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lunes, 9 de diciembre de 2013

Tema polémico: la reforma al Reglamento Legislativo, morituri te salutant

Mucho se ha criticado el "atraso" en proyectos de ley producto de la oposición que realiza uno o varios diputados que utilizan los recursos que el Reglamento de la Asamblea Legislativa (RAL) ofrece: mociones, uso de la palabra, ruptura de quórum, consultas y otros. Incluso, se ha acuñado un término para señalar peyorativamente a quienes hacen uso de esos mecanismos: filibusterismo parlamentario.

Sin duda, el término busca no sólo insultar y desacreditar el trabajo del Diputado sino también ponerlo como un traidor de la Patria, como el causante de que un proyecto "país" no se apruebe. Esta premisa, bastante falaz y tendenciosa, parece calar hondo en los analistas y periodistas que, curiosamente y a contrapelo de la propia seriedad profesional que pregonan, casi nunca se toman el tiempo de leer los proyectos de ley y, mucho menos, analizar su trasfondo, por lo que se puede afirmar, sin temor a equivocarse, que no entienden de lo que están hablando. Pero bueno, eso no es sorpresa en un país donde hablar de honestidad intelectual es como hablar de magia y otras cosas sobrenaturales. 

Hasta la fecha, solamente unos pocos Diputados habían logrado impedir que se aprobara una reforma al RAL tendiente a reducir la oportunidad de hacer oposición, soportando la crítica, el insulto y la amenaza. Pero parece que esa opción ya se desvaneció. Recientemente se aprobó una moción para que una reforma a ese cuerpo normativo,tramitada bajo el expediente legislativo N° 18.127, pase al 1° lugar del Orden del Día del Plenario, misma que cuenta con el apoyo de casi todos los partidos políticos, quienes están impulsando su votación afirmativa antes del receso legislativo (23 de diciembre).

Argumentan que esa reforma es para generar gobernabilidad, para aprobar las cosas que el país necesita, para respetar el poder de una mayoría que sabe lo que hace, que no se equivoca, que solo tiene buenas intenciones y que únicamente asume posiciones responsables con la nación. Como decía un Ministro en esta nefasta Administración cuando se desempeñaba como profesor universitario, "si todas las vacas del mundo comen pasto, no pueden estar equivocadas". 

No obstante, al revisar el texto resulta evidente que su intención es  acallar a la oposición, quitar esos escollos que a muchos parece estorbarles: la denuncia, la argumentación, el debate, el análisis y la reflexión para dar paso al decisionismo irresponsable, a la ausencia de lectura y comprensión. Hay que aprobar por aprobar, sin importar qué diga el texto; hay que alcanzar un número determinado de leyes al final de la legislatura para que nos consideren eficientes, sin importar si lo aprobado sirve de algo. Esta práctica, bastante extendida entre muchísimos de los Diputados, no sólo de ahora sino de anteriores periodos, es la manifestación criolla de aquella escena de la película de Los Simpson en la que el Presidente Schwarzenegger dice, cuando le presentan una serie de propuestas que ni siquiera se toma el tiempo para revisar, "fui escogido para tomar decisiones, no para leer".

Sin embargo, esto no es así ni puede ser así. El RAL es una herramienta muy valiosa para la discusión parlamentaria. Barrantes y Solano, en su obra "Modelo explicativo de los niveles de acuerdo de la Asamblea Legislativa, concluyeron que la redacción actual del RAL, aunque no es perfecta, es muy positiva para defender el principio democrático y los derechos de las minorías, para evitar la tiranía de las mayorías, al tiempo que privilegia la construcción de acuerdos sobre la decisión mayoritaria, es decir, la negociación, el intercambio, el juego de suma positiva frente a la imposición, el capricho y el juego de suma cero que tanto parece gustarle a nuestros políticos. De ahí que les resulta tan incómodo el RAL y por eso lo culpan de todos los males posibles y se desbocan por modificarlo para dar rienda suelta a sus ocurrencias.  

Empezando por lo básico, antes que nada, el Parlamento es un espacio de representación política y, por tanto, en el que las diferentes fuerzas políticas exponen sus valores, ideas y propuestas, las contrastan y las debaten para tomar decisiones, no necesariamente para aprobar leyes. El Parlamento no es una fábrica de leyes: su función no es convertir cualquier iniciativa en ley ni puede ser evaluada con los mismos criterios de productividad que una maquila. El papel del Diputado es representar a sus votantes, a las personas que por su afinidad programática e ideológica le encomendaron su representación en el Parlamento.

Por su naturaleza, el Parlamento es para "parlar", para debatir, para exponer ideas y defender argumentos, para generar discusión entre las partes. La lógica de la dialéctica es exponer una idea y que esta sea contrarrestada, contraargumentada. La lógica del debate es que mediante ese toma y daca, se pueda finalmente concluir que uno tiene razón y el otro no. La intención es que la decisión, no la aprobación automática como algunos pretenden, sea lo más razonada, lo más reflexiva y lo más correcta.

Una reforma como la que se plantea en la Asamblea Legislativa va contra esos principios. Privilegia solamente la ocurrencia y la irresponsabilidad, el capricho y la imposición, disfrazados bajo el concepto de "gobernabilidad", olviando que ese término refiere a las actuaciones de los Poderes Públicos en espacios considerados como legítimos por los demás actores del sistema político y que esa legitimidad no es solo depende del origen del mandato -en el caso costarricense, de una elección que le da mayoría a un partido representado en la Asamblea- sino también del ejercicio del poder delegado, es decir, de la forma en que lo utilizan dentro del marco generado por las reglas del juego y el apego a los valores, expectativas e intereses de los actores políticos.  

Pero parece que nada de eso importa. Solo importa lo que el Ejecutivo y la prensa ordenan. Hay que aprobar -no discutir para valorar su conveniencia o no- las iniciativas que desde Zapote, desde Llorente, desde la Uruca o desde la Sabana se dice que hay que aprobar. No hay espacio para dialogar, mucho menos para negociar -de por sí toda negociación es satanizada- ni derecho a disentir. Quien se opone es malo; quien apoya es bueno. Quien se opone es filibustero, quien apoya es patriota. Y lo peor de todo es que los partidos, incluidos aquellos que otrora defendían el RAL, se han creido el cuento y caído en ese juego maniqueo. Por eso ahora, por la conveniencia electoral, dan su apoyo al cuchillo que, en un futuro, será utilizado para su propia ejecución. 

Recuerden estas palabras si se aprueba la reforma y el Ejecutivo envía su proyecto de más impuestos: Ave Caesar, morituri te salutant ("Los que vamos a morir, te saludamos"). Ya no habrá posibilidad de oponerse, ya no habrán recursos para hacerlo: las mociones serán menos, la posibilidad de desecharlas será mayor; el uso de la palabra muy reducido, la opción de convencer a los otros, nula. Ya no habrá quién pueda defendernos. Aquella frase de un Diputado liberacionista "pa' eso tenemos mayoría" al fin se hará realidad.

miércoles, 29 de agosto de 2012

Desde la tribuna: ¿dejad hacer, dejad pasar?

¡Sí!, así como suena. Pareciera que algunos han tomado el lema de los fisiócratas, el viejo y denostado “laissez faire, laissez passer”. Pero no se hagan de ilusiones. Con tales frases no están reviviendo las pretensiones de la libertad económica, ni las ideas de un mercado libre. Tampoco están intentando rebajar los impuestos, la tramitomanía ni la intervención estatal.
 
¡Todo lo contrario! Algunos de los notables convocados por la presidencia de la República han salido con todo el galillo a pedir reformas al Reglamento de la Asamblea Legislativa y disminución del papel de la Sala Constitucional.
 
Es una inversión total de papeles. Ahora la Administración Pública y los estatistas quieren su “laissez faire, laissez passer” pro iniciativa gubernamental. Les estorba la oposición política, les complica la existencia la intervención de los diputados, les molesta la posibilidad de ser juzgados, le duele que la Sala Constitucional pueda revisar la conformidad de las actuaciones públicas con la Constitución.  Desesperados claman por “laissez faire, laissez passer”.
 
Algunos estatólatras han llegado a cuestionar los plazos para el silencio positivo (instituto del Derecho público que, tratándose de permisos, autorizaciones y aprobaciones, suple la inercia y silencio del funcionario restaurando el derecho a hacer y seguir adelante), otros deploran la existencia del Recurso de Amparo, unos cuantos maquillan los datos e información públicas (régimen de IVM de la CCSS) y también están los que dicen que la actuación estatal no es cuestionable y está más allá del bien y del mal (Vg.: la trocha no necesita evaluaciones ambientales).
 
Todo ello me recuerda el genial opúsculo de Eduardo García de Enterría titulado “La lucha contra las inmunidades del poder”, en el cual denunciaba cómo la Administración y el Poder tiende a abusar de la potestad reglamentaria, de la discrecionalidad (incluso algunas veces confundiendo la existencia de conceptos jurídicos indeterminados con discrecionalidad) y de los actos de gobierno (género que no estaría sujeto a la revisión de los actos administrativos).

Algún ministro del siglo pasado expresó que “la Sala Cuarta no deja gobernar”, evidenciando cuán difícil es para algunos trabajar con reglas básicas. Algunos líderes de mayorías han despotricado contra el Reglamento de la Asamblea Legislativa, acusándolo de favorecer minorías, permitir a pocos diputados enfrentar a las mayorías, impidiendo que funcione la democracia (como si fuera únicamente cosa de contar votos) y dar muchos derechos a los diputados.

Y entonces nos encontramos con este nuevo panorama político, los estatólatras han robado el lema a los fisiócratas. Los fisiócratas, encabezados por Jean-Claude Marie Vicent de Gournay (1712-1759), consideraban que una ley natural promovería el buen funcionamiento del sistema económico sin la intervención del gobierno. Los estatólatras, encabezados por algunos de los notables, consideran que el gobierno funcionará bien sin la intervención de magistrados y diputados. Entre ambos, me quedo con los fisiócratas.  

El liberalismo económico moduló la propuesta de “dejad hacer, dejad pasar” con el fin de promover la libertad de producir, comerciar y participar en las actividades económicas sin la intervención gubernamental.  Los notables estatólatras no han modulado nada, pretenden impuestos, restricciones a la libertad de los ciudadanos, menos garantías judiciales y mayor ámbito de acción pública sin las molestas intervenciones de diputados de oposición, sin el estorbo de mociones que obliguen a discutir los proyectos de ley, sin la posibilidad de que la Sala Constitucional revise la conformidad de las leyes con la Constitución Política. El nuevo  “laissez faire, laissez passer” es la propuesta del tigre suelto (gobierno y administración pública) contra el burro amarrado (pueblo).
 
Quieren “laissez faire, laissez passer” para que RECOPE venda la gasolina que sea y haga las refinerías que quiera: dejen libre al monopolio.
 
Aspiran al “laissez faire, laissez passer” para poner más impuestos.
 
Desean el “laissez faire, laissez passer” para vender eurobonos con las menores condiciones y reglas posibles.
 
Claman por el “laissez faire, laissez passer” para seguir empeñados en la “trocha mocha”, sin control de finanzas, sin controles ambientales, sin rendición de cuentas, sin las molestas indagaciones legislativas.
 
Insisten en el “laissez faire, laissez passer” para continuar con negociados como el de Riteve, aunque no aparezca el contrato y sea una vía anormal para imponer un monopolio.
 
Empujan el “laissez faire, laissez passer” para promover la disminución de los derechos de los diputados, a fin de que no se discuta, no se presenten mociones, los plazos sean irracionalmente cortos y no haya deliberación ni discusión.

Es el mundo bizarro, el gobierno quiere un pueblo reglado y sumiso y se ha reservado la libertad para él.  Ha resucitado el “laissez faire, laissez passer” pero se lo ha dejado para sí.
 
Federico Malavassi Calvo   


miércoles, 22 de agosto de 2012

Desde la tribuna: el Reglamento Legislativo ¿culpable?

No hay presunción de inocencia, menos aún… estado de inocencia. El Reglamento de la Asamblea Legislativa ha sido condenado a pena de muerte o, por lo menos,  a mutilaciones que lo desfiguren permanentemente. Todo lo que anda mal en el gobierno de lo público, se le atribuye. En su reforma yace, según sus detractores, la bonanza nacional y la prosperidad patria.

El expediente de su procesamiento tiene varios años. Se le acusa de todo lo malo que ocurre en el país y hasta de las malas escogencias electorales tanto para integrantes de la Asamblea Legislativa, los diputados, como… ¡de los ministros y presidentes! 

Resumido el gobierno en solo Poder Ejecutivo, al contrario de lo que establece el artículo  9  de nuestra Constitución, resulta torticero alegar que cualquier moción o grupo de ellas es un obstáculo al imaginado gobierno amputado y reducido solo a Poder Ejecutivo. En efecto, los ministros y los diputados oficialistas e incluso algunos opositores, repiten y repican que el “gobierno” envió un proyecto, o que el “gobierno” desea unos impuestos, cuando debió decir “Poder Ejecutivo”, inculcando en los ciudadanos una nueva Constitución donde el gobierno, en vez de estar constituido por tres poderes, queda reducido a uno.    

Los atizadores de la falsificación gubernativa eliminaron y no restauran, una vigorosa enseñanza cívica, pero predican la carencia de buena gobernabilidad, con rostro serio y gesto de preocupación, cuando sus equivocaciones inconstitucionales y anti-republicanas, son el principal fermento del mal gobierno. La ignorancia cívica que esparcen no los inmuta y, el éxito que alcanza su desfigurado desgobierno, los alienta.

La equivocación se ha incardinado. El error ha sido repetido, tantas veces, que muchos creen que gobierno es solo Poder Ejecutivo. Desde este punto de vista, el Reglamento Legislativo, es un estorbo;  los debates, son atrasos y las mociones, obstáculos. La simplificación ha llevado al radicalismo anti-republicano. Por supuesto, la Sala Constitucional, que según el concepto falso y manipulado de gobierno, tampoco forma parte del gobierno, se convierte en anti-gobierno cada vez que encuentra vulnerado el reglamento legislativo. 

Los grandes reformadores del reglamento ofrecen una tierra de  miel y  leche y proponen, tan necia como equivocadamente, impedir mociones, no debatir, ni siquiera leer, ni defender,  las muy pocas que se admitan y convertir la Asamblea en una notaría o escribanía del Poder Ejecutivo donde se ponga en forma de ley lo que dicte el único poder: el Ejecutivo. Mejor aún, como lo expresara el Dr. Rodolfo Cerdas, convertirla en sello de hule es lo que pretenden. 

Hay políticos, candidatos y cortesanos que imaginan como buen gobierno la inexistencia otros poderes más allá del ejecutivo. Promueven, una Constitución sin Sala Constitucional y leyes sin Asamblea Legislativa y, en ese caso, si todo es ficticio, un reglamento legislativo cuya única regla sea: aceptar lo que diga casa presidencial. Esa república de los extremistas,  convertida en sueño, será una inmensa pesadilla, una vez enfrentada a la realidad del poder concentrado, en muy pocas manos. 

 Mario Quirós Lara

miércoles, 11 de agosto de 2010

Flash Legislativo


En este día, en ASOJOD no abordaremos un proyecto en particular, sino que haremos un breve análisis de la agenda de las sesiones extraordinarias. Durante todo este mes de agosto, la definición de la agenda corresponde exclusivamente al Poder Ejecutivo, que pone en conocimiento de los Diputados aquellos proyectos que le interesa impulsar.

Este periodo inició desde el lunes anterior y una semana después, ha estado caracterizado por una marcada indecisión del Ejecutivo: ha enviado cuatro convocatorias diferentes, sacando e incorporando proyectos sin ninguna lógica particular. La hipótesis más plausible para explicar este hecho es que el mismo Ejecutivo no sabe lo que quiere: no ha terminado de acomodarse luego de 3 meses de gestión y con una serie de problemas que le han complicado la labor a Chinchilla y su gabinete: el aumento de salario de los Diputados, la pelea entre la Ministra de Salud y la Asamblea Legislativa, el caso de Crucitas, la reforma constitucional del agua y la negociación por el FEES son apenas algunos temas que han dificultado el accionar de ese Poder.

A eso hay que sumarle un aspecto que, de no controlarse, se podría volver peligroso en el futuro: el miedo casi patológico de la Presidente para tomar decisiones que puedan levantar polémica. Lo vimos en campaña y lo vemos ahora en gestión. Se trata de una evitación extrema del conflicto y la discusión, no con intenciones pacifistas y consensuale, sino por incapacidad propia de doña Laura para echarse al hombro un Gobierno. Aún la honestidad no ha sido cuestionada, pero la firmeza que nos prometía en campaña, cada día se convierte más en un slogan, en una fórmula vacía.

Si el Ejecutivo no toma decisiones claras, y la agenda del periodo de sesiones extraordinarias debe ser una de ella, el país podría enfrentar graves consecuencias. Esperemos que doña Laura y su equipo definan, cuanto antes, los temas que quieren poner en conocimiento del Poder Legislativo, a fin de que los Diputados logren aligerar un poco la agenda parlamentaria, sacando algunos proyectos.



viernes, 19 de marzo de 2010

Viernes de recomendación

El siguiente documento Decisiones Colectivas, Instituciones y Sesgo Institucional: El modelo del fijador de agenda realiza un repaso por la teoría de las decisiones colectivas, pasando por el trabajo de Arrow hasta la incorporación de los factores institucionales, que vienen a dar más luz a los modelos decisionales, pero también reflejan la manera de manipular los procesos de toma de decisiones para provocar ciertos resultados sobre otros.

lunes, 15 de marzo de 2010

Tema polémico: Costa Rica, el país de los lentititcos


Los medios de circulación masiva del país anuncian que el nuevo Estadio Nacional, construido por trabajadores chinos, está a un 70% después de un año de iniciadas las obras.

En la red social Facebook, los comentarios al respecto se tiñen de asombro ante la velocidad y avance de la obra, pero sobre adquieren un tono de sarcasmo. Así por ejemplo, uno de los comentarios al respecto dice: “si lo hubiese hecho el gobierno (el costarricense por supuesto) estaríamos a un 70% de empezarlo”; otro comentario agrega en el mismo tono: “¿estos chinitos no podrán arreglar la platina y los demás puentes antes de irse? Uno de ellos vale por toda una cuadrilla del MOPT”. El mismo día en Canal 7, la periodista Pilar Cisneros dijo que si los chinos estuvieran trabajando en la radial MAG-Universal, las obras ya irían por Paso Canoas. Estos comentarios, aunque podrían sonar exagerados nos deben hacer reflexionar que, entre el sarcasmo y la chota, una verdad se asoma.

Lo cierto del caso es que, en el fondo, nos señalan que la mayoría de los costarricenses son tremendamente lentos para realizar las cosas. En definitiva, nuestro país debería ser un objeto de estudio bastante peculiar para los antropólogos; para los biólogos, debemos ser un cruce entre oso perezoso y caracol. Históricamente al costarricense se le conoce como una persona apacible y pacifica, tal vez esto sea cierto, pero no porque seamos amantes de la armonía y la paz por antonomasia, sino que nuestra actitud ante la vida nos caracteriza más como vagabundos que como individuos tranquilos y sosegados.

¿Pruebas para esta afirmación? En primer lugar, preguntémonos ¿cuantas veces hemos salido a la calle y literalmente nos quedamos atascados en una presa en la acera debido a la lentitud con que camina el grueso de los transeúntes? Estoy seguro que a muchos lectores les vendrá a la memoria mil y un ejemplos donde se han regalo la bilis ante la pasividad de las personas en la vía pública. En definitiva, somos lentos para desplazarnos y a la vez indiferentes con el conciudadano que tiene prisa. En segundo lugr, más allá de la lentitud de reacción, la lentitud de pensamiento es nuestra principal desgracia. El tico es lento para razonar, esta proposición es casi un axioma. El “piensa rápido” parece no aplicar en nuestra realidad, y lo cierto es que nuestra pésima educación tiene mucho que ver en este sentido. En la “enseñaza” pública la norma es “tragar” materia (todos parejo) sin sentido alguno, nunca se nos enseñó a cuestionar, a averiguar e indagar fuera de los parámetros que establecían los libros de texto. En la educación pública, el estudiante sale más ignorante de lo que entró, y de nuevo, esta proposición es casi un axioma.

Finalmente, otra de las pruebas que refuerzan el argumento deviene de nuestra incapacidad para adoptar decisiones rápidamente: somos patológicamente lentos para decidir. Para un psiquiatra, Costa Rica debe ser un paraíso, pues cada costarricense es un objeto de estudio en potencia. Posiblemente la Asamblea Legislativa sea el arquetipo de la indecisión tica. Nuestro atraso en todos los campos imaginables no es casualidad y el “nadadito de perro” explica porque estamos como estamos.

En fin, la lista de ejemplos que reafirman nuestra lentitud podría crecer ad infinitum, pero el concepto es claro. Cada uno tendrá ejemplos que apoyan al argumento. No hay que mal interpretar la idea central, no se trata de vivir una vida de estrés, pero tampoco el extremo en que hoy vivimos. No somos como los “tigres asiáticos”, somos, tal vez, una especie de “perezoso Centroamericano”. La idea fundamental de todo esto es que, si algún día aspiramos ser un país desarrollado, debemos empezar por el cambio de actitud, un cambio individual en el sentido de tomar la delantera en todo lo que hacemos, anticipar las consecuencias inesperadas de nuestras acciones, ser más observadores, más lógicos, más estratégicos, más decididos y arriesgados, en definitiva, más rápidos en todo lo que hacemos. Así tal vez, algún día pasemos a ser conocidos como “los guepardos de América”.

jueves, 25 de febrero de 2010

Imitación, innovación y empresarialidad


El ser humano tiene dos importantes habilidades cognitivas complementarias, la capacidad de innovar y la capacidad de copiar: puede hacer algo nuevo, creativo; o puede imitar lo que ya existe, replicarlo. Las novedades exitosas pueden reproducirse, y a partir de múltiples copias pueden generarse más cambios que a su vez podrán copiarse de forma recursiva. La acción humana se desarrolla en una tensión permanente entre la permanencia y el cambio.

Imitar no es simplemente repetir lo que uno mismo ya ha hecho antes: se trata de copiar lo que ha hecho otro, observando, reflexionando, comprendiendo y añadiendo la nueva facultad o conducta al repertorio de habilidades propias. El aprendizaje suele requerir una fase inicial de atención consciente hasta que la tarea se automatiza y puede invocarse a voluntad o como un hábito que no requiere el esfuerzo de pensar.

Imitar conductas existentes más o menos generalizadas tiene sentido evolutivo: un comportamiento muy nocivo tiende a desaparecer al eliminar a sus agentes portadores, de modo que la simple existencia de algo muestra su capacidad de supervivencia; además, al ser la competencia un fenómeno relativo, hacer lo mismo que todos significa estar en terreno seguro y, al menos, no quedarse atrás. Para no malgastar recursos al resolver un problema, conviene averiguar si alguien lo ha resuelto ya antes; pero en ocasiones es mejor ignorar las respuestas de otros para así no restringir la imaginación y abrirse a la posibilidad de soluciones alternativas.

La innovación no surge de la nada: consiste en recombinar elementos previos para producir algo original, novedoso. La innovación es una tarea problemática: en algunos ámbitos, todas o casi todas las combinaciones posibles ya han sido generadas (al menos a cierto nivel de abstracción, como en el caso de los argumentos literarios, donde existe un número limitado de personajes y tramas ya explorados); en otros ámbitos, hay tantas combinaciones posibles que su generación y comprobación sistemática completa es prácticamente imposible y es necesario utilizar heurísticas (técnicas de búsqueda basadas en conocimiento experto) para reducir el espacio de búsqueda y los costes de la misma.

Innovar de verdad implica pisar terreno desconocido, arriesgarse a equivocarse, ensayar y errar a menudo hasta eventualmente acertar. Las innovaciones que funcionan suelen ser graduales, marginales, construyen sobre lo que ya existe e intentan mejorarlo, exploran ámbitos desconocidos pero cercanos a los ya dominados.

Las novedades pueden surgir accidentalmente, de forma inconsciente o no intencionada. Pero también pueden ser resultado de acciones intencionales: los emprendedores son personas proactivas, que se fijan objetivos y ponen en marcha proyectos para alcanzarlos, que imaginan formas mejores de hacer las cosas e intentan llevarlas a cabo. Un emprendedor puede actuar simplemente para satisfacer sus propios deseos de forma autónoma; pero, en general, los participantes en mercados con división de trabajo son productores especializados y consumidores generalistas. Los empresarios suelen intentar organizar nuevos proyectos productivos para servir a los demás: por un lado ellos mismos son causantes de cambios al crear y hacer crecer sus empresas, y por otro lado especulan intentando predecir las potencialmente diferentes condiciones del mercado en el futuro (preferencias y capacidades de los agentes económicos) para adaptarse a ellas.

El emprendedor es responsable del dinamismo y la coordinación del mercado: busca desajustes para aprovechar oportunidades de beneficio y su propia actividad origina situaciones diferentes con nuevas oportunidades. El emprendedor es el explorador que se arriesga, lanza su propuesta y se somete al juicio de los consumidores.

Los empresarios no suelen trabajar solos en sus proyectos. Son coordinadores de recursos humanos, necesitan contratar empleados, trabajadores que siguen indicaciones, obedecen órdenes. Todo ser humano puede ser empresario en principio, pero pocos lo son en la práctica: muchos no tienen el ánimo o la perspicacia necesarios, la capacidad de tomar decisiones bajo incertidumbre, o no quieren asumir riesgos.

La empresa es una aventura, algo heroico, pero lo épico es precisamente lo que se sale de lo ordinario. El empresario debe no solo enfrentarse a los competidores establecidos, a otros empresarios con diferentes innovaciones, y a los intereses creados que se sienten amenazados y preferirían que todo siguiera igual: también tiene que tirar con su entusiasmo y los incentivos adecuados de los trabajadores que carecen de su iniciativa y su ímpetu creador.

Francisco Capella

viernes, 21 de noviembre de 2008

Viernes de recomendación


En Votación y sistemas electorales, Gordon Tullock reflexiona sobre el problema que tiene la democracia como mecanismo para tomar decisiones: preferencias colectivas intransitivas. A pesar de que esto causa desazón para con el régimen democrático, el autor propone el logrolling como un buen mecanismo para conseguir acuerdos.

martes, 15 de abril de 2008

La globalización de las ciencias


Las ciencias son una fuente invaluable de orientación para los individuos y los Gobiernos. Esto se debe en parte a que los científicos pueden predecir a menudo las consecuencias futuras de las acciones actuales.

Ciencia y política. Estos son solo dos ejemplos entre miles de casos en los que tiene lógica que los encargados del diseño de las políticas tomen en cuenta lo que las ciencias pueden predecir sobre el futuro. Y, sin embargo, con mucha frecuencia se ignora lo que las ciencias saben cuando se toman decisiones en las que hay mucho en juego.

Eso no quiere decir que los científicos deberían controlar el proceso de toma de decisiones del Gobierno. Es asunto de los políticos, no de los científicos, considerar los costos y beneficios relativos de las opciones que se les presentan y ponderarlas como con- sideren conveniente para alcanzar sus conclusiones. Pero muchos de esos juicios estarán equivocados si no tienen información científica eficaz.

Por ejemplo, el Gobierno de Estados Unidos recibe buenos servicios de una organización llamada las Academias Nacionales, que se basa en tres organizaciones honorarias compuestas por científicos, ingenieros y profesionales del sector salud (la Academia Nacional de Ciencias, la Academia Nacional de Ingeniería y el Instituto de Medicina, respectivamente). Esta organización no gubernamental independiente produce más de 200 informes al año, la mayoría de ellos en respuesta a peticiones específicas del gobierno de Estados Unidos.

Informes de las Academias. Estas solicitudes van desde preguntas sobre los riesgos a la salud de la presencia de trazas de arsénico en el agua potable, hasta preguntas sobre la mejor forma de apoyar varios tipos de investigación científica. Mediante un riguroso proceso de revisión, las Academias insisten en que cada informe se limite a lo que las ciencias pueden aportar al tema sobre la base de pruebas y lógica, sin apropiarse de las decisiones que otros deben tomar.

Así, por ejemplo, el informe sobre el agua potable predijo la frecuencia del cáncer de vejiga que podría afectar a la larga a una población expuesta a niveles de 5, 10 o 20 partes por mil millones de arsénico. Pero no dijo cuál era la concentración máxima de arsénico que el Gobierno debía aprobar.

El texto completo de alrededor de 3.000 informes de las Academias está disponible en línea (en www.nap.edu ), y pueden descargarse de manera gratuita en 146 países. Los peligros del arsénico son iguales en todo el mundo, y en este caso un informe hecho en Estados Unidos puede ser útil para todas las naciones.

Consejo Interacadémico. No obstante, hay otras cuestiones importantes basadas en las ciencias que requieren análisis por parte de organizaciones internacionales a fin de ser aceptadas mundialmente. Para lograr esto, en el 2000, una organización mundial de academias científicas llamada el Panel Interacadémico fundó el Consejo Interacadémico (CI) en Amsterdam. El órgano de gobierno del CI es un consejo que incluye un grupo rotatorio de15 presidentes de academias de todo el mundo, que representan a países de distintos niveles de desarrollo, y sus informes presentan una verdadera perspectiva internacional respaldada por los mejores científicos e ingenieros del planeta.

El CI asesora sobre temas planteados por Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales y sus informes están disponibles gratuitamente en www.interacademycouncil.net . El primer informe del CI se titula ‘Inventar un mejor futuro: una estrategia para crear capacidades científicas y tecnológicas a nivel mundial’. Presenta argumentos convincentes de la importancia de apoyar a las instituciones científicas y tecnológicas en todos los países que se concentran en aprovechar el creciente acervo internacional de conocimientos científicos y tecnológicos para satisfacer las necesidades de esos países.

Inventar un mejor futuro también da lineamientos detallados a los Gobiernos y las organizaciones internacionales sobre cómo crear capacidades institucionales de ciencia y tecnología tanto en los países en desarrollo como en los industrializados. El trabajo más reciente del CI, titulado ‘Iluminar el camino: hacia un futuro con energía sostenible’, presenta una ambiciosa agenda basada en las ciencias para satisfacer las necesidades de energía del planeta, que presentan tantos desafíos.

Una audiencia importante de los informes del CI son las 100 academias de ciencias que pertenecen al Panel Interacadémico. Cada una tiene la responsabilidad de divulgar las recomendaciones del informe en su propio país, lo que puede aumentar considerablemente la efectividad de la academia para influir en las políticas nacionales.

La combinación del Panel Interacadémico y el CI es un importante experimento para dar asesoramiento científico internacional –un experimento que apenas empieza a demostrar su efectividad potencial para diseminar los beneficios de la ciencia y la tecnología a toda la humanidad–.


Bruce Alberts