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martes, 26 de noviembre de 2019

La columna de Carlos Federico Smith: es indispensable una reforma presupuestaria

En días recientes, el periódico La Nación publicó dos comentarios acerca de entidades públicas que mantienen dineros en inversiones financieras, en vez de dedicarlos a las obras para los que se presupuestaron. Uno es “’U’ públicas guardan ¢150.000 millones en títulos e inversiones,” de fecha 6 de noviembre, y el otro, del 8 de noviembre, se titula “BAHNVI tiene sin uso ¢88.000 millones de proyectos varados.” 

Asimismo, el Consejo Nacional de Rectores (CONARE), al igual que lo hizo el BAHNVI en ese segundo comentario, publicó un campo pagado en dicho medio los días 7 y 8 de noviembre, bajo el título “Las universidades públicas NO ‘guardan’ recursos, los utilizan en el cumplimiento de sus objetivos.”

Debo señalar que los tres comentarios referidos exponen argumentaciones que creo son válidas, lo cual hace difícil asumir una posición tajante en una u otra dirección.

En esencia, el primero de los artículos de La Nación señala que muchos fondos presupuestados (en esos casos, pero no dudo que igual pasa en muchos otras en entidades gubernamentales) se conservan invertidos en entes bancarios -ganando intereses. Esos fondos podían haber sido suficientes, sin necesidad de presionar al gobierno (incluso mediante marchas de estudiantes) exigiendo la restitución de la porción de fondos del FEES que fue previamente se les había recortado (transferencia de fondos públicos a las universidades estatales). Así pudiendo hacer lo que señalan se les había impedido realizar en proyectos de “sedes regionales, admisión y programas de becas.” En palabras del diputado, señor Wagner Jiménez, eran “dineros ociosos,” que se podían usar para cubrir esas necesidades, en donde, si bien luego se demostró que nunca estuvieron en peligro, el gobierno cedió a dicha presión. 

Ante una situación fiscal difícil como la que vivimos todos los ciudadanos, me parece que hay una preocupación válida porque fondos públicos destinados a ciertos proyectos previamente aprobados, en un monto de ¢151.648 millones de presupuestos previos, se mantuvieran ganando intereses al colocarse en “instrumentos de inversión del Sistema Bancario Nacional o puestos de bolsa,” en “bonos del Gobierno, fondos de inversión, certificados a corto o a largo plazo; inversiones o títulos.”

CONARE señaló al respecto varias cosas que se deben considerar: que muchos de esos fondos están colocados a menos de un año, “lo que evidencia que son utilizados en la operación normal de las instituciones” (me imagino que, lo que nos quieren decir es que un 97% de esos fondos “ociosos”, se gastará normalmente dentro de un año), y que el 3% restante, “está asociado a proyectos que por su naturaleza o procesos de contratación trascienden este período…” O sea, que en realidad aquel 97% será gastado antes de un año y que el restante 3% es entendible que, por su naturaleza, será en proyectos o inversiones que toman más de un año.

Similarmente, en el caso del BANHVI, esos fondos de ¢88.000 millones acumulados (algunos pueden tener “hasta 12 años engavetados”), no se han invertido en soluciones de vivienda, que, en criterio del diputado, señor Pedro Muñoz, “significa 8.500 para la población necesitada, que no se han construido.” En este caso, me parece que es mucho el tiempo que el BAHNVI ha tenido esos fondos y no los ha usado, a pesar de que, a diferencia de las universidades públicas, esa “plata está depositada en la Caja Única del Estado, una cuenta en el Banco Central de Costa Rica” y “no genera” rendimientos o intereses para el BAHNVI. Parece haber desorden y mala planificación, pero no con el fin de obtener otros fondos adicionales por intereses en las colocaciones en el sector financiero comercial.

Si bien el primer artículo acerca de las universidades públicas no indica la evolución en el tiempo de esos fondos mencionados, sí se hace en el caso del BAHNVI, cuando se indica que, en el lapso del 2007 al 2018, pasó de ¢2.760 millones a ¢21.745 millones. 

Al igual que en el caso de las universidades públicas, cuyos recursos no ejecutados son resultado de negociaciones del FEES (para el 2020 serán ¢512.781 millones), en el caso del BAHNVI el estado tienen una obligación de darle fondos de FODESAF -el llamado FUSOVI- que son de, aproximadamente, ¢110.000 millones al año.

En este caso, el gerente del BAHNVI, señor Carlos Castro, indicó que esos fondos no están ociosos (como se señaló antes, sin generar intereses), sino que “En realidad están reservados o comprometidos de alguna manera.” En particular, que los proyectos de vivienda suelen requerir más de un año.

Este asunto presupuestario debería arreglarse, dejando que esos excedentes o bien no permanezcan sin usar o que se convierten en una fuente adicional de recursos por intereses, en exceso de lo ya cubierto con los presupuestos anuales propiamente.

En tal sentido, los recursos acumulados, que en el caso del BANHVI no generan intereses, pueden servir razonablemente para cubrir las necesidades de ciertos proyectos o compras que no se realizan en el curso del año (igual que aquel 3% que indicaron las universidades públicas), pues están a su disposición en el momento en que se requieran (eso sí, debe haber una vigilancia estrecha de que esas posposiciones no sean por ineficiencia en su uso). Pero, en cuanto a gastos anuales comprometidos y que se usarán en el curso del año (aquel 97% que señalan las universidades públicas), esos fondos no se desembolsarían, sino según un calendario previamente negociado entre Hacienda y las universidades públicas, que aseguren, por ejemplo, su desembolso un trimestre antes de lo efectivamente a ser usado. Creo que así se frenaría en algún grado esa posibilidad actual de pedir prestado más de lo necesario, pues ya hay recursos que ya se mantienen provenientes de partidas presupuestarias de períodos previos que no se utilizaron. Así, esos fondos permanecerían, como es actualmente en el BAHNVI, en el estado sin tener que desembolsarlos sino cuando son efectivamente necesarios.  

La Asamblea Legislativa tiene ante sí una tarea imprescindible de reformar la práctica de desembolsos de los fondos que el estado entrega mediante contribuciones o leyes especiales a ciertos organismos estatales, así como de los momentos en que debe practicar el desembolso de los fondos aprobados para ser ejecutados en el presupuesto anual.

Tal vez las ideas expresadas sean útiles, particularmente en estos momentos fiscales tan difíciles.



Jorge Corrales Quesada

martes, 23 de octubre de 2018

La columna de Carlos Federico Smith: a desobligar las transferencias estatales.

Es sumamente interesante lo que aparece en el comentario de La Nación del 3 de octubre, “Transferencias obligatorias del Gobierno agravan el déficit fiscal.” Pues es muy cierto y de ahí mi pedido para “desobligarlas,” a fin de no causar más daño a los costarricenses, como sucede con la práctica actual.

Entendamos de qué se trata: según con diversas leyes (incluso constitucionalmente), el gobierno de la República está obligado a transferir a ciertas dependencias públicas, dinero que los ciudadanos pagan como impuestos. Ejemplos conocidos de esas transferencias y que son las principales, incluyen el traslado para pensiones que se cargan al presupuesto de la, que en el 2017 fue de ¢718.092 millones; la que va a las universidades públicas (llamado FEES: Fondo Especial de Educación Superior), que en el 2017 ascendió a ¢478.560 millones; a la Caja Costarricense de Seguro Social, que en el 2017 se elevó a ¢407.594 millones; a las Juntas de Educación y Administrativas, cuyo monto para el 2017 fue de ¢306.285 millones; para Asignaciones Familiares, que en el 2017 ascendió a ¢251.551 millones y para el CONAVI un total en dicho año de ¢226.705 millones. “En conjunto, estos desembolsos suman ¢2.338 millones del total y representaron el 92% de las transferencias del 2017,” indica el medio.
 
Ahora bien, si bien esa plata se traslada a esos entes, y a otros, no significa que se han usado, sino que pueden permanecer en sus arcas, ya sea para realizar los gastos en períodos ulteriores ante su falta de agilidad en realizarlos en el año en que se aporta, sino que también guardan parte de esos recursos en sus “cajas únicas” esos recursos. Lógicamente se podría pensar que tal vez es deseable que no se gasten y que, más bien, los ahorren, pero, el punto esencial de esas transferencias es que sean usadas para ciertas actividades consideradas como deseables. De no ser así, lo mejor habría sido no hacer tal transferencia… pero el gobierno está obligado a hacerlo debido a leyes que lo compelen.
 
Veamos un posible indicador del desempeño (utilización de los recursos) de entes que reciben transferencias. Empiezo, primero, mencionando aquellas que, en el 2017, no gastaron ni siquiera la mitad de lo que aumentó su saldo en caja única, debido a las transferencias recibidas ese año (ese 50% no deja de ser un punto de quiebre arbitrario y sirve para que darnos una idea del uso de esos 
recursos en el año en que fueron transferidos):
 
JUNTAS DE EDUCACIÓN Y ADMINISTRATIVAS: En el 2017 recibió ¢478.560 millones de transferencias y aumentó su saldo final en su caja única en ¢34 millones; sin embargo, su porcentaje de utilización fue de sólo un 24.1%.
 
BANCO HIPOTECARIO DE LA VIVIENDA: En el 2017 aumentó su saldo final en caja única en ¢26.9 millones; empero, su porcentaje de utilización fue de sólo un 44.1%.
 
JUNTA ADMINISTRADORA DEL REGISTRO NACIONAL: En el 2017 su saldo final en caja única se incrementó en ¢16.2 millones; a pesar de ello, su porcentaje de utilización fue de sólo un 39.7%.
 
CONSEJO DE SEGURIDAD VIAL: En el 2017 aumentó su saldo final en caja única en ¢43.4 millones; no obstante, su porcentaje de utilización fue de sólo un 34%.
 
JUNTA ADMINISTRATIVA DE MIGRACIÓN Y EXTRANJERÍA: En el 2017 descendió su saldo final en caja única en -¢2.7 millones; aun así, su porcentaje de utilización fue de sólo un 24.7%.
 
FIDEICOMISO INMOBILIARIO DEL PODER JUDICIAL: En el 2017 aumentó su saldo final en caja única en ¢1.379.7 millones; a pesar de ello, su porcentaje de utilización fue de sólo un 1%.
 
PATRONATO DE CONSTRUCCIONES, INSTALACIONES Y ADQUISICIÓN DE BIENES Y SERVICIOS: En el 2017 aumentó su saldo final en caja única en ¢20.6 millones; pero su porcentaje de utilización fue de sólo un 12.1%.
 
ADQUISICIÓN DE BIENES Y SERVICIOS: En el 2017 aumentó su saldo final en caja única en ¢11 millones; sin embargo, su porcentaje de utilización fue de sólo un 9.3%.
Entre los entes que recibieron transferencias gubernamentales, pero que tuvieron un desempeño mayor a aquel 50%, se encuentran:
 
GOBIERNOS LOCALES: En el 2017 aumentaron su saldo final en caja única en ¢22 millones y su porcentaje de utilización fue de un 56%.
 
CAJA DEL SEGURO SOCIAL: En el 2017 recibió ¢407.594 millones de transferencias y aumentó su saldo final en caja única en ¢19.1 millones, y su porcentaje de utilización fue de un 94.7%.
 
CONSEJO NACIONAL DE VIALIDAD: En el 2017 recibió ¢226.705 millones de transferencias y redujo su saldo final en caja única en -¢19.5 millones, y su porcentaje de utilización fue de un 81.8%.
 
FONAFIFO: En el 2017 aumentó su saldo final en caja única en ¢6 millones y su porcentaje de utilización fue de un 56.4%.
 
PATRONATO NACIONAL DE LA INFANCIA: En el 2017 rebajó su saldo final en caja única en -¢19.8 millones y su porcentaje de utilización fue de un 89.1%.
 
FONDO NACIONAL DE BECAS: En el 2017 disminuyó su saldo final en caja única en ¢50.4 millones y su porcentaje de utilización fue de un 90.9%.
 
INSTITUTO DE LA MUJER: En el 2017 redujo su saldo final en caja única en -¢44.4 millones y su porcentaje de utilización fue de un 75.5%.
 
FUNDACIÓN OMAR DENGO: En el 2017 bajó su saldo final en caja única en -¢42.8 millones y su porcentaje de utilización fue de un 92.4%.
 
Lamentablemente la fuente de información (el artículo citado de La Nación) no estipula la variación de los saldos en las cajas únicas y los porcentajes de ejecución de tres importantes receptores de transferencias gubernamentales, como son las pensiones a cargo del presupuesto gubernamental, el FEES (Fondo Especial de Educación Superior) y el FODESAF (Asignaciones Familiares).
 
La contralora general de la República comentó acerca de este tema, señalando, además de que era “apremiante” revisarlas y que la situación del uso de los recursos era una “tragedia,” que “si no se contienen las transferencias corrientes, lo siguiente que el Gobierno central se verá forzado a recortar es el gasto social.” Cada vez es más evidente que es, en cosas como estas transferencias, es crucial que el gobierno deje de realizarlas o que se disminuyan significativamente. Me imagino que es una manera de prevenir que la plata para transferencias, en su momento, se acabe del todo.


Jorge Corrales Quesada


martes, 15 de noviembre de 2016

La columna de Carlos Federico Smith: el buen uso de los fondos escasos

Ha salido a la luz un informe de la Contraloría General de la República en torno al uso de recursos públicos para dar fondos a los ancianos.  Lo consigna la edición del 17 de setiembre de La Nación, en el artículo titulado “Contraloría señala desorden con ayudas a ancianos pobres: Informe sobre transferencia de recursos a adultos mayores.”

El principio que debe primar es que los fondos -públicos o privados; en este caso los primeros- son escasos y que, por tanto, es requisito esencial que se usen de la mejor manera posible, por dos razones: una, porque así se pueden obtener los mayores resultados buscados, al costo mínimo posible y, la otra, porque, al usarse esos fondos en una actividad específica -por ejemplo, transferirlos a ancianos- impide que se usen en otras cosas que podrían ser preferidas -¿qué sé yo?, salud, educación, caminos, y un largo etcétera- por lo que cualquier gasto debe tomar en cuenta el costo de oportunidad de esos recursos, cual es lo mejor uso que alternativamente se podría hacer con ellos.

El informe de la Contraloría destaca hechos que señalan que se podría mejorar el empleo de tales fondos e indica que las instituciones gubernamentales que entregan recursos a los ancianos pobres “carecen de la coordinación necesaria para evitar duplicaciones en la asignación de recursos y no poseen una estrategia unificada para atender a esa población.” 

Ambas observaciones son pertinentes, si se tiene en mente la búsqueda del mejor uso de los recursos escasos,  porque cualquier duplicación de ayuda significa que a alguien se le da más de lo que de alguna manera se considera conveniente y, también, porque,  ante la limitación natural de recursos, a otros en necesidades similares no se les da ayuda del todo o se disminuye lo que perciben quienes ya reciben alguna ayuda. 

Bien intencionada, pero creo que con total desconocimiento de un principio económico básico, cual es la existencia de recursos limitados para satisfacer una cantidad infinita de necesidades, la señora Zulema Villalta, presidenta ejecutiva del Consejo Nacional de la Persona Adulta Mayor (CONAPAM), dice que “no podemos atropellar derechos del adulto mayor pensando en que con los ₡78.000 que recibe al mes” del Régimen No Contributivo de Pensiones de la Caja (RNC), “puede resolver sus necesidades.” 

Omite el hecho de que, no sólo es imposible que se puedan resolver todas las necesidades, sin que, también, cuando se duplica lo que algunos reciben de distintas fuentes, se deja de lado a otros que también podría requerir tales fondos.
 
Dice el informe citado de la Contraloría, que el financiamiento de hogares y centros diurnos está a cargo de diez instituciones diferentes, en donde “cada una transfiere por sí sola a los beneficiarios sin visión de conjunto,” adicionado a que, según lo consigna ese informe, “la Comisión Técnica del Protocolo de Coordinación (ente encargado de vigilar los asuntos de los ancianos)… no analiza la distribución de esas ayudas ni tampoco ha sistematizado controles para fiscalizar la entrega de esos fondos.” Esto significa que no sólo es posible que haya personas que reciben más de una (y no sólo dos, sino que pueden ser muchas más las fuentes adicionales), sino que, también, no hay conocimiento pleno de a quiénes se les entregan esos recursos -legalmente merecedores o no-, pues no se tiene la fiscalización debida.
 
Entre los entes que dan aportes a los ancianos o que intervienen en ello, de una u otra manera, además del CONAPAM, están, según un listado del artículo de referencia, la Junta de Protección Social, el Banco Central, el Instituto Nacional de Seguros, el Ministerio de Trabajo y el Régimen No Contributivo de Pensiones de la Caja Costarricense de Seguro Social.
 
Donde hay orden está Dios, dice la sabiduría popular, pero parecido lo piensa cualquier administrador en su juicio correcto. Lo pertinentemente, señalado por la Contraloría, debe ser corregido de inmediato, antes de que pase el tiempo sin que se haga nada, incentivando el desperdicio, la injusticia y la corrupción en el uso de fondos públicos mal administrados.
 
Jorge Corrales Quesada

miércoles, 2 de abril de 2014

Desde la tribuna: el problema fiscal

Dice el Ministro de Hacienda que:   “Yo no me lo imaginaba tan difícil”. Y es que el asunto es un verdadero desastre.  No alcanza la plata, hay exceso de gastos y ni siquiera un paquete tributario arregla el problema.

Los principales disparadores del gasto son los salarios y las transferencias.  No hay vuelta de hoja. La Sala Constitucional ha determinado que los salarios de los empleados públicos son un dato público. A no dudarlo, tal resolución podría constituirse en la mejor y más útil herramienta contra el gasto público.

No obstante, queda el otro lado de la terrible pinza opresora:  las transferencias. Entre transferencias y salarios se encuentra la difícil historia que el Ministro de Hacienda, don Edgar Ayales, jamás se imaginó. 

El tema de los salarios fue muy fácil de provocar, ahora muy difícil de corregir.  Pasa por “derechos adquiridos”, Sala Constitucional, sindicatos, demagogia, clientelismo y “voluntad política”.

El tema de las transferencias no se queda atrás, pero hay que sumarle Universidades públicas y otros grupos políticos defendiendo un modelo de gasto en el que han invertido mucho tiempo y conspiración. Estos grupos e intereses se han concitado con partidos políticos para tomar la vía del paquete tributario y del crecimiento del Estado.  Han arruinado la acción pública costarricense ordeñando miserablemente los recursos públicos.  De paso, se han llevado entre las patas al sector productivo, al sector privado y la economía de los hogares más humildes.  Han comprometido seriamente el desarrollo nacional.

Son los mismos que señalan al neoliberalismo como causante de la desigualdad y la postración económica:  las pavas tirándole a las escopetas.  

Dicen que un problema empieza a resolverse cuando se plantea bien.  Sin embargo, el primer paso es aceptarlo.  Si no se acepta que se va por una vía incorrecta, jamás se detendrá el camino y menos se iniciarán las acciones correctivas (devolverse y tomar el buen camino).  

Por eso este asunto es tan difícil de resolver.  Hay grupos interesados en seguir ordeñando el erario público, han grupos interesados en seguir usufructuando el modelo de Estado y seguir obteniendo rentas a costa de los demás, hay políticos interesados en mantener el status quo, hay demagogia y clientelismo.  ¡Muy difícil resolver el problema así!

Federico Malavassi Calvo