viernes, 30 de noviembre de 2007

El antiamericanismo de los estadounidenses


Es muy fácil odiar al pueblo y al gobierno estadounidenses. Todo lo que hay que hacer es tomar en serio la opinión sobre su conducta criminal descrita por algunos de sus catedráticos universitarios. Es la mejor fuente de antiamericanismo que se conoce. Transcribo un párrafo del libro Ecuador and the United States escrito por el historiador Ronn Pineo, profesor de Towson University, publicado recientemente por The University of Georgia Press:

En el período de postguerra [...] Estados Unidos alcanzó sus objetivos en Ecuador: la prohibición de los partidos políticos progresistas; la persecución de los sindicatos izquierdistas; el despido, encarcelamiento, apaleamiento, exilio y asesinato de intelectuales librepensadores (independent-minded), profesores y reporteros de periódicos; y el debilitamiento de los gobiernos que no le gustaban. Debido a estas acciones, Estados Unidos contribuyó significativamente a la inestabilidad política y debilitó el objetivo de construir la democracia en Ecuador.

Menudos objetivos. O sea, durante medio siglo, inmersos en la guerra fría, el pueblo americano, por medio de los presidentes elegidos, demócratas y republicanos, utilizando a la CIA, controlada por los congresistas y senadores, se comportaba como una mafia siniestra dedicada a atropellar cruelmente a los ecuatorianos. Supongo que cuando el señor Pineo hace estas afirmaciones no ignora que en una república que funciona de acuerdo con las normas de una democracia representativa, el responsable final de estas acciones criminales es la sociedad de asesinos y matones a la que él pertenece y describe.

¿Qué fuente utiliza el profesor Pineo para llegar a esas conclusiones tan negativas sobre su país y sus compatriotas? Fundamentalmente, el testimonio de Philip Agee, un ex agente de la CIA que se pasó al enemigo en la década de los sesenta, convirtiéndose en colaborador de la inteligencia cubana y soviética, dedicado a la identificación de sus antiguos compañeros, lo que le costó la vida a alguno de ellos. Agee, ya muy envejecido, continúa en Cuba al frente de una empresa consagrada a promover el turismo, pero periódicamente la dictadura de Castro lo utiliza para desacreditar a Estados Unidos.

Naturalmente, el profesor Pineo tiene otros enemigos, además del comportamiento de sus conciudadanos. Como muchos de los latinoamericanistas asentados en las universidades de Estados Unidos, el anticomunismo le parece una actitud injustificable. (No sé, porque no lo aclara, si ser antinazi o antifascista le suscita el mismo rechazo.) Su libro transpira esa insensibilidad ante el sufrimiento de las víctimas del comunismo. No importan el horror de esas dictaduras, sus cien millones de muertos, sus gulags implacables, la miseria y la desesperación de las personas que han tenido que sufrir la barbarie de las tiranías marxistas leninistas. Estados Unidos, en definitiva, no debió enfrentarse a la URSS y a sus satélites. Los norteamericanos exageraban los peligros de la expansión soviética y confundían los verdaderos objetivos de Moscú, comprensiblemente defensivos.

Las otras bestias pardas del historiador son el llamado neoliberalismo y el libre comercio internacional. Las privatizaciones de las empresas estatales —una tremenda fuente de corrupción, clientelismo y derroche—, la reducción del gasto público, unida a un aumento en la inversión en salud y educación, la lucha contra la inflación, el equilibrio presupuestario, los tratados de libre comercio, el fin de los controles de precios y la liberalización de los mercados, como recomiendan el Consenso de Washington, el FMI y el BM, le parecen responsables de un incremento de la miseria general. Es decir, las medidas que han convertido a Chile en la economía más pujante de América Latina, y que le han permitido reducir los índices de pobreza del 42 al 13% durante la etapa democrática (las mismas que receta la Unión Europea a los ex satélites de la URSS para entrar en el organismo), son responsables del desbarajuste ecuatoriano.

En definitiva, los norteamericanos son culpables de casi todo lo malo que sucede en América Latina. Cuando ignoran lo que ocurre al sur del Río Grande, es debido a esa negligente indiferencia que estos pobres pueblos no consiguen desarrollarse ni democratizarse. Cuando tratan de influir en su destino, con planes como la ''Alianza para el Progreso'' (más de veinte mil millones de dólares inútilmente perdidos), lo hacen torpe y arrogantemente en función de su paranoia anticomunista, y entonces se dedican al asesinato de librepensadores, impidiendo el arraigo de las ideas de la libertad.

No me extraña, pues, que en la bibliografía que cita al final de la obra no aparezca la menor referencia a Las costumbres de los ecuatorianos, un extraordinario estudio de Osvaldo Hurtado, ex presidente y director de CORDES, uno de los think tanks más prestigiosos del país. Si lo leyera, tal vez entendería mejor las raíces culturales e históricas de los problemas ecuatorianos, y acaso se atenuaría su profunda animadversión a la sociedad norteamericana. No creo que lo haga.

Por Carlos Alberto Montaner

Aumento del precio de los alimentos


Malthus y muchos de sus modernos seguidores asumen que el crecimiento de la población causa aumentos en los precios de los alimentos. En 1968, el biólogo Paul Ehrlich, en su libro “La bomba poblacional”, predijo que cientos de millones de personas morirían de hambre para mediados de los años 70. Desde luego que eso no sucedió y en los últimos 40 años el precio de los cereales y demás alimentos básicos ha bajado en relación con los precios de productos no alimenticios. Pero esto ha cambiado en los últimos dos años y en 2007 la inflación en el precio de los alimentos ha sido mayor que en todo lo demás.

Pero el aumento de la población mundial no resultó ser el factor determinante, entre otras cosas porque su crecimiento se ha reducido en los últimos 30 años. Una razón mucho más importante ha sido el aumento del ingreso per cápita en los países en desarrollo, especialmente en China y la India. Otro importante factor han sido los subsidios gubernamentales al maíz para producir biocombustibles que sustituyan al petróleo. La producción de etanol utilizará casi 30% de la cosecha total de maíz en Estados Unidos el próximo año.

El aumento del precio de los alimentos ha causado pánico en muchos países que han impuesto controles de precios y restricciones a las exportaciones de alimentos básicos. Otros países consideran ofrecer subsidios e imponer más regulaciones para impedir que sigan subiendo los precios de los alimentos.

La mayoría de esas medidas resultan contraproducentes porque desalientan en lugar de fomentar la producción de alimentos. Los agricultores se dedicarán a otros cultivos si les fijan un precio máximo al trigo, mientras que los subsidios agrícolas provocan mayor producción, pero distorsionan la asignación de recursos entre alimentos y demás bienes que los consumidores desean. Por el contrario, eliminar aranceles a la importación de alimentos, acabar con los subsidios a la exportación de alimentos y dejar que los agricultores hagan el uso que más les conviene de sus tierras contribuyen a la mayor eficiencia mundial en la producción y consumo de alimentos.

Los precios de los alimentos bajaron a lo largo de casi todo el siglo XX por los avances tecnológicos logrados. Éstos incluyen el desarrollo de mejores fertilizantes, la rotación de siembras, el control de enfermedades de las plantas y animales, modificaciones genéticas de cosechas y otras innovaciones. Todo esto debe seguir mejorando, especialmente si los gobiernos reducen sus restricciones a las modificaciones genéticas de los cultivos y si lo agricultores tienen la libertad de reaccionar libremente a los precios del mercado y demás indicaciones de lo que la gente quiere.

El rápido aumento del precio de los alimentos hace mucho más daño a los países pobres porque su gente gasta una considerablemente mayor proporción de sus ingresos en comida. La gente en Estados Unidos y en otros países ricos gasta alrededor de 10% de sus ingresos en alimentos, mientras que la gente de países muy pobres gasta más de 60%. Esto significa que un aumento de 30% anual en el precio de los alimentos durante cinco años reduciría el nivel de vida en apenas 3% en los países ricos, pero en 21% en los países pobres, si todo lo demás se mantiene igual.

Dentro de cada nación, los más pobres siempre son los más afectados por los aumentos de precio de los alimentos y por ello es que los gobiernos tienden a intervenir.

Mi conclusión es que los temores maltusianos no sucederán. La producción de alimentos se adaptará a la mayor demanda de los países en desarrollo y los precios futuros de los alimentos tenderán a la baja como sucedió en los últimos 100 años. Una incertidumbre tiene que ver con el calentamiento global y los biocombustibles porque cada vez mayores extensiones de tierras cultivables se dedicarían a la producción de etanol y no de alimentos.

Por Gary Becker

miércoles, 28 de noviembre de 2007

¿Debe el BCCR aumentar las tasas de interés?


¿Debe el Banco Central de Costa Rica aumentar las tasas de interés?

El anuncio de hace unos días del Banco Central de Costa Rica (BCCR) de la necesidad de aumentar las tasas de interés de corto plazo refleja la incapacidad del Instituto Emisor de manejar sanamente la política monetaria.

Debido a que la inflación interanual a octubre del 2007 en Costa Rica alcanza la vergonzosa cifra de 9.84% es que el BCCR debe ajustar a la alza las tasas de interés. Esto debe ser así porque un principio básico de economía sostiene que las tasas de interés deben de guardar una relación directa con la inflación. Si la inflación es superior a la tasa de interés que se paga por el ahorro, no hay incentivo a ahorrar. Y si no hay ahorro, no hay recursos para prestar y el sistema financiero colapsa.

Es por eso que países con bajas tasas de inflación tienen bajas tasas de interés. Por la misma razón es que la única forma sostenible de ofrecer tasas de interés accesibles o de democratizar el crédito, sea para el sector productivo o para el sector vivienda, es con una baja tasa de inflación. En otras palabras, para que el sector productivo costarricense pueda acceder a tasas de interés activas del 7 u 8% anual lo único que se requiere es que el BCCR deje de imprimir tanto dinero. No es con Banca de Desarrollo como se alcanzan bajas tasas de interés sino controlando la inflación y para ello hay que controlar la emisión de dinero. En Panamá, por ejemplo que no tiene Banco Central, las tasas de interés para vivienda son del 6% anual a treinta años.

Por tanto, si deseamos que las tasas de interés sean bajas y accesibles el objetivo del BCCR debe ser controlar la inflación. Pero, ¿qué causa la inflación o aumento generalizado de los precios? Tal y como afirmaba Milton Friedman (premio Nobel en economía en 1976), “La inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario”. Es decir, la inflación es causada en un 100% por un aumento excesivo de la cantidad de dinero que circula en la economía. En otras palabras, la inflación en Costa Rica la causa única y exclusivamente el BCCR cuando este emite, imprime o pone a circular dinero sin respaldo en la producción nacional. Es una mentira que la inflación la cause los aumentos del precio del petróleo. Si esto fuera así, ¿Por qué durante la Administración Arias (1986-1990) donde los precios del petróleo cayeron en aproximadamente un 50%, la inflación se duplicó durante su Gobierno? ¿Cómo se explica que, desde mediados de los ochentas y hasta finales de los noventas que los pr! ecios del petróleo estuvieron relativamente estables, los precios en Costa Ricas siguieron subiendo? Si la causa de la inflación en Costa Rica fueran las variaciones del precio del petróleo entonces deberíamos tener deflación (caída de los precios) cuando los precios del petróleo caen y estabilidad de precios cuando este es estable. Es claro que la evidencia refuta la relación entre aumento de los precios y aumento del precio del petróleo. Además, países con mayor consumo per capita de petróleo como Japón casi no tiene inflación, mientras que Venezuela, país productor de petróleo, tiene una inflación interanual a octubre del 2007 del 17.2%.

Es importante destacar que de enero de 1980 hasta diciembre del 2006 la inflación promedio anual en Costa Rica fue de 18.1% mientras que el crecimiento de la cantidad de dinero fue del 20.9% anual

Si el BCCR debe ajustar al alza las tasas de interés se debe a su incapacidad de controlar los niveles de inflación causada por un aumento irresponsable del circulante en la economía. Controlar la cantidad de dinero que circula en un país es una tarea muy simple que requiere de unos 5 funcionarios que se reúnan cada tres o seis meses. El BCCR ha sido incapaz de controlar la cantidad de dinero que circula en el país generando altísimas tasas de inflación cuyas consecuencias son: menor crecimiento de la producción, menor inversión, tasas de interés más altas y volátiles, mayores niveles de desempleo, menor competitividad, mayor incertidumbre cambiaria, deterioro de la distribución del ingreso, entre otro montón de males. Ante esta incapacidad del BCCR de controlar la inflación, es que se hace necesario e indispensable considerar la destitución de su Presidente o bien, en mejor de los casos, cerrar el BCCR e imitar al modelo panameño sin banca central y su sistema financiero al! tamente desregulado y competitivo.

José Joaquín Fernández

En vela


El lunes pasado, con ansias de regalos y tamales, fue un día especial. Una exdiputada, huésped de la tarima, el 7 de octubre pasado, y un grupo de líderes sindicales habían decretado para esa fecha una huelga general.

En esos trances, uno toma algunas previsiones sobre el bloqueo de calles, máxime que todas, sin excepción, llegan a San José. Una vez en San José, comprobé, sin mayores afanes, que el tránsito fluía y la gente caminaba apaciblemente. Sorprendido por la quietud, desemboqué en la Universidad de Costa Rica y no vi la huelga general. En su lugar, un grupo reducido de “patriotas”, con pasamontañas y tambores, habían cercado los semáforos frente a la Facultad de Derecho. Luego, colocaron llantas en la vía y les prendieron fuego, deambularon por el campus universitario, insultaron a diestro y siniestro, y, al final, olorosos a sudor patrio, enterraron el TLC. Costarricense, así se invierten tus impuestos…

Me llamó la atención el grito de guerra de estos legionarios: “Resistir, resistir”, el mismo que apareció en un campo pagado, antes del 7 de octubre, suscrito por algunos representantes de la flor y nata de nuestra intelectualidad y cultura, entre ellos, adustos Magones y otros de parecido linaje. En ambas ocasiones, me he preguntado: ¿Resistir a qué o a quién? ¿Al narcotráfico, a la corrupción, a la mediocridad, al populismo, a la vagancia, a la corrupción de menores, a la violencia doméstica…? Formulo estas preguntas porque estos reverendos señores y señoras nunca han firmado, en conjunto, un manifiesto de “resistencia” contra estas desventuras sociales. ¿Resistir, entonces, a los gringos? ¿A los chinos? ¿A la Unión Europea? ¿Al diablo? ¿A “la tiranía de los hermanos Arias”? ¿A Jorge Alarcón? ¡Qué linda es Tiquicia!

La huelga general, en el ICE, se redujo a una marcha de unas 500 personas, en que acordaron, henchidos de emoción, otra huelga general, y los líderes exhibieron su refinada retórica: “Vamos a poner la vida, si hay que ponerla”. ¿Dónde? “Esta es la última vez que venimos de manera patriótica, vamos a incendiar esta sociedad”. Alerta, Cuerpo de Bomberos. “Se debe hacer una lista de maricones y pendejos”. Si solamente participaron 500 de 20.000 convocados a la huelga, 19.500 ¿son pendejos y maricones? “Ha llegado la hora de cambiar el pico y la pala por las armas”. Habida cuenta de la diferencia de precios, con los picos y las palas no se compra hoy ni una pistola de agua. Al final, un transeúnte gritó, al paso de los 500 soldados: “¡Jalen, vagos!”… Pagados por los contribuyentes. Y un grupo de transeúntes aplaudió.

En fin, la patria está salva…

Julio Rodríguez

Agro y pobreza


Luego del fracaso de la reforma agraria como propuesta política en América Latina, la izquierda dirigió sus críticas más duras contra la agricultura empresarial, conocida también como el “agribussines”, olvidando el sorprendente éxito de este sistema. La agricultura empresarial tiene una productividad inmensamente mayor a la agricultura de subsistencia, tradicional en el continente. Pero si bien el sector agrícola disfruta de un éxito remarcable, la izquierda asegura que este éxito ha tenido un mínimo impacto sobre la pobreza. Esta es una vieja falacia del socialismo. La realidad es distinta.

La misma falsa propaganda anticapitalista surgió hace unos años, cuando se puso en evidencia que en las primeras dos décadas de la globalización (1980-2000) el libre comercio originó un crecimiento y un bienestar nunca antes visto en la historia de la humanidad. La izquierda inventó entonces una nueva propaganda: “si bien la globalización dio origen al crecimiento económico y la riqueza de los países, como contrapartida, la globalización (por arte de magia) dio origen al aumento de las desigualdades entre los pueblos”. Esta propaganda resultó ser totalmente falsa.

Un estudio del Banco Mundial de más de 90 países demostró que en todos los países que crecieron y progresaron, el mejoramiento del nivel de vida de sus pueblos se dio tanto para los ricos como para los sectores más pobres. Todos progresaron y lo hicieron en aproximadamente igual proporción. En realidad, tanto los más ricos como los más pobres se hicieron más ricos.

La desatinada propaganda del socialismo en el agro latinoamericano se sustenta en que, a pesar de que los empresarios agrícolas se vuelven cada día más prósperos, los campesinos en gran parte continúan sumidos en la pobreza. Por tanto, pese a su menor productividad, los gobiernos tienden a aplicar políticas agrarias en contra de la agricultura empresarial y a favor de la agricultura tradicional de subsistencia. Esto último, sostienen los neosocialistas del grupo de Hugo Chávez y Evo Morales, debe ser promovido mediante la obsoleta y fracasada reforma agraria.

La agricultura de subsistencia, que ya practicaban los mayas y los incas mucho antes del arribo de los españoles, sigue siendo tan pobre en tecnología, que si bien emplea a un 30 % o 40 % de la mano de obra de los países, contribuye con solo el 7 % del crecimiento del producto interno bruto (PIB). Esta agricultura se basa en la sobreexplotación de tierras que fueron expropiadas a sus propietarios y distribuidas a los campesinos. Las pequeñas fincas tienen suelos empobrecidos por siglos de cultivos, suelos hoy incapaces de producir casi nada.

Las parcelas de la reforma agraria no sirven para mantener a una familia, lo que obliga a sus miembros a hacer “changas” parte del tiempo, o a quemar los bosques para extender áreas de cultivo en el milenario sistema del rozado. Los gobiernos populistas pretenden ahora promover en estas tierras la agroindustria y los biocombustibles. La agricultura empresarial, en cambio, asigna toneladas de fertilizantes para recuperar la fertilidad, introduce riego artificial y sofisticadas maquinarias y tecnología de cultivo que multiplican la productividad de la mano de obra y el ingreso de los campesinos.

Es absurdo pretender que indígenas que utilizan arados de madera y palos con puntas para sembrar, como lo hacían sus ancestros miles de años antes, tengan resultados similares a modernas explotaciones empresariales que utilizan tractores, regadío artificial, maquinarias y sistemas satelitales que multiplican por 60 o más la producción de cada trabajador indígena. Lo mismo se aplica a las distintas poblaciones.

Muy distinto es el caso de los trabajadores rurales que consiguen un empleo en las empresas agrícolas, aprenden la disciplina laboral y reciben sofisticada transferencia tecnológica. Estos trabajadores y sus familias no solo se integran a sus empresas al igual que los trabajadores en las distintas industrias, sino que amplían considerablemente su libertad de trabajar y disponer del fruto de sus esfuerzos, así como el respeto a sus derechos de propiedad.

Porfirio Cristaldo Ayala

martes, 27 de noviembre de 2007

Una regla sencilla para un mundo complejo


Si ante un problema social determinado o la carencia de un servicio que creemos que la gente necesita respondemos "ya se encargará el Estado", estamos apoyándonos en un acto de fe. Pero los liberales también decimos muchas veces "de esto ya se encargará el mercado" o "este asunto debe dejarse en manos del mercado", sin concretar ni dar más explicaciones. ¿No estamos cayendo en el mismo dogmatismo? ¿No exige la prudencia intelectual una respuesta más equilibrada, o en caso de que no sepamos ser más específicos, un humilde silencio? Pero la expresión "debe dejarse en manos del mercado" no es simplista ni dogmática, aunque a veces lo parezca; solo estamos condensando un laborioso y sólido planteamiento teórico. La expresión "debe dejarse en manos del Estado" es, en cambio, tan simplista como aparenta.

Cuando decimos "ya se encargará el mercado" estamos reconociendo los límites de nuestro conocimiento y depositando nuestra confianza en la creatividad de millones de personas que arriesgan su fortuna y su reputación en un proceso que "premia" a quienes aportan soluciones y "castiga" a los que malgastan recursos. Estamos confiando en un proceso que se va autocorrigiendo y que estimula el progreso: cada individuo puede contribuir con sus propias ideas, las ideas compiten entre sí, las mejores ideas triunfan y las peores acaban desechándose.

Cuando decimos "ya se encargará el Estado", por el contrario, estamos depositando nuestra confianza en un grupo de políticos y funcionarios que actúa en un contexto completamente distinto. Los burócratas responden ante los electores que votan cada cuatro años, no ante consumidores que votan cada día cuando compran o dejan de comprar. Si no nos gusta un producto vamos a la competencia. Si no nos gusta un Gobierno tenemos que esperar cuatro años y lo más seguro es que lo reemplace uno similar. Los burócratas no arriesgan sus propios recursos sino los de los contribuyentes, con lo cual la irresponsabilidad y la ineficacia les sale gratis, contrariamente a lo que sucede en el mercado a los empresarios. Los burócratas no ponen a competir sus ideas unas con otras, imponen su "solución" a todos uniformemente y, como actúan al margen del mercado, no son premiados con beneficios cuando sus ideas sirven a la gente, ni castigados con pérdidas cuando despilfarran recursos.

El mercado, por tanto, es un proceso competitivo auto-corrector. La expresión "debe dejarse en manos del mercado" es una forma de aludir en pocas palabras a este proceso y a los millones de individuos que participan en él y experimentan con sus ideas de manera descentralizada. La expresión "debe dejarse en manos del Estado" no encierra ningún significado más profundo, se supone que el Estado (políticos y burócratas) dará con una solución simplemente porque tiene "la voluntad" de encontrar una solución. Pero es una confianza ciega, no tenemos ninguna razón para pensar que es propenso a encontrarla. En el caso del mercado sí tenemos razones para pensar que, tarde o temprano, dará con la solución más eficiente. Por eso la expresión "que se encargue el mercado" no es dogmática, sino prudente y razonable. O como destaca Donald Boudreaux, es una regla sencilla para un mundo complejo.

Esta regla sencilla, sin embargo, nos remite a un proceso de "mano invisible", como destacaba Adam Smith, y por eso inspira tan poca confianza. Estamos delegando en un proceso que armoniza subrepticiamente los intereses dispares y egoístas de las personas y que, formalmente, no nos garantiza nada. Nos inspira más confianza la mano visible del Estado, porque el Estado asegura tener la voluntad de solucionar el problema y eso nos basta como garantía. Pero deberíamos plantearnos qué ofrece en la práctica más garantías: un sistema que "promete" una solución pero no tiene una estructura de incentivos para dar con ella, o un proceso competitivo que no promete nada formalmente pero de hecho incentiva el descubrimiento de soluciones.

El que no seamos capaces de imaginar cómo el mercado puede proveer un determinado servicio no es un motivo para reclamar la intervención del Estado. El libro The Voluntary City documenta cómo el mercado ha provisto históricamente varios servicios esenciales que hoy en día se consideran competencias casi exclusivas del Estado, desde la planificación urbanística a la ley mercantil, pasando por carreteras, parques e infraestructuras urbanas, policía, servicios judiciales, asistencia a los enfermos o educación para el común de los niños. El Adam Smith Institute recoge 80 ejemplos de reformas liberalizadoras y soluciones de mercado alrededor del mundo en ámbitos como las pensiones, los transportes, el espectro radioeléctrico, correos, la preservación del medio ambiente o la cultura y el arte. El mercado continuamente está desafiando nuestra imaginación y no deja de sorprendernos con sus innovaciones. Si tuviera más margen de actuación podría sorprendernos aún más.

Hay que tener en cuenta, además, que cuando decimos "debe dejarse en manos del mercado" nos referimos al mercado en el sentido amplio del término, que incluye el sector privado sin ánimo de lucro. Lo interesante de esta matización es que los fallos del mercado, según la teoría convencional, son aplicables a las empresas con ánimo de lucro, pero no afectan a las organizaciones privadas sin ánimo de lucro. Así, como explican los autores de The Voluntary City, al ignorar las posibilidades del sector privado sin ánimo de lucro los críticos del mercado están subestimando las posibilidades del mercado en el sentido amplio del término. En el supuesto de que las empresas con ánimo de lucro no sepan encontrar una solución, aún hay buenas razones para decir "que se encargue el mercado".

Por Albert Esplugas Boter

¡Sinvergüenzas!


Definitivamente el cinismo, la chabacanería y la vagancia no tiene límites en nuestro país sobre todo cuando los sindicatos del ICE están involucrados. Este lunes 26 hicieron su famosa huelga de revoltosos. Las actitudes como siempre son total y absolutamente reprochables. Primero que todo estos "trabajadores" encabezados por Fabio Chaves y Jorge Arguedas trataron de impedir la apertura de la sucursal del ICE de la Sabana, así como la entrada de los usuarios, lo cual es totalmente contrario al principio de continuidad que rige en materia de administración pública. Entre las consignas trasnochadas que se escucharon estaban las siguientes frases: ¡Vamos a poner la vida, si hay que ponerla!”, “¡vamos a ver quiénes son los que tienen que salir del país!”, “¡esta es la última vez que venimos de manera patriótica, vamos a incendiar esta sociedad!”.

En ASOJOD ya estamos cansados de estos grupúsculos sindicales que sólo pérdidas y atrasos económicos le dejan a nuestro país, también los costarricenses pueden estar seguros de que estos inconvenientes desaparecerán con la entrada en vigencia del TLC, el cual obligará a las autoridades del ICE prescindir de este tipo de "elementos" y dedicarse de lleno al ofrecimiento de un servicio competitivo y eficiente en donde el consumidor se convierta en el eje de la política de empresa.

En Guardia


Yo apoyo la decisión de la junta directiva del Banco Central de ampliar la banda cambiaria. La apoyo como paso previo a la liberalización del colón, indispensable para controlar la inflación.

Recordemos qué es una banda cambiaria: un espacio alrededor del valor de mercado del colón, expresado como el equilibrio del tipo de cambio, demarcado por dos líneas de intervención para evitar oscilaciones que alteren ese valor de equilibrio. Así, la esencia de una banda es ubicarse alrededor del punto de equilibrio. No debe ser tan amplia que prohíba intervenir en casos especulativos, ni tan estrecha que lo obligue a hacerlo cotidianamente. Solo así se pueden evitar la emisión e inflación.

Lo difícil es hallar ese equilibrio. Si el tipo oficial no se corresponde con el del mercado, el Banco termina comprando (o vendiendo) divisas. Una equivocación puede ser costosa, como sucedió en octubre del 2006. Se cometieron dos errores: establecer una banda muy estrecha y ubicarla alrededor de un punto ajeno al equilibrio. El mercado no la convalidó. Las cotizaciones tendieron rápidamente a pegarse a la banda inferior, más cercana al equilibrio. Y el mercado, terco, se pasó un año entero tratando de decir que le conectaran la banda más abajo.

Las bandas ascendentes o reptantes de octubre –remedo de las “minis”– eran dos líneas rectas, ambas con pendiente positiva, para forzar una devaluación cuando el colón buscaba revaluarse. Luego, se congeló la banda inferior mientras la superior se alejaba innecesariamente del equilibrio. Lo procedente hubiera sido establecer desde el inicio dos líneas divergentes del centro: una con inclinación positiva (banda superior) y otra con pendiente negativa (banda inferior) para ir abriendo gradualmente el mercado y buscar el equilibrio. La nueva decisión corrige los yerros anteriores. Pero aún tengo varias inquietudes.

La banda superior dejó de tener sentido. Se alejó demasiado del equilibrio. Técnicamente, permitiría una escalada abrupta antes de poder intervenir en casos especulativos. Y ese no es el sentido de una banda. La segunda es saber si se acercó al equilibrio. Pareciera que sí. Si se confirma, el mercado tenderá a estabilizarse alrededor de ese valor y no será importante si se pega a la banda inferior, por irrelevante. El nuevo test es si habrá o no intervención. Si no la hay, habrá equilibrio y se podrá reducir la inflación. Y, para saberlo, no es necesario esperar otro año; bastarán pocas semanas. Pero si las compras continúan, tendrá que olvidarse de las bandas y dejar el cambio flotar. Ningún banco central puede pasarse la vida ensayando bandas sin perder credibilidad.

Por Jorge Guardia

lunes, 26 de noviembre de 2007

Los Inmigrantes


UNOS amigos me invitaron a pasar un fin de semana en una finca de la Mancha y allí me presentaron a una pareja de peruanos que les cuidaba y limpiaba la casa. Eran muy jóvenes, de Lambayeque, y me contaron la peripecia que les permitió llegar a España. En el consulado español de Lima les negaron la visa, pero una agencia especializada en casos como el suyo les consiguió una visa para Italia (no sabían si auténtica o falsificada), que les costó mil dólares. Otra agencia se encargó de ellos en Génova: los hizo cruzar la Costa Azul a escondidas y pasar los Pirineos a pie, por senderos de cabras, con un frío terrible y por la tarifa relativamente cómoda de dos mil dólares. Llevaban unos meses en las tierras del Quijote y se iban acostumbrando a su nuevo país.

Un año y medio después volví a verlos en el mismo lugar. Estaban mucho mejor ambientados y no sólo por el tiempo transcurrido; también, porque once miembros de su familia lambayecana habían seguido sus pasos y se encontraban ya también instalados en España. Todos tenían trabajo, como empleados domésticos. Esta historia me recordó otra, casi idéntica, que le escuché hace algunos años a una peruana de Nueva York, ilegal, que limpiaba la cafetería del Museo de Arte Moderno. Ella había vivido una verdadera odisea, viajando en ómnibus desde Lima hasta México y cruzando el río Grande con los espaldas mojadas. Y celebraba cómo habían mejorado los tiempos,pues, su madre, en vez de todo ese calvario para meterse por la puerta falsa en Estados Unidos, había entrado hacía poco por la puerta grande. Es decir, tomando el avión en Lima y desembarcando en el Kennedy Airport, con unos papeles eficientemente falsificados desde el Perú.

Esas gentes, y los millones que, como ellas, desde todos los rincones del mundo donde hay hambre, desempleo, opresión y violencia cruzan clandestinamente las fronteras de los países prósperos, pacíficos y con oportunidades, violan la ley, sin duda, pero ejercitan un derecho natural y moral que ninguna norma jurídica o reglamento debería tratar de sofocar: el derecho a la vida, a la supervivencia, a escapar a la condición infernal a que los gobiernos bárbaros enquistados en medio planeta condenan a sus pueblos. Si las consideraciones éticas tuvieran el menor efecto persuasivo, esas mujeres y hombres heroicos que cruzan el Estrecho de Gibraltar o los Cayos de la Florida o las barreras electrificadas de Tijuana o los muelles de Marsella en busca de trabajo, libertad y futuro, deberían ser recibidos con los brazos abierto. Pero, como los argumentos que apelan a la solidaridad humana no conmueven a nadie, tal vez resulta más eficaz este otro, práctico. Mejor aceptar la inmigración, aunque sea a regañadientes, porque, bienvenida o malvenida, como muestran los dos ejemplos con que comencé este artículo, a ella no hay manera de pararla.

Si no me lo creen, pregúntenselo al país más poderoso de la tierra. Que Estados Unidos les cuente cuánto lleva gastado tratando de cerrarles las puertas de la dorada California y el ardiente Texas a los mejicanos, guatemaltecos, salvadoreños, hondureños, etcétera, y las costas color esmeralda de la Florida a los cubanos y haitianos y colombianos y peruanos y cómo éstos entran a raudales, cada día más, burlando alegremente todas las patrullas terrestres, marítimas, aéreas, pasando por debajo o por encima de las computarizadas alambradas construidas a precio de oro y, además, y sobre todo, ante las narices de los superentrenados oficiales de inmigración, gracias a una infraestructura industrial creada para burlar todos esos cernideros inútiles levantados por ese miedo pánico al inmigrante, convertido en los últimos años en el mundo occidental en el chivo expiatorio de todas las calamidades.

Las políticas antiinmigrantes están condenadas a fracasar porque nunca atajarán a éstos, pero, en cambio, tienen el efecto perverso de socava las instituciones democráticas del país que las aplica y de dar una apariencia de legitimidad a la xenofobia y el racismo y de abrirle las puertas de la ciudad al autoritarismo. Un partido fascista como Le Front National de Le Pen, en Francia, erigido exclusivamente a base de la demonización del inmigrante, que era hace unos años una excrecencia insignificante de la democracia, es hoy una fuerza política `respetable' que controla casi un quinto del electorado. Y en España hemos visto, no hace mucho, el espectáculo bochornoso de unos pobres africanos ilegales a los que la policía narcotizó para poder expulsar sin que hicieran mucho lío. Se comienza así y se puede terminar con las famosas cacerías de forasteros perniciosos que jalonan la historia universal de la infamia, como los exterminios de armenios en Turquía, de haitianos en la República Dominicana o de judíos en Alemania.

Los inmigrantes no pueden ser atajados con medidas policiales por una razón muy simple: porque en los países a los que ellos acuden hay incentivos más poderosos que los obstáculos que tratan de disuadirlos de venir. En otras palabras, porque hay allí trabajo para ellos. Si no lo hubiera, no irían, porque los inmigrantes son gentes desvalidas pero no estúpidas, y no escapan del hambre, a costa de infinitas penalidades, para ir a morirse de inanición al extranjero. Vienen, como mis compatriotas de Lambayeque avecindados en la Mancha, porque hay allí empleos que ningún español (léase norteamericano, francés, inglés, etc.) acepta ya hacer por la paga y las condiciones que ellos sí aceptan, exactamente como ocurría con los cientos de miles de españoles que, en los años sesenta, invadieron Alemania, Francia, Suiza, los Países Bajos, aportando una energía y unos brazos que fueron valiosísimos para el formidable despegue industrial de esos países en aquellos años (y de la propia España, por el flujo de divisas que ello le significó).

Esta es la primera ley de la inmigración, que ha quedado borrada por la demonología imperante: el inmigrante no quita trabajo, lo crea y es siempre un factor de progreso, nunca de atraso. El historiados J.P. Taylor explicaba que la revolución industrial que hizo la grandeza de Inglaterra no hubiera sido posible si Gran Bretaña no hubiera sido entonces un país sin fronteras, donde podía radicarse el que quisiera -con el único requisito de cumplir la ley-, meter o sacar su dinero, abrir o correr empresas y contratar empleados o emplearse. El prodigioso desarrollo de Estados Unidos en el siglo XIX, de Argentina, de Canadá, de Venezuela en los años treinta y cuarenta, coinciden con políticas de puertas abiertas a la inmigración. Y eso lo recordaba Steve Forbes, en las primarias de la candidatura a la Presidencia del Partido Republicano, atreviéndose a proponer en su programa restablecer la apertura pura y simple de las fronteras que practicó Estados Unidos en los mejores momentos de su historia. El senador Jack Kemp, que tuvo la valentía de apoyar esta propuesta de la más pura cepa liberal, es ahora candidato a la Vicepresidencia, con el senador Dole, y si es coherente debería defenderla en la campaña por la conquista de la Casa Blanca.

¿No hay entonces manera alguna de restringir o poner coto a la marea migratoria que, desde todos los rincones del Tercer Mundo, rompe contra el mundo desarrollado? A menos de exterminar con bombas atómicas a las cuatro quintas partes del planeta que viven en la miseria, no hay ninguna. Es totalmente inútil gastarse la plata de los maltratados contribuyentes diseñando programas, cada vez más costosos, para impermeabilizar las fronteras, porque no hay un solo caso exitoso que pruebe la eficacia de esta política represiva. Y, en cambio, hay cien que prueban que las fronteras se convierten en coladeras cuando la sociedad que pretenden proteger imanta a los desheredados de la vecindad. La inmigración se reducirá cuando los países que la atraen dejen de ser atractivos porque están en crisis o saturados o cuando los países que la generan ofrezcan trabajo y oportunidades de mejora a sus ciudadanos.

Los gallegos se quedan hoy en Galicia y los murcianos en Murcia, porque, a diferencia de lo que ocurría hace cuarenta o cincuenta años, en Galicia y en Murcia pueden vivir decentemente y ofrecer un futuro mejor a sus hijos que rompiéndose los lomos en la pampa argentina o recogiendo uvas en el mediodía francés. Lo mismo les pasa a los irlandeses y por eso ya no emigran con la ilusión de llegar a ser policías en Manhattan y los italianos se quedan en Italia porque allí viven mejor que amasando pizzas en Chicago.

Hay almas piadosas que, para morigerar la inmigración, proponen a los gobiernos de los países modernos una generosa política de ayuda económica al Tercer Mundo. Esto, en principio, parece muy altruista. La verdad es que si la ayuda se entiende como ayuda a los gobiernos del Tercer Mundo, esta política sólo sirve para agravar el problema en vez de resolverlo de raíz. Porque la ayuda que lega a gánsters como el Mobutu del Zaire o la satrapía militar de Nigeria o a cualquiera de las otras dictaduras africanas sólo sirve para inflar aún más las cuentas bancarias privadas que aquellos déspotas tienen en Suiza, es decir, para acrecentar la corrupción, sin que ella beneficie en lo más mínimo a las víctimas. Si ayuda hay, ella debe ser cuidadosamente canalizada hacia el sector privado y sometida a una vigilancia en todas sus instancias para que cumpla con la finalidad prevista, que es crear empleo y desarrollar los recursos, lejos de la gangrena estatal.

En realidad, la ayuda más efectiva que los países democráticos modernos pueden prestar a los países pobres es abrirles las fronteras comerciales, recibir sus productos, estimular los intercambios y una enérgica política de incentivos y sanciones para lograr su democratización, ya que, al igual que en América Latina, el despotismo y el autoritarismo políticos son el mayor obstáculo que enfrenta hoy el continente africano para revertir ese destino de empobrecimiento sistemático que es el suyo desde la descolonización.

Este puede parecer un artículo muy pesimista a quienes creen que la inmigración -sobre todo la negra, mulata, amarilla o cobriza- augura un incierto porvenir a las democracias occidentales. No lo es para quien, como yo, está convencido que la inmigración de cualquier color y sabor es una inyección de vida, energía y cultura y que los países deberían recibirla como una bendición.

Por Mario Vargas Llosa

¿Cuándo aprenderemos?


Becas estudiantiles, albergues para ancianos, comedores... son parte de la diversidad de objetivos que tienen los programas financiados por el Fondo de Desarrollo Social y Asignaciones Familiares (Fodesaf).

Según el Departamento de Análisis Presupuestarios de la Asamblea Legislativa, dichos fondos son verdaderamente un triángulo de las bermudas: “No hay una sola base de datos y los criterios de selección han sido, no caprichosos, pero sí particulares”, confirmó Jorge Baldioceda, director de Fodesaf.

Además una evaluación de medio año de la Contraloría General de la República detectó, por ejemplo, que de ¢19.000 millones entregados a junio a cinco programas, solo ¢4.000 millones fueron utilizados.

En pocas palabras no sabemos adonde va el dinero, tampoco el efecto que tiene y en muchos casos ni se utiliza. En ASOJOD hemos cuestionado este tipo de programas de "saludos a la bandera y buenas intenciones", para nadie es un secreto, la burocracia es ineficiente por naturaleza, desgraciadamente muchos no quieren ver estas verdades y siguen esperando que realizando el mismo experimento con los mismos elementos les resulte en forma mágica un resultado distinto a los anteriores, ¡pero esto no ocurrirá!

En ASOJOD les pedimos que piensen por un momento que hubiera pasado si ese dinero que fue tomado en forma coactiva por parte del estado se hubiera quedado en los bolsillos de los costarricenses. ¿Cuántos trabajos se hubieran creado, cuánto dinero se hubiera invertido, cuánto hubiera crecido el consumo y la producción? Desgraciadamente ese dinero en vez de que los costarricenses lo utilicen en sus actividades económicas les es quitado a la fuerza para financiar programas que se encuentran destinados al fracaso, ahogando un sin fin de oportunidades para la generación de nueva riqueza en el país, la cual es la única forma de acabar con la pobreza que nos carcome como sociedad.

¿A dónde se fue el dinero?


El Banco Central avaló establecer, a partir del jueves pasado, el límite inferior de la banda en ¢498,39, reduciéndose en ¢0,06 por día. El límite superior se fijó en ¢562,83 y se incrementará en ¢0,06 diarios. Dicha medidad ha causado estragos entre los banqueros.

Según estimaciones de los propios bancos –agrupados en la Asociación Bancaria Costarricense– con el ajuste al tipo de cambio, se presentaron pérdidas contables por unos ¢10.000 millones.

Las pérdidas contables. Son aquellas que aún no se han materializado, es decir, están únicamente en sus registros.

Se producen dado que los bancos tienen parte del patrimonio en dólares (posiciones en esa divisa), los cuales fueron comprados a un mayor valor que al que actualmente se está cotizando la moneda estadounidense. Si los bancos salen a vender sus posiciones de dólares en este momento, estarían materializando la pérdida.

En ASOJOD hemos sido enfáticos en criticar las intervenciones del estado en la economía, ya que resultan totalmente artificiales como distorsionantes, este ejemplo de la banca no podría ser mejor, de la noche a la mañana se perdieron diez mil millones de colones gracias a las decisiones "técnicas" de este tipo de instituciones, en ASOJOD ponemos en alerta a todos los costarricenses respecto a este tipo de medidas no vaya a ser que mañana sea usted y no los bancos a los que la magia del estado les haga desaparecer su dinero.

En vela


Se escenificó, el 21 de noviembre pasado, frente a la Casa Presidencial, uno de los actos más degradantes de que tengamos memoria. Este acto de barbarie corrió a cargo de uno de los “comités patrióticos” que, desde hace tres semanas, andan descalificando nuestra democracia, anunciando huelgas y atacando las casas de los diputados favorables al TLC.

Mientras el presidente de la República firmaba la ley del TLC, aprobada el 7 de octubre pasado, en su oficina, continuó, en la calle, el guion programado por estos comités contra el veredicto popular sobre el referendo y ejecutado desde la noche de la tarima. Entre insultos y descalificaciones de la institucionalidad democrática, sobresalió esta frase espantosa: “Trejos, saludanos a Natalia”.

Alejandro Trejos es el padre de Natalia, la joven dirigente del SÍ que murió, el 7 de octubre pasado, el día del referendo, víctima de un conductor borracho y asesino. Trejos trabaja en Casa Presidencial, así es que “el saludo” a su hija (q. d. D. g.) fue directo, brutal, cobarde… Todos los adjetivos de esta villanía en manada (comités) se quedan cortos ante la magnitud del ataque y la falta de sentido de lo humano...

Este es el dilema existencial: humano o inhumano. Esta es la frontera perversa no entre el ser humano y la bestia, sino entre el ser humano y aquel que, siéndolo, se despoja de su humanidad. La bestia es irracional. No es culpable de nada. No piensa, no decide, no planifica, no insulta. Siente, pero no es consciente de sus actos. La especialización del animal consiste en la adecuación estímulo-respuesta. Esta conducta automática se denomina instinto, que se manifiesta principalmente en el acto de nutrirse y de reproducirse. El ser humano, en cambio, se rige por el conocimiento, que define fines y objetivos, por ser inteligente y libre. He aquí su grandeza, pero también su bajeza, al descender del pedestal y poner su inteligencia y su voluntad, su libertad, al servicio del mal.

Este es el problema: los que, en manada (comités), atacaron al padre de Natalia no son bestias. Son seres humanos que, voluntariamente, decidieron ser inhumanos, esto es, renunciar a su dignidad. No hay conducta más degradante, aunque, ahora, se gocen de su hazaña.

Pero ¿solo ellos son responsables? También lo son todos aquellos, políticos, profesionales, sindicalistas y académicos, “los patriotas”, que, desde hace tres años, hasta hoy, al atacar la institucionalidad democrática, vienen fomentando este clima de abyección. Lo han logrado plenamente. Su epílogo ha sido este refinamiento de inhumanidad el día de la firma del TLC.

Julio Rodríguez

Mandato desbordado


Entrevistada, la diputada Elizabeth Fonseca, ante una pregunta sobre si no es simple obstruccionismo desoír la voluntad del pueblo expresada en el referendo del 7 de octubre, impidiendo que se aprueben las leyes complementarias al TLC –parte vital e integral del Tratado–, esta señora dijo que “la gente votó en muchos casos ignorando las consecuencias que traerían estas leyes”.

Al erigirse en intérprete de la voluntad del pueblo, esta diputada desborda su mandato y se convierte en dictadora, al igual que la madre dominante que ante la decisión de su hijo mayor de edad de casarse con quién ella no quiere, insiste en oponerse porque “él no sabe lo que es mejor para él”, ella sí.

¿El pueblo no sabe? Arrogándose el conocimiento de lo que subyace en la conciencia del pueblo –o sea, conoce al pueblo mejor que el pueblo mismo–, para ella la decisión tomada en el referendo no vale, pues el pueblo que votó no sabe lo que es mejor para él, y ella sí. Y como el pueblo se va a arrepentir de esa decisión, entonces –como la mamá de marras– hará todo lo que esté a su alcance para impedir que esa decisión se concrete en hechos.

Al mismo pedestal ha ascendido Alberto Salom, quien se ha creído al pie de la letra eso de “padre de la patria” y quiere entregarnos inermes al hampa porque “los niños no deben jugar con armas”: sus acciones desbordan su mandato.

Dudoso honor compartido. Ambos diputados ocupan ahora el dudoso honor de haberse convertido en “Los dictadores del siglo XXI en Costa Rica”, al desobedecer la voluntad del pueblo expresada en las urnas.

Por supuesto, hay que tener clara la diferencia entre “diputado” (alguien que llena un puesto burocrático) y “legislador” (quien, en representación de la voluntad del pueblo, crea las leyes).

Espero que, como historiadora, la diputada Fonseca haga conciencia tanto de los alcances de sus actos como del juramento constitucional, sobre todo la última frase.

La esencial limitación del poder


En Uruguay ha sucedido algo asombroso: el Fiscal de Corte se atrevió a decirle al gobierno que no puede hacer lo que se le antoje. En un extenso informe referido a un recurso de inconstitucionalidad, vinculado a la reforma tributaria, el funcionario señaló que “Si bien es correcto que pertenece al ámbito de la política fiscal la determinación de los instrumentos a utilizar para el logro y consecución de las metas económicas y financieras del Estado, no puede perderse de vista que la política fiscal no es sino una expresión o manifestación del poder público, el cual, tanto en esta materia como en todas las áreas en las que actúa, debe ceñirse a las limitaciones contenidas en la ley superior, esto es, en la Constitución Nacional”.

Lo que más nos impacta del dictamen, teniendo en cuenta la confusión que siempre ha reinado en América Latina sobre el tema, es que allí se deja claro que “en nuestra Carta Magna existe expresa consagración de principios y normas que limitan las potestades de los órganos públicos, en aras de salvaguardar un cúmulo de derechos y garantías insoslayables en un Estado de derecho y a cuyos preceptos toda ley debe ceñirse”.

En momentos en que negros nubarrones se ciernen sobre América Latina, la referida valoración fiscal es como un rayo de luz esperanzador. Aunque debemos aclarar que la postura del Fiscal de Corte no obliga a la Suprema Corte de Justicia (SCJ) a dictar sentencia en forma coincidente.

Es tan fuera de lo común por estos lares que la separación de poderes sea algo real y con efectos prácticos sobre la vida de los ciudadanos, que la primera reacción del gobierno fue de “sorpresa y desconcierto”. Y la segunda, presionar al Tribunal Supremo para que falle en sentido contrario.

Así, el ministro de Economía- cuyo nombre está íntimamente ligado a la referida reforma- reaccionó enérgicamente. Aunque aclaró que no lo hacía en forma “irrespetuosa”, sino con “severidad”. En declaraciones radiales fue muy explícito al afirmar que el Fiscal de Corte “se puso a discutir el nuevo sistema tributario… con argumentos absolutamente equivocados”. Y remarcó que tiene “el derecho y la responsabilidad” de cuestionar esa posición. Asimismo, manifestó su “esperanza” en que la Corte Suprema no apoye la posición fiscal y desestime la inconstitucionalidad.

Al día siguiente de tales declaraciones, la Asociación de Magistrados del Uruguay libró un comunicado público donde expresó que “el respeto a la independencia del sistema judicial hace al Estado de derecho y ningún gobernante debería abrogarse el derecho de influir sobre los jueces por vías que no sean las que la Constitución y la ley permiten”.

Otra embestida gubernamental es la que Fidel Castro enseñó a sus acólitos: la descalificación personal. Desde hace poco tiempo, la Fiscalía de Corte tiene su nuevo titular. Por eso, no sorprende que un miembro del mismo sector político del ministro declarara que considera “sintomático” que en su primer dictamen el fiscal se haya alineado “con los partidos que hoy no están en el gobierno”.

Latinoamérica está ingresando a otra de sus etapas lúgubres. Lo que está aconteciendo en la región recuerda el periodo posterior a la Primera Guerra Mundial, cuando se gestaron el fascismo y el nazismo, culminando en la Segunda Guerra. Entonces también, los grandes violadores de los derechos humanos se alzaron con el poder total por medio del apoyo popular, manifestado en elecciones y referendos.

Por eso debemos tener siempre presente que no es el voto lo que caracteriza a una democracia auténtica. Lo verdaderamente valioso de ella es que permite el cambio político pacífico y nos garantiza una efectiva protección de la arbitrariedad de poderes absolutos, a los que aspiran tantos de nuestros actuales gobernantes.

Hana Fischer

domingo, 25 de noviembre de 2007

¿Qué tendrán en la cabeza?


Definitivamente la charlatanería no tiene límites sobre todo cuando se trata de líderes latinoamericanos. Resulta ahora que el presidente Rafael Correa ha declarado que nunca más volverá a pasar por Estados Unidos debido a los "malos tratos" léase requisa, de la cual fue objeto en el aeropuerto de Miami debido a que la Cancillería Ecuatoriana no cumplió con una serie de protocolos. Por supuesto que el Sr. Correa tiene todo el derecho de decidir por que parte del mundo prefiere viajar, lo que resulta gracioso es que el presidente ecuatoriano derivó de estos hechos la i-lógica conclusión de que ha llegado el momento de que Ecuador adquiera un avión presidencial y dos helicópteros, para que así el pueda hacer de "mejor" forma su trabajo.

En ASOJOD esperamos que nuestro país se logre librar de este tipo de personajes que rayan en lo real-maravilloso, desgraciadamente en nuestro país sobran los bichos políticos de esta especie.

Haciendo negocios en Ecuador


Imaginémonos a un José Mora que quiere poner un negocio para salir adelante. Tiene que completar 14 procesos: (1) contratar un abogado, (2) registrar la empresa en la Superintendencia de Compañías, (3) depositar 25% del capital de la empresa en una cuenta, (4) contratar a un notario para certificar la incorporación del estatuto de la empresa, (5) esperar a que el Superintendente de Compañías apruebe la constitución de la empresa, (6) publicar un resumen de ese estatuto en uno de los diarios que circulan en el área en que estará localizada la empresa, (7) afiliarse a una de las cámaras, (8) esperar a que se registre el estatuto en el Registro Mercantil, (9) obtener un Registro Único de Contribuyentes (RUC), (10) comprar facturas en imprentas autorizadas por el Servicio de Rentas Internas (SRI), (11) registrarse en el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), (12) inscribir todos los contratos de sus empleados en el Ministerio de Trabajo, (13) ser inspeccionado por el Municipio y (14) obtener una “tasa de habilitación” y una patente comercial del Municipio.

Hacer todo eso le tomará en promedio 65 días, le costará aproximadamente $1.276 (29% del producto nacional bruto per cápita). Lidiar con las licencias requiere de otros 19 procesos que no los voy a describir aquí para no aburrirlos más. Lo que si les quiero contar es que al pobre José Mora eso de las licencias lo va a frenar por 148 días, y le costará alrededor de $2.420 (55% del PNB per cápita).

Si abre el negocio, todavía le toca lidiar con los 8 impuestos que hay que pagar. Pagarlos le tomará en promedio 600 horas y le consumirá 35,3% de sus ganancias. Si quiere despedir a un empleado por ineficiente, o porque tiene que cortar costos, tiene que ahorrar antes para pagarle 135 semanas de salario como compensación por despedirlo.

Si tiene una empresa que depende de importaciones o de exportaciones tendrá más complicaciones. Necesita 10 documentos para exportar y le tomará 22 días todo el trámite. Para importar se necesitan 8 documentos, y hay que esperar 44 días.

Todo esto, según el reporte anual Haciendo Negocios 2008 del Banco Mundial (con datos de 2006), hace que Ecuador sea uno de los países con el ambiente más hostil para hacer negocios en Latinoamérica. Solo Bolivia, Surinam, Haití y Venezuela obstaculizan más los negocios. Ecuador está en el puesto 128 de 178 países, no ha hecho ninguna reforma y ha caído 4 puestos en el ranking mundial.

Aumentando impuestos, haciendo al mercado laboral más inflexible de lo que ya era, complicando más el proceso para exportar e importar, Venezuela ha retrocedido 10 puestos en el ranking mundial. No debería sorprender entonces que desde el 2002 la economía venezolana haya eliminado aproximadamente 850.000 empleos.

Reduciendo los impuestos y en un 41% el tiempo para pagarlos, disminuyendo por tres días el tiempo para procesar las importaciones, Colombia ha avanzado 10 posiciones en el ranking mundial.

No son necesarias la creación de más ministerios con nombres rimbombantes, o la pomposidad de una Asamblea Constituyente, para facilitarle la vida a un José Mora que lo único que quiere es poner un negocio. Afortunadamente, muchos como él igual montan el negocio ignorando las leyes. Desafortunadamente, sin el respaldo de la ley, son menos productivos de lo que serían con más libertad para crear riqueza.

Por Gabriela Calderón

sábado, 24 de noviembre de 2007

Proceso de Consultas TLC UE


A partir de este lunes 26 de noviembre COMEX iniciará por el plazo de dos semanas el proceso de consulta con el sector agropecuario de cara al TLC con la UE, ¡ojalá y que después no salgan vivillos diciendo que no hubo chance de participar!

Financiación de campañas políticas


Cada vez aparece más acalorado y generalizado el debate sobre la necesidad de imponer límites a las donaciones particulares a partidos políticos. Se argumenta que, de no procederse en consecuencia, se facilita un permanente intercambio incestuoso de favores que destruye los principios democráticos.

Consciente o inconscientemente, tras esta máscara argumental se oculta una amenaza a la libertad de prensa y a los derechos de propiedad. La facultad de expresar ideas requiere de financiación y si ésta se limita queda cercenada aquella posibilidad. Del mismo modo que se amputaría la libertad de prensa si se reglamentara la facultad a periódicos, televisión o la radio de expresar las ideas que consideran pertinentes en base a la financiación de sus anunciadores. La publicidad en su conjunto también suele criticarse porque influye sobre la opinión pública, haciendo que la gente compre lo que no necesita (solo los denunciadores tendrían la suficiente inteligencia para percibir el desacierto).

En esta misma línea de pensamiento se sostiene que sería más “neutro” que las campañas políticas se financien con aportes del aparato estatal, sin percibir la grave lesión al derecho de los contribuyentes al estar compelidos a hacerse cargo de la divulgación de ideas que no comparten.

En esta instancia del proceso de evolución cultural, el vínculo incestuoso entre algunos gobernantes y ciertos empresarios debe corregirse y evitarse a través de sólidos marcos institucionales que imposibiliten el otorgamiento de privilegios, pero nunca bloquear la fundamentalísima libertad de expresión en sus múltiples manifestaciones.

Aludimos a esta instancia del proceso de evolución cultural porque la sociedad abierta es un proceso en permanente ebullición. Nunca está todo dicho. No hay últimas palabras. Como bien ha dicho Ernst Cassirer, “Yo no dudo que las generaciones posteriores, mirando atrás hacia muchos de nuestros sistemas políticos, tendrán la misma impresión que un astrónomo moderno cuando estudia un libro de astrología o un químico moderno cuando estudia un tratado de alquimia”. Por su parte, Popper explica que los conocimientos son siempre corroboraciones provisorias sujetas a posibles refutaciones.

Como ya se insinúa, en el futuro habrán mecanismos e incentivos que imposibiliten con más firmeza la acción depredadora de politicastros y pseudoempresarios que explotan a sus congéneres a través de mercados cautivos que obtienen por los arreglos realizados en las sombras de los despachos oficiales. Pero en la actualidad, en nuestro contexto y tal como están las cosas, no puede enmendarse un problema creando otros más graves, en lugar de reforzar instituciones compatibles con una sociedad de hombres libres.

Por Alberto Benegas Lynch

viernes, 23 de noviembre de 2007

Agujeros negros latinoamericanos


Durante los últimos cinco años, América Latina se ha beneficiado de los altos precios de las materias primas y de la baja en las tasas de interés. Sin embargo, a diferencia de bonanzas anteriores estimuladas por materias primas, esta no ha sido acompañada de irresponsabilidad fiscal. De hecho, la emisión neta de deuda pública se ha reducido dramáticamente, con muchos países volviendo a comprar parte de su deuda pendiente. Algunos también han continuado transitando el camino de las reformas liberales hacia la flexibilidad y la modernización, notablemente Colombia, El Salvador, Guatemala y Perú.

Pero no todos los políticos de esta región creen en los mercados libres. Algunos han retrocedido en el tiempo. El Presidente venezolano Hugo Chávez es el líder de los reformadores negativos. Siguiendo su mal ejemplo están Ecuador, Argentina y Bolivia. Chávez llegó al poder en febrero de 1999. Él considera a Cuba, la prisión al aire libre más grande en las Américas, un modelo a seguir. El enemigo de su revolución es el mercado.

De acuerdo al estudio Haciendo Negocios 2008 recientemente publicado por el Banco Mundial, Venezuela empató con Zimbabwe este año como el campeón en reprimir la libertad económica. En términos de medidas objetivas respecto a la facilidad de hacer negocios, Venezuela cayó de la posición 163 a la 172 de entre 178 países observados. Actualmente los precios altos del petróleo están encubriendo los pecados económicos de Venezuela. ¿Qué pasará cuando los precios del petróleo aterricen? No esperen que ningún florecimiento de empresas amortigüe el golpe en Caracas.

Los precios del petróleo han aumentado por casi un factor de ocho desde que Chávez llegó al poder y ahora el petróleo constituye 90% de las exportaciones venezolanas. A pesar de eso, el desempeño económico de la Venezuela de Hugo Chávez ha sido anémico; su Producto Interno Bruto per cápita ha crecido un promedio del 2% anual. La inflación ha tenido un promedio anual del 34%, la más alta en América Latina.

Cuando Chávez asumió el control del bolívar, la moneda de Venezuela, tenía un tipo de cambio de 577 bolívares por dólar. En febrero del 2003 el bolívar se ancló al dólar en 1.600 bolívares. En un intento desesperado por detener la fuga de capitales, Chávez también instauró control de capitales.

Esta medida parece que no redujo el deseo de los venezolanos de deshacerse de sus bolívares lo más rápido posible. El tipo de cambio oficial ahora es 2.150 bolívares por dólar. Pero en el mercado negro el bolívar vale 64% menos, 6.000 bolívares por dólar. Chávez planea comenzar el nuevo año eliminándole tres ceros a la moneda y emitiendo un “bolívar fuerte” con un tipo de cambio de 2,15 por dólar. Este cambio cosmético nada hará por mejorar la situación.

Ecuador ha sido el país que más recientemente se ha dejado llevar por la Revolución Bolivariana de Chávez. Rafael Correa, un economista de profesión, llegó al poder el 15 de enero. Al igual que Chávez, es muy popular y astuto como un zorro.

Desde su llegada a la presidencia Correa ha sido despiadadamente eficiente. Ha acorralado por completo al Congreso y forzado un referendo popular que aprobó el establecimiento de una Asamblea Constituyente para reescribir la constitución ecuatoriana. La nueva constitución será la número veinte desde que Ecuador ganó su independencia en 1830.

Eso es 10 veces más que la cantidad de constituciones que Estados Unidos ha tenido, si se cuenta a los Artículos de la Confederación (1777-89) como una constitución. El objetivo de Correa es concentrar poder en la rama ejecutiva, como Chávez lo ha hecho en Venezuela, para poder erosionar más efectivamente la economía de libre mercado. Pero Correa no va a esperar a que la Asamblea Constituyente cambie las reglas. Ya ha dado señales preocupantes con la nacionalización de facto de las ganancias extraordinarias del petróleo aumentando la participación del Estado en ellas del 50% al 99%.

Sin embargo, un gran detalle diferencia a Ecuador de Venezuela. Luego de una larga historia de dinero malo, Ecuador abandonó el sucre en el 2000 y lo reemplazó con el dólar estadounidense. Desde ese entonces la tasa de crecimiento del PIB per cápita promedio ha sido del 4,4% y la inflación estimada está alrededor del 2,1% anual. No es sorpresa que la dolarización tenga el apoyo del 82% de los ecuatorianos.

Para lograr una Revolución Bolivariana en Ecuador, Correa debe o acabar con la dolarización o sabotearla. Dado el respaldo popular que esta tiene, Correa no va a atacar a la dolarización directamente. Pero ha comenzado a sabotearla proponiendo un impuesto del 1% a todos los flujos de capitales que entran y salen del país. Este tipo de control de capitales es estrictamente inconsistente con un sistema dolarizado. También es una señal muy preocupante que indica que Correa buscará sabotear la dolarización, la cual es una parte esencial de la economía ecuatoriana.

Cuando la bonanza de las exportaciones de materias primas se acabe, los agujeros negros de América Latina recibirán duros golpes. La próxima ronda de revoluciones y constituciones no será nada bonito.

Steve Hanke

jueves, 22 de noviembre de 2007

Degradación del premio Nobel de la Paz


En 1964, Martin Luther King ganó el premio Nobel de la Paz por su valiente cruzada contra el racismo. En 1971, Willi Brandt lo ganó por dirigir exitosamente la reintegración pacífica de Alemania. En 1970 lo ganó mi amigo Norman Borlaug por desarrollar nuevas variedades de cultivos que salvaron del hambre a mil millones de personas, como también evitaron la destrucción de selvas al aumentar la productividad de los cultivos.
Pero acerquémonos al presente. En 1994, el premio Nobel de la Paz fue a manos de Yasser Arafat, un extremista musulmán empeñado en perpetuar el conflicto con Israel y promotor del terrorismo en el Medio Oriente. En 2001, se le concedió a Kofi Annan de las Naciones Unidas, quien nada hizo por acabar con el genocidio en Darfur o la corrupción y robo de mil millones de dólares en el programa “petróleo por alimentos” de la ONU, en el que su hijo era uno de los participantes.

Este año el premio Nobel de la Paz fue a parar a manos de Al Gore por inflar histéricamente los peligros de un calentamiento global moderado y natural que ha sido exagerado por los activistas verdes, sus colaboradores en los medios y el multimillonario financiamiento gubernamental de “modelos” climáticos computarizados muy poco creíbles. Un tribunal inglés acaba de alertar sobre 11 alarmantes mentiras y hechos no comprobados de su reciente película, ganadora del Oscar.

Gore dice que “evidencia en los glaciales muestran que los aumentos de dióxido de carbono (CO2) incrementan la temperatura terrestre”. La realidad es que los glaciales muestran aumentos de temperatura 800 años antes del incremento del CO2.

Gore dice que el deshielo del pico Kilimanjaro es prueba del calentamiento causado por el hombre. La realidad es que se debe a la deforestación de los alrededores.

Gore dice que el Antártico se está deshelando. La mayoría de las investigaciones indican que el hielo es estable o más bien aumenta.

Gore dice que el huracán Katrina fue causado por el calentamiento global. Los registros y expedientes muestran que los peores huracanes del Caribe ocurrieron entre 1700 y 1850, período conocido como la Pequeña Edad de Hielo.

Gore dice que el calentamiento está causando la extinción de especies y el blanqueo de los arrecifes de corales. La realidad es que ninguna especie ha desaparecido por calentamiento y los corales se ajustan a los cambios de temperatura blanqueándose.

Gore dice que los osos polares se están ahogando al derretirse el hielo. La realidad es que cuatro osos polares se ahogaron durante una tormenta.

Gore dice que el hielo de Groenlandia se puede derretir violentamente, causando una peligrosa subida del nivel del mar. La realidad es que tomará miles de años derretir la capa de hielo de Groenlandia.

Gore dice que el calentamiento está secando el lago africano de Chad. El gobierno del Reino Unido lo desmiente.

Gore dice que las ciudades costeras se anegarán cuando el nivel del mar aumente 7 metros, creando millones de refugiados. El nivel del mar subió 6 pulgadas en el siglo XX y no se nota ninguna aceleración.

Termino con una pregunta para el Premio Nobel de la Paz: ¿por qué el mayor calentamiento de la edad moderna, bastante moderado por cierto, ocurrió antes de 1940 (el año 1938 fue el más caluroso) y por qué no ha habido calentamiento en los últimos 9 años. ¿No será que se trata de los mismos ciclos naturales de cada 1.500 años, comprobados en los polos y en el sedimento de los mares?

Por Dennis T. Avery

Costa Rica, lecciones del referendo


Si se quiere favorecer con intervención económica a un grupo de productores y, al mismo tiempo, minimizar el perjuicio a la sociedad entera hay que apoyar el consumo de tales productos, no la producción.
El proceso que culminó en Costa Rica con el referendo del 7 de octubre, sobre el TLC con Estados Unidos, nos dejó varias enseñanzas. Una de ellas es que entre los gurúes existe una profunda ignorancia sobre el rol del comercio en la creación de riqueza. Los del “sí” luchaban por exportar (vender); los del “no” por no importar (no comprar). A ningún lado le interesa el intercambio, es decir, el comercio. Para ellos, ese no es el tema. Tal hecho quedó ratificado por Ottón Solís, ex candidato presidencial y uno de los máximos líderes del “no”, quien exige subsidios para los agricultores, como condición para aprobar las leyes de implementación. Esa exigencia tiene tres graves problemas: conceptual, económico y moral. Veamos el conceptual.

Sistema económico. Todos los seres humanos consumimos bienes y servicios para nuestra subsistencia y bienestar. Todos tenemos necesidades de consumo y estamos dotados de recursos (inteligencia, habilidades, medios naturales) con los cuales solventar el problema de dos sólo maneras: en autosuficiencia -cada persona produce aisladamente todo lo que necesita- o en cooperación con otras. El hombre era autosuficiente hasta que descubrió el maravilloso principio de especialización e intercambio, donde dos o más individuos satisfacen mejor sus necesidades de consumo si en vez de producir todo lo que necesitan, cada uno dedica sus recursos a los bienes y servicios que produce mejor y luego los intercambia por aquellos que otros ofrecen en condiciones ventajosas. El resultado de la aplicación generalizada de este principio es el sistema de especialización e intercambio, una intrincada red de interrelaciones e interdependencias. En él, cada individuo produce un bien (o unos pocos) y obtiene todos los demás mediante el proceso de intercambio comercial.

Dinámica del sistema. Entonces vemos que las personas participan en el sistema económico con el fin de satisfacer mejor sus propias necesidades de consumo. Así se logra la máxima cantidad de riqueza y bienestar cuando cada individuo encuentra la mejor solución (la más barata) para cada una de sus necesidades de consumo, en cualquier parte del mundo. Cada vez que surge una mejor solución, la riqueza se incrementa en dos rondas. Veámoslo con un ejemplo. Supongamos que a raíz de la liberalización comercial, el arroz se importa al 20 por ciento del precio local. Esto implica una ganancia para todos los que consumen arroz. Además, al pagar menos por ese grano, todos esos consumidores tendrán más dinero para consumir otros bienes: frijoles, carne, verduras, libros, vestimenta, etcétera. En todas esas otras actividades se generaría mayor producción, empleo y ganancias. Así, la importación de arroz barato aporta otros beneficios. En el campo se benefician todos los que consumen arroz: peones agrícolas y no agrícolas, pulperos. También los campesinos que no producen arroz se benefician del arroz más barato y de una mayor demanda de sus productos. Beneficiados urbanos: todos los que consumen arroz: taxistas, periodistas, meseros, clérigos, secretarias. Perdedores en el campo: los grandes productores de arroz, quienes tendrían que mejorar su productividad o dedicarse a producir otros productos en los que sí puedan competir. Esto también implica una mejor utilización de los recursos.

Ayuda a hogares pobres. Esta clarísimo, entonces, que para favorecer a los pobres (campesinos, obreros, taxistas, vendedores ambulantes) o dejar de perjudicarlos, lo más efectivo es permitir que se abaraten los bienes de consumo básico, propiciando la apertura inmediata de esos mercados. Luego, si se estima necesario, se puede complementar esto con ayudas directas dirigidas al consumo. Pero lo que promulgan políticos como Solís, férreos opositores de la apertura comercial, es todo lo contrario: que se mantengan cerrados los mercados y se subsidie a los productores. Las consecuencias económicas de tales programas son desastrosas, en especial para los más pobres, quienes además de no recibir beneficios de la apertura tendrán que costear los subsidios que van a beneficiar a los más ricos. Esto es lo que ocurre actualmente con el proteccionismo y los subsidios.

Por Rigoberto Stewart

miércoles, 21 de noviembre de 2007

En razón de la justicia


En ASOJOD nos caracterizamos por criticar fuertemente, pero siempre de una manera justa, apegada a los hechos y a la realidad. Por esto queremos reconocer la actitud de la diputada Andrea Morales que, a pesar de no ser de nuestro particular agrado, ha dado un claro signo de responsabilidad política al comunicarle al diputado José Luis Vásquez (diputado del grupo-38 que debido a una enfermedad que lo aqueja en estos días no ha podido conformar quorum) que si por algún motivo de salud el necesita ausentarse de la Asamblea, ella colaborará con la conformación del quórum. Que la diputada más joven e inexperta muestre un mayor grado de madurez que algunos dinosaurios políticos del PAC como Alberto Salom es algo que ASOJOD no puede dejar de destacar

En Vela


Nuestro más sentido pésame que, por la naturaleza del difunto, se convierte en regocijo nacional, incluidos los deudos, y que, por la encuesta reciente del Latinobarómetro sobre nuestra democracia, pronostica larga vida.

El XIII informeEstado de la nación , dado a conocer la semana pasada, nos depara, en ese delicioso banquete anual del espíritu, la buena nueva de que las elecciones del 2006 fueron “limpias y transparentes”. Esta buena nueva es la confirmación histórica de un proceso costarricense inalterado, al servicio de la libertad, negado, en el 2006, por un grupo de costarricenses. ¿Se acuerdan? Denunciaron chanchullos, fraudes, graves irregularidades, que la prensa internacional recogió, a manera de información jocosa, y queGranma , en La Habana, proclamó como verdad de fe para regocijo de las piezas de museo, viejos y jóvenes, que todavía hoy suspiran por Marx y Lenin.

Nuestro más sentido pésame no por el muerto, que no hubo, sino por la muerte de sus ilusiones antipatrióticas, coreadas, de nuevo, tras el referendo del 7 de octubre. Esta vez el vocabulario mortecino se ha enriquecido con expresiones como ruptura constitucional, fraude mediático, rompimiento de la tregua, “conjunción del poder económico, el poder mediático y el poder político”, al decir del ideólogo; pueblo heroico, la hora de la resistencia o la compra cuántica de votos, mientras un Consejo universitario unge a los “comités patrióticos” como auditores y contralores de la política nacional y del Estado.

El estudio delEstado de la nación fue minucioso. Ni asomo de irregularidad alguna que afectara el proceso electoral del 2006. Esta conclusión recibió, el 17 de noviembre pasado, el reconocimiento de los valores éticos y morales de nuestro pueblo, pues, según la encuesta del Latinobarómetro, Costa Rica es el país más devoto del sistema democrático en América Latina. Un país donde el fraude no tiene cabida en las urnas electorales, sino que está depositado en las conciencias de algunos costarricenses, jóvenes y provectos ciudadanos, transidos de paranoia ideológica, unos; de odio, otros, y de mezquindad, ignorancia y falta de oficio, los más.

Los muertos gozan de muy buena salud, los sepultureros andan por ahí con sus ataúdes vacíos, la vida nos convoca, la gran manipulación contra la institucionalidad quedó, en dos ocasiones, barrida por los hechos, y el pueblo de Costa Rica solo ansía que la devoción democrática se trueque, políticamente, en resultados tangibles y visibles. Esta es la cuestión y este es el gran desafío. El informeEstado de la nación lo condensa en la forja de la equidad y la integración social.

Por Julio Rodríguez

Sr. Chávez, ¿quién es el fascista?


Finalmente alguien lo puso en su lugar, señor presidente Hugo Chávez. Ya era hora. Sacó usted de casillas a nada menos que a S.M. Juan Carlos, rey de España, quien dio firme respuesta a vuestra perorata del momento, la cual en esta ocasión era sobre el supuesto fascismo del ex presidente del Gobierno español José María Aznar.

Seguía usted el libreto estándar de la izquierda en todas partes y en toda época, en su modalidad propagandística consistente en descalificar mediante el uso de etiquetas. ¿Para qué argumentar? Mejor y más efectivo es tildar a sus adversarios de nazis/fascistas, y ya no hay que debatir más.

Pero, Sr. Chávez, ¿quién es el fascista? Que yo sepa, no ha sido Aznar quien está por reformar la Constitución de su país para declarar que la patria potestad pertenece de pleno derecho al Estado, arrebatando así a los padres lo que por derecho natural les corresponde.

Y no es Aznar quien ha hecho y continúa haciendo todo para controlar todos los medios de comunicación de su país. No es Aznar quien decidió revocar la licencia de transmisión a una estación televisiva, simplemente porque no le gustase que esta manifestase su oposición al oficialismo. O vuestra amenaza de clausurar las escuelas privadas que se nieguen a impartir el adoctrinamiento socialista que usted impone.

Ahora anuncia usted públicamente, a raíz de la puesta en su lugar que le propinó el rey Juan Carlos, su amenaza a las empresas españolas, indicando que comenzará a "meterles el ojo a ver qué están haciendo" en Venezuela. Típico de un narcisista el no tolerar la disidencia.

Ni es tampoco Aznar, sino usted mismo, quien rinde todos los honores a un jefe de Estado extranjero (el presidente de Irán Mahmoud Ahmadinejad), que públicamente niega la veracidad histórica del holocausto judío, y de hecho anuncia un día sí un día no, que el Estado de Israel pronto será barrido por una "tormenta divina", en tanto acelera su programa nuclear para asegurarse de tener los medios con los que provocar esa tormenta.

El fascismo es una doctrina totalitarista que pone al Estado por encima de las personas. Es colectivista, en el sentido de que concede primacía absoluta a la entelequia del Estado-Nación, y sostiene que es dicha entelequia colectiva la única realidad y, por tanto, la única que merece consideración. Las personas ni siquiera son reconocidas como individuos libres, sino solo como instrumentos al servicio del Estado. Si hay un gobernante actual en este hemisferio que se ajusta a esa descripción, es usted Sr. Chávez.

Usted se vanagloria de ser socialista y no fascista. ¿Pero quién dijo que es una dicotomía? Hitler también era socialista. Nazismo es un término acuñado para referirse a la ideología nacional-socialista propuesta por Adolfo Hitler. El nombre completo del partido nazi era Partido Nacional-Socialista Obrero Alemán (NSDAP, sus siglas en alemán). Vuestro llamado Socialismo del Siglo XXI y el nacional-socialismo tienen como denominador común el no reconocer a la persona humana como individuo libre, capaz de decidir por sí misma y elegir su propio destino. Y no puede ser de otra manera, pues igual que usted, el nazismo no podía permitirse, como ideología totalitarista, reconocer derechos individuales inalienables, porque ello entorpecería la creación de ese nuevo hombre que todo colectivista pretende traer a la faz de la Tierra.

Con las Fuerzas Bolivarianas de Liberación, emula usted las SS, las infames fuerzas paramilitares de Hitler, usadas para espiar y aterrorizar a la población civil y a todo el que no se cuadrara con el Führer. Y tiene usted también el Frente Francisco de Miranda, movimiento de adoctrinamiento juvenil modelado sobre las Juventudes Hitlerianas, que en su página web presenta el lema "Comandante Chávez, ordene", es decir, sumisión total al líder supremo.

En fin, como buen socialista, usted considera que su plan es supremo. Cualquier persona que se meta en su camino, merece ser atacada, perseguida, y despojada de sus propiedades y derechos. Únicamente los que son leales al anillo de poder tienen la suerte de escapar a sus purgas y ello solo mientras se mantengan fieles a vuestros caprichos.

Ese "paraíso" socialista que usted quiere imponer a toda costa, no solo en Venezuela sino en el resto de América Latina, es un paraíso algo extraño, pues requiere forzar a la gente a vivir en él en contra de sus voluntades. En cierta isla del Caribe, por ejemplo, las personas arriesgan sus vidas en balsas precarias, para irse al "infierno" capitalista. No es al revés. ¿Por qué será? Simple, porque a pesar del discurso de igualdad y de justicia social, el socialismo solo trae deshumanización y miseria.

Señor Chávez, aquí el fascista es usted. Por eso, ante su perorata totalitaria, los que amamos la libertad le decimos: ¡Por qué no te callas!

Por Jaime Raúl Molina

Los indoblegables


George W. Bush acaba de conceder la Medalla Presidencial de la Libertad al doctor Óscar Elías Biscet, un preso de conciencia condenado a 25 años de cárcel. Fue un gesto solidario que le agradecen casi todos los cubanos.

Se trata de uno de los galardones más preciados de Estados Unidos. Lo creó Kennedy en 1963 y lo han recibido personajes como Nelson Mandela y Martin Luther King. Mandela y King, por cierto, son dos de las tres fuentes de inspiración de Biscet. La otra es Gandhi. Biscet también es un pacifista que rechaza la violencia y defiende los derechos humanos. Una de las razones por las que lo encarcelaron es por denunciar el alto número de abortos que se realizan en la Isla. En Cuba se producen más abortos que partos. Biscet es médico, cristiano, joven y mulato. Nació en 1961. Tiene algo de apóstol bondadoso. Es el verdadero hombre nuevo surgido de la revolución: una persona horrorizada con la dictadura comunista. Su mujer, Elsa Morejón, otra heroína, es su mano derecha. No han podido doblegarlos.

Estuvo con el Che. No sé si Biscet podrá recibir la medalla algún día. La cárcel política en Cuba es espantosa. Tal vez muera antes de que llegue la libertad. A España acaba de arribar el expreso político Héctor Palacios Ruiz y las historias que relató a la prensa son terribles. Héctor es un hombre de 65 años, excomunista, jovial y rotundo. Estuvo con el Che y creyó a pie juntillas en las buenas intenciones de Castro. Hasta 1980, formó parte del aparato en misiones y trabajos siniestros e importantes. Rompió con el partido cuando vio que las turbas enviadas por la Seguridad golpeaban en las calles a las personas que manifestaban su deseo de abandonar el país. Le dio asco.

Poco a poco, se fue ligando a la oposición democrática. En la década de 1990 llegó a fundar un think-tank independiente para estudiar la inverosímil realidad cubana. Lo detuvieron 20 veces. Una de ellas, incluso, lo fusilaron con balas de salva para comprobar su resistencia moral. Por fin, en abril del 2003, junto a otros 75 disidentes absolutamente inocentes, fue condenado a prisión. ¿Delitos? Pedían elecciones plurales, prestaban libros prohibidos y se comunicaban con la prensa extranjera. Como a Biscet, lo sentenciaron a 25 años. Hace pocas fechas, como estaba muy mal de salud, con inminente riesgo de muerte, el Gobierno español hizo la solicitud de que se lo entregaran para tratar de salvarlo.

¿Qué le hicieron en la cárcel? Héctor Palacios mide 1,90 metros y es un hombre corpulento. Durante 2 años lo encerraron en una caja de metal y concreto de 1,60 m de alto, por 1,75 m de largo, por 1,20 m de ancho. La celda, una especie de catafalco en forma de iglú, construida por los soviéticos en la década de 1960, está expuesta a la intemperie, en el patio de una prisión conocida como Kilo 5.5, en Pinar del Río. No tiene ventanas de ningún tipo, y el sol cubano la convierte en un horno.

Héctor vivía acostado en posición fetal y en semipenumbra. Bajó 40 kilos. Respiraba por el resquicio de la puerta. Su compañía eran los ratones y las cucarachas que ascendían por el hueco en el que defecaba. Llegó a ver con indiferencia a estas alimañas. En realidad, llegó a ver la vida con indiferencia y varias veces creyó que fallecía. Una vez al día, durante unos minutos, sus carceleros abrían una pila de agua para que pudiera tomar unos sorbos y descargar el infecto agujero sanitario.

Pudo resistir mentalmente porque es psicólogo y estaba preparado para ese calvario. Físicamente, en cambio, su organismo se quebró en pedazos: la inmovilidad, la sed y la mala alimentación le destrozaron el sistema circulatorio. Cuando llegó a salir de ese infierno, tenía insuficiencia cardiaca y sus debilitadas piernas apenas podían bombear la sangre. Todas las válvulas de la circulación de retorno estaban dañadas. Cuando lo vi le pregunté: “¿Crees que te salvarás?”. Sin alardes, me respondió otra cosa: “Lo importante es que no pudieron doblegarme”. No supe qué decirle.

Por Carlos Alberto Montaner

martes, 20 de noviembre de 2007

¡Recomendación!


Para todos los interesados les ofrecemos el Décimo Tercer Informe del Estado de la Nación esto con el fin de tener un vistazo mejor a la realidad nacional.

Bondades del capitalismo


En un mundo más honesto veríamos a más intelectuales, profesores, artistas, periodistas y estudiantes defendiendo el capitalismo y elogiando las bondades del sistema que derramó el cuerno de la abundancia sobre la humanidad, erradicando pestes y hambrunas. En nuestro mundo prevalecen las falsedades difundidas por socialistas en sus inmisericordes ataques al capitalismo. Los pueblos que aceptan la propaganda socialista están sumidos en la pobreza. Los que se encaminaron hacia el capitalismo, en cambio, pronto comprobaron la generosidad implícita y su propensión a fortalecer la democracia y el estado de derecho, como sucedió en Hong Kong, Corea del Sur, Taiwán, Singapur, Chile, España, Irlanda, Australia, Nueva Zelanda, Estonia y otros.

El capitalismo es natural, no fue inventado por nadie. No es un dogma como el socialismo. Sus inicios se remontan, no a Adam Smith, sino a la Edad de Piedra, cuando nuestros ancestros comenzaron a fabricar herramientas y armas para la cacería y a intercambiar productos en un esquema de cooperación y división social del trabajo. El respeto a la propiedad privada hizo posible el trueque y el comercio. La economía de mercado es inherente a la naturaleza humana, al igual que la familia, el lenguaje, la religión. Surge naturalmente en cualquier grupo humano, inclusive para un náufrago que llega a una isla desierta. Su eliminación, como la supresión de la familia o la religión, conduce al infortunio.

El capitalismo lleva a los pueblos a la prosperidad porque multiplica la productividad del esfuerzo humano mediante la aplicación del factor trabajo a los recursos naturales. Picando piedras, los homínidos hace más de un millón de años fabricaban hachas, cuchillos, puntas de lanza –bienes de capital– que agilizaban la cacería, la pesca y la obtención de alimentos. La característica resaltante del capitalismo es la tendencia a la continua acumulación de capital y el aumento de la productividad a través del intercambio y la cooperación pacífica. Cuanto más capital se acumula en una sociedad, mayor es la productividad y más elevados son los salarios reales de la gente.

El capitalismo es la expresión de la libertad en el campo económico. La libertad económica es muy antigua. Los griegos ya la honraban como el logro de su gran civilización, al igual que el libre comercio y la apertura al mundo. Pero mucho antes, más de 100 mil años antes, ya habían hombres libres y esclavos. Los que gozaban de libertad económica eran libres y los que no eran esclavos. Los unos eran dueños de sí mismos y los otros pertenecían a sus amos, como ocurre en el socialismo.

Los orígenes, causas y efectos de la Revolución Industrial son muy diferentes a los mitos inventados por la izquierda. En 1740, millones de personas morían de hambre en Inglaterra. Nadie sabía qué hacer. Pero entonces Inglaterra dio un gran paso hacia el capitalismo; protegió sólidamente la propiedad privada, instituyó una justicia independiente y otorgó amplias libertades económicas, siguiendo el ejemplo de Holanda. Nunca más hubo hambrunas.

La innovación tecnológica del capitalismo en Inglaterra promovió la fabricación de textiles y manufacturas para intercambiar por alimentos importados, haciendo posible alimentar a su creciente población. En 1740 se pensaba que el país jamás podría sostener a más de 6 millones de habitantes. Pero un siglo más tarde, la población alcanzó 60 millones, con un nivel de vida superior al de los monarcas del siglo XVIII. El capitalismo demostró sus bondades y convirtió a Inglaterra en el país más poderoso de la tierra. El auge que trajo en todos los campos fue reconocido por el propio Karl Marx en su “Manifiesto Comunista”.

Las mentiras del socialismo le dieron al capitalismo un nombre bochornoso al que incluso los liberales evitan referirse, a menudo reemplazando el término por “economía de mercado”. ¿Cómo es posible que en plena globalización todavía sean tan pocos quienes tienen la integridad y el coraje intelectual de decir una verdad a la vista de todos? La gente debe saber que el capitalismo es tan natural y necesario como la familia y tan poderoso como el ingenio humano.

Por Porfirio Cristaldo Ayala