sábado, 31 de mayo de 2008

Menos que basura


Como nunca antes en la historia del mundo, el posmodernismo y el arte contemporáneo han abierto las puertas a las peores estafas estéticas. Los cánones de la belleza se han tornado tan laxos, que todo lo lo legitiman y celebran.

Dejemos de lado por una vez el famoso orinal de Duchamp, expuesto cual obra de arte egregia en el Louvre. Esta pieza, por insólita que parezca, tiene siquiera el mérito de forzar una revisión del concepto de obra de arte canónica y de su presencia en ese espacio acotado que llamamos “museo”. Vámonos a cosas mucho más aberrantes. A continuación, tres ejemplos cuyo juicio dejo a mis lectores.

Tres ejemplos. En la prestigiosa Bienal Centroamericana, un “artistazo” de esos que se pasan la vida “rompiendo esquemas” amarra a un perro a un poste y lo deja morir de hambre y de sed ante la mirada ora indignada, ora extática de los espectadores. La razón de este perverso proyecto estético consiste en asistir a la agonía y muerte del pobre animal. Supongo que la intención del insigne genio responsable de esta atrocidad no es otra que el de suscitar una reflexión trascendental sobre la decrepitud y muerte del ser humano. Lástima que, para mejor comunicar su mensaje, no se haya amarrado él mismo, dejádose morir entre convulsiones, para el arrobamiento estético de su público.

Otra reconocida exposición nos ofrece el espectáculo de un niño con síndrome de Down, de pie sobre una silla, mudo, inmóvil, expuesto a la mirada cosificadora y morbosa de los asistentes. La esencia de este experimento escapa, una vez más, a mi comprensión, pero está claro que convertir a un ser humano en objeto estético viola, en este caso, el espíritu mismo de los derechos humanos: respetar la integridad física y síquica del hombre, esto es, su dignidad fundamental. La relación entre seres humanos no radica en la dinámica sujeto-objeto, sino en un equipotencial y recíproco vínculo sujeto-sujeto.

La música no se queda atrás, con el “Concierto para burro y orquesta”, cuyo autor no identifico a fin de no contribuir a cimentar su “gloria”. El ejercicio consiste en hacer entrar a escena a un asno a guisa de solista, acompañado por una orquesta sinfónica con toda la dignidad que una institución de este jaez supone. A la indicación exacta del director, la bestia es azotada hasta hacerla relinchar, de manera que se establezca el diálogo solista-orquesta característico del género concertante.

“Todo es genuino”. Estos engendros representan la infantil contestación que la posmodernidad levanta contra todo canon estético alguna vez juzgado absoluto. Ahora toda forma de “arte” es genuina, todo mamarracho, digno del reconocimiento que concedemos al David de Miguel Ángel, o a la Novena Sinfonía , de Beethoven.

Tales abyecciones “artísticas” degradan al ser humano, atormentan a los animales hasta la muerte, e idiotizan a los espectadores. Son imputables desde el punto de vista de los derechos humanos, de la bioética, del principio de paz con la naturaleza, del más elemental sentido del respeto y la compasión.

A sociedad perversa, arte perverso. La corrupción de una nación comienza con la corrupción de su arte y de su palabra. Producir una honda conmoción humana es una condición necesaria, pero no una condición suficiente para la vivencia estética. No todo lo que nos conmociona (piedad, repugnancia, indignación, asco, rabia, estupor) tiene cartas credenciales en el dominio del arte.

¿Está agotado Occidente? ¿Será que no tenemos ya nada qué decir? La sucesión cada vez más rápida de las vanguardias, ¿nos habrá llevado a la esterilidad estética? No basta con decir que el arte refleja a la sociedad que lo crea –un lugar común más socorrido de la cuenta–. Yo creo que la verdad correlativa es, por lo menos, igualmente cierta: el arte crea a la sociedad, la forma o deforma, la enaltece o envilece, la ayuda a generar conciencia o la imbeciliza.

Responsabilidad. Y esto nos lleva al tema de la responsabilidad ética del artista. Todo gran creador ha sido un aliado de la humanidad. Un sanador, un educador, un profeta. Su ocasional aislamiento de la sociedad (Beethoven) no obedece a la misantropía, sino a la necesidad de reclusión, de introspección que el legado de una obra artística requiere. No se hace arte sin compromiso social. No hay artista que no ame al ser humano. El auténtico creador despierta conciencias, le revela al hombre mundos de belleza insospechados, lo inicia en una latitud del ser nunca habitada.

Pero también hay mercenarios que, por afán de reconocimiento o por mera venalidad, vomitan sobre el mundo y quieren ser aplaudidos por ello. El problema no son ellos, son, antes bien, aquellos que les brindan espacios para perpetrar sus crímenes de lesa humanidad: los organizadores de exposiciones plásticas, de festivales musicales, de certámenes artísticos, de revistas culturales. Un idiota hará idioteces siempre que se le permita hacerlo. Los verdaderos responsables son aquellos que les proporcionan tarimas para que exhiban sus abominaciones.

Al artista le ha sido concedido un don. Su gozosa obligación consiste en compartirlo con sus semejantes. Esto conlleva una gran responsabilidad: conferirle sentido a la vida –no siempre placentero, a veces doloroso– y hacer del ser humano una criatura más armónica, más lúcida, más noble.

Jacques Sagot

viernes, 30 de mayo de 2008

Viernes de recomendación


En este día hemos querido presentarles un interesante ensayo de Gorka Exteberría denominado Los fundamentos morales del Liberalismo, acerca de la filosofía objetivista de Ayn Rand. Sólo cabe aclarar que Rand no es liberal, sino que se encuentra en un estadio filosófico superior al liberalismo, en tanto ha logrado desarrollar todo un sistema filosófico: el objetivismo.

jueves, 29 de mayo de 2008

¡Hágase obscenamente millonario!


Recientemente dicté una conferencia en una universidad privada. Al finalizar me preguntó un estudiante qué podría hacer él para mejorar al país. Traía una camiseta con el retrato del Che Guevara. Comprendí que era un joven inquieto, de buenas intenciones, pero que se había contaminado con la educación izquierdista que se enseña en las escuelas públicas y algunas privadas. Así que, con tono retador le dije a quemarropa, “¡Usted hágase obscenamente millonario, con eso ayuda a todos!” La cara se le puso roja, no sé si de vergüenza o porque se sintió ofendido.

Yo sabía que mi respuesta chocaba contra todo el sistema de creencias marxistas que le enseñaron sus profesores desde que empezó la primaria porque a mí también me aleccionaron con todos esos mitos comunistas que obnubilan a cualquier mente verde. Siempre nos “enseñaron” que si alguien se hace rico es porque explota a los pobres. Si eres dueño de una fábrica estás explotando a los obreros; si eres dueño de una tienda estás explotando a los clientes. Mientras más millonario, más explotador, enemigo de la sociedad y sólo mereces que el pueblo te ahorque en medio de la plaza pública. Estas ideas se siguen enseñando en todas las primarias, secundarias y universidades mexicanas. Poco les ha importado que hace más de doscientos años Adam Smith descifró el misterio del intercambio voluntario –el comercio–, demostrando que es el mejor mecanismo para lograr la prosperidad de la sociedad.

Así que tuve que explicarle al joven con paciencia. Sólo conozco dos formas de hacerse rico: robando o vendiendo. La primera significa un intercambio involuntario. Usted sale con una daga en la mano para esperar en la esquina a su víctima, le amenaza que si no le da la cartera le corta el cuello. O se hace diputado para darle mordidas al erario, sin que los contribuyentes puedan detenerle, es el robo de cuello blanco. Ambos son intercambios involuntarios, forzados. Pero estos caminos no se los recomiendo.

La segunda forma de hacerse rico es a través del comercio. Eso significa que usted debe producir y ofrecer algo que a los otros les guste, de tal forma que estén dispuestos a pagar el precio. Puede usted hacer lo que se le ocurra. Pero si usted no elabora algo que sea del gusto del cliente, entonces no venderá nada y quedará peor que antes. Pero si usted logra fabricar productos que gusten, venderá mucho.

Observe que usted se está haciendo rico gracias a que su producto es capaz de satisfacer los gustos, necesidades o caprichos de los clientes. A nadie le pone usted una pistola en la cabeza para que le compren, lo hacen voluntariamente. En otras palabras, usted está obteniendo ganancias sanas, lícitas, legítimas en una economía de mercado. Así es que nadie debe criticarlo por el hecho de ganar mucho dinero. Cierto que la gente de ideas comunistas le quieren quemar vivo, pero es por envidia o porque no entienden la lógica de la riqueza. No se dan cuenta que al ganar mucho dinero está haciendo felices a los que le compran sus productos, a los trabajadores que los fabrican, a los que empacan, a los que transportan, a los que hacen las máquinas y vehículos que utiliza, etc. Es muy difícil ver toda la cadena de gente que se beneficia por el hecho de que alguien sea un exitoso fabricante. Si este hombre, por miedo a ser mal visto, no hubiera tomado la decisión de hacer su empresa, no se habría formado esas cadenas de beneficios. Sin proponérselo se transformó en un benefactor de la comunidad.

Pero los comunistas se empeñan en aplastarlo “porque se está pudriendo en dinero”. No entienden cómo se mueve el dinero. Si cuando era pobre se comía un pollo al día, ahora que gana mucho dinero, ¿va hoy a comerse cien pollos diarios? Pero aún si se los comiera, la industria del pollo estaría feliz de estar vendiendo cien pollos más al día, pues allí se crearía otra cadena de beneficiarios.

Para terminar, le dije al estudiante. Suponga que usted es ese fabricante que gana un millón de pesos diarios. ¿Qué haría con ese dinero? Me contestó: “Bueno, ampliaría mi fábrica, pondría sucursales en otros países, me haría un palacio, me compraría autos de lujo o lo guardaría en el banco”.

Muy bien, le dije, pues vea que todo lo que me ha dicho implica crear cadenas de beneficios para miles de personas. Aún cuando usted guarde su dinero en el banco, ese dinero se va a poner a la disposición de otras personas que tengan la iniciativa de fundar otras empresas y eso es bueno para todos.

El joven me miró con ojos tristes y al despedirse me dijo: “creo que me han engañado toda la vida, mis profesores siempre me dijeron que estudiara para conseguir un trabajo. Gracias, muchas gracias por quitarme la idea que hacer dinero era un pecado. Desde hoy, trataré de hacerme obscenamente millonario”. Obviamente salí muy contento de esa conferencia, con la esperanza de haber ganado a un joven para el mundo capitalista.


Santos Mercado Reyes

El "modelo sueco": 1960-1990


Mauricio Rojas es un chileno ex-miembro del Movimiento Izquierda Revolucionario (MIR) que llegó a Suecia huyendo de un gobierno militar que buscaba extirpar todo indicio de la izquierda radical. Hoy, 34 años después, él es un diputado por el partido Liberal sueco y ha escrito un libro que revela la transformación que su pensamiento ha experimentado: Reinventar el Estado de Bienestar.

Rojas comienza el libro diciendo que para muchos Suecia “representa una sociedad modelo que está lo más cerca que se puede llegar del socialismo sin desbarrancarse en los abismos del totalitarismo”.

Sucede que aquellos que consideran a Suecia una especie de “utopía posible” ignoran que: (1) este país abandonó el modelo de amplia intervención estatal hace 15 años; (2) que el modelo del Estado de Bienestar que brindaba protección “desde la cuna hasta la tumba” era un fenómeno nuevo en Suecia (su construcción se puede decir que comenzó en 1960); y (3) que ese modelo resultó en un desempeño económico relativamente negativo en comparación a los otros países desarrollados de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Hasta 1950, la carga tributaria como porcentaje del PIB en Suecia era más baja que aquella de Alemania, EE.UU., Reino Unido y Francia. Era de apenas un 22%. Es precisamente durante esas décadas de baja carga tributaria (1870-1950) que Suecia era el segundo país en Europa con la tasa más alta de crecimiento promedio del PIB.

En cambio, entre 1950 y 1973, periodo en que se instauró el “modelo sueco” de intervención estatal en la provisión de servicios públicos, el crecimiento de Suecia fue el más lento de Europa Occidental con la excepción del Reino Unido. Lo mismo sucedió para el periodo entre 1973 y 1998 pero esta vez solo Suiza demostraba un peor crecimiento.

Veamos: Suecia duplicó su carga tributaria entre 1960 y 1989 (del 28 al 56% del PIB). Durante 1960 y 1980, el gasto público pasó del 31 al 60% del PIB y el empleo público como porcentaje del total de la fuerza laboral se triplicó. La adjudicación de más y más responsabilidades exclusivas del Estado sueco (léase monopolios estatales) resultaron en que el país se convirtió en “el paraíso de la producción en masas, ya sea de automóviles, viviendas, educación o salud”.

Pero el modelo era insostenible y eso se volvió dolorosamente evidente entre 1991 y 1993, periodo durante el cual se perdieron medio millón de empleos y el PIB sufrió una pérdida acumulada de un 6%. El gasto público se disparó a un 72,4% del PIB.

Para 1960, antes de que se instaurase el Estado de Bienestar, Suecia ya era una potencia industrial con una población educada. Esa fue la base económica que le proveyó a la social democracia los recursos necesarios para la implementación del Estado benefactor. De manera que, dice Rojas, “quienes predican la adopción del ‘modelo sueco’…en países sin una base material comparable, no hacen sino proponer una quimera”.

En 1991 ganaron elecciones partidos no socialistas bajo la bandera de la “revolución para la libertad de elección”. Esa revolución que se ha dado en los últimos 15 años, ha sido virtualmente ignorada en la discusión del modelo sueco en Latinoamérica. Esa revolución, de la cual hablaré la próxima semana, tiene poco o nada que ver con la concentración de poder, la estatización y la pérdida de libertad para elegir de cada ciudadano.


Gabriela Calderón

miércoles, 28 de mayo de 2008

Los purificadores


HACE veinte o treinta años si había un hecho histórico que el mundo entero reconocía a rajatabla era el Holocausto, el exterminio de seis millones de judíos por el régimen nazi y sus vasallos. Una mayoría lo condenaba con horror, y, sin duda, una minoría de racistas fanáticos lo celebraba en secreto. Pero nadie, con sentido común, se hubiera atrevido a negar que la Shoa ocurrió, pues las pruebas y testimonios del incalificable genocidio eran abrumadores. En plazo tan breve, las cosas han cambiado. Y, en una demostración más de los poderes de la ficción, y su capacidad para contaminar de fantasía y mentira todos los aspectos de la vida -incluida la Historia-, el Holocausto ha pasado a ser una verdad controvertida, a la que una corriente intelectual y política que recluta sus adeptos no sólo en los márgenes extremistas sino, también, en sectores respetables y prestigiosos de la inteligentzia, pone en tela de juicio y rebate, como una fabricación ideológica.

Ha puesto el tema de actualidad el juicio, entablado en Londres, por el historiador británico David Irving contra la norteamericana Deborah Lipstadt, que, en su libro Denying the Holocaust: the Growing Assault on Truth and Memory ("Negando el Holocausto: el ataque creciente contra la verdad y la memoria") acusa a Irving de antisemitismo y de "haber aplaudido el internamiento de los judíos en campos de concentración". El historiador dice que estas acusaciones son falsas, equivalen a un linchamiento profesional, y exige reparaciones. En verdad, Irving, especialista en temas alemanes y autor de varios libros sobre el Tercer Reich, es mucho más sutil y peligroso que un antisemita explícito: es un anti-anti nazi, que es la manera más inteligente de seguir promoviendo, en los tiempos modernos, el odio y la guerra contra los judíos.

En sus libros y conferencias no niega que murieran algunos millones de judíos durante la guerra mundial; niega que Hitler hubiera firmado un solo documento ordenando el genocidio, e, incluso, ofrece por el Internet mil dólares a quien pruebe que está errado. Niega también que existieran cámaras de gas, las que, a su juicio, podrían haber sido construidas por los polacos, después de la guerra, para atraer turistas. Los campos de exterminio nazi, como Auschwitz, eran simples campos de trabajo donde, durante la contienda, claro está, "murió mucha gente". El Holocausto sería una leyenda, fabricada de pies a cabeza por los lobbies judíos, y por razones políticas, entre ellas la defensa de los intereses de Israel.

Tesis similares a las del historiador británico han circulado también por Francia, a través de varias plumas. Una de ellas, la del historiador Robert Faurisson, que, en una tesis doctoral, pretendió demostrar la inexistencia de las cámaras de gas. Su libro dio origen a una sonora polémica, y terminó en un proceso en el que Faurisson fue condenado a una multa de cien mil francos por violar la ley francesa "contra el racismo y la negación de los crímenes contra la humanidad" aprobada en 1972. Pero el más famoso de los "negacionistas" -o anti-anti nazi- francés es el veterano Roger Garaudy, antiguo ideólogo del Partido Comunista, convertido primero al cristianismo y ahora al islamismo, cuyo libro, Los mitos fundadores de la política israelí, también condenado por los tribunales franceses y alemanes por negar el Holocausto, se ha convertido en una especie de Biblia contemporánea del novísimo anti-semitismo, el que se enmascara detrás de ropajes menos impresentables: anti-sionismo, nacionalismo, cristianismo, anti-comunismo.

En el último número de Les Temps Modernes aparecen tres ensayos escalofriantes sobre la ofensiva intelectual que, en dos países de la Europa Central -Hungría y Rumanía-, cuna del más rancio y virulento antisemitismo, llevan a cabo los anti-anti nazis, multiplicando las iniciativas para purificar la historia reciente de sus países de toda responsabilidad en la Shoa, y, al mismo tiempo, para reivindicar, limpiada, la imagen de gobiernos, líderes y partidos políticos que colaboraron con Hitler y contribuyeron de manera decisiva con las deportaciones y matanzas de judíos. El profesor George Voieu, de la Universidad de Bucarest, revela, por ejemplo, la influencia que el libro de Roger Garaudy ejerce entre los intelectuales nacionalistas rumanos, que lo citan con respeto, como una fuente valiosa de consulta, y una baza en su campaña a favor de la rehabilitación histórica del mariscal Ion Antonescu, el dictador aliado de Hitler y diligente proveedor de los campos de exterminio nazis con judíos rumanos, que fue ejecutado en 1946 por crímenes de guerra. No sólo el mariscal es objeto de estos empeños; también un partido fascista y antisemita, la Guardia de Hierro (asimismo conocida como La Legión del Arcángel Miguel), creada en 1927 por Corneliu Zelea Codreanu, y que ayudó a Antonesco a tomar el poder en 1940, reaparece en el debate histórico revisionista, con el rostro mejorado, como una fuerza política que, pese a sus errores, defendió la religión y la identidad rumana cuando se hallaban en peligro de extinción.

Por su parte, en la misma revista, Randolph L. Braham, pasa revista a los esfuerzos intelectuales que tienen lugar en Hungría para exonerar al gobierno de Horty, otro leal aliado de Hitler durante el conflicto mundial, de los 600.000 judíos húngaros asesinados en los campos de concentración con la entusiasta colaboración de las autoridades magiares. También en ese caso, la llave maestra de la operación es el chantaje nacionalista. Los 'purificadores' históricos silencian los intentos de reabrir el debate sobre la responsabilidad de la sociedad y las autoridades de Hungría en el exterminio de esa comunidad, acusando a quienes lo intentan de "traidores" que calumnian al pueblo húngaro presentándolo como fascista.

Los purificadores no han ganado la batalla, desde luego, y es dudoso que la ganen. Pero, poco a poco, han ido consiguiendo que una realidad histórica reciente, incontrovertible y atroz, la aniquilación de seis millones de judíos, vaya moviéndose del dominio de la historia, que se supone objetivo y científico, al sinuoso e inestable de la política, que subjetiviza los hechos y los disuelve con facilidad en escurridizas sombras chinescas. Es un gran éxito de los anti-anti nazis que mucha gente erice sus antenas críticas cuando se habla de la Shoa, porque teme que este tema encubra una defensa cerrada, acrítica, del Estado de Israel, temor que es un puro disparate, claro está. También lo es suponer que los horrores del Gulag comunista anulan los del Holocausto nazi. Las ideologías que inspiraron ambos crímenes contra la humanidad eran distintas, pero la vertiginosa crueldad y la descomunal estupidez reflejada en esas matanzas no se pueden juzgar ni condenar comparativamente, porque no existió entre ellas la menor relación de causa a efecto, como tratan de probar los purificadores nazis (o los comunistas deseosos de atenuar los extremos del Gulag agitando el espectro de las cámaras de gas). Hitler no exterminó a los judíos para defenderse de la URSS, sino porque los consideraba una raza inferior y vil; y los asesinatos de Stalin no tenían como objetivo defender al socialismo contra la amenaza nazi, sino acallar las críticas y blindar su poder absoluto. El Gulag y Auschwitz sólo pueden relacionarse como dos manifestaciones de los excesos monstruosos a que puede llegar el fanatismo cuando se alza con el control totalitario de una sociedad.

Sin embargo, en los tres ensayos de Les Temps Modernes se advierte que, junto con los argumentos chovinistas y nacionalistas, los purificadores se valen con mucha frecuencia del Gulag como una explicación, un atenuante, y hasta un eximente, del Shoa. Éste es, más o menos, el aberrante razonamiento. Los horrores de los campos de concentración nazis hay que enmarcarlos dentro del contexto de una lucha contra el comunismo, una fuerza creciente que amenazaba extenderse por toda Europa y esclavizarla. Muchos dirigentes, agitadores y responsables comunistas, tanto en la URSS como en Europa Central y, por supuesto, en Alemania, eran judíos. Esto explica que la lucha contra el comunismo, por la defensa de la soberanía nacional, la religión cristiana y la cultura propia se tiñera a veces de lamentables ribetes antisemitas. Y los espantosos crímenes que se cometían, en nombre del marxismo y la sociedad sin clases en la URSS de Stalin, explican -aunque no los justifiquen- los extremos exagerados a que llegó el Tercer Reich.

Este razonamiento es aberrante, ante todo, porque es falso. El exterminio de los judíos no fue decidido por razones políticas sino racistas, es decir, con prescindencia total de lo que ocurría con la URSS, un régimen con el que Hitler no tuvo empacho, incluso, en aliarse por un tiempo. Y, por lo demás, la verdadera magnitud de los crímenes de los campos de concentración soviéticos no fue conocida sino después de la segunda guerra, entre otra razones, porque, como relata Solzjenitzin en el Archipiélago del Gulag, las peores matanzas en aquellos centros de exterminio estalinianos tuvieron lugar no antes sino después de la derrota del nazismo. Pero, aun si no hubiera sido así, aun si, como sostienen los purificadores, el Holocausto hubiera sido una "reacción desproporcionada" a las violencias cometidas por Stalin, ¿en qué forma disminuiría o entibiaría este hecho la apocalíptica crueldad de aquel crimen colectivo cometido contra seis millones de personas, buen número de las cuales eran niños y ancianos, por el mero hecho de pertenecer a una colectividad cultural y étnica distinta?

El Holocausto es uno de esos hechos que nos dejan anonadados, que parecen, por su salvajismo y enormidad, fuera del alcance de la razón humana. Y, sin embargo, no es cierto. Fue, más bien, el resultado de unas ideas y convicciones perfectamente claras, a las que el poder absoluto y el fanatismo permitieron llevar a la práctica. La sociedad alemana tuvo la responsabilidad mayor, por haber aceptado a Hitler y al nazismo, que nunca ocultaron sus propósitos racistas, pero el antisemitismo no fue, ni es, una enfermedad alemana, sino una plaga muchísimo más extendida, y con raíces, todavía no extirpadas, en sociedades tan cultas y democráticas como la francesa o la sueca, según han venido a recordarlo incidentes muy cercanos. Para entender la Shoa es imprescindible investigar a fondo el origen y la expansión de aquel virus antiquísimo, y sus constantes metamorfosis, así como la responsabilidad de cada sociedad y cada pueblo con lo sucedido en Auschwitz. Pero no está ocurriendo, y, por eso, la operación purificadora de los Irving, Faurisson, Garaudy y muchos otros, continúa, impertérrita, su tarea de convertir la historia en ficción y de alcanzar una cierta legitimidad en nombre de la defensa de la soberanía cultural. Así, por ejemplo, un prestigioso intelectual húngaro, Sandor Csoôri (citado por Randolph L. Braham) acuJustificar a ambos ladossó, no hace mucho, a "la comunidad liberal judía húngara de querer 'asimilar' a los magiares a su manera de ser y de pensar".

Mario Vargas Llosa


John Galt speaking pt. 6


En esta parte John Galt se refiere a la ética objetivista, en donde la vida se convierte en un estándar de valor, ya que los valores sólo son posibles para los seres vivos, así mismo la ética sólo es necesaria para aquellos que decidan vivir en esta mundo. En este caso la razón se convierte en el instrumento fundametal, para averiguar que acciones y valores le permiten al hombre existir y cuales lo condenan a la destrucción.

martes, 27 de mayo de 2008

El peligro de los héroes


La historia está plagada de actos violentos y, lamentablemente, se toma a los inspiradores de semejantes vandalismos como benefactores de la humanidad. En las plazas de muchas de las grandes ciudades se fabrican estatuas de guerreros blandiendo sables como ejemplo malsano para las juventudes. No pocos himnos de países variopintos exaltan el tronar de cañones y pretenden convertir en loable al salvajismo mas cavernario, siempre en defensa de una mal entendida libertad, en la práctica, maltrecha, denostada y denigrada por los bufones del momento.

Hay obras que encierran el germen de la destrucción de las libertades individuales como el “superhombre” y “la voluntad de poder” de Nietzsche o “el héroe” de Thomas Carlyle. Este último, en su célebre conferencia en Londres del 22 de mayo de 1840 —si bien en conferencias anteriores aludía a otros grandes hombres— estima que “puede reconocerse como el más importante entre los Grandes Hombres aquél a cuya voluntad o voluntades deben someterse los demás [...] es resumen de todas las figuras del Heroísmo [...] toda dignidad terrena y espiritual que se supone reside para mandar sobre nosotros, enseñarnos continua y prácticamente, indicarnos que tenemos que hacer día tras día, hora tras hora”.

Difícil resulta concebir una visión de más troglodita, de más baja estofa y de mayor renunciamiento a la condición humana y de mayor énfasis y vehemencia para que se aniquile y disuelva la propia personalidad en manos de forajidos, energúmenos y megalómanos que, azuzados por poderes omnímodos, se arrogan la facultad de manejar vidas y haciendas ajenas.

Este tipo de razonamientos y propuestas inauditas son los que dieron píe a los Hitler de nuestra época. De las ideas de Carlyle, eso dice Ernst Cassirer, el filósofo político, autor de numerosas obras, ex Rector de la Universidad de Hamburgo y profesor en Oxford, Yale y Columbia: “los primeros indicios del misticismo racial”, “una defensa abierta al militarismo prusiano” y “la divinización de los caudillos políticos y una identificación del poder con el derecho”. Por su parte Borges, consigna en su prólogo a la obra que reúne las seis conferencias de Thomas Carlyle sobre la heroicidad que “los contemporáneos no lo entendieron, pero ahora cabe una sola y muy divulgada palabra: nazismo [...] escribió que la democracia es la desesperación de no encontrar héroes que nos dirijan [...] abominó de la abolición de la esclavitud [...] declaró que un judío torturado era preferible a un judío millonario”.

La manía del héroe y el líder indefectiblemente conducen a la prepotencia y al abuso de poder y, finalmente, al cadalso. Por eso resulta tan pernicioso que se les enseñe a estudiantes la historia como una narración bélica con elogios y salvas para la guerra y los guerreros, cuando no deben memorizar los pertrechos de cada bando sin entender el porqué de tanta trifulca. Lamentablemente, es cierto que la historia está colmada de hechos violentos pero enseñarla como algo glorioso, un hito y algo que debe ser venerado y objeto de admiración resulta sumamente destructivo y una buena receta para perpetuar y acentuar el mal.

Cada uno debe constituirse en líder de si mismo. Los caudillos y tiranuelos que son aclamados como líderes no hacen más que expropiar lo más preciado que posee el ser humano, cual es el uso de su libre albedrío para la administración de su propio destino al realizar sus potencialidades únicas e irrepetibles. Dice la primera acepción de héroe en el Diccionario de la Real Academia Española: “Entre los antiguos paganos, el que creían haber nacido de un dios o una diosa y de una persona humana, por lo cual le reputaban más que hombre y menos que dios”. Si bien es cierto que hay otras acepciones, la expresión de marras está teñida de un pesado tufillo a guerra, sangre, batalla, violencia y ferocidad.

Pero, en todo caso, si se insiste en recurrir a la expresión “héroe” debería aplicarse a personas excepcionales como Ana Frank, Sophie Scholl, Sor Juana Inés de la Cruz, Lucretia Mott, Voltairine de Cleyre, Rose Wilder Lane, Mary Wollstonecraft, Germaine de Staël, Isabel Paterson, Hannah Arendt, Taylor Caldwell, Victoria Ocampo, Anna Politkovskaya, Ayn Rand o Mallory Cross Johnson, solo para citar unos pocos nombres del mal llamado sexo débil que han dado extraordinarios ejemplos de fortaleza y coraje moral. Esas personas ya no están con nosotros, hago una excepción al agregar el nombre de una joven que hoy vive en la isla-cárcel cubana desde donde se debate con una perseverancia arrolladora: Yoani Sánchez (cuando la revista Time la incluyó entre las cien personas más influyentes y apareció bajo el subtítulo de “Héroes y pioneros”, escribió que prefiere “la simple categoría de ciudadana”).

El día en que en las plazas aparezcan las efigies de estas personalidades, podremos conjeturar que el mundo va en buena dirección...ya que como tituló uno de sus libro Jerzy Kosinski: No Third Path. En esta misma línea de mantener la brújula firme y los principios en alto, Albert Camus escribe en la introducción de El hombre rebelde: “No siendo nada verdadero ni falso, bueno ni malo, la regla consistirá en mostrarse mas eficaz, es decir, el mas fuerte. Entonces el mundo no se dividirá ya en justos e injustos, sino en amos y esclavos”.

Las inmundicias de los Stalin, Pol Pot, Mao, Hitler y Mussolini de este planeta son consecuencia de las alabanzas al “hombre fuerte” en el poder, para los que se tejen todo tipo de cánticos que rebalsan en referencias a lo heroico y grandioso a cuales les siguen personajes detestables tales como los Perón, Trujillo, Stroessner, Pérez Jiménez, Somoza y Rojas Pinilla que, si los dejan, se ponen a la altura o incluso superan en saña a sus maestros. En esta instancia del proceso de evolución cultural, solo hay la opción entre la democracia y la dictadura, no importa de que signo sea y, éstas, están siempre paridas de libros, artículos y conferencias que ensalzan al héroe como el mandamás de las multitudes.

Paul Johnson en Commentary de abril de 1984 (pag.34) relata uno de los casos en que se trata como héroe a un canalla “en las Naciones Unidas en ocasión de la visita oficial de Idi Amin, presidente de Uganda, el primero de octubre de 1975. Para esa fecha ya era un notorio asesino serial de una crueldad indescriptible; no solo había liquidado personalmente algunas de sus víctimas sino que las desmembraba y preservaba partes de las anatomías para consumo futuro: el primer caníbal con refrigerador [...] A pesar de ello fue electo presidente de la Organización para la Unidad Africana y, en esa capacidad, fue invitado a dirigirse a la Asamblea General de las Naciones Unidas. Su discurso fue una denuncia a lo que denominó 'la conspiración zionista-nortemericana' contra el mundo y demandó no solo la expulsión de Israel de las Naciones Unidas sino su 'extinción' [...] La Asamblea le brindó una ovación de pie cuando llegó, lo aplaudieron periódicamente en el transcurso de su discurso y, nuevamente, se pusieron de pie cuando dejó el recinto. Al día siguiente el Secretario General de la Asamblea [Kurt Waldheim] le ofreció una comida pública en su honor”.

Alberto Benegas Lynch

lunes, 26 de mayo de 2008

Tema polémico: los colegios profesionales


Como decía Jeff Daiell: "cuando la mafia exige un pago para permitir hacer negocios, se llama latrocinio. Cuando el estado exige un pago para permitir hacer negocios, se llama impuesto de ventas". Evidentemente, esta situación no ocurre tan sólo con los impuestos, sino también con los colegios profesionales, nuestro tema polémico de hoy.

Estos colegios son verdaderas instituciones que cobran por dejar trabajar. Resulta curioso que,
para poder ejercer nuestro derecho constitucionalmente consagrado -el trabajo-, para poder ejercer nuestras carreras y mantenernos a nosotros mismos o a nuestras familias, para poder crear riqueza, haya que contar con el permiso de un colegio profesional y estar debidamente inscrito.

En ASOJOD hemos tenido la oportunidad de sondear la situación con profesionales en Ciencias Políticas, Derecho, Economía, Farmacia, Medicina, Odontología, Educación y otras áreas y la opinión es la misma: el colegio profesional al que están afiliados no les aporta ningún beneficio sino que les resulta una carga, en tanto tienen que pagar mensualidades, cuotas y demás para que unos pocos -la junta directiva y sus amigotes- disfruten de una mesa de tragos en cada reunión o de un buen fin de semana en los centros de recreo.

Y si, alguno de los colegiados se negara a pagar por estas "ventajas" simplemente el Colegio amenaza con prohibirle el ejercicio de su labor. Incluso, nos hemos enterado que, cuando se trata de empleados públicos, los fiscales de los Colegios han llegado a ponerse en contacto con las oficinas de Recursos Humanos para "recomendar" que si el colegiado no paga, se le despida. ¡Vaya maravillas las que genera la solidaridad obligada!

Pero esto no es todo: la prohibición del derecho a trabajar si no se está afiliado al Colegio respectivo, implica también una violación al derecho de asociación. Según nuestra Constitución Política nadie puede ser obligado a formar parte de asociación alguna. Pero esto es contradictorio cuando nos dicen que tenemos que estar afiliados al Colegio Profesional para poder trabajar. Y como además de la afiliación hay que pagar por fuerza las cuotas que la Asamblea de profesionales disponga, se violenta también el derecho a la propiedad, toda vez que se nos obliga a dirigir recursos a cosas que muchos profesionales no queremos: centros de recreos, carnes asadas, asambleas ordinarias y extraordinarias, viajes para la Junta Directiva, etc.

Como se puede observar, tres desventajas contra cero beneficios respecto a estos Colegios. El argumento para mantenerlos vivos es que "aseguran" que los profesionales inscritos cuentan con los conocimientos para ejercer y que, en el peor de los casos, se convierten en un mecanismo donde una víctima puede recurrir al denunciar una mala praxis profesional. No obstanta, vale aclarar que no hay relación de causalidad entre la inscripción y la capacidad. Y que tampoco hay garantía de respuesta, pues ¿qué pasa si el acusado es íntimo amigo de los miembros de la Junta Directiva o, peor aún, miembro de ella? ¿Habrá un procedimiento imparcial?

Además, hay que ponerse a pensar qué pasa cuando hay un interés por sacar a alguien del mercado laboral. Es decir, que un amigo o miembro de la Junta Directiva quiera sacar de competencia a un colega y se valga del procedimiento administrativo que puede realizar el Colegio para ello. ¿Quién protege a la víctima si el juez es parte en el conflicto?

Por eso, en ASOJOD proponemos la desaparición de estas instituciones de latrocinio, que no le aportan ningún bien a nadie más que a las Juntas Directivas y a sus allegados. Para proteger a las vícitmas de una mala praxis profesional proponemos crear una oficina dentro de la Defensoría del Consumidor, que tenga capacidad de investigar y castigar (con suspensión) al profesional en caso de que haya cometido un acto en donde medie dolo o negligencia. Así se asegura una mayor probabilidad de imparcialidad, celeridad y sin necesidad de obligar a los profesionales a formar parte de una asociación.

domingo, 25 de mayo de 2008

Inflación


La inflación es el impuesto más injusto que existe. Las alzas afectan en mayor medida a los más pobres porque son los que menos posibilidades tienen de evitar sus efectos negativos. Esto se da porque las familias más pobres dedican una mayor proporción de sus ingresos al consumo. Pero, además, si logran ahorrar algo, los pobres tampoco tienen muchas opciones de inversión, por lo que altos niveles de inflación terminan comiéndose el valor real de los pocos cincos que tengan en el chanchito. El Banco Central, como máximo responsable en el país de lo que suceda con la inflación, ha venido teniendo problemas para bajarla a niveles más aceptables. Si tomamos el promedio de los últimos 3 años (11,4% ), Costa Rica tiene la tercera inflación más alta entre los 19 países de Latinoamérica.


Don Francisco de Paula, durante una conferencia en la Uccaep esta semana, nos mostró un gráfico en quel Costa Rica aparece como el país de la región con la quinta inflación más baja, durante los primeros 4 meses de este año. Este gráfico lo utilizó, no para decir que el país había mejorado, sino para demostrar que la subida en los precios de los energéticos y de los alimentos está afectando a todos los países latinoamericanos. Eso sí, nos dice don Francisco, los países que han adoptado un régimen de “metas de inflación” (como Chile, México, Perú y Brasil) son los que mejor van controlando la inflación, mientras que hay países “dolarizados” que han tenido problemas con la inflación (como Panamá). Claro, lo que no mencionó fue que Colombia, otro país con el régimen de “metas”, también tiene problemas.

En este tema de cómo controlar la inflación, ningún régimen es la panacea. Las “metas”, con un tipo de cambio flotante, es un esquema que está de moda, y es una estrategia válida. La “dolarización” ha funcionado muy bien durante muchos años en varios países (Panamá, Ecuador y El Salvador, están entre los 6 países con inflación más baja en los últimos 3 años). En Costa Rica, las “minidevaluaciones” sirvieron por mucho tiempo para dar estabilidad (ahora extrañada por muchos), hasta que, al final, se agotó su funcionalidad para bajar la inflación a menos del 10 %.

Claro, la escogencia de régimen monetario y cambiario es solo una parte de la ecuación. Una parte muy importante, pero no la única. La política económica general debe acompañar lo que sea que haga el Banco Central. Así vemos que países como Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Ecuador (miembros del ALBA) son los que más problemas han tenido controlando precios en los primeros meses del 2008. En el promedio de los últimos 3 años, Nicaragua y Venezuela ocupan los últimos 2 lugares. ¡Qué irónico! Los gobernantes que más alardean de preocuparse por los más pobres, son los que más los perjudican.

Luis Mesalles

sábado, 24 de mayo de 2008

Al fin una buena noticia


La actual Asamblea Legislativa no se ha caracterizado por ser una de las mejores de los últimos años, máxime cuando prácticamente el único tema de agenda ha sido las leyes de implementación del TLC. También han aparecido una que otra propuestas inútiles o estúpidas, que llevan una vez más a preguntarse qué tipo de personas están ocupando escaños en el Congreso.

No obstante, hay que reconocer al César, lo que es del César. El día de hoy apareció una noticia que llama poderosamente la atención en ASOJOD: el impulso a la legalización de la unión entre personas del mismo sexo. Precisamente nuestro Tema Polémico del lunes anterior, trataba sobre las razones por las cuales era necesario aprobar esa iniciativa, así como otras tendientes a asegurar los derechos de las personas homosexuales. Ante esta verdadera buena nueva proveniente de Cuesta de Moras, vale aplaudir la actitud de algunos de los diputados costarricenses.

Claro, siempre hay anacrónicos y fanáticos como Guyón Massey, quien se opone rotundamente a hacer valer la libertad del ser humano para escoger a su pareja, aunque esta sea del mismo sexo. Por supuesto, don Guyón afirma no ser homofóbico, sino que "ama a todo el mundo". No sabemos si de verdad lo será o no, pero lo que sí tenemos certeza es que se trata de un fanático religioso que no puede pensar de forma diferente a la que su querido dios le dice. Probablemente en estos días don Guyón aproveche su posición como Pastor para moralizar dentor de su culto y pedirle a su rebaño que salga a la calle con panderetas y pescados para pedirle al gobierno que nos salve del boleto directo a las cálidas llamas del infierno.

Una lectora nos dijo una vez que en ASOJOD no criticábamos a los diputados del Sí al TLC y que éramos implacables con los del No. Consecuentes con nuestra honestidad intelectual (concepto tan repudiado por algunos lectores), no sólo estamos atacando directamente a Guyón Massey, sino que reconociendo el acto de hidalguía de otros como Ana Helena Chacón, José Merino y Carlos Gutiérrez.

Pero, al mismo tiempo, desde ASOJOD hacemos un llamado a muchos otros que se dicen comprometidos con la libertad (ojo fracción del Movimiento Libertario) para que dejen de lado el "cálculo político" y el "miedo electoral" y apoyen de una buena vez un proyecto en donde se materializa un acto de libertad.

viernes, 23 de mayo de 2008

Viernes de Recomendación


En este viernes de recomendación les ofrecemos el ensayo: "Una introducción al "lenguaje" posmoderno", del Dr. ALberto Benegas Lynch. En el mismo se exponen las principales tesis de dicho movimiento, sus representates así como sus críticas.


A su vez el profesor Lynch trata los más diversos temas, como: orden espontáneo, ingeniería social, determinismo, relativismo (ético, cultural, epistemológico), técnicas hermenéuticas, marco común, subjetividad, objetividad.

Conferencia


El grupo ASOJOD te invita a la conferencia: "La crisis Financiera de los Estados Unidos y el futuro de los mercados" organizada por el Instituto Libertad.
La misma será impartida por el Dr. Mark Skousen, y contará con la partición del presidente de dicha identidad -José Joaquín Fernández- quien analizará la situación cambiaria y monetaria de Costa Rica.



Fecha: Viernes 13 de junio del 2008
Hora: De 3:00 p.m. a 5:30 p.m.
Lugar: Hotel Radisson, Zurquí 3
Entrada: Gratuita, a las primeras 150 personas en confirmar al 2273-5010 ($ 40 dólares de penalidad por confirmar y no asistir)

El problema es la intervención


Dicen que lo que separa la civilización de la anarquía son solo siete comidas: la paz social solo es posible cuando los ciudadanos tienen cubiertas las necesidades básicas y, cuando falla la comida, empieza la revolución. Ese dicho se está haciendo realidad estas últimas semanas en países como Haití, Kenia, Camboya, India o Vietnam, donde el encarecimiento de los alimentos está generando reacciones violentas.

¿Por qué suben los precios? Por el lado de la demanda, el crecimiento de países como China, India y el resto de Asia hace que miles de millones de ciudadanos quieran comer más y mejor. Comer mejor quiere decir comer carne y ya se sabe que para producir un kilo de carne se necesitan 6 kilos de cereales. Es decir, cereales que antes iban al consumo humano directo ahora van al consumo de vacas, cerdos o pollos y eso aumenta su demanda y, por ende, su precio. El crecimiento de esos países también aumenta la demanda y el precio del acero, petróleo, gas natural, carbón, energía o madera. Esto genera mayores costos de producción, costos que son traspasados a los precios finales de los alimentos.

Dos obsesiones. Por el lado de la oferta, existen dos fenómenos causados por los políticos occidentales. En Estados Unidos, la obsesión por los biocombustibles (causada a partes iguales por la histeria del cambio climático –y la creencia que el biodiésel emite menos CO2 que los combustibles fósiles– y por la búsqueda de la independencia energética de Oriente Medio) ha hecho que el Gobierno diera importantes incentivos fiscales a la producción de biocombustibles. Cerca del 30% de las tierras que antes se dedicaban a producir comida para personas, ahora producen para los automóviles. Consecuencia: los precios de los alimentos se han disparado.

En Europa tenemos otro tipo de obsesión: la aversión a los transgénicos. Ésta ha causado reducciones importantes de la oferta mundial de alimentos. Y no me refiero a la oferta europea. Me refiero a la oferta de países africanos que, al tener miedo de no poder exportar algún día sus productos agrícolas a Europa, se niegan a adoptar maíz, trigo o arroz transgénicos que les permitiría obtener productividades superiores.

A estos factores de oferta y de demanda, se han sumado algunos Gobiernos, como el de Argentina, cuyas barreras a la exportación no han hecho más que reducir la oferta mundial de alimentos y contribuir a su encarecimiento.

Soluciones. ¿Qué se puede hacer para mitigar las consecuencias del encarecimiento de los alimentos? A medio y largo plazo, la solución pasa por aumentar la oferta ya que la reducción de la demanda sería una inmoralidad (aunque estoy seguro de que algún burócrata pensará que lo mejor que pueden hacer los chinos es introducir una “nueva cultura de la alimentación” y dejar de comer carne).

Para fomentar la oferta, se pueden hacer diferentes cosas. Primera: dedicar recursos a la investigación con el objetivo de aumentar la productividad agrícola en países de climatología complicada. La revolución verde de los años cuarenta y cincuenta (financiada por las fundaciones Ford y Rockefeller) permitió aumentar la productividad agrícola y alimentar a miles de millones de ciudadanos. Se necesita una nueva revolución verde para los países africanos. Una posibilidad sería redirigir una parte de la ayuda pública al desarrollo (que ahora se está perdiendo en los profundos bolsillos de corruptos africanos) al I&D agrario.

Segunda, seguir el ejemplo de Brasil y promocionar la creación de medianas y grandes empresas agrícolas. Desde Europa tenemos la imagen idílica de las aldeas pobres del tercer mundo pobladas por familias felices que producen sus propios alimentos. Esa imagen idílica es falsa. Los productores familiares son ineficientes y, para aumentar su productividad, tendrían que aumentar su escala, adoptar tecnologías modernas y exportar a los mercados mundiales.

Tercera, impedir que los países como Argentina penalicen a los exportadores. Si los agricultores son forzados a vender en los mercados locales a precios reducidos, no tendrán incentivos a hacer lo que es necesario: aumentar la oferta. Y, finalmente, abandonar inmediatamente la locura de los subsidios a los biocombustibles y las prohibiciones de transgénicos. Como pasa tan a menudo en economía, la solución de los problemas no es la intervención del sector público. Al contrario. El problema es la intervención.


Xavier Sala-i-Martin

jueves, 22 de mayo de 2008

Mujercitas


Camille Paglia, una de las líderes del movimiento feminista de los años 90, mantiene una campaña particular contra la candidata a presidente de los Estados Unidos Hillary Clinton. Esta actitud que, en un principio, pudiera resultar paradójica, tiene su explicación en la penosa utilización de su sexo que está haciendo la ex primera dama estadounidense.

Cierto que para decir las cosas tan claras como Camille Paglia hay que ser honesta como ella: bisexual que defiende al hombre masculino frente a la versión metrosexual tan de moda, feminista contra la acción afirmativa, atea que respeta la religión, piensa que el yihadismo es un peligro real e inminente para Occidente y, a pesar de ser demócrata, no le gusta su partido.

¿A qué se debe esta actitud hacia Hillary? Al falso feminismo que defiende, a que utiliza su condición de mujer para conseguir votos y a que esa obsesión le lleva a emprender una campaña anti-hombre que es liberticida e injusta. Hillary no convence a la mujer con formación que no acepta sus ataques a las amas de casa.

Pues no está mal. Pero Camille Paglia no está sola. Wendy McElroy, otra feminista individualista, en su libro “Sexual Correctness: The Gender-Feminist Attack on Women”, estudia la injusticia de la acción afirmativa y los argumentos de quienes la defienden. A pesar de que las barreras legales cayeron hace tiempo y hombres y mujeres somos iguales ante la ley, se supone que aún no se ejerce esa igualdad, especialmente en el ámbito del mercado, donde continuamente se infravalora a la mujer. Y dado que la explotación continúa, es necesario promulgar leyes protectoras: hay que preferir la mujer al hombre por ley para compensar la explotación a la que el mercado nos somete.

Pero, para McElroy, estas medidas hacen más mal que bien. En primer lugar, porque limitan la libertad al obligar al empresario a contratar a mujeres, arrebatándoles la capacidad de decidir sobre su propiedad. La libertad tiene riesgos. Toda elección entraña discriminación, eliminas una opción para quedarte con otra. Y cuando la elección del empresario no cuadra con los objetivos de los políticos, algo hay que hacer, aunque para ello haya que pisotear la libertad del empresario.

Tampoco el argumento de la justicia compensatoria es válido. No se trata de que aquel que inflija un daño lo repare, sino que las feministas totalitarias defienden que son los hombres descendientes de quienes siglos atrás no trataron a las mujeres de entonces como iguales ante la ley, quienes cargan con la responsabilidad de resarcir a las mujeres de hoy, incluso si ya existe la tan ansiada igualdad.

Otros autores como el economista Thomas Sowell, en el artículo “The Grand Fallacy: Equating Male-Female Differences in Salary with Discrimination”, apunta que las capacidades potenciales de diferentes grupos no tienen por qué ser iguales, y que incluso si lo fueran, cada uno de ellos podrían no tener interés en desarrollarlos completamente, o de la misma manera que otros. También explica Sowell que la discriminación positiva, tal y como sucedió con la discriminación racial, solamente va a servir para que se vea cuestionado el trabajo de cualquier mujer y para que, al exigirles menos para poder cumplir la cuota, se convierta en una profecía autocumplidora.

A pesar de este movimiento feminista anti-totalitario, en España caminamos en sentido opuesto. El Instituto de la Mujer parece asumir las palabras de Marx y Engels en el Manifiesto Comunista cuando afirmaban:

El burgués, que no ve en su mujer más que un simple instrumento de producción, al oírnos proclamar la necesidad de que los instrumentos de producción sean explotados colectivamente, no puede por menos de pensar que el régimen colectivo se hará extensivo igualmente a la mujer. No advierte que de lo que se trata es precisamente de acabar con la situación de la mujer como mero instrumento de producción.

En la Guía de Sensibilización y Formación en Igualdad de Oportunidades entre Mujeres y Hombres se establece como punto de partida que la igualdad ante la ley ya no es suficiente para conseguir la igualdad de oportunidades. No solamente se financian programas informativos que abarcan aspectos educativos, sanitarios y de empleo sino que se ponen en marcha con fondos europeos, nacionales, autonómicos y locales costosísimos programas de colaboración en los que se premian a las empresas que se distingan como "colaboradoras", para lo cual, como requisito principal e indispensable, se requiere compromiso y responsabilidad por parte de la dirección de la empresa en apoyar y sostener una política de igualdad de oportunidades, implicándose positivamente tanto dentro como fuera del ámbito empresarial.

El panorama que se nos presenta es desolador, si nos atenemos, no solamente a la creación de un nuevo Ministerio de Igualdad, sino también al Plan Estratégico de Igualdad de Oportunidades (2008-2011) en el que se premia y promociona la feminización de la sociedad y se acaba por victimizar y denostar a los hombres. No tiene desperdicio el Manual para Elaborar un Plan de Igualdad en las Empresas que recuerda a los cuestionarios de cualquier comisariado político.

La igualdad mal entendida (porque los hombres y las mujeres somos diferentes) se está implementando por ley, es decir, coactivamente, con fondos públicos que son derrochados y, sobre todo, a costa de pisotear la libertad individual.


María Blanco.

Inequidad o libertad en la educación


La educación es un tema permanente porque siempre se menciona como la raíz de los problemas sociales y la fuente de sus soluciones. Es probable que ambas cosas sean ciertas, pero se suelen confundir conceptos y de allí que no están claras tampoco las soluciones.

Uno de los casos más controvertidos es el de “equidad”. La palabra “inequidad” no existe en el Diccionario, aunque se usa regularmente, y se refiere a la falta de equidad, que podríamos interpretar como la ausencia de esa “justicia natural” .

Así es que, hablando de educación, el problema es que algunos no estarían recibiendo lo que se merecen. Hay otro problema, por supuesto, que es definir aquello que corresponde por mérito. ¿Todos mereceríamos una educación universitaria? ¿Hablar otros idiomas? ¿Simplemente leer y escribir y algo de matemáticas? ¿Poder manejar una computadora?

Tal vez por esa dificultad algunos han buscado reemplazar inequidad por desigualdad y el problema no es que algunos no estén recibiendo determinado nivel de educación, sino que algunos reciben más que otros, o de mejor calidad. No extraña que ideas como estas sean expuestas por algún líder piquetero, pero lo curioso es que provienen del Ministro de Educación del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

En un artículo titulado “El Estado está para igualar y redistribuir” (La Nación, 15/3/08), Mariano Narodowski sostiene: “Sabemos que no todos están en la misma posición de partida a la hora de acceder a la educación, pero creemos que estas diferencias pueden y deben compensarse. No es justo que el éxito en la escuela esté asociado con la cuna en que se nació. El Estado está para igualar y redistribuir conocimientos”.

La situación de la educación pública argentina es clara. Todos sabemos que las escuelas donde asisten los alumnos más pobres tienen pocos recursos, pocos materiales didácticos, edificios inadecuados y maestros y profesores poco preparados. Estos son los alumnos que tienen más posibilidades de dejar sus estudios.

Igualar y redistribuir conocimientos es imposible. No todos podemos ir a Oxford o Harvard, muchos tampoco querrían. Pero si queremos que los que empiezan de más abajo tengan acceso a mejor educación, tal vez deberíamos liberarlos de la condena de acudir a escuelas y colegios estatales donde predominan las malas condiciones antes descritas.

James Tooley, del E. G. West Centre en la Universidad de Newcastle, ha deambulado por todo el mundo, encontrando que existen escuelas privadas en los barrios más pobres de Nigeria y la India. Esas pequeñas escuelas son preferidas por los padres porque sus hijos reciben mejor educación que en las escuelas estatales.

Nada extraordinario las hace más eficientes; simplemente es el mismo principio que se aplica a cualquier otra actividad en el mercado: si no se satisface a los clientes (los padres), estos llevarán a sus hijos a otro lado. En las escuelas estatales, por el contrario, no solamente faltan cursos de estudios y buenas instalaciones sino que también pierden cantidad de días de clases por huelgas.

¿Qué quiere decir redistribuir en este contexto? Si se trata de igualar a las escuelas estatales con las privadas será igualar a todas hacia abajo. Entonces, más que igualar, hay que liberar a los pobres de un sistema de educación pública fracasado e ineficiente que los mantiene atrapados sin salida.


Martín Krause

miércoles, 21 de mayo de 2008

¡Más empleo!


De nuevo la inversión privada sigue creando mejores oportunidades para los costarricenses, ahora empresas locales y transnacionales ofrecen 600 puestos de trabajo en una feria de empleo organizada por el Colegio Boston.

En ASOJOD no nos cansaremos de darle seguimiento a estas noticias, que muestran cual es el verdadero camino hacia el progreso.

Mercado de órganos humanos


Es un hecho que la cantidad de riñones e hígados que se donan de manera altruista no son suficientes para cubrir las necesidades de transplantes. De acuerdo al Centro Nacional de Transplantes de México, durante el año de 2006 4.822 individuos estaban en espera de un riñón, pero únicamente se realizaron 1.916 transplantes. En transplantes de hígados hubo un faltante de 242 donantes. Si el altruismo cubriera las necesidades no habría necesidad de cambiar el sistema actual que restringe los transplantes a órganos donados, tanto en vida como los provenientes de cadáveres.

La restricción impuesta de que los órganos para transplantes solo pueden provenir de actos altruistas, en vida o después de la muerte implica que el precio efectivo de órganos es cero, lo que en consecuencia genera un exceso de demanda: las donaciones no alcanzan y mucha gente muere esperando un órgano que nunca llega. Ante esta situación, ¿debe permitirse la venta de órganos humanos? En el caso de riñones un individuo puede, con los cuidados médicos adecuados, vivir una existencia prácticamente normal con solo un riñón, mientras que en el caso del hígado sólo se toma una parte del órgano del donante que, al ser transplantado, crece dentro del cuerpo del recipiente, mientras que en el donante su órgano se regenera.

La principal objeción a que haya un mercado de órganos es que daría el incentivo para que los pobres vendieran sus órganos y los ricos serían quienes podrían pagar por ellos. No hay duda que legalizar un mercado de órganos incrementaría la disponibilidad de estos para individuos que los necesitan para sobrevivir y el precio que establecería el mercado eliminaría el exceso de demanda que existe.

Claramente no tiene por qué haber algún problema si la venta del órgano se pacta previamente y se traspasa cuando el individuo muera y el pago se hace a los herederos. Ambas partes del intercambio saldrían beneficiados si no hay compulsión alguna.

Pero ¿qué sucede si el pobre vende en vida uno de sus riñones o parte de su hígado? Obviamente al venderlo incrementa su bienestar personal; prohibirle que venda sus órganos no mejora su posición en nada. Todos pierden con la prohibición: el pobre sigue siendo pobre y la gente que requiera de un órgano, rica o pobre, seguiría muriendo por falta de órganos para transplantes. Es tiempo de evaluar esta posibilidad.

Issac Katz

John Galt Speaking pt. 5



En este video John Galt explica las axiomas del objetivismo así como sus consecuencias,

Los cantos de sirena del Estado


El Estado es la más destructiva institución concebida por los humanos, un incendio que puede ser controlado por muy poco tiempo, antes que se propaguen las llamas por todas partes. Lo que promueve el crecimiento del Estado debilita la defensa de los individuos y nada promueve más el crecimiento del Estado que una emergencia nacional.

La actividad fundamental del Estado es el robo, aunque le dan otro nombre –impuestos-, bajo la excusa de que se trata de una obligación, inclusive moral.

Todos los gobiernos son oligarquías, ya que apenas un pequeño grupo de personas toman las riendas y deciden cómo usar el poder. Detrás de ellos, un grupo más grande constituye la coalición que los apoya. Ese otro grupo goza de privilegios legales, subsidios, cargos, concesiones exclusivas, licencias y transferencias de riqueza, a costa de las masas. Así utilizan la fuerza, incluyendo la policía y el ejército, para explotar a los demás, obligándolos a respetar las leyes que imponen.

Los rituales democráticos, tales como las elecciones, disfrazan el expolio y le hacen creer a las masas que el gobierno las está beneficiando. Pero, ¿algo que no se logra sin hacer uso de la violencia puede realmente ser de beneficio para todos?

A pesar del encanto ideológico que los altos funcionarios y los intelectuales estatistas utilizan para desplumar a la gente, a veces la gente se resiste y apoya a políticos que prometen aligerar las cargas, evaden impuestos y regulaciones, operan en la economía informal, violan las prohibiciones o emigran.

Esa reacción de la gente establece un cierto límite y la política puede verse como la pelea para arrimar ese lindero, en una u otra dirección. Mientras que las “emergencias nacionales” ayudan a la clase política a debilitar a quienes se oponen a la expansión del gobierno.

Casi cualquier guerra sirve el objetivo político porque une a la gente, al menos en el corto plazo, en apoyo a la bandera. Y como el gobierno siempre entona cantos de sirenas, esa constante propaganda cala, especialmente cuando se logra asustar a la gente y se utiliza a los medios de comunicación para lograrlo.

La llamada “guerra contra el terrorismo” ha disparado el crecimiento de ciertas industrias en Estados Unidos. Entre 1999 y 2006, el número de empresas contratistas del Departamento de Seguridad Nacional se disparó de nueve a 33.890 compañías. Y lo menos que los buitres quieren es que disminuya el miedo, lo cual terminaría con sus negocios que dependen totalmente del dinero proveniente de los impuestos.

¿Qué chance tiene la paz cuando tantos oportunistas dependen de la “guerra contra el terrorismo” para su éxito financiero? Para el Congreso, el Departamento de Seguridad Nacional se ha convertido en la principal fuente de prebendas políticas y de coimas. Todos están felices, con excepción del ciudadano común y corriente, a quien le meten la mano en el bolsillo y le coartan su libertad.

Un Estado pacífico es una virtual imposibilidad. Cuando no pelea con extranjeros, pelea con su propia gente, para mantenerla bajo control. Nunca gozaremos de una paz duradera mientras nuestra lealtad sea a un rey, que en nuestro caso es ese conglomerado de explotadores institucionalizados que llamamos Estado.

Robert Higgs

lunes, 19 de mayo de 2008

Tema polémico: matrimonio y adopción para homosexuales


En Costa Rica existen muchos problemas y uno de ellos es la hipocresía. Cuando se pregunta públicamente si los homosexuales tienen derecho a tener la orientación que tienen, los de mente abierta dicen que sí pues la escogencia de la pareja es un asunto meramente personal, mientras los de mente cerrada se escandalizan con la idea ya que consideran que los homosexuales van "contra la naturaleza o contra Dios". No obstante, de entre esas personas de mente abierta, muchos en el fondo no quieren ir más allá de las palabras de buena intención y se niegan a, que en efecto, se les reconozca el derecho a los homosexuales de casarse y formar una familia, con hijos inclusive.

En ASOJOD sí defendemos todos los derechos que tiene un ser humano, sin distingo de raza, orientación sexual, idioma, nacionalidad, etc. Así como mucha gente, en Derecho Internacional, aboga por el "principio de autodeterminación de los pueblos", como individualistas que somos defendemos el "principio de autodeterminación de los individuos". Por eso, en este caso, afirmamos el derecho de las personas homosexuales para casarse y tener las mismas prerrogativas que cualquier pareja heterosexual, incluyendo herencia, hijos, etc. La primera razón es que la libertad no sólo es no tener a un tipo con arma obligando a otro a actuar de determinada manera, sino que es un concepto más amplio, que tiene que ver con la capacidad del ser humano para tomar todas las decisiones que le competan. Quienes repudian la libertad, en todo el sentido de la palabra, al menos son coherentes cuando niengan el derecho de las personas a estar con quien deseen. Sin embargo, los pseudodefensores de la libertad caen en contradicción cuando, por un lado, afirman que el individuo tiene derecho a decidir con quién intercambia bienes y servicios, pero, por otro, le niegan la posibilidad jurídica y moral, de intercambiar amor con personas del mismo sexo, a pesar de que las premisas de ambas proposiciones son exactamente iguales.

El derecho de las personas del mismo sexo a casarse es un derecho tan valioso como el de decidir a quién le compramos y le vendemos, a quién le prestamos o regalamos, a quién le creemos o no, con quién trabajamos o no, con quién nos asociamos o no. ¿Por qué si se defiende la idea de que nadie nos puede ni debe obligar a unirnos a un grupo cualquiera, no se defiende la idea de unirnos a la persona con quien otra quiera? ¿Por qué se defienden, por ejemplo, los contratos entre privados (en materia laboral, de transporte, de negocios, etc.) pero no se defiende un contrato amoroso entre privados? Porque realmente, una relación sentimental es un contrato, pues hay varias partes libres que, por voluntad, deciden unirse e intercambiar sentimientos (en lugar de bienes y servicios) siempre y cuando dichas partes salgan beneficiadas. En el momento en que una parte incumple las condiciones del contrato, existe la posibilidad de darlo por terminado. Es una muestra más de la libertad de asociación, pero no es defendida con la misma vehemencia que otros ejemplos.

La segunda razón para defender el derecho al matrimonio homosexual y los derechos conexos, es que cada quién tiene el derecho a buscar su propia felicidad. La escogencia de la felicidad y los caminos que lleven a ella es una cuestión que sólo puede determinar el individuo porque sólo él conoce sus fines. Mientras en la búsqueda de esa felicidad no se le haga daño a otros individuos, no hay razón para interponerse en su camino. Si esa felicidad está, para el individuo, al lado de una persona del mismo sexo, y esa otra persona acepta libre y voluntariamente estar con la primera, entonces no hay ningún problema.

El gran asunto a discutir es que mucha gente, si bien reconoce el derecho de las personas homosexuales a estar juntas, no tiene el valor para defender la estabilidad jurídica de esa relación. Es decir, no defienden la posibilidad de legalizar esa relación o, si lo defienden, buscan hacerlo con formas moralmente menos fuertes que el matrimonio. Un ejemplo: hace un tiempo se presentó ante la Asamblea Legislativa un proyecto para legalizar la unión civil entre personas del mismo sexo. En ASOJOD quisimos apoyar esa iniciativa y conversamos con uno de los tres diputados que lo apoyaban y le preguntamos por qué no iba más allá, en el sentido de legalizar el matrimonio y darle el mismo peso moral y cultural que dicha institución tiene en Costa Rica y nos contestó que no porque el matrimonio era un concepto religioso que no podía otorgársele a los homosexuales porque la Biblia decía expresamente que era entre un hombre y una mujer.

Precisamente, la supuesta superioridad cultural del matrimonio se ha trasladado a la esfera jurídica, de forma que a este, históricamente, se le han reconocido más derechos conexos. Esto nos lleva a hablar de una tercera razón para legalizar el matrimonio entre personas homosexuales: la seguridad jurídica. La posibilidad de contar con toda la protección legal que viene al caso, le asegura que, en caso de fallecimiento, se sigue el mismo procedimiento que con parejas heterosexuales en cuanto a herencia y pensiones por ejemplo. Es lamentable pensar que una pareja homosexual que haya trabajado duro a lo largo del tiempo y haya acumulado bienes materiales, tenga complicaciones en caso de que uno de los dos muera para disfrutar de esos bienes porque el ordenamiento jurídico no permite que le sean automáticamente adjudicados, como sucede cuando se trata de parejas heterosexuales.

Pero finalmente, aparejado al tema del matrimonio está el de la familia. Nos dicen por todas partes que la familia es la base de la sociedad cuando en realidad es el individuo el pilar de cualquier organización. No hay conjunto sin partes. Siendo el individuo la base de la familia y de la sociedad, entonces es necesario reconocerle el derecho a este para tomar las decisiones que mejor le parezcan y que mejor le permitan perseguir su felicidad, siempre y cuando las mismas no le impidan a otro perseguir la suya. En ese sentido, entonces hay que reconocerle y protegerle el derecho de asociarse con quien desee siempre y cuando dicha asociación sea voluntaria. Si de esa asociación se forma un matrimonio, hay que reconocerlo como tal y brindarle los mismos derechos, entre los que están la posibilidad de formar una familia.

Mucha gente puede aprobar el matrimonio homosexual creyendo que defiende la libertad, pero se contradice cuando niega el derecho de los homosexuales a adoptar un niño (a). Dicen que si lo hace, el niño (a) aprendería la conducta y se formaría como homosexual. Pero lo curioso es que, nuevamente, la doxa hace su entrada en escena: no hay ninguna relación de causalidad entre la preferencia sexual de los padres y la de los hijos. Ante esto habrá algunos que dirán que los niños repiten las conductas de sus padres y se forman igual que ellos: entonces si los padres son homosexuales, el hijo (a) tiene una enorme probabilidad de serlo también. Y lo dicen con el mismo tono como si ser homosexual fuera una enfermedad o una conducta moralmente reprobable. No obstante, el argumento se cae cuando invertimos el enunciado y vemos que esa "teoría" no explica por qué si ambos padres son heterosexuales el hjo (a) puede llegar a ser homosexual. ¡Vaya solidez de la prueba!

Tampoco hay una relación entre preferencia sexual y capacidad de educar hijos. Si fuera cierto que los homosexuales no están capacitados para educar niños, entonces todos los hijos de matrimonios heterosexuales deberían ser personas de bien. No podría haber ningún sujeto disfuncional. Evidentemente, esto no sucede así. Cualquier persona puede ser un buen padre o una buena madre sin distingo de su orientación sexual. Un caso paradigmático en Costa Rica fue la adopción de un niño por parte de un travesti conocido como Mairena, que recogió a un niño que había sido agredido y abandonado por su madre biológica. Mairena le salvó la vida y le dio un hogar, le enseñó a leer y a escribir, lo enviaba a la escuela, lo alimentaba y lo quería como si fuera su propio hijo. Pero el Estado costarricense no permite que lo adopte porque él es homosexual y los "expertos" del PANI estiman que es una "influencia nociva para el niño".

En otras palabras, el Estado prefiere que el niño en cuestión sea separado de una persona que lo ha criado con amor para entregárselo a un albergue, donde no se sabe si será nuevamente adoptado y si, en caso de serlo, se ignora realmente qué clase de personas serán sus padres. ¿Y a eso le llaman privilegiar el interés del niño?

domingo, 18 de mayo de 2008

Las computadoras de las FARC


Ya por todos es conocida la historia: había una vez un terrorista llamado Raúl Reyes el cual fue asesinado por el ejército colombiano en tierras ecuatorianas, resulta que en el campamento fueron encontradas unas computadoras que le pertenecián a este señor. Dichas computadoras supuestamente tenían información que vinculaba a ciertos gobiernos (Venezuela y Ecuador) con las FARC. Por supuesto que el folclórico Hugo Chávez y Rafael Correa desmintieron dicho asunto, aduciendo que la información estaba saboteada por el ejército colombiano.

Pues esta novela ya llego a su fin, ya que, la Interpol acaba de entregar el informe forense sobre los ordenadores y equipos informáticos decomisados a las FARC. Informe que en ASOJOD ponemos a disposición de nuestros lectores para que sean ellos quienes juzguen por si mismos.

México: apertura comercial y mercado laboral


Cuando una economía se desenvuelve en un entorno de protección comercial por la imposición de barreras a las importaciones, sean estás arancelarias o no arancelarias, se genera una distorsión en los precios relativos de los bienes comerciables internacionalmente, tal que la asignación de los recursos productivos, capital, tierra y mano de obra, dejan de reflejar las ventajas comparativas que tendría cada sector y cada región. Así, cuando el gobierno otorga protección a determinado sector en contra de la competencia externa, se genera el incentivo para que la cantidad de recursos que se le asignan a este sector sea mayor que la que se hubiese dado en ausencia de esa barrera al comercio internacional. Además, el pago a los factores de la producción empleados en los sectores protegidos será mayor que el que hubiesen obtenido en un contexto de libre comercio es decir se apropian de rentas extranormales, mismas que son pagadas por los consumidores que enfrentan precios por arriba de los internacionales.

Partiendo de esta situación, cuando cambia la política comercial y el país se abre al libre comercio internacional, los precios internos de los bienes reflejarán los precios internacionales, lo que genera el incentivo para que los recursos se asignen en aquellas actividades productivas en las cuales se goce de ventaja comparativa. Por lo mismo, al abrirse la economía, lo natural es que se observe sectores que se contraen y expulsen recursos productivos, incluidos capital y mano de obra, mientras que otros se expandirán empleando en consecuencia una mayor cantidad de estos recursos. Además, el pago a los factores de la producción tiende a reflejar la escasez relativa de cada uno de ellos y el valor de su productividad marginal.

Dados estos cambios en los precios relativos de los bienes y los factores de la producción que genera la apertura comercial, es indispensable que junto con el cambio en la política comercial se adecue la legislación laboral para eliminar todas aquellas disposiciones que introducen rigideces a la movilidad de la mano de obra, tanto sectorialmente como regionalmente, es decir, hacer que este mercado sea más flexible, reduciendo con ello los costos del ajuste.

La apertura comercial que se inició durante el gobierno de Miguel de la Madrid y se profundizó durante los siguientes tres gobiernos, un proceso que aun no termina dada la inmensa y estúpida cantidad de regulaciones que impone el gobierno a las empresas en sus operaciones de comercio internacional, cambió efectivamente los precios relativos y generó el incentivo para una reasignación de recursos en la economía hacia aquellos sectores en donde hubiese ventajas comparativas. Sin embargo, entre las muchas reformas que faltaron para complementar esta apertura destaca la laboral. Seguimos teniendo una legislación laboral que ya no es compatible con una economía abierta, una legislación que genera enormes distorsiones y rigideces en el mercado laboral en particular y en la economía en general y que se refleja en una menor competitividad de las empresas mexicanas en el mercado internacional.

Salinas no quiso, Zedillo no pudo, Fox ni lo intentó. ¿Podrá Calderón modernizar la legislación laboral? Si él tampoco puede, seguiremos condenados a un crecimiento económico notoriamente mediocre.


Isaac Katz

Perú: Alan García y su renovada fe en la liberalización


La economía de Perú anda bien estos días. El presidente Alan García, un político inteligente, con experiencia y legendario por sus discursos populistas, ahora está tratando de promocionar el país ante los inversionistas. Y sus argumentos son buenos: la economía ha crecido a un promedio anual de más de 6,2% en los últimos seis años y esto se debe a mucho más que un auge en las exportaciones mineras. Perú ha prosperado por su competitividad, algo inimaginable hace una década.

Después de una presidencia desastrosa entre 1985 y 1990 y de años de exilio, García regresó y se postuló de nuevo a la presidencia. Su victoria en 2006 se dio fundamentalmente gracias al temor de los peruanos de que su rival implantara un gobierno de estilo chavista.

El García de ahora habla el lenguaje de alguien que renació con principios económicos liberales y defiende los mercados como una forma de reducir la pobreza. En Perú, esta transformación es aún un tema de debate. Lo que puedo asegurar, después de esta entrevista, es que García se aferra firmemente a los principios detrás de los argumentos en los que dice creer.

Los peruanos están descubriendo sus ventajas en mercados nicho del mundo en varios sectores aparte de la industria minera, incluyendo la manufactura, confección y agricultura. ¿Cómo ha sucedido todo esto?

"Pienso que el cambio esencial está en el modelo económico comercial de Perú", dice García. El país "ha decidido meterse en la economía global, abrir sus fronteras a la inversión, bajar aranceles [y] garantizar una estabilidad fiscal y monetaria. Pienso que esto, sostenido ya por más de 10 años, está dando frutos".

García también reconoce que muchos de sus vecinos no están cortejando a los inversores, lo cual beneficia a Perú. "[En la región], Perú parece el país que más favorece la modernización", generando un nivel de inversión "que es extraordinario". El país ha tenido "una importante tasa de crecimiento en los últimos tres años, desde 6% hasta casi 8% y luego 9% por año. Esperamos mantener, este año la tasa de crecimiento más alta y el nivel de inflación más bajo en Sudamérica".

Razones del cambio

Para un país marcado por décadas de pobreza y violencia, esto es algo casi milagroso. Pero quizás lo más sorprendente sea que el populista de izquierda más notorio de los años 80 ahora defienda el libre mercado. Le pregunté al presidente que me explicara este cambio.

"Primero, más que leer, uno tiene que ver la realidad y esta realidad es lo que ha cambiado. Hace 25 años, el mundo se dividió en dos", dice García, "y lo que no existía era la extraordinaria revolución en las comunicaciones y la informática, que es la base de todo el cambio en el mundo económico actual y del cambio en nuestras ideas. Internet, el dinero electrónico, la apertura económica sin fronteras, esto es que lo ha impulsado el cambio de pensamiento. Esta nueva realidad exige que no nos opongamos a la ola de globalización sino que la aprovechemos a favor de la sociedad".

Aún más sorprendente para los que recuerdan al viejo Alan García es su nueva fe en el sector privado como un motor de progreso humano. "Estamos comenzando un capítulo totalmente nuevo en la economía. El mundo está conectado y existe una democratización creciente a través de la participación de consumidores y productores". El rol del gobierno, según su opinión, es "persuadir a la gente —éste es su rol como líder— a que se abra a todas las posibilidades de... inversión y, con esto, descentralizar la actividad económica y así crear más empleo".

Sin embargo, sus críticos en Lima dicen que todavía tiene que demostrar su temple para impulsar la próxima fase de reformas. Perú particularmente necesita una reforma laboral que reduzca el costo de contratar y despedir a los trabajadores. Esto requerirá recortes en los impuestos de nómina y obligaciones de indemnización a las compañías cuando despiden a los trabajadores.

García está de acuerdo con que la regulación laboral es una traba para las compañías. "Ya no vivimos en una economía cerrada proteccionista. Esta es una economía de competencia y velocidad. Y por eso, las empresas están destinadas a nacer, vivir y morir porque cualquier compañía puede entrar a un mercado y desplazar a otra. En este sentido, las compañías están condenadas a la inestabilidad. Como consecuencia, no podemos continuar con conceptos que vienen de otro tiempo y otra situación".

Formalizar las masas

El problema de la inestabilidad, dice, dificulta la vida de los trabajadores peruanos. "Necesitamos una reforma que formalice a las masas —un 70% de los trabajadores peruanos— que trabajan en el sector informal y no tienen derechos, así como a los comercios que no son legales y no pagan impuestos".

Para reducir la economía informal, García parece estar a favor de los incentivos. En vez de contratar un ejército de inspectores, sabe que las reglas del juego deben cambiar. García dice que Perú tiene que bajar el costo de estar en el sector formal si quiere "incrementar su capacidad de ahorro interno a través de fondos de pensión y aumentar su capacidad de ofrecer planes de salud a los peruanos". Sin esos cambios, el país se quedará estancado en la "informalidad", lo que el presidente describe como "la esclavitud del siglo XXI".

Una significativa reforma laboral ayudaría mucho a borrar sus pecados del pasado y quizás también asegurar su legado. Pero mucho dependerá de la inflación. García culpa el alza en los precios de los alimentos al "desastroso programa de etanol" y el hecho de que el país no cultiva trigo y tiene que importarlo del exterior.

García quiere que el mundo sepa que es un creyente en la conexión entre la libertad y el progreso humano. Pero los peruanos no están tan ansiosos por bendecir su conversión. Parecería que la clave para poner fin al debate y reescribir los libros de historia es el poner su visión en acción.

Optimismo no le falta, y desestima un escenario de ruina y oscuridad. "Cuando dicen que el mundo está amenazado por la inmigración, la pobreza, la destrucción del medio ambiente y la concentración de monopolios, me río. Yo tengo una fe total en que la inteligencia humana y la tecnología superarán cualquier obstáculo, geográfico o social".

Mary Anastasia O'Grad