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domingo, 18 de mayo de 2008

Perú: Alan García y su renovada fe en la liberalización


La economía de Perú anda bien estos días. El presidente Alan García, un político inteligente, con experiencia y legendario por sus discursos populistas, ahora está tratando de promocionar el país ante los inversionistas. Y sus argumentos son buenos: la economía ha crecido a un promedio anual de más de 6,2% en los últimos seis años y esto se debe a mucho más que un auge en las exportaciones mineras. Perú ha prosperado por su competitividad, algo inimaginable hace una década.

Después de una presidencia desastrosa entre 1985 y 1990 y de años de exilio, García regresó y se postuló de nuevo a la presidencia. Su victoria en 2006 se dio fundamentalmente gracias al temor de los peruanos de que su rival implantara un gobierno de estilo chavista.

El García de ahora habla el lenguaje de alguien que renació con principios económicos liberales y defiende los mercados como una forma de reducir la pobreza. En Perú, esta transformación es aún un tema de debate. Lo que puedo asegurar, después de esta entrevista, es que García se aferra firmemente a los principios detrás de los argumentos en los que dice creer.

Los peruanos están descubriendo sus ventajas en mercados nicho del mundo en varios sectores aparte de la industria minera, incluyendo la manufactura, confección y agricultura. ¿Cómo ha sucedido todo esto?

"Pienso que el cambio esencial está en el modelo económico comercial de Perú", dice García. El país "ha decidido meterse en la economía global, abrir sus fronteras a la inversión, bajar aranceles [y] garantizar una estabilidad fiscal y monetaria. Pienso que esto, sostenido ya por más de 10 años, está dando frutos".

García también reconoce que muchos de sus vecinos no están cortejando a los inversores, lo cual beneficia a Perú. "[En la región], Perú parece el país que más favorece la modernización", generando un nivel de inversión "que es extraordinario". El país ha tenido "una importante tasa de crecimiento en los últimos tres años, desde 6% hasta casi 8% y luego 9% por año. Esperamos mantener, este año la tasa de crecimiento más alta y el nivel de inflación más bajo en Sudamérica".

Razones del cambio

Para un país marcado por décadas de pobreza y violencia, esto es algo casi milagroso. Pero quizás lo más sorprendente sea que el populista de izquierda más notorio de los años 80 ahora defienda el libre mercado. Le pregunté al presidente que me explicara este cambio.

"Primero, más que leer, uno tiene que ver la realidad y esta realidad es lo que ha cambiado. Hace 25 años, el mundo se dividió en dos", dice García, "y lo que no existía era la extraordinaria revolución en las comunicaciones y la informática, que es la base de todo el cambio en el mundo económico actual y del cambio en nuestras ideas. Internet, el dinero electrónico, la apertura económica sin fronteras, esto es que lo ha impulsado el cambio de pensamiento. Esta nueva realidad exige que no nos opongamos a la ola de globalización sino que la aprovechemos a favor de la sociedad".

Aún más sorprendente para los que recuerdan al viejo Alan García es su nueva fe en el sector privado como un motor de progreso humano. "Estamos comenzando un capítulo totalmente nuevo en la economía. El mundo está conectado y existe una democratización creciente a través de la participación de consumidores y productores". El rol del gobierno, según su opinión, es "persuadir a la gente —éste es su rol como líder— a que se abra a todas las posibilidades de... inversión y, con esto, descentralizar la actividad económica y así crear más empleo".

Sin embargo, sus críticos en Lima dicen que todavía tiene que demostrar su temple para impulsar la próxima fase de reformas. Perú particularmente necesita una reforma laboral que reduzca el costo de contratar y despedir a los trabajadores. Esto requerirá recortes en los impuestos de nómina y obligaciones de indemnización a las compañías cuando despiden a los trabajadores.

García está de acuerdo con que la regulación laboral es una traba para las compañías. "Ya no vivimos en una economía cerrada proteccionista. Esta es una economía de competencia y velocidad. Y por eso, las empresas están destinadas a nacer, vivir y morir porque cualquier compañía puede entrar a un mercado y desplazar a otra. En este sentido, las compañías están condenadas a la inestabilidad. Como consecuencia, no podemos continuar con conceptos que vienen de otro tiempo y otra situación".

Formalizar las masas

El problema de la inestabilidad, dice, dificulta la vida de los trabajadores peruanos. "Necesitamos una reforma que formalice a las masas —un 70% de los trabajadores peruanos— que trabajan en el sector informal y no tienen derechos, así como a los comercios que no son legales y no pagan impuestos".

Para reducir la economía informal, García parece estar a favor de los incentivos. En vez de contratar un ejército de inspectores, sabe que las reglas del juego deben cambiar. García dice que Perú tiene que bajar el costo de estar en el sector formal si quiere "incrementar su capacidad de ahorro interno a través de fondos de pensión y aumentar su capacidad de ofrecer planes de salud a los peruanos". Sin esos cambios, el país se quedará estancado en la "informalidad", lo que el presidente describe como "la esclavitud del siglo XXI".

Una significativa reforma laboral ayudaría mucho a borrar sus pecados del pasado y quizás también asegurar su legado. Pero mucho dependerá de la inflación. García culpa el alza en los precios de los alimentos al "desastroso programa de etanol" y el hecho de que el país no cultiva trigo y tiene que importarlo del exterior.

García quiere que el mundo sepa que es un creyente en la conexión entre la libertad y el progreso humano. Pero los peruanos no están tan ansiosos por bendecir su conversión. Parecería que la clave para poner fin al debate y reescribir los libros de historia es el poner su visión en acción.

Optimismo no le falta, y desestima un escenario de ruina y oscuridad. "Cuando dicen que el mundo está amenazado por la inmigración, la pobreza, la destrucción del medio ambiente y la concentración de monopolios, me río. Yo tengo una fe total en que la inteligencia humana y la tecnología superarán cualquier obstáculo, geográfico o social".

Mary Anastasia O'Grad

lunes, 10 de diciembre de 2007

Perú: ¿El próximo éxito latinoamericano?



El Senado estadounidense aprobó la semana pasada el tratado de libre comercio con Perú, algo que no pudo haber ocurrido en un mejor momento ya que esa nación andina se destaca cada vez más en la región como una democracia de mercado exitosa. Más de cinco años de crecimiento sostenido (el país creció 8% el año pasado) están transformando la economía y esparciendo el desarrollo a regiones que tradicionalmente se beneficiaban poco del progreso anterior. A diferencia de otros países en la región, tales como Argentina o Venezuela que también están experimentando crecimiento alto, el crecimiento de Perú se caracteriza por la inversión y la creación de riqueza en vez de la redistribución o los meros efectos de los altos precios mundiales de las materias primas.

¿Por qué está triunfando el Perú? Nuevamente, a diferencia de otros países sudamericanos, ha mantenido las reformas de mercado de principios de los noventa, ha profundizado algunas de ellas, y ha sostenido políticas macroeconómicas sólidas. Las políticas de apertura y estabilidad están rindiendo frutos. Cualquiera que haya estado visitando el Perú durante los últimos 15 años se da cuenta de las impresionantes mejoras en un sinnúmero de áreas de la vida nacional, incluyendo el notable progreso en los últimos años.

Un cambio en valores orientados más hacia la sociedad moderna también podría estarse dando a un paso lento. La mayoría de los peruanos apoyaron el TLC con EEUU. La calidad del servicio y la atención al detalle parece haber mejorado entre los trabajadores y administradores peruanos en una amplia gama de negocios. El escritor peruano Mario Vargas Llosa recientemente señaló que ahora él está más esperanzado por el Perú, no debido a sus indicadores económicos positivos, sino más bien porque "algo profundo parece haber cambiado en la cultura del país. Habría que ser ciego para no verlo".

En su excelente libro nuevo, La revolución capitalista en el Perú, el conocido periodista peruano Jaime de Althaus documenta detalladamente algunos cambios en la sociedad peruana. Las exportaciones tradicionales y no tradicionales están experimentando una bonanza, con las últimas aumentando a un ritmo mayor. Perú ahora se ha convertido en exportador de software, vendiendo alrededor de $20 millones el año pasado y creciendo a una tasa del 25 por ciento.

La clase media está creciendo. La brecha entre los ricos y los pobres y entre Lima y el resto del país también se ha reducido. Los aumentos en el ingreso han sido proporcionalmente mayores para los pobres que para los ricos.

Las empresas peruanas —muchas de ellas nuevas— han logrado éxito a nivel nacional e internacional, no sólo exportando al extranjero, sino también estableciendo fábricas y oficinas en otros países en áreas tan diversas como textiles, bebidas, minería, productos lácteos, ropa, banca y detergentes. Algunas empresas peruanas han sido víctimas de nacionalización en la Bolivia de Evo Morales.

Amplias regiones de la costa peruana que han sido puro desierto por mucho tiempo se han vuelto verdes como resultado de la "revolución agroindustrial silenciosa" que también se ha dado en algunas partes del interior. El agro peruano ahora es diverso, abarca desde azúcar hasta páprika y espárragos. El crédito personal como proporción del crédito total se ha triplicado en los últimos diez años y ahora constituye 24 por ciento del mismo. Las tiendas de departamento y otros negocios ahora regularmente atienden al sector popular. Centros comerciales inmensos han sido construidos y ahora prosperan en algunas de las secciones más pobres de Lima.

El presidente Alan García, quien durante su primer gobierno en la segunda mitad de los ochenta fue un desastre, está capitalizando este progreso y -nunca pensé que diría esto-hasta ahora ha resultado ser buen Presidente.

García se ha propuesto que el Perú crezca a niveles asiáticos durante muchos años. Él ha acusado a los burócratas, a las ONG, a los ambientalistas y a los intereses especiales de obstaculizar importantes cambios en las políticas públicas que aumentarían el crecimiento y reducirían la pobreza. También ha hecho propuestas específicas para permitir la inversión privada en amplias zonas de la selva para exportar madera y para proteger más efectivamente a la región de aquellos que la talan ilegalmente; ha propuesto la titulación de grandes áreas de tierra para que aquellos con recursos puedan explotar las mismas; ha planteado que se aumente dramáticamente la inversión privada en la minería y en otros recursos naturales del Perú; ha propuesto que el Estado renuncie a su propiedad sobre activos que no usa y que renuncie a funciones que son mejor desempeñadas por otros. Y así sigue la lista.

Perú también se ha convertido en una vergüenza para Hugo Chávez, quien tiene a los vecinos Bolivia y Ecuador como Estados clientes y está metiendo muchos recursos en el campo peruano en una campaña para promover su ideología anticapitalista. Perú se ha vuelto un país clave en la batalla ideológica que se está librando en Latinoamérica entre los reformistas y los populistas.

A Perú le queda todavía mucho por hacer antes de que pueda ser declarado una historia de éxito. Pero el tratado de libre comercio ayudará porque le dará permanencia a la política comercial; y la estabilidad de políticas y la competencia han sido la clave para el éxito peruano hasta ahora. Si Alan García avanza la agenda incompleta del Perú, por fin habrá empujado al país hacia la modernidad y será recordado no sólo como uno de los grandes presidentes del Perú, sino de Latinoamérica en un momento crítico de la historia de la región.

Por Ian Vásquez

jueves, 6 de diciembre de 2007

Perú: El TLC con EE.UU.



El pleno del Senado de Estados Unidos aprobó ayer por un holgado margen de 77 votos a favor y 18 en contra el tratado de libre comercio con el Perú, firmado el 12 de abril de 2006. Ahora este pacto requiere de la firma del presidente Bush. La ministra Aráoz informó que el siguiente paso que dará el gobierno peruano será trabajar en el proceso de su implementación.

La mayoría de los diarios nacionales celebran la aprobación del Senado norteamericano del tratado de libre comercio (TLC) con el Perú. La importancia de este tratado comercial también es repasada por casi todos. Y no es para menos. Haber conseguido el acceso libre de aranceles a una economía con un PBI per cápita 11 veces superior al nuestro es todo un logro. No obstante, ahora viene el trabajo de resolver las condicionantes, así como las reformas necesarias para poder aprovechar esta oportunidad al máximo: infraestructura, reducción de la burocracia, etc.

Pero otra labor que tenemos pendiente y que es tratada poco por los medios es la de continuar negociaciones comerciales con más economías, de tal manera que tengamos acceso a cada vez más mercados (China, Canadá, EFTA, etc.). No solamente por los beneficios comerciales, sino además porque la incorporación de estos acuerdos fomentan una economía estable y predecible a largo plazo. Es importante que la maquinaria negociadora y de difusión interna que se originó para promocionar el TLC con Estados Unidos siga operativa para promover estos nuevos acuerdos comerciales.

Nuestro siguiente gran reto es el TLC con la Unión Europea (UE), bloque cuyo PBI per cápita es 8 veces el peruano. La UE plantea una negociación con el bloque de la Comunidad Andina (CAN), permitiendo una negociación a distintas velocidades. No obstante, esto termina siendo una ilusión, pues de todas maneras, por como está planteado, cuando terminemos de negociar tendremos que esperar a que países con una clara política anti-integración comercial como Ecuador y Bolivia pasen por el proceso. Debemos aprender la lección del proceso de negociación con Estados Unidos: de los cuatro países de la CAN, Perú es el único que está logrando la firma del tratado. Además, las exportaciones peruanas representan el 47% de las exportaciones de la CAN a la UE, pero las de Bolivia apenas el 2%. Es obvio que tendremos distintas prioridades con respecto a un posible TLC con UE. Europa tiene que reconocer el daño que nos hace al imponernos esa restricción. Por nuestro lado, tenemos que presionar para excusarnos de la CAN para efectos de esta negociación, lo cual tiene mucho sentido si consideramos que en 38 años no hemos podido ni siquiera acordar un arancel externo común.



Por el Instituto Peruano de Economía