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lunes, 9 de febrero de 2009

Tema polémico: cultura y desarrollo

Hoy en ASOJOD queremos desarrollar algunas cuantas ideas respecto a la relación que puede o no existir entre el desarrollo y la cultura. El día viernes 30 de enero del año en curso, sucedió algo insólito: ese día se disputaba el juego de fútbol entre Costa Rica y El Salvador y resulta que, durante el segundo tiempo, el equipo salvadoreño sufrió –sospechosamente- una serie de lesiones, lo cual provocó que el partido fuera suspendido, dando la victoria al cuadro nacional. Desgraciadamente estos bochornosos acontecimientos parecen ser característica común de nuestra región. Es aquí donde la cultura juega un papel vital.

En ASOJOD, pensamos que la cultura posee un rol fundamental en el desarrollo, no como una especie de determinismo cultural, sino como una condición más, necesaria para el logro del desarrollo y crecimiento económico. Antes de iniciar nuestro análisis es importante esclarecer y delimitar los conceptos. Entendemos la cultura en el sentido randiano, esto es: como el conjunto de ideas y valores predominantes en un determinado tiempo y espacio. De este concepto se deducen una serie de conclusiones que no dejan de ser importantes. Primero que todo, la cultura es mutable, es una creación del hombre que vive y coopera con otros hombres. Por ello la cultura no debe de ser reificada. Esta, como institución humana que es, puede evolucionar –transformarse- como lo muestra la historia de la humanidad. La cultura es un producto del orden espontáneo (Hayek), la cual nace en virtud de la acción humana pero no del diseño humano (Adam Ferguson).

En este sentido, la cultura no es el producto exclusivo de la estructura –sistema productivo- como lo aseveraba el esencialismo marxista, sino que estructura y superestructura –para continuar con las categorías de esa corriente- se retroalimentan una a la otra. Sería ingenuo pensar que una es la consecuencia exclusiva de la otra. Weber había logrado criticar la tesis marxista en su libro "La ética protestante y el espíritu del capitalismo", al invertir la fórmula de Marx, alegando que fue la religión -superestructura- la que impulsó el desarrollo del capitalismo –estructura- dentro de los países protestantes.

Como afirmamos anteriormente, en ASOJOD pensamos que estructura y superestructura conviven una con otra, retroalimentándose y transformándose constantemente. En este campo resultan sumamente interesantes los trabajos realizados por el premio Nobel de economía Douglass North, quien propone que el crecimiento económico requiere de una serie de instituciones que incentiven la cooperación y el intercambio voluntario entre individuos. Estas instituciones están compuestas por reglas formales –leyes, reglamentos constituciones-, reglas informales –códigos de conducta autoimpuestos, religiones, ideologías- y reglas destinadas a la aplicación de dichas restricciones –sistema judicial, policía-.

Propiamente en América latina vale destacar el libro: El Autoritarismo y la improductividad de José Ignacio García Hamilton. En este, el profesor argentino demuestra cómo las instituciones de la colonia y las que continuaron posterior a esta, dejaron en nuestros pueblos una herencia cultural que tenía como pilares el mercantilismo, el autoritarismo, incumplimiento de la ley, corruptelas, privilegios, etc. Se trata de una serie de valores que han contribuido enormemente al atasco económico en que se encuentra América Latina y que aparecen reflejados en todos los proyectos y actividades en las que participamos, ejemplo de ello es el partido de la UNCAF mencionado anteriormente.

Por ello, creemos que el desarrollo no se alcanza mágicamente a partir del establecimiento de un modelo productivo -capitalismo- si éste no va acompañado por un cambio del paradigma cultural que permita internalizar los valores que hacen posible a dicho sistema: la productividad, la honradez, la competencia, la inventiva, la cooperación, el respeto por los contratos, etc.