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viernes, 12 de noviembre de 2010

Virernes de recomendación


Para el día de hoy les ofrecemos el artículo titulado: "Karl Popper: sus disputas acerca del conocimiento y sus consecuencias políticas." En el el autor Nicolás Martínez explora las principales diferencias del filósofo vienes, entre dos escuelas de pensamiento que fueron sumamente populares durante el SIglo XX: el positivismo y la escuela de frankfurt.

viernes, 13 de agosto de 2010

Viernes de Recomendación


Para el día de hoy les ofrecemos el ensayo: "Los orígenes epistemológicos del estado contemporáneo" del profesor Gabriel Zanotti. En dicho trabajo el filósofo argentino pretende establecer un diálogo entre la filosofía de la ciencia y la filosofía política.

domingo, 23 de mayo de 2010

El debate de la filosofía de la ciencia en el siglo XX


Se me podrá conceder que, efectivamente, muy interesante el “rescate” de la metafísica, en la clase anterior, pero, más allá de interminables discusiones al respecto, la ciencia no tiene que ser “rescatada” de nada. Ella aparece, gloriosa, como el reino de lo seguro, lo objetivo, lo exacto, lo probado, como lo que estaría fuera, afortunadamente fuera, de nuestras interpretaciones, esas tan humanas formas de pensar que empañan todas nuestras discusiones filosóficas, literarias, religiosas, estéticas, etc. Pero la ciencia no merece sufrir nuestras “opiniones”. Ella es el reino de los hechos.

Se habrá advertido, espero, que yo no pienso así. Pero casi todos hemos sido formados en esta visión de la ciencia porque, como dice T. Kuhn, todos hemos pasado por las escuelas primarias posteriores a Newton (1). Y, como una muestra más de este mundo post-kantiano que habitamos, la matemática y la física parecen haber seguido el seguro camino de la ciencia(2). Y el que dice que no es un escéptico. Así estamos, positivistas y post-modernos peleándose ad infinitum.

El positivismo –ese “scientism” denunciado por Hayek(3)- no es más que una exageración. ¿Por qué negar el valor del método hipotético deductivo? ¿Qué tiene de erróneo plantear hipótesis, deducir sus consecuencias, y tratar de ver qué pasa con ellas? Nada. ¿Cuál es el problema filosófico con la física, la química, la astronomía, la biología? Ninguno. El problema no es con tal o cual ciencia, sino con una posición filosófica: el positivismo. El positivismo (4) tiene una y fundamental afirmación que no depende, desde luego, del método hipotético-deductivo: lo que no es ciencia carece de sentido. A la fresca!!!, eso es otra cosa. “Carecer de sentido” es, en el neopositivismo(5), una gravísima acusación. Significa decir que todo discurso metafísico es sencillamente un engaño del lenguaje, una pseudo-proposición que nada significa. ¿Se acuerdan? Hume ya lo había dicho, muy enojado....(6)

Un buen ejemplo sería esta afirmación de Santo Tomás: “Deus est”. En el contexto de la filosofía y el lenguaje de Tomás, eso tenía un claro sentido: Dios es causa fundamental de todo lo existente. Pero los neopositivistas no eran amigos de los contextos, sino más bien, de los textos, a los cuales les tomaban examen de lógica matemática: ¿Dios es qué?, preguntaría el positivista. El “es” requiere un predicado, si no lo hay, la proposición está mal formada desde el punto de vista sintáctico.

Obviamente los tomistas tenían mucho que decir a los neopositivistas, pero estos últimos no estaban interesados en absoluto por lo que ellos –esos anticuados y conservadores estudiosos de un fraile medieval- pudieran decir. Uno de ellos, Carnap, se entretenía tomando examen de lógica a Heidegger(7), pero eso tampoco era un problema, y en primer lugar no lo era para Heidegger. El problemita se produjo cuando alguien, que hablaba el idioma que hablaban los neopositivistas, habló. Y habló en contra. Esto es, cometió un pecado mortal, dijo que la metafísica puede tener sentido.

El pecador fue Karl Popper: “...Nada más fácil que crear una nueva fórmula existencial que exprese la aserción archimetafísica: que existe una persona a que está en todos lados, capaz de colocar cualquier cosa en cualquier lado, que piensa todo lo que es verdadero y sólo esto, y tal que nadie más lo sabe todo acerca del pensar de a”(8). Y renglones más abajo: “...Su significado me parece perfectamente claro...”.

Pero Popper cometió varios pecados más. No sólo afirmó que la metafísica puede tener sentido (lo cual no quiere decir que todas las proposiciones metafísicas sean verdaderas), sino, además, que:

a) La metafísica forma parte del proceso que lleva al descubrimiento de hipótesis que serán después físicas (en esto coincidió con un brillante y poco conocido historiador de las ciencias, A. Koyré, discípulo de Husserl (9) e inspirador de T. Kuhn(10). ¡Qué chico es el mundo! J)

b) La diferencia entre metafísica y física no pasa pues por el sentido o el sin-sentido sino porque la física puede ser empíricamente contra-dicha, esto es, falsada. La física no es entonces el ámbito de lo irrefutable, sino de lo refutable (11).

c) Hay cuestiones estrictamente metafísicas de las cuales podemos tener certeza: el realismo, la noción de verdad(12), el indeterminismo(13), la inmaterialidad de la inteligencia(14). y una norma ética que sintetiza, creo, toda su filosofía: el eje central de la racionalidad es el diálogo(15)...

Lo nuevo no fue el diálogo entre la física y la metafísica (muchos tomistas, como buenos aristotélicos, ya lo estaban haciendo) sino que todo esto fuera dicho por Karl Popper, desde el centro de los debates sobre la ciencia y la filosofía de la ciencia.

Pero Popper quedó como un viejito conservador al lado de lo que vino después.

Lo que vino después fue, en primer lugar, un joven y brillante historiador de la ciencia norteamericano, a quien ya hemos nombrado, T. Kuhn. Bueno, joven cuando publica el libro que lo lleva a la fama, en 1962 (16).

Kuhn establece, entre varias , estas dos cuestiones que parecen contradecir al ya sesentón Popper:

1. La racionalidad de la ciencia no es “algorítmica” (17) esto es, no tiene exactitud lógica ni matemática. Las teorías no se eligen merced a un proceso deductivo.

2. Los científicos no quieren para nada someter a sus teorías a falsación. Al contrario, se aferran a sus teorías convirtiéndolas de ese modo en paradigmas, ejes centrales e invisibles de interpretación del mundo.

Lo primero no es de ningún modo contradictorio con Popper, aunque el modo de escribir hiciera parecer lo contrario. Popper aclarará más adelante(18) que ni la corroboración ni la falsación son lógicamente necesarias, porque la negación de una consecuencia no puede refutar el conjunto de hipótesis de una teoría. Esto es clave para comprender la “no exactitud” de la ciencia... Además, si bien Popper hablaba de “hechos”, sin embargo afirmó una y otra vez que la “base empírica” está interpretada según la teoría que tengamos in mente(19), y por eso para Popper la teoría es siempre previa a la observación, y de allí su rechazo al inductivismo. Esto es fundamental porque coloca a Popper en una posición hermenéutica mucho más cercana a Kuhn de lo que él mismo pensaba.

Lo segundo es más problemático. Se trata del enfrentamiento de dos mentalidades: prescriptiva, ética, en Popper, historiadora en Kuhn. En este último, lo importante es lo que los científicos hacen más que lo que deben hacer. Y lo que hacen es aferrarse a sus teorías. ¿O no? Popper no negaba esto último y Kuhn no negó nunca el papel del diálogo; el punto es el rol que cada uno enfatizaba para el desarrollo de la historia de la ciencia. Kuhn tuvo la enorme virtud de introducir en la epistemología la plena conciencia del papel que juega en la cosmovisión del científico su circunstancia histórica, tan sobre sus narices que él no la ve y la llama “los hechos”. En ese sentido Kuhn implica la introducción de la conciencia histórica en la ciencia positiva, y eso es bueno. Popper lo acusa después de relativista(20) pero eso es dudoso. Es verdad que Kuhn rechazaba la noción de verdad como adecuación con la realidad(21) pero... ¿Qué estaba rechazando en realidad? Tal vez una noción de verdad que implicaba “hechos” versus las teorías.... Y esa noción de verdad no conducía a ningún lado....

Bien, pero esto no es todo. En 1965, en un famoso congreso en Londres, otro joven epistemólogo, esta vez húngaro, Imre Lakatos, hace una larga ponencia que después se hace famosa(22). Parte de la fama es que trató de conciliar el espíritu prescriptivo de Popper con el espíritu historiador de Kuhn. Es verdad, si, que los científicos se aferran a sus paradigmas. Ni Galileo ni Newton eran popperianos (no son dos ejemplos “menores”): ambos estaban convencidos de la absoluta verdad de sus teorías y no pensaban criticarlos ni someterlos a falsación de ningún modo. Tenían, en ese sentido, un núcleo central que no estaban dispuestos a abandonar. Pero, con esa actitud, ellos y los que trabajaban en su programa de investigación generaban una serie de hipótesis adicionales, hipótesis ad hoc, que como un cinturón protector rodeaban al núcleo central para defenderlo de anomalías. Cuando esas hipótesis generaban predicciones que eran no falsadas, entonces el programa era progresivo. Cuando no, era regresivo, y así la racionalidad popperiana se introducía de vuelta en escena, como una consecuencia no intentada de la historia de la ciencia....

Pero entonces Feyerabend, otro brillante historiador de la ciencia, totalmente iconoclasta de ciertos criterios de racionalidad, hace una impertinente pregunta a su amigo Lakatos: ¿cuándo se sabe que un programa es progresivo o regresivo?(23). Ahora sabemos que el programa de Galileo fue progresivo, pero, ¿cómo saberlo en su momento? Galileo no triunfó porque siguió las reglas sino porque violó todas las de su tiempo.... ¿Y cómo saber qué es lo racional y lo que no ahora?

Y la respuesa de Lakatos no podría haber sido más sorprendente: la ciencia es correr el riesgo....(24) De estar acertado ahora y equivocado después, y viceversa.... (¿Les suena la palabra “riesgo” a los economistas austríacos que estén leyendo estas líneas?)

Por más sorprendente que parezca, todo el debate post-popperiano de la ciencia ha llevado a las siguientes conclusiones:

a) la ciencia depende de presupuestos meta-físicos (Popper);

b) la ciencia no puede probar con exactitud, tampoco puede falsar o corroborar con extactitud (Popper).

c) La ciencia no se maneja con hechos desnudos de interpretación, pues los supuestos hechos objetivos son interpretados desde la teoría que queremos testear (Popper).

d) La ciencia depende de paradigmas históricos tan cercanos a la mentalidad del científico, que éste no los ve como tales (Kuhn).

e) La ciencia, con conciencia de ello o no, corre el riesgo de la progresividad o no de esos paradigmas (Lakatos).

f) La ciencia depende de audaces posturas que rompen reglas, más que seguirlas (Feyerabend).
Por supuesto, puede alguno disentir gravemente con todo esto pero quiero volver a reiterar que este es el panorama de la filosofía de la ciencia del s. XX, esto es, no son estos debates que han llagado a los filósofos de la ciencia desde fuera de su “mundo de vida”. No son temas hablados desde la literatura o la filosofía tomados luego por los científicos. Son temas hablados desde los ejemplos más caros a la historia de la ciencia occidental (Galileo, Kepler, Newton) desde filósofos de la ciencia (Popper, Kuhn, Lakatos, Feyerabend). Mario Bunge podrá decir que todos ellos están locos pero no podrá decir que está hablando con Heidegger.

No, directamente. Indirectamente, todo este debate ha implicado una confluencia entre la epistemología, la hermenéutica y la más alta filosofía que hay que ver a qué nos conduce. Por mi parte, predigo que al re-descubrimiento de un nuevo tipo de racionalidad, esa racionalidad humana de la cual la racionalidad matemática es sólo un aspecto. Predigo también que poco a poco las ciencias llamadas exactas volverán a ser más humildes, y que poco a poco se volverá a hablar de las ciencias como lo que realmente son: parte de las humanidades. Y predigo también que el último y refinado totalitarismo de Occidente, a saber, el muro de la obligatoriedad de la ciencia, caerá, dando lugar a nuevos e insospechados espacios de libertad (25).

Porque la ciencia –cabe recordar lo obvio- no es divina ni animal. Dios no la necesita y los animales tampoco. Es un producto específicamente humano y como tal debe ser visto. Es comprensible que veamos en sus logros la esperanza de que nos libre totalmente de nuestras maldades. Pero eso es hacerle jugar el papel de Dios y entonces, trágicamente, convertirla en bestia.

Gabriel Zanotti


Lectura recomendada:

Popper, Karl: Búsqueda sin término (autobiografía intelectual); Tecnos, 1985. Caps. 1 al 10.



Notas:

1 Kuhn T.: La revolución copernicana [1955]; Orbis, 1978. Es interesante reparar en que cierta mentalidad positivista forma parte de un sustrato cultural que damos por supuesto, sin advertirlo. Es un buen ejemplo de cómo ciertas concepciones filosóficas pueden formar parte de ese mundo de vida cotidiano del que siempre estamos hablando. A modo de ejemplo, reparemos en las siguientes suposiciones, casi nunca sometidas a crítica en nuestra vida diaria: a) la ciencias son objetivas y nos hablan de los hechos; b) lo filosófico, lo literario, lo religioso, se puede debatir; lo científico, no, porque está “probado”; c) en esas “pruebas” lo numérico tiene una importancia fundamental. Los “datos” tienen que ver con cifras y estadísticas que habitualmente se nos arrojan por la cabeza, o nosotros “tiramos” sobre alguien, casi con violencia, como diciendo “y ante esto no hay discusión”. Entonces, parece que cuantos más porcentajes y estadísticas haya a nuestro favor, mejor, porque eso no estaría librado a interpretaciones. Por eso separamos el mundo entre “datos” y “opiniones”. Finalmente, suponemos que los gobiernos tienen el deber de protegernos la salud con los supuestos datos objetivos de la ciencia...

2 Kant, I.: Crítica de la razón pura, Introducción.

3 Hayek, F. A. Von: “Scientism and the Study of Society” en The Counter-Revolution of Science, Liberty Press, 1979.

4 Sobre positivismo y neopositivismo, ver la clásica compilación de Ayer, A.J.: El positivismo lógico, Fondo de Cultura, 1978.

5 La diferencia entre positivismo y neopositivismo es más bien histórica. El último refiere al movimiento específicamente llamado así o positivismo lógico, cuyos autores centrales son Schlick, Carnap, Hahn, Neurath y tal vez Hempel, y que editan la revista “Conocimiento” de 1929 a 1939. En ese año, los que tuvieron suerte, pudieron emigrar a los EEUU. A Hitler no le divertía escuchar que lo suyo carecía de sentido....

6 Decíamos en la clase 6: “Ambas respuestas son un claro ejemplo de los genes culturales puestos por Hume antes que Kant. Y, tal vez, de un modo más hostil. Cansado de las elucubraciones de la metafísica clásica continental, nuestro alegre escocés se cansó definitivamente de ella y arremetió contra toda metafísica: “...Cuando curioseamos los libros de una biblioteca, persuadidos de estos principios, ¿qué debemos destruir? Si cae en nuestras manos algún volumen, por ejemplo de teología o de metafísica escolástica, preguntémonos: ¿contiene algún razonamiento abstracto sobre la cantidad o sobre los números? No. ¿Contiene algún razonamiento experimental sobre cuestiones de hecho y de existencia? No. Entonces, arrojémoslo al fuego porque no contiene más que supercherías engaño*” (Investigaciones sobre el entendimiento humano, citado por Abbagnano en op.cit. en bibliografía obligatoria; p. 319). Obsérvese qué interesante: “supercherías y engaños”. Lo que no es física o matemática es un sin-sentido. Exactamente la misma acusación que el neopositivismo contemporáneo (1929-39) hace a toda metafísica. Hume se adelantó dos siglos. No sabemos si este enojo de Hume ocupaba el lugar de sus pensamientos, ni estamos afirmando que se lo deba ver como fundamentalmente desde esa expresión. Gracias a Dios, él escribió otras importantes obras que no contenían física o matemática y obviamente no las arrojó al fuego. Sólo decimos que este enojo antimetafísico ha marcado a la cultura occidental del s. XVIII para adelante y no ha podido ser acallado por las diversas corrientes que han intentado un rescate de la metafísica (neoescolásticos, Husserl, Rosmini).
Pero, ¿era esperable este resultado? ¿Era esperable este escepticismo antimetafísico? Después de la metafísica continental, donde incluso la física teórica dependía de la demostración de la existencia de Dios, Hume puede interpretarse como una reacción. Sin embargo, recordemos que esta crisis tiene un origen más profundo. El famoso problema del puente entre sujeto y mundo externo. Tanto Descartes como Locke quisieron cruzar el puente. Esto es, demostrar que el mundo externo existe. Pero hoy podemos, retrospectivamente, hacer esta pregunta: ¿por qué había que cruzar ese puente? Ni Aristóteles, ni Platón, ni San Agustín ni Santo Tomás intentaron cruzar nunca nada. Y hoy en día, desde perspectivas muy diferentes, un Gilson, un Putnam o incluso un Popper replantean el valor filosófico de un realismo natural que pase por el costado de ese puente. ¡Muy interesante! Lo que queremos decir es: tal vez el enojo de Hume dependió también de un puente que al intentar ser cruzado se rompía siempre en mil pedazos, haciendo caer al sujeto en las aguas encrespadas de la nada.”

7 Ver Carnap, “La superación de la metafísica mediante el análisis lógico del lenguaje”, en Ayer, op.cit.

8 Popper, K., Conjeturas y refutaciones, Paidós, 1983, cap. 11.

9 Ver Solís, C.: “Alexandre Koyré y la ha historia de la ciencia”, introducción a Koyré, A.: Pensar la ciencia, Paidós, 1994.

10 Kuhn, T.: The Road Since Structure, University of Chicaco Press, 2000, Part III.

11 Todo su famoso y clásico La lógica de la investigación científica [1934](Tecnos, 1985) está dedicado a este tema.

12 En Realismo y el objetivo de la ciencia, Tecnos, 1985.

13 En Conocimiento objetivo, Tecnos, 1988.

14 En El universo abierto, Tecnos, 1986

15 Ver Artigas, M.: Lógica y ética en Karl Popper, Eunsa, Pamplona, 1998.

16 Nos referimos obviamente a La estructura de las revoluciones científicas (Fondo de Cultura, 1970).

17 Op.cit., cap. VI, y “Objetividad, juicios de valor y elección de teorías”, en La tensión esencial, Fondo de Cultura, 1996.

18 En realismo y el objetivo de la ciencia, op.cit., introducción.

19 La lógica de la investigación científica, op.cit., cap. 3.

20 En “The Myth of the Framework”, en el libro homónimo editado por Routledge en 1994.

21 Ver “Reflections on my Critics” en Criticism and the Growth of Knowledge, Cambridge University Press, 1970.

22 Ver La metodología de los programas científicos de investigación, Alianza, 1989.

23 Feyerabend, P.K.: Tratado contra el método [1975], Tecnos, 1981, cap. 16.

24 Lakatos, op.cit., p. 152.

25 Tema central en Feyerabend, op.cit., cap. 18.

sábado, 11 de abril de 2009

Entrevista a Alfred Ayer


En este entrevista realizada a Alfred Ayer se comenta sobre cómo surgió el positivismo lógico (conocido como Círculo de Viena) y cuales eran las principales ideas del movimiento así como los problemas que presentaba.

martes, 29 de abril de 2008

Respuesta al comentario de un lector


Uno de nuestros lectores hace un comentario en donde afirma que Karl Popper fue un positivista lógico. Además, pregunta si la ética para Popper podía ser objetiva y si es posible someterla a examen, siguiendo la metodología falsacionista. Finalmente, cierra con la pregunta de qué es el hombre para el objetivismo. Íbamos a contestarle en el espacio de comentarios del artículo anterior, no obstante, la respuesta es algo extensa, por lo cual decidimos hacerla en forma de post.

Popper ¿positivista?

En primer lugar, hay que aclarar que Popper NO era un positivista lógico; al contrario, siempre despreció al Círculo de Viena, el grupo de intelectuales positivistas lógicos más reconocidos de su época. Sí fue colega, e incluso amigo de positivistas como Tarski, Carnap y Hempel, pero nunca compartió sus ideas. Popper, de hecho, ha dedicado varias de sus obras a criticar al positivismo en todas sus dimensiones, y no porque no crea que los hechos son independientes del sujeto (pues Popper si cree en una realidad objetiva), sino porque no encuentra sentido en que de un pequeño número de experimentos, se desprendiera una ley universal (recuerde que los positivistas adoptan como medio de verificación científica el empirismo).


Mientras para los positivistas, el conocimiento consiste en descripciones de hechos, para Popper consiste en explicaciones e hipótesis. De ahí la metodología falsacionista, que establece que todo conocimiento científico debe ser suceptible de ser falseado, es decir, se debe someter a exámenes para encontrar si hay algún error. De encontrarse, esa verdad se abandona y se adopta una nueva, hasta que aparezcan elementos que la falseen. Por eso Popper habla de conocimiento evolutivo.

La crítica de Popper al positivismo es evidente: en su texto "Contra las grandes palabras", donde expresa
que:
"en 1934 publiqué 'La lógica de la investigación científica'. Fue una crítica al positivismo pero Schlick y Frank, los líderes del Círculo de Viena, fueron tan tolerantes que aceptaron el libro para una serie que estaban editando.

Uno de los resultados de esta tolerancia fue que todo el que apenas ojeó este libro me tomó por positivista (...)

Sin embargo, mi posición no podría estar más alejada del positivismo (el único parecido es que me intereso mucho en la Física y la Biología, mientras que los hermenéuticos no tienen el más mínimo interés en ninguna de las ciencias naturales). En particular soy anti-inductivista, anti-sensacionista, campeón de la primacía de lo teórico y lo hipotético y realista.

Mi epistemología implica que las ciencias naturales no comienzan con ‘mediciones’, sino con grandes ideas y que el progreso científico no consiste en acumulación ni clarificación de hechos, sino en ideas intrépidas y revolucionarias, que entonces son sometidas a aguda crítica y examen (...)". (Popper, Karl. Contra las grandes palabras. P. 246)

De la cita anterior, se puede sintetizar que mientras para los positivistas, la ciencia empieza con la observación de un hecho y la posterior generalización del mismo (método inductivo), para Popper, la ciencia empieza con un problema, con una hipótesis, que se somete a verificación. Si es válida, se adopta como verdad y se mantiene, como ya se ha dicho, hasta tanto no aparezcan elementos que la falseen.

Ética objetiva en Popper:

Respecto al tema de la ética, Popper afirmaba que son los principios éticos los que forman la base de la ciencia:

"El más importante de los principios éticos es el de que la verdad objetiva es la idea regulativa fundamental de toda discusión racional (...) Otros principios éticos incluyen nuestro compromiso con la búsqueda de la verdad y con la idea de aproximación a la verdad, así como la importancia de la integridad intelectual y de la falibilidad que nos lleva a una actitud autocrítica y a la tolerancia". (Popper, Karl. El mundo de Parménides. P. 79-80)

Popper se preocupó por la simplicidad explicativa, diciendo que era un deber del intelectual transmitir sus conocimientos de una manera sencilla, sin caer en grandilocuencias. Su valoración de la razón como un elemento beneficioso e imprescindible para el hombre, le llevó a ello.

También apreciaba la libertad como un valor, digno de ser defendido por cualquier hombre, puesto que ella era una condición sine qua non para la vida. En ese sentido, similar a Hayek, proponía una concepción negativa de libertad, es decir, entendiéndola como la no coacción sobre el individuo.

A ese respecto, escribió Popper en "Conjeturas y Refutaciones", que:

"Si admitimos que no hay autoridad alguna...que se encuentre más allá de la crítica, entonces podemos conservar sin peligro la idea de que la verdad está por encima de toda autoridad humana. Y debemos conservarla, pues sin esa idea no puede haber patrones objetivos de la investigación, ni crítica de nuestras conjeturas, ni tanteos en lo desconocido, ni búsqueda del conocimiento” (Popper, Karl. Conjeturas y Refutaciones. P. 54)

Libertad y razón se erigen en Popper como dos condiciones necesarias para la vida. Para poder pensar y para que la ciencia progrese, es necesaria la libertad, no sólo para pensar, sino también para someter a crítica cualquier conocimiento. Ello sería imposible, como bien explica Popper, si existieran autoridades supremas inmunes a la crítica.

Estos dos valores son absolutos para Popper. Sin ellos, es imposible el progreso y la vida misma. Exiten, pues, como una ética objetiva, pues son valores en sí mismos y son beneficiosos para cualquiera. Pero ni Popper ni el objetivismo establecen que el ser humano esté obligado a apreciar siempre y en todo lugar, dichos valores. Al ser el hombre un ser racional, por medio del uso de su capacidad de pensar se dará cuenta que necesita y que aprecia esos valores. Pero al ser volitivo, puede decidir si los aprecia o no. No apreciarlos, sin embargo, no significa que dichos valores dejarán de ser importantes desde el punto de vista objetivo, como tampoco desaparecerá el abismo tan sólo porque el hombre se niegue a verlo.

En este sentido, es evidente que los valores podrían ser sometidos a crítica y rechazados si se encuentra evidencia de que no son buenos para el hombre qua hombre. En ese sentido, Rand fue muy clara al explicar qué es bueno para el hombre:

"es la naturaleza humana la que determina qué requiere el ser humano para sobrevivir, y esto no queda sometido a su arbitrio. Lo que sí está sometido a su elección es si lo descubrirá o no, si habrá de elegir las metas y valores correctos o no. Es libre de efectuar una elección errada pero no de tener éxito a través de una mala elección. Es libre de evadir la realidad, de desenfocar su mente y trastabillar a ciegas a lo largo de cualquier pendiente que le plazca, pero no es libre de evitar el abismo que se niega a ver". (Rand, Ayn. The virtue of selfishness. s.p.)

Siendo un ser racional, la capacidad mental del hombre le llevará a someter a pruebas la información que obtiene. La metodología falsacionista está inmersa en todo, y no sólo en la ciencia, pues es la única forma de validación que tiene el ser humano. Aunque Popper nunca lo dijo expresamente (o al menos no sabemos si lo dijo, pues es quizá uno de los autores más prolíficos del siglo XX y no hemos leído la totalidad de su producción), se desprende de la metodología falsacionista que se debe someter a prueba cualquier conocimiento o creencia, máxime las propias y más "sagradas", pues el deber del científico es hacer todo lo posible por evitar el error.

¿Qué es el hombre?

Finalmente, la pregunta del lector va dirigida a saber qué es el hombre. El hombre es el único ser racional y volitivo de cuantos existen. Estas son sus dos características fundamentales: la razón, como capacidad y esfuerzo voluntario e individual de utilizar la mente para resolver los problemas a que se enfrenta y para adquirir y validar el conocimiento; la voluntad, entendida como libertad absoluta sobre su existencia y sus capacidades para decidir la forma en que hará las cosas y los caminos que seguirá, teniéndo como único límite la voluntad de otros hombres. Al ser racionales, los hombres entederán que la violencia como método para cumplir cometidos sólo puede traer muerte y destrucción, situaciones incompatibles con la supervivencia humana, por lo que renunciarán a ella y buscarán métodos más eficaces para cumplir sus cometidos sin poner, al mismo tiempo, su vida en peligro.

La voluntad es tan amplia que, inclusive, el hombre puede renunciar a la razón. No obstante, en ese momento quedará equiparado con una bestia. Porque si no piensa, no puede determinar qué es bueno y qué es malo; no puede sobrevivir porque no ha de encontar la forma de hacerlo. Probablemente buscará sobrevivir con base en la fuerza, pero morirá en el momento en que se enfrente a una bestia más fuerte que él. Quizá decida intentar sobrevivir a partir del robo, la estafa, el engaño, pero se topará con seres más hábiles en esas lides que él y pronto se verá en apuros.

Esperamos que nuestra respuesta sea satisfactoria para las dudas del lector.