
"El hampa hace lo que le da la gana" dijo el pasado martes 8 de enero el Presidente Oscar Arias. Esas palabras expresan una verdad de perogrullo: los costarricenses vivimos en un estado de paranoia respecto al hampa. Ya no estamos seguros ni en nuestras casas, trabajos o automóviles, pues en cualquier momento y lugar podemos ser objeto de los ladrones. Reforzamos nuestras casas como verdaderas fortalezas: rejas, portones, alarmas, perros, etc. Los inocentes vivimos presos en nuestras viviendas mientras que los hampones andan libres con toda tranquilidad.
De hecho, salen cada mañana con la certeza de que, al final del día, tendrán un buen botín que disfrutar. ¿Y la policía? A pesar de que durante lo que llevamos de la gestión de Arias se ha visto un incremento sustancial de efectivos de la Fuerza Pública en las calles, los ladrones no tienen por qué preocuparse: pueden ser arrestados cuantas veces sean y en pocas horas saldrán libres para continuar con sus fechorías. Hace pocos días un hombre, que había sido arrestado 78 veces, aparentemente mató a otro en pleno centro de San José ¿Por qué no estaba preso? Todo porque cualquier robo menor a ¢250.000 es considerado como una contravención. Así pues, un hampón puede robar cosas como celulares, cadenas, relojes, aretes, tennis, bultos, calculadoras, libros, billeteras, etc. y tener certeza de que no será encarcelado por más de 24 horas. Incluso, se ha sabido de casos donde arrestan a algún hampón y el tipo se burla de los policías diciendo que en menos de 2 horas estará de regreso en las calles. ¡Que cinismo!
La ola de criminalidad parece imparable. Hoy, La Nación publica que en el puente peatonal que está frente al Hospital México hay, en promedio, 13 asaltos diarios; hace días la diputada Mayi Antillón fue víctima de un asaltante en un semáforo en Hatillo y el Ministro de Hacienda, Guillermo Zúñiga, fue víctima de un bajonazo. Pero no sólo ellos: miles de costarricenses han sido asaltados en la calle, en los buses, en sus trabajos, en los comercios o hasta en sus casas. Y no queda prácticamente otra opción que resignarse a no recuperar lo perdido.
Por eso, y dada la situación crítica, en ASOJOD celebramos que se haya acordado convocar una reunión entre el Ministro de Seguridad, los jerarcas del OIJ y de la Corte Suprema de Justicia, junto con otros expertos en el tema y políticos nacionales para abordar el tema de la (in)seguridad ciudadana. Asimismo, que se comience a conocer en la Asamblea Legislativa una serie de proyectos de ley impulsados por el Ministro Fernando Berrocal para atacar los delitos que hoy son conocidos como contravenciones y que son, los que al fin y al cabo, más problemas generan.
Hay que reconocer que ahora hay más policías en las calles, pero eso no es suficiente. No sólo porque cuando hay un asalto ellos brillan por su ausencia, sino porque a pesar del número de efectivos, nada se gana si atrapan al pillo pero poco después deben dejarlo en libertad. En ASOJOD no somos creyentes de que elevar la dureza de las penas, per se, sea la solución mágica para acabar con la criminalidad. Pero ante tal situación, es necesario eliminar la figura de la contravención para penalizar fuertemente a los hampones. Se trata de proteger la propiedad de las personas, la cual debe ser inviolable. Y no sólo se debe proteger un terreno o un automóvil; sino todo aquello que las personas adquieren, por más pequeño y sencillo que sea para que lo puedan disfrutar ellos y no los ladrones. Porque como bien apuntaba Ayn Rand "el hombre que produce mientras otros disponen del fruto de su labor es un esclavo".
En ASOJOD esperamos que el Ejecutivo logre producir medidas concretas para aumentar la seguridad ciudadana. Y ojalá que el Estado se de cuenta de que, por estar realizando funciones que no le corresponden (telefonía, internet, seguros, puertos, etc.), descuida la que es si obligación: la seguridad. Ojalá el Estado abandone sus aventuras y dedique esos recursos en darnos mayor seguridad para vivir un poco más tranquilos y que las relaciones sociales, políticas, económicas y humanas no se detengan por causa del terror de la gente de ser una víctima más de asalto.
De hecho, salen cada mañana con la certeza de que, al final del día, tendrán un buen botín que disfrutar. ¿Y la policía? A pesar de que durante lo que llevamos de la gestión de Arias se ha visto un incremento sustancial de efectivos de la Fuerza Pública en las calles, los ladrones no tienen por qué preocuparse: pueden ser arrestados cuantas veces sean y en pocas horas saldrán libres para continuar con sus fechorías. Hace pocos días un hombre, que había sido arrestado 78 veces, aparentemente mató a otro en pleno centro de San José ¿Por qué no estaba preso? Todo porque cualquier robo menor a ¢250.000 es considerado como una contravención. Así pues, un hampón puede robar cosas como celulares, cadenas, relojes, aretes, tennis, bultos, calculadoras, libros, billeteras, etc. y tener certeza de que no será encarcelado por más de 24 horas. Incluso, se ha sabido de casos donde arrestan a algún hampón y el tipo se burla de los policías diciendo que en menos de 2 horas estará de regreso en las calles. ¡Que cinismo!
La ola de criminalidad parece imparable. Hoy, La Nación publica que en el puente peatonal que está frente al Hospital México hay, en promedio, 13 asaltos diarios; hace días la diputada Mayi Antillón fue víctima de un asaltante en un semáforo en Hatillo y el Ministro de Hacienda, Guillermo Zúñiga, fue víctima de un bajonazo. Pero no sólo ellos: miles de costarricenses han sido asaltados en la calle, en los buses, en sus trabajos, en los comercios o hasta en sus casas. Y no queda prácticamente otra opción que resignarse a no recuperar lo perdido.
Por eso, y dada la situación crítica, en ASOJOD celebramos que se haya acordado convocar una reunión entre el Ministro de Seguridad, los jerarcas del OIJ y de la Corte Suprema de Justicia, junto con otros expertos en el tema y políticos nacionales para abordar el tema de la (in)seguridad ciudadana. Asimismo, que se comience a conocer en la Asamblea Legislativa una serie de proyectos de ley impulsados por el Ministro Fernando Berrocal para atacar los delitos que hoy son conocidos como contravenciones y que son, los que al fin y al cabo, más problemas generan.
Hay que reconocer que ahora hay más policías en las calles, pero eso no es suficiente. No sólo porque cuando hay un asalto ellos brillan por su ausencia, sino porque a pesar del número de efectivos, nada se gana si atrapan al pillo pero poco después deben dejarlo en libertad. En ASOJOD no somos creyentes de que elevar la dureza de las penas, per se, sea la solución mágica para acabar con la criminalidad. Pero ante tal situación, es necesario eliminar la figura de la contravención para penalizar fuertemente a los hampones. Se trata de proteger la propiedad de las personas, la cual debe ser inviolable. Y no sólo se debe proteger un terreno o un automóvil; sino todo aquello que las personas adquieren, por más pequeño y sencillo que sea para que lo puedan disfrutar ellos y no los ladrones. Porque como bien apuntaba Ayn Rand "el hombre que produce mientras otros disponen del fruto de su labor es un esclavo".
En ASOJOD esperamos que el Ejecutivo logre producir medidas concretas para aumentar la seguridad ciudadana. Y ojalá que el Estado se de cuenta de que, por estar realizando funciones que no le corresponden (telefonía, internet, seguros, puertos, etc.), descuida la que es si obligación: la seguridad. Ojalá el Estado abandone sus aventuras y dedique esos recursos en darnos mayor seguridad para vivir un poco más tranquilos y que las relaciones sociales, políticas, económicas y humanas no se detengan por causa del terror de la gente de ser una víctima más de asalto.