuestionar para no tener que hacer el esfuerzo intelectual. A su vez, dado que los medios tienden a parcializar la información (un ejemplo sería la crisis económica), se transforma en parte del status quo identificar el conocimiento científico con la visión científica que presentan los medios.

Dada esta situación, es difícil proponer una solución que mejore la forma en que se divulga el conocimiento científico, aunque no imposible. Internet, por lo menos, es un medio que facilita en forma casi instantánea cualquier tipo de información, siempre y cuando el usuario sepa donde buscar y le permite, si así lo quiere, hallar diferentes perspectivas sobre una misma investigación o hecho.

lunes, 22 de junio de 2009

Tema polémico: Alfabetismo científico y pensamiento crítico


Este día en ASOJOD quisiéramos referirnos a un tema de mayor importancia para analizar el nivel cultural que tienen en promedio los ciudadanos de un país: este es el de alfabetismo científico.

Generalmente en las sociedades occidentales y cada vez más en las sociedades orientales, a medida que se “occidentalizan”, la ciencia es valorada positivamente por el público en general. Claro está, cuando uno ahonda en la reacción del público hacia la ciencia, se percata de que en realidad lo valorado es la tecnología, puesto que esta última se entiende como un medio para facilitar la vida, y en ese tanto la ciencia es valorada positivamente, es decir, en cuanto medio para alcanzar tecnología.

Así, esta falta de interés por la ciencia más allá de sus beneficios prácticos hace que la persona promedio se interese poco por el método de la ciencia o por las discusiones más acaloradas en los círculos académicos tanto de las ciencias naturales como de las ciencias sociales, ya sea porque se considera el tema ajeno a la vida cotidiana o porque el conocimiento de estos implicaría un costo de oportunidad muy alto para muchos. Así, aunque el conocimiento científico ha aumentado mucho en los últimos siglos, el conocimiento mínimo que maneja una persona en temas de ciencia no lo hace al mismo ritmo, por lo que muchas veces puede tener una visión de mundo que está “desfasada” por varios siglos.

Para dar un ejemplo, Ignacio Cabral menciona que:

“A principios de 1999 se aplicó una encuesta en el Distrito Federal (Barot y de la Peña, 2000) en la que se indagó tanto acerca de los conocimientos científicos y la confianza de la gente en la ciencia, como de sus creencias pseudocientíficas, religiosas y ocultistas. Se entrevistaron a 664 personas entre 16 y 65 años de edad en lugares públicos. Según las respuestas, en la Ciudad de México, 77% de la gente cree en la astrologíaa, 24.5% cree en la existencia de vampiros, 38% en la existencia de brujas y sólo 7% en la existencia del “chupacabras”. Otros resultados interesantes fueron: el 57.2% supo que las plantas de la Tierra evolucionaron y el 53.9% sabía que la Tierra tarda un año en dar la vuelta al Sol; sólo el 48% dijo que la temperatura del cuerpo humano varía entre 36 y 37 grados Celsius; el 43.2% cree que las fotografías de ovnis son auténticas y no fotomontajes, y el 63.9% de los entrevistados cree que es posible sentir los campos de energía de la Tierra. Para finalizar, la encuesta reveló que el 77.3% cree que el Zodiaco tiene una relación directa con las dificultades de la vida.” (Cabral Perdomo; Alfabetismo Científico y Educación, OEI).

Ahora bien, podría ser posible creer que este fenómeno de alfabetismo científico es parte de una carencia en una educación de calidad como lo podría ser en un país más pobre como México si se lo compara con los Estados Unidos, sin embargo, Ignacio Cabral menciona nuevamente que:
“En una encuesta realizada en los Estados Unidos por la National Science Foundations, el 50% de los adultos desconocía que la Tierra girase alrededor del sol y que tardara un año en hacerlo; el 21% puede definir el ADN; sólo el 9% puede definir lo que es una mólecula; el 63% ignoraba que los dinosaurios se extinguieron antes de la aparición del hombre, y el 75% no sabía que los antibióticos sólo matan a las bacterias y no a los virus y 25 millones de norteamericanos no pueden localizar los Estados Unidos en un mapa del mundo.” (Cabral Perdomo; Alfabetismo Científico y Educación, OEI).

Así, a pesar de que Estados Unidos posee el mayor nivel de producción intelectual a nivel mundial, esta “clase social” que posee un grado de alfabetismo científico decente no ha sido capaz de permear sus intereses al resto de miembros de la sociedad, sea porque no les interesa a ellos o porque existe una dificultad en la adquisición del razonamiento científico, debido a las destrezas mentales que hay que adquirir (por ejemplo, el repudio hacia las matemáticas por parte de la mayoría de la población contribuye a malentendidos y a distanciamientos entre distintos gremios que dificultan conocer gran parte de las ciencias naturales. A su vez, la falta de un desarrollo de pensamiento verbal le dificulta a muchas personas la lectura de la filosofía o de la expresión de sus ideas propias en general).

Con estos ejemplos esperamos haber señalado que la corriente anti-cientificista es bastante preocupante por cuanto es inocente creer (como Ortega y Gasset lo señalaba) que la técnica puede sobrevivir sin la ciencia: es decir, quien desee seguir viviendo de los productos científicos-tecnológicos debe formarse un interés real por estudiar los problemas científicos, de lo contrario será una de esas personas en transformarse en una de esas cifras preocupantes de analfabetismo científico. Además, la formación científica es positiva ella misma por cuanto genera una actitud crítica para analizar los problemas del mundo, por lo que la ciencia (tanto sociales como naturales) no se limitan únicamente a mejorar las condiciones materiales de las personas, sino que a integrar los conocimientos adquiridos a través de siglos en un todo coherente y el no querer formar parte de esa búsqueda humana implica poco interés personal por el superamiento intelectual de uno mismo.

miércoles, 10 de junio de 2009

Relación entre ciencia y sociedad



En esta charla varios de los científicos actuales más importantes discuten sobre la relación entre la ciencia y la sociedad.

lunes, 13 de abril de 2009

Tema polémico: la terapia con células madre


El pasado circuló una noticia que en ASOJOD quisiéramos comentar. Nos referimos al hecho de que el presidente estadounidense Barack Obama decidió incrementar el presupuesto federal destinado a la terapia con células madres, la cual había estado muy restringida durante la Administración Bush.

Este incremento vendría acompañado por una mayor libertad en la investigación científica en células madres, lo cual acarrearía un mayor progreso en los descubrimientos científicos en esta área que podrían traducirse en beneficios como la mitigación de la leucemia, el cáncer, la diabetes y muchas otras. No obstante, a lo que deseamos referirnos es, sobre todo, a las opiniones en contra suscitadas por esta medida. Por ejemplo, el republicano John Boehner dijo que Obama "ha eliminado protecciones importantes para la vida inocente, dividiendo nuestra nación aún más en un tiempo en el cual necesitamos una mayor unidad para dirigirnos a los retos frente a nosotros”.

Otro ejemplo contra la terapia con células madres fue el Papa Juan Pablo II quien indicó: “La experiencia ya nos está mostrando como una coacción trágica de las conciencias acompañan el asalto sobre la vida inocente humana en el útero, llevando a la acomodación y la aceptación sobre otros males similares, como la eutanasia, el infanticidio, y más recientemente, propuestas para la creación de investigaciones sobre embriones humanos, destinados a su destrucción en el proceso”.


Estos ejemplos muestran que en el fondo del conflicto existe un problema de antropología filosófica, ya que lo que se discute es cuándo comienza la vida humana. Por tal razón, en ASOJOD queremos abordar las versiones según la cual el hombre sería “hombre” por razones espirituales o religiosas y otra que argumenta en contra de la terapia con las células madres ya que para ella la vida humana comenzaría desde la concepción biológica.


Generalmente desde la vertiente religiosa se consideraría que el embrión humano sería una persona desde la concepción, ya que estaría dotado de un alma (al menos en varias tradiciones religiosas en Occidente) lo cual sería su elemento distintivo para ser persona y, por ende, no sería ético experimentar con embriones. Sin embargo, esta visión tiene sus problemas. El primero y más importante es como dar evidencia de que el alma (si es que existe) verdaderamente “penetra” (todavía no quedaría claro si el alma siempre existe o si sería creada a la hora de la concepción) al cuerpo del embrión, otorgándole de esa forma su humanidad. También desde una concepción donde dios, se supone, es bondadoso y amoroso, no queda muy claro porque él decidiría darle un alma a un embrión desde su nacimiento cuando es bien sabido que existen muchos abortos naturales: cabría preguntarse si con eso no se estaría produciendo un desperdicio de almas. Es más probable pensar que la impregnación del alma ocurriría al menos cuando haya un mayor desarrollo del embrión, toda vez que de esa forma sería menos probable la pérdida de esa alma y así dios se evitaría un “infanticidio” de almas terrible. Otros problemas nos lo menciona Sam Harris cuando menciona que, durante el desarrollo de un embrión, es posible que este se separe en dos para dar origen a gemelos por lo que no estaría claro si en este caso el alma del embrión antes de la separación se “corta” en dos o da lugar a dos nuevas almas, Un problema similar ocurriría cuando dos embriones se fusionan para seguir en el desarrollo de un único embrión: ¿se fusionan las almas de los embriones o se crea una nueva? Así, la versión del alma incorpora todos los problemas del dualismo mente-cuerpo, sobre el cual la neurociencia nos va indicando poco a poco que en realidad cada vez es más difícil sostener esta posición (véase por ejemplo a Francis Crick, Mario Bunge, Daniel Dennett y Roger Penrose para distintas teorías sobre como explicar el origen de la conciencia desde causas naturales).


Suponiendo de que no se quiera argumentar desde la posición del alma, podría aducirse en contra de las células madres diciendo que la vida humana representa un continuo y por ende la humanidad de algo sería dado por una condición biológica que estaría presente desde la concepción. Aquí el principal problema sería el de precisar sobre cuál criterio biológico se estarían basando quienes están en contra de la terapia con células madre. Es cierto que desde un punto de vista genético, el embrión si pertenecería a la especie humana y en este sentido sería un humano, pero la similitud genética es condición necesaria pero no suficiente para ser considerado humano. Esto es así porque cualquier célula somática del cuerpo humano tiene un genoma completo y, bajo esta lógica, cada célula somática sería un ser humano. Entonces, es claro que también sería necesario un criterio neurológico para la condición de “humanidad” de algún ser, por cuanto, según la biología moderna, el lugar más plausible donde se desarrollaría la conciencia sería en el cerebro humano (ver referencias anteriores).


Así, buscando en el desarrollo del embrión, al parecer es hasta la tercera semana que comienza a desarrollarse las primeras conexiones neuronales en el embrión y mediante un principio de precaución alguien podría considerar que desde este momento podría aparecer algún grado de “self-awareness” en el embrión, que igual sería sumamente primitivo, debido a la simplicidad de sus conexiones neuronales. Sin embargo, las terapias con células madres utilizan generalmente embriones con no más de una semana de desarrollo, donde no han desarrollado ningún sistema neural por lo que sería casi imposible algún grado de conciencia por parte del embrión. Así las cosas, no habría problema en declararlo un “humano en potencia” si se quiere, pero no un humano al carecer de este criterio neurológico. Por ejemplo, un embrión de 3 días de desarrollo tiene cerca de 150 células mientras que el cerebro de una mosca tiene cerca de 100000 células por lo que en esta etapa es más arriesgado suponer que el embrión es más consciente que una mosca. O, por el contrario, si se deseare llevar el argumento al absurdo, podría decirse que es más humana la mosca por contar con más células.


Esperamos que con este artículo podamos ayudar a dilucidar por qué muchos de los argumentos en contra de la terapia con células madres en realidad son muy difíciles de sostener cuando se analizan a profundidad.


lunes, 9 de marzo de 2009

Tema polémico: Ciencia vrs Religión


Hoy quisiéramos tratar desde ASOJOD un tema sumamente interesante, aquel que se refiere a la relación sobre la ciencia y la religión, y en este caso, sobre si ambas son compatibles o incompatibles entre sí.

Claro está que independientemente de la compatibilidad o no de la ciencia y la religión, esto no quita que una persona profundamente religiosa sea capaz de realizar aportes significativos al corpus científico de su época (por ejemplo Newton y Galileo en la física o Adam Smith y John Locke en economía y filosofía política). Tampoco quiere decir esto que no hayan existido momentos históricos donde la religión y la ciencia hayan atravesado sus períodos de relaciones cordiales o relaciones más conflictivas. Por ejemplo, podría afirmarse que durante el ambiente fuertemente escolástico de la Edad Media entre el siglo XI y XV se generó un ambiente cultural donde se prefería darle gran credibilidad a las fuentes (e.g, Aristóteles, Santo Tomás de Aquino, etc) en vez de apoyar un espíritu de cuestionamiento intelectual. Por el otro lado, han existido ocasiones en que la religión ha apoyado ciertas teorías científicas como por ejemplo la interpretación del Big Bang por parte del Vaticano como un momento adecuado para la intervención de un Creador.

En ASOJOD deseamos analizar la compatibilidad de la ciencia y religión desde un aspecto metodológico y no histórico u ontológico (es decir, no nos referiremos al problema de la existencia de Dios). Una vez aclarado todo esto, pensamos que existen ciertas inconsistencias metodológicas entre ciencia y religión que dificultan a una persona a dedicarse a ambas actividades sin supeditar una sobre la otra.

En primer lugar se puede hacer referencia a la navaja de Ockham, la cual podría parafrasearse como sigue: “Dadas dos o más teorías que pretenden explicar un fenómeno X, ha de escogerse aquella que necesite de la menor cantidad de presupuestos.” Ahora bien, alguien podría pensar que en realidad es injusto decir que la ciencia y la religión discrepan en cuanto a esto, puesto que ambas constituyen teorías que pretenden explicar distintos fenómenos y por ende no están compitiendo. Sin embargo, si se piensa más profundamente el problema, se presentan ciertos temas donde ambas pretenden dar una explicación. Por ejemplo, supongamos que se tiene una teoría científica (teoría A) que es capaz de explicar todo en el universo -concerniente a su funcionamiento- salvo su creación. Supongamos por el otro lado que la teoría B no discrepa con la A respecto al funcionamiento del Universo y sus leyes, pero agrega el supuesto de Dios como creador del Universo para explicar su origen. Ahora bien, mientras que para la teoría A sólo es necesario suponer la existencia del universo, para la teoría B es necesario también suponer la existencia de Dios, es decir, la teoría B traslada el problema de la existencia del universo a algo mucho más complejo como podría ser por qué existe Dios. Nuevamente, esto no quiere decir que Dios exista o no exista sino que simplemente suponer su existencia no añade ninguna información relevante a la explicación del universo y por ende, si se quiere ser consistente con la navaja de Ockham habría que desecharlo como hipótesis.

El segundo y último argumento que queremos mencionar sobre la incompatibilidad entre ciencia y fe se refiere más que todo a las creencias religiosas de algunas religiones y no tanto a la creencia en dios. Con esto nos referimos a otro principio metodológico que podríamos llamar “Principio Copernicano” y que podría enunciarse así: “En la explicación de una fenómeno natural cualquiera, el ser humano debe evitar al máximo cualquier explicación en términos antropomórficos, es decir, haciendo referencia a cualidades propiamente humanas.”

Cabe resaltar en este caso que este principio ha surgido a partir de una acumulación de información científica abundante, donde cada vez ha existido una mayor tendencia a explicar los fenómenos naturales sin asignarles cualidades humanas, mientras que en otra época habría parecido sensato darles cualidades humanas a la naturaleza. Con respecto a las religiones, bastaría con hacer referencia a que, en la mayoría de ellas existe, un antropomorfismo enorme ,puesto la mayoría de los dioses religiosos gozan de características humanas como la capacidad de amar, odiar, etc. y porque en ciertas cosmovisiones como el cristianismo, el hombre adquiere un rol central dado que Dios asume forma humana y en este sentido el hombre posee un rol privilegiado entre el resto de la creación.


Finalmente, desde ASOJOD hemos querido referirnos a este tema porque consideramos mejor un “monismo epistemológico” sobre un “dualismo epistemológico”, donde en el último tenemos distintos presupuestos para entender el mundo y en el primero solo uno: la ciencia.

viernes, 9 de enero de 2009

Viernes de Recomendación

En este artículo, Antonio Diéguez Lucena discute sobre el realismo científico como posición filosófica: qué significa, en qué tipos se puede dividir y cuáles debates contemporáneos lo rodean, incluyendo las críticas de autores como van Fraassen. El artículo se titula Los Compromisos del Realismo Científico.

lunes, 5 de enero de 2009

Tema Polémico: ¿qué nos podría deparar el 2009?


Un año más empieza y luego de la fiesta, el juego de pólvora, los tragos y la comida, hay que volver a la normalidad, al día a día. Así las cosas, el 2009 podría presentar ciertas consideraciones que los costarricenses han de tomar en cuenta desde ya.

Economía:

En el terreno económico, desde finales de año se comenzó a presentar una crisis financiera y crediticia en el mundo desarrollado, por lo cual la cuesta de enero quizá podría extenderse unos meses más, toda vez que es de esperar que la misma se manifieste con cierta fuerza en nuestro país, principalmente con una desaceleración de la producción, la restricción del crédito y quizá con el encarecimiento de algunos bienes y servicios así como un posible aumento del desempleo. A las dificultades de esta índole podrían sumársele las derivadas de las políticas adoptadas en países como Estados Unidos, donde el aumento de regulaciones, subsidios y salvatajes parece ser la tónica, por lo que no sería de extrañar que los "innovadores" criollos trataran de aplicar medidas "anticrisis", que lo único que conseguirán es entrabar aún más el proceso de mercado, dilatar los ajustes necesarios, entorpecer las acciones individuales y extender por más tiempo la crisis.

Sin embargo, hay un punto que podría reducir el impacto de la crisis: la entrada en vigencia de los TLC con Panamá y con los Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana. Con la consecuente movilización de empresas extranjeras que preferirán reducir costos instalándose en países donde en comparación con Estados Unidos, se pagan salarios más bajos, es de esperar que, en realidad, el desempleo no sea un problema tan significativo para los costarricenses. Asimismo, si la tendencia a la baja en los precios de las materias primas continúa y con la entrada de más bienes y servicios como resultado de la aplicación del TLC los precios también disminuyen, el impacto podría ser mucho menor. Sin embargo, hay que ser realistas y aceptar que, producto de la recesión y la misma crisis en Estados Unidos, estos beneficios podrían tardar un poco en aparecer.

Asimismo, hay que recordar que las crisis no son eternas. A pesar del sombrío panorama, debemos recordar que el capitalismo es un sistema que se ha caracterizado por su capacidad auto-transformadora, innovativa y cambiante. Por eso aquellos que pretenden ver la caída del capitalismo durante en este episodio histórico se encuentran sumamente equivocados, ya que el genio creativo y productivo encontrará mejores formas de producir, tecnologías más eficientes y formas más apropiadas de satisfacer las necesidades de consumo, como lo ha hecho en otras ocasiones. A esto colaboraría muchísimo la pronta negociación, firma e implementación de los TLC con China y la Unión Europea, que le permitiría a los costarricenses ampliar sus posibilidades comerciales. A pesar de que ya algunos productores se han manifestado en contra del primero y que se han generado diversos enfrentamientos en el proceso de negociación del segundo, en ASOJOD tenemos la esperanza de que estas dificultades puedan ser superadas para que Costa Rica siga integrándose efectivamente al mercado global.

Política:

A nivel político, Costa Rica inicia el año electoral, con lo que hay que esperar una serie de contiendas tanto intra como interpartidarias. Dentro del PLN, los precandidatos presidenciales que parecieran perfilarse con más fuerza son Laura Chinchilla, Jhonny Araya y Fernando Berrocal; en el PAC, vemos interesante el aparente interés de Epsy Campell por disputarle la opción a Ottón Solís, mientras que en el ML no pareciera haber quién se le enfrente a Otto Guevara. El gran misterio será el futuro del PUSC, tanto si es Rafael Ángel Calderón (por el proceso judicial que enfrenta) o si aparecerá algún otro interesado. En cuanto al resto de partidos, su poco peso político hace casi irrelevante su análisis, excepto si lograran formar una coalición, como la que habían anunciado los grupos opositores al TLC. Mucho de lo que suceda a nivel interpartidario dependerá de quienes sean los candidatos a los distintos puestos, así como sus historiales en cuanto a carrera política se refiere. En todo caso, no hay que extrañarse que la táctica de "sacar los trapos sucios" aparezca para descalificar al oponente, ni que se terminen usando recursos públicos para la campaña política.

Asimismo, existen grandes posibilidades de que la maquinaria de la Administración Pública se aceite o se entrabe para algunas personas según su color partidario. A eso hay que sumarle la consideración de la deuda política para financiar las campañas, en el sentido de si será conveniente, en caso de no haber superado los efectos negativos de la crisis, que el Estado costarricense tome el dinero de los contribuyentes -que podrían usarlo para satisfacer sus propios fines- y se lo entregue a los partidos. Del mismo modo, algo sobre lo que hay que poner mucha atención es tanto sobre el conjunto de reformas al Código Electoral que se está discutiendo en la Asamblea Legislativa, como a lo que suceda con las propuestas de referéndum, tanto para unión civil entre parejas del mismo sexo, ratificación del Convenio UPOV como para convocar a una Constituyente. Sin duda, el futuro y la calidad de la democracia costarricense podrían verse afectadas, positiva o negativamente, por estos eventos si llegan a presentarse.

La realidad política internacional tampoco puede descuidarse. Entre lo más destacable para este 2009 es la toma de posesión del primer presidente afrodescendiente en los Estados Unidos, Barack Obama, quien tendrá importantes retos que enfrentar durante su gestión. Alrededor de su aura de cambio, se han gestado expectativas de índole mesiánica que podrían no ser correspondidas, no por falta de habilidad, sino por las dificultades propias de dichos retos. Uno de los más importantes es apaciguar los conflictos en Medio Oriente, tanto en Irak como en Afganistán, a los que se les une el cuento sin fin entre Israel y Palestina. Tampoco se debe soslayar lo que pueda suceder respecto a la relación que dicho gobernante establecerá con América Latina, especialmente a partir de dos hechos: el ocaso del patriarca y dictador Fidel Castro e, irónicamente, el resurgimiento de la izquierda torcida impulsada por Hugo Chávez y su circo. Habrá que ver si Obama asume un papel en pro de la democracia o, si por el contrario, patrocina el personalismo en detrimento de las instituciones y el Estado de derecho.

Fuera de la relación Estados Unidos-América Latina, hay que analizar a la que se desarrolla entre los países del subcontinente. Tanto Colombia como Venezuela podrían entrar en procesos de reelección: uno que pareciera ir en pro de la democracia, mientras el otro la escupe y pisotea., quizá con menos fuerza luego de la caída de los precios internacionales del petróleo. Habrá que ver si Nicaragua, Honduras, El Salvador, Bolivia y Ecuador dan un paso más hacia el despeñadero o, si por el contrario, tratan de imprimirle sensatez a su vida política. Los pequeños estados caribeños, algunos serios y otros disparatados, tienen la opción de luchar contra la pobreza y el éxodo de sus ciudadanos o prestarse a las disparatadas ocurrencias de algunos políticos irresponsables. Por su parte, países como Chile, Brasil , México y Uruguay, hoy medianamente estables, tienen el gran reto de mantenerse así en pro de sus ciudadanos.

Europa, como capítulo aparte a nivel político, pareciera no enfrentar grandes problemas, salvo en Grecia. El tema migratorio, utilizado como bandera de algunos partidos, podría jugar un papel importantísimo en el rumbo de las políticas adoptadas allí. Asia, por su parte, pareciera encaminarse muy positivamente hacia el desarrollo: ya algunos países lo han logrado, (Singapur, Malasia, Hong Kong, Taiwán, Japón, Corea del Sur, etc.) mientras otros dan importantes pasos (China, India, Indonesia, etc.). Finalmente África, otro capítulo aparte pero en el sentido opuesto a Europa, debe fortalecer muchísimo las instituciones democráticas para alcanzar niveles decentes de vida.

Ciencia y tecnología:

Entre algunos eventos científicos interesantes por desarrollarse en el 2009, se pueden mencionar el LHC (Large Hadron Collider), el año Internacional de la Astronomía y el 150 aniversariode la publicación del Origen de las Especies de Darwin.

El LHC constituye el acelerador de partículas más sofisticado del mundo y debido a unos pequeños imperfectos, no pudo comenzar a funcionar en el 2008. Según el CERN (European Organization for Nuclear Research) se espera que el LHC comience a funcionar al 100% en el verano del 2009 y tener los resultados experimentales lo más pronto posible. Dentro de la búsqueda que se realizará con el LHC se resalta el bosón de Higgs, que representaría la partícula elemental que a grosso modo explicaría como la materia adquiere masa. De encontrarse esto significaría un impulso grande al Modelo Estándar de Partículas, que constituye la teoría científica más detallada sobre el funcionamiento del Universo en su escala más fundamental.

El Año Internacional de la Astronomía (IYA por sus siglas en inglés) celebra los 400 años que han pasado desde que Galileo utilizó el primer telescopio astronómico para ver el cielo, que juntó con otras evidencias que fue recolectando, lo llevó a apoyar la teoría del heliocentrismo de Copérnico en contraposición con la geocéntrica (en la cual la Tierra era el centro del Universo) que había sido sostenida por Aristóteles (junto con otros pensadores griegos como Tolomeo) y apoyada en su mayoría por la Iglesia Católica durante la Edad Media. Después de Galileo la Revolución Científica comenzó a consolidarse y a partir de ella siguieron una serie de descubrimientos que fueron invalidando algunas creencias de la época, sustentadas en una tradición escolástica.

Una noticia científica muy importante es que este año se celebrará también el 150 aniversario de la publicación del libro El Origen de las Especies de Charles Darwin, la cual representa con su teoría de la selección natural uno de los pilares más importantes de la biología moderna. En este libro, Darwin plantea una serie de argumentos para mostrar que las especies biológicas cambian gradualmente a lo largo de períodos geológicos de millones de años, lo cual termina haciendo que estas se vayan diferenciando en nuevas especies en contraposición a la creencia esencialista platónica de pensar en las especies como inmutables. También el Origen representa la tesis antagónica al libro de William Paley, Teología Natural, donde se quería trazar la creación de las especies a la intervención divina de Dios (Paley también es conocido por el argumento del relojero, esto es, el argumento del diseño como una prueba a favor de Dios).

Estas son algunas reflexiones que en ASOJOD hemos querido presentar a propósito de este año que recién inicia. Sobre ellas y muchas otras más habrá que poner especial atención, como punto de partida para el análisis y la propuesta de soluciones.


martes, 9 de diciembre de 2008

Ciencia y Pseudociencia.

El respeto que siente el hombre por el conocimiento es una de sus características más peculiares. En latín conocimiento se dice scientia y ciencia llegó a ser el nombre de la clase de conocimiento más respetable. ¿Qué distingue al conocimiento de la superstición, la ideología o la pseudociencia? La Iglesia Católica excomulgó a los copernicanos, el Partido Comunista persiguió a los mendelianos por entender que sus doctrinas eran pseudocientíficas. La demarcación entre ciencia y pseudociencia no es un mero problema de filosofía de salón; tiene una importancia social y política vital.

Muchos filósofos han intentado solucionar el problema de la demarcación en los términos siguientes: un enunciado constituye conocimiento si cree en él, con suficiente convicción, un número suficientemente elevado de personas. Pero la historia del pensamiento muestra que muchas personas han sido convencidos creyentes de nociones absurdas. Si el vigor de la creencia fuera un distintivo del conocimiento tendríamos que considerar como parte de ese conocimiento a muchas historias sobre demonios, ángeles, diablos, cielos e infiernos. Por otra parte, los científicos son muy escépticos incluso con respecto a sus mejores teorías. La de Newton es la teoría más poderosa que la ciencia ha producido nunca, pero el mismo Newton nunca creyó que los cuerpos se atrajeran entre sí a distancia. Por tanto, ningún grado de convencimiento con relación a ciertas creencias las convierte en conocimiento. Realmente lo que caracteriza a la conducta científica es un cierto escepticismo incluso con relación a nuestras teorías más estimadas. La profesión de fe ciega en una teoría no es una virtud intelectual sino un crimen intelectual.

De este modo un enunciado puede ser pseudocientífico aunque sea eminentemente plausible y aunque todo el mundo lo crea, y puede ser científicamente valioso aunque sea increíble y nadie crea en él. Una teoría puede tener un valor científico incluso eminente, aunque nadie la comprenda y, aún menos, crea en ella.

El valor cognoscitivo de una teoría nada tiene que ver con su influencia psicológica sobre las mentes humanas. Creencias, convicciones, comprensiones son estados de la mente humana. Pero el valor científico y objetivo de una teoría es independiente de la mente humana que la crea o la comprende. Su valor científico depende solamente del apoyo objetivo que prestan los hechos a esa conjetura. Como dijo Hume:

Si tomamos en nuestras manos cualquier volumen de teología o de metafísica escolástica, por ejemplo, podemos preguntarnos: ¿contiene algún razonamiento experimental sobre temas fárticos y existenciales? No. Arrojémoslo entonces al fuego porque nada contendrá que no sean sofismas e ilusiones.

Pero ¿qué es el razonamiento «experimental»? Si repasamos la enorme literatura del siglo XVII sobre brujería descubriremos que está repleta de informes referentes a observaciones cuidadosas, y que abundan los testimonios bajo juramento, incluso experimentos. Glanvill, el filósofo favorito de la primera Royal Society, consideraba la brujería como el paradigma del razonamiento experimental. Tendríamos que definir el razonamiento experimental antes de comenzar la quema de libros humeana.

En el razonamiento científico las teorías son confrontadas por los hechos y una de las condiciones básicas del razonamiento científico es que las teorías deben ser apoyadas por los hechos. Ahora bien, ¿de qué forma precisa pueden los hechos apoyar a una teoría?

Varias respuestas diferentes han sido propuestas. El mismo Newton pensaba que él probaba sus leyes mediante los hechos. Estaba orgulloso de no proponer meras hipótesis: él sólo publicaba teorías probadas por los hechos. En particular pretendió que había deducido sus leyes a partir de los fenómenos suministrados por Kepler. Pero su desplante carecía de sentido puesto que, según Kepler, los planetas se mueven en elipses, mientras que, según la teoría de Newton, los planetas se moverían en elipses sólo si los planetas no se influyeran entre sí en sus movimientos. Pero eso es lo que sucede. Por ello Newton tuvo que crear una teoría de las perturbaciones, de la que se sigue que ningún planeta se mueve en una elipse.

Hoy es posible demostrar con facilidad que no se puede derivar válidamente una ley de la naturaleza a partir de un número finito de hechos, pero la realidad es que aún podemos leer afirmaciones en el sentido de que las teorías científicas son probadas por los hechos. ¿A qué se debe esa obstinada oposición a la lógica elemental?

Hay una explicación muy plausible. Los científicos desean que sus teorías sean respetables y merecedoras del título «ciencia», esto es, conocimiento genuino. Ahora bien, el conocimiento más relevante en el siglo XVII, cuando nació la ciencia, incumbía a Dios, al Diablo, al Cielo y al Infierno. Si las conjeturas de una persona eran erróneas en temas relativos a la divinidad, la consecuencia del error era la condenación eterna. El conocimiento teológico no puede ser falible sino indudable. Ahora bien, la Ilustración entendió que éramos falibles e ignorantes en materias teológicas. No existe una teología científica y por ello no existe un conocimiento teológico. El conocimiento sólo puede versar sobre la Naturaleza, pero esta nueva clase de conocimiento había de ser juzgada mediante los criterios que, sin reforma, tomaron de la teología; tenía que ser probada hasta más allá de cualquier duda. La ciencia tenía que conseguir aquella certeza que no había conseguido la teología. A un científico digno de ese nombre no se le podían permitir las conjeturas; tenía que probar con los hechos cada frase que pronunciara. Tal era el criterio de la honestidad científica. Las teorías no probadas por los hechos eran consideradas como pseudociencia pecaminosa; una herejía en el seno de la comunidad científica.

El hundimiento de la teoría newtoniana en este siglo hizo que los científicos comprendieran que sus criterios de honestidad habían sido utópicos. Antes de Einstein la mayoría de los científicos pensaban que Newton había descifrado las leyes últimas de Dios probándolas a partir de los hechos. Ampère, a principios del siglo XIX, entendió que debía titular su libro relativo a sus especulaciones sobre electromagnetismo: Teoría Matemática de los Fenómenos Electrodinámicos inequívocamente deducida de los experimentos. Pero al final del volumen confiesa de pasada que algunos de los experimentos nunca llegaron a realizarse y que ni siquiera se habían construido los instrumentos necesarios.

Si todas las teorías científicas son igualmente incapaces de ser probadas ¿qué distingue al conocimiento científico de la ignorancia y a la ciencia de la pseudociencia?

Los «lógicos inductivos» suministraron en el siglo XX una respuesta a esta pregunta. La lógica inductiva trató de definir las probabilidades de diferentes teorías según la evidencia total disponible. Si la probabilidad matemática de una teoría es elevada ello la cualifica como científica; si es baja o incluso es cero, la teoría es no científica. Por tanto, el distintivo de la honestidad intelectual sería no afirmar nunca nada que no sea, por lo menos, muy probable. El probabilismo tiene un rasgo atractivo; en lugar de suministrar simplemente una distinción en términos de blanco y negro entre la ciencia y la pseudociencia, suministra una escala continua desde las teorías débiles de probabilidad baja, hasta las teorías poderosas de probabilidad elevada.

Pero en 1934 Karl Popper, uno de los filósofos más influyentes de nuestro tiempo, defendió que la probabilidad matemática de todas las teorías científicas o pseudocientíficas, para cualquier magnitud de evidencia, es cero. Si Popper tiene razón, las teorías científicas no sólo son igualmente incapaces de ser probadas, sino que son también igualmente improbables. Se requería un nuevo criterio de demarcación y Popper propuso uno magnífico. Una teoría puede ser científica incluso si no cuenta ni con la sombra de una evidencia favorable, y puede ser pseudocientífica aunque toda la evidencia disponible le sea favorable. Esto es, el carácter científico o no científico de una teoría puede ser determinado con independencia de los hechos. Una teoría es «científica» si podemos especificar por adelantado un experimento crucial (o una observación) que pueda falsarla, y es pseudocientífica si nos negamos a especificar tal «falsador potencial». Pero en tal caso no estamos distinguiendo entre teorías científicas y pseudocientíficas sino más bien entre método científico y método no científico.

Para un popperiano el marxismo es científico si los marxistas están dispuestos a especificar los hechos que, de ser observados, les inducirían a abandonar el marxismo. Si se niegan a hacerlo el marxismo se convierte en una pseudociencia. Siempre resulta interesante preguntar a un marxista qué acontecimiento concebible le impulsaría a abandonar su marxismo. Si está vinculado al marxismo, encontrará inmoral la especificación de un estado de cosas que pueda refutarlo. Por tanto, una proposición puede fosilizarse hasta convertirse en un dogma pseudocientífico, o llegar a ser conocimiento genuino dependiendo de que estemos dispuestos a especificar las condiciones observables que la refutarían.

Entonces ¿es el criterio de falsabilidad de Popper la solución del problema de la demarcación entre la ciencia y la pseudociencia? No. El criterio de Popper ignora la notable tenacidad de las teorías científicas. Los científicos tienen la piel gruesa. No abandonan una teoría simplemente porque los hechos la contradigan. Normalmente o bien inventan alguna hipótesis de rescate para explicar lo que ellos llaman después una simple anomalía o, si no pueden explicar la anomalía, la ignoran y centran su atención en otros problemas. Obsérvese que los científicos hablan de anomalías, ejemplos recalcitrantes, pero no de refutaciones. La historia de la ciencia está, por supuesto, repleta de exposiciones sobre cómo los experimentos cruciales supuestamente destruyen a las teorías. Pero tales exposiciones suelen estar elaboradas mucho después de que la teoría haya sido abandonada. Si Popper hubiera preguntado a un científico newtoniano en qué condiciones experimentales abandonaría la teoría de Newton, algunos científicos newtonianos hubieran recibido la misma calificación que algunos marxistas.

¿Qué es entonces lo que distingue a la ciencia? ¿Tenemos que capitular y convenir que una revolución científica sólo es un cambio irracional de convicciones, una conversión religiosa? Tomas Kuhn, un prestigioso filósofo de la ciencia americano, llegó a esta conclusión tras descubrir la ingenuidad del falsacionismo de Popper. Pero si Kuhn tiene razón, entonces no existe demarcación explícita entre ciencia y pseudociencia ni distinción entre progreso científico y decadencia intelectual: no existe un criterio objetivo de honestidad. Pero ¿qué criterios se pueden ofrecer entonces para distinguir entre el progreso científico y la degeneración intelectual?

En los últimos años he defendido la metodología de los programas de investigación científica que soluciona algunos de los problemas que ni Popper ni Kuhn consiguieron solucionar.

En primer lugar defiendo que la unidad descriptiva típica de los grandes logros científicos no es una hipótesis aislada sino más bien un programa de investigación. La ciencia no es sólo ensayos y errores, una serie de conjeturas y refutaciones. «Todos los cisnes son blancos» puede ser falsada por el descubrimiento de un cisne negro. Pero tales casos triviales de ensayo y error no se catalogan como ciencia. La ciencia newtoniana, por ejemplo, no es sólo un conjunto de cuatro conjeturas (las tres leyes de la mecánica y la ley de gravitación). Esas cuatro leyes sólo constituyen el «núcleo firme» del programa newtoniano. Pero este núcleo firme está tenazmente protegido contra las refutaciones mediante un gran «cinturón protector» de hipótesis auxiliares. Y, lo que es más importante, el programa de investigación tiene también una heurística, esto es, una poderosa maquinaria para la solución de problemas que, con la ayuda de técnicas matemáticas sofisticadas, asimila las anomalías e incluso las convierte en evidencia positiva. Por ejemplo, si un planeta no se mueve exactamente como debiera, el científico newtoniano repasa sus conjeturas relativas a la refracción atmosférica, a la propagación de la luz a través de tormentas magnéticas y cientos de otras conjeturas, todas las cuales forman parte del programa. Incluso puede inventar un planeta hasta entonces desconocido y calcular su posición, masa y velocidad para explicar la anomalía.

Ahora bien, la teoría de la gravitación de Newton, la teoría de la relatividad de Einstein, la mecánica cuántica, el marxismo, el freudianismo son todos programas de investigación dotados cada uno de ellos de un cinturón protector flexible, de un núcleo firme característico pertinazmente defendido, y de una elaborada maquinaria para la solución de problemas. Todos ellos, en cualquier etapa de su desarrollo, tienen problemas no solucionados y anomalías no asimiladas. En este sentido todas las teorías nacen refutadas y mueren refutadas. Pero ¿son igualmente buenas? Hasta ahora he descrito cómo son los programas de investigación. Pero ¿cómo podemos distinguir un programa científico o progresivo de otro pseudocientífico o regresivo?

En contra de Popper, la diferencia no puede radicar en que algunos aún no han sido refutados, mientras que otros ya están refutados. Cuando Newton publicó sus Principia se sabía perfectamente que ni siquiera podía explicar adecuadamente el movimiento de la luna; de hecho, el movimiento de la luna refutaba a Newton. Kaufmann, un físico notable, refutó la teoría de la relatividad de Einstein en el mismo año en que fue publicada. Pero todos los programas de investigación que admiro tienen una característica común. Todos ellos predicen hechos nuevos, hechos que previamente ni siquiera habían sido soñados o que incluso habían sido contradichos por programas previos o rivales.

En 1686, cuando Newton publicó su teoría de la gravitación, había, por ejemplo, dos teorías en circulación relativas a los cometas. La más popular consideraba a los cometas como señal de un Dios irritado que advertía que iba a golpear y a ocasionar un desastre. Una teoría poco conocida de Kepler defendía que los cometas eran cuerpos celestiales que se movían en líneas rectas. Ahora bien, según la teoría de Newton, algunos de ellos se movían en hipérbolas o parábolas y nunca regresaban; otros se movían en elipses ordinarias. Halley, que trabajaba en el programa de Newton, calculó, a base de observar un tramo reducido de la trayectoria de un cometa, que regresaría setenta y dos años después; calculó con una precisión de minutos cuándo se le volvería a ver en un punto definido del cielo. Esto era increíble. Pero setenta y dos años más tarde, cuando ya Newton y Halley habían muerto tiempo atrás, el cometa Halley volvió exactamente como Halley había predicho.

De modo análogo los científicos newtonianos predijeron la existencia y movimiento exacto de pequeños planetas que nunca habían sido observados con anterioridad. O bien, tomemos el programa de Einstein. Este programa hizo la magnífica predicción de que si se mide la distancia entre dos estrellas por la noche y si se mide la misma distancia de día (cuando son visibles durante un eclipse del sol) las dos mediciones serán distintas. Nadie había pensado en hacer tal observación antes del programa de Einstein. De este modo, en un programa de investigación progresivo, la teoría conduce a descubrir hechos nuevos hasta entonces desconocidos. Sin embargo, en los programas regresivos las teorías son fabricadas sólo para acomodar los hechos ya conocidos. Por ejemplo, ¿alguna vez ha predicho el marxismo con éxito algún hecho nuevo? Nunca. Tiene algunas famosas predicciones que no se cumplieron. Predijo el empobrecimiento absoluto de la clase trabajadora. Predijo que la primera revolución socialista sucedería en la sociedad industrial más desarollada. Predijo que las sociedades socialistas estarían libres de revoluciones. Predijo que no existirían conflictos de intereses entre países socialistas. Por tanto, las primeras predicciones del marxismo eran audaces y sorprendentes, pero fracasaron. Los marxistas explicaron todos los fracasos: explicaron la elevación de niveles de vida de la clase trabajadora creando una teoría del imperialismo; incluso explicaron las razones por las que la primera revolución socialista se había producido en un país industrialmente atrasado como Rusia. «Explicaron» los acontecimientos de Berlín en 1953, Budapest en 1956 y Praga en 1968. «Explicaron» el conflicto ruso-chino. Pero todas sus hipótesis auxiliares fueron manufacturadas tras los acontecimientos para proteger a la teoría de los hechos. El programa newtoniano originó hechos nuevos; el programa marxista se retrasó con relación a los hechos y desde entonces ha estado corriendo para alcanzarlos.

Para resumir: el distintivo del progreso empírico no son las verificaciones triviales: Popper tiene razón cuando afirma que hay millones de ellas. No es un éxito para la teoría newtoniana el que al soltar una piedra ésta caiga hacia la tierra, sin que importe el número de veces que se repite el experimento. Pero las llamadas «refutaciones» no indican un fracaso empírico como Popper ha enseñado, porque todos los programas crecen en un océano permanente de anomalías. Lo que realmente importa son las predicciones dramáticas, inesperadas, grandiosas; unas pocas de éstas son suficientes para decidir el desenlace; si la teoría se retrasa con relación a los hechos, ello significa que estamos en presencia de programas de investigación pobres y regresivos.

¿Cómo suceden las revoluciones científicas? Si tenemos dos programas de investigación rivales y uno de ellos progresa, mientras que el otro degenera, los científicos tienden a alinearse con el programa progresivo. Tal es la explicación de las revoluciones científicas. Pero aunque preservar la publicidad del caso sea una cuestión de honestidad intelectual, no es deshonesto aferrarse a un programa en regresión e intentar convertirlo en progresivo.

En contra de Popper, la metodología de los programas de investigación científica no ofrece una racionalidad instantánea. Hay que tratar con benevolencia a los programas en desarrollo; pueden transcurrir décadas antes de que los programas despeguen del suelo y se hagan empíricamente progresivos. La crítica no es un arma popperiana que mate con rapidez mediante la refutación. Las críticas importantes son siempre constructivas; no hay refutaciones sin una teoría mejor. Kuhn se equivoca al pensar que las revoluciones científicas son un cambio repentino e irracional de punto de vista. La historia de la ciencia refuta tanto a Popper como a Kuhn; cuando son examinados de cerca, resulta que tanto los experimentos cruciales popperianos como las revoluciones de Kuhn son mitos; lo que sucede normalmente es que los programas de investigación progresivos sustituyen a los regresivos.

El problema de la demarcación entre ciencia y pseudociencia también tiene serias implicaciones para la institucionalización de la crítica. La teoría de Copérnico fue condenada por la Iglesia Católica en 1616 porque supuestamente era pseudocientífica. Fue retirada del índice en 1820 porque para entonces la Iglesia entendió que los hechos la habían probado y por ello se había convertido en científica. El Comité Central del Partido Comunista Soviético en 1949 declaró pseudocientífica a la genética mendeliana e hizo que sus defensores, como el académico Vavilov, murieran en campos de concentración; tras la muerte de Vavilov la genética mendeliana fue rehabilitada; pero persistió el derecho del Partido a decidir lo que es científico y publicable y lo que es pseudocientífico y castigable. Las instituciones liberales de Occidente también ejercitan el derecho a negar la libertad de expresión cuando algo es considerado pseudocientífico, como se ha visto en el debate relativo a la raza y la inteligencia. Todos estos juicios inevitablemente se fundamentan en algún criterio de demarcación. Por ello el problema de la demarcación entre ciencia y pseudociencia no es un pseudoproblema para filósofos de salón, sino que tiene serias implicaciones éticas y políticas.

Imre Lakatos