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martes, 11 de noviembre de 2014

La columna de Carlos Federico Smith: otro subsidio innecesario

Ya el gobierno, como si no tuviera suficientes problemas y como si careciera de formas en las cuales usar eficientemente el dinero escaso de los costarricenses, nos anuncia que buscará un plan para subsidiar las primas de los seguros en el sector agrícola. 

Es sabido que actualmente diversas leyes obligan al Instituto Nacional de (INS) a ofrecer un seguro de cosechas al costo (única empresa que ofrece seguros agrícolas), pero, entre el 2010 y el 2013, el INS pagó por indemnizaciones un monto superior a lo que recibió por sus primas por un valor estimado de ₡185 millones. La Superintendencia General de Seguros (SUGESE), indicó que “no ve aún con preocupación el resultado, pues los seguros agrícolas representan poco dentro del resultado del INS.” Afortunadamente, agrego yo, pues, ¿se imaginan si el subsidio fuera aún mayor?

Simplemente la entidad aseguradora, para no entrar en problemas financieros, tendría que aumentar los precios de las primas en otros seguros y eso, en el régimen de competencia actual, significaría grandes dificultades para poder tener éxito, por la dificultad de mantener su cartera actual de otros seguros, que se verían encarecidos artificialmente para subsidiar a los agrícolas.

Pero, tal como informa La Nación en un artículo titulado “Seguros agrícolas tienen déficit en últimos 4 años: INS asegura que la ley lo obliga a ofrecer coberturas para las cosechas”, del día 3 de octubre de este año, la SUGESE “reconoció que con la alta cantidad de siniestros en los últimos años, las primas se elevan al período siguiente. Eso genera que menos productores acudan a las coberturas debido al costo.”

De inmediato, el gobierno planteó la solución fácil, usual, similar a cuanto caso se le presentan de afecciones a los grupos de poder: “El viceministro de Agricultura y Ganadería, José Joaquín Salazar, explicó que la meta es subsidiar la prima no solo a los arroceros, sino también a otros agricultores”, porque “de ese aumento en las primas surgió la idea del Gobierno y del sector arrocero (principal usuario del seguro de cosechas) de subsidiar los montos a los agricultores”. 

Tanto que se podría decir aquí, pero voy a resumir algunos pocos comentarios: (1) Un subsidio mayor a los arroceros es un crimen contra los costarricenses: el subsidio actual que la sociedad le otorga a ese gremio ya es multimillonario y, no en colones, sino que en su equivalente en dólares el subsidio es más que millonario. Este surge por el sobreprecio que tiene que pagar el consumidor nacional por el arroz y en una mayor proporción los consumidores de ingresos relativamente más bajos. (2) Seguro que por la vergüenza, que en algún grado debe darle a esos políticos cuando favorecen a grupos ya altamente protegidos, disimulan su aumento diciéndonos que la medida la toman para también proteger al resto de productores nacionales. Pero ya sabemos que esa motivación es para lograr que, quienes hoy son los usuarios mayoritarios del seguro de cosechas subsidiados, sean aún más favorecidos y esos son precisamente los arroceros. (3) El que muchos del gremio arrocero hayan contribuido para que la elección recién pasada fuera ganada por el PAC, fue algo que los ciudadanos pudimos darnos cuenta y por eso nos tiene que molestar esa especie de retribución o compensación politiquera que ahora se les quiere hacer. 

Lo bueno (y veremos de inmediato la “genial” propuesta para resolver el intríngulis) es que el gobierno reconoce que no hay suficientes recursos gubernamentales para dar dicho subsidio a todos los agricultores. “Por eso”, señala La Nación, “se buscan fuentes y una de ellas sería un impuesto mínimo a las exportaciones costarricenses”. 

Genial he dicho porque poner un impuesto a las exportaciones para subsidiar el costo del seguro de cosechas, tiene que ser el producto de un redomado cerebro burocrático. Veamos un dato: las exportaciones totales del país en el 2013 fueron de $11.543.1 millones; de ellas, $2.447.9 fueron clasificadas como exportaciones agrícolas; esto es, un 21.2% del total de exportaciones. Si imaginamos que, para pagar ese subsidio al seguro del sector agrícola, se introduce ese absurdo de gravar las exportaciones -según dice que hará el gobierno- tal vez sea suficiente si se le aplica un impuesto a estas exportaciones del sector que se pretende favorecer. Eso parecería ser más lógico, que poner un gravamen a todas las exportaciones del país. Si estimamos un tipo de cambio de un $ igual a ₡500, la exportación agrícola total exportada por el país en 2013 sería de ₡1.223.950 millones y un “impuestico” ad valorem a esas exportaciones de sólo un 1 por cada mil, daría más que suficiente para pagar el subsidio y hasta para duplicar el sueldo de toda la burocracia encargada de administrar el nuevo programa estatal. ¡Quiero ver que se imponga un gravamen a los exportadores agrícolas para subsidiar a los sobreprotegidos productores de arroz doméstico, entre otros productores menores!

Esa tontera sólo se le puede ocurrir a alguien quien nunca en su vida ha participado en un mercado de exportación, en el cual, cualquier aumento en los costos de un producto, lo pone fuera de circulación. Pero, tal vez, el argumento estatal es por simple ideología: hay que “fregar” a esos agricultores exportadores con el impuesto propuesto (tan sólo ese, por el momento; el estado nunca sabe cuándo termina de poner impuestos) pues, después de todo, su éxito se debe al “neoliberalismo” y no a la eficiencia que han podido lograr tener, compitiendo en los mercados internacionales.

Por eso, dado el reporte de La Nación, no se hizo esperar el rechazo contundente de los exportadores, tanto en lo general, como de los bienes agrícolas del país, que me parece que casi lo resumió bien el presidente de la Cámara Nacional de Agricultura y Agroindustria, don Juan Rafael Lizano, cuando dijo que “el productor va a competir contra países que no cobran impuestos a la exportación”, pero no es sólo contra países, sino que se compite contra cada uno de los exportadores de cualquier nación del mundo. Y lo peor es que los recursos se usarían para subsidiar principalmente a “cinco” multimillonarios productores nacionales del arroz, subsidiados hasta más no poder a costas de todos nosotros, pagados los ya sufridos consumidores del país. De eso se trata este nuevo olio. 


Jorge Corrales Quesada

lunes, 30 de mayo de 2011

Tema polémico: las nefastas asistencias económicas


Subsidios, créditos con tasas ridículamente bajas y hasta regalos por parte de los gobernantes hacia sectores de la economía es algo que comúnmente vemos en las noticias. Los gobernantes justifican estas transferencias de dinero siempre con algún argumento "moral" cargado de buenas intenciones, en defensa a los trabajadores y sus familias. En ASOJOD solo lo vemos por lo que realmente es: un traslado del dinero de los contribuyentes hacia sectores ineficientes y desorganizados. Un premio a las malas decisiones y una invitación a que otros grupos hagan lo mismo con la esperanza de que sean también premiados.

Una parte esencial de un adecuado funcionamiento del mercado es el hecho de que siempre existen ganadores y perdedores. Las personas, en sociedad y en el libre intercambio de bienes y servicios, tienden a especializarme en aquellas actividades en que hacen una buena labor y, por medio de avances en tecnología e innovación, siempre encuentran mejores formas de realizar el trabajo de manera más competitiva. Aquellas personas que no logran alcanzar el nivel de competitividad requerido terminan cambiando su actividad y dedicándose a algo más. Los problemas empiezan a suceder cuando las personas no logran aceptar que no son competitivas en la actividad que han realizado durante muchos años, por lo que le piden ayuda a los gobernantes para que les otorguen toda clase de favores con la excusa de que, de no ser así, se arriesgarían muchas fuentes trabajo. Es en este momento, cuando se pierde el dinamismo del mercado y se incentivan las formas de trabajo ineficientes en detrimento de la gran mayoría de la población.

Un ejemplo clarísimo de esto son los subsidios a la agricultura. Con la excusa de la defensa al pequeño agricultor y la seguridad alimentaria, terminamos todos subsidiando a un grupo de agricultores para que continúen en su labor cobrando sobreprecios y manejando la tierra inadecuadamente. Así pues, poniendo tan solo un ejemplo, la asistencia de nuestro gobierno a los arroceros solo ha producido una cosa: que todos paguemos más por este grano tan usado en nuestra dieta y unas cuantas familias se hagan millonarias a punta de favores estatales.

Pero estas asistencias económicas no solo se efectúan a sectores pequeños de la economía. El absurdo llega a tal extremo que favorecen a países enteros. Para lo único que han servido el FMI y el Banco Mundial, desde su creación a mediados del siglo pasado, es para fomentar el subdesarrollo, la transferencia del dinero de los pobres de los países ricos hacia los ricos de los países pobres y la permanencia de líderes irresponsables y tiranos en el poder.

Cuando en un país se toman malas decisiones en materia fiscal y económica (clásico resultado de asistencias sociales y regulaciones) normalmente se entra en crisis. En lugar de que se sienten responsabilidades por los hechos sucedidos y se hagan cambios, estos gobernantes le tocan la puerta al FMI y este les presta dinero a una tasa ridícula. Todo esto para que estos gobernantes irresponsables se puedan quedar en el poder cometiendo sus barbaridades y con la única diferencia de que ahora han adquirido deudas que tendrán que pagar las próximas generaciones.

En ASOJOD creemos en la dinámica de los mercados. Creemos que solo por medio del ingenio y el trabajo honesto se debe tener éxito en la economía y las ganancias que se obtiene de esta forma se deben respetar. De la misma manera, cuando se toman malas decisiones, tiene que haber consecuencias de modo que se aprenda de los errores. Las asistencias económicas lo único que generan es que mecanismo natural se distorsione y el resultado es es que hayan ganadores y perdedores injustificadamente.

domingo, 15 de mayo de 2011

Invierta en arroz, grano de oro!


Este negocio fabuloso, aún en época de crisis, le garantiza por decreto 20% de ganancia mínima, y, si usted es astuto, entre 40% y 100%: siembre arroz, nuestro grano de oro. Por ley el precio de venta al público se fija con una fórmula mágica que le garantiza rentabilidad: costo de productor nacional más 20%, no hay riesgo. Las ventas están seguras con 4 millones de clientes; los de abajo (los que más compran) comen arroz con huevo; los del medio, arroz con pollo, y los de arriba, paella; todos, gallo pinto.

Como negocio conexo, puede importar arroz a precio internacional, de los países eficientes y venderlo a precio de ley, que es el doble. Así, sin generar empleos ni salir a zona rural, duplica su inversión grano a grano.

Hágase rico en tres pasos. N.º1. Siembre aunque sea una hectárea de arroz, ya es un productor nacional de granos básicos, bienvenido al club. N.º2. Siembre muy mal, genere la mínima productividad para que su costo por tonelada sea lo más alto posible, recuerde su 20% de margen seguro, mientras más caro sea el precio final, mayor su ganancia. N.º3. Supla la demanda faltante con mucho arroz importado barato y véndalo caro, nadie notará la diferencia.

¿Sin dinero para invertir? La banca estatal le facilitará créditos blandos exclusivos, con plazos largos más períodos de gracia y a tasas ridículas. Pague solo intereses, con el primer huracán, argumentamos pérdidas al agro nacional y recibimos condonación de deudas, usted no puede perder ni un cinco. Este cultivo es el mayor consumidor de la escasa agua en la zona seca guanacasteca, pero por ley pagamos el canon más bajo.

Todo esto gracias al cuento de que defendemos al pequeño parcelero que canta “Caña dulce”, aunque en realidad ellos solo producen el 17% del arroz nacional. El 83% de las toneladas subsidiadas son de grandes finqueros, cuyo costo es $420/ton pero venden a $590/ton y así ganan 40%.

El negocio va bien. N.º1- En dos años pasamos de 900 a 1.400 productores, el club creció 12.000 hectáreas en solo un año. Nº2 - Ya bajamos la productividad a 3,7 ton/ha, la mitad que El Salvador (7,7 ton/ha), así el precio internacional es ¢350/kg y el local es ¢700/kg, ahí ganamos a 2x1 cada vez que vendemos el de allá a precio de acá. N.º3- En 2008 producíamos el 50% de la demanda, ahora solo el 35%, lo cual nos conviene porque se gana más importando que produciendo. En 2010 los ticos nos pagaron $45 millones más que si compraran arroz de fuera. No se confunda, jamás querremos producir eficientemente porque arruinaría el negocio importador, la verdadera mina de oro.

Es verdad que una de cada cinco familias ticas es pobre y se ahorraría $282 al año si le diéramos el precio internacional (un 10% de su ingreso, más que un aguinaldo), pero recuerde que usted, amigo agricultor, no está a cargo de la política social; la ley no fija precio máximo al consumidor, sino ganancia segura al productor (vea paso 1 arriba). Somos más importantes mil productores que un millón de consumidores de familias numerosas y bolsillo pequeño.

Políticos ingenuos, que se ven a montón los primeros de mayo, lo defenderán para fomentar la “soberanía alimentaria”, un ideal imposible porque acá no tenemos el clima ni suelos para lograr buenas cosechas de arroz o trigo, pero a las masas les suena bien la idea mientras no sepa lo que pagan de más ni a quién ayudan. La ley está de nuestro lado, no hay cabos sueltos. ¿Qué espera? Invierta en arroz, el grano de oro de Costa Rica.

César Monge Conejo

martes, 26 de abril de 2011

La columna de Carlos Federico Smith: un planteamiento energético (Primera Parte)


Vuelve el perro arrepentido… nos decía Chespirito en alguno de sus episodios. Vuelve el Ministerio de Ambiente, Energía y Telecomunicaciones (MINAET) con las mismas propuestas de siempre al reanudarse otro episodio de aumento en los precios internacionales de petróleo por las razones que sea. La razón de ello me parece que se debe a que en los órganos estatales se suele sobreestimar su capacidad para resolver problemas acerca de los cuales es poco lo que puede hacer o nada o tal vez para aparentar que se hace algo al respecto.

Las medidas propuestas por el MINAET apenas se ve en apuros por los aumentos internacionales en el precio del petróleo, se dirigen más que todo a tratar de disminuir la demanda; esto es, afectando la voluntad de los consumidores y poco a lograr un aumento deseable de la oferta energética. Mi idea es brindar algunas ideas dirigidas hacia el incremento de la oferta de energía, las cuales, si bien ya se han expresado anteriormente, han pasado al baúl de los desprecios que en este Gobierno (y algunos anteriores) se suele brindar a ideas alternativas a las producidas por los staffs oficiales. En todo son sugerencias que tal vez pudieran ser útiles para asegurar una mejor provisión de energía a las personas.

1) Es hora de que Costa Rica reactive la exploración petrolera. Las dos razones principales esgrimidas contra tal prospecto es el posible daño ambiental que se puede provocar y la corrupción que suele acompañar a los gobiernos de países productores de petróleo. Otra razón esgrimida contra el desarrollo petrolero es que no resulte ser una operación rentable, pero el primer paso está en averiguar si en el territorio nacional se dispone de reservas de petróleo que podrían definir el inicio de una operación que sea potencialmente rentable.

2) Acerca de este tema debo formular varias consideraciones. Primera, no es cierto que en sí la operación petrolera constituya un riesgo tan alto como para que la operación no se deba llevar a cabo. Hay infinidad de lugares en el mundo en donde se extrae petróleo y no ha dado lugar a problemas ambientales significativos. Cito ejemplos: en medio de la ciudad de Los Ángeles, California, en las cercanías de las ciudades de Tulsa, Oklahoma y de Houston, Texas, así como en las proximidades de Edmonton, en Alberta, Canadá, entre muchos otros sitios.

Asimismo, la exploración petrolera offshore ha provocado muchas críticas ante posibles daños medioambientales graves, pero no es algo que suceda con frecuencia tal como para que se suspenda la prospección petrolera. En la vida no hay actividad humana que no implique algún grado de riesgos y, por tanto, lo apropiado es prepararse adecuadamente ante ellos. La extracción offshore es una actividad sujeta a riesgos y el hecho es que en el mundo hay una miríada de pozos petroleros de este tipo, diseminados por todo el orbe. Los daños al ambiente que se han sufrido han sido relativamente pocos, lo cual parece ser la mejor muestra de que los costos suelen ser superados por los beneficios incluyendo el costo potencial de daños medioambientales. No significa, por tanto, que no se deban tomar las medidas de seguridad apropiadas, lo cual suele ser una práctica común en las operaciones petroleras. Sólo que la solución posible no está en prohibir o no llevar a cabo la actividad correspondiente, sino asegurarse por los riesgos que pueda tener.

3) La mayoría de los daños ambientales debido a la actividad petrolera suelen suceder en el trasiego de los combustibles, más que en el sitio de producción petrolera. El viaje de barcos trayendo petróleo a Costa Rica constituye posiblemente un riesgo mayor de daño ambiental que la producción petrolera en sí. Es más, la existencia de un oleoducto en Panamá, en donde barcos traen petróleo desde Alaska, lo desembarcan en aquel país y lo reembarcan hacia la costa Este de los Estados Unidos (en donde suelen estar sus refinerías petroleras), constituyen un riesgo ambiental significativo para el país, pues los barcos pasan muy cerca de las costas costarricenses, tanto al desembarcar en Panamá como al partir de ese país hacia el este de los Estados Unidos. Se puede aseverar que, sin extracción petrolera en territorio nacional, ya corremos algún grado de riesgo medioambiental por el trasiego petrolero en Panamá. No se puede impedir que esa actividad extraterritorial se lleve a cabo, por lo cual se debe mantener una fuerte vigilancia y cuido de todo este trasiego, a fin de que eventuales responsabilidades sean cubiertas.

4) Razones geopolíticas, enlazadas con aspectos económicos, parecen indicar que la decisión de no extraer petróleo en territorio nacional, principalmente en la zona del Atlántico norte del país, no es conveniente. El conflicto actual entre Costa Rica y Nicaragua sobre la Isla Calero tiene, entre otros elementos, importancia, tal como lo expuso un medio de prensa, en cuanto a definir el mar territorial de Costa Rica, en donde presuntamente se encuentran yacimientos petrolíferos. Nicaragua es sabido que tiene una política abierta para la exploración y explotación de petróleo.

De hallarse petróleo en dichas zonas y de serlo en condiciones económicamente rentables, no hay más que un paso para que empresas empiecen a extraer y trasegar petróleo en Nicaragua, sacándolo desde ese país en un manto lo suficientemente amplio como para cubrir petróleo que se encuentra en territorio nacional, en especial nuestro mar, lo que no haría necesario, dado que el Gobierno de Costa Rica no ha estado dispuesto a permitir la extracción petrolera en su territorio, que las empresas se instalan físicamente en este país. Unos se la comen y a otros les duele la panza, pero sería por nuestra obcecación y decisión propia como país.

5) Debe aumentarse la provisión energética proveniente de nuestros ríos. Esto podría lograrse con la aprobación de un proyecto de ley que presentó la Administración anterior y que aún no es objeto de decisión por parte de la Asamblea Legislativa actual. Lo sorprendente es que esta nueva Administración, siendo del mismo partido político que la anterior, decidió presentar un proyecto alternativo que conserva muchas de las restricciones anteriores que limitaban la provisión privada de energía y que mantiene el dirigismo y control estatal que tanto daño ocasionan a cualquier esfuerzo por aumentar la oferta privada de energía.

La limitación vigente es tan absurda que se han dado casos de que empresas nacionales se han ido a Panamá a construir plantas productoras de energía al no dárseles permiso para hacerlo en el país. Pero, ¡qué sorpresa!, desde allá exportan electricidad a Costa Rica y a un costo mayor que el que se tendría si hubieran podido operar en el país. ¡Todo por nuestra decisión absurda de impedirles trabajar en Costa Rica! En Panamá las empresas privadas productoras de electricidad no tienen restricciones y limitaciones a lo que pueden producir, al contrario de lo que sucede en este país y que en mucho conserva el nuevo proyecto de ley presentado por este gobierno. Por tanto, la Asamblea Legislativa debe aprobar el proyecto de ley sobre generación eléctrica privada que se presentó durante la administración anterior,

6) Debe abrirse campo para que cualquier persona o empresa privada pueda dedicarse a producir energía, siempre y cuando se respeten las leyes normalmente aceptadas, lo cual debe tomar en cuenta los impactos no compensados sobre el medio ambiente. Las llamadas nuevas fuentes de energía renovable deben ser incentivadas no impidiendo que puedan operar y no introduciendo limitaciones a lo que pueden hacer. Sin embargo, no debe dársele subsidios a la producción porque ello alteraría cualquier rentabilidad comparativa con otras fuentes energética.

Muchas veces en las posiciones gubernamentales se deja de lado un principio económico muy sabido: el papel de los llamados costos comparativos. Esto quiere decir, aplicado a estos casos, que es físicamente posible producir cualquier forma de energía sí se le da un subsidio tal que la operación resulte ser privadamente más rentable que socialmente. Se podría dar un subsidio -y sólo como ejemplo- para producir costosos paneles solares que, al contrario de hoy, lo convierta en una actividad rentable en comparación con otras fuentes opcionales de energía. La diferencia está por los recursos que la sociedad a través del subsidio le ha dado al productor, pero el hecho es que los recursos empleados en producir energía por este medio darían un rendimiento mayor si fueran invertidos en alguna otra actividad alternativa.

Voy a dar un ejemplo de la idea que solía exponer a mis alumnos. Les decía que era posible producir un excelente café en Florida. Hubo quienes, para empezar, sabían de la mala calidad de tierras para producir café en Florida, poro cual murmuraban que su profesor había enloquecido. Pero todo lo que tuve que hacer fue empezar por aplicar subsidios para mostrar como sí era posible obtener físicamente una ventaja comparativa mas no una ventaja económicamente comparativa si se trataba de producir café en Florida.

¿Qué tal si por barco trasladábamos una buena tierra desde Los Santos y cubríamos la cal calcinada por el sol de Florida? Dicho y hecho, ¿pero quién la cultivaría que supiera de café? Muy sencillo: organizamos cuadrillas de buenos peones cafetaleros desde Naranjo (hoy día los podemos llevar desde Matagalpa) y los enviamos a Florida. ¿Qué mucho sol y mucha lluvia? Ponemos los sembradíos en viveros y con goteo. Lo que sea necesario para lograr una buena producción de café. Tan sólo se requiere que se tenga los recursos, plata para adquirirlos y ponerlos a producir tan buen café en Florida.

Un alumno inteligente entendió el problema al preguntarme, ¿Profesor, sí, pero a qué costo? Se sacó un diez. Se dio cuenta que era posible producir café en Florida, pero que era muy costoso en comparación con producirlo en Costa Rica.

Se puede obtener energía de mucha fuentes, pero ¿a qué costo? Esa es la pregunta clave. Si se da el subsidio adecuado, se puede reducir artificialmente ese costo para hacerlas competitivas con otras fuentes energéticas, asumamos que tradicionales. Esa no es la solución. Es discutible la conveniencia de dar subsidios a la investigación, por ejemplo, pero muy claro el efecto negativo de darlos directamente a la producción. Espero que de esta manera se abra una ventana para la discusión en torno a fuentes energéticas alternativas.

Jorge Corrales Quesada

lunes, 14 de febrero de 2011

Tema polémico: Avancemos es un retroceso


En ASOJOD hemos atacado, un día sí y otro también, el que nos parece uno de los peores programas sociales puestos en práctica en Costa Rica: Avancemos. Nuestras razones siempre han sido claras y la realidad las ha respaldado: es un subsidio otorgado a los estudiantes que los incentiva a permanecer, cuanto más tiempo les sea posible, en las aulas para seguir obteniendo dinero. Además, tiene serios problemas de identificación de beneficiarios, pues mientras algunos usan el dinero para otras cosas no relacionadas con la educación, otros son jóvenes provenientes de familias con recursos muy altos por lo que, evidentemente, no necesitan este subsidio.

Pero los males no acaban ahí. Recientemente, el periódico La Nación publicó un par de reportajes donde demuestra que algunos de los beneficiarios de Avancemos tienen padres que, simplemente, se han olvidado de su manutención. Padres que ganan un muy buen salario y que, por su irresponsabilidad, hacen que los demás ciudadanos tengamos que pagar los platos rotos para mantenerlos en las aulas.

En definitiva, Avancemos es un programa que no sólo premia a los estudiantes mediocres que están a punto de abandonar el sistema educativo, dándoles el incentivo de ganar dinero mientras repiten año tras año el curso, gracias al permisivo contenido del Decreto N° 34210-MP-MEP-MIVAH, sino que también está facilitándole la vida a padres irresponsables.

Mágicamente, el "buen" Estado ha decidido que los tax payers, que no tenemos nada que ver con esas personas, los eximamos de su responsabilidad y la asumamos mediante nuestro dinero, como si ya no fueran suficientes los programas que se basan en el principio del parasitismo social. Y, por si fuera poco, además que nos toca pagar por el uniforme, los útiles, la comida y el transporte de estos gamberros, el Gobierno ha creado un déficit fiscal -el más alto de América Latina- con este programa vulgar y ahora pretende tapar el hueco cobrándonos más impuestos.

Es evidente la perversión y corrupción sobre las que se asienta el "Estado Social de Derecho" de nuestro país. Es una organización política que incentiva el parasitismo, la misería, el robo institucionalizado y la asquerosa creencia de que necesidad es equivalente a derecho. Una sociedad donde los irresponsables, indecentes, inútiles y mediocres tienen el premio y los responsables, serios, eficientes, creativos y morales cargan con el castigo.

Hoy más que nunca, especialmente en este mes que se conmemora un aniversario más de su nacimiento, las palabras de Ayn Rand se levantan: "una sociedad que le roba al individuo el producto de sus esfuerzos, no es, estrictamente hablando, una sociedad, sino una turba que se mantiene unida bajo el pandillaje político institucionalizado".

Por eso, sin temor a equivocarnos, en ASOJOD afirmamos que Avancemos es un retroceso en términos de lo que ha logrado la civilización: es un paso atrás, que refuerza el paradigma del canibalismo moral.

martes, 14 de diciembre de 2010

La columna de Carlos Federico Smith: inconsistencia libertaria


Por alguna razón la mayoría de los ticos se considera que pertenecen a la llamada clase media. Si es rico, más allá de lo que poseen las familias de clase media, me imagino que aseveran pertenecer a ella para no darse color ante los que ponen impuestos y si es relativamente más pobre, creo que se puede deber a que hay un deseo de que el progreso que suele implicar la clase media ya se encuentra en sus hogares. Por eso casi siempre responden que pertenecen a la “clase media”. Obviamente los tecnócratas sociólogos, expertos en asuntos de clases, rechazarán mis hipótesis, lo cual no me preocupa, aunque si debo señalar, recordando mis lecturas de Pitirim Sorokin, cuando era joven y estudioso, que en asuntos de clases el análisis caía en una especie de arroz con mango; por ello los conceptos de clases ya no son tan útiles como se creyó hace algún tiempo. Mi familia, que es de clase media, obviamente que se beneficiaría directamente si se aprobara un subsidio que la favoreciera, como el que analizaré a continuación, pero tal práctica extraordinaria iría en contra de mis principios, por lo cual deseo escribir esta nota de hoy.

Tengo enorme aprecio personal por la diputada libertaria Patricia Pérez, por ello me sorprendió -y no de forma agradable- el proyecto de ley que presentó ante la Asamblea Legislativa para lograr que hubiera mayores fondos para que la clase media obtuviera vivienda. Como era de esperar, tan noble propósito encontró amplio eco en el resto de los diputados, quienes, ni lerdos ni perezosos, ya han indicado estar a favor de la propuesta. Muchos de ellos, casi que estoy seguro, lo hacen porque están a favor de “ayudar” a la clase media (ninguno están en contra de la clase media), pero estoy seguro que no han pensado en las implicaciones derivadas de la aprobación de una ley como esta.

Conociendo el conocimiento profesional privada de la diputada Pérez, con gran experiencia en las Mutuales, más bien me extraña que la solución que propone para dotar con casa a las familias de clase media, lo sea mediante un subsidio a los intereses que tendrían que pagar, los cuales, concuerdo con ello, son muy elevados. Estoy seguro de que doña Patricia conoce los numerosos estudios que, a través de los años, han hecho muchos economistas acerca de las razones por las cuales, en nuestro país, el diferencial entre las tasas pasivas que un banco comercial le paga a sus ahorrantes es tan grande con respecto a las tasas activas que le cobra a quienes les presta. De paso recuerdo los innumerables trabajos para la Academia de Centro América, de Edna Camacho, Rodolfo Quirós, Ronulfo Jiménez, Thelmo Vargas, Oswald Céspedes y muchos otros, que bien debe recordar don Patricia.

Si fuera así, Doña Patricia no abogaría por subsidiar intereses para ningún grupo en particular, sino en reducir ese “spread” tan elevado, el cual se origina en la obligación de mantener altas reservas legales, el pago de impuestos locales, los altos gastos operativos de los bancos (estatales), entre otros. En síntesis, más bien debería proponer que legalmente se diera una reducción significativa de esos elevados costos de transacción hoy trasladados a todos quienes piden prestado en los bancos, incluyendo los de clase media que solicitan préstamos para su vivienda.

El problema con estos últimos préstamos más bien parece estar en el plazo tan corto a que se otorgan, lo que contrasta con la situación de, por ejemplo, los Estados Unidos, o Panamá y más recientemente El Salvador. Una propuesta que permitiría que nuestro país tuviera préstamos a plazos tan largos como los citados lo sería mediante la aprobación de un proyecto de ley precisamente acogido por el Movimiento Libertario para su trámite legislativo, como es la dolarización de nuestra economía. Esta posibilitaría ayudar a que la clase media adquiera vivienda en un plazo factible para este tipo de inversiones. En el caso de El Salvador, antes de que se dolarizara, tales préstamos eran de una duración parecida a la actual de Costa Rica; ahora tienen una duración similar a la estándar de Panamá: 30 años.

Finalmente, aprovecho para referirme a una coyuntura actual de la economía costarricense, que la propuesta de la diputada Pérez deja de lado. El déficit actual del sector público puede llegar a un 5% este año y a un 6% en el próximo, principalmente por un exagerado gasto gubernamental.

Históricamente los libertarios han indicado su disposición para introducir algún grado de racionalidad en ese desbocado gasto estatal, pero la propuesta de la diputada Pérez propone todo lo contrario. Más bien aumentaría el gasto gubernamental porque con el presupuesto público es que se financiaría el 50% de los intereses que tienen que pagar las familias de clase media a quienes se les otorguen préstamos bajo la propuesta comentada Esos gastos irían a aumentar el déficit en momentos en que más bien los gobernantes nos dicen que pedirán ante el Congreso en aumento de los impuestos que paga la ciudadanía. Triste papel hacen quienes por años han señalado posiciones contrarías a los subsidios estatales y el excesivo gasto público.

En lo personal tengo un gran aprecio por la diputada Pérez, por lo que aprovecho para recordarle la cita de Aristóteles: “Amicus Plato, sed magis amica veritas” (Soy amigo de Platón, pero más amigo de la verdad).

Jorge Corrales Quesada

jueves, 2 de diciembre de 2010

Jumanji empresarial: los estafadores de la industria local


Con cierto aire folklórico, una corriente emotiva se ha terminado convirtiendo en una cuasi ideología. Movimientos que se ufanan de su nacionalismo, de preservar las tradiciones y fortalecer la historia doméstica se han encargado de servir de plataforma a una de las mayores estafas de este tiempo.

Un grupo de pillos, de rufianes oportunistas, se abusan del sentido de pertenencia que cualquier territorio genera a su alrededor. Ellos han exacerbado el sentido de lo local para transformar esa visión en algo así como una escala de valores que les resulta más que funcional a sus intereses económicos.

Han logrado construir una fantasía con cierta verosimilitud que solo cabe en la mente de los incautos y desprevenidos. Es que se trata de una casta de aprovechadores profesionales que han convencido a propios y extraños de que proteger la industria local implica salvaguardar el bien común, que la política debe generar espacios para favorecer a los de adentro y evitar que los de afuera hagan de las suyas.

Se ocupan de promover normas que favorezcan el compre local, las industrias del lugar. Dicen que debemos cuidar todo lo de adentro, para despotricar contra lo foráneo, induciendo a simplificaciones que hacen que lo propio sea bueno, y lo de afuera sea malo. Solo buscan protección, privilegios, prebendas, favores públicos, que hagan que sus emprendimientos sean viables, que haga rentables segmentos que no lo son.

Han construido un razonamiento que parece sostenible. Quieren que la industria local florezca, para mantener los puestos de trabajo y la actividad económica del lugar se revitalice dando oportunidades a los de adentro. Suena romántico y convocante.

Pero lo que no aclaran es quienes pagarán esa “fiesta”, quienes sostendrán su circo inmoral. Pretenden protecciones porque son ineficientes, porque quieren desarrollar actividades que no pueden sobrevivir sin subsidios, sin privilegios, sin apoyo estatal, ventajas impositivas o castigos vía barreras para los que vienen de afuera. Se trata, según ellos, de impedir que la competencia foránea ingrese al mercado local, destruyendo la industria del lugar y provocando perdidas de empleo.

Aspiran a tener protección, ganar dinero sin tomar riesgos, que el Estado les garantice rentabilidad para hacer un negocio seguro, que no dependa de los vaivenes del mercado. Lo que no quieren es competir, desean un monopolio apoyado desde el Estado y con una gran mística periférica que haga que la gente los avale, que la política los sostenga.

Tampoco hablan de las consecuencias de su pseudo ideología. Aspiran a que alguien los subsidie, que financie las ineficacias de su negocio, su aventura empresarial, socializando las perdidas y privatizando sus ganancias.

La sociedad se obliga a pagarles sus deficiencias, vía impuestos, endeudamiento o cualquier retorcido método que posibilite la transferencia desde el sector privado, de los que trabajan para ganarse su salario, de los que desempeñan su oficio, hacia los que parasitan desde las oficinas públicas imponiendo regulaciones o desde los sectores prebendarios, promoviendo ventajas que solo le resultan convenientes a ellos mismos. Saben lo que hacen, se escudarán en la sensiblería de los puestos de trabajo, de favorecer lo propio, y de ayudar al crecimiento local. Todos argumentos que apuntan al corazón, a la emotividad, pero pocas veces a la razón.

Para que sus empresas ineficientes sean viables, la sociedad toda deberá aportar la diferencia y hasta la ganancia. Esos recursos no pueden tener otro origen que cada individuo, que resignará su propio consumo, el que hubiera elegido en libertad, para destinar esos dineros al “estafador” y los supuestos ideales románticos que defiende.

Pero no se agota allí la historia, no se trata solo de las exenciones impositivas, los regímenes privilegiados, las subvenciones otorgadas, sino también del cúmulo de regulaciones que lo favorecerán para impedir que sus competidores ingresen al mercado. Todas esas reglas “hechas a la medida”, evitarán que quienes pueden ofrecer un mejor producto, más barato, en mejores condiciones, no lo consigan. Para ello, lobby mediante, el “protegido” empresario local, conseguirá que las normas castiguen económicamente a quienes insistan en ofrecer sus productos desde afuera. Le impondrá barreras arancelarias que impidan la competencia, restricciones formales que hagan que sus intentos no estén contemplados por las reglas domesticas. Todo tipo de escollo sirve al loable fin que intentarán defender con uñas y dientes.

Pero los consumidores locales tendrán que abonar un precio más alto por un servicio por el que optan acorralados por las reglas artificiales obtenidas bajo el amparo de la influencia del “afortunado”. Para abonar ese sobreprecio del proveedor local, los clientes del lugar tendrán que privarse de consumir otros bienes, reduciendo su capacidad de compra. El fin justifica los medios dirá la caterva de aduladores que rodea al privilegiado y sus “convenientes” aliados. Para ellos no tiene mucha importancia que el consumidor local pague más, después de todo se trata de ayudar a los empresarios locales, fortalecer el mercado interno y preservar el empleo de los lugareños.

Lo que nuevamente no dirán es que el dinero que el consumidor local utilizó para pagar el sobreprecio de esta prebenda, solo puede explicarse al privarse del consumo de otro bien. Es en esa otra actividad, en ese otro sector, donde el cliente local no podrá poner voluntariamente su dinero y por lo tanto habrá hecho desaparecer sin intención a otra actividad, en este caso sin protección.

Los genuinos empresarios locales, esos que no gozan del calor del poder, serán los primeros perjudicados. Ellos y sus empleados, que son los que realmente perderán puestos de trabajo pero sin tanta trascendencia, de modo progresivo, casi en silencio. Es que los “privilegiados de siempre” saben invertir su tiempo en hacer lobby, en traficar influencias, en convencer políticos y aportar argumentos al debate social, para ponerse a la gente de su lado.

Los verdaderos emprendedores, los que pelean cotidianamente en el mercado sin protección alguna, más que la de prestar el mejor servicio, ofrecer el mejor producto, al precio más bajo posible, con el menor margen que pueda darle viabilidad a su negocio y lidiando con los competidores a diario, ellos, no tendrán defensores en la lucha. Al contrario, pagarán el costo de este engendro, con menos empleos, con una inferior ganancia, en una verdadera competencia desleal, desde otros sectores de la economía.

En economía no se puede hacer magia. Las soluciones las provee un marco normativo transparente, donde los empresarios toman riesgos, se dedican a hacer lo que saben hacer, y subsisten solo si son elegidos por sus clientes todos los días, con claros incentivos perdurables en el tiempo, esos que solo provee el mercado, para ofrecer el mejor producto, al menor precio, desde la óptica de quien lo consume.

Cuando las empresas, ya no toman riesgos, e invierten tiempo en recorrer pasillos de oficinas públicas, la ciudadanía toda habrá perdido, porque pagará la nueva parodia con sus propios ingresos, abonando en el mercado local precios irreales.

Si no entendemos que detrás de cada idea retorcida de estas que pretenden cuidar lo propio, existen mas problemas que soluciones, más daños que beneficios, y sobre todo perversos intereses parciales que solo desean alimentar sus propias ineficiencias frente a la incapacidad de superar a sus competidores, estaremos transitando un camino sin retorno, ese que nos proponen los estafadores de la industria local.

Alberto Medina Méndez

domingo, 24 de octubre de 2010

A las puertas de la gran guerra comercial


Hace ahora algo más de un año advertíamos de que la crisis financiera y económica podría acabar transformándose en una guerra comercial de imprevisibles consecuencias para la economía mundial. Desde entonces, dicho riesgo no sólo no se ha atenuado sino que está más presente que nunca. La guerra de divisas en la que están inmersas las principales potencias del planeta amenaza con levantar nuevas barreras arancelarias no vistas desde la Gran Depresión de los años 30.

En 2009, al menos 17 de los 20 países más ricos del planeta pusieron en marcha nuevas barreras proteccionistas para proteger a sus industrias nacionales de la competencia exterior, según el Banco Mundial. Esta tendencia ha seguido creciendo en 2010. Así, el último informe al respecto, el denominado Global Trade Alert, pone de manifiesto que, pese a la recuperación del comercio internacional, la mayoría de los gobiernos han seguido implantando medidas proteccionistas tales como la concesión de subsidios públicos y acceso a créditos baratos. Dichas medidas, sumadas a los rescates y las multimillonarias ayudas públicas inyectadas a determinados sectores “estratégicos”, han conformado las conocidas “políticas de promoción exterior” que, en esencia, generan graves perturbaciones en el comercio internacional.

Excluyendo las rebajas y exenciones tributarias, este tipo de políticas suponen un atentado directo contra el libre mercado, pero, al menos, hasta ahora muy pocos gobiernos se habían atrevido a imponer subidas arancelarias y nuevas tarifas con el fin de frenar la llegada de importaciones a sus respectivas economías domésticas. Sin embargo, este escenario de preguerra comercial se ha visto agravado en los últimos meses mediante la intervención directa en los mercados de divisas con el fin de aplicar devaluaciones monetarias. La caída deliberada del dólar ha disparado todas las alarmas, y ahora países emergentes y grandes potencias pugnan entre sí para envilecer sus monedas o, como mínimo, frenar su apreciación respecto al dólar. Por el momento, Japón y los emergentes asiáticos y latinoamericanos están tomando ya medidas en este sentido.

De hecho, algunos gobiernos ya han decidido imponer controles a la entrada de capitales foráneos mediante subidas fiscales para debilitar sus divisas. Por desgracia, esto es tan sólo la punta del iceberg. Esta guerra de guerrillas, centrada en la adopción de un amplio abanico de medidas indirectas para impulsar las exportaciones y reducir las importaciones, está ya a las puertas de convertirse en una guerra comercial pura y dura a nivel mundial.

El arma ya está encima de la mesa y el objetivo, marcado. El Gobierno de Estados Unidos ha aprobado la denominada H.R. 2378 Currency Reform for Fair Trade Act, una norma destinada a imponer altos aranceles a todas los productos provenientes de aquellos países que hayan manipulado a la baja sus divisas, en una clara e inequívoca referencia al yuan chino. Y ello, basándose ni más ni menos que en la histórica Tariff Act of 1930, más conocida como la Smoot-Hawley Tariff, surgida poco después del crack del 29.

Esta medida elevó los aranceles de Estados Unidos a los niveles más altos de la historia contemporánea con la excusa de proteger a los agricultores nacionales, uno de los grandes sectores “estratégicos” por entonces, pero que se fue extendiendo progresivamente a casi todos los sectores productivos del país. Su objetivo perseguía mejorar la producción interna a expensas de empobrecer al vecino. Y así fue. Tras Washington, todas las grandes potencias imitaron la misma estrategia.

Como resultado, esta política contribuyó a reducir drásticamente el comercio mundial: las importaciones procedentes de Europa cayeron desde los 1.344 millones de dólares en 1929 a tan sólo 390 millones en 1932; mientras que las exportaciones de EEUU a Europa pasaron de 2.341 millones a 784, respectivamente. ¿Resultado? El comercio mundial se hundió cerca de un 66% entre 1929 y 1934, provocando además graves tensiones políticas y diplomáticas.

La nueva estrategia de EEUU contra China supone un auténtico suicidio. La norma, pese a haber obtenido el visto bueno de Congreso, está a la espera de ser aprobada definitivamente. Por el momento, tan sólo ha sido expuesta a modo de amenaza directa para presionar a China a revaluar su moneda. La cuestión es... ¿y si Pekín no da su brazo a torcer? Algo similar sucedió con Japón en los años 80, tras los denominados acuerdos del Plaza. Desde entonces, el dólar se ha hundido un 70% respecto al yen y, curiosamente, el déficit comercial entre EEUU y Japón ha permanecido casi intacto. El problema es que China is different, sus relaciones diplomáticas son muy distintas a las niponas. Sin duda, de aplicarse esta norma, supondrá la mayor amenaza para el comercio mundial y la seguridad internacional desde la caída del mundo bipolar propio de la Guerra Fría.

Manuel Llamas

lunes, 26 de abril de 2010

Tema polémico: ¿Turismo como derecho humano?


Una vez más los Europeos aportan al mundo una curiosa idea: pasear como un derecho humano. Así es, aunque usted no lo crea. Resulta que Antonio Tajani, el Comisionado Europeo de Empresas e Industrias se encuentra promoviendo el "Derecho Humano al Turismo", bajo el cual se pretende que se subsidie hasta en un 30% las vacaciones de los trabajadores. El argumento para esta locura es simplemente de antología: “¿Por qué alguien del mediterráneo no puede viajar a Edimburgo durante el verano por una brisa de aire fresco, por qué alguien de Edimburgo no puede viajar a Grecia durante el invierno?

Por supuesto que esta idea (¿?) cuenta con dos problemas básicos: conceptual y económico. El conceptual se refiere al penoso circo en que se ha convertido esto de los derechos humanos. No nos mal entiendan, como liberales creemos en derechos inalienables del individuo, derechos que no pueden ser arrebatados ni pisoteados por nadie. El problema está en que ahora todo es un derecho humano: cualquier ocurrencia pretende ser justificada desde ahí, haciendo que los mismos sean banalizados y carezcan de sentido y razón de ser.

Por otro lado está el tema económico, el cual resulta más que obvio. ¿De dónde saldrán esos subsidios? Si provienen del Estado, esto significará más gastos, los cuales sólo podrán ser financiados vía nuevos impuestos o inflación. Cualquiera de las dos opciones restará impulsos al dinamismo del sector productivo y hará que los contribuyentes soporten nuevas cargas asfixiantes. Por otro lado, si se pretende que dichos recursos sean aportados por los propios patrones, esto llevará a una disminución de la inversión y del ahorro, lo que tendrá efectos sobre la creación de nuevos puestos de empleos y sobre los salarios.

Así las cosas, resulta claro que esta propuesta no tiene ni pies ni cabeza. Nada más esperamos que a ningún tico se le ocurra importar tal disparate, aunque cada día vamos perdiendo más la capacidad de sorprendernos.

lunes, 22 de marzo de 2010

Tema polémico: espirales subsidiarias


Una vez más, la Sala Constitucional se ha sacado de la manga, con una de sus "magistrales" sentecias, un nuevo argumento para meternos las manos en el bolsillo, gracias a un Recurso de Amparo del diputado Oscar López. Según la sentencia constitucional N° 2009-15666, los adultos mayores tienen "derecho" a viajar gratis en el tren, como parte de toda esta doctrina de accesibilidad y "solidaridad" que ha venido impulsando nuestro Estado, aunque con mayor vigorosidad desde que el legislador "con más visión del país" está en el Congreso, lo que ha generado una verdadera espiral de subsidios que se traducen en las formas más increíbles de solidaridad forzada.

Como si ya no bastaran las resoluciones de la Sala obligándonos a pagarle la viagra a los que sufren de disfunción eréctil, a subsidiar la compra de medicamentos particulares para enfermedades determinadas o a ofrecer tratamientos de fertilización in vitro, ahora los individuos que usan el tren para desplazarse a su trabajo o centro de estudio deberán pagar el pasaje de estos tiernos abuelitos. Ya el INCOFER comenzó a tramitar un incremento en las tarifas del tren para materializar el maravilloso y tierno "derecho" de los adultos mayores a rememorar su infancia con los viajes en tren.

¿Qué vendrá después? Como subsidiamos la viagra, ¿tendremos que subsidiar también los moteles para que los nuevos "garañones" disfruten del regalo de los ticos? ¿Y qué pasa si no consiguen novia para poner a prueba sus nuevas habilidades? ¿Tendremos que subsidiarles una prostituta? Como subsidiamos los pasajes de tren de los adultos mayores ¿nos tocará subsidiar también los de las mujeres embarazadas, los de los discapacitados, los de los estudiantes universitarios, los de los zurdos o los de los católicos? ¿Tendremos que subsidiar también un pasaje de avión, en primera clase, para que estos abuelitos vayan a pasar sus últimos días en Miami en forma gratuita? Es mejor no seguir haciendo estas preguntas, pues no vaya a ser que nuestros paternalistas gobernantes las tomen como sugerencia para sacarnos más dinero. Es mejor sentarse a esperar a que nos sorprendan con su gran creatividad para dicha empresa.

Como lo hemos preguntado en ASOJOD ¿cuándo parará esta charlatanería? ¿cuál es el criterio para decir que a unos sí le subsidian y a otros no? ¿cuál es el criterio para definir hasta dónde se le subsidia a alguien una tarifa? Con los disparates de nuestro Estado Social de Derecho, los costarricenses somos víctimas de la coerción institucionalizada para repartir nuestra riqueza y mantener los derechos, vicios, privilegios y sueños de otros individuos, sin la menor esperanza de acabar con la costumbre de meternos la mano en el bolsillo cada vez que la Sala o el Congreso lo consideran oportuno.

No importa si representan nuestras raíces culturales, si son nuestros abuelos, si ponen en alto el nombre del país en competencias internacionales, si son el futuro de nuestra patria o lo que sea, en ASOJOD siempre nos opondremos a que unos vivan a costa de otros. Rechazamos estar al servicio de una muchedumbre que brama por privilegios cada vez que puede, a costa de lo que tanto trabajo y esfuerzo nos cuesta ganarnos. Exijimos respeto por la propiedad privada y que, de una vez por todas, nuestros gobernantes entiendan que la solidaridad, si se considera un valor, requiere voluntad de los individuos para mantenerse y generar resultados pacíficos. De lo contrario, conforme las personas vean que pagar por los "derechos" de otros es una carga económica, pronto comenzarán las fricciones y las discriminaciones, perdiéndose todo el terreno ganado en materia de accesibilidad.

miércoles, 6 de mayo de 2009

¿Dónde está mi subsidio?


El día de hoy La Nación informa que: "El Gobierno subsidiará este año el seguro para cubrir unas 60.000 hectáreas de cultivos vulnerables a las inclemencias del tiempo. El Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) transfirió a finales de abril ¢1.000 millones al Instituto Nacional de Seguros (INS) para cubrir parte de los costos del seguro de cosechas para este año."

Desgraciadamente siguen existiendo grupos privilegiados que se dedican a vivir a expensas de los demás. Es el viejo esquema de privatización de las ganancias y socialización de las pérdidas. Pseudo-empresarios que no quieren asumir riesgos. Llevaba mucha razón Bastiat cuando en el siglo XIX argumentó, que: "el estado es la gran ficción a través de la cual todo el mundo trata de vivir a cuestas de todos los demás".

jueves, 19 de febrero de 2009

Entre el martirio y el oportunismo

Vivimos en un mundo donde el Estado es omnipresente e interviene en casi todas las facetas de nuestra existencia. Si queremos evitar cualquier contacto con el Estado o participación en sus políticas debemos prepararnos para el martirio o la vida de ermitaño.

Para aquellos de nosotros que tenemos principios liberales y queremos llevar una vida moral, acorde con esos principios, la cuestión de cómo actuar en un mundo dominado por el Estado es importante. ¿Es moral aceptar subvenciones o pagar impuestos religiosamente si estos financian un sistema injusto? ¿Es moral hacer uso de la sanidad pública o trabajar para el Estado? ¿Es moral formar parte del Gobierno o hacer campaña para conseguir favores públicos?

Todas estas preguntas están interconectadas y nos sitúan ante un continuum de actuaciones difícil de abordar. Murray Rothbard hizo un intento de aproximación en su artículo Living in a State-Run World, donde esboza algunos de los puntos clave en esta discusión.

Rothbard distingue dos actitudes radicales que habría que rechazar: el sectarismo ultra-puritano, según el cuál no podemos siquiera caminar por las calles públicas; y el oportunismo de los vendidos, según el cuál podemos ser guardias en un campo de concentración y poder seguir llamándonos "liberales" sin pudor alguno. El ultra-puritanismo lleva a aislarse del mundo y a evitar la realidad en aras de una fantasía. Implicaría tildar a todos los cubanos de "criminales", porque como en Cuba no hay apenas sector privado todos son funcionarios. El oportunismo más aprovechado, por otro lado, desvincula totalmente los principios morales de la vida cotidiana, como si la ética no tuviera ninguna relación con la realidad. Liberalismo de boquilla, o haz lo que digo pero no lo que hago.

Un punto intermedio parece más razonable. En primer lugar, porque una ética que obliga al martirio no puede ser buena. El liberalismo es una ética para mejorar la vida de las personas, no para exigirles su sacrificio en el altar de las ideas. Sería absurdo que la respuesta moral a un sistema injusto, que nos hace menos libres y más pobres, fuera soportar aún más malestar y restricciones. En segundo lugar, porque se puede participar en el sistema por diferentes razones y en varios grados, y cada caso merece un juicio ético distinto. De hecho, dependiendo de la corriente liberal a la que uno se adhiera (anarcocapitalismo, minarquismo etc.) incluso la figura del funcionario o político per se no es incompatible con el liberalismo.

Rothbard introduce otra distinción fundamental: una cosa es convivir con una injusticia que te han impuesto y tú no has creado, y otra cosa es promover activamente esa injusticia, agravarla o colaborar en su ejecución. Aceptar una subvención una vez la ley está aprobada y el dinero está sustraído no es lo mismo que aprobar o hacer campaña a favor de esa subvención o contribuir a recaudarla. La confiscación ya se ha producido con independencia de que haga uso o no de la calle pública o de la sanidad pública.

Juzgar la conducta de la gente en base a lo que reciben del Estado supone, además, considerar solo la mitad del cuadro. Los beneficiarios de servicios y subsidios públicos también pagan impuestos, y si pagan más de lo que reciben entonces no están más que cobrándose una parte de lo que le han quitado previamente. En el caso de los funcionarios, su salario entero es como una subvención y a menos que tengan fuentes de ingresos alternativas podemos decir que su riqueza proviene del expolio al ciudadano. Pero con respecto a los funcionarios también hay que hacer distinciones. De nuevo Rothbard sugiere un buen enfoque: hay empleos en el sector público que serían perfectamente legítimos si se llevaran a cabo en el mercado y hay empleos que son ilegítimos per se y no son compatibles con una sociedad libre. Uno podría ser profesor, médico o cartero en una sociedad libre, pero no podría ser guardia en un campo de concentración de prisioneros políticos, inspector de Hacienda, policía anti-droga o ministro de Cultura y Deportes.

Las personas que tienen vocación de maestro, médico o de taxista no tienen la culpa de que el Estado monopolice o regule esas profesiones, impidiendo o dificultando su ejercicio en el mercado libre. El salario del maestro lo pagan los contribuyentes vía impuestos y no es un salario de mercado, pero en una sociedad libre esa profesión probablemente existiría y esos mismos contribuyentes también pagarían un salario al maestro, esta vez vía precios. Al menos la mayoría de profesores y médicos funcionarios dispensan un servicio que tiene cierto valor para el contribuyente, y podemos convenir en que su renta no es tan inmerecida como la de aquél que realiza una actividad que nunca estaría remunerada en el mercado.

Ya que nos "obligan a jugar", opinan algunos liberales, hay que jugar a ganar: sacarse oposiciones para tener un trabajo seguro, poco estresante y sufragado por los contribuyentes (como además la mayoría son socialistas, no hay motivo para tener mala conciencia), pedir subvenciones sin escrúpulos y hacer uso y abuso de las prestaciones públicas. "Soy liberal, pero no soy tonto". Pero lo mismo podría decir un comunista rico "obligado a jugar al juego capitalista", y el liberal protestaría porque le metemos en el mismo saco.

La alternativa a ser un pringado liberal no es necesariamente ser un liberal aprovechado, orgulloso de parasitar. También puede ser un liberal que intenta actuar moralmente sin dar la espalda a la realidad ni martirizarse por culpa de un mundo estatista que le ha sido impuesto.

Albert Esplugas

martes, 3 de junio de 2008

La ley agrícola: una vergüenza internacional


Mientras muchos estábamos distraídos con otros temas, el Congreso estadounidense aprobó una Ley Agrícola que difícilmente podría ser peor: subsidia a los agricultores más ricos del país, perjudica a la mayoría de los consumidores, contamina el medio ambiente, no ayuda a reducir el hambre en el mundo y perjudica a los países latinoamericanos productores de alimentos.

Lo que es peor, la Ley Agrícola hace todas estas cosas -y más- en un momento en el que muchos productores agrícolas estadounidenses están teniendo ganancias récord gracias a los altos precios internacionales de las materias primas.

Todo esto sería difícil de entender si no fuera porque estamos en un año de elecciones. Pero el amplio respaldo ofrecido a esa legislación por la mayoría demócrata -incluyendo a la líder de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi - y de 100 legisladores republicanos lograron que el Congreso invalidara un veto de la Casa Blanca por un amplio margen de 318 votos contra 106.

Además de los $5 mil millones que el gobierno norteamericano pagará directamente a agricultores que en muchos casos están ganando muy buen dinero, la nueva ley está repleta de dádivas propias de un año electoral, incluyendo $170 millones a la industria salmonera de la Costa Oeste,$ 93 millones en recortes impositivos a criadores de caballos de carrera de Kentucky, $260 millones de reducción impositiva a la industria maderera, y $15 millones para los productores de espárragos, que en el pasado no recibían estos subsidios.

''Es una desgracia nacional'', me señaló Gary C. Hufbauer, ex funcionario de la Secretaría del Tesoro que se desempeña actualmente en el Peterson Institute for International Economics. ``Estamos en una época de prosperidad para muchos productores agrícolas estadounidenses. Su alguna vez hubo un momento adecuado para liberalizar la industria agrícola, es precisamente el actual''.

El probable candidato presidencial demócrata Barack Obama -quien ha sido objeto de elogios en esta columna en las últimas semanas- dió su apoyo a la Ley Agrícola. Los partidarios de la ley señalan que la legislación prevé $209 mil millones para programas de nutrición, incluyendo fondos para bonos de comida para los pobres.

El probable candidato presidencial republicano John McCain, criticó la Ley Agrícola. Dijo que en un momento en que las materias primas han alcanzado un precio récord, los agricultores norteamericanos no necesitan subsidios gubernamentales.

Entre los peores efectos de la Ley Agrícola se cuentan:

-La ley perjudica a la mayoría de los consumidores estadounidenses al seguir subsidiando el etanol de maíz, que desvia el 25 por ciento de la produccion maicera a la producción de etanol subsidiado. Como resultado, los precios del maíz en el supermercado están aumentando, al igual que los precios de la carne de vaca y pollo, cuya alimentación es en base al maíz.

-Perjudica el medio ambiente, entre otras cosas porque en vez de eliminar las trabas a la importación de etanol de ázucar procedente de Brasil -que se produce de manera más eficaz, es más barato y menos contaminante -, la nueva ley conserva las barreras tarifarias que protegen a los productores estadounidenses de etanol de maíz.

- Perjudica a Latinoamérica, porque mantiene las barreras, tanto tarifarias como no tarifarias, para los productos agrícolas de la región. En vez de contribuir a la reducción de los precios del ázucar en Estados Unidos facilitando la importación de países centromericanos o del Caribe, la nueva Ley Agrícola mantiene los cupos de importación para proteger a los magnates azucareros de Palm Beach. Como resultado, los estadounidenses pagan mucho más que los precios internacionales por el ázucar que consumen.

- Está en abierta contradicción con la prédica oficial de Washington a favor del libre comercio. Hasta ahora, Estados Unidos le decía a los productores agrícolas latinoamericanos: ''Nosotros vamos a reducir los subsidios agrícolas si la Unión Europea hace lo mismo''. Ahora, con este voto bipartidista, el Congreso le está diciendo al mundo que no le permitirá a ningún presidente de Estados Unidos que reduzca los subsidios agrícolas.

Mi opinión: el daño ya está hecho. Ahora, el presidente Bush debería hacer algo realmente audaz, que le ayudaría a dejar la presidencia en algo menos que un descrédito absoluto.

Tal como me dijo Hufbauer, del Peterson Institute, Bush debería anunciar después de las elecciones de noviembre la propuesta más ambiciosa que haya hecho Estados Unidos para reducir sus subsidios agrícolas a cambio de concesiones razonables de sus socios comerciales.

Esto no tendría ningún resultado inmediato, pero obligaría al próximo presidente estadounidense a ocuparse del tema y -tal vez- le daría al próximo gobierno una excusa para continuar con una política heredada de su antecesor. La alternativa, que es no hacer nada, será desastrosa para Estados Unidos, y desastrosa para el mundo.

Andrés Oppenheimer

viernes, 30 de noviembre de 2007

Aumento del precio de los alimentos


Malthus y muchos de sus modernos seguidores asumen que el crecimiento de la población causa aumentos en los precios de los alimentos. En 1968, el biólogo Paul Ehrlich, en su libro “La bomba poblacional”, predijo que cientos de millones de personas morirían de hambre para mediados de los años 70. Desde luego que eso no sucedió y en los últimos 40 años el precio de los cereales y demás alimentos básicos ha bajado en relación con los precios de productos no alimenticios. Pero esto ha cambiado en los últimos dos años y en 2007 la inflación en el precio de los alimentos ha sido mayor que en todo lo demás.

Pero el aumento de la población mundial no resultó ser el factor determinante, entre otras cosas porque su crecimiento se ha reducido en los últimos 30 años. Una razón mucho más importante ha sido el aumento del ingreso per cápita en los países en desarrollo, especialmente en China y la India. Otro importante factor han sido los subsidios gubernamentales al maíz para producir biocombustibles que sustituyan al petróleo. La producción de etanol utilizará casi 30% de la cosecha total de maíz en Estados Unidos el próximo año.

El aumento del precio de los alimentos ha causado pánico en muchos países que han impuesto controles de precios y restricciones a las exportaciones de alimentos básicos. Otros países consideran ofrecer subsidios e imponer más regulaciones para impedir que sigan subiendo los precios de los alimentos.

La mayoría de esas medidas resultan contraproducentes porque desalientan en lugar de fomentar la producción de alimentos. Los agricultores se dedicarán a otros cultivos si les fijan un precio máximo al trigo, mientras que los subsidios agrícolas provocan mayor producción, pero distorsionan la asignación de recursos entre alimentos y demás bienes que los consumidores desean. Por el contrario, eliminar aranceles a la importación de alimentos, acabar con los subsidios a la exportación de alimentos y dejar que los agricultores hagan el uso que más les conviene de sus tierras contribuyen a la mayor eficiencia mundial en la producción y consumo de alimentos.

Los precios de los alimentos bajaron a lo largo de casi todo el siglo XX por los avances tecnológicos logrados. Éstos incluyen el desarrollo de mejores fertilizantes, la rotación de siembras, el control de enfermedades de las plantas y animales, modificaciones genéticas de cosechas y otras innovaciones. Todo esto debe seguir mejorando, especialmente si los gobiernos reducen sus restricciones a las modificaciones genéticas de los cultivos y si lo agricultores tienen la libertad de reaccionar libremente a los precios del mercado y demás indicaciones de lo que la gente quiere.

El rápido aumento del precio de los alimentos hace mucho más daño a los países pobres porque su gente gasta una considerablemente mayor proporción de sus ingresos en comida. La gente en Estados Unidos y en otros países ricos gasta alrededor de 10% de sus ingresos en alimentos, mientras que la gente de países muy pobres gasta más de 60%. Esto significa que un aumento de 30% anual en el precio de los alimentos durante cinco años reduciría el nivel de vida en apenas 3% en los países ricos, pero en 21% en los países pobres, si todo lo demás se mantiene igual.

Dentro de cada nación, los más pobres siempre son los más afectados por los aumentos de precio de los alimentos y por ello es que los gobiernos tienden a intervenir.

Mi conclusión es que los temores maltusianos no sucederán. La producción de alimentos se adaptará a la mayor demanda de los países en desarrollo y los precios futuros de los alimentos tenderán a la baja como sucedió en los últimos 100 años. Una incertidumbre tiene que ver con el calentamiento global y los biocombustibles porque cada vez mayores extensiones de tierras cultivables se dedicarían a la producción de etanol y no de alimentos.

Por Gary Becker

jueves, 22 de noviembre de 2007

Costa Rica, lecciones del referendo


Si se quiere favorecer con intervención económica a un grupo de productores y, al mismo tiempo, minimizar el perjuicio a la sociedad entera hay que apoyar el consumo de tales productos, no la producción.
El proceso que culminó en Costa Rica con el referendo del 7 de octubre, sobre el TLC con Estados Unidos, nos dejó varias enseñanzas. Una de ellas es que entre los gurúes existe una profunda ignorancia sobre el rol del comercio en la creación de riqueza. Los del “sí” luchaban por exportar (vender); los del “no” por no importar (no comprar). A ningún lado le interesa el intercambio, es decir, el comercio. Para ellos, ese no es el tema. Tal hecho quedó ratificado por Ottón Solís, ex candidato presidencial y uno de los máximos líderes del “no”, quien exige subsidios para los agricultores, como condición para aprobar las leyes de implementación. Esa exigencia tiene tres graves problemas: conceptual, económico y moral. Veamos el conceptual.

Sistema económico. Todos los seres humanos consumimos bienes y servicios para nuestra subsistencia y bienestar. Todos tenemos necesidades de consumo y estamos dotados de recursos (inteligencia, habilidades, medios naturales) con los cuales solventar el problema de dos sólo maneras: en autosuficiencia -cada persona produce aisladamente todo lo que necesita- o en cooperación con otras. El hombre era autosuficiente hasta que descubrió el maravilloso principio de especialización e intercambio, donde dos o más individuos satisfacen mejor sus necesidades de consumo si en vez de producir todo lo que necesitan, cada uno dedica sus recursos a los bienes y servicios que produce mejor y luego los intercambia por aquellos que otros ofrecen en condiciones ventajosas. El resultado de la aplicación generalizada de este principio es el sistema de especialización e intercambio, una intrincada red de interrelaciones e interdependencias. En él, cada individuo produce un bien (o unos pocos) y obtiene todos los demás mediante el proceso de intercambio comercial.

Dinámica del sistema. Entonces vemos que las personas participan en el sistema económico con el fin de satisfacer mejor sus propias necesidades de consumo. Así se logra la máxima cantidad de riqueza y bienestar cuando cada individuo encuentra la mejor solución (la más barata) para cada una de sus necesidades de consumo, en cualquier parte del mundo. Cada vez que surge una mejor solución, la riqueza se incrementa en dos rondas. Veámoslo con un ejemplo. Supongamos que a raíz de la liberalización comercial, el arroz se importa al 20 por ciento del precio local. Esto implica una ganancia para todos los que consumen arroz. Además, al pagar menos por ese grano, todos esos consumidores tendrán más dinero para consumir otros bienes: frijoles, carne, verduras, libros, vestimenta, etcétera. En todas esas otras actividades se generaría mayor producción, empleo y ganancias. Así, la importación de arroz barato aporta otros beneficios. En el campo se benefician todos los que consumen arroz: peones agrícolas y no agrícolas, pulperos. También los campesinos que no producen arroz se benefician del arroz más barato y de una mayor demanda de sus productos. Beneficiados urbanos: todos los que consumen arroz: taxistas, periodistas, meseros, clérigos, secretarias. Perdedores en el campo: los grandes productores de arroz, quienes tendrían que mejorar su productividad o dedicarse a producir otros productos en los que sí puedan competir. Esto también implica una mejor utilización de los recursos.

Ayuda a hogares pobres. Esta clarísimo, entonces, que para favorecer a los pobres (campesinos, obreros, taxistas, vendedores ambulantes) o dejar de perjudicarlos, lo más efectivo es permitir que se abaraten los bienes de consumo básico, propiciando la apertura inmediata de esos mercados. Luego, si se estima necesario, se puede complementar esto con ayudas directas dirigidas al consumo. Pero lo que promulgan políticos como Solís, férreos opositores de la apertura comercial, es todo lo contrario: que se mantengan cerrados los mercados y se subsidie a los productores. Las consecuencias económicas de tales programas son desastrosas, en especial para los más pobres, quienes además de no recibir beneficios de la apertura tendrán que costear los subsidios que van a beneficiar a los más ricos. Esto es lo que ocurre actualmente con el proteccionismo y los subsidios.

Por Rigoberto Stewart

jueves, 25 de octubre de 2007

El recaudador


Jacques Bonhomme (J), Viñador

M. Lasouche (L), Recaudador

* L: ¿Usted ha recogido veinte toneles de vino?

* J: Sí, a fuerza de cuidados y de sudor.

* L: Tenga la bondad de entregarme seis y de los mejores.

* J: ¡Seis toneles de veinte! ¡Bondad del cielo! Usted me quiere arruinar. Y, por favor, ¿a qué los destinará?

* L: El primero será entregado a los acreedores del Estado. Cuando se tienen deudas, es bueno al menos pagar los intereses.

* J: ¿Y dónde ha puesto el capital?

* L: Esto sería muy largo contarlo. Una parte fue puesta antaño en cartones de cigarros que produjeron el más bello humo del mundo. Otro pagó hombres que se hiciesen lisiados en tierra extranjera tras haberla devastado. Luego, cuando estos gastos fueron ocasionados entre nosotros por nuestros amigos, los enemigos, ellos no han querido huir sin llevarse la plata, que ha sido necesario prestar.

* J: ¿Y qué recobro de ello hoy?

* L: La satisfacción de decir: "¡Que estoy orgulloso de ser francés cuando miro el arco del triunfo!"

* J: Y la humillación de dejar a mis herederos una tierra gravada con una renta perpetua. En fin, es necesario pagar lo que se debe cualquiera que sea el loco uso que se le ha dado. Venga un tonel, ¿pero los otros cinco?

* L: Es necesario uno para pagar los servicios públicos, la lista civil, los jueces que harían restituir el surco del que su vecino quiere apropiarse, los policías que atrapan a los ladrones mientras que Usted duerme, los obreros que mantienen el camino que lleva al pueblo, el cura que bautiza a sus niños, el intructor que los educa y su servidor que no trabaja para nada.

* J: Enhorabuena, servicio por servicio. No hay nada que decir. Yo desearía tanto arreglarme directamente con mi cura y mi maestro de escuela; pero no insisto en eso; venga el segundo tonel. Estamos lejos de los seis.

* L: ¿Cree Usted que sean mucho dos toneles para su contribución a los gastos de la armada y la marina?

* J: ¡Ay! Es poca cosa, considerando lo que me cuestan ya, porque ellos me han arrebatado dos hijos que amé tiernamente.

* L: Es bien necesario mantener el equilibrio de las fuerzas europeas.

* J: ¡Ah, Dios mío! El equilibrio será el mismo si se reduce en todas partes las fuerzas a la mitad o en tres cuartos. Conservaríamos nuestros niños y nuestras rentas. No sería necesario más que entenderse.

* L: Sí, pero no nos entendemos.

* J: Es lo que me asombra. Pues, en fin, cada uno sufre.

* L: Tú lo has querido, Jacques Bonhomme.

* J: Usted bromea, señor recaudador; ¿es que tengo voz y voto en el asunto?

* L: ¿A quién ha nombrado como diputado?

* J: A un bravo general de la armada, que será mariscal dentro de poco si Dios le presta vida.

* L: ¿Y de qué vive el bravo general?

* J: De mis toneles, por lo que imagino.

* L: ¿Y qué sucedería si él votara por la reducción de la armada y de su contribución?

* J: En lugar de ser hecho mariscal, sería puesto en retiro.

* L: Comprende ahora que ha sido Usted mismo...

* J: Pasemos al quinto tonel, le pido.

* L: Ese va para Argelia.

* J:¡Para Argelia! Y se asegura que todos los musulmanes son fóbicos al vino, los bárbaros! Yo mismo me he preguntado a menduo si ellos ignoran el Médoc porque son incrédulos o, lo que es más probable, si ellos son incrédulos porque ignoran el Médoc. Por otra parte, que servicios me brindan ellos a cambio de esta ambrosía que me ha costado tanto trabajo.

* L: Ninguno; tampoco esto es destinado a los musulmanes, sino a los buenos cristianos que pasan todos los días en Berberia.

* J: ¿Y qué van a hacer que pueda serme útil?

* L: Realizar razzias y sufrirlas, matar y ser muertos, adquirir disentería y regresar a ser tratados, abrir puertos, abrir rutas, construir pueblos y poblarlos de malteses, italianos, españoles y suizos que viven de sus toneles y de otros toneles que vendré a pedirle todavía.

* J: ¡Misericordia! Yo le niego rotundamente mi tonel. Se enviaría a Bicêtre a un viñador que hiciera tales locuras. Abrir rutas en el Atlas, ¡por Dios! ¡Cuando no puedo salir de mi casa! ¡Abrir puertos en Berberia cuando la Garona se llena de arena todos los días! ¡Arrebatarme a los niños que amo para ir a atormentarlos a las Kabilas! ¡Me hacen pagar las mansiones, semillas y caballos que se entregan a los griegos y a los malteses, cuando hay tantos pobres alrededor de nosotros!

* L: ¡Los pobres! Justamente, se deshace el país de este sobrante.

* J: ¡Mil gracias! Haciéndoles perseguir en Argelia el capital que les haría vivir aquí.

* L: Y además Ustedes ponen las bases de un gran imperio, Ustedes llevan la civilización a Africa y condecoran a su patria con una gloria inmortal.

* J: Usted es poeta, señor recaudador, pero yo soy viñador y yo me niego.

* L: Considere que, dentro de unos mil años, Usted recuperará sus anticipos centuplicados. Es lo que dicen aquellos que dirigen la empresa.

* J: Mientras tanto, ellos me piden primero, para adornar los gastos, solo una pieza de vino, después dos, después tres ¡y heme aquí gravado por un tonel! Persisto en mi rechazo.

* L: Es demasiado tarde. Su apoderado ha estipulado para Usted la concesión de un tonel o cuatro piezas enteras.

* J: Es muy cierto. ¡Maldita debilidad! Me parece que dándole mi poder he cometido una imprudencia, porque ¿qué hay de común entre un general de la armada y un viñador?

* L: Usted ve bien que hay alguna cosa en común entre Ustedes, que no es más que el vino que Usted recoge y que él se entrega a sí mismo en su nombre.

* J: Búrlese de mí, lo merezco, señor recaudador. Pero sea razonable, ¡vamos!, déjeme al menos el sexto tonel. He aquí el interés de las deudas pagado, la lista civil abastecida, los servicios públicos asegurados, la guerra en África perpetuada. ¿Qué más quiere?

* L: No regatee conmigo. Faltó decir sus intenciones al señor general. Mientras tanto, él ha dispuesto de su vendimia.

* J: ¡Maldito guardia bonapartista! Pero, en fin, ¿qué quiere hacer de este pobre tonel, la flor de mi bodega? Tenga, guste de este vino. ¡Cuán blando es, fuerte, acuerpado, aterciopelado, escogido!...

* L: ¡Excelente! ¡Delicioso! Hará bien al negocio de M.D..., el fabricante de paños.

* J: ¿De M.D..., el fabricante? ¿Qué quiere Usted decir?

* L: Que él sacará buen partido.

* J: ¿Cómo? ¿Qué pasa? ¡Diablos, si le comprendo!

* L: ¿No sabe Usted que M. D... ha fundado una soberbia empresa, muy útil al país, la que, hecho balance, deja cada año una pérdida considerable?

* J: Lo compadezco de todo corazón. ¿Pero qué puedo yo hacer?

* L: La Cámara ha comprendido que, si esto continuara así, M. D... estaría en la alternativa o de operar mejor o de cerrar su fábrica.

* J: ¿Pero qué relación hay entre las torcidas especulaciones de M. D... y mi tonel?

* L: La Cámara ha pensado que si ella entregara a M. D... un poco del vino tomado de su sótano, algunos hectolitros de trigo tomados de sus vecinos, algo en supresión de los salarios de los obreros, sus pérdidas se cambiarían en beneficios.

* J: La receta es infalible tanto como ingeniosa. ¡Pero, qué! Es terriblemente inicua. ¡Qué! M. D... cubrirá las pérdidas tomando mi vino?

* L: No es precisamente el vino, sino el precio. Es lo que se llama subsidio de incentivo. ¡Pero Usted está todo asombrado! ¿No ve Usted el gran servicio que brinda a la patria?

* J: ¿Quiere decir Usted a M. D...?

* L: A la patria. M. D... asegura que su industria prospera gracias a este arreglo, y así, dice él, que el país se enriquece. Es lo que él repitió estos días en la Cámara de la que es parte.

* J: ¡Es una superchería insigne! ¡Qué! ¡Un patán hará una tonta empresa, disipará sus capitales y él me arrebata bastante vino o trigo para reparar sus pérdidas y reservarse los beneficios, viéndose esto como una ganancia general!

* L: Su apoderado lo ha juzgado así; a Usted no le resta más que entregarme los seis toneles de vino y de vender lo mejor posible los catorce toneles de vino que le dejo.

* J: Es mi trabajo.

* L: Es que, verá Usted, sería bien enojoso que Usted no tirase a un gran precio.

* J: Le avisaré

* L: Porque ay muchas cosas a las que este precio debe hacer frente.

* J: Lo sé, señor, lo sé.

* L: Primero, si Usted compra hierro para renovar sus layas y sus arados, una ley decide que Usted le pagara al herrero dos veces lo que vale.

* J: Pero esto es la Selva Negra.

* L: Después, si Usted tiene necesidad de aceite, de carne, de tela, de hulla, de lana, de azúcar, cada uno, por ley, le costará el doble de su valor.

* J: ¡Pero es horrible, horroroso, abominable!

* L: ¿Para qué estas quejas? Usted mismo, por su apoderado...

* J: Déjeme en paz con mi poder. Lo he entregado extrañamente. Pero no lo tomará más y me haré representar por un buen y franco hombre.


* L: ¡Bah! Renombrará al bravo general.

* J: ¿Yo? ¿Renombraré al general para distribuir mi vino a los africanos y a los fabricantes?

* L: Usted lo renombrará, le dije.

* J: Esto es un poco excesivo. No lo renombreré si no lo quiero.

* L: Pero Usted querrá y lo renombrará.

* J: Que él venga a desafiarme. Encontrará con quién hablar.

* L: Lo veremos. Adiós. Me llevo sus seis toneles de vino y voy a hacer la repartición como el general lo ha decidido


Frederic Bastiat