jueves, 31 de octubre de 2013

Jumanji empresarial: déficit de sobriedad y sensatez

Parece haberse puesto de moda la ampulosidad, el despilfarro, el derroche, la ausencia de prudencia, pero al mismo tiempo la escasez de criterio y de sentido común.

Salvo honrosas excepciones, que solo confirman la regla, la inmensa mayoría de los Estados del mundo han aumentado, en los últimos años, significativamente su tamaño, funciones, responsabilidades y presupuesto.

La política, siempre interesada en utilizar una creciente cantidad de fondos, se ha ocupado de generar la necesidad convenciendo a muchos de la importancia de un Estado fuerte, pero fundamentalmente que concentre poder y dinero para luego repartir bienestar entre los ciudadanos.

A esta altura de los acontecimientos se sabe que todo es un gran timo. Que en realidad sólo se trata del interés corporativo de la política en administrar cuantiosos recursos para construir poder y someter desde allí, a quienes no se avienen a ajustarse a su cuestionable moral y sus retorcidas normas.

Juan Bautista Alberdi decía que “las sociedades que esperan su felicidad de la mano de sus gobiernos, esperan una cosa contraria a su naturaleza”, sin embargo aún hoy, demasiados creen con convicción que su tarea individual consiste en pedir a otros lo que no consiguen por sí mismos.

Es en ese extraño contexto en el que proliferan los Estados inmensos, que estimulan la creación de múltiples y novedosos impuestos para sostenerse. Todo ello deriva, irremediablemente en una insoportable presión impositiva que es la esperable contracara de lo que muchos reclaman. A riesgo de ser reiterativos habrá que recordar que los gobiernos se financian con impuestos, endeudamiento o emisión monetaria. Aún no se han inventado más que una larga lista de variantes de lo mismo.

El Estado siempre precisa recursos, mucho más aún si gasta tanto y solo los consigue cuando se los quita previamente a los que lo producen, o disemina inflación, o bien hipoteca el futuro de las próximas generaciones. No existe otro modo de hacerse de ese dinero, porque no puede crear riqueza, sino solo quitársela a algunos primero, para repartirla después.

Resulta al menos contradictorio seguir recorriendo este círculo vicioso de discursos que reclaman más Estado, pidiendo más recursos para financiarlo para que pueda tener más funciones y aumentar las remuneraciones a sus agentes, pero al mismo tiempo esa sociedad que se queja de la insoportable inflación, de la voracidad impositiva y del sistemático endeudamiento.

El absurdo se abre paso a diario. Gobiernos corruptos, políticos insaciables y sociedades que reclaman cuestiones inconsistentes que entran en conflicto minuto a minuto.

A Thomas Jefferson se le atribuye aquella frase que decía “estoy a favor de un gobierno que sea vigorosamente frugal y sencillo”. Hace cierto tiempo se entendía mejor todo. Sin un gobierno austero y capaz de comprender que cuando gasta lo hace a expensas de haberle quitado antes a los que trabajan para conseguirlo, es muy difícil avanzar con criterio.

El que gasta lo que no le ha costado esfuerzo obtener, nunca valorará la dimensión de lo que administra. Por lo tanto, no se puede esperar, con seriedad, que los circunstanciales orientadores de esos fondos tengan la decencia de ser cautos y recatados.

Es la sociedad, la que primero debe comprender la naturaleza de las cosas, para luego establecer las reglas que está dispuesta a jugar. Son los ciudadanos lo que deben fijar límites, definir qué toleran y que no.

Lo que se ve a diario constituye un absoluto abuso de poder, una verdadera inmoralidad que no debe encontrar amparo en la sociedad. No es admisible que quien dilapida los recursos de la gente, gastando en sí mismo como no usaría su propio dinero lo haga con tanto desparpajo, con la impunidad de quien no recibirá reproche alguno. La nómina de privilegios, de derroche evidente y de descaro sin pudor ya se ha tornado indisimulable. Los gobiernos dilapidan cada vez más y muestran su poder de ese modo.

Es cierto que a los gobiernos les falta sobriedad. No está en su esencia. Los que lo administran son solo “aves de paso”, aunque es bueno decir que conforman una corporación política que solo rota de tanto en tanto con alguna irregular frecuencia en la labor de regentear la cosa pública.

Del otro lado, la sociedad toda, la suma de individuos parece resignada o probablemente solo distraída o algo dormida. Lo concreto es que no reacciona y sigue alimentando las decisiones que llevan a transitar una historia de nunca acabar, que se reinventa para continuar hasta el infinito.

Este disparate solo cambiará cuando los ciudadanos sean capaces de salir de este letargo y abandonar las ideas que sustentan y dan soporte a este dislate que crece sin encontrar frenos. Mientras tanto se sigue asistiendo sin resistencia alguna a este patético déficit de sobriedad y sensatez.

Alberto Medina Méndez

miércoles, 30 de octubre de 2013

Desde la tribuna: ignorancia voraz

Lució muy mal el candidato a presidente del PLN, Johnny Araya, ante el sondeo que la periodista de La Teja le hizo respecto de los precios de algunos artículos de consumo básico y de alimentación popular. 

No pretendo burlarme de él, ni echarle leña a la hoguera. Sí pretendo, en cambio, reclamarle de la manera más seria y exigente su apoyo al “Paquete Tributario” de la Administración Chinchilla, al la “Consolidación Fiscal” de Ayales, ignorando absolutamente cuánto le cuestan las cosas a la gente.

Si se lanza al ruego electoral ignorando cosas básicas, es su derecho y decisión.  No se lo discuto.  ¡Allá él! Pero, en cambio, si desde su candidatura y su partido apoya la aprobación de más tributos, hace eco de la voracidad tributaria y la angurria fiscal que caracteriza al estatismo y al PLN, entonces si le subrayo su ignorancia, su lejanía de la realidad, su inconsistencia y su falta de seriedad.

Le llamo la atención a todos los costarricenses acerca de este candidato, que desde la cúpula ignora lo que sufren y viven la mayor parte de los costarricenses, víctimas de una economía afectada por los malos manejos de la economía nacional, por las distorsiones de una moneda enferma, de las cargas tributarias y los altos precios que afectan diaria y trágicamente el costo de la vida.

Es muy irresponsable lanzarse al ruedo político apoyando paquetes tributarios camuflados, desde la cómoda ignorancia de quienes tienen acceso a ingresos extraordinarios derivados de la posición política. ¡Claro que para quien no sufre el drama diario de la escasez y de la economía apretada no hay problema en apoyar más impuestos! Para quien no sabe ni cuánto cuesta la leche, ni un desayuno, ni una taza de café ni un humilde casado, queda muy fácil promover impuestos y expoliación de los demás.

Si no sabe cuánto cuestan las cosas, es su problema.  Pero si desde su ignorancia se atreve a empujar la voracidad tributaria, la expoliación para sustentar el gasto irresponsable y hasta corrupto, entonces tenemos todo el derecho a reclamar la ignorancia voraz.  Aquella que desde la falta de conocimiento hace daño al pueblo y alienta la voracidad tributaria.

Federico Malavassi

martes, 29 de octubre de 2013

La columna de Carlos Federico Smith: Cuba inicia el proceso de unificación cambiaria

Hace pocos días el gobierno cubano anunció que iniciaría un proceso para lograr la unificación cambiaria de su moneda, el peso cubano. Es decir, que ya no habrá varios tipos de cambio diferentes entre el peso y, digamos, el dólar estadounidense, sino tan sólo un valor relativo único.
Actualmente Cuba tiene dos importantes tipos de cambio. La llamada moneda nacional o CUC, cuyo valor es de 1 peso cubano por dólar, aunque en algunos lugares se señala que el valor del dólar es 0.87 CUCs; esto es, un CUC tendría un valor oficial equivalente a 1.15 dólares.  Para nuestros efectos se puede hablar de que el peso oficial cubano tiene un valor aproximado a un dólar.

El otro tipo de cambio vigente en Cuba es el del llamado peso convertible nacional o CUP, el cual actualmente se cotiza a $26,50; es decir, este dólar es casi 25 veces más caro que el oficial. 

Para entender el serio problema que esta dualidad de tipos de cambio provoca en el pueblo cubano, es necesario explicar que los sueldos y salarios en Cuba (esto es, casi todos en este sistema socialista de economía centralizada) son pagados en los relativamente devaluados CUPs, mientras que los precios de muchos artículos básicos (también controlados por el estado) son cobrados en los relativamente caros CUCs.

La reforma propuesta forma parte de lo que el Primer Ministro Raúl Castro ha denominado la “actualización del modelo” económico de Cuba y que no es sino la aplicación del sentido común que enseña la economía, desde hace muchos años, en torno a la inconveniencia de tener tipos de cambio múltiples en un país. ¡Cómo que en Cuba van aprendiendo de los sistemas económicos capitalistas!

Lástima el tiempo perdido…

Las razones que el gobierno cubano esgrimió para llevar a cabo ese proceso de unificación cambiaria son sumamente interesantes. Se pretende garantizar el restablecimiento del valor del peso cubano y de las funciones esenciales como dinero de la moneda nacional cubana, como son la de servir de unidad de cuenta, de medio de pago y de forma de atesoramiento.

La medida busca incrementar la eficiencia de la economía, medir mejor los hechos económicos y estimular las exportaciones y la sustitución de importaciones (la sustitución eficiente de importaciones, agrego yo, pues el proteccionismo de los tipos de cambios múltiples logra precisamente una sustitución ineficiente de importaciones).

Todo esto suena bien para el pueblo cubano, quien ha sido el más afectado por esa manipulación del valor de su moneda ante los mercados internacionales. No dudo de que sean pasos económicos racionales y lógicos, como se suele enseñar en las buenas escuelas de economía. “Capitalistas”, las llamaría alguna mente estalinista comunista centralizadora, que debe aún estar por allí, vagando en la
Cuba que ahora hace estos cambios.

A pesar de estos buenos augurios para la economía cubana, a la fecha hay una enorme incertidumbre en ese país, pues la medida sin duda que tendrá grandes impactos en su población.  Hoy hay grandes beneficiados con la política cambiaria distorsionada, principalmente el estado con sus dólares oficiales o CUCs, en tanto que los pobladores son los mayores afectados, al tener hoy sus salarios denominados en la moneda cara (CUPs), en tanto que mucho de lo que compra lo debe adquirir en pesos libremente convertibles o CUCs.  

Pero el problema mayor es que no se sabe, en esa economía tan distorsionada y aun centralmente dirigida en muchísimos aspectos, cuál es el verdadero valor de mercado de la divisa (llamémosla dólar). Para unificar sus tipos de cambio, es necesario hacerlo a un tipo de cambio que refleje el verdadero valor relativo de las monedas (peso cubano y dólar estadounidense).  Eso aún no se conoce por la ausencia total de algún tipo de mercado que libremente refleje esos valores. Por ello, cunde una enorme incertidumbre entre los ciudadanos cubanos, acerca de cuál será al precio al cual se unificará el tipo de cambio único.

Sabemos del enorme apoyo que Cuba le entrega a Venezuela. A cambio del petróleo de éste, le envía médicos, educadores, asesores en seguridad interna y externa, así como una significativa ayuda militar, entre otras cosas. ¿Por qué Cuba no le hace el favorcito de ofrecerle ayuda a Venezuela en cuanto a la conducción de su política cambiaria? Tal vez le harían caso a Cuba si ésta les explica las virtudes de tener una moneda unificada. Así Venezuela podría proceder a unificar sus dos tipos de cambio actuales.  Uno oficial, de 6,30 bolívares por dólar y el vigente en el mercado libre, de aproximadamente 50 bolívares por un dólar. Este tipo de cambio dual le está causando enormes daños, ya conocidos, a la economía venezolana. Venezuela, ¡Cuando las barbas de tus vecinos veas recortar, pon las tuyas a remojar!

Jorge Corrales Quesada

lunes, 28 de octubre de 2013

Tema polémico: doble moral

Llevamos ya varios años de escuchar que las finanzas públicas están en serios problemas, que el déficit fiscal nos lleva a niveles preocupantes y que se necesita una reforma fiscal. Sin embargo, los últimos gobiernos se han preocupado hasta la saciedad por aumentarnos los impuestos -tasando prácticamente todo lo que se mueva- pero no han hecho ni un pequeño esfuerzo por cerrar la llave del gasto. Una muestra más de la doble moral tan extendida en nuestros gobernantes.

Pagamos una altísima proporción de nuestros recursos en impuestos, contrario al cuento de nunca acabar de nuestros políticos, que dicen que nuestra carga tributaria apenas es del 13% del PIB. De acuerdo con la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), la verdadera carga tributaria de Costa Rica es 22% cuando a los ingresos tributarios del Gobierno Central -la suma con la que llegan a ese 13%- se le suman cargas sociales, impuestos municipales y otros cobros, lo que nos deja en el 5° lugar de América Latina, superados solo por Cuba, Brasil, Argentina y Uruguay. Como bien señaló Juan Carlos Hidalgo en su blog, el informe "Doing Business in Costa Rica", deja claro que los costarricenses pagamos, en promedio, 55% de nuestras ganancias en impuestos,  proporción mucho mayor que en el resto de países latinoamericanos y de la OCDE. 

Y a pesar de lo mucho que pagamos, el dinero no alcanza según Casa Presidencial. No alcanza para pagar los casi $12 millones que ha costado arreglar el puente de La Platina (cuando por menos dinero en cualquier país decente construyen hasta una carretera); no alcanza para pagar los más de $50 millones de la fiesta que tiene el Gobierno de la República con La Trocha (fiesta que ha dado hasta para pagar por trabajos fantasma); no alcanza para pagar la compra por más de $2 millones del Cine Variedades o los ¢3 millones por charla que pretende gastar Hacienda para su "diálogo fiscal" que no terminará en más que un espacio para que los distintos grupos y sectores hagan su berreo sin que la propuesta planteada por esa cartera se modifique en un ápice. Tampoco alcanza para pagar la ineficiencia de nuestra burocracia, que se ahoga a sí misma y ahoga a toda la ciudadanía en una avalancha de trámites, en un mar de incapacidades y vacaciones pagadas, de pluses salariales amarrados a cada aumento que disparan el gasto público, remuneraciones muy por encima de lo que se gana en el sector privado y en muchas ocasiones por marcar tarjeta de asistencia, sin generar ningún beneficio para los ciudadanos. Mucho menos alcanza para sostener un modelo de política social basado en transferencias para ayudar a unos pobres que nunca salen de su pobreza -si es que realmente lo son- y en el que nadie, ni siquiera la propia Contraloría General de la República y mucho menos los Ministerios de Hacienda y Planificación tienen la menor idea de cómo se usa el dinero, quiénes son los beneficiarios y cuál es el impacto de regalar esos recursos. Y todo esto en el Gobierno Central. Ni qué decir del sector descentralizado, las instituciones autónomas y las municipalidades, donde el gasto se dispara sin ton ni son, con megaproyectos sumamente costosos e innecesarios cuyos costos son asumidos por la ciudadanía vía tarifas o vía transferencias. Mientras el gobierno nos pide socarnos la faja y "sacrificarnos" pagando más impuestos hasta por respirar, ellos gastan a manos llenas, sin preocupación, totalmente opuestos a cualquier mecanismo de control y responsabilidad. 

Definitivamente, en este nuevo proceso electoral, esto es algo que hay que tomar muy en cuenta a la hora de ir a votar. No podemos seguir tolerando esta doble moral de pedir más impuestos y más recursos para paliar el déficit fiscal por un lado, cuando por el otro están despilfarrando todo lo que entra. Costa Rica no aguanta más impuestos: la actividad económica tiene algunas muestras muy leves e irregulares de mejora, el costo de la vida ya es suficientemente alto y el desempleo y la falta de oportunidades nos preocupan sobremanera a todos, pero especialmente a los jóvenes que ya no ven un panorama alentador en el horizonte.
 

jueves, 24 de octubre de 2013

Jumanji empresarial

En 1776, el escocés Adam Smith publica su obra clásica “La riqueza de las Naciones” donde expone una idea que fue un desafío al pensamiento económico de su época y que lo sigue siendo en el siglo XXI. La idea central del libro es que la libertad económica, y no la planificación, es la causa del desarrollo económico.

Los fundamentos de la libertad económica son: libre elección, intercambio voluntario y mercados libres. El argumento de Smith contradice la creencia popular que en el intercambio alguien gana y otra pierde. Según el escocés, todo intercambio voluntario –libre- genera beneficios para ambas partes, caso contrario la transacción no se realizaría. Este es el fundamento generador de la riqueza de las naciones. Por eso es que es absurdo creer que con el libre comercio un país gana y otro pierde porque cuando hay libertad, nadie transa para perder. Las regulaciones en materia económica, el proteccionismo, los impuestos, el gasto público, los obstáculos a la inversión extranjera, los monopolios públicos creados por ley, etc. no hacen más que reducir las ventajas del intercambio voluntario según Smith.

Pero, ¿qué dice la evidencia empírica al respecto? En 1996 se publicó el primer reporte anual del “Economic Freedom of the World” que elabora el Fraser Institute de Canadá en cooperación con el Instituto CATO de los EE.UU. Este primer informe tomó años de investigación con un equipo interdisciplinario que incluyó a varios premios nobel. El informe anual del 2013 clasifica a 152 países utilizando 42 variables en cinco áreas: Tamaño del gobierno, protección a la propiedad privada, libre comercio, una sana política monetaria y regulaciones en los mercados de crédito, negocios y mano de obra. Quien quiera revisar con detenimiento las conclusiones de la publicación le recomiendo visitar la página del CATO y descargar una versión gratuita en formato PDF.

La conclusión del “Economic Freedom of the World” es contundente: Existe una relación directa entre libertad económica y desarrollo económico. Donde los impuestos son más bajos, mayor es la tasa de crecimiento. A menor gasto público, mayor es la tasa de crecimiento de los salarios. Donde hay menos regulaciones en los mercados, existen menores tasas de desempleo. En fin, a mayor libertad económica, más es la riqueza y el bienestar de los pueblos.

José Joaquín Fernández

miércoles, 23 de octubre de 2013

Desde la tribuna: cuentos y mala administración. Paquete tributario a la vista

Ahora el nombre es “Consolidación Fiscal”, pero se dice que “la mona, aunque de seda se vista …” A final de cuentas es un “paquete tributario” más.

Nueva versión del mismo vicio: ofrecimiento de racionalidad fiscal, pero los hechos contradicen las palabras. El gobierno gasta a manos llenas, desperdicia el esfuerzo de los costarricenses y bota la plata (trocha, infraestructura, refinería china).

Obviamente, con tal antecedente y poniendo atención a lo que hacen (el gasto sigue acelerado, el endeudamiento público es indecente) es obvio que no hay disciplina fiscal y que, a final de cuentos (no “cuentas”) no estamos sino ante un pretexto para intentar otro “paquete de impuestos”.

Esta vez la cosa es más grave, en el documento de los cuentos se admite que se quieren gravar los bienes meritorios de educación y salud:

Respecto del intento de poner impuestos a la educación y a la salud, se dice lo siguiente:

“Considerar tratamientos diferenciados a bienes meritorios según criterios de eficiencia y equidad. Específicamente:

- Gravar los servicios privados de educación, introduciendo tasas diferenciadas por nivel educativo tomando en cuenta eficiencia y equidad. Por ejemplo, estudios basados en la última encuesta de ingresos y gastos muestran que más del 90% de los estudiantes de educación básica y media privada provienen de familias que pertenecen al 20% de la población de mayores ingresos, porcentaje que se reduce a alrededor de un 50% en el caso de los estudiantes a nivel universitario privado.

- Gravar los servicios privados de salud. La tasa que se aplique deberá reflejar el patrón de consumo de los servicios privados de salud por parte de la población según los niveles de ingresos. Según la encuesta de ingresos y gastos, el consumo de servicios de salud privada se concentra en los consumidores de mayores ingresos.”

También se quiere poner impuestos a los artículos de la “canasta básica”  (esos artículos cuyos precios ni siquiera conoce el candidato oficialista):

Respecto del intento de gravar la canasta básica, se expresa lo siguiente:
“ … pero si se grava parcialmente la canasta básica, tendría un rendimiento mayor. Si en adición a la ampliación de la base se incrementa la tasa general del impuesto, cada punto porcentual generaría hasta 0,3% del PIB de recaudación adicional.”

Finalmente, la restricción vehicular que es ni más ni menos que el resultado de un fracaso o un incumplimiento del gobierno, que a pesar de contar con ingresos apropiados y grandes ha sido inútil en lograr una adecuada infraestructura y ha recurrido a limitar la libertad de circulación, ha dado pie a la imaginación de la voracidad fiscal, pues se piensa devolver la libertad a cambio de un impuesto.  Leamos lo que se dice al respecto:
“Exención de la restricción vehicular por medio del pago de un derecho para circular todos los días de la semana.”

¡Qué tupé!  Les hemos dado plata de sobra para mejorar la circulación e infraestructura.  Por inútiles y malos administradores nos tienen en crisis y llenos de daños.  Por causa de sus faltas nos han puesto en restricción y ahora, ante la mala administración fiscal, lo que se les ocurre es poner un impuesto para devolvernos el derecho a circular todos los días.

Yo no pienso dejarme.  ¿Usted?

Federico Malavassi Calvo

martes, 22 de octubre de 2013

La columna de Carlos Federico Smith: la importancia de Malala

Recientemente se otorgó el honroso Premio Sakharov a Malala Yousafsai.  Este galardón se lo otorgó la Unión Europea por fortalecer la defensa de los derechos humanos. Debe recordarse que Malala estuvo a punto de ser ultimada por las balas asesinas de los talibanes en su natal Pakistán, simplemente por insistir, al contrario de las órdenes de los bárbaros, en educarse en su escuela primaria.  El gran pecado de Malala fue creer que las niñitas podían educarse en las escuelas. Eso iba en contra de prejuicios religiosos de los primitivos. Pero esa actitud de defensa de un principio básico hizo que Malala se convirtiera en un adalid de los derechos de los niños y niñas de todo el mundo para poder educarse. ¡Dios sabe por qué pidió ese enorme sacrificio a Malala! Tal vez para recordarnos la enorme obligación moral que tenemos los adultos de educar a nuestros descendientes.

La responsabilidad de la educación de los niños y niñas radica esencialmente en los padres o los jefes de hogar en donde moran esos infantes.  Por lo general, en todas las sociedades modernas el estado desempeña un papel muy importante en ese proceso educativo, especialmente en la llamada educación pública. Pero la esencia de la formación de los niños se acuna en los hogares.  Los padres responsables deberán no solo inculcarles valores, principios y tradiciones largamente establecidos y apreciados, sino también lograr que tengan acceso a una educación libre y formal que se imparte en las escuelas, ya sean públicas o privadas.

Me acuerdo, cuando era niño y acudía a la escuela y al colegio, de los enormes esfuerzos de mis padres para que fuera aseado, bien presentado, con las tareas hechas, con el sanguchito, si era posible, pero sobre todo por su permanente énfasis en la importancia vital de adquirir la mejor educación posible.  Hoy me incomoda mucho que, si no es que se les da plata del estado para educar a sus hijos, ciertos padres no parecen mostrar interés en que se eduquen asistiendo a las escuelas y colegios. Parecen depreciar la responsabilidad que adquirieron cuando decidieron traer hijos al mundo.

El esfuerzo de Malala no es sólo para lograr que las mujercitas se eduquen, si bien es cierto que su lucha por ello provocó la intentona de su muerte. Más bien es un símbolo de lo crucial  que es para toda sociedad el que sus hijos e hijas adquieran una educación. Es una preparación básica para que puedan progresar y vivir mejor

Podrán ser muy buenos los maestros –de muchos de ellos guardo el mejor recuerdo y admiración- nunca sustituirán la función educadora de los padres. Simplemente debido a su cercanía biológica. Jamás un burócrata de un ministerio podrá guiar a los niños y niñas mejor que como pueden y deben hacerlo los padres de familia.

Por eso es fundamental que inculquemos en nuestros niños y niñas de cierta edad, lo que significa que tengan hijos sin que haya de por medio un padre responsable. No tengo ni idea de cuántos niños y niñas nacen cada año en Costa Rica sin la presencia de ambos padres. Parece ser una información semi-oculta. Sólo cuentan con la infaltable madrecita.  El progreso económico de esos hogares, bajo la responsabilidad única de una madre soltera, es mucho pero mucho más difícil de lograr, comparado con familias en donde ambos padres se responsabilizan de la educación de los niños y las niñas. 

Lo expuesto parece ser una realidad, aunque sea algo incómoda para algunos.  Los padres de hoy (y de siempre) tienen la obligación básica de educar a sus hijos y de enseñarles, a cierta edad, algo que es esencial: cómo es que la vida se les dificulta enormemente, si traen hijos al mundo sin estar a la par ambos padres responsables.

Jorge Corrales Quesada

lunes, 21 de octubre de 2013

Tema Polémico: El diálogo nacional de Edgar Ayales

Esta semana nuestro ministro de hacienda Edgar Ayales hizo público un estudio en el que analiza la situación fiscal del país y se proponen supuestas soluciones. Éstas, aparte de unas cuantas recomendaciones ligadas a la eficiencia del gasto que analizaremos más adelante, no es más que otro intento del Gobierno de querer meternos más impuestos. Por más absurdo que parezca, pues en el estado de la economía actual más impuestos sería como un golpe de gracia al país, en esta ocasión el paquetazo nos llega en un ambiente increíblemente favorable para que pase pues casi todos los partidos políticos con excepción del Movimiento Libertario y casi todos los medios de comunicación lo apoyan. 

La Nación, por ejemplo, casi al mismo tiempo que el documento de Ayales sacó un editorial apoyando abiertamente el aumento de los impuestos y calificando de irresponsables a todos aquellos que estén en contra. Palabras muy fuertes, especialmente viniendo de un medio acusado por fraude fiscal. Qué fácil es pedir más impuestos y no pagar los que le corresponden. Y es que esa es la actitud de la mayoría de las personas que e instituciones que apoyan el paquetazo, aunque nunca lo admiten, creen que es necesario aumentar la carga fiscal pero nunca la propia.

No terminamos de comprender como tantas personas siguen apoyando más impuestos pues son muchísimas razones las que demuestran que ésta no es la solución. En ASOJOD, al igual que todos creemos que esté déficit fiscal sostenido es un enorme problema para el país y debe corregirse pero observamos como los gobernantes siguen tratando de ver como corregirlo de cualquier forma sin tratar de reparar lo que causó el problema desde el puro inicio: el exceso de gasto. La solución supuestamente es más impuestos, pero, ¿Qué se logrará con más impuestos? Una reforma fiscal devastadora para la economía lo más que podría reducir el déficit sería en un 2% del PIB (y lo dudamos pues, sin lugar a dudas, más impuestos implicará más evasión y menos crecimiento económico). El déficit es casi del 6%. Esa solución no solucionará el problema ni tan siquiera en la mitad. La justificación de siempre, y se repite en el documento de Ayales, es que otras economías de Latinoamérica tienen una carga tributaria mayor ¿Y qué? Aunque fuera cierto, esas economías deberían buscar formas para bajar la carga tributaria no verse al contrario.

Basta usar la lógica un poco para concluir que la única manera de solucionar esto es disminuyendo el gasto. El Estado venía con un sostenido superávit fiscal hasta el 2008 que don Oscar Arias Sanchez decidió incrementar el gasto desmedidamente para evitar una crisis. Los problemas de la crisis no se evadieron, tan solo se postergaron unos dos o tres años. La pregunta clave es: ¿Este incremento en el gasto aumentó la eficacia del Estado, la calidad de la educación o de la salud, la infraestructura o disminuyó la pobreza? Para todo esto la respuesta es un categórico NO. Entonces, seguimos con el mismo mal Estado pero ahora es más gastón. La solución es evidente: hay que disminuir el gasto y, por lo menos volver al estado de antes del 2008.

Ahora bien, analizando este documento, se pueden rescatar algunas recomendaciones que consideramos aceptables. Por ejemplo, coincidimos con él en la irresponsabilidad de aprobar proyectos de ley que incrementan gastos sin analizar sus fuentes de financiamiento (situación que nuestra constitución prohíbe). También desaprobamos que más del 90% del presupuesto nacional este comprometido por ley. Finalmente, coincidimos en que contamos con un sistema tributario complicado lleno de excepciones y tasas diferenciadas y eso dificulta mucho la recaudación. Nosotros apoyaríamos una reforma que busque un sistema más se sencillo de tasas bajas sin excepciones. Algo parecido a un “flat tax”. Lamentablemente no sentimos que esta sea la intención de este estudio de nuestro ministro de hacienda.

La intención de este ministro es clara y es más impuestos. Este documento propone implementar IVA, colocarle impuestos a las transacciones bancarias, meter renta global y otras. Muy lamentable, pero lo más lamentable es que esta vez será la vencida y nos “clavarán” más impuestos. Lo mejor que podrán hacer los pocos sensatos que están en desacuerdo con esto es tratar de negociar condiciones un poco menos desfavorables. Lo único bueno que se podría rescatar de este seguro paquetazo es que luego que dejar en evidencia que el problema del déficit no se soluciona con más impuestos; todos, finalmente y porque no les queda de otra, se tendrán que concentrar el verdadero problema que es el gasto.

viernes, 18 de octubre de 2013

Viernes de Recomendación

Para el día de hoy queremos recomendarles la entrevista realizada por el politólogo Clauio Alpizar en su programa "Noche sin Tregua" al candidato presidencial Otto Guevara. En la misma Guevara presenta una serie de interesantes ideas, sobre todo en el tema de la CCSS, el cual sin duda es uno de los problemas que más preocupa e inquieta a los constarricenses.

jueves, 17 de octubre de 2013

Jumanji empresarial: es absurdo desincentivar el ingreso de capitales

No encuentro en la literatura económica un solo argumento que hable de la necesidad de evitar el ingreso de capitales. ¡Todo lo contrario! El ingreso de capital, sea de corto o largo plazo, viene a sumar al ahorro nacional. Sin ahorro, no puede haber inversión, ni crecimiento, ni generación de empleo. Por tanto, ningún ahorro podrá ser jamás fuente de inestabilidad económica.

Cuando un capital extranjero compra un título valor en colones, se está prestando recursos al emprendedor costarricense y la única manera de que este último honre dicha deuda es que su actividad sea productiva. Por tanto, es absurdo por definición, un proyecto de ley que pretenda desincentivar el ingreso de capitales no productivos de los productivos. Si el capital extranjero fuera utilizado en actividades no productivas, éste no podría jamás recuperar su inversión.

En teoría económica, el especulador cumple una función estabilizadora -sí, estabilizadora- porque es quien logra anticipar cambios en variables fundamentales en la producción y con ello hace que los cambios en cantidades y precios sean más estables y menos volátiles que en ausencia de especuladores.

El incremento en las reservas monetarias internacionales (RMI) del 2012 fue tan solo una pequeña fracción del incremento en las RMI que Costa Rica ha experimentado desde el 2004. El ingreso de capitales no es un fenómeno de corto plazo sino de largo plazo que se viene manifestando de manera constante desde hace 10 años. La apreciación del colón es inevitable. Dicha apreciación significaría que caería el precio de todos los bienes importados, incluyendo la gasolina, lo cual implica un incremento en el salario real de todas las personas que ganan en colones. ¡Excelente noticia!

Los problemas no surgen de los especuladores sino de los gobiernos que tratan, con políticas de corto plazo, evitar los cambios fundamentales que se van manifestando en la economía. El problema actual es que el Banco Central de Costa Rica se empeña en mantener un tipo de cambio de manera artificialmente alto. La historia económica nos enseña que toda burbuja financiera, o crisis económica, surge con políticas del gobierno de corto plazo negando los ajustes de largo plazo. ¡Así sucedió en la Administración Carazo Odio! Por tanto, por el bien de Costa Rica, archivemos ya el proyecto de “Ley para Desincentivar el Ingreso de Capitales Externos”.

José Joaquín Fernández

miércoles, 16 de octubre de 2013

Desde la tribuna: el gobierno nos arruina

El gobierno nos arruina y nos roba el futuro. El acelerado crecimiento del gasto público nos está destruyendo.

La calidad del gasto es absolutamente discutible, objetable e impugnable. Un gobierno tan descuidado nos arruina porque se convierte en un peso insoportable para la sociedad, le extrae sus recursos, los utiliza mal y no cumple las metas impuestas.

Por otro lado, el exceso de gasto público nos está llevando a un alto endeudamiento.  Ello significa otro serio lastre, ahora puesto sobre las posibilidades, sobre el futuro.

Los males no vienen solos, pues en lugar de un propósito de enmienda, en vez de una solución apropiada, lo único que aparece es el ánimo angurriento en forma de nuevo paquete tributario.

Ello implicará muchas horas de trabajo en el pulso legislativo y los órganos correspondientes no se dedicarán a mejorar el sistema jurídico, a perfeccionar la legislación, a ejercer un adecuado control político sino a discutir la voracidad fiscal.

Una de las cuestiones principales es que no se trata de un gasto de gran calidad. ¡Qué va!  La infraestructura pública, literalmente, hace aguas.  La gestión intangible todavía está peor.  Si el gobierno y la administración pública al menos tuvieran un gasto de calidad, al menos existiría el consuelo de buenos sistemas, de buena educación, de buenas vías, de buenos muelles, de buena gestión general.  Pero, desdichamente, ese no es el cuento.  

Buena parte del electorado es culpable de este desastre.  No ejerce con responsabilidad el voto y se apunta al clientelismo electoral.  Busca promesas vacías y no termina de entender cuán malo es no exigir cuentas, cuán dañino es tolerar el apartamiento de las normas constitucionales y cuán pernicioso y pervertido es entregar el control de determinadas actividades al sector público.

Es que si los perjudicados fueran únicamente los que toman las malas decisiones, entonces otro gallo cantaría.  El problema es que algunas veces dejan a todos sin salida, embarcados y endeudados.

Federico Malavassi Calvo

martes, 15 de octubre de 2013

La columan de Carlos Federico Smith: escogiendo profesiones

En mi columna de ASOJOD del pasado 20 de setiembre me referí al tema del empleo en el marco de la propuesta de nuevos impuestos. Concretamente señalé que cómo se podía pretender aumentar los tributos, en presencia de un muy elevado desempleo en el país.  Más gravámenes terminarían por afectar la inversión y, en consecuencia, reducirían el nivel de empleo productivo en la economía.
Pero la discusión, al menos en cierto programa de televisión, ahora parece haber tomado un cariz distinto, si bien crucial para cada una de las personas desgraciadamente desempleadas. Se enfatizó en cómo ciertos grupos de profesionales han estado buscado empleo en lo que estudiaron, pero durante mucho tiempo no lo han encontrado. Destacó dicho programa televisivo una lista de profesionales recién graduados quienes no encuentran empleo, en donde aparecen sicólogos, abogados, médicos y periodistas, entre los que recuerdo. 

Es interesante destacar que la medida de desempleo abierto, que en el país ronda un 10%, según la Dirección General de Estadística y Censos (INEC), es tan sólo uno de los indicadores de la situación laboral del país. Creo que no es casualidad que el gobierno enfatice dicha medición para indicar la desocupación que puede haber en el país.  Por su parte, profesionales de la Universidad Nacional (UNA), como Roxana Morales o Henry Mora, expresan que la tasa actual de desempleo en Costa Rica es de un 18%.  Se equivocan en esto, pues a la tasa de desempleo abierto, que es del 10% indicado por el INEC y la cual es definida por estándares internacionales desde hace mucho tiempo, los economistas de la UNA le adicionan la tasa de subempleo, así como el porcentaje de quienes han dejado de buscar empleo (que comprende, entre otros, a quienes se han rendido en su búsqueda de empleo o están enfermos, discapacitados).  Todos y cada uno de estos indicadores son importantes para disponer de una impresión de la situación laboral actual del país, pero no es válido hacer esa mezcla de perros, gatos y ratones, por el solo hecho de que todos son especies de animales.

La situación laboral –estoy de acuerdo con los analistas de la UNA- de ninguna manera es la deseable. El economista Leiner Vargas no explicó la causa de tan elevado desempleo en un programa de televisión del Canal 7, quien dijo que “la principal razón por la cual ha desencadenado el desempleo es porque la economía no ha sido capaz de aumentar la producción y el dinamismo interno”. La pregunta importante y apropiada era ¿por qué la economía nacional no ha generado el suficiente empleo, de forma que permita una reducción de la tasa de desocupación? Eso es parte de lo que traté de explicar en mi comentario previo en ASOJOD.

También en una mesa redonda de Telenoticias, se indicó que existía profesiones, como derecho, sicología, periodismo y medicina (podría estar dejando por fuera alguna otra), en donde abunda el desempleo (se brindaron cifras) lo cual en sí debe preocuparnos, pero debe buscarse una explicación adecuada. La insuficiencia de demanda es clara en profesiones tales como derecho, en donde los propios abogados reconocen (aunque incluso den clases de esa materia), que ya no caben más en el mercado.  Tal vez valdría la pena cuestionarse si el actual sistema de fijación de precios o tarifas bajo la obligatoriedad que impone el Colegio de Abogados, es la causa de que muchos jóvenes busquen estudiar dicha carrera bajo la ilusión de que, a esos precios fijados artificialmente altos, podrán encontrar su demanda de servicios en el mercado. A la vez, la imposición de costos más altos en el mercado puede ser una razón que explique la baja cantidad demandada de esos profesionales, quienes en muchos casos terminarán buscando otras ocupaciones, como, por ejemplo, convertirse en políticos (puede constarse la abundancia de abogados que aparecen en las papeleteas actualmente propuestas para la próxima elección de diputados).

En cuanto a los profesionales sicólogos, en la Asamblea Legislativa se nos intentó meter, por medio de una ley, la obligatoriedad de obtener un certificado de algún sicólogo para poder obtener una licencia de manejar (además de la que ya se pide para uso personal de armas). Lo que se pretendía con esa ley era simplemente generar una demanda artificial de dichos profesionales, aunque el costo de esa medida tuviera que ser pagada por todos los restantes ciudadanos.  

Los periodistas constituyen otra profesión en donde el mercado es actualmente muy limitado y en mucho sujeto a una muy fuerte transformación tecnológica y el gremio de los médicos continúa sujeto a una situación de cuasi-monopsonio; es decir, primordialmente en manos de un único demandante de sus servicios, cual es la Caja del Seguro Social.  Es de esperar que, con los problemas actuales de la Caja, se fortalezca la actividad privada en todo ese sector, lo cual terminaría beneficiando, entre otros, a los médicos, pues habría un mercado más competido en la contratación de sus servicios.

Un estudio reciente del CONARE expuso que, en la actualidad, las siete profesiones en las que los graduados encontraron empleo (y que era lo que pretendían) son Estadística, Archivística, Ingeniería Civil, Ingeniería Eléctrica, Imagenología (sic) y Microbiología, en tanto que las siete profesiones en donde no encontraron trabajo para el cual estudiaron en las universidades, fueron Biología, Periodismo, Terapia Física, Diseño de Interiores, Planificación, Publicidad y Sociología. Casualmente también muchas de ellas son las señaladas en el programa de Telenoticias antes mencionado.

¡Escoger una carrera profesional es una decisión muy importante en la vida de las personas! Enfatizo esto en especial porque estudiar algo es en parte consumo -las ansias personales de saber y disfrutar de ciertos aspectos del conocimiento humano- y por otra parte constituyen una inversión; esto es, estudiar algo que le permita a la persona, cuando termine, obtener mejores ingresos y un mayor bienestar económico.  Si se estudia por el placer de aprender algo que se aprecia, no hay razón para que se le deba pagar a alguien por consumir lo que libremente escogió.  Es el mismo caso de que una persona quien escoge tomar un curso de cocina por el placer que de él obtiene y no porque, por ejemplo, piense montar un restaurante. Se supone que la persona debe pagar por su consumo, al igual que lo hace cuando compra un sánguche o sale de viaje o si compra un cuadro o lo que sea.  Es la preferencia reflejada de esa persona adquirir ese bien o servicio para satisfacer sus deseos o necesidades propias.

Si se estudia una carrera al ser visualizada como una inversión, entonces la persona debe tener cuidado en el buen uso de sus recursos (lo cual incluye el pedir prestado), de forma tal que los costos o pagos en que incurre por sus estudios sean más que compensados con ingresos futuros más altos y que más que compensen el valor del dinero que invirtió a través del tiempo. Obviamente en dicha evaluación el recién graduado debe tener presente que la falta de experiencia es un factor que, supuestamente al principio, le va a dificultar conseguir un empleo. Ello se hace especialmente difícil en un país como Costa Rica, en donde no se permite a las empresas realizar contrataciones de trabajadores a menores salarios, en tanto desarrollan experiencia laborando como aprendices durante un tiempo. En todo caso, la decisión económica que tiene entre manos quien decide estudiar para generar mayores ingresos en el futuro, es idéntica a la que si uno, en vez de estudiar, dedica su plata (o pide prestado) para comprar un lote o construir una casa o montar un negocio o ahorrar, entre muchas otras posibilidades de invertir sus recursos escasos.

Lo importante es que, la educación, ya sea vista como consumo o inversión, es una decisión que debe tomar cada individuo al escoger ese camino en su vida (por supuesto que dicha decisión puede tomarla en conjunto con su familia o amigos o recibiendo el consejo de personas conocedoras). De aquí la responsabilidad que tiene cada uno de valorar adecuadamente, si ese gasto importante en educación como consumo es lo que efectivamente se desea y, si se le vislumbra como una inversión, si en lo que se mete a estudiar va a encontrar un empleo adecuado al terminar su carrera.

Con todo respeto, si un hijo mío me pide mi opinión acerca de estudiar hoy derecho o periodismo o sociología o planificación o sicología, le sugeriría valorar la idea una y otra vez, con la esperanza de que se dé cuenta de que puede ser una “mala” inversión, aunque obviamente eso dependerá de cada caso en particular. Si, por otra parte, busca estudiar esas profesiones para obtener una satisfacción personal (consumo), le haría saber que no espere de ellas un alto rendimiento de su decisión como inversión. 

Lo que me entristece es que esa responsabilidad de escoger quedó totalmente de lado al final de la discusión en Telenoticias: hubo un insinuador sesgo del periodista y de los dos expositores invitados, al pretender responsabilizar a las universidades privadas por ese problema de desempleo profesional, como si no fueran en su mayor parte carreras que también se ofrecen en las públicas. Además, la solución propuesta o que al menos quedó dando vueltas, fue que las universidades pusieran cuotas de admisión. Me imagino que el destino de la elección del estudiante quedaría finalmente en manos del burócrata de turno, quien posiblemente tiempo después mostrará cuán equivocado podía estar al definir cuántos alumnos son los que pueden entrar a las carreras que a él, en ese momento, se le podría ocurrir.  Me parece que es un grave error entregar tales decisiones individuales a algún arrogante burócrata que pretende conocer con certeza infalible el futuro de las profesiones en el país. Por ejemplo, me imagino a ese burócrata en 1975 no permitiendo que se estudiara libremente para profesiones desconocidas y experimentales, con poca demanda en ese momento, como en ese momento lo eran aquellas ligadas a la informática y a la computación, por ejemplo, y aún menos la robótica o la nanotecnología.  Me cuesta pensar que esos burócratas, limitados por definición en su conocimiento, serán capaces de definir con certeza cuáles serán las carreteras que se demandarán cinco años después. El que escoge, el estudiante, podrá ser informado de lo que alguno de esos burócratas puede pensar (o no pensar), pero no debe limitársele en lo que, a su riesgo, como tantas otras cosas en la vida, decide escoger.

Por ello creo que la tarea principal, al definir el estudiante qué carrera elige, debe descansar en manos de quien vaya o esté dispuesto a pagar o asumir los costos por esos estudios. Sin duda que al escoger es necesaria mucha reflexión y que es deseable una intensa búsqueda de información.  Lo que al momento se conoce, bien puede variar en el curso de los años, por lo cual ojalá que las universidades brinden flexibilidad en las carreras que prosiguen sus estudiantes, a  fin de que puedan adaptarse a nuevas circunstancias que suelen presentarse conforme pasa el tiempo.  

Para ser franco, no creo que esos burócratas estatales, quienes hipotéticamente fijarían cupos y limitaciones a la libre elección de sus carreras por parte de los estudiantes, vayan a ser los más propensos a facilitar la adaptación deseable. No olviden que no son ellos los que usualmente terminan por pagar las consecuencias de haber escogido mal una carrera profesional. Suelen ser los mismos estudiantes quienes pagarían sus errores en caso de escoger mal.  Es la responsabilidad de los resultados de sus propias acciones lo que mejor informa al estudiante potencial, de que debe escoger, con buen criterio e información, la carrera profesional que desea proseguir.



Jorge Corrales Quesada

lunes, 14 de octubre de 2013

Tema Polémico: Elección de Vicepresidentes


Sin duda el tema más importante de cara a las próximas elecciones es el económico. A este respecto son varios los retos que afronta nuestro país en este campo, a saber: generación de nuevos empleos, aumento reales en los salarios, reducción del déficit fiscal y la planilla estatal, una reforma tributaria (impuestos bajos y sencillos y control del gasto público), control de la inflación, etc. Así las cosas, la elección de vicepresidentes se convertía en un escenario idóneo para que cada candidato presidencial presentara al electorado la importancia y el estilo que daría a este tema. Por lo que el día de hoy en ASOJOD deseamos elaborar unas cuantas ideas y reflexiones a este respecto:

Empecemos por el candidato que va adelante en la carrera presidencial. El eterno Alcalde de San José eligió a Jorge Pattoni como uno de sus vicepresidentes Si por la víspera se saca el día no cabe duda alguna que el gobierno liberacionista será más de lo mismo: privilegios económicos para unos a costas del resto de los ciudadanos. El señor Pattoni viene de una empresa acostumbrada a estar sobreprotegida de la competencia, y a estar exenta del pago del impuesta de la renta, es decir, el señor Pattoni se encuentra totalmente alejado de la realidad en cuanto a lo que se requiere en un país para generar verdadera riqueza, ya que nunca ha tenido que producirla en su empresa.

Por su parte, el candidato del PAC equivocadamente decidió si bien decidió nombrar a un economista, pareciera ser que es su otra vicepresidente la que más puede resonar en ciertos sectores del electorado, sobre todo, en aquellos que promulgan un respeto a las libertades civiles e igualdad de derechos ante la ley.

Por otro lado, José María Villalta demostró una vez más su ingenuidad respecto a los temas económicos, al no haber seleccionado a ninguna persona que tenga conocimientos de fondo en esta materia. Definitivamente, cuando se escuchan las intervenciones de Villalta respecto a la economía, siempre queda un sabor a que el actual Diputado tiene un pensamiento absolutamente mágico e ingenuo en este campo. Es decir, pareciera que el señor Villalta cree que la prosperidad se alcanza con la mera legislación, sin tomar en cuenta las leyes económicas.

Por último, tenemos al Movimiento Libertario. En ASOJOD creemos que Otto Guevara se ha puesto una flor en el ojal con la elección de un economista de la talla y claridad de Thelmo Vargas. Don Thelmo ha sido un decidido abanderado del crecimiento económico, del control y eficiencia del gasto público, y de un enfoque respecto al tema de la desigualdad que se ha decantado por el mejoramiento de las condiciones económicas de todos los ciudadanos en lugar del facilismo y demagogia de la redistribución de la riqueza.

Así las cosas, en ASOJOD pensamos que Otto Guevara ha ganado este primer pulso, ahora bien, la superioridad académica y programática de su equipo económico debe de ser debidamente publicitada, es decir, el Movimiento Libertario debe empezar a hacer una verdadera campaña de ideas en donde se capitalice este importante activo, y dejar de una vez por todas la publicidad light que ha venido pautando. 

miércoles, 9 de octubre de 2013

Desde la tribuna: confusión y verdadera libertad

Comentábamos la semana pasada acerca de la esencia de la libertad (autodeterminación con responsabilidad) y cuán lejos está ello de la lucha por los llamados derechos programáticos.

En ello juega un rol principal el concepto que se tiene de la vida en sociedad y del instrumento denominado Estado.  Este instrumento de la vida en sociedad ha sido idolatrado por muchos.  Quien idolatra al Estado incurre en fascismo y sin remedio. Hay un instrumento primero que es el Derecho, el Estado está supeditado al Derecho.  Ambos sirven a la vida social y al ser humano, no al revés. Sin embargo, algunos y en determinados momentos invierten las prioridades.  A ello conlleva el clientelismo político, el abuso del poder y la corrupción.  

Asimismo, en algunos momentos además, se suma a tal confusión la falsa libertad, la idea de gestionar como derechos de libertad situaciones que más bien corresponden a derechos programáticos (prestaciones públicas).

Por supuesto que tal esquema engorda al Estado y convierte la vida en una existencia muy regulada A ello se suma la enfermedad del miedo a la libertad (a veces coincidente con la “agorafobia” o al menos comparable).

Si no se tienen claros los campos del Derecho y de las libertades públicas esenciales (poder de autodeterminación) y la importancia constitucional de la declaración de derechos básicos y fundamentales (campo que no puede ser invadido por el Estado ni por la coacción sino únicamente por la responsabilidad), entonces se dará campo al fascismo, a la corrupción y al abuso del poder, mezclados con el clientelismo y demás problemas. 

Federico Malavassi Calvo

martes, 8 de octubre de 2013

La columna de Carlos Federico Smith: hombre rico y hombre pobre


Pronto se escuchará el mantra de que “los ricos paguen como ricos y los pobres como pobres”. Eso se suele oír cuando alguien o algunos proponen mayores o nuevos impuestos. Esa frase tiene la virtud de exaltar la presunción de que el rico es, de alguna forma, una persona que ha obtenido ingresos mal habidos o que para poder enriquecerse tiene que haber causado algún daño a alguien.

Hace poco encontré un comentario muy interesante del columnista Daniel Henninger, quien escribió lo siguiente, al leer un documento presupuestario del gobierno, el cual señala que 

“No hay nada malo con hacer dinero, pero hay algo malo cuando dejamos que se sesgue tanto la igualdad de condiciones (“playing field”) en favor de tan pocos… Es un legado de irresponsabilidad y es nuestra obligación cambiarlo.”

Henninger ripostó que

“El lenguaje rencoroso usado para describir a estos contribuyentes (de impuestos), evidencia con claridad que, como un asunto de política pública, a ellos se les obligará a 'pagar por' el hecho de poseer riqueza –sin importar cuántos de ellos trabajaron honesta y honorablemente para producirla.” (Ambas citas provienen de Steve Forbes and Elizabeth Ames, How Capitalism Will Save Us, New York: Crown Business, 2009, p. 110.)

Criticar a los ricos suele ser políticamente rentable.  Los políticos a menudo hablan en términos de “ellos” los ricos versus “nosotros” los pobres, por supuesto que dejando de lado el hecho de que muchos se enriquecen a través de prebendas resultantes de su influencia política. Pero aun así, esos hombres públicos no son capaces de darse cuenta o prefieren ignorar, el hecho de que posiblemente hay mucho más individuos quienes se enriquecer sirviendo a las demás personas, al atender o satisfacer sus deseos y necesidades.  

En muchas ocasiones se han hecho fortunas al actuar los ricos claramente en la satisfacción de los consumidores relativamente más pobres.  Es, tan sólo un ejemplo, el caso de Henry Ford, quien produjo su famoso modelo T mediante técnicas productivas novedosas.  Hizo de éste el vehículo que los pobres podían adquirir.  Los ricos amigos de Ford podían comprar otros vehículos de marcas caras, pero los relativamente más pobres pudieron obtener los vehículos de Ford. Con esto, Ford logró un enorme enriquecimiento personal de los pobres. Tanto Ford como los consumidores pudieron vivir mejor: aumentó su riqueza.

El facilismo con que se esgrime el conflicto entre “ricos” y “pobres”, en especial para lograr la aprobación de mayores impuestos, oculta el hecho frecuente en la historia de la humanidad, cual es que muchos de los bienes que hoy pasan casi sin ser notados, inicialmente se produjeron para satisfacer los deseos de grupos de ricos relativamente pequeños. Piense el lector nada más, por un momento, en la evolución que han tenido artefactos usados para alimentarse, como, por ejemplo, las cucharas o los tenedores. Primero se produjeron exclusivamente para los señores de las cortes, pero la habilidad de los empresarios para producirlos en masa y que fueran más, pero mucho más baratos, permitió que se hicieran presentes en los hogares de las personas relativamente más pobres. Tal fenómeno es altamente conocido por cualquier historiador y es casi característico de todos los bienes, que inicialmente suelen ser producidos para unos pocos, usualmente ricos, pero que luego llegan ser adquiridos por los grupos más pobres de las sociedades.

El hecho de brindar un bien o un servicio para el uso de las grandes masas, es la razón por la cual se han enriquecido muchos individuos. Estos estuvieron dispuestos, en momentos cruciales, a proveer el capital necesario para poder realizar las inversiones, edificaciones y la producción de maquinaria requeridas, así como también a asumir el riesgo de fracasar en su empeño. También crearon empresas que generaron múltiples empleos y fueron capaces de innovar productivamente en los mercados, siempre teniendo en mente la posibilidad de mejorar la situación existente por medio de la competencia.  

Cuando uno compra una computadora no se pregunta si con ello se va a favorecer a un rico como Bill Gates, sino, más bien, si, por lo que paga aumenta su bienestar; es decir, si el beneficio que le brinda una computadora es mayor que el costo de adquirirla y operarla. Acaso cuando uno voluntariamente va a comprar a Wallmart lo hace porque son gringos o porque les caen bien. Lo hace porque allí los productos son mejores o más baratos o ambos o bien porque les queda más cerca.  

Es así como se han enriquecido muchos empresarios, al buscar satisfacer la demanda de los consumidores, quienes casualmente suelen ser aquellos grupos más numerosos.  Esos empresarios ricos normalmente son más acaudalados que el promedio de los individuos en sociedad, pero el hecho es que comparativamente los menos ricos suelen ser un número abrumadoramente mucho mayor.  Lo que en la jerga de la “administración de negocios” se suele llamar “mercados de masas”, muy a menudo es el blanco de los propósitos de venta de los ricos. 

Ello explica por qué se anuncia tanto, masivamente, en las transmisiones televisadas de los juegos de fútbol de nuestra selección, en comparación con la publicidad que se hace en las transmisiones de, digamos, un partido de golf o de regatas de yates. Claramente hay un número mucho mayor de televidentes, el cual suele ser menos rico que el promedio de los vendedores antes mencionados. Por el contrario, los ricos aficionados al golf o a los yates suelen ser una cantidad mucho menor. Por eso los anunciantes pagan tanto por transmitir su publicidad en los juegos de fútbol de nuestra selección y poco por la de esos otros juegos. En los primeros el mensaje le llega a la masa relativamente más pobre, que es mucho más grande que los relativamente pocos ricos que miran programas de golf o de yates.

La riqueza también la pueden obtener algunos si el estado deliberadamente se los faculta.  Por ejemplo, cuando el estado otorga un status monopólico a algún empresario o cuando decreta aranceles que encarecen artificialmente un bien importado, obligando al consumidor a adquirir el bien producido domésticamente a un precio mayor o de una calidad menor. Cuando el estado interviene para evitar la competencia que favorece al consumidor, permite que el empresario protegido se enriquezca artificiosamente. Se da un enriquecimiento a costas del bienestar del consumidor. Esta procedencia de la riqueza difiere radicalmente de aquella que el empresario obtiene al servir al consumidor.

Por razones como estas es que los liberales nos oponemos a que el gobierno le otorgue privilegios a algunos y no a la generalidad. No consideramos deseable que se puedan enriquecer en detrimento del bienestar del consumidor, quien posiblemente es más pobre que el promedio de esos empresarios protegidos.  

También muchos ignoran que los ricos no son siempre los mismos a lo largo del tiempo.  Brindo un ejemplo de los Estados Unidos, pues para ese país si se dispone de la información necesaria: 

“Más de un 90 por ciento de las personas que obtuvieron ingresos en los Estados Unidos en 1975, estaban en el 20 por ciento más bajo, pero tuvieron un estándar de vida más alto en 1991. De hecho, más de la mitad de aquellos que en 1975 estuvieron en el fondo, tuvieron en 1991 un estándar de vida más alto que el obtenido por el estadounidense promedio en 1975. Aún en términos relativos, más de aquellos quienes estuvieron en el 20 por ciento más bajo en 1975, lograron el 20 por ciento superior en 1991, en comparación con aquellos que permanecieron en el 20 por ciento inferior. En efecto, una mayoría absoluta de aquellos que estaban en el 20 por ciento inferior en 1975, en algún momento durante esos 16 años habían logrado ascender al 20 por ciento más elevado.” (Thomas Sowell, Basic Economics: A Citizen's Guide to the Economy, New York: Basic Books, 2000, p. 168).

La competencia, entendida como la libre entrada y libre salida a los participantes en un mercado, es clave para minimizar una distribución estática de los ingresos en una sociedad.  Los ganadores bajo un régimen competitivo ascienden, en tanto que los perdedores van descendiendo. La movilidad entre grupos de ingresos suele ser lo normal en una economía de mercado competitiva. Como dice Sowell,

“Aún entre los millonarios, los estudios muestran que cuatro quintos de ellos no heredaron sus fortunas, sino que las lograron durante sus propias vidas. Las grandes fortunas históricas de los Estados Unidos –Carnegie, Ford, Vanderbilt, etc.- fueron a menudo generadas por personas que comenzaron en circunstancias modestas y hasta humildes. Richard Warren Sears, Aaron Montgomery Ward y James Cash Penney, todos comenzaron trabajando para mantenerse a sí mismos en trabajos inferiores cuando jóvenes, incluso como jóvenes a quienes hoy no se les permitiría trabajar, según las leyes actuales sobre trabajo infantil, aunque todos eventualmente surgieron para convertirse en ricos fabulosos, como creadores de cadenas de tiendas que llevaron esos mismo nombres.

Historias similares se pueden contar acerca de un joven Henry Ford, quien insatisfecho con su trabajo agrícola, caminó ocho millas hasta Detroit en busca de un trabajo.  David Sarnoff, quien más tarde en su vida llegó a crear la red de televisión NBC, también empezó trabajando para mantenerse a sí mismo cuando era joven.  También lo hizo un joven inmigrante trabajador del sector maderero llamado Frederick Weyerhauser, quien terminó estableciendo un imperio de productos de madera.  Un vendedor de edad mediana, que hacía $12.000 al año, terminó creando McDonald's, el imperio de comida rápida de casi 25.000 restaurantes que literalmente le da la vuelta al mundo.  La lista continúa y continúa.” (Thomas Sowell, Op. Cit., p.p. 168-169).

Es notable destacar que muchos de los millonarios a que se ha hecho mención en los párrafos previos y que escalaron los niveles más altos de ingresos en cierto momento, ahora ya ni aparecen ni ellos ni sus herederos y muchos claramente han visto sus fortunas familiares diluirse por el impacto de la competencia.

En resumen, es necesario entender cómo es que ciertos empresarios logran obtener su riqueza, sirviendo esencialmente a consumidores, quienes comparativa e individualmente poseen ingresos menores.  Esa vocación de servicio debe ser tomada en consideración cuando se presume que hacer fortuna es algo indebido, propio de privilegiados y hasta inmoral y, por lo tanto, causal de ser objeto de impuestos que, de alguna manera, compensen dicha injusticia. Tal es la esencia del pronunciamiento estatal al que anteriormente se refirió el comentarista Daniel Hemminger, arriba citado. Declaración que ignoró que hay ricos quienes surgen por el alero protector de la política y no de los negocios o son el resultado de una mezcla de actividad empresarial, en donde un estado les protege de la competencia beneficiosa para los consumidores. Pero también no acepta la premisa de que hay muchos otros quienes surgen cuando satisfacen los deseos y necesidades de los consumidores soberanos.

Es necesario sopesar el grado en que la pretensión de lograr dinero (riqueza) mediante un esfuerzo productor, en donde se asumen riesgos y muchas veces se fracasa, se convierte en un motor de dinamismo esencial en una economía que debe evolucionar, para poder adaptarse eficientemente a nuevas circunstancias.  Si con impuestos descabellados y sancionatorios se anula ese incentivo, es muy posible que el estancamiento y el enriquecimiento indebido sean la norma, en vez del logro de la mayor producción posible al servicio del mayor número de personas, usualmente de menores ingresos relativos en la sociedad.

Jorge Corrales Quesada

lunes, 7 de octubre de 2013

Tema polémico: o te chingas o te jodes

La película mexicana del año 1999 titulada "La ley de Herodes" que sirvió para desnudar la realidad del PRI en esa nación, tenía una frase muy jocosa: "te tocó la ley de Herodes: o te chingas o te jodes". Esta expresión cae como anillo al dedo a la situación que hemos vivido durante este fin de semana, con la renuncia del Dr. Rodolfo Hernández, candidato presidencial por el Partido Unidad Social Cristiana (PUSC). 

En la carta que compartió con los medios de comunicación explicando los motivos de su salida, Hernández señala que ha tenido que enfrentarse a intrigas, envidias, egoísmos y deslealtades de un grupo que pretende mantener la democracia secuestrada para favorecer intereses personales o de grupo que él no podía cohonestar. 

Amplía diciendo: 

"Decepción es lo que siento cuando me entero de que políticos de mi propio partido andan de pueblo en pueblo pidiendo que no voten por mí. Frustración es lo que siento cuando candidatos a diputado, una vez elegidos, se niegan a trabajar junto a mí bajo el argumento de que lo único que importa para ellos es llegar a Cuesta de Moras, aunque al partido se lo lleve el diablo. Y rabia es lo que siento cuando sé que mis detractores le informan al candidato oficial que harán lo posible para que yo no gane las elecciones.

Desilusión es lo que siento cuando la gente que puede contribuir a la campaña se niega a hacerlo, presionadas por quien pensó que mi candidatura sería no para ganar, sino para resucitar al partido y allanar el camino para que otro sea el candidato en el 2018.

Coraje es lo que siento cuando personas que se dijeron sinceras abandonan sus obligaciones y procuran chantajearme para que me deshaga de los colaboradores que estuvieron conmigo desde el principio de esta lucha.

Tristeza es lo que siento cuando muchos se resisten a respaldarme por la sencilla razón de que hago política sana, transparente, honesta y sin componendas.

No puedo aceptar que los Caínes modernos sigan matando a los Abeles por la simple razón de que les estorban."

No obstante todo lo anterior, apenas 48 horas después, el Doctor regresó, mondo y lirondo, a la contienda electoral. ¿Dónde quedaron entonces las intrigas, envidias, egoísmos, serruchadas de piso y puñaladas por la espalda? ¿Tan rápido sanaron las heridas infligidas? ¿Tan pronto acabó la decepción, la frustración, la rabia, la desilusión,el coraje y la tristeza que manifestó Hernández en su carta?

Algunas versiones periodísticas informan que el regreso del Doctor está condicionado a la renuncia de los miembros del Comité Ejecutivo por su distanciamiento con el expresidente Rafael Ángel Calderón y a la aprobación de un salario para dedicarse a la campaña, imaginamos, que compense los casi $15.000 que él dice ganar en el Hospital de Niños. 

Independientemente de lo del salario -que por sí solo da mucho de qué hablar-  queremos concentrarnos en las propias palabras del candidato socialcristiano sobre su regreso:

“Como una de mis condiciones para aceptar mi regreso a la contienda electoral, le informé al pueblo de Costa Rica que iba a ocupar limpiar la casa (...) Por esa razón, solicito en forma expresa y categórica al pleno del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Unidad Social Cristiana, la renuncia irrevocable de cada uno de sus miembros, para ser efectiva a partir del 19 de octubre de 2013". 

¿Cómo puede hablar de "limpiar la casa" cuando su reclamo se cimenta en el distanciamiento que algunos miembros de la tendencia "Renacer Socialcristiano" tienen hacia Calderón, una persona no ya cuestionada, sino condenada por delitos muy severos que no le permiten erigirse como líder moral precisamente? ¿Por qué insiste en mostrar su apadrinamiento por parte de esa figura, condenada y desgastada, al tiempo que pretende presentarse ante el electorado con la careta de ser un hombre honesto, impoluto y transparente? 

Sean cuales sean las razones, el doctorcito se acomodó con tal de seguir montado en la carreta del poder. Como decía la frase de la película que reseñábamos al inicio, para no joderse, tuvo que chingarse, tragarse su orgullo, su tristeza, su decepción, su rabia, su desilusión, curar sus puñaladas en la espalda y aceptar que los caínes modernos siguieran matando a los Abeles para no perder la minita de oro.

Definitivamente, quienes creyeron que el Doctor Hernández sería el outsider honesto y honrado que ocupaba Costa Rica, ahora estan en un gran dilema. Para quienes no nos comimos el cuento, este chiste de mal gusto que creímos había finalizado, tendrá un nuevo capítulo.El tiempo dirá.

viernes, 4 de octubre de 2013

Viernes de Recomendación

En el siguiente video, el comentarista John Stossel analiza el tema de los servicios de salud de un país ¿Deberían estar en manos del Estado o se debería permitir que funcionen como cualquier otro bien o servicio en el libre mercado?


miércoles, 2 de octubre de 2013

Desde la tribuna: la libertad va pareja con la responsabilidad

Es fundamental entender que las libertades públicas son un derecho fundamental que tiene como esencia un poder de autodeterminación.  Luego el Estado reconoce el derecho y lo positiviza y tutela.

El poder de autodeterminación implica la posibilidad de libertad, de elección, de hacer por uno mismo.

La idea es que uno ejerce la libertad, pero asume las consecuencias del acto.  Eso es la responsabilidad.

Por ello no corresponde al ámbito de la libertad la idea de derechos programáticos (que no dependen del poder de autodeterminación), derechos  o expectativas de acción pública, de acciones gubernamentales o de repartición o creación de derechos que no corresponden a la gestión personal de cada cual.

No son propiamente libertades aquellos derechos a estirar la mano para pedir, para exigir conductas en favor de uno o de prerrogativas y concesiones por parte del Estado.

Esta cuestión no es solamente éticamente relevante sino que corresponde a la naturaleza de los derechos y acciones.

Algunos creen que estos “derechos” de nueva generación son derechos de libertad o implican libertad por sí mismos.

Es un tema fundamental para entender la libertad y la diferencia entre las doctrinas que la propugnan y las pseudoposiciones de libertad….
 
Federico Malavassi Calvo

martes, 1 de octubre de 2013

La columna de Carlos Federico Smith: pronto lo escucharán de nuevo

Cuando en Costa Rica se plantea la posibilidad de un aumento de los impuestos, se suelen escuchar opiniones en que se busca que la gente de mayor riqueza pague más impuestos, que los que tienen menor riqueza.  Este argumento se suele sintetizar en la expresión de que “Pague más quien tiene más y que pague menos, quien tiene menos” Se podría hablar mucho acerca del contenido lógico de tal propuesta, pero tal vez no sea éste el momento, en especial cuando podría llevarnos por asuntos relativamente complejos de teoría económica y de mediciones que difícilmente se pueden llevar a cabo, sin que se introduzcan serias dudas acerca de su validez práctica.

En esta oportunidad, dadas las enormes dificultades que encara nuestra economía para lograr tasas de crecimiento que permitan generar abundantes fuentes de trabajo, más bien deseo enfatizar el posible impacto negativo que pueden tener los aumentos de impuestos, en el logro de un crecimiento económico que se desea.

La clave para lograr dicho crecimiento en mucho radica en lograr aumentar la inversión. Ante propuestas de tributos como los observados en estos momentos, se suele argüir que se debe gravar más a los poseedores de riqueza, pero son estos quienes suelen ser los inversionistas necesarios para que la pueda economía crecer a las tasas deseables. 

Me da la impresión de que esa creencia se basa en un desconocimiento de cómo es que se lleva a cabo el proceso de inversión en una economía.  Usualmente el empresario concibe alguna idea, que le dirige hacia colocar sus recursos en alguna actividad que le rendirá utilidades. Se supone que este simple hecho de pensar en realizar alguna inversión es porque el empresario valora que, lo que va a producir, tiene aceptación en el mercado. Esto es, que haya demanda por lo que su inversión va a generar.  Nadie invertiría si no es que, de alguna manera u otra, obtiene ganancias por utilizar sus recursos en la creación de un bien o servicio. Perfectamente se podría hacer una inversión para producir un nuevo bien o servicio que satisfaga los deseos de los consumidores o producirlos de manera más barata que como lo hacen otros productores ya existentes en el mercado. Claro que, al invertir, corre el riesgo de tener pérdidas, aunque lo que lo motiva en su decisión es la posibilidad de obtener ganancias con esa nueva actividad.

Una vez tomada la decisión de invertir, posiblemente el inversionista tendrá que contratar profesionales que definan el marco legal y administrativo bajo el cual operará el negocio. También buscará quien le asesore (y le cobrará) en sus decisiones acerca de la planta que va a instalar.  Esto puede incluir desde edificaciones, maquinaria, equipo, materias primas, personal administrativo inicial, etcétera. Es decir, el inversionista incurre en numerosos gastos, tan sólo para iniciar operaciones. A fin de sufragar estos gastos, el inversionista podrá utilizar su riqueza propia; es decir, su propia plata, o bien puede acudir que alguien se la preste, por ejemplo, un banco o una financiera o alguien que le de sus recursos personales a cambio, lo más posible, de un pago de intereses. En todo caso, el inversionista debe primero gastar su plata o la que le hayan prestado, antes de poder hacer algún dinero con la actividad de la nueva empresa.
 
Cuando la inversión es llevada a cabo quien la realiza tiene que pagar primero a quienes vayan a trabajar a la empresa –en cualquier cosa, desde un pequeño comercio hasta la industria más grande; desde abrir un restaurante a edificar un nuevo puerto; desde una fabriquita de estampado de camisas a un nuevo centro comercial.  Deberá cubrir todos los gastos que uno pueda imaginarse, antes de que pueda obtener una ganancia.  Deberá pagar no sólo –y en primer lugar- al personal y los trabajadores, sino también a quienes hacen su edificación o a quienes se la alquilaron.  Asimismo, ya en sí la producción no es algo que se hace en un instante: tiene que comprar materia prima, máquinas y equipo para procesar, contratar y pagar a los encargados de vender y distribuir el producto, etcétera, etcétera, todo eso antes de poder ver un cinco de retorno por todo lo que ha invertido, con su propia riqueza o pidiéndola prestada a otros que la poseen. Todo eso tuvo que ser pagado antes de poder ver si la decisión de invertir generó ganancias y con ellas pagar a quienes invirtieron o le prestaron inicialmente.

Claro, el inversionista ha corrido un riesgo al decidir actuar de esa manera.  El sistema de mercado es uno de pérdidas o ganancias. La una o la otra.  No sólo se trata de tener ganancias; también surgen pérdidas. Si gana con su actividad, recupera mucho tiempo después todo o parte de aquello que decidió invertir.  Tener ganancias es posible tan sólo porque, en un mercado libre, los consumidores escogieron adquirir su producto o los servicios que brindó. Se dieron porque los consumidores así lo prefirieron hacer y con ello se pudieron cubrir los costos. 

Resulta que a veces; más bien, muchas veces, las empresas no obtienen ganancias sino pérdidas. Muchos negocios fracasan. En estos casos, el inversionista no recupera lo que metió personalmente o no repone lo suficiente para repagar lo que le prestaron. Nunca hay seguridad de que tener pérdidas no va a suceder. Todos los gastos en que incurrió para sacar ese producto al mercado fueron totalmente efectivos, reales, ante la esperanza de que lo que produciría sería aceptado por el consumidor.  Todo lo que tuvo que pagar de contado, al final de la jornada, ya se fue, ya se gastó. Los salarios que tuvo que pagar, la materia prima que tuvo que pagar, los servicios profesionales que debió cubrir. Todo eso significó salidas de plata. O bien queda endeudado con quienes le dieron crédito o le prestaron plata. Parece que los gastos son seguros, pero las utilidades no lo son. Las utilidades son un sobrante de ingresos, que queda después de cubrir todos los gastos y obligaciones por pagar en el período. Ese “sobrante” es el que al fin le queda al inversionista-empresario. 

Usando un símil, el inversionista es el que está al final de  la línea de ingresos, en tanto que todos los demás participantes ya han recibido todas las remuneraciones y pagos que les corresponde. Incluso es posible que, al final de esa línea, el inversionista no encuentre más que pérdidas o deudas, aunque siempre haya tenido la esperanza de que sus esfuerzos sean remunerados con ganancias.

Entendido cómo es que opera el proceso de invertir en un mercado y de cómo los resultados -tiempo después; a veces mucho tiempo después- pueden ser de ganancias o pérdidas, si se aumentan los impuestos, como ya lo están planeando imponer ciertos políticos, evidentemente que disminuye la voluntad para invertir en una economía. Esto porque el rendimiento, después de impuestos, resultará ser menor a causa de los gravámenes o tal vez porque preferirá no realizar la inversión por el poco rendimiento neto que obtendría. Al disminuir la inversión, significa que crecerá menos la producción y, por tanto, el empleo nacional.  En resumen, se eleva el nivel de pobreza de los ciudadanos del país, al reducirse las posibilidades de obtener un empleo que les permita a los trabajadores generar riqueza para sí o al disminuir el incentivo para que la gente esté dispuesta a correr riesgos, mediante la inversión que se propone llevar a cabo.

Jorge Corrales Quesada