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viernes, 3 de abril de 2009

Viernes de Recomendación


En el siguiente artículo los físicos Alan Sokal y Jean Bricmont hacen una defensa de un realismo científico moderado mientras discuten las otras alternativas a este. El artículo se titula Defense of a Modest Scientific Realism.

sábado, 28 de febrero de 2009

Charla sobre el Postmodernismo


En este link pueden encontrar una interesante charla del doctor Benegas Lynch sobre el desarrollo del posmodernismo así como sus corrientes y críticas que se le hacen.

martes, 25 de noviembre de 2008

Autopsia prematura de la filosofía


La filosofía de nuestro tiempo sufre de los siguientes males: (1) reemplazo de la vocación por la profesión, y de la pasión por la ocupación; (2) confusión entre filosofar e historiar; (3) confusión entre profundidad y oscuridad; (4) obsesión por el lenguaje; (5) subjetivismo; (6) refugio en miniproblemas y jeux d’esprit [juegos de ingenio]; (7) formalismo sin sustancia y sustancia informe; (8) desdén por los sistemas: preferencia por el fragmento y el aforismo; (9) divorcio de los dos motores intelectuales de la cultura moderna: la ciencia y la técnica, y (10) desinterés por los problemas sociales. Veámoslos con detalle.


Diagnóstico. El primero de los males es la profesionalización excesiva. Antes, el filosofar era cosa de aficionados, de amantes de la sabiduría. Desde hace un par de siglos, la filosofía es una profesión como cualquier otra. Además, hoy hay tantos puestos de profesor de filosofía que, inevitablemente, muchos de ellos son ocupados por personas sin vocación. Para peor, están obligados a publicar para poder conseguir empleo o ascenso.

Con la comunidad científica ocurre otro tanto: está llena de funcionarios que, en otros tiempos, hubieran sido competentes artesanos, escribientes o abogados. El resultado inevitable de la profesiona-lización de la filosofía y de la ciencia es la pérdida de calidad.

El segundo mal es la confusión entre hacer filosofía y contar su historia. No hay duda de que el conocimiento del pasado de su disciplina es más importante para el filósofo que para el químico o el biólogo, porque muchos problemas filosóficos tienen raíces antiguas y siguen abiertos.

La historia de la filosofía es una herramienta para filosofar; pero ocurre demasiado a menudo que el medio se toma por fin. La consecuencia es que marchamos mirando para atrás. Esta es una aberración. Al fin y al cabo, los historiadores de la filosofía se ocupan de filósofos originales, no de historiadores de la filosofía.

El tercer mal es la confusión entre profundidad y oscuridad. Es verdad que es difícil entender un pensamiento profundo; pero también es verdad que es fácil hacer pasar una perogrullada, o incluso un absurdo, por un pensamiento profundo. Para esto basta utilizar expresiones confusas o retorcidas.

Por ejemplo, al escribir que “el mundo mundea”, que “el tiempo es originariamente la maduración de la temporalidad” y disparates similares, Martin Heidegger se hizo pasar por un pensador profundo. De no ser catedrático alemán, la gente lo habría tomado por loco, cuando no fue sino un charlatán.

El cuarto mal es la obsesión por el lenguaje, que aqueja tanto a los filósofos analíticos como a los existencialistas. Por supuesto que el filósofo debe cuidar el lenguaje, pero en esto no se distingue del matemático, el geólogo, el escritor o el periodista. Además, una cosa es escribir correctamente y con claridad, y otra tomar el lenguaje como tema central de la reflexión filosófica y, para peor, sin hacer caso de los trabajos de los expertos en la materia, o sea, los lingüistas.

Al filósofo no le interesa saber cómo se usa esta o aquella palabra en tal o cual comunidad lingüística. Sin duda, puede interesarle la idea general de lenguaje, pero solo como una de tantas ideas generales. Si se limita al lenguaje, irrita al lingüista y aburre a todos. El resultado es que no enriquece la lingüística ni la filosofía.

El quinto mal es el subjetivismo. Este es el conjunto de doctrinas filosóficas que niegan la realidad objetiva del mundo y la posibilidad de alcanzar verdades objetivas. Ejemplos modernos de subjetivismo son la fenomenología o egología (teoría del yo) de Husserl; la tesis positivista según la cual no hay hechos físicos, sino solo observaciones, y la tesis relativista conforme a la cual cada grupo social construye sus propias verdades, sin que haya modo racional de zanjar entre ellas.

El subjetivismo es comodísimo. Si el mundo es lo que yo imagino, no tengo por qué tomarme el trabajo de estudiarlo; y, si no hay verdades objetivas, no tenemos por qué esforzarnos por encontrarlas. El resultado neto es la devaluación de la investigación científica.

El sexto de los males que aqueja a la filosofía es la atención exagerada que presta a problemas ínfimos y a juegos académicos, tales como las especulaciones sobre mundos posibles. Esta preferencia por lo menudo justifica el viejo dicho cínico: “La filosofía es aquello con lo cual, y sin lo cual, el mundo queda tal y cual”.

El séptimo de los males anotados es el abuso del formalismo sin sustancia, y su complemento, el abuso de lo sustancioso informe. Quienes cometen el primer pecado suelen ser lógicos que creen que la lógica formal no solo es necesaria sino que basta para filosofar.

En el segundo pecado caen quienes no advierten que el tratamiento preciso de problemas profundos exige el uso de algunas herramientas formales lógicas o incluso matemáticas. (Ejemplos: la dilucidación y sistematización de los conceptos de significado y de verdad, de sistema y de emergencia de la novedad, de mente y de reducción.)

El octavo mal es el desdén por la construcción de sistemas filosóficos, so pretexto de que todos los sistemas anteriores, tales como los de Leibniz y Hegel, han fracasado. Esto es como renegar de la física porque cada una de las teorías físicas ha resultado defectuosa. Lo malo no es el esfuerzo de sistematización en sí, sino tal o cual resultado.

Necesitamos sistematizar nuestras ideas porque las ideas aisladas son apenas inteligibles, y porque el propio mundo es un sistema antes que un agregado de objetos desconectados. Una idea cualquiera “arrastra” o “atrae” a otras ideas, así como todo cuerpo atrae a otros cuerpos. Por ejemplo, la idea de negación es incomprensible sin las ideas de proposición y de afirmación.

A partir de Einstein, la idea de tiempo es incomprensible sin relación con las ideas de acontecimiento, materia y espacio. Por estos motivos, necesitamos sistemas conceptuales, o sea, teorías, y debemos construir puentes entre estas. La filosofía no escapa a la necesidad de sistematizar.

El noveno mal es el desinterés por la ciencia y la técnica. Este desinterés lleva a formular especulaciones escandalosamente anacrónicas. Ejemplos: la filosofía de la mente que ignora los hallazgos de la psicología y la neurociencia; la filosofía de la historia que no se da por enterada de las contribuciones de la escuela historiográfica francesa de los Annales, y la filosofía de la acción que no toma nota de los hallazgos de la politología ni de la técnica de la administración de empresas. Este desinterés hace que la filosofía actual sea rara vez de utilidad para la ciencia o la técnica.

Por último , la mayoría de los filósofos vive en la torre de marfil, sin interesarse por los problemas sociales. Por ejemplo, la mayoría de los éticos se desinteresa de los problemas morales que a todos nos plantean la tiranía y la guerra, la pobreza y el deterioro ambiental. Por consiguiente, sus análisis son de interés puramente académico.

Esperanza. En resolución, la filosofía de nuestro tiempo está aquejada de diez males. Cualquiera de ellos hubiera bastado por sí solo para postrarla; los diez morbos juntos la han puesto gravemente enferma; pero enfermedad no es lo mismo que muerte. Más aún, el diagnóstico acertado de una enfermedad precede al tratamiento eficaz, y por ello puede ser la primera fase de la recuperación.

La filosofía no morirá mientras queden personas curiosas por problemas generales cuya solución no tenga otra utilidad que la de ayudarnos a comprender la realidad, en particular al ser humano. El que no todos estos individuos sean catedráticos de filosofía, poco importará a la larga. Tampoco Descartes fue catedrático y, sin embargo, fue el padre de la filosofía moderna. Lo que realmente importa para la salud de la filosofía es mantener viva la curiosidad por las ideas generales. Como reza el dicho popular, “no está muerto quien pelea”.

Mario Bunge

viernes, 7 de noviembre de 2008

Viernes de Recomendación


Este día les ofrecemos el texto Postmodernism and its problems with science, del autor Jean Bricmont. En el mismo, el físico francés muestra como la posmodernidad resulta un atentado contra la razón, el conocimiento, la epistemología y el desarrollo de la ciencia.

Después de leer las quimeras de los autores posmodernos que Bricmont cita, es difícil decidir si es momento de reír o llorar.

sábado, 31 de mayo de 2008

Menos que basura


Como nunca antes en la historia del mundo, el posmodernismo y el arte contemporáneo han abierto las puertas a las peores estafas estéticas. Los cánones de la belleza se han tornado tan laxos, que todo lo lo legitiman y celebran.

Dejemos de lado por una vez el famoso orinal de Duchamp, expuesto cual obra de arte egregia en el Louvre. Esta pieza, por insólita que parezca, tiene siquiera el mérito de forzar una revisión del concepto de obra de arte canónica y de su presencia en ese espacio acotado que llamamos “museo”. Vámonos a cosas mucho más aberrantes. A continuación, tres ejemplos cuyo juicio dejo a mis lectores.

Tres ejemplos. En la prestigiosa Bienal Centroamericana, un “artistazo” de esos que se pasan la vida “rompiendo esquemas” amarra a un perro a un poste y lo deja morir de hambre y de sed ante la mirada ora indignada, ora extática de los espectadores. La razón de este perverso proyecto estético consiste en asistir a la agonía y muerte del pobre animal. Supongo que la intención del insigne genio responsable de esta atrocidad no es otra que el de suscitar una reflexión trascendental sobre la decrepitud y muerte del ser humano. Lástima que, para mejor comunicar su mensaje, no se haya amarrado él mismo, dejádose morir entre convulsiones, para el arrobamiento estético de su público.

Otra reconocida exposición nos ofrece el espectáculo de un niño con síndrome de Down, de pie sobre una silla, mudo, inmóvil, expuesto a la mirada cosificadora y morbosa de los asistentes. La esencia de este experimento escapa, una vez más, a mi comprensión, pero está claro que convertir a un ser humano en objeto estético viola, en este caso, el espíritu mismo de los derechos humanos: respetar la integridad física y síquica del hombre, esto es, su dignidad fundamental. La relación entre seres humanos no radica en la dinámica sujeto-objeto, sino en un equipotencial y recíproco vínculo sujeto-sujeto.

La música no se queda atrás, con el “Concierto para burro y orquesta”, cuyo autor no identifico a fin de no contribuir a cimentar su “gloria”. El ejercicio consiste en hacer entrar a escena a un asno a guisa de solista, acompañado por una orquesta sinfónica con toda la dignidad que una institución de este jaez supone. A la indicación exacta del director, la bestia es azotada hasta hacerla relinchar, de manera que se establezca el diálogo solista-orquesta característico del género concertante.

“Todo es genuino”. Estos engendros representan la infantil contestación que la posmodernidad levanta contra todo canon estético alguna vez juzgado absoluto. Ahora toda forma de “arte” es genuina, todo mamarracho, digno del reconocimiento que concedemos al David de Miguel Ángel, o a la Novena Sinfonía , de Beethoven.

Tales abyecciones “artísticas” degradan al ser humano, atormentan a los animales hasta la muerte, e idiotizan a los espectadores. Son imputables desde el punto de vista de los derechos humanos, de la bioética, del principio de paz con la naturaleza, del más elemental sentido del respeto y la compasión.

A sociedad perversa, arte perverso. La corrupción de una nación comienza con la corrupción de su arte y de su palabra. Producir una honda conmoción humana es una condición necesaria, pero no una condición suficiente para la vivencia estética. No todo lo que nos conmociona (piedad, repugnancia, indignación, asco, rabia, estupor) tiene cartas credenciales en el dominio del arte.

¿Está agotado Occidente? ¿Será que no tenemos ya nada qué decir? La sucesión cada vez más rápida de las vanguardias, ¿nos habrá llevado a la esterilidad estética? No basta con decir que el arte refleja a la sociedad que lo crea –un lugar común más socorrido de la cuenta–. Yo creo que la verdad correlativa es, por lo menos, igualmente cierta: el arte crea a la sociedad, la forma o deforma, la enaltece o envilece, la ayuda a generar conciencia o la imbeciliza.

Responsabilidad. Y esto nos lleva al tema de la responsabilidad ética del artista. Todo gran creador ha sido un aliado de la humanidad. Un sanador, un educador, un profeta. Su ocasional aislamiento de la sociedad (Beethoven) no obedece a la misantropía, sino a la necesidad de reclusión, de introspección que el legado de una obra artística requiere. No se hace arte sin compromiso social. No hay artista que no ame al ser humano. El auténtico creador despierta conciencias, le revela al hombre mundos de belleza insospechados, lo inicia en una latitud del ser nunca habitada.

Pero también hay mercenarios que, por afán de reconocimiento o por mera venalidad, vomitan sobre el mundo y quieren ser aplaudidos por ello. El problema no son ellos, son, antes bien, aquellos que les brindan espacios para perpetrar sus crímenes de lesa humanidad: los organizadores de exposiciones plásticas, de festivales musicales, de certámenes artísticos, de revistas culturales. Un idiota hará idioteces siempre que se le permita hacerlo. Los verdaderos responsables son aquellos que les proporcionan tarimas para que exhiban sus abominaciones.

Al artista le ha sido concedido un don. Su gozosa obligación consiste en compartirlo con sus semejantes. Esto conlleva una gran responsabilidad: conferirle sentido a la vida –no siempre placentero, a veces doloroso– y hacer del ser humano una criatura más armónica, más lúcida, más noble.

Jacques Sagot

viernes, 23 de mayo de 2008

Viernes de Recomendación


En este viernes de recomendación les ofrecemos el ensayo: "Una introducción al "lenguaje" posmoderno", del Dr. ALberto Benegas Lynch. En el mismo se exponen las principales tesis de dicho movimiento, sus representates así como sus críticas.


A su vez el profesor Lynch trata los más diversos temas, como: orden espontáneo, ingeniería social, determinismo, relativismo (ético, cultural, epistemológico), técnicas hermenéuticas, marco común, subjetividad, objetividad.

viernes, 11 de abril de 2008

Estupidez posmoderna


Don Juan José Romero (La Nación, 5 de abril) , yo no me refería a gente como usted, que busca la excelencia académica. Yo pensaba en los vulgares y trasnochados pseudointelectuales posmodernos, que pululan como una infección en nuestros contextos universitarios, con ideas que van desde la negación de cualquier noción de verdad, hasta la de cualquier conocimiento. Pero, contradictoriamente, ya esta sentencia es una verdad. Un grupo de “doctos” que olvidan algo que usted apunta muy bien, o sea, la necesidad de dudar, como elemento fundamental de cualquier ciencia (Wissenschaft).

Plaga filosófica. Pseudointelectuales que reproducen como el perico el discurso de “la plaga filosófica” (Luis Camacho) llamada posmodernidad y que asumen tal paradigma como insuperable, atrincherándose tras el concepto de dialogía, creyendo que es posible reducir la realidad a un discurso esquizofrénico y esquizofrenizante. Pseudointelectuales que se amarran a la moda, creyendo que es simplemente una cuestión epistémica (concepto de Foucault) y sumidos en la ignorancia de no saber que, si tal concepto fuese correcto, en un periodo histórico coexisten varias y diferentes épistèmes .

Yo me refería a esas mafias “intelectuales” que colman la academia con un metalenguaje, que presenta como novedad la decadencia de la reflexión filosófica y la persistencia de un neocolonialismo europeo vestido de respeto a la différence , que, por un lado, nos discursea sobre la igualdad y, por el otro, nos viola con sus subsidios.

Terroristas del pensamiento que secuestran la academia para escudar sus flaquezas detrás del discurso de moda, sintiendo que “están en todas”. Terroristas sin consistencia intelectual que ayer fueron estructuralistas, luego postestructuralistas y mañana, tal vez, sean chamanes o algún otro tipo de charlatán. Ignorancia academizada que asume, en su diario quehacer, la moda como un criterio científico. Pseudointelectuales que verborrean sobre su pestilente diarrea dialógica, en seminarios, conferencias y otros mecanismos de colegitimación, citándose y adulándose mutuamente, en un rito que de científico no tiene nada.

Chamanes dogmáticos. Chamanes de una posmodernidad que reniega del pensamiento fuerte (Denken) que busca comprender y analizar la realidad. Chamanes que se cierran en el pensamiento débil (Meinen) de la doxa de una fenomenología ya superada, y que hoy predica el reino del significante. Chamanes que se presentan como científicos tras eufemismos disciplinarios como estudios poscoloniales o estudios culturales.

La estupidez posmoderna ha encontrado en nuestro país un buen suelo donde crecer; las condiciones eran idóneas, ya que, algunos “doctos” no lo son tanto. Solo san Francisco de los Palmares (un nuevo santo) podría sostener tal paradigma posmoderno. Cuídese, Don Juan José Romero, porque el fantasma posmoderno sabe que no existe diferencia entre ciencias sociales y ciencias naturales. Pronto podría ver este fantasma vestido de teoría novedosa.

Yo hablaba de algunos pseudo-intelectuales que amenazan a un estudiante, cuyo único pecado habría sido pensar diferente. No obstante, esta reacción era comprensible. De alguna manera, su fantasía se estaba cayendo. En el fondo, su fantasía siempre fue un puro cuento chino. Finalmente, Don Juan José, su frase “no me gustaría ser su profesor” podría contravenir su cientificidad, debido a que mi crítica es producto del dudar, de no aceptar como real el discurso academicista. Piénselo, su comentario podría tener vicios de represividad. Y recuerde la enseñanza psicoanalítica, lo que se reprime, enferma. Aunque, en lo básico, coincidimos.

Ahora, solo queda rezar así: “Padre nuestro que estás en el cielo, líbranos de la estupidez posmoderna, amén”.

Roy Alfaro