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lunes, 6 de septiembre de 2010

Tema polémico: el credo de las ganancias inmerecidas.


En su libro "La virtud del egoísmo", Ayn Rand nos deleita con una grandiosa explicación de las virtudes que debe tener el hombre moral según la ética objetivista. Una de ellas es la virtud de la justicia, que no es otra cosa que los efectos se adecuén a las causas, de forma tal que cada cosa obtenga lo que merece. Según este principio, el hombre racional no buscará y otorgará lo inmerecido, sino lo merecido, tanto para él como para los demás que le rodean.

Quizá, una de las razones que expliquen por qué el mundo vive una época de perversión, una crisis moral, es haber olvidado ese sencillo pero importantísimo principio. Precisamente, este Tema polémico queremos dedicarlo a abordar los tres más recientes ejemplos en Costa Rica.

En primer lugar, tenemos el ya cacareado problema del FEES y las Universidades Públicas. Desde hace semanas, estudiantes, docentes, administrativos y autoridades universitarias nos han deleitado con un intercambio de comentarios contra el Gobierno porque este no quiere darles todos los recursos que se piden. Por supuesto, los argumentos populistas no se han hecho esperar: "que los pobres se quedarán sin becas", "que se están privatizando las universidades", "que con fondos tan reducidos no podremos crear los profesionales que el país necesita", "que el alma máter morirá", "que tendremos un país de ignorantes cavernícolas", bla bla bla. Sin embargo, los universtarios, en su Torre de Marfíl donde se encuentran completamente desvinculados de lo que ocurre en los campos mundanos, no se dan cuenta que sus pretensiones son inmorales e imposibles: aumentos salariales mucho mayores que los de los demás funcionarios públicos, inversiones estratosféricas que pondrían en aprietos las finanzas públicas y todo con el común denominador de ser inmerecido.

¿Qué han hecho las universidades para exigir tales gollerías? Absolutamente nada. El cuento de que "forman a los profesionales que el desarrollo del país exige" es una completa mentira, toda vez que el profesional se forma a sí mismo, con esfuerzo y dedicación, sin importar que lleve sus cursos en centros públicos o privados. Además, al estar adentro de esas universidades estatales, uno puede darse cuenta que muchos de los graduados, docentes y administrativos son mediocres e ineficientes porque están inmersos en una cultura igual a ellos. Son pocos los que destacan y quieren aprender, discutir, debatir, investigar, leer y, en fin, ser personas pensantes. La gran mayoría se acostumbra a crecer en un ambiente de burocracia y expoliación, repitiendo esas premisas cuando salen al mundo laboral.

Además, todo lo que han pedido en esta discusión del FEES es para gastos administrativos, para salarios, para oficinas de burócratas y casi nada para estudiantes. Basta ver los resultados de años anteriores y comparar el estado de las aulas y equipos para los aprendices frente al lujo y amplitud de las oficinas de los rectores. Sin lugar a dudas, desde hace mucho tiempo, las universidades estatales dejaron de tener al estudiante como su "raison d'être" y se convirtieron organizaciones corporativistas, en verdaderos "rent seeking" a costa de todos los demás ciudadanos.

El segundo ejemplo son los jugadores del fútbol costarricense. Desde hace días, la ASOJUPRO ha venido clamando por el otorgamiento de la calidad de "profesionales" a los futbolistas y, por ende, al establecimiento de salarios mínimos para los jugadores de Primera División (¢500.000) y Segunda División (¢300.000). Lo curioso del caso es que no han notado una cosa muy simple: el profesional requiere algún grado de preparación académica, así como el cumplimiento de ciertas exigencias (conocimiento, especialización, etc.), criterios que por supuesto no cumplen los jugadores. Ellos pretenden compararse, tanto en estatus como en retribución, a personas que se han preparado, adquirido conocimientos y destrezas y que, día a día, aplican sus capacidades racionales para el desarrollo de una actividad, mientras un jugador solamente tiene que correr tras una pelota.

Además del disparate que representa esta idea -una vez más, proveniente del credo de las ganancias inmerecidas- el establecimiento de salarios mínimos, como lo hemos dicho en ASOJOD, es contraproducente: primero, porque refuerza la idea de que debe ser el Estado, y no las partes, el que regule los acuerdos privados y, segundo, en lugar de ayudar a los jugadores, podría perjudicarlos, por cuanto muchos equipos no estarían dispuestos a pagarles ese salario y, por tanto, los despedirían. Como sólo saben correr detrás de un balón y patearlo, es muy probable que se queden desempleados por largo tiempo y que los tax payers tengamos que mantenerlos con subsidios, seguros y bonos.

Finalmente, el tercer ejemplo que queremos abordar es uno que no ha sido publicado en los medios de comunicación, pero que ya recorre los pasillos de la Asamblea Legislativa: el Sindicato de Trabajadores de esa institución, propuso al Directorio estudiar la posibilidad de firmar una Convención Colectiva que le otorgue beneficios especiales a los empleados. Como si la nefasta experiencia de JAPDEVA, RECOPE e ICE no fuera suficiente, ahora resulta que un grupo de trabajadores pretende obtener ganancias a costa de la explotación de los demás costarricenses: horarios de trabajo especiales, bonos por cumplir con sus obligaciones, incentivos salariales por el solo hecho de pertenecer a esa institución, en fin, tratos especiales que los demás trabajadores en el país no tienen. ¿Y por qué razón? Por ninguna que se le justifique, por puro antojo y capricho, por pretender que la ecuación sólo requiere pensar "quiero=merezco", sin haber hecho algo que derivara en la justa obtención de las cosas.

En ASOJOD criticamos y rechazamos las posiciones de estos y cualesquiera otros grupos que pretenden vivir a costa de los demás, utilizando a los tax payers como sus animales de inmolación. Repudiamos ese credo de las ganancias inmerecidas que tanto se ha expandido en nuestro país y despreciamos a quienes lo comparten. Un ser decente, moral, justo y racional no puede pretender usar a otros para obtener sus fines; cuando una sociedad no sólo tolera sino que incita ese tipo de conductas, se dirige indudablemente a la bancarrota en todas sus áreas.

lunes, 30 de agosto de 2010

Tema polémico: las universidades públicas y la pérdida de su norte


Para este Tema polémico, queremos abordar los sucesos acontecidos en los últimos días respecto a la actuación de grupos de estudiantes de las diferentes universidades estatales, los cuales repudiamos vehementemente, por representar un claro desprecio a la libertad, al respeto por los derechos de los demás estudiantes y el incumplimiento al compromiso que todos ellos tienen para con los tax payers que pagan sus estudios.

La universidad no debe ser un claustro, sino que debe ser un espacio abierto de debate. La universidad es, por antonomasia, universal y, por tanto, no debe existir un criterio único que deba ser aceptado como doctrina, sino que debe primar el libre debate, la competencia de ideas y visiones sobre la realidad. La libertad de cátedra, que funge como derecho elemental de la docencia se define precisamente como la libertad de enseñar y debatir sin verse limitado por doctrinas instituidas.

Sin embargo, en Costa Rica estos principios tan elementales están por demás, lejos de ser reales. En ASOJOD hemos sido profundamente críticos del status quo en las universidades públicas del país, porque consideramos que hace mucho tiempo se alejaron de los principios que deben regir a una universidad abierta. Los últimos acontecimientos, a raíz de la negociación del Fondo Especial para la Educación Superior (FEES), confirman nuestras conjeturas.

El pasado 26 de agosto, las principales universidades públicas fueron literalmente asaltadas por las Federaciones de “estudiantes” y por los más corroídos sindicatos universitarios. Su consigna es negarse a aceptar el acuerdo al que llegaron los Rectores con el Gobierno, al considerar que la los habían "traicionado". Sus exigencias -aumento del 13%- distan mucho de lo conseguido -aumento real de presupuesto del 7% más la inflación en el 2011 y el 2012- y reflejan cuán separados de la realidad están, aunque eso no les ha impedido organizar manifestaciones, protestas, bloqueos y hasta toma de algunos edificios por la fuerza, con capuchas y consignas que se asemejan a las de una revolución.

Como consecuencia, y en aras de de asegurar la integridad y seguridad de todos los miembros de la comunidad universitaria frente a la amenaza que representan los propios "estudiantes", la Rectora de la Universidad de Costa Rica ordenó suspender las clases y desalojar todos los demás edificios en días pasados.

Para hoy lunes 30 de agosto, a las 10 a.m., se tiene planificada en la Universidad de Costa Rica una marcha en “Apoyo a la Señora Rectora” que representa la fiel señal del populismo académico, la total complacencia, la falta de liderazgo y la perdida del norte que recorre las casas de educación superior, pero sobre todo, la ausencia de autocrítica.

Lo anterior, nos dibuja el triste escenario de nuestra realidad académica. El espacio asignado para el estudio y la investigación fue tomado como campo de batalla de unos cuantos que sueñan con irse a las montañas para iniciar su propia revolución. Pero esto no es lo peor. Lo más difícil de asimilar es la complacencia con que, históricamente, se ha tolerado a estos grupos de intolerantes que encontraron en muchos profesores y autoridades universitarias a sus propios paladines. ¿No ha utilizado la Rectora a estos mismos grupos para llamar a la manifestación?, ¿no ha marchado ella a su lado tantas veces, unidos en su causa común?, ¿cómo explicar tanta incongruencia?

Lucem Aspicio es una consigna de humildad intelectual. Es la búsqueda de conocimiento a partir de la aceptación de nuestra ignorancia. Sin embargo, muchos tergiversan el lema al considerarse los poseedores del conocimiento. Estos grupos de “estudiantes”, “profesores” y “autoridades universitarias”, se proclaman la luz de sabiduría que debe iluminar al resto de la población ignorante, carente de todo sentido crítico para liberarse de sus mentales enajenadas por gobernantes y medios de comunicación. Se presentan ante otros como los poseedores monopólicos de la conciencia social, de la criticidad, de la racionalidad, de la solidaridad y de la bondad.

Tanta arrogancia intelectual se refleja en el mismo Estatuto Orgánico de la Universidad de Costa Rica, donde se señala que su propósito es

"obtener las transformaciones que la sociedad necesita para el logro del bien común, mediante una política dirigida a la consecución de una verdadera justicia social, del desarrollo integral, de la libertad plena y de la total independencia de nuestro pueblo".

Queda manifestado entonces que los iluminados universitarios detentan la información necesaria para determinar cuáles transformaciones necesita el país y tienen la capacidad para interpretar el significado del bien común, la verdadera justicia social, el desarrollo integral, y demás valores igual de relevantes. Los demás, no son más que borregos que deben seguirlos y, en ocasiones, autoinmolarse para la consecución de valores "superiores".

Vale la pena recordar a Karl Popper, quien decía que

“todo intelectual tiene una responsabilidad muy especial. Tiene el privilegio y la oportunidad de estudiar. A cambio, él le debe a la sociedad el compromiso de representar los productos de su estudio en el modo más simple, claro y modesto que pueda. Lo peor que pueden hacer los intelectuales -el pecado capital- es intentar erigirse en grandes profetas por encima de los demás seres humanos e intentar impresionarlos con filosofías enredadas. Quien no puede hablar con sencillez y claridad debería quedarse callado hasta que pueda hacerlo.”

La sentencia popperiana nos demuestra, lamentablemente, que las Universidades estatales han fallado.

martes, 6 de mayo de 2008

This is John Galt Speaking pt. 2

En esta ocasión John Galt se refiere a la perversión misma del código de valores que hoy pretende apoderarse de la tierra: el sacrificio. Que como bien explica se da cuando un individuo intercambia un valor más alto de su jerarquía de valores por uno más bajo.

Ante este código John Galt propone el egoísmo racional, el individualismo, la independencia y ante todo la búsqueda de felicidad del hombre.