Finalmente, todo
parece indicar que Donald Trump y Hillary Clinton serán los candidatos
republicano y demócrata que competirán para ser el próximo presidente de los
Estados Unidos. Ahora bien, cuando se observan ciertas encuestas, salta a la
vista que ambos aspirantes poseen un alto porcentaje de opiniones
desfavorables y son, a su vez, figuras muy polarizantes para el electorado. lunes, 9 de mayo de 2016
Tema Polémico: ¿Una tercera vía?
Finalmente, todo
parece indicar que Donald Trump y Hillary Clinton serán los candidatos
republicano y demócrata que competirán para ser el próximo presidente de los
Estados Unidos. Ahora bien, cuando se observan ciertas encuestas, salta a la
vista que ambos aspirantes poseen un alto porcentaje de opiniones
desfavorables y son, a su vez, figuras muy polarizantes para el electorado. jueves, 22 de mayo de 2008
Mujercitas

Cierto que para decir las cosas tan claras como Camille Paglia hay que ser honesta como ella: bisexual que defiende al hombre masculino frente a la versión metrosexual tan de moda, feminista contra la acción afirmativa, atea que respeta la religión, piensa que el yihadismo es un peligro real e inminente para Occidente y, a pesar de ser demócrata, no le gusta su partido.
¿A qué se debe esta actitud hacia Hillary? Al falso feminismo que defiende, a que utiliza su condición de mujer para conseguir votos y a que esa obsesión le lleva a emprender una campaña anti-hombre que es liberticida e injusta. Hillary no convence a la mujer con formación que no acepta sus ataques a las amas de casa.
Pues no está mal. Pero Camille Paglia no está sola. Wendy McElroy, otra feminista individualista, en su libro “Sexual Correctness: The Gender-Feminist Attack on Women”, estudia la injusticia de la acción afirmativa y los argumentos de quienes la defienden. A pesar de que las barreras legales cayeron hace tiempo y hombres y mujeres somos iguales ante la ley, se supone que aún no se ejerce esa igualdad, especialmente en el ámbito del mercado, donde continuamente se infravalora a la mujer. Y dado que la explotación continúa, es necesario promulgar leyes protectoras: hay que preferir la mujer al hombre por ley para compensar la explotación a la que el mercado nos somete.
Pero, para McElroy, estas medidas hacen más mal que bien. En primer lugar, porque limitan la libertad al obligar al empresario a contratar a mujeres, arrebatándoles la capacidad de decidir sobre su propiedad. La libertad tiene riesgos. Toda elección entraña discriminación, eliminas una opción para quedarte con otra. Y cuando la elección del empresario no cuadra con los objetivos de los políticos, algo hay que hacer, aunque para ello haya que pisotear la libertad del empresario.
Tampoco el argumento de la justicia compensatoria es válido. No se trata de que aquel que inflija un daño lo repare, sino que las feministas totalitarias defienden que son los hombres descendientes de quienes siglos atrás no trataron a las mujeres de entonces como iguales ante la ley, quienes cargan con la responsabilidad de resarcir a las mujeres de hoy, incluso si ya existe la tan ansiada igualdad.
Otros autores como el economista Thomas Sowell, en el artículo “The Grand Fallacy: Equating Male-Female Differences in Salary with Discrimination”, apunta que las capacidades potenciales de diferentes grupos no tienen por qué ser iguales, y que incluso si lo fueran, cada uno de ellos podrían no tener interés en desarrollarlos completamente, o de la misma manera que otros. También explica Sowell que la discriminación positiva, tal y como sucedió con la discriminación racial, solamente va a servir para que se vea cuestionado el trabajo de cualquier mujer y para que, al exigirles menos para poder cumplir la cuota, se convierta en una profecía autocumplidora.
A pesar de este movimiento feminista anti-totalitario, en España caminamos en sentido opuesto. El Instituto de la Mujer parece asumir las palabras de Marx y Engels en el Manifiesto Comunista cuando afirmaban:
El burgués, que no ve en su mujer más que un simple instrumento de producción, al oírnos proclamar la necesidad de que los instrumentos de producción sean explotados colectivamente, no puede por menos de pensar que el régimen colectivo se hará extensivo igualmente a la mujer. No advierte que de lo que se trata es precisamente de acabar con la situación de la mujer como mero instrumento de producción.
En la Guía de Sensibilización y Formación en Igualdad de Oportunidades entre Mujeres y Hombres se establece como punto de partida que la igualdad ante la ley ya no es suficiente para conseguir la igualdad de oportunidades. No solamente se financian programas informativos que abarcan aspectos educativos, sanitarios y de empleo sino que se ponen en marcha con fondos europeos, nacionales, autonómicos y locales costosísimos programas de colaboración en los que se premian a las empresas que se distingan como "colaboradoras", para lo cual, como requisito principal e indispensable, se requiere compromiso y responsabilidad por parte de la dirección de la empresa en apoyar y sostener una política de igualdad de oportunidades, implicándose positivamente tanto dentro como fuera del ámbito empresarial.
El panorama que se nos presenta es desolador, si nos atenemos, no solamente a la creación de un nuevo Ministerio de Igualdad, sino también al Plan Estratégico de Igualdad de Oportunidades (2008-2011) en el que se premia y promociona la feminización de la sociedad y se acaba por victimizar y denostar a los hombres. No tiene desperdicio el Manual para Elaborar un Plan de Igualdad en las Empresas que recuerda a los cuestionarios de cualquier comisariado político.
La igualdad mal entendida (porque los hombres y las mujeres somos diferentes) se está implementando por ley, es decir, coactivamente, con fondos públicos que son derrochados y, sobre todo, a costa de pisotear la libertad individual.
María Blanco.
domingo, 11 de mayo de 2008
EE.UU.: ¿La esposa de Pinocho?

Hay muchas cosas que se pueden decir de Bill Clinton, pero es un personaje simpático y a su gobierno lo echa de menos un creciente número de norteamericanos, hartos de Bush y de la fracasada “construcción de la democracia en Irak”, la cual ya ha costado la vida de 4 mil soldados de Estados Unidos y más de 510 mil millones de dólares.
Todos recordamos la frase famosa del presidente Clinton: “Yo no tuve relaciones sexuales con esa mujer, la señorita Lewinsky”. Pero la frecuencia de exageraciones, medias verdades y obvias falsedades de su esposa, Hillary Clinton, durante la actual campaña presidencial, parece romper todos los récords históricos.
Recordemos algunas de esas mentiras y exageraciones que llaman la atención:
Dijo que se había opuesto, desde el principio, al Tratado de Libre Comercio con México.
Dijo que había sido una pieza vital en las negociaciones de paz en Irlanda del Norte.
Dijo que había comenzado a criticar la guerra en Irak antes de que lo hiciera su contrincante Barak Obama.
Al recién fallecido Sir Edmund Hillary le contó que su madre la había bautizado con el nombre de Hillary por él, el primero en alcanzar la cima del Everest, en 1953. El problema es que ella nació en 1947.
Recientemente dijo que había visitado a Bosnia en 1996, siendo primera dama, y aterrizó “bajo disparos de francotiradores. Supuestamente debía haber una ceremonia de bienvenida en el aeropuerto, pero en vez de eso tuvimos que correr con nuestras cabezas bajas hasta los vehículos que nos llevarían a la base”. Poco después de tales declaraciones, CBS proyectó un video de esa llegada a Bosnia que muestra a la Sra. Clinton y a su hija Chelsea siendo recibidas por una niñita con un ramo de flores, rodeada de gente sonriendo, no corriendo asustados por los disparos de guerrilleros.
Pero ya los políticos no debieran sorprendernos. Hemos leído últimamente columnas de Karl Rove en el Wall Street Journal denunciando el proteccionismo de candidatos y políticos demócratas; muy cierto. Pero no debemos olvidar que Rove, en el año 2000, cuando era asesor de la campaña presidencial de Bush y Cheney, insistía en prometer a los electores que el gobierno republicano protegería a la industria del acero. Así se hizo, con el resultado que los altos precios internos del acero causaron el desempleo de unas 200 mil personas, ya que muchas fábricas de Estados Unidos mudaron sus operaciones al exterior, mientras que la industria del acero de este país empleaba a 187 mil trabajadores.
Palabras similares a las de Rove se le oyen hoy a Obama, en contra del comercio con China, NAFTA, CAFTA y el tratado con Colombia. Así los políticos buscan apoyo de poderosos sindicatos, aunque sus propuestas vayan contra los verdaderos intereses de la mayoría y contra la especialización de la industria nacional en aquellos campos donde existen claras ventajas comparativas vis-a-vis el resto del mundo, sin necesidad de protección arancelaria ni de los subsidios de Washington que terminamos pagando todos con nuestros impuestos.
Carlos Ball