
Septiembre de 2006. La mitad de la liquidez total de Costa Rica está denominada en dólares. Más y más común se está volviendo poner en dólares los precios de casas, carros, computadoras e incluso ropa. El país se encamina a entablar un tratado de libre comercio con Estados Unidos. Los dólares en poder del Banco Central cubren dos veces la base monetaria. En otras palabras, hay condiciones suficientes para establecer una dolarización.
¿Las ventajas? Primero, una moneda estable usada por más y más países, incluyendo el socio comercial con el que hacemos la mitad de nuestro comercio internacional. Segundo, los contribuyentes no tenemos que seguir pagando cientos y cientos de empleados del Banco Central ni el mantenimiento de un edificio de varios pisos en el pleno corazón de la capital ni la acuñación de monedas ni la impresión de billetes.
¿Las desventajas? Según manifiesta en diversos medios el presidente del Banco Central, Francisco Gutiérrez, la desventaja es básicamente que el Central pierde la posibilidad de hacer política de estabilización ante los shocks que reciba la economía.
Octubre de 2006. La posición del grupo de interés del Central finalmente se hace valer y se emprende un régimen que nos vuelve más dependiente del colón. Ante la evolución de esta situación durante el siguiente año, algunos comentarios se vuelven indispensables.
El fetiche de la política estabilizadora
Una de las principales piezas en la estrategia de Gutiérrez al frente del Central ha sido el establecimiento de metas de inflación. Estas consisten en poner al Banco Central a actuar exclusivamente en función de controlar la inflación. La evolución de las tasas de interés y el tipo de cambio, por ejemplo no importan. Solo importa mantener una inflación lo más baja posible.
Eso está muy bien. Sin embargo, cuando le preguntan a Gutiérrez por qué no dolarizar, insiste en que ello le quitaría al Central la política de hacer política de estabilización ante shocks externos.
La política de estabilización consiste en emitir colones para contrarrestar fenómenos que debiliten el dinamismo económico. El objetivo es que la actividad económica se mantenga estable. Pero si se emiten colones, se crea inflación. Se contradice entonces el presidente del Central cuando por un lado dice que el objetivo es evitar la inflación a toda costa y por otro dice que hay disposición a provocar inflación con tal de mantener la actividad económica estable.
Cabe destacar, que es imposible que el Banco Central mágicamente elimine los efectos negativos de los fenómenos económicos. Si, por ejemplo, disminuye la demanda de los extranjeros por nuestros productos, eso nos perjudicará, punto. Cuando se le dejan operar naturalmente, los precios transmiten la información de que algo malo está pasando y nos ayudan a adaptarnos a la realidad, reduciendo al máximo los costos de la reducción de la demanda.
Pero supongamos que el Banco Central hace política de estabilización, emitiendo dinero. Eso enturbia las señales de los precios. Por eso ahora nos va a costar más detectar que hay menos demanda de nuestros productos porque siguen llegando colones a nuestras empresas. No nos damos cuenta de que esos colones valen menos y desperdiciamos recursos produciendo productos que tarde o temprano no vamos a poder vender a los precios reales que pensábamos. Al final, no solo perdemos por el efecto original del shock sino además por la política de “estabilización”.

Y es esa política de estabilización el pretexto básico para no dolarizar.
El régimen de bandas
Como el Banco Central no podía reducir la inflación del colón, la gente poco a poco se fue dolarizando. La infame solución que encontró el Central no fue hacer más atractivo al colón sino quitarle a la gente ventajas en el uso del dólar. Como no pudo reducir la inflación del colón, se decidió a incrementar el riesgo para los ticos de usar dólares: estableció un régimen de bandas.
El régimen de bandas pretendía que el tipo de cambio fluctuara entre dos precios, llamados piso y techo de la banda. Solo si se iba a salir de las bandas, intervendría el Central. Eso crearía incertidumbre y la gente se vería obligada a volver a usar colones.
Sin embargo, las cosas no salieron exactamente como se planearon. El tipo de cambio comenzó a bajar y bajar. El Banco Central tuvo que comenzar a comprar dólares al precio de piso, para evitar que el tipo de cambio siguiera bajando. Lo que pasó es que el piso estaba por encima del tipo de cambio que hubiera prevalecido en un mercado sin intervención del Central.
El gráfico 1 puede aclarar lo que ha estado sucediendo. Según la revista The Economist, en enero de 2007, sin intervención del Banco Central, el precio “natural” del dólar habría sido de 351 colones. No obstante, el Central estaba comprando dólares a 519 colones. A este precio al que el Central compra se le llama piso. Si en el mercado el precio fuera más alto nadie le vendería al Central porque los compradores podrían conseguir vendedores que les dieran más que el Central. No obstante, como el precio en el mercado hubiera sido de 351 colones, muchos prefieren vender al Central a 519 colones. Es decir, los precios en el mercado se pegan al piso y el precio del dólar es “artificialmente” alto.
Hay que tomar en cuenta que el precio en colones del dólar tiene que ir subiendo por efectos de la inflación del colón. También hay que tomar en cuenta que el precio de piso actualmente está cayendo todos los días hábiles. Sin embargo, si el Banco Central no hace bajonazos extraordinarios del piso y no cambia la pauta de caída del piso, y si The Economist tiene razón, el precio del dólar se metería dentro de la banda (se despegaría del piso) tan tarde como diciembre de 2011, o sea dentro en cuatro años.
Si el Banco Central quiere que el tipo de cambio se meta dentro de la banda antes, tendría que seguir haciendo bajonazos y/o aumentando la pauta de caída del piso. Por ejemplo, en noviembre de 2007, si el Banco Central quisiera bajar el piso a la estimación de precio natural del mercado de The Economist, tendría que hacerle un bajonazo de 140 colones al piso, o sea una devaluación repentina de 28%.
Ciertamente, el precio del dólar que ha mantenido el Banco Central ha favorecido por años a los exportadores a costa de los importadores, pero cambiar la situación crea incertidumbre sobre una situación que, para comenzar, fue creada originalmente por el propio Central. Nada que ver con estabilidad externa de la moneda nacional, que es por cierto uno de los principales objetivos de la entidad, según su propia ley orgánica.
Bandas: un negociazo para las entidades financieras “registradas”
Lamentablemente, los desaciertos del Central no paran ahí. Las bandas flexibilizaron el precio del dólar dentro de cierto rango, pero no flexibilizaron la cantidad de comerciantes de la divisa. Resulta que no todo mundo puede comerciar dólares. Para hacerlo, requiere de un capital mínimo de quince millones de colones además de una garantía de treinta millones de colones, entre otros requisitos. En la práctica, sólo los bancos, puestos de bolsa, casas de cambios y otras empresas financieras registradas ante la SUGEF pueden hacer comercio con dólares. Esto significa una barrera artificial a la entrada de competencia en el mercado de dólares.
Ello ha provocado que la mayor flexibilidad del régimen de bandas redunde en un diferencial entre el precio de compra y el precio de venta más alto. Como se puede observar, antes del régimen de bandas, la diferencia entre el tipo de cambio de compra y el de venta rondaba el 0.4%. Después de que se abrió el sistema de bandas, el diferencial subió hasta un promedio de 0.9%. Algunos funcionarios del Banco Central han pretendido atribuir este aumento a que antes de las bandas los bancos cobraban una comisión por comerciar dólares que ahora tendrían que incluir en el diferencial. No obstante, esto solo podría explicar alrededor de 0.2% del aumento del diferencial. El resto es puro ordeño a los clientes de las empresas financieras “registradas”. Es más, ante el bajonazo del piso el 22 de noviembre de 2007, el diferencial ha aumentado todavía más hasta llegar a alrededor del 1.20%. ¡Los bancos están haciendo clavos de oro!
Si no existieran barreras artificiales de entrada, seguramente veríamos gente humilde haciendo su negocito compitiéndole en las afueras del Aeropuerto Juan Santamaría los 63 colones de ganancia que hace Global Exchange por cada dólar que compra y luego vende, quitándole así obstáculos a las pequeñas empresas y beneficiando tanto a los usuarios que venden como a los que compran dólares.
¿Qué hacer?
El régimen de bandas ha obligado a la gente a reducir el uso de dólares. Lamentablemente, eso ha hecho que la dolarización fuera un poco más traumática hoy que cuando se inició el régimen de bandas. Por otro lado sin embargo, la cantidad de dólares en poder del Banco Central es más grande, fruto de sus compras para defender el piso, lo que hace más viable la dolarización.

Sin embargo, entendemos que la verdadera razón de fondo, no la contraproducente y contradictoria política de estabilización, sino la permanencia del grupo de interés conformado por los empleados del Banco Central, es todavía muy fuerte y hace inviable políticamente la solución fácil, barata y efectiva de la dolarización.
En ese sentido, cabe hacer algunas recomendaciones en relación con el régimen de bandas. La primera es eliminar barreras de entrada al comercio de dólares, de modo que el diferencial cambiario pueda reducirse. La segunda es evitar los bajonazos repentinos del piso. En vez de eso, se recomienda ir aumentando el ritmo de caída del piso, para que el tipo de cambio se meta en poco tiempo dentro de las bandas y se elimine así la actual distorsión artificial del precio del dólar.
Estas medidas ayudarían a aliviar un poco la cruz de nuestro sistema cambiario que surge a su vez de la necedad de querer usar una moneda que a veces no parece sino una maldición de nunca acabar y que nos tiene preguntándonos: ¡qué estaremos pagando con el colón!
Por Adrián Brenes