lunes, 20 de agosto de 2012
Tema Polémico: No hay almuerzo gratis
sábado, 20 de diciembre de 2008
¿Hay hipocresía en la defensa de la democracia?

La decisión de la Unión Europea y Estados Unidos de suspender la ayuda exterior a Nicaragua por el aparente fraude gubernamental en las recientes elecciones municipales es una buena noticia, pero plantea una pregunta espinosa: si los países ricos no se están ensañando con la diminuta Nicaragua mientras se hacen los distraídos cuando Venezuela y otros países más grandes cometen atropellos contra las libertades democráticas.
El embajador estadounidense en Nicaragua, Robert Callaghan, anunció esta semana que Washington suspenderá unos $175 millones de ayuda externa a Nicaragua bajo la Corporación Cuenta del Milenio (CCM) si el presidente Daniel Ortega no resuelve la disputa con los partidos de oposición respecto de los resultados de la elecciones municipales del 9 de noviembre. El gobierno izquierdista de Ortega alega haber ganado en la capital, Managua, y en casi todas las otras ciudades, pero la oposición, la Iglesia Católica y organizaciones internacionales --incluyendo el Centro Carter-- tienen serias dudas sobre los resultados oficiales.
Anteriormente, la Unión Europea había suspendido alrededor de $31.7 millones en ayuda a Nicaragua, tras las denuncias de fraude en las elecciones municipales. Para Nicaragua, uno de los países más pobres del continente, la ayuda externa equivale a la mitad de los ingresos por exportaciones y es crucial para financiar los planes contra la pobreza.
Los políticos venezolanos de oposición mueven la cabeza con desconcierto cuando leen sobre las medidas económicas de la Unión Europea y Estados Unidos contra Nicaragua.
¿Por qué los países ricos no hicieron nada cuando el presidente venezolano Hugo Chávez prohibió a casi 300 políticos de la oposición --incluyendo a algunos de los más populares-- presentarse en las elecciones regionales del 23 de noviembre en Venezuela?, se preguntan. ¿O cuando el gobierno de Chávez cerró la cadena de televisión independiente RCTV?, se interrogan.
''Hay una alta dosis de hipocresía en la manera en que Estados Unidos y Europa hacen estas cosas, que perjudica su imagen'', dijo Oswaldo Alvarez Páez, un ex candidato presidencial venezolano, en una entrevista telefónica desde Caracas. ``Si Europa y Estados Unidos actúan en base a principios , deberían aplicarlos en todas las circunstancias similares''.
Los países ricos deberían usar sus compras de petróleo venezolano como herramienta para presionar a Chávez para que respete las libertades fundamentales, de la misma manera en que Chávez usa sus exportaciones de petróleo como arma política en Latinoamérica, agregó. Si la oposición venezolana gana algunas elecciones es porque a veces puede superar la enorme maquinaria de fraude del gobierno, concluyó.
En Bolivia, los políticos de la oposición denuncian que el gobierno del presidente Evo Morales cometió fraude en el referéndum nacional del 10 de agosto, y que Morales habitualmente pasa por alto las leyes en su intento de permanecer indefinidamente en el poder.
El gobierno de Bush recientemente suspendió algunas preferencias comerciales a Bolivia tras la expulsión de su embajador allí, pero Washington mantiene otros programas de ayuda en el país.
''En Bolivia hay fraude electoral'', dice Manfred Reyes Villa, ex prefecto de Cochabamba y posible candidato presidencial el año próximo. ``¿Por qué Washington toma medidas contra Nicaragua y no contra Bolivia?''
Manuel Orozco, un experto centroamericano del instituto de investigación centrista Inter-American Dialogue, con sede en Washington, afirma que Nicaragua ha sido el país latinoamericano en el que más se deterioró la democracia en el 2008, seguido por Bolivia. ''En Venezuela por lo menos los resultados de las elecciones fueron más creíbles'', señaló.
Funcionarios del gobierno norteamericano dicen que el caso de Nicaragua es diferente al de Bolivia o Venezuela.
''De los países que usted menciona, Nicaragua es el único que firmó un contrato con la Corporación Cuenta del Milenio por el cual el país se compromete a actuar en 17 áreas concretas, incluyendo el respeto a las libertades políticas'', me dijo Heide Bronke Fulton, una vocera del Departamento de Estado.
Mi opinión: En un momento en el que la mayoría de los presidentes latinoamericanos le están dando la espalda a la defensa colectiva de la democracia --apenas esta semana le dieron una bienvenida de rey en la cumbre celebrada en Brasil al gobernante militar cubano Raúl Castro, que no ha permitido una elección libre en cinco décadas--, resulta difícil no apoyar medidas para presionar a Nicaragua para que realice un recuento de votos transparente.
Pero me pregunto si Washington y los países europeos no están exigiendo elecciones limpias en países chicos, mientras que aceptan ''fraudes tolerables'' en países más grandes.
domingo, 20 de abril de 2008
Por qué Bill Gates odia mi libro

El Wall Street Journal reportó hace unos meses que Bill Gates odia mis ideas. Eso no hiere mis sentimientos. Al final de cuentas Gates se ha aliado con el establishment de la ayuda externa. Este grupo es famoso por ser sensible a las críticas de personas que como yo, no encuentran evidencia de que los grandes programas de ayuda externa estén en realidad sacando a alguien de la pobreza.
Gates ahora ha propuesto su propio programa —el “capitalismo creativo”— en un discurso que dio en el Foro Económico Mundial en Davos. Él argumenta que el capitalismo de hoy no beneficia a los pobres. Para Gates, el capitalismo normal funciona “solo para el bien de aquellos que pueden pagar”. Mientras que los empresarios se esfuerzan por tratar de satisfacer las necesidades de los ricos, “el incentivo financiero para servir [a los pobres] es nulo”. Como resultado, necesidades básicas tales como la comida y la medicina quedan insatisfechas.
Gates parece creer que la solución es persuadir a las empresas con fines de lucro a que satisfagan las necesidades de los pobres mediante la promoción del “reconocimiento” de la filantropía corporativa. Sin embargo, el archivo que contenga evidencia histórica que sugiera la viabilidad de este sistema sería tan delgado como Kate Moss en dieta. Antes que nada, el incentivo al reconocimiento ha demostrado ser tremendamente débil cuando se le compara con el incentivo del lucro. Si esto no fuera cierto, entonces la filantropía corporativa estadounidense al Tercer Mundo sería mucho más que $5.100 millones (cifras del 2005), es decir, cuatro decimales de 1% de los $12.400 billones que es la producción estadounidense para el mercado libre. ¿Acaso la única esperanza de los pobres consiste en que la tienda de ropa GAP done unos cuantos centavos por cada camiseta que venda para el tratamiento del Sida en África?
El capitalismo motivado por el lucro, en cambio, ha hecho maravillas por los trabajadores pobres. Los dueños de las fábricas, que son capitalistas y buscan satisfacer su propio interés, compran máquinas para aumentar la producción, y por lo tanto las ganancias. Los capitalistas buscan los avances tecnológicos que hacen posible conseguir una mayor producción con la misma cantidad de insumos. Trabajando con más maquinaria y mejor tecnología, los trabajadores producen más por hora. En un mercado laboral competitivo, la demanda de estos trabajadores más productivos aumenta y sus salarios también. El incremento constante en los ingresos de los trabajos poco calificados saca a los trabajadores de la pobreza.
La cantidad de personas pobres que no pueden pagar los alimentos para sus hijos es mucho menor de lo que era antes —gracias al capitalismo. El capitalismo no creó la malnutrición, la redujo. La globalización del capitalismo que se dio entre 1950 y el presente ha aumentado el ingreso promedio en el mundo a $7.000 anuales desde una base de $2.000. A diferencia de la leyenda popular, los países pobres crecieron a la misma tasa que los países ricos. Este crecimiento nos dio la reducción masiva de pobreza más grande en la historia mundial.
Las partes del mundo que todavía son pobres están sufriendo de muy poco capitalismo. La inversión extranjera directa en África hoy, aunque está aumentando, constituye tan solo un 1% de los flujos globales. Eso es porque el ambiente para los negocios privados en África todavía es hostil. Hay algunos ejemplos de países e industrias exitosas en África, pero no es suficiente.
Gates también anunció que su fundación está comenzando “una sociedad que le da a los agricultores africanos acceso al mercado de café premium, con el objetivo de duplicar sus ingresos por sus cultivos de café”. Esto es bueno como un esfuerzo modesto para ayudar a algunos agricultores de Rwanda y Kenya, pero difícilmente reconstruirá el capitalismo. Los principales obstáculos para las exportaciones en los países pobres son domésticos, tales como la corrupción y la lucha política, más no la falta de interés por parte de los compradores de café premium en los países ricos.
Además, ¿cómo escogen los filántropos precisamente qué producto será el motor de crecimiento para un país? Bastantes investigaciones sugieren que “escoger a los ganadores” a través de la política industrial gubernamental no ha funcionado. Los ganadores son muy impredecibles como para ser descubiertos por burócratas, peor aún por un filántropo extranjero. ¿Por qué Egipto capturó 94% del mercado de importaciones italianas para las cerámicas de baños? ¿Por qué India, una economía con muy pocos trabajadores altamente calificados, se convirtió en un gigante en servicios de información tecnológica? ¿Por qué Kenya capturó 39% del mercado europeo de flores cortadas? ¿Por qué el pequeño Lesotho se convirtió en un importante exportador de textiles a Estados Unidos? ¿Por qué las Filipinas tomaron control del 72% del mercado mundial de circuitos electrónicos integrados? Porque los capitalistas que buscan el lucro se embarcaron en una búsqueda descentralizada del éxito.
Claro, hay que permitir que aquellos que se han enriquecido bajo el capitalismo traten de hacer cosas buenas por los que todavía son pobres, como Gates ha decidido hacerlo de manera admirable. Pero una mezcla New Age entre incentivos de mercado y reconocimientos no acabará con la pobreza. La historia ha demostrado que el capitalismo motivado por el lucro todavía es la mejor esperanza para los pobres.
