martes, 31 de octubre de 2017

La columna de Carlos Federico Smith: otra vez UNOPS

Recordarán mi comentario previo acerca del contrato entre el gobierno de Costa Rica y la Oficina de las Naciones Unidas de Servicios para los Proyectos (UNOPS), en el cual manifesté mi malestar por la cesión del control propio de la Contraloría General de la República aplicable a la obra pública, que incluso se reflejó en negativas de ese ente de la ONU para entregarle a la Contraloría documentos propios de contratación de obra pública a empresas privadas específicas.  Y aunque la burocracia del estado dice que “este conflicto ya está resuelto”, el hecho es que el aparato jurídico nacional nunca debió permitir que se le excluyera de la obligación constitucional sobre la contratación de obra pública a ser regulada y supervisada por la Contraloría.

La Nación del 22 de setiembre revela otro hecho inquietante en torno a la relación contractual entre el estado costarricense, por medio de CONAVI, y UNOPS, en un artículo titulado “CONAVI le adelantó $60 millones a UNOPS sin recibir garantías: Organismo mantiene dinero en una cuenta a su nombre en Nueva York.” Esos montos fueron adelantados a UNOPS debido a que, en palabras de la viceministra de infraestructura del MOPT, señora Guiselle Alfaro, “Teníamos tanta expectativa de que UNOPS iba a ser tan acelerado, y se pactó hacer un desembolso grande, para avanzar muy rápidamente y no limitar a UNOPS en la ejecución. Pero, diay (sic) no ha sido tan acelerado y posteriormente se decidió hacer desembolsos menores.” 

No diré que “músico pagado, nunca toca bien,” sino que llama la atención que se adelante una suma de más de $60 millones a UNOPS, equivalente al “55% del presupuesto de $108 millones designado para tales proyectos,” de recursos que se pidieron prestados mediante un crédito de $340 millones del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE). El hecho es que, de aquellos fondos ya girados a UNOPS, sólo se había ejecutado al momento del reportaje, la suma de $4 millones, menor al 7% del monto separado para UNOPS para los puentes sobre el Río Virilla en Lindora y el de la Ruta 32 en Tibás, además de tres pasos a desnivel en la vía de Circunvalación y de supervisión de la Circunvalación norte.

Es interesante destacar lo que indica el medio en cuanto a que no existe una garantía de parte de UNOPS por esos fondos, que se sabe están en una cuenta propia de UNOPS en el banco JP Morgan Chase. Según el medio, “varios contratistas consultados (por La Nación) indicaron que no es usual que el Estado adelante montos tan altos para construir infraestructura,” ante lo cual dijo la viceministra que UNOPS no es el contratista usual, sino un “un aliado en procesos de ejecución; ellos no construyen nada por sí mismos,” lo cual es así, pero ¿qué pasaría con esos fondos si UNOPS no puede realizar la labor para la que se le contrató?  ¿Qué garantiza a esos fondos?

Hay más inquietudes: los fondos provenientes del BCIE casi es seguro que ganan intereses en el banco estadounidense, pero no se conocen las condiciones básicas de tal depósito, como, por ejemplo, los intereses que devengan, que se esperaría fueran al menos iguales o mayores que los que tiene que pagar el estado costarricense al BCIE. Ni CONAVI ni UNOPS han brindado información de las condiciones de esos depósitos, aunque se le señaló al medio que esos dineros de los intereses serán recibidos “cuando se terminen los proyectos.”  Y el Ministro dijo que “si no se pudieran ejecutar esos recursos, el dinero debe ser devuelto a la Administración.” A mí también me gustaría conocer el detalle correspondiente del acuerdo suscrito entre UNOPS y CONAVI acerca de las condiciones para la devolución de esos fondos.






Jorge Corrales Quesada

martes, 17 de octubre de 2017

La columna de Carlos Federico Smith: vía rápida a la reforma legislativa de las pensiones del Poder Judicial

En muchas ocasiones me he referido al sistema de pensiones del Poder Judicial. Me había inquietado que se hubiera desmoronado el esfuerzo legislativo para sacar una resolución en torno a ese régimen mediante lo que se conoce como “vía rápida”. Ésta es la posibilidad de que con 29 votos (simple mayoría de votos) se pudiera aprobar la reforma a la ley correspondiente. Pero, ni lerda ni perezosa, la Corte Suprema de Justicia se había pronunciado de que dicha votación era improcedente, pues para cambiar la ley se requería del voto de, al menos, 38 votos.

Mal pensado que soy, dejando de lado el obvio interés que tendrían miembros del Poder Judicial de conservar su jugoso régimen de pensiones, el pronunciamiento de la Corte era un enorme obstáculo para la pronta aprobación de la reforma necesaria. Fue un paronazo casi lapidario al impulso que llevaba el proyecto en la Asamblea

La Corte señaló varias razones para alegar que ese proyecto requería de 38 votos, que aparecen resumidos en un artículo publicado en La Nación del 23 de agosto, bajo el encabezado “Diputados con vía libre para reformar pensiones de Corte: Fallos de Sala IV: ajustes jubilatorios no afectan labor judicial.” Esas razones fueron que “la reforma a las pensiones afecta el proyecto de vida de sus empleados,” que “obligaría a contar con funcionarios de edad avanzada,” que se “desestimula el ingreso de nuevos profesionales valiosos,” que le “resta competitividad al Poder Judicial en el mercado laboral,” y que “afecta la carrera judicial porque los empleados tendrán cargas en su salario a cambio de un beneficio menor.”

Pero, con base en dos sentencias previas de la Sala IV, una del 13 de junio de 1995 y otra del 10 de mayo del 2002, la Procuraduría General de la República dio una opinión jurídica que me parece es vinculante para la Asamblea Legislativa, en cuanto a que la reforma propuesta al sistema de pensiones del Poder Judicial “no afecta las funciones de la Corte ni siquiera por razones de presupuesto, por lo que no era necesario consultarle si está de acuerdo o no.” En sencillo, el Congreso puede continuar con su vía rápida para resolver. En ningún momento el proyecto violaba el artículo 167 de la Constitución, que requería de una aprobación de dos tercios de los diputados (38 votos) si la Corte se oponía a la propuesta de reforma a la ley. No era, por tanto, necesario que la Asamblea consultara a la Corte sobre esa reforma en concreto.

Como posiblemente, ante cualquier reforma legislativa, habrá acciones judiciales contra ella presentadas antes la dicha Sala IV, es importante destacar que los magistrados de la Sala IV se abstuvieron de participar en la reunión de la Corte en la que se decidió enviar su opinión contraria a la vía rápida en la Asamblea Legislativa.

Esto, por una parte, me alegra, pues parecería indicar que no se podrá rechazar a que miembros de esa Sala juzguen casos en torno a la eventual reforma de la ley, por haber opinado previamente sobre el caso, pero, a la vez, si hubieran votado en dicha sesión de la Corte Suprema, tendrían que integrarse otros miembros sustitutos de los actuales a la Sala IV que tal vez no tengan un interés directo en cuanto a las pensiones que eventualmente dejarían de percibir. Ahí se las dejo; recuerden, ciudadanos, que, una vez que se han implantado los privilegios, cuestan mucho que sean desterrados.

Jorge Corrales Quesada

martes, 10 de octubre de 2017

La columna de Carlos Federico Smith: lo bueno y lo malo de las ideologías

He llegado a darme cuenta de que mucha gente, en un intercambio de opiniones, suele argumentar algo como esto: “el problema es que usted lo que dice es simplemente por razones ideológicas” o, más concretamente, escriben esto otro, presuntamente como forma de descalificar mi argumento: “usted, por razones ideológicas o de otro tipo, se empeñan (sic) en ensuciar lo hecho hasta ahora” por el gobierno.
 
Me interesa reflexionar un poco en torno al supuesto papel negativo que tiene una ideología -la que sea- al formularse críticas o argumentos acerca de una posición sobre alguna cosa. Como es usual, lo primero que hago es tratar de entender qué es una ideología y acudo a un buen diccionario, el de la Real Academia Española de la Lengua. Éste, si bien no tiene la profundidad analítica de un texto técnico especializado en política o filosofía, expone el uso sencillo, frecuente y común, que se hace de un término. En su definición aparecen dos acepciones, una de ellas, referente a una doctrina “que a finales del siglo XVIII y principios de XIX, tuvo por objeto el estudio de las ideas”, significado que no es relevante para mi objetivo, el cual más bien lo satisface la primera acepción que señala el diccionario, y que les transcribo:
 
“Conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad o época, de un movimiento cultural, religioso o político, etc.”
 
Me parece que todo ser humano posee “ese conjunto de ideas fundamentales”, en la mayor diversidad que uno se puede imaginar y que le permite a la persona que contemple los hechos que observa y sobre los cuales medita, tomando ese conjunto de ideas esenciales como referencia. Todos tenemos una ideología, excepto, me imagino, a quien la naturaleza le haya impedido pensar.
 
Así, creo que es un enorme sinsentido tratar de descalificar a una persona que expresa una posición diferente o contrapuesta, en el curso del intercambio de ideas, porque actúa con base en “razones ideológicas”, cuando en verdad, todo ese intercambio entre las partes está impregnado de ideas básicas del pensamiento de la persona, aplicadas a un caso concreto. Ese conjunto de ideas fundamentales -cualquiera que sea- es propio del ente que razona, que piensa, que intercambia ideas; no le es extraño.
 
Todos tenemos una ideología -ese conjunto primordial de ideas- si bien, eso sí, sus partes integrantes -ideas dentro del conjunto- pueden ser mejores o peores para entender y explicar un fenómeno. Por tanto, de lo que se trata es de usar ese conjunto de ideas para demostrar lo que uno considera es bueno (o malo) en una argumentación.
 
La crítica es esencial para el avance del conocimiento.  Guardo siempre en buen recaudo algo que escribió el pensador Karl R. Popper:
 
“...lo nuevo en la actitud científica consiste en que intentamos eliminar activamente nuestros intentos de solución [de un problema]. Sometemos nuestros intentos de solución a la crítica, y dicha crítica trabaja con todos los medios de que dispongamos y que podemos elaborar. ...mi tesis fundamental es que lo nuevo que diferencia la ciencia y el método científico de la preciencia y de la actitud precientífica, es la actitud conscientemente crítica ante los intentos de solución [a los problemas]; por lo tanto, la participación activa en la eliminación, los intentos activos de eliminación, los intentos de criticar; es decir, de falsear.” (Karl R. Popper, “La teoría de la ciencia desde un punto de vista teórico- evolutivo y lógico, en La Responsabilidad de Vivir (Barcelona, Ediciones Paidós Ibérica, 1995, págs. 26 y 27)

Ese proceso permite que el conocimiento avance y, lo crucial para este comentario, es que las personas, para formular las críticas, tienen que hacer uso de su conocimiento acumulado, el conjunto de ideas de que dispone, y que constantemente debe estar sujeto a la crítica. Sin ese conjunto de ideas, no puedo organizar mi pensamiento crítico y sin crítica no avanza el conocimiento e incluso no habría razón para cambiar las ideas naturalmente temporales que se tienen.
 
Quienes, con cierta ligereza, buscan rechazar una tesis al simplemente aseverar que se afirma por razones ideológicas, no atinan al punto exacto crítico, cual es la bondad (o maldad) de un argumento, sino al instrumental que permite razonar ordenadamente. De hecho, Popper escribe lo siguiente:
 
“Diré simplemente, de modo muy general y vago, que emplearé el término ‘ideología’ para cualquier teoría, credo o visión del mundo no científicos que resulte atractiva y de interés para la gente incluidos los científicos. (Por tanto, puede haber ideologías muy útiles y otras muy destructivas desde un punto de vista, digamos, humanitario o racionalista.” (Karl Popper, El Mito del Marco Común (Barcelona: Ediciones Paidós S.A., 1997, p. 36).

Me imagino que, así quienes simplemente mencionan a la “ideología” de una persona como “destructiva”, debe serlo porque creen, sin hacer explícito que en la otra persona hay un atrincheramiento ideológico, que le impide razonar ante ideas que se formulen: algo así como una especie de acto de fe o de creencia inmutable. Pero, no debería serlo por el hecho de que esa persona tiene su ideología como cualquier otra, como le es propio. El problema no es la “ideología” como tal, sino si ese conjunto de ideas que posee la otra persona es bueno o malo para explicar, valorar, criticar y proponer alternativas acerca de los fenómenos que se comentan.
 
Quienes defendemos ciertas posiciones intelectuales ante la crítica, lo hacemos no para evitar aprender o que avance el conocimiento. Más bien, quienes alegan que la argumentación planteada es espuria por ser una “ideología”, posiblemente es porque la crítica les incomoda ante sus propias posiciones, negándose a incorporar en su pensamiento algo que convincentemente muestre su error previo.
 
Por lo tanto, al hablar de estar en contra de una proposición por “razones ideológicas” no se deberían referir al conjunto de ideas fundamentales de la otra persona, sino a una visión dogmática, de fe, de falta de imaginación, de intolerancia, de totalitarismo, de una moda intelectual, que se aleja del enfoque crítico. El liberal, por definición, no se caracteriza por este segundo grupo de “ideología total”, sino todo lo contrario: lucha contra la intolerancia y el totalitarismo en el campo de las ideas, contra el dogma muy propio de sistemas históricamente deterministas.
 
Termino con este concepto de Popper: 

“Así como hay religiones buenas y malas -religiones que estimulan lo bueno y lo malo en el hombre- así hay también ideas filosóficas buenas y malas, teorías filosóficas verdaderas y falsas. En consecuencia, no debemos reverenciar ni denigrar la religión en tanto tal, ni la filosofía en tanto tal. Más bien, debemos evaluar las ideas religiosas y filosóficas con mentalidad crítica y selectiva. El poder terrorífico de las ideas nos carga a todos con graves responsabilidades. No debemos aceptarlas ni rechazarlas irreflexivamente. Debemos juzgarlas críticamente.” (Karl Popper, El Mito..., Op. cit., p. 186.).

Cuando alguien le acuse de que usted argumenta con razones ideológicas, explique que eso es lo que razonablemente haría toda persona que quiera opinar sobre un asunto, pues de lo que se trata es de mostrar que hay ideas mejores o peores en torno a las cosas que se esgrimen en un acto crítico. Los llamados “argumentum ad hominem” o “argumento contra el hombre” podrá ser muy efectivo, principalmente en una discusión ligera, pero no pasa de ser una falacia: los argumentos se deben descalificar por sí mismos, no por las características de la persona que formula el argumento. 


Jorge Corrales Quesada

martes, 3 de octubre de 2017

La columna de Carlos Federico Smith: de sepulcros blanqueados

Los hay, personas y grupos, que fingen ser una cosa, cuando en realidad son otra. Una frase proveniente del Evangelio de San Mateo, 23:27, nos ayuda a entender tantas cosas. Dice la frase: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, pues sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen bonitos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia!
 
No me refiero a un ataque personal reciente que recibí en una columna de Facebook, de parte de un ser puro y perfecto de esta tierra, quien me atacó y condenó al sufrimiento eterno, por, según dicha persona, ser indiferente al dolor ajeno, al de los pobres y míseros, cuando lo que básicamente he hecho, según mi apreciación profesional, es brindar sugerencias, así como hacer señalamientos, para que la gente que sufre la pobreza pueda levantarse de ella.  Me complace, por ejemplo, saber que “En 1820, más del 90 por ciento de la población mundial vivía con menos de $2 al día y más del 80 por ciento vivía con menos de $1 al día (ajustados por la inflación y por las diferencias en el poder adquisitivo). Pero, para el 2015, menos del 10 por ciento de las personas vivían con menos de $1.90 al día, definición actual oficial del Banco Mundial de lo que se considera como una condición de pobreza extrema,” como lo demuestra Chelsea Follett en un artículo cuya traducción recientemente publiqué en Facebook, titulada, “Cinco Gráficos que Cambiarán su Impresión acerca de la Pobreza.”
 
Nadie está aseverando que se haya eliminado la pobreza, sino que se resalta que “Entre 1820 y el 2015, el número de gente bajo pobreza extrema se redujo de alrededor de mil millones a 700 millones, mientras que el número de personas que está mejor que aquella, se elevó de sólo 60 millones a 6.6 miles de millones.” Y que “la pobreza es de alrededor de una cuarta parte de lo que era en 1990.” Además, esperanzados ante este éxito del sistema productivo esencialmente basado en el mercado, especialistas predijeron que “en el escenario ideal... para el 2030, la pobreza llevará a un nivel verdaderamente insignificante, afectando sólo a un 1.4 por ciento de la población del planeta.”
 
No obstante, esos sepulcros blanqueados prefieren ignorar los datos, los hechos, y simplemente proceden con su verbo usual en contra del capitalismo. Yo no pido que sean castigados en los infiernos por el daño que causan, al promover políticas que impiden el progreso de los más pobres, hecho que considero es producto de una actitud de fe ideológica, más que de ignorancia, pues los datos se les han presentado.
 
La metáfora de los sepulcros blanqueados va más allá de ser reflejo de una conducta particular, sino que también se encuentra en grupos.  Por ejemplo, se está haciendo creer a las personas en el país, que todos los partidos políticos, o que todos los políticos, son corruptos y que están embarrados en el caso del cementazo, con una notable excepción, los de la izquierda del frente amplio. Eso es interesante, pues incluso, apropiadamente creo, incluyen a sus socios políticos cercanos del Partido Acción Ciudadana, pero, de alguna manera, tratan de mostrar que todo eso es propio de gobernantes de la derecha, no de la izquierda que, sin decirlo claramente, parece ser inmune a las tentaciones del dinero (no del poder).
 
Cuando hay acontecimientos que pueden representar actos de corrupción, es bueno tener presente que, al menos en el campo político, en donde es frecuente que, en vez de un sistema capitalista de mercado competitivo, sea uno de capitalismo de los amigotes, en donde el estado otorga privilegios -esto es, para unos, mas no para todos-los empresarios, ansiosos de tener ganancias, no producto de un esfuerzo competitivo satisfaciendo a los consumidores, sino buscando que el estado lance los dados a su favor, estarán dispuestos a dedicar recursos para lograr ese beneficio, en tanto este último sea mayor al costo del primero.
 
Para hacerlo, el vivazo buscará qué políticos y qué partidos en donde se insertan esos políticos, tienen el poder suficiente para lograr medidas que les favorezca.  Entrarán en contacto con quienes detentan el poder y, aunque sean de “oposición”, en el tanto en que puedan influir sobre quienes toman finalmente las decisiones.  Sabemos que esas decisiones serán remunerados, por cosillas como recursos para sus campañas, transporte de sus votantes el día de las elecciones, dinero en efectivo, y un largo etcétera.
 
Por eso -y bien lo han de entender políticos de la izquierda de nuestro país- buscarán para obtener eses preferencias a políticos con posibilidad de ejercer influencia en el poder decisorio. Por esa razón, al menos en los últimos años en el país los políticos de izquierda fuerte no han sido muy buscados para que, por cercanía con los gobernantes del momento, puedan favorecer los intereses privados de algunos.
 
No es que esos “algunos” no estén dispuestos a cubrirse en cuanto a resultados electorales, razón por lo cual se han visto casos de reuniones de empresarios poderosos, presuntamente de una ideología alejada de esa izquierda extrema, hacerlo con dirigentes de la izquierda, y no precisamente para hablar de misa.  Es por aquello de “por si acaso”.
 
Lo hacen porque los que buscan el servicio de los políticos saben que ser de izquierda extrema no los hace inmune a la corrupción; que no es cierto que ella sea propia exclusivamente de la derecha o, tal vez, del centro.  Lo que saben es que les conviene la cercanía con el poder, no importando si es de derecha o de izquierda o de centro o de lo que sea, con tal de que les proteja de la competencia en sus actividades y en su búsqueda de privilegios. Por eso buscan “cubrirse” recompensando sus favores.
 
La izquierda en Costa Rica no es tan atractiva simplemente porque no tienen poder, pero no hay nada que nos garantice que, de llegar al gobierno, como naturalmente puede aspirar a ello, no será objeto de corrupción, dada su presunta ideología.
 
Cuando la izquierda toma el poder, también se suelen presentar casos claros de corrupción. Piense el lector en la corrupción en Nicaragua o Venezuela o Cuba, etcétera, pero, para la ocasión tengo en mente referirme a un ejemplo notorio, como es el reciente de Brasil, en donde el poder gubernamental lo asumió la izquierda dura del Partido de los Trabajadores (el mismo de Lula) en coalición con el Partido Movimiento Democrático Brasileño, de izquierda más moderada. Los notorios aferes conocidos como la Operación Lavado de Carros, de Petrobras, Braskem, entre otros, que enviaron a prisión o encontraron culpables o están en juicio, a destacados miembros de la izquierda, como Joao Vaccari Nero, tesorero del Partido de los Trabajadores, o Renato Duque, también de ese partido, o José Dirceu, ex ministro de Relaciones Exteriores de Lula, o Antonio Palocci, ex ministro de Hacienda de Lula y de Dilma. Y, notablemente, al presidente Lula.
 
Pero no sólo del Partido de los Trabajadores.  Es claro el involucramiento de Aécio Neves, del diputado Rocha Loures y del propio presidente actual Temer, en cuanto al escándalo conocido como de J&F parte del grupo JBS, que es la empresa más grande del mundo en proteína de carne.
La corrupción entre políticos no suele ser privativa de la derecha y de la que se excluye, por su ideología, a la izquierda. Se da alrededor del grupo que tiene el poder o en donde se tiene la capacidad para influenciar a aquel grupo que ostenta el poder. La parábola de los sepulcros blanqueados se aplica no sólo para los corruptos de cierta ideología política, sino que es propia de la naturaleza del hombre.

Jorge Corrales Quesada