Mostrando las entradas con la etiqueta empresa privada. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta empresa privada. Mostrar todas las entradas

jueves, 23 de febrero de 2012

Jumaji Empresarial: Estado versus empresa


El Estado nos quita poder social y económico: poder de auto-organización ciudadana, poder de autorregulación y poder de defensa personal, por medio de impuestos depredadores y a través de una regulación restrictiva; y a la vez pretende devolvernos seguridad social y económica bajo la forma de instituciones no evolutivas, sistemas de reparto y un capitalismo estatal elitista. No hay manera posible de que esta fórmula sea beneficiosa para generar la prosperidad general.

El Estado busca imponer un curioso sistema moral basado en la extorsión y el robo. El hombre de empresa, por el contrario, solo cierra acuerdos contractuales o de mutuo acuerdo con su cliente o capitalista. En los negocios privados, y debido a este contrato (aristotélico), todo el mundo gana. En ningún momento, el empresario pretende detentar una moral más elevada que su cliente ni robarle el dinero o su libertad para reasignárselo a otro o quedárselo él mismo; lo único que pretende, como su cliente, es obtener el máximo provecho con el menor costo posible.

La consecuencia de esta disyuntiva es que, en Costa Rica, ya se percibe hoy un ambiente donde conviene más anudar negocios ilegales que negocios legales. Cuando un empresario costarricense quiere trabajar dentro del marco de la ley puede estar seguro de que su "socio mayor", que es el Estado, siempre estará listo para participar de sus ganancias sin aportar mucho, y como muestra de gratitud –gratitud negra al fin–, le devolverá el favor con mayores regulaciones. Pero, además, cuando el empresario busque protección ante la ley siempre surgirá un burócrata de pelo largo que lo acusará públicamente de manipular la ley en su propio beneficio. Una práctica que no solo es nefasta sino que pone en riesgo el futuro de la misma nación y de cada uno de sus habitantes.

Muchos "intelectualoides" le echan la culpa al capitalismo por todos los males de la sociedad, pero no se dan cuenta de que sin capital (físico, intelectual, social) no puede existir bienestar colectivo. Capitalismo es: la libre transformación, transferencia y acumulación de capital, a través del intercambio. Esta fórmula nunca puede ser la causante de la pobreza, a no ser que el aparato estatal cree las condiciones para que dicho capital se acumule en pocas manos, fenómeno que sí ocurre por otros factores: exceso de regulación, multitud de impuestos y gasto improductivo del mismísimo Estado.

Andrés Ignacio Pozuelo

lunes, 9 de enero de 2012

Tema polémico: lo que Costa Rica necesita




El día de ayer aparece publicada la noticia de que una cadena de comida rápida se sumará más a la competencia en el mercado nacional. En estos difíciles momentos económicos que nos agobian no puede más que alegrarnos esta nueva inversión.

Precisamente este es el camino que deberían buscar nuestras autoridades en el 2012: facilitar la inversión nacional y extranjera y dejar de una vez por todas la idea de que este país se va a desarrollar a punta de más impuestos. La inversión crea nuevas fuentes de empleo, mayor consumo y con todo ello más tributos. Por eso el reto permanente de este país seguirá siendo crear una agenda de competitividad que permita al sector productivo desarrollarse y crecer.

Llama la atención cómo este mercado de las comidas rápidas ha ido creciendo a lo largo de estos años. Cada vez son más las empresas que ingresan al mercado así como los locales que abren empresas consolidadas desde hace años. Esperamos que no aparezca algún ingeniero social que se le ocurra crear la SUCOR (Superintendencia de Comidas Rápidas), en donde una serie de expertos definan cuántas empresas pueden operar en el mercado, bajo qué requisitos y bajo queé formas (tal y como ha pasado lamentablemente con el mercado de las telecomunicaciones), o que aparezcan absurdos debates que quieran restringir el acceso a este tipo de comidas como ha ocurrido en los últimos años en Estados Unidos.

Lo que requerimos los costarricenses, son más opciones, más empresas, más libertad, más fuentes de empleo y más inversión, no un estado que asfixie los planes individuales con más regulaciones e impuestos y que pretenda cuidar a los gobernados de ellos mismos. Esperamos que el 2012 este lleno de noticias como estas y no como el 2011, en donde los medios de comunicación nacional se vieron bombardeados por las pésimas ideas de políticas públicas de este gobierno.

jueves, 12 de febrero de 2009

Empresas gastan más que el Estado en Seguridad


El miércoles salió en el periódico La República una noticia lamentable titulada "Empresas gastan más que el Estado en seguridad". En este noticia se comenta que durante el año pasado el sector privado gastó casi 7000 millones de colones más en seguridad que el Estado, lo cual demuestra que este último es incapaz de invertir adecuadamente los recursos que obtiene de todos los tax-payers puesto que no puede cumplir su función primordial: la de proveer seguridad. Esto provoca una baja en el crecimiento económico al obligar a las empresas a invertir sus recursos en rubros en los cuales no debiera gastar y así perjudica a todos los costarricenses. En ASOJOD esperamos que esta noticia haga reflexionar el gobierno para recortar gastos innecesarios y cerrar programas estatales con el fin de proveer un servicio de seguridad decente. 

jueves, 26 de junio de 2008

Lo que nos enseña Walt Disney sobre economía


Una de las teorías más populares en los libros de texto de economía, que justifican las amplísimas intervenciones estatales, es la de las fallas del mercado. Éstas, aunque tradicionalmente se han dividido en tres, se pueden identificar siempre que la realidad económica no coincida con el equivocadamente llamado modelo de competencia perfecta; es decir, en la gran mayoría de los casos. ¿Incertidumbre, información imperfecta, monopolios, perturbaciones económicas...? Todo puede caber dentro del gran saco de las fallas del mercado, para justificar mayores intervenciones y llenar el estómago insaciable del estado.

Dentro de este gran saco, la teoría de los bienes públicos sostiene que el sector privado será incapaz de proveernos de aquellos bienes cuyo consumo sea conjunto, es decir, que el hecho de que una persona consuma una unidad adicional de un bien o servicio, no hace disminuir el consumo de otra. Por ejemplo, en el caso del alumbrado de las calles, el que aumente el número de transeúntes que se benefician de la luz no implica que otros se perjudiquen. Además, estos bienes también suelen presentar la cualidad de que su consumo no se puede excluir. En el ejemplo, no se puede evitar que un transeúnte concreto, que no haya pagado por el alumbrado, disfrute de él. Por estas razones, se dice que estos bienes deben ser provistos de manera coactiva por las administraciones públicas, ya que los agentes privados no lo harían, debido especialmente al problema del gorrón o free-rider.

Un caso real bastaría para refutar la afirmación de que resulta imposible que instituciones privadas provean adecuadamente de bienes colectivos. El que he escogido, dentro de la infinidad de ejemplos que existen, es el de Walt Disney World (WDW). Es un complejo de ocio del tamaño de San Francisco, situado en Florida, que cuenta con parques temáticos, acuáticos, campos de golf, complejos deportivos, numerosos hoteles y tiendas, así como centros de entretenimiento y restaurantes. Lo más destacable es que el sector público ha participado muy poco en ese gran proyecto y ha concedido gran autonomía y libertad (como ciertas exenciones legales y regulatorias) a la compañía de Disney para llevar a cabo sus ideas. ¿Y qué hizo la compañía con esta libertad? ¿Contaminar salvajemente, destruir la fauna y la flora a su antojo, establecer la ley de la selva? Pues no, todo lo contrario, y es que destaca la actitud de respeto al medioambiente y de preservación de los espacios naturales en todo el parque. ¿Y qué hay de los bienes públicos? Los provee la misma compañía: bienes públicos de toda variedad desde las calles y el alumbrado hasta sistemas de recogida de basuras, con una tecnología muy innovadora. Han leído bien, se trata de una gran ciudad o comunidad que demuestra que la provisión privada de bienes colectivos es perfectamente viable.

No obstante, WDW es más que una comunidad privada donde hay numerosos bienes colectivos. Fue una excelente visión empresarial del creador Walt Disney (paradigma del self-made man y muestra de la existencia del American Dream), que como buen empresario, se adelantó al resto y ofreció la posibilidad de satisfacer necesidades que él mismo descubrió, siendo un gran ejemplo del ejercicio de la función empresarial austriaca. Su visión consistió en crear una comunidad utópica, un espacio recreativo en el que imperase la armonía, la felicidad y la diversión.

Podemos llegar a varias conclusiones. En primer lugar, el caso de Walt Disney World y otros parques de la misma compañía, demuestra lo errado de la conclusión principal de la teoría de los bienes públicos, a saber, que la provisión privada de estos bienes es inviable. Por el contrario, es un caso claro de cómo pueden funcionar comunidades privadas, especialmente en relación a los bienes colectivos. En segundo lugar, también se puede ver cómo en un ambiente de mayor libertad y menores regulaciones, en el que el estado tiene poco que decir, se fomenta la intervención.

Ángel Martín Oro