
Por un elemental sentido de seriedad personal, transparencia hacia el país y responsabilidad hacia la Instituto Tecnológico de Costa Rica (ITCR), es hora de que su rector, Eugenio Trejos Benavides, se defina claramente: o permanece en el cargo, con todo lo que ello implica en dedicación total, equilibrio político y representación de una comunidad académica plural, o renuncia para asumir la candidatura presidencial del Frente Amplio.
Permanecer en la actitud ambigua que ha tenido hasta ahora o, peor aún –como ya ha dado a entender– seguir en la Rectoría mientras, a la vez, participa en la contienda electoral, resulta inaceptable e indigno de los valores que encarna su cargo actual.
Así lo han comprendido la Federación de Estudiantes (Feitec) y el Consejo Institucional del ITCR. Pero ni siquiera la actitud de ambos órganos, y el plazo que le plantearon para que se definiera claramente, han producido ninguna manifestación explícita de parte de Trejos Benavides.
La Feitec dio a conocer su posición en un comunicado emitido el 29 de julio. En él, tras dejar constancia de su “respeto” a los ímpetus electorales del funcionario, declara que considera “improcedente en todos sus extremos ostentar su cargo de Rector del ITCR y a su vez ser candidato a cualquier puesto dentro de los tres poderes de la República”. Recuerda que el Estatuto Orgánico de la institución, al describir las funciones del Rector, “en ningún artículo” se refiere a la posibilidad de postulaciones presidenciales, y que si bien la Constitución garantiza el derecho de los ciudadanos a “la participación activa en agrupaciones políticas”, también “restringe dicha actividad” en el caso de los directores o gerentes generales de las instancias autónomas del Estado.
Al día siguiente, el Consejo Institucional solicitó a Trejos precisar “su posición oficial” al respecto. Días antes, el propio Rector había reconocido verbalmente, ante ese órgano que, por “conveniencia institucional”, tenía intención de presentar la renuncia, y propuso un cronograma para hacerla efectiva. Sin embargo, desde entonces comenzó a desdecirse de tal posición y, tras eludir por varios días cualquier contacto público, el miércoles declaró estar en un “proceso de reflexión” sobre los pasos por tomar. Ya para entonces se había vencido el plazo del 3 de agosto fijado por la Feitec para que Trejos se definiera.
La extrema ambigüedad del Rector, su calculada indecisión, sus juegos retóricos, el poco aprecio que ha demostrado por la integridad e imparcialidad políticas de la institución, y el desdén por las posiciones de sus dos órganos más representativos, ya le han causado suficiente daño al Tecnológico, que hoy sufre de peligrosa inestabilidad institucional. Pero los problemas podrían hacerse más graves si Trejos insiste en mantener el cargo a pesar de su postulación presidencial. Una actitud así, por ser totalmente inaceptable, obligaría a un proceso de destitución sin precedentes, que dejaría terribles huellas, tanto en el TEC como en todo el sistema de educación superior del Estado.
No es la primera vez que Trejos, desde la tribuna de la Rectoría, asume militancia política. Ya lo hizo cuando se convirtió en vocero del NO contra el TLC. Entonces, al menos, tenía la excusa –falaz, pero alegable– de que no era un tema de partido, sino una “lucha nacional”. Pero ahora se trata, simple y llanamente, de una ambición política.
Tiene todo el derecho a emprenderla. Pero lo que no tiene derecho alguno a hacer, aunque nada se lo impidiera legalmente, es poner en la picota una institución académica que pertenece a todos los costarricenses, no a él.
Es hora de definirse: o la Rectoría o la candidatura. Nunca ambas.
Editorial de La Nación