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lunes, 7 de agosto de 2017

Tema polémico: los mitos acerca del liberalismo

Para esta ocasión, queremos invitarlos a la presentación de la Segunda Edición del Libro "Mitología acerca del liberalismo", escrito por nuestro apreciado amigo y colaborador, Jorge Corrales Quesada. 

De verdad esperamos que asistan. La lucha por las ideas de la libertad comienza por derribar los mitos que nuestros enemigos crean y esparcen. De ahí la importancia de leer este maravilloso libro, como una lección para refutar las mentiras que el totalitarismo y el estatismo inventan y que se han convertido en cadenas culturales y educativas que pesan sobre la ciudadanía.

La actividad se realizará este jueves 10 de agosto a las 6:00 pm en el Hotel Radisson (cruce de La República). Será gratuita y, al final, habrá un coctel cortesía de ANFE y la Fundación Academia Stvdivm. Para reservar su espacio, deben comunicarse con Olga Sánchez al teléfono 8996-65-69 o al correo electrónico guita61@hotmail.com.

lunes, 15 de mayo de 2017

Tema polémico: Foro Progreso y Libertad de ANFE

Para esta ocasión queremos invitarlos al foro "Progreso y Libertad" que organizan nuestros amigos de la Asociación Nacional de Fomento Económico (ANFE). El mismo se llevará a cabo el martes 23 de mayo de 2017, a las 6:30 pm en el Hotel Crowne Plaza Corobicí (costado norte del Parque La Sabana). 

Nunca antes como ahora, el liberalismo costarricense ha tenido tantos candidatos a la Presidencia de la República. Por eso, es una gran oportunidad para que podamos conversar con ellos, escuchar su pensamiento y conocer sus propuestas, pero sobre todo, para promocionar las ideas y valores de la libertad.

Costa Rica necesita una reforma muy grande y los partidos estatistas no la harán. Para lograr esa transformación se ocupa una opción liberal -sea a través del Partido Movimiento Libertario, del Partido Liberal Progresista o del ala que representa Rodolfo Piza en la Unidad Social Cristiana- que implemente políticas públicas generadoras de mayores espacios para la libertad y el progreso.

La inversión para asistir es de ¢5.000 para público general, pero si son asociados de ANFE y se encuentran al día en el pago de sus cuotas, la actividad será gratuita. Para confirmar asistencia, deben comunicarse a los teléfonos 2253-4460, 2253-4497, 2224-7350, 8996-6569 o a los correos electrónicos info@anfe.cr y guita61@hotmail.com. Pueden realizar su pago mediante depósito a la cuenta cliente 15100010012208242 del Banco Nacional a nombre de Asociación Nacional de Fomento Económico, cédula jurídica 3-002-045006. Favor enviar el comprobante a Olga Sánchez al correo guita61@hotmail.com.


martes, 23 de diciembre de 2014

La columna de Carlos Federico Smith: simplismo y consecuencias no previstas

Hay problemas en la vida para los cuales su solución parece ser muy directa. Por ejemplo, si se tiene sed, se resuelve hidratándose o, si hay falta sueño, pues con dormir se corrige o si hace frío, habrá que buscar abrigo. Alguien de inmediato me diría: “elemental, Corrales”, pero la verdad es que en esa misma vida hay problemas en los que, aparentemente, las soluciones son sencillas y concretas, pero que, a la hora observar sus resultados, ya no parecen más ser tan obvias, porque en muchas ocasiones esas soluciones tienen consecuencias no previstas que hacen que esos resultados positivos esperados no se den o resulten ser peores que la medicina.

Tratemos de definir o aclarar que es eso de “consecuencias no previstas”. Para entenderlo acudo a un pensador liberal que, entre otros, tuvo el enorme mérito de explicar temas aparentemente muy complejos, de una manera sencilla y perfectamente comprensible para el lector. Me refiero a Frederic Bastiat, quien, en su último panfleto escrito en 1850, titulado “Lo que podemos ver y lo que no podemos ver”, expuso que “Existe tan sólo una diferencia entre un mal economista y uno que es bueno: el mal economista se confina a sí mismo en el efecto visible; el buen economista toma en cuenta tanto al efecto que puede ser visto, como aquellos efectos que deben haber sido previstos”. Es una forma de expresión mediante la cual se puede considerar que, cuando se interviene en sistemas complejos, siempre se crean resultados no anticipados y a menudo indeseables.

Esto puede explicarnos por qué, por ejemplo, se nos enseña que tragar agua salada en un naufragio es inconveniente y hasta mortal. Antes de que eso se nos hiciera saber, uno no tenía por qué conocer que eso era dañino. Incluso no hay razón para pensar que aquel es un conocimiento intuitivo, en especial cuando uno sabe que tomar agua calma la sed. Pero la consecuencia de hacerlo en un naufragio en medio del mar es totalmente nefasta.

También esa misma idea nos permite entender algo que, en una primera impresión, no parece brindar la solución a un problema, pero después de que se entiende cómo es que ese algo funciona, nos damos cuenta de que es conveniente. Por ejemplo, cuando recibimos una vacuna por primera vez la asociamos con el pinchazo que nos causa dolor, pero después nos damos cuenta o aprendemos o se nos explica que, aunque haya dolor de por medio que se supone debemos evitarlo (no tomo en cuenta a los masoquistas), aquella nos cura. Esto es, que era la medida conveniente para resolver el problema. Por supuesto que una mejor situación sería si, en vez de una vacuna, se pudiera tomar un brebaje sin o con buen sabor. Eso sucedió, por ejemplo, cuando aquel gran milagro médico del doctor Jonas Salk nos evitó, con el dolor del pinchazo, el ruin mal del polio. Pero fue mejor después, cuando el doctor Albert Sabin sustituyó la inyección por una vacuna oral.

Este tipo de paradojas surge con frecuencia cuando se valoran sistemas económicos alternativos –en particular entre el sistema de mercado competitivo de decisión centralizada y el sistema económico basado en la decisión centralizada en el estado- en cuanto que nos permiten resolver adecuadamente el problema de la pobreza en una sociedad.

Por ejemplo, uno suele observar como los críticos del sistema de mercado competitivo casi que de inmediato aseveran que las ideas de competencia y de egoísmo son malas, pudiendo ser que, más bien, sirvan para resolver el problema de la pobreza. El capitalismo y la libertad pueden parecer a los ojos de ciertas personas como que no son la solución obvia -buena; que lo logra- para solventar la pobreza.

Esto último es muy interesante: uno puede entender bien que una mirada simplista y cortoplacista de cómo funciona un sistema económico ante una medida o circunstancia, en realidad oculta la posibilidad de darse cuenta si se logra el propósito de generar una solución al problema de pobreza, tanto por medio de un análisis más complejo, o mediando un mayor tiempo para que discurran los efectos de la medida -en el largo plazo.

Partamos de la idea de que la pobreza es el problema de la escasez; es decir, que hay infinidad de necesidades y deseos humanos insatisfechos dada la limitación natural de recursos en una economía.  Asumamos que se toma una medida que se considera deseable o conveniente en el corto plazo, como podría ser que el estado fije un precio máximo al cual puede venderse la leche a los consumidores, de un producto que de pronto escasea aún más -digamos porque disminuye su producción debido a erupciones volcánicas que dañan los pastos que alimentan al ganado. Entendiblemente es una medida que el estado toma con el fin de “ayudar” o “proteger” o “aliviar el problema de la escasez” de leche para las familias relativamente más pobres.

La gente interpreta -si no profundiza en un buen análisis económico que tome en cuenta las consecuencias no previstas- que con dicha medida efectivamente se ayudará a los más necesitados y que la idea de asistir a la gente más pobre en tales circunstancias es deseable o conveniente. Pero, con el paso del tiempo, aquello que sonaba como lógico en una primera instancia, da lugar a otros resultados diferentes e incluso totalmente opuestos a lo que se pretendió lograr inicialmente.

En el ejemplo, la medida de fijar un precio máximo manda dos señales muy diáfanas a dos grupos de individuos, como son los consumidores, por un lado, y los productores, por el otro. Es lo que los economistas llaman la demanda y la oferta. Desde el punto de vista de los consumidores, el precio que el estado fijó por debajo del que regía en el mercado libre después la crisis de abastecimiento, estimula que, ante las nuevas condiciones, aumente la cantidad demandada de leche, pues es la ley de la demanda que, si se reduce el precio del bien o del servicio, la gente demandará más de ellos. Pero desde el punto de vista del productor, al ver que el precio menor que fijó el estado no le permite ahora recuperar los costos de producción y generar una ganancia adecuada, tenderá a disminuir la cantidad ofrecida del bien o servicio en el mercado. El resultado conjunto, tanto de la menor cantidad ofrecida como de una mayor cantidad demandada, se presenta tal vez no en el primer instante, sino algún tiempo después. No se da tanto en el corto plazo, como en un tiempo mayor o largo plazo, en especial por el papel que desempeñan los inventarios previamente existentes. El nuevo resultado es una mayor escasez; la leche se agota, escasea, rápidamente, la sociedad se empobrece. Es por ello como un entiende que, por ejemplo, en Venezuela hoy existe una enorme escasez de papel higiénico, así como de muchos otros productos, a pesar de la fijación de precios máximos por parte del estado. Pongámoslo así: ¿De qué vale la existencia de un precio máximo fijado por el estado, si los productos escasean, no se hayan, desaparecen del mercado?

En resumen, la gente se dará cuenta, no en un primer instante, sino con el paso del tiempo, cómo una medida que se tomó con la mejor de las intenciones tuvo un efecto no previsto y, como provoca algo nefasto para la sociedad, cual es aumentar la escasez; la pobreza. Las soluciones que inicialmente parecieron ser deseables, terminaron agravando el problema, una vez que tuvieron su lugar aquellas consecuencias no previstas y que no fueron detectadas de previo. La mirada simplista con que inicialmente se valoró la primera medida, es transformada posteriormente por los hechos -en la esperanza de que la persona analiza racionalmente lo sucedido- en una apreciación de que aquella acción social, que se tomó con el propósito de ayudar a los pobres, tuvo un resultado contrario al esperado.

Al mismo tiempo, plantea la posibilidad de que podría existir una solución que sea mejor precisamente para aquél grupo que se buscó inicialmente ayudar. En este caso, el precio más elevado al darse el problema, estimula a que los recursos productivos se dirijan hacia la producción de ese bien. Los empresarios se dedicarán a producir el bien en cuanto el precio que perciban sea suficiente para cubrir sus costos y obtener ganancias similares o mayores que las que tendrían en otras actividades. Con el paso del tiempo, al ingresar más productores (competencia) a la actividad y al restablecerse los niveles de producción, los precios volverán a su cauce. 

He puesto este ejemplo de como una simplificación de fenómenos complejos, de tomar en cuenta tan sólo aquellas consecuencias esperadas, resulta en algo muy diferente de la bondad que se esperó de las medidas iniciales. No incluir en el análisis consecuencias no previstas puede conducir a resultados inesperados, pero ante todo con efectos indeseables y contrarios a los que originalmente se creyeron.
La ignorancia y el error que hemos señalado en el ejemplo analizado nos pueden explicar, asimismo, la actitud usual de personas quienes consideran que el socialismo, como sistema económico, puede ser una buena medida para resolver el problema de la pobreza. La paradoja surge de la creencia en la bondad de un primer efecto, sin tomar en cuenta otros no previstos que luego revertirán al primero. Creen que el socialismo es una solución a la pobreza mucho más eficiente que un capitalismo que presumen es menos productivo. Así, se inclinan por apoyar o promover medidas propias de un sistema político-económico eminentemente socialista, caracterizado por una preminencia a veces casi total de la decisión económica concentrada en manos del estado, en vez de aquellas que usualmente caracterizan a un sistema de decisión económica descentralizada, básicamente sustentado en la competencia, como un orden que sea en el logro de disminuir la pobreza; o, lo que es lo mismo, que genere una mayor riqueza. En esencia, que por medio de la especialización y el intercambio voluntario entre las partes (el comercio), es como la sociedad progresa, se enriquece. 

Tal como se explicó, si bien la solución para la sed era hidratarse, en el caso de estar muerto de sed en medio de un océano, tomar agua de mar más bien ocasionaba daños incluso mortales, se hace necesario aprender del error (tomar agua de mar y sufrir sus consecuencias) o que alguien le explique el error de hacer eso, para darse cuenta de que la resolución del problema era mucho más compleja de que como inicialmente se creyó. 

Volviendo al caso de la preferencia por el socialismo, tal vez la información que puede corregir aquella creencia errada, es que no se conoce un progreso y crecimiento de la riqueza y por ende disminución de la pobreza, como la lograda bajo el capitalismo o sistema de mercado competitivo. Aunque a veces la ilusión obnubila la razón, como cuando se cree que, por ejemplo, el eminente historiador y economista, Angus Maddison, “inventó los datos” o algo semejante para su estudio magistral,  The World Economy, Development Centre of the Organisation for Economic Co-Operation and Development (OECD), 2006, obra que conjunta dos trabajos de referencia de Maddison, The World Economy: A Millenial Perspective, publicada en el 2001 y The World Economy: Historical Statistics, del 2003.  

En aquella señala lo siguiente: “La economía mundial creció mucho más que antes en el período 1950-1973. Fue una era dorada de prosperidad sin paralelo. El Producto Doméstico per cápita del mundo creció cerca de un 3 por ciento anual… El Producto doméstico bruto del mundo creció en cerca de un 5% al año y el comercio mundial cerca de un 8 por ciento anual. Este dinamismo se dio en todas las regiones. La aceleración fue mayor en Europa y Asia…” (p. 24) y, después de mencionar lo relevante del crecimiento de naciones europeas, así como de los Estados Unidos y de Asia (Japón), países con economías eminentemente de mercado, señala Maddison que (en lo que es relevante para este comentario) “En la Europa del Este y en la antigua Unión Soviética, el ingreso per cápita promedio en 1998 era de cerca de tres cuartas partes de aquél de 1973”. Esto es, que “las economías de este grupo heterogéneo de ‘economías tambaleantes’ (del cual forman parte Europa del Este y la antigua URSS) se han estado rezagando en vez de alcanzar a las otras.” (P. 25).

La prueba evidente del fracaso de las economías socialistas ha sido la revolución china impulsada por Deng Tsiao Ping, que básicamente consistió de cuatro grandes reformas en la economía, la agricultura, el desarrollo científico y tecnológico y la defensa, que básicamente descansaron en una apertura y liberalización de la economía china; esto es, en la puesta en práctica de una serie de instituciones económicas de índole capitalista de mercado. De hecho, pocas naciones (Cuba, Corea del Norte, mantienen en la actualidad economías socialistas de un corte rígido).

Para quienes consideran como economías exitosas en la actualidad por su socialismo, a las nórdicas, principalmente Suecia, tal vez vale la pena mencionar dos hechos: uno, según señala Duncan Currie en su ensayo del National Review Online del 30 de setiembre del 2010, que “Otro mito popular quiere hacernos creer que la riqueza de Suecia fue de alguna manera creada o facilitada por la democracia social. En realidad, ‘la prosperidad de Suecia es un resultado que funciona bien de instituciones capitalistas,’ dice (Andreas) Bergh, (economista de la Universidad de Lund) y autor del nuevo libro en idioma sueco titulado ‘El Estado Capitalista de Bienestar’. Un estudioso del Instituto Cato, Johan Norberg, explicó en un ensayo para la revista National Interest en el 2006, que el ‘éxito’ relativo del modelo social democrático del país ‘fue construido con base en el legado de un modelo anterior: el período de crecimiento y desarrollo económico que precedió a la adopción del sistema socialista.’”

El otro hecho es que en la actualidad Suecia ha variado mucho del antiguo socialismo, adaptando su amplio programa de bienestar a las características propias de un mercado competitivo. La crisis de los noventas le brindó la oportunidad de hacer mejor las cosas y eso significa que la nación ha visto disminuir la pobreza al hacer un uso más eficiente de los recursos escasos.

Tal vez es el paso del tiempo lo que explica algo que me sucedió en mi sitio en Facebook en mi usual tema de las adivinanzas. En un caso puse palabras de alguien y después, para ayudar en la búsqueda de la respuesta, dije que su autor había sido socialista en su juventud y luego se convirtió en un defensor del orden económico de mercado. Alguien, con toda razón, ironizó que la ayuda servía de poco, porque muchos pensadores en su juventud fueron socialistas y que luego se convirtieron en defensores del sistema de mercado competitivo. Y estaba hablando de Karl Popper, pero fue igual el caso de Friedrich Hayek, entre muchos otros, a quienes los hechos y la educación les fueron mostrando las virtudes de los sistemas de mercado en contraste con los de decisión central.

Después de mucho esperar la promesa socialista de resolver el problema de la pobreza y de haber accedido al poder en distintos países a partir de principios del siglo 20, con el paso del tiempo los resultados no fueron los esperados y, se dio lo que lo que Ludwig von Mises había previsto en su libro El Socialismo en el cual escribió “En una comunidad socialista se carece de la posibilidad del cálculo económico: por lo tanto, es imposible determinar el costo y el resultado de una operación económica o para hacer que el resultado de la operación económica sea a prueba de la operación. Esto sería suficiente para hacer del socialismo algo impracticable…” (Ludwig von Mises, Socialism, Indianapolis: Liberty Classics, 1981, p. 186).

Aprender de la prueba y de error, observar los resultados inicialmente predichos con los que luego se presentaron, han hecho que las personas pueda ir más allá de la lógica del fenómeno simple hacia la de la complejidad de los fenómenos, así como que las consecuencias de las acciones de política económica no son la esperadas usualmente en el corto plazo, sino las que surgen después de cierto tiempo, cuando el sistema revela el impacto de las consecuencias no previstas, usualmente indeseables.

Tal vez ello me explica por qué Eduardo Galeano, el héroe juvenil de muchos socialistas latinoamericanos, autor de la celebrada obra de 1971 “Las Venas Abiertas de América Latina”, caracterizada por un análisis del saqueo histórico del imperialismo en el continente y en la actualidad de la potencia capitalista, los Estados Unidos, pudo luego señalar, en una visita a Brasil en donde participó en la Segunda Bienal del Libro en Brasilia, entre el 11 y el 21 de abril del 2014, que en aquella época en que escribió aquel libro, no tenía la formación suficiente para rematar aquella tarea, pues “intentó ser una obra de economía política, sólo que yo no tenía la formación necesaria… No me arrepiento de haberlo escrito, pero es una etapa que, para mí, está superada.” (Tomado de Cultura, El País, 5 de mayo del 2014.)

Jorge Corrales Quesada

martes, 22 de julio de 2014

La columna de Carlos Federico Smith: cómo fue que conocí personalmente a Milton Friedman

Tal vez sorprenda a algunos que se hable de Milton Friedman a los 102 años de su nacimiento, y no a los 100, como es lo usual. Friedman nació el 31 de julio de 1912. Lo más posible es que ese detalle centenario haya pasado desapercibido, pero lo que sin duda no será dejado del lado es el hecho innegable de que sus ideas, expresadas a lo largo de una generosa vida intelectual, siguen teniendo una enorme vigencia en el mundo político, además del ambiente académico. Por ello, espero en los próximos días referirme al contenido de su libro Capitalismo y Libertad (en su nombre original, Capitalism and Freedom, escrito en 1962), pues casualmente tuve el placer de leerlo en 1967; esto es, hace 47 años, cerca de un cincuentenario, otra fecha dogmática de celebración. Por eso, irreverente que soy, aprovecho para celebrar el 47 aniversario de haber leído el libro de Friedman, Capitalismo y Libertad, hablando del profesor Friedman y de su obra Capitalismo y Libertad.

En todo caso, no será en esta ocasión cuando me refiera a dicho libro, aunque deseo hacerlo ahora acerca de algo que no creo haber narrado anteriormente, cual es cómo fue que personalmente conocí al profesor Friedman. Ello lo hice gracias a una invitación que me consiguió de la Sociedad Mont Pelerin, ese luchador liberal del siglo pasado y gran amigo, don Alberto Di Mare, para que asistiera a una reunión de aquella organización en la Universidad Hillsdale, en Michigan, Estados Unidos, allá en 1975.

Básicamente dicha reunión fue para homenajear a Friedrich Hayek, en la cual participaron Milton Friedman, Fritz Machlup, Arthur Kemp, Ralph Harris, Arthur Shenfield. William Hutt, William Buckley, Manuel Ayau, Israel Kirzner, entre muchos otros destacados liberales provenientes de diversos países.

Por su parte, de lo que me puedo acordar, la delegación tica estuvo integrada, además de don Alberto Di Mare y de su apreciada esposa, doña Ana, por este servidor, en aquel entonces un novato liberal. No hay forma de que, al momento de escribir estas palabras, haya podido averiguar si algún otro connacional también asistió al evento.

Una de las cosas que más me impactó en dicha actividad, fue cuando, en un almuerzo, en un intermedio entre mesas redondas, a lo lejos, un señor, a quien en ese instante no reconocí, tropicalmente vestido para el caluroso estío del norte, con pantalones verdes con rayas, una chaqueta a cuadros amarillas que le llegaba a las rodillas (casi como la bandera brasileña) y sobre todo con una enorme sonrisa, se acercó a la mesa en que estábamos los ticos. Verlo de lejos me hizo recordar mi niñez costarricense de principios de los años cincuenta, cuando algún vendedor “polaco” pasaba por las calles de mi barrio, de casa en casa, ofreciéndonos algo en venta. Pero aquel señor se acercaba para darle un caluroso abrazo a mi apreciado amigo Alberto Di Mare. Ya de cerca, porque había visto con anterioridad fotos de él, reconocí al profesor Friedman, a quien don Alberto de inmediato me lo presentó, para mi profunda satisfacción.

La relación de don Alberto con el profesor Friedman tiene que haber sido muy intensa y larga, porque Friedman se sentó durante todo el almuerzo a la par de él, conversando acerca de diversos temas de interés para los liberales, en especial, preguntándole a don Alberto acerca de los avances del liberalismo en latinoamérica. El profesor Friedman era tal vez el más notorio de los participantes en la actividad, pues el homenajeado, Friedrich A. Hayek –también buen amigo de don Alberto, como lo pude comprobar con anterioridad en una reunión de la Sociedad Mont Pelerin en Guatemala en 1973- no pudo asistir y, de hecho posteriormente, el profesor Friedman fue el encargado de escribir la Introducción del libro editado por Fritz Machlup, Essays on Hayek (Hillsdale, Michigan: Hillsdale College Press, 1978), el cual comprende las exposiciones y discusiones que se dieron en aquel seminario.

Así fue como llegué a conocer personalmente al profesor Milton Friedman. Algo que no podré olvidar jamás.

Jorge Corrales Quesada

jueves, 6 de febrero de 2014

El fracaso de la socialdemocracia

Quiero, sin rodeos, declarar categóricamente que el socialismo y su mediocre prima, la socialdemocracia (corporativista), han fracasado en su lucha por abolir las diferencias y conflictos entre las clases sociales, tras casi 100 años de intentos mal concebidos.  Al hablar de socialismo o socialdemocracia, me refiero al control directo o democrático de la economía por parte de agentes burocráticos y mercantilistas que, bajo esquemas corruptos, se aferran al poder para activar sus agendas egoístas en detrimento de la libertad individual y del crecimiento intelectual y económico del ciudadano común. 

Mientras que los fracasos económicos son claves a la hora de poner en evidencia la desconfianza de las masas hacia los líderes de los gobiernos socialdemócratas, los síntomas más reveladores de la degeneración estatista y mercantilista han sido de carácter político. La elección de líderes que deben jugosas facturas a ciertos grupos económicos, dueños de sus decisiones, y la incesante búsqueda de renta personal en la función pública, han puesto de manifiesto la falta de una filosofía política transparente y eficaz. Esto, unido al levantamiento de un masivo y mediocre aparato burocrático que impera sobre el pueblo y limita el acceso a las fuentes de riqueza por parte de una clase media vulnerable; situación que, lejos de sacar a miles de ciudadanos de la pobreza, los mantiene atados a la ignorancia y las regalías que, cada cuatro años, les son arrojadas desde las ventanillas estatales, como fruto del engaño electoral basado en promesas ilusorias. 

Creer que la justicia social se logrará fortaleciendo temporalmente a un Estado redistribuidor de la riqueza, es lo mismo que equipararlo a un superhéroe, similar al de muchas tiras cómicas, provisto de fuerzas y poderes imaginarios y absolutos. La vía correcta consiste, más bien, en fortalecer las estructuras fundamentadas en la propiedad privada de los medios de producción y de servicios, propiedad que solo tiende a concentrarse en pocas manos si los gobiernos favorecen a determinados grupos económicos, escondidos detrás de la bandera del libre mercado pero que, en la realidad, no poseen ni la energía creadora ni el empeño suficiente para competir en un ámbito totalmente libre.

Es cierto que el liberalismo, pilar del capitalismo, al reconocer el derecho del hombre como ser individual insustituible, ha subestimado su necesidad de pertenencia social en alguna medida y que esto ha llevado a los sectores menos favorecidos a un inevitable sentimiento de aislamiento y abandono; ahora bien, es precisamente dicho sentimiento el que urge erradicar por la vía del aumento en el intercambio, en todo nivel. 

Solo fomentando una economía en la que el conocimiento sea el único recurso digno de apalancar, tanto por la vía privada como estatal, se conseguirá incluir al individuo dentro de un sistema de especialización e intercambio, libre de complejos y de manera natural. Claro está que siempre existirán personas que, por diversas razones, no podrán ingresar a tal sistema en iguales condiciones de oportunidad, y a las cuales habrá que crearles redes de asistencia social-humanistas y de naturaleza local, mas no paternalistas, con el fin de que se conviertan por sí mismas en una fuente de semilla solidaria en el seno de la sociedad civil. De esta forma, sin duda, fertilizaremos las raíces de lo que llamamos, hoy y aquí, liberalismo integral.

Andrés Pozuelo Arce

viernes, 30 de agosto de 2013

Viernes de recomendación

Para esta ocasión, queremos compartir con ustedes el libro "La fatal arrogancia" de Friedrich Hayek, en donde este magistral autor analiza la actitud de los planificadores que los lleva a creer que tienen la información, la capacidad, el conocimiento y la posiblidad de tomar mejores decisiones que los propios individuos que están inmersos en sus dinámicas particulares y expone cómo esta arrogancia es la causante de enormes distorsiones y problemas sociales que afectan la libertad de las personas.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Desde la tribuna: el cuento del modelo "neoliberal"

Hace años que ronda el mito de que vivimos en el neoliberalismo.  Es una palabra con que se quiere calificar lo mal que van las cosas.  Y, de la manera más irresponsable, una cierta cantidad de personas usa el término sin la menor idea de lo que significa.

Cuando en 1989 cayó el Muro de Berlín, se significó en tal hecho el derrumbe de los Estados socialistas.  Entonces surgieron, de la oscuridad de los experimentos marxistas que oprimieron la Europa oriental, nuevos Estados y aires de libertad.

Alemania inició el camino a la reunificación (tan contundente que retrasó la integración europea), aparecieron las repúblicas bálticas, se dividieron algunos Estados unificados a la fuerza (Checoslovaquia y Yugoslavia) y los miembros del COMECON empezaron a pedir su ingreso en la Comunidad Europea.

¡El socialismo había fracasado contundentemente!  En varias dimensiones se medía el fracaso:  en la economía, en la democracia, en la generación de oportunidades, en la creación de una mejor sociedad.

En Occidente y en las democracias, sin embargo, la ansiedad de algunas propuestas políticas por perseguir la quimera del socialismo había sembrado su semilla y se manifestaba en diversas formas de daño:  estatolatría, encadenamiento de la libertad, economía enferma, tramitomanía, exceso de burocracia, perpetuación inútil del gasto contra la pobreza, perversión de las políticas de justicia social, clientelismo político, déficit fiscal, gasto público desenfrenado, moneda enferma y poco aire para la sociedad.

Algunos organismos internacionales y el propio electorado clamaron por un cambio de rumbo.  Paradójicamente, las mismas versiones políticas que habían adoptado las iniciativas que ahogaban a la sociedad decidieron encabezar las reformas y el mensaje de cambio.

En su mayoría, con honrosas excepciones, iniciaron y ejecutaron estos cambios  líderes políticos que no estaban convencidos de lo que hacían.  Promovían los cambios para tomar dineros de los organismos internacionales, para que sus gobiernos fueran objeto de crédito y para obtener alguna ayuda internacional.  En algunos casos el consejo experto lo convencía, pero la práctica política desviaba la acción.

El hecho es que se habían dado algunas crisis y pocos países se salvaban del desorden, la desorganización, el agotamiento de sus sistemas y la mala administración.   Como una pandemia, los políticos se contagian de las tonterías que hacen sus vecinos, ofrecen más, prometen lo que no se puede, pretenden lo que no sirve y usan todo para fomentar el clientelismo y una absurda persecución de fines electorales. 

El socialismo había caído y había demostrado sus falacias y mentiras, pero los derrotados se negaban a admitir cómo debían funcionar los Estados y las economías.  Muchos años de mentiras y engaños les impedían aceptar la verdad.

Por tal motivo, resultó más fácil entender el fracaso del socialismo y el marxismo en los regímenes que lo practicaban  abiertamente, que en los daños realizados a los regímenes que aparentemente tenían otro signo.

Es evidente aquello de que nadie escarmienta en cabeza ajena.  Por ello ha sido tan difícil  en las democracias reorientar estos regímenes y enderezar los gobiernos.

Había que desintoxicar a las sociedades de tanto Estado, facilitar la formación de empleos, dotar a la maquinaria estatal de eficacia y agilidad, disminuir el inútil peso del Estado sobre la sociedad, equilibrar las finanzas públicas, eliminarla duplicación de instituciones y programas (llamada por algunos “duplicidad”), devolver a la gente y a la sociedad la posibilidad de realizar actividades, negocios y empresas (llamado por algunos “privatizar”), eliminar los odiosos monopolios públicos, adoptar medidas para que la economía se reactivara, fomentar mercados laborales, quitarle la grasa al Estado (sobrepeso, sobreplanilla y demás excesos), impulsar mejor comercio internacional, facilitar el intercambio comercial, racionalizar las prácticas aduaneras y evitar sistemas impositivos perversos, fomentar el empresariado y permitir que el mercado funcione, eliminar las instituciones que impiden el desarrollo, promover la formación de riqueza y la búsqueda personal del bienestar.  Era evidente que muchas sociedades ya no soportaban el peso de sus Estados y se hacían cada vez más pobres y postradas por culpa de los programas públicos.

Algunos de estos temas coinciden plenamente con el liberalismo, otros son de sentido común. 

La cuestión es que las transformaciones no se han hecho consistentemente y en la mayor parte de los Estados se ha regateado la adopción de medidas correctivas.  Asimismo, los presupuestos se han ido agotando y no se llega a niveles adecuados de desarrollo.  En muchas partes, además, la inercia burocrática, las mismas prácticas de corrupción y los mismos dirigentes políticos no han hecho otra cosa que “ordeñar”, cobrar peaje o aprovecharse de la posibilidad de nuevos negocios.  Así, entonces, en lugar de eliminar un monopolio o de privatizar una actividad, lo que han hecho es “privatizar” un monopolio que era público (en algunos casos, empresas estatales monopolísticas han sido “privatizadas” en manos de empresas de otros Estados); el outsourcing ha sido para contratar a amigotes (sin bajar la planilla estatal), la concesión de obra pública no ha sido administrada con buen criterio sino como premio a amigos o con coima y otras prácticas similares. 

El resultado es un desastre.   Pues los fondos para corregir han sido dilapidados en decisiones o maniobras inconsistentes, inacabadas, improcedentes y corruptas.  Los gobiernos han inventado nuevos órganos (supuestamente más ejecutivos) sin cerrar los viejos, los han puesto en manos de los mismos administradores, no han cerrado programas, no han bajado la planilla pública, no han garantizado espacios de libertad y al final de cuentas no han mejorado las cosas.

Algunos acuerdos internacionales, con el nombre de “tratados de libre comercio”, no superan su mero contenido de “comercio administrado”.  No ha habido disciplina fiscal, no ha mejorado la asignación de recursos, no se ha abandonado la tramitopatía y, mucho menos, no se ha permitido a la sociedad desplegar sus potencialidades.

¿Economía de mercado?  En general, se está muy lejos de lograrlo.  ¿Estados eficientes?   Tampoco.  ¿Mejoras en la economía pública?  No se ven.  ¿Mejor moneda?  En ninguna parte, salvo cuando el gobierno ha sacado sus sucias manos.  Por ejemplo,  ¿a cuánto ascienden las pérdidas el Banco Central de Costa Rica y cuánto pesa ello sobre el desempeño económico?

Sin embargo, algunos señalan con el dedo acusador y dicen que las cosas están mal por culpa del “neoliberalismo”. 

La expresión “nuevo liberalismo” fue acuñada por  el economista francés Louis Baudin (nacido en Bruselas en 1887 y fallecido en París en 1964)  en su obra “L'aube d'un nouveau libéralisme” (publicada en  Paris, Librairie de Médicis, 1953).  

En “El alba de un nuevo liberalismo” se trata en lo esencial acerca del tema de la libertad.  Me gusta recordar la cita de esta obra que dice “… numerosos individuos enajenan su libertad de expresión y de acción, entregándose a un grupo tiránico del cual esperan ventajas materiales.  La obediencia es una solución de facilidad para los mediocres …”.

Como se puede apreciar, el nuevo liberalismo, el neoliberalismo, es una respuesta al intento de tiranización y colectivización que se ha tratado de imponer en el siglo XX en muchas sociedades.  No tiene nada que ver con la mala ejecución de las prácticas correctivas que se han intentado, tras las crisis de las democracias y economías occidentales a finales del siglo XX.

Muchas de estas prácticas han sido mal ejecutadas porque le ha correspondido hacerlo a gobiernos mentirosos, que por un puñado de dólares han firmado tratados, convenios y acuerdos para corregir el rumbo de un aparato estatal pero en realidad no han hecho nada consistente, profundo o verdadero.

En el caso de Costa Rica, por ejemplo:  ¿Quién en su sano juicio o buena fe puede decir que los veinte mil millones de colones perdidos en la “trocha mocha” tienen que ver con “neoliberalismo”?  Eso lo puede afirmar un panfletista marxista, un socialista demencial, pero nadie en su sano juicio.  Tal desperdicio es resultado de una típica acción estatista inconsulta, mal administrada, mal contratada y que se permita una asignación irregular de recursos públicos, desviándolos de su finalidad pública y jurídicamente acordada.  Eso no es liberal, neoliberal ni racional.

Igualmente, el caso de los más de veinticinco millones de dólares  (pueden ser hasta cincuenta) desperdiciados en estudios contratados a través de “Soresco”  (una sociedad caribeña) constituida por Recope SA (una empresa estatal en el irregular modo de sociedad anónima), titular del discutible y nada liberal monopolio de refinación y comercialización a granel de derivados de petróleo, con una compañía estatal china con la cual quiere establecer una nueva refinería en Costa Rica.    ¿Qué tiene que ver eso con neoliberalismo, liberalismo o algo parecido?    El hecho de que la Aresep haya autorizado tarifas o precios de los combustibles y que dichos precios le hayan permitido a Recope SA dilapidar o derrochar recursos sin control:  ¿Qué tiene que ver con neoliberalismo?

El monopolio de Recope SA no es liberal sino todo lo contrario.  La fijación de tarifas o control de un monopolio público sí podría entenderse como una propuesta de racionalización liberal, pero la ejecución tan burda ¡jamás!  El negociado con una empresa estatal china y la “libre disposición” del monopolio y el exceso tarifario para constituir una “caribeña” y botar de tal modo recursos de todos no es, ni lejanamente, un asunto liberal o neoliberal o de racionalización.

La concesión de obra pública es un mecanismo para aportar a la sociedad infraestructura y otras edificaciones a través del aporte privado.  Se utiliza como recurso porque el Estado está deficitario y se pone a empresarios a arriesgar y aportar las construcciones públicas y comunales.  El mecanismo es válido pero su ejecución en Costa Rica para por un CNC que ha sido un desastre.  ¿Acaso es neoliberal que el CNC haya removido a la empresa supervisora por miedo a que sus “no conformidades” evidenciaran lo mal que se ejecutaba la obra en la carretera a Caldera?  ¿Acaso es neoliberal que se haya dado impunidad a una empresa que no ejecutó adecuadamente el contrato?  ¿Acaso es neoliberal que ahora, que los tribunales condenaron al Estado a indemnizar a la supervisora ilegalmente removida resultemos pagando el doble o más por la supervisión?  Igual pasa con la carretera Bernardo Soto (San Ramón):  la ejecución tan mal hecha y los resultados son efectos de una administración política muy mala, no producto de la idea de buscar un camino para aportar más y mejor infraestructura.

Vivimos sociedades en las cuales los derechos fundamentales y las libertades están conculcadas, no hay facilidad de gestión, no hay oportunidades, la educación va para atrás (más años para aprender a leer y escribir, convención colectiva con un sindicato, un candidato oficialista que promueve mediocridad con la idea de convertir el Bachillerato en algo opcional):  ¿acaso esas metidas de pata son “neoliberalismo”?  Nada que ver.

En el caso costarricense, es innegable que políticos oportunistas y clientelistas aumentaron en demasía la planilla pública.  Ello conlleva problemas para las demás personas.  Una Caja Costarricense de Seguro Social con once mil empleados más, un Instituto Costarricense de Electricidad con la planilla cargada y en quiebra técnica, una Recope con exceso de gollerías para sus empleados.  ¡Eso no tiene que ver con el neoliberalismo!  Pero ¡eso sí!, tiene mucho que ver con la imposibilidad de generar riqueza, con la dificultad para aprovechar adecuadamente las posibilidades de tratados de libre comercio, con el aumento de la pobreza:  cada empleado público de más genera más costos para la sociedad, cada empleado público de más es un peso que tienen que mover los demás, cada gollería implica desposicionamiento competitivo, desigualdad para generar riqueza y aumenta la dependencia.    ¡Por supuesto que eso no es neoliberalismo!

El exceso de trámites y la maraña de leyes son combatidas constantemente por el liberalismo.  Entrañan corrupción, exceso de obligaciones, límites a la libertad, aumento de costos de producción y no benefician al pueblo.  Establecen una barrera de entrada sobre todo para quienes menos tienen.  ¡Es obvio que eso no es liberalismo ni neoliberalismo! 

El exceso de trámites y el exceso de normas jurídicas entraba el funcionamiento de la sociedad y es caldo de cultivo para la corrupción.   Surgen las desigualdades de trato según la voluntad del funcionario público.  ¡Por supuesto que los liberales denuncian tal situación!  De modo que las fortunas formadas a partir de esta desigualdad, de esta corruptela y de esta situación no son neoliberalismo.  ¡Claro que son espíritu de lucro! Pero se trata del lucro del corrupto, del lucro del abusivo, del lucro del autoritario, del lucro del malhechor. 

El mundo entró en una nueva etapa con el “industrialismo”.  Es un hecho similar al que sucedió cuando dejamos de ser “recolectores” y apareció la agricultura.  El capitalismo es una etapa de la Humanidad similar a la agricultura.  Han permitido más beneficios y han mejorado la producción de bienes y servicios para todos.

En libertad, la economía de mercado funciona y permite una mejor asignación de los factores de la producción, permite generar riqueza, genera más empleos y potencia la división del trabajo.  Eso es bueno y permite a la gente progresar, tener acceso a más bienes y servicios y participar de la riqueza.  No soluciona todos los problemas y puede causar algunos.  Eso no lo niega nadie.  Por eso el liberalismo, el neoliberalismo y los liberales siempre han hablado de avanzar con ensayo y error.

Lo que sí es claro es que el liberalismo ha resultado mejor que el socialismo, que el fascismo, que la feudalidad, que el gremialismo, que el corporativismo, que la tiranía, que el mercantilismo y que todas las charadas marxistas.

Lo que además es todavía mucho más evidente, es que no estamos viviendo una era de neoliberalismo y que no es correcto éticamente llamar “neoliberal” los desmanes y desequilibrios que se han dado.

Cuando se dio la crisis bancaria y financiera, muchos hablaron de que se trata de una crisis del capitalismo y del espíritu de lucro y le endilgaron la culpa al “neoliberalismo”.  Tampoco nada que ver.

En primer lugar, deberían atender las magistrales exposiciones del liberal  Jesús Huerta de Soto acerca de la crisis financiera.   Se trata de un problema de legislación, promoción estatal del crédito, bancos centrales y regulación de la moneda (en muchas partes monopolizada por el Estado). 

Asimismo, el espíritu de lucro no es un tema que sea exclusivo de los liberales.  La economía liberal observa tal fenómeno en la naturaleza humana y propone cómo aprovecharlo, a través de libre concurrencia, de competencia y economía abierta.  No a través de maniobras colusivas, no a través del fraude, no a través del  robo, no a través de la tiranía y la opresión, no a través de la corrupción.

Los ladrones, los corruptos, los dictadores, los asesinos, los sindicalistas, los corporativistas, los mercantilistas, los fascistas y muchos más tienen espíritu de lucro.  Algunos líderes socialistas han amasado fortunas y bienes, por supuesto que a costa de los demás.  ¡Eso es espíritu de lucro!  Algunos se han aprovechado de “carreras burocráticas” para obtener grandes ganancias y pensiones.  ¡Eso es espíritu de lucro!

Lo que propone el liberalismo no es así, sino que a través de trabajo, de libertad, de competencia, de concurrencia y apertura cada cual tenga derecho a generar riqueza. Así que no se vale confundir.

En síntesis, la pobreza que generan políticos corruptos, Estados inútiles, el déficit presupuestario, la crisis financiera y demás especies similares no tiene nada que ver con el liberalismo.  No es tampoco “neoliberalismo” sino para quienes mienten y engañan.  No es correcto llamarlo así.  Podría ser pseudoliberalismo.  Pero está más cercano al socialismo, al mercantilismo, al corporativismo y al fascismo o estatismo, que es lo mismo.

No estamos viviendo, pues un “modelo neoliberal”.   No se debe aceptar que sin fundamento ni razón, los partidarios del socialismo, del marxismo y de otras doctrinas fracasadas repitan como loras que la culpa de todo la tiene el neoliberalismo.  Es una táctica de viejo cuño utilizada por los estatistas y los enemigos de la libertad. 

Buena parte de los despropósitos que sufrimos se origina directamente de los excesos del estatismo, de las prácticas corruptas de líderes estatistas y clientelistas y de los daños que la legislación excesiva causa en el sistema.  ¡No se vale culpar al liberalismo de la postración del estatismo, de lo mal que funcionan los sistemas socialistas, de lo difícil que es que arranque una economía con tales lastres!

Algunos gobernantes, en un arranque de fiscalismo, pretenden aumentar la carga tributaria sin racionalizar el gasto público, paralizar programas convenientes para dejar vivos los inconvenientes, despedir a personas que trabajan bien en el sector público para dejar a sus partidarios.  Luego dicen que es culpa de los programas de ajuste.  Y, por supuesto, las loras de siempre corren a repetir que es culpa el neoliberalismo. 

Algunas veces, alardeando de su error mental, argumentan haciendo confusión de los Estados Unidos con el liberalismo.  EUA no es una sociedad liberal.  Ha tenido grandes liberales, ha tenido grandes momentos de liberalismo en diversas dimensiones, pero ya no es una sociedad liberal:  tiene serias intervenciones estatales en la vida de los ciudadanos, tiene un sistema presidencial que fomenta concentración de poder, ha limitado el desarrollo económico de muchas maneras y sus normas y prácticas atropellan la libertad de muchas maneras.  Sigue siendo una gran nación y una de las sociedades que más ha defendido la libertad, pero no es un ejemplo de liberalismo.  Muchos de sus yerros y problemas devienen, precisamente, de su tendencia estatista y de la falta de respeto por la libertad.  Así que tampoco es un “modelo neoliberal”.

Habrá que enfrentar a quienes así repiten y señalarles, con paciencia y un poco de irritación –pues en su mayoría lo hacen de mala leche-, las causas y los efectos en cada caso.    Hay que sacudirse del error mental en que caen llamando neoliberalismo lo que no es tal, recriminarles su mala formación o su mala intención y fomentar la verdad.

Fracasó la URSS, sigue fracasando el abuso contra el pueblo cubano, cayó el Muro de Berlín y está demostrado (si se quiere hasta científicamente) que el marxismo no sirve.    Ahora sus partidarios, reciclados de ecologistas, antineoliberales, teólogos de la liberación pretenden con argumentos falaces demostrar que el liberalismo no sirve (para empatar con la caída del marxismo) y, para ello, han inventado el mito del “neoliberalismo”. 

Federico Malavassi Calvo

viernes, 23 de noviembre de 2012

Viernes de Recomendación

En el artículo Liberalismo Económico y Medio Ambiente, los autores Arenas, Cámara y Chamorro analizan el problema del daño al medio ambiente desde un punto de vista liberal basándose principalmente en los fundamentos expuestos por el Premio Nobel, Ronald Coase en sus teorías sobre la necesidad de existencia de propiedad privada como un medio para disminuir las externalidades negativas provocadas por el impacto al medio ambiente causado por los procesos productivos.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Tema Polémico: ¿Partidos liberales o liberalismo en partidos?


Cuando Friedrich von Hayek fundó, en la década de los 40, la Sociedad Mont Pelerin aconsejó a todos los liberales “no ensuciarse los zapatos en campañas electorales y predicar el libre mercado a los socialistas de todos los partidos” ¿Estaba Hayek en lo correcto?  El día de hoy en ASOJOD trataremos responder esa pregunta.

Primero que todo, es importante aclarar que cuando nos referimos a política y políticos estamos hablando de la formación de partidos políticos o la incursión de liberales en puestos públicos de poder con el fin de llevar a cabo políticas públicas. Por supuesto, es imposible desligar la política del ser humano pues en nuestra vida en sociedad tomamos decisiones, realizamos negociaciones y discutimos nuestras ideas, todo lo cual nos convierte, en cierta medida, en políticos. Al fin y al cabo, como diría Aristóteles, todos somos seres políticos. 

Ahora bien, ¿serán ciertas las palabras de Hayek de que es más conveniente para los liberales predicar e influenciar la implementación de políticas públicas de índole liberal que ocupar los puestos públicos y hacerlas? Algo parecido a una figura como la de Milton Friedman y sus influencias en el gobierno de Ronald Reagan o por medio de asociaciones o “think tanks”.

Esto tiene mucho sentido y basta con tan solo ver las experiencias en Costa Rica para darse cuenta. El Movimiento Libertario fue creado en 1994 con un ideal claro y era el de gobernar por medio de políticas liberales; un “partido ideológico”. En el tiempo hemos visto cómo este partido se ha visto desprestigiado por casos de abusos y descontroles, por concentración de poder e inconsistencias ideológicas. Con el objetivo de ganar más votos se vio tentado a olvidar muchos ideales liberales e, incluso, hoy día, ha pactado con un ex Presidente de la República condenado en firme por los Tribunales de Justicia por un caso de corrupción. Otra gran consecuencia, o tal vez la más nefasta, ha sido el inevitable desprestigio de parte de muchos ciudadanos hacia el concepto del liberalismo a causa de los errores de unos cuantos sedientos de poder o por la asombrosa incapacidad de nosotros mismos por explicar a las personas cómo nuestras ideas funcionan, así como por la también increíble capacidad que tienen los colectivistas de difundir su idea, en mucho ayudados por lo atractivo que suenan sus postulados para buena parte de la sociedad. 

En fin, todo esto es, hasta cierto punto, inevitable: los partidos políticos están formados por personas y las personas cometen errores, se dejan tentar por el poder y se obnubilan. Además, los partidos políticos evolucionan a medida que van creciendo y nunca se puede predecir a ciencia cierta hacia qué dirección van a evolucionar. No obstante lo anterior, en ASOJOD consideramos que si los liberales nos apartamos de la política, cometeríamos un gran error. Discrepamos un poco de Hayek pues creemos que el liberal puede y debe participar para defender sus derechos y libertades. Así como rechazamos el principio socialista de que unos deben velar por otros, que a unos les corresponde pagar para que los otros puedan tener oportunidades, que es válido que otros no asuman sus responsabilidades y se las trasladen a otros, también rechazamos que alguien más se encargue de defendernos, porque simplemente, no confiamos en que lo hagan. Por eso, tenemos que hacerlo por nosotros mismos: el imperativo kantiano de sapere aude (saber por sí mismo), se convierte en una máxima política de hacer por sí mismo. 

El liberalismo puede plasmarse en políticas públicas puntuales. Y, lamentablemente, por la configuración de nuestro sistema político y el contenido del ordenamiento jurídico,la única forma de modificar esas políticas públicas es mediante las instituciones formales, ello es, mediante los Poderes Públicos que tienen capacidad de decisión colectiva. Por ello, se necesita que buenos liberales, como lo ha demostrado ser Ron Paul en Estados Unidos, estén ahí para intentar detener todas las afrentas posibles que la fauna colectivista, bastante creativa, impulse. El reto está en mantenerse firme en sus convicciones, leal a sus principios, en no transigir sobre sus valores, algo que los Diputados que ha tenido el Movimiento Libertario, con excepción de Federico Malavassi y Mario Quirós, no han logrado. 

De ahí la necesidad de que, a pesar de las decepciones, los liberales no nos alejemos de la política. Debemos saber que si no estamos allí, nadie defenderá nuestras libertades. Por eso nos toca arrollarnos las mangas y aprovechar cualquier espacio que surja, sea en partidos liberales (retomando al Movimiento Libertario o impulsando uno nuevo, según sea el deseo de cada quien) o incursionando en otros partidos como un caballo de troya, tal como lo hizo Paul con el Partido Republicano 

viernes, 16 de noviembre de 2012

Viernes de Recomendación

Para el día de hoy les ofrecemos el discurso de despedida de Ron Paul del Congreso estadounidense. Sin lugar a dudas Ron Paul se convirtió en los últimos años en el defensor más sistemático y articulado de la libertad. Los Republicanos perdieron una gran oportunidad al no escogerlo como su candidato para la presidencia, ya que él era la única persona capaz de devolver al partido a los principios que alguna vez abrazaron. Ahora sólo queda esperar y desear que alguien más asuma su estandarte...




viernes, 10 de agosto de 2012

Viernes de Recomendación

El día de hoy les recomendamos este vídeo donde Mario Vargas Llosa habla acerca el futuro del liberalismo


lunes, 2 de julio de 2012

Tema polémico: ¿deber ser los magistrados elegidos popularmente?

La reciente decisión de la Sala Constitucional de avalar la prohibición de ventas de ciertos alimentos y bebidas en las sodas escolares calienta un debate que, por mucho tiempo, en las democracias representativas se ha querido evitar: la existencia de Magistrados, con un altísimo poder político, sin pasar por el tamiz de la elección ni por el control popular de sus decisiones. De ahí que en ASOJOD nos proponemos hacer una reflexión que brindará argumentos para contestar que sí a la pregunta que titula este artículo.

Los magistrados, en tanto actores políticos trascendentales, deberían estar sujetos al control ciudadano, asumir responsabilidad política por sus decisiones que son, más que jurídicas, políticas y rendir cuentas por ellas. Deberían estar sujetos por un pueblo que, a su vez, debería exigir que se le respete como soberano, como conjunto de individuos capaces de tomar las decisiones que más les convengan para su propia vida y que delegan, parcial pero no totalmente, el poder en representantes que administren la res publica. 

Uno de los mayores aportes políticos del liberalismo a través de la historia, fue traerse abajo el absolutismo monárquico que pretendía instaurar a los reyes como poseedores de un poder otorgado por dios. Las revoluciones liberales de los siglos XIII a XVIII en Europa y Estados Unidos, permitieron avanzar hacia un sistema donde el rey tenía el poder total a otro donde existía un Parlamento como freno y contrapeso de las competencias regias y/o eclesiásticas (en el caso de las teocracias o de las sociedades altamente dominadas por alguna religión). Parlamento que si bien inicialmente fue conformado por miembros de la burguesía y la nobleza que exigían derechos frente al Rey y buscaban controlar su poder (como en el caso de la Magna Carta Libertatum de 1215), con el tiempo fue conformándose de forma más democrática, hasta alcanzar la representación plenamente popular, al ampliarse los derechos civiles y políticos a prácticamente todos los ciudadanos mayores de edad (por supuesto que en la actualidad todavía persisten algunas restricciones en distintos países que imposibilitan un pleno ejercicio del derecho al voto). Con ello, quienes detentan el poder político pasaron de ser elegidos por dios, luego por algunas castas hasta ser sometidos, actualmente, a la escogencia popular.

Pero ¿por qué eso sucedió solo con el Parlamento (tanto a nivel nacional como al local) y, con la Presidencia en el caso de los regímenes presidencialistas? ¿Por qué no incluyó a los jueces, a los que tienen poder para dictar sentencias vinculantes? Pareciera ser que ese impulso por hacer que cada vez más se democratizara y dispersara el poder, pasando de unas pocas manos a la mayor cantidad de manos posibles, se detuvo en las últimas décadas hasta enterrar el debate de la judicatura, incluso a nivel académico. ¿Por qué ya nadie reflexiona si quiera acerca de este trascendental punto? ¿Por qué hemos dado por sentado que el juez tiene que ser designado y no elegido? ¿Por qué volvemos a creer en la designación de un funcionario por medio de una mente todopoderosa y omnisciente, llámese dios o político? Es como si con la extensión del derecho al voto a casi todos los ciudadanos se hubiese acabado el problema, cuando la realidad demuestra que quedan muchísimas reformas por hacer. Por ello, siguiendo esa tradición liberal y alimentando el debate frente a una especie de nuevo absolutismo jurídico-político en manos de los magistrados, en ASOJOD consideramos que lo lógico y consecuente es someter al magistrado a la elección popular.

En el caso costarricense, los magistrados, especialmente los constitucionales, tienen la máxima cuota de poder en todo el sistema político. Dos frases del ex magistrado Piza Escalante, ilustran lo anterior: "la Constitución dice lo que la Sala dice que dice" y "después de la Sala, solo está dios". O sea, que la última palabra sobre prácticamente todo, el control sobre todas las decisiones que sean susceptibles de pasar por la perspectiva jurídica, lo tienen los magistrados de la Sala Constitucional, quienes no son responsables políticamente por sus decisiones, no rinden cuentas ante nadie ni son sujetos de ningún tipo de control. Siendo así cabe preguntarse, recobrando la frase de Juvenal, ¿quién custodia a estos custodios?.

¿Se justifica que exista un poder político sin control, es decir, un poder absoluto en estos tiempos? El liberalismo, como ya lo hemos dicho, ha combatido históricamente esto y siendo que una de sus máximas es que el poder esté distribuido en la mayor cantidad de manos, que el ciudadano tenga el poder de decisión sobre cada vez más aspectos de su vida, sería lógico pensar que debería impulsar en su agenda, la democratización y el control del poder de los magistrados, llevándolo hasta la máxima acepción que sería permitirle al individuo decidir, como ocurre con Presidente y Diputados, a quién sienta en la silla de poder. Si se ha defendido la elección popular en los otros casos, ¿por qué no en el de los magistrados?

Por supuesto, no faltará quien considere contraproducente una elección popular de magistrados y argumente que es peligroso dejar a la "gradería de sol" tomar esa decisión por su desconocimiento o porque es fácilmente manipulable o que se trata de puestos calificados que no pueden estar abiertos a que participe cualquier persona. Pero la primer premisa implicaría tener la misma posición contra la elección popular que ya hace esa "gradería de sol" para Presidente, Diputados, Alcaldes, Concejales y demás puestos. Además, sería presumir que el ciudadano no tiene capacidad de discernimiento, que no puede tomar decisiones, que no sabe qué es lo que más le conviene para su propia vida y que no puede ejercitar su libertad. Sería darle razón al argumento de los estatistas de tratar al ciudadano como un eterno infante, negándole la oportunidad de hacer sus propias escogencias y reforzaría aquella nefasta creencia de que "siempre habrá alguien mejor capacitado para tomar decisiones por nosotros". El temor a la manipulación no tiene sentido, porque de existir, aplica para la elección de los puestos que ya son sometidos a votación y jamás justifica que se le niegue el poder decisional a los ciudadanos en esos casos. Al menos nunca hemos escuchado a alguien decir que debería eliminarse la elección popular de Presidente y Diputados porque los medios de comunicación, los partidos políticos y otros manipulan la intención de voto con promesas falsas y engaños.

En el mismo orden de ideas, alegar que son puestos "clave" que requieren selectividad en la participación es un aspecto operativo y no aborda el problema de fondo. Aún permitiendo la elección de magistrados, podría perfectamente establecerse requisitos para la postulación, como ya existe en otros casos (vgr. para ser Presidente de la República se requiere ser mayor de 35 años y para ser Diputado, mayor de 21). Otros aspectos operativos, como la forma de elección, la periodicidad y demás, podrían ser discutidos como elementos subsidiarios -propuesta que podríamos abordar a futuro y extendiéndola a los jueces de todas las demás jurisdicciones, pues hoy nos centramos en la Constitucional-, pero no invalidan el asunto de fondo: quitarle el poder de decisión a las élites políticas y partidarias que hoy nombran y mantienen a los magistrados para dárselo a la ciudadanía.

Someter a los magistrados a la elección popular, pese a los riesgos y temores que puedan surgir, tiene enormes ventajas. En el escenario actual su nombramiento y permanencia depende de la lealtad y utilidad del magistrado al partido político que tenga mayoría. Siendo que, para no continuar en su puesto cuando se vence el nombramiento, se requiere mínimo 38 votos en contra de su renovación de mandato, basta con que el partido cuyos votos impidan alcanzar la regla de toma de decisiones, proteja al candidato. ¿Cómo conseguir esto? El hecho de que algunos actuales magistrados tengan 20 o más años en sus puestos demuestra que siendo leales a los intereses de ese partido, votando afirmativamente sus propuestas -a pesar que en algunos casos se voten en contra, más por dar la apariencia de imparcialidad que por convicción jurídica-, se les puede mantener contentos.

Sobre este punto podría decirse que variando el mecanismo, se resuelve el problema. Es decir, que se invierta el procedimiento y se requiera el voto afirmativo de 38 Diputados para nombrar o mantener a un magistrado. No obstante, esto sigue dejando el poder de decisión en cúpulas partidarias y en legisladores que, como nos ha demostrado la realidad, están muy alejados de representar la voluntad popular y responden a sus propios intereses de corto o mediano plazo. Igual los magistrados seguirían siendo responsables ante los Diputados y no ante los ciudadanos que, como bien sabemos, muchas veces ni siquiera son escuchados o atendidos por sus representantes políticos.

En cambio, al permitir la elección directa de magistrados, el ciudadano podría castigarlos o premiarlos políticamente por sus decisiones. Fallos tan polémicos en los últimos años como el de fecundación in vitro, porteo, impuestos, fumado, Crucitas, reelección presidencial y otros, perfectamente podrían haber generado que los votantes, conformes o disconformes con la posición asumida por los magistrados, los premien o castiguen en la próxima elección. Además, se abre la puerta importantísima para el cambio pacífico del poder, de forma que esos magistrados que llevan anquilosados en una Corte, muchas veces viendo las cosas desde una torre de babel. y con posiciones fijas en algunos temas, puedan dar lugar a otros jueces con perspectivas diferentes que actualicen la interpretación del derecho. Monopolizar el poder nunca es bueno; ya lo había dicho George Bernard Shaw cuando señaló que "los políticos y los pañales han de cambiarse a menudo y por los mismos motivos". Lo mismo aplica a los magistrados.

Por ello, creemos que abriendo esta posibilidad, podríamos avanzar en ese arduo pero necesario camino de devolverle al ciudadano el poder, quitándoselo a castas y grupos específicos para hacer que las políticas públicas cada vez tengan menor impacto negativo sobre los individuos y su libertad sea menos constreñida.

viernes, 4 de mayo de 2012

Viernes de Recomendación

Para el día de hoy les ofrecemos la primera conferencia del curso de liberalismo impartido por Jorge Corrales en ANFE. De igual forma, pueden descargar el mismo en el "itunes store".

lunes, 30 de abril de 2012

Tema Polémico: Ni de ricos a pobres, ni de pobres a ricos


Los liberales se nos suele acusar de proteger a las clases económicamente poderosas, y de desatender e ignorar las necesidades de las clases menos favorecidas. Nada podría ser más alejado de la verdad, ya que primeramente los liberales nunca pensamos en términos de clases sino de individuos, individous todos iguales que merecen ser tratados con respeto y dignidad, pero sobre todo individuos que requieren de un Estado que garantice la protección a sus derechos fundamentales. El comentario del día de hoy pretende a la luz de un acontecimiento práctico mostrar las claras diferencias teóricas que existen entre el liberalismo y otros sistema de pensamiento.

La semana pasada como se puede leer de los periódicos se anunció que el ICE y el Gobierno pretenden bajarle la factura eléctrica a grandes empresas y pasarle la factura al resto de usuarios, todo bajo la justificación de que sino estas podrían migrar a otras latitudes. En ASOJOD nos oponemos a este tipo de políticas intervencionistas, no dudamos de la necesidad de mantener todas las empresas que al día de hoy existen y así mismo de crear muchas otras más, pero con lo que nunca podemos estar de acuerdo es con la redistribución de la riqueza ya sea de ricos a pobres o de pobres a ricos.

En ASOJOD creemos que cada individuo es un fin en si mismo y que jamás puede ser instrumentalizado para el beneficio de otro, el fin no justifica los medios. En una sociedad libre, los individuos deben obtener su riqueza a través de la competencia, innovación y satisfacción del consumidor, pero de ninguna forma es aceptable que exista un negocio rentable a la luz de que el resto de la ciudadanía subsidie sus costos.

Si alguien todavía no entendía que es ser liberal pensamos que este caso práctico resulta sumamente útil para entender la diferencia, los liberales no queremos que el Estado decrete ganadores y perdedores, queremos que el destino y éxito de las personas este únicamente en sus manos.

lunes, 30 de enero de 2012

Tema polémico: praxis y pensamiento liberal


El liberalismo como movimiento político con opciones de acceder a puestos de poder está muerto, por el momento, o al menos agonizando en nuestro país.

La principal trinchera partidaria, donde las ideas liberales eran “defendidas” sufrió meses atrás el toque de gracia, debido al supuesto mal uso de fondos públicos por parte del Movimiento Libertario. Luego surgió otra propuesta de organización política (Partido por la Libertad) del que poco se sabe y cuyo ámbito de acción se limita al Internet.

No es que el liberalismo esté huérfano en el país. Existen organizaciones que aún enarbolan las ideas de la libertad, como la Asociación Nacional de Fomento Económico (ANFE), pero entre un think tank y un partido político hay mucha diferencia. El primero es un reservorio de ideas, discusión y debate intelectual, el segundo es praxis y acción política. El primero sin el segundo se queda en el ámbito de las ideas, con impacto nulo o casi nulo en el mundo de lo concreto, de lo cotidiano. El partido político sin el respaldo de la formación de ideas es un hervidero de populismo sin cabeza.

Debemos ser sinceros. El liberalismo como acción política en Costa Rica vive en el letargo, como esperando a que algo suceda, que alguien responda. Duerme el sueño de los justos mientras en otras trincheras se arman hasta los dientes, esperando arrasar con todos los espacios de poder político.

Pareciera, triste es decirlo desde este espacio, que somos incapaces de conjugar la praxis política y la reflexión ideológica sincera, ajustada a un ideario de pensamiento consistente con los principios liberales, como si una cosa y otra fueran incompatibles. Lo cierto es que hemos sido muy buenos generando ideas, pero pésimos en materializarlas.

Por eso es tan importante que los liberales decidan. O se permanece como una reflexión o se pasa a la acción. Existe suficiente capacidad intelectual, pero es necesario que exista a voluntad de ensuciarse las manos y no todos los liberales costarricenses están dispuestos a hacerlo.

Es importante que se conjuguen las voluntades y capacidades para formular una propuesta coherente y agradable al costarricense.

lunes, 16 de enero de 2012

Tema Polémico: La Revolución de Ron Paul


El martes de la semana pasada, el senador por Texas, Ron Paul, obtuvo el segundo lugar en los resultados de las primarias republicanas en New Hampshire, Estados Unidos. Una semana antes, obtuvo un reñido tercer lugar en Iowa. Esta semana se perfila como uno de los favoritos en las primarias de South Carolina. Con estos resultados, es claro que Ron Paul se ha convertido indudablemente en un contendiente fuerte para la candidatura republicana por la Presidencia de los Estados Unidos. Lo que hace tan solo un año era un movimiento, ahora tiene aires revolucionarios. Y es que Ron Paul responde al descontento de una gran cantidad de estadounidenses que están cansados de tener un Estado cada vez más entrometido en todos los aspectos de la vida cotidiana y cada vez más endeudado perjudicando el futuro de las próximas generaciones.

Muchos estadounidenses se han dado cuenta que por ese camino el país cada vez más pierde su grandeza y han visto una luz de esperanza en manos de este candidato liberal (cuando nos referimos a “liberal” estamos hablando del verdadero concepto ligado a la defensa de la libertad y no al concepto equivocado “liberal-socialista” utilizado en los EEUU para referirse a seguidores del partido demócrata). Paul se ha encargado, durante sus años en política, de dejar en evidencia las nefastas consecuencias de un Estado sin ningún tipo de responsabilidad fiscal y monetaria, un Estado con cada vez menos respeto por la libertades individuales de las personas, incluida la libertad a la vida, pues manda a sus ciudadanos al resto del mundo a combatir luchas sin justificación que para lo único que han servido es para alimentar el odio por esa nación en distintas partes del mundo. Paul representa a ese grupo de personas cada vez más grande que quiere un cambio de verdad en la política con propuestas claras y sencillas por medio de una campaña electoral basada en principios y no en favor de los intereses de grupos particulares como ha sido característico tanto en republicanos como en demócratas.

En ASOJOD celebramos la revolución de Ron Paul. Tal vez no compartimos algunas cosas pero su línea es muy similar a la nuestra y es el tipo de representante político que deseamos para nuestro país: alguien coherente y consistente, defensor de las ideas de la libertad, sin temor a decir lo que piensa ni con consideraciones de cálculo político para el futuro. Un hombre valiente capaz de defender sus ideas.

Tal vez Ron Paul no logre convertirse en el candidato republicano pero la gran ganancia de esta revolución no es una nominación sino haber logrado que todas estas ideas a favor de la libertad ahora estén en boca de una gran mayoría. Temas de suma relevancia como la existencia de la Reserva Federal, la responsabilidad fiscal, la guerra perdida contra las drogas que antes no se hablaban ahora son importantes en todos los debates y tienen a la gente pensando. Al ser un país tan influyente, esperamos que estos nuevos debates puedan extenderse por el resto del mundo y que lleguen a nuestra pequeña nación. Ojalá que pronto en Costa Rica estas ideas obtengan la misma relavaría y se pueda generar una revolución aquí también.

Indistintamente si gano o no, las ideas que ahora están boca de todos los ciudadanos estadounidenses y del mundo gracia sa sus mensajes es una ganancia significativa.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Desde la tribuna: ¿se puede cristiano y liberal? Ideas para un debate


Los valores cristianos:

No hay duda alguna de que existe una cultura cristiana occidental. Tal cultura tiene profundos basamentos que logran conjugar la antigüedad grecorromana con los principios cristianos.

Estos principios fueron permeando poco a poco el mundo occidental y han logrado una valiosa síntesis.

Para muchos autores, tal síntesis puede apreciarse en la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Cuando uno se pregunta por la esencia de los valores cristianos, no debería haber duda en contestar con “Amar a Dios sobre todas las cosas … y al prójimo como a ti mismo” (Mateo 22-36-40). Síntesis expresada por el mismo Jesucristo pero que no borra todo el cúmulo de enseñanzas y responsabilidad que también pregonó intensamente Jesús.

Algunos grandes pensadores y maestros han desarrollado toda la filosofía cristiana a partir del Evangelio y el Antiguo Testamento: La Patrística, San Agustín, La Escolástica, Santo Tomás de Aquino y un rico tejido de Encíclicas. La lista es inagotable.

La responsabilidad del cristiano es evidencia misma de que tiene libertad. Son caras de una misma moneda.

En el pasaje del Evangelio relativo a “… dad al César lo que es del César …” (Mateo 22:21, Marcos 12-17, Lucas 20:24 y la idea de Pablo en relación con los impuestos en Romanos 13:7) sobran quienes dejan campo libre al Estado (es del César). Como una especie de separación total entre el cristianismo y la forma de administrar la sociedad.

Por ello vale la pena señalar que la separación entre Iglesia y Estado no puede significar que un cristiano debe abstraerse del modo en que actúa el Estado.

El cristiano no puede limitarse a orar para que las autoridades lo hagan bien, esperar que el la actuación del Estado sea buena y abstenerse de participar en la política.

El tema es cómo ha de hacerlo y cuáles programas e ideas debe impulsar (asimismo, cuáles debe combatir).

Incluso, debe preguntarse si el ser cristiano implica una ideología política (¿humanista, socialista, marxista, liberal, demócrata algo, social algo, republicano, peronista, priísta, etc?).

De lo que no tengo duda alguna es de que un cristiano sí debe participar y debe hacerlo de un modo que se acorde con sus creencias (respeto a la verdad, a los valores fundamentales del cristianismo y a los derechos humanos).

El amor, la caridad, la fraternidad … ¿implican socialismo político y económico? No veo de dónde. Sería fariseísmo. El amor, la caridad y la fraternidad implican un modo de actuar personal, obligaciones personales, no imposiciones sociales ni mucho menos obligaciones sociales. Ello no quiere decir que hay que impulsar un sistema indiferente o que no tenga previsiones sociales, sino que no puedo transplantar valores y obligaciones personales a la estructura social sin más. Incluso, en la valoración del amor al prójimo, hay toda una gama de interpretaciones importantes que no pueden hacerse de lado. Nadie puede ser candil de la calle y oscuridad de la casa. No se puede imponer el amor social y no practicar el personal. Sería una contradicción. No se puede amar al prójimo lejano (contradictio in terminis, oxímoron o absurdo) y olvidar al cercano. Un padre de familia tiene obligaciones ciertas con sus familiares (esposa e hijos) y más tenues con el resto de integrantes de la sociedad. Por tal razón, al exagerar o transplantar algunos valores o principios (caridad y fraternidad, por ejemplo, al campo político o social por norma jurídica, lo que sucede es una situación ilógica, más bien demagógica).

En cambio, los principios elementales del Estado de Derecho (el pueblo como elemento esencial del Estado y sus implicaciones, el Derecho como instrumento de acción y sus consecuencias) parecen conjugarse perfectamente con el cristianismo (no idolatrar a un Estado como a un becerro de oro, ni a una sociedad con abstracción de sus integrantes).

De allí que el constitucionalismo resulta ser armonioso con el cristianismo. En la consecuencia de ello van ir apareciendo los modos y derechos del Estado de Derecho: republicanismo o su equivalente en las monarquías constitucionales, el ser humano como fin y no medio, el respeto a los derechos fundamentales (incluyendo la vida, la libertad y la propiedad).

El liberalismo:

El liberalismo ha tenido como centro el reconocimiento de la libertad del ser humano y sus implicaciones en diversos ámbitos. Así pues, hay consecuencias políticas, económicas, filosóficas y jurídicas.

En algunas de sus manifestaciones históricas y sus actuaciones ha habido enfrentamiento innegable y hasta físico y grosero con la Iglesia Católica y con algunas otras denominaciones o cultos.

Ello, por supuesto, ha pasado en grado mayor con el marxismo y sus derivaciones. No obstante, algunos socialistas han querido apropiarse del cristianismo y desautorizar la posibilidad de que cualquier otro tipo de concepción política pueda ser compatible con él.

El liberalismo tiene un concepto de ser humano, con libertad y responsabilidad. En ello es similar al cristianismo.

El liberalismo promueve la tolerancia y la libertad ajenas, en ello es igual al cristianismo (aunque algunas concepciones cristianas no crean en la libertad y menos en la libertad de culto).

El liberalismo promueve la economía de mercado y el trabajo. El cristianismo promueve el trabajo y no es incompatible con la economía de mercado.

El liberalismo promueve la libertad jurídica y política y ahora estamos claros que tales valores son perfectamente compatibles con el cristianismo.

Los liberales son anticlericales. El clericalismo es opone a los pasajes del Evangelio que se citan respecto de “dad al César …”. Podría concluirse entonces que el clericalismo no es cristiano.

Los liberales no se oponen a la caridad, a la fraternidad ni al amor. Lo que combaten es el transplante irracional de dichos temas al mundo político y jurídico, creando distorsiones sociales y económicas.

El liberalismo se opone a un Estado irracional, abusivo, dictatorial e irrespetuoso de los derechos y libertades públicas. El cristianismo debería estar en la misma línea.

Algunos cristianos quieren llevar la moral cristiana a moral pública y legislar en relación con tal concepción incluso en el ámbito penal. El liberalismo está en contra de ello. No se pueden salvar las almas por ley. Hay evidentes errores del pasado que dan la razón al liberalismo. Reitero que se trata únicamente de algunos cristianos.

El liberalismo defiende el derecho de propiedad y lo considera importante para activar y crear mercados. El cristianismo ha estudiado y señalado que el derecho de propiedad es conforme al Evangelio y doctrina cristiana.

Hay algunos liberales que no son cristianos. Hay demasiados socialistas y marxistas que son enemigos del cristianismo.

Interés de la pregunta:

En el siglo XIX hubo muchos enfrentamientos entre el liberalismo y el cristianismo. No fueron tantos como los que tuvo el cristianismo con el marxismo y sus derivaciones ni con el fascismo y sus similares.

Ello ha llevado a muchos a pensar que no se puede ser cristiano y liberal. También han sido muchos los que lo han pregonado y no han tenido empacho en señalar como incompatibles con el cristianismo la economía de mercado, la riqueza, la globalización (aunque sea enano de otro cuento), la caída del marxismo, la libertad empresarial, el derecho de propiedad, la libertad política, el conocimiento, el avance científico, la tecnología, la libertad de pensamiento y la libertad en varios aspectos (incluyendo política, prensa y filosofía).

Por supuesto que además, con la crítica desde el púlpito a algunas situaciones sociales, políticas y jurídicas, algunos no han sabido entender las causas y han hecho análisis que con sus prejuicios han desorientado a algunos cristianos.

Ejemplo de ello es culpar a los ricos de la existencia de pobres. Igual, señalar en la libre empresa o progreso la mala suerte o vida de otros. Asimismo, señalar que la libertad es la causa de los vicios. O que la libertad de prensa y espectáculo es la culpable directa de la perversión de costumbres. Detrás de algún púlpito hay más estatolatría que amor al prójimo, más marxismo que amor a Dios, más totalitarismo que difusión del Evangelio, más doctrina propia que cristianismo.

Por ello es menester plantearse si se puede ser cristiano y liberal, si un cristiano puede defender la libertad, si un cristiano puede apoyar la economía de mercado, si un cristiano debe defender la propiedad y la empresa, si un cristiano puede defender la riqueza, si un cristiano debe promover la difusión de los derechos e, incluso, si un cristiano debe entender los riesgos del clericalismo.

No basta poner los ejemplos de Lord Acton y el Padre Sirico, solo para mencionar a un par de conspicuos pensadores y difusores de la armonía necesaria entre cristianismo y liberalismo. Aunque l a historia está llena de pensadores y políticos cristianos y liberales es importante señalar que se trata de vivencia y pensamiento absolutamente armonioso.

Para algunos, como mi buen amigo Luis Lépiz, incluso se trata de un tema de necesidad. Para Luis es un deber cristiano impulsar la economía de mercado con el propósito de poner las condiciones para que los pobres puedan progresar y la riqueza aumente y se distribuya. Su intenso estudio de estos temas le lleva a la conclusión de que no hay otro camino.

Conclusión:

Aunque abunda bibliografía al respecto, lo cierto es que parece ser necesario estar repasando estas esenciales cuestiones.

No tengo duda de la perfecta compatibilidad entre el cristianismo y el liberalismo. Incluso, al igual que mi amigo Luis Lépiz, estimo que se trata de una conclusión necesaria. Creo que el buen cristiano no puede evitar ser liberal.

No obstante, como buen liberal dejo el asunto a la discusión abierta y sin prejuicios. Sin ánimo de agotar la discusión, planteo este tema para Navidades y Fin de Año. Al final apunto alguna bibliografía interesante.

Feliz Navidad, cristiana y liberal.

PS: Abunda literatura respecto de tema tan importante. Propongo algunas lecturas de diverso motivo, enfoque y profundidad, únicamente para estimular el pensamiento y estudio alrededor del tema.

http://www.eseade.edu.ar/servicios/Libertas/5_5_Montes.pdf
http://alteran1985.blogspot.com/2009/01/liberalismo-cristiano.html
http://institutointerglobal.org/historia/2136-ique-es-liberalismo-cristiano
http://www.liberalismo.org/articulo/16/55/liberalismo/catolicismo/eaco/g0lan/
http://almela.blogspot.com/2009/05/liberalismo-y-cristianismo.html

Federico Malavassi Calvo