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sábado, 29 de diciembre de 2007

Rebelión fiscal


Cuando un gobierno abusa de poder, violando los límites que el pueblo le ha impuesto, los ciudadanos libres tenemos el derecho de participar en una desobediencia civil. Esta desobediencia se puede llevar a cabo en muchos frentes y surge de manera espontánea. De hecho, desde antes de que Correa llegue al poder y nos presente su gran paquetazo navideño de impuestos, mediante la evasión de impuestos, los ecuatorianos hemos estado participando desde hace décadas en una gran rebelión fiscal.

Según el director del SRI la evasión anual en promedio del impuesto a la renta es de 61%, y según un estudio del Banco Mundial la economía informal del Ecuador representaba 34,4% del producto nacional bruto (PNB) en el 2000. Es decir, que muchos ecuatorianos han decidido ignorar todas las regulaciones, incluyendo las tributarias.

En un país en el que cumplir con las leyes tributarias implica pagar 8 impuestos, consumiendo en promedio 600 horas y 35,3% de las ganancias del ciudadano común (todo esto sin contar con los impuestos de los gobiernos seccionales), no debería sorprender que la evasión abunde. Más de un tercio del fruto del trabajo de los ecuatorianos va al bolsillo del Estado.

“La evasión tributaria es un deporte nacional. La gente evita pagar impuestos porque las tasas tributarias son altas, la administración es compleja y el dinero recaudado es desperdiciado”, dijo un hombre de negocios en La Paz, Bolivia. Lo que dice el boliviano de su país podría decirse de Ecuador. Sin embargo, piensan que “Ecuador es un país de evasores”, es decir, los ecuatorianos –a diferencia de los suecos, por ejemplo– somos genéticamente evasores.

Aquí se perciben dos visiones: aquella que considera que el problema es el sistema tributario y aquella que considera que el problema es el contribuyente. Las dos percepciones llevan a dos soluciones distintas para la evasión: el boliviano quisiera cambiar los incentivos del sistema, que estimule la actividad empresarial y el crecimiento económico, antes que esclavizar a los gobernados. Uno cree que los resultados se logran a través de un Estado en el que ambas partes se benefician (pague porque le daremos servicios públicos sin perjudicar su productividad) y el otro ingenuamente cree que solo se logran con mano dura (o paga o va a la cárcel).

La visión del Gbierno en materia tributaria presume la culpabilidad antes que la inocencia y como en los regímenes totalitarios, fomenta la desconfianza entre los ciudadanos. Bajo la ley tributaria propuesta por el Ejecutivo, usted es culpable de evadir impuestos antes de que pueda comprobar lo contrario. En algunos casos, las sanciones por no pagar impuestos equivalen a prisión por deuda, cosa que ya no existe en la gran mayoría de las sociedades civilizadas. Además, bajo esta ley se premia a los delatores de evasión de impuestos así como se premiaba a los delatores en la Cuba de Fidel.

Por estas razones y muchas más que no se pueden elaborar en este limitado espacio, esta ley tributaria representa una amenaza a las libertades individuales que no logrará reducir la evasión y aumentar las recaudaciones. Lo único que conseguirá es continuar con la destrucción de las instituciones y de la economía del país.

Los ecuatorianos tenemos el derecho a defender nuestras libertades, y en este caso lo podemos hacer reclamando para nuestros cantones o regiones la autonomía más potente: la fiscal. De esta manera, los gobiernos seccionales competirán para atraer a más ciudadanos e inversiones. Hasta que eso suceda, los ecuatorianos continuarán en rebelión fiscal.

Por Gabriela Calderón

viernes, 21 de diciembre de 2007

¡Para destacar!


Costa Rica cerró con el déficit fiscal más bajo de los últimos 23 años: un 0,40% de la producción nacional (unos ¢50.000 millones).

Lo anterior, pese a que en el Presupuesto de la República para el 2007 el Gobierno había previsto un déficit de 2,3%.

El jerarca de esa cartera Guillermo Zúñiga señaló que el crecimiento de la economía y también la mejor recaudación de los tributos permitieron una mejora sostenida en las cuentas fiscales durante los últimos ocho meses.

En ASOJOD siempre hemos sido escépticos en cuanto a la necesidad de aumentar los impuestos como una forma para recaudar más dinero. De hecho el gran economista Arthur Laffer demostró como un aumento de la carga fiscal puede derivar en una menor recaudación, ya que los impuestos contraen al sector productivo que es al fin y al cabo de donde el fisco alimenta sus arcas. Por eso en ASOJOD le decimos NO a esos megaproyectos que desean gravar cada ámbito de vida de los costarricenses, en cambio le decimos SI a una mejor recaudación fiscal, SI al crecimiento del sector productivo, y sobre todo SI a un mejoramiento del gasto así como del cierre de programas gubernamentales que sólo alimentan a la burocracia y el clientelismo.

Falta mucho por hacer en estos campos pero hoy felicitamos al señor Guillermo Zúñiga como al ministerio que el precede por haber obtenido el déficit más bajo en los últimos 23 años, ya que la estabilidad económica es un requisito indispensable para alcanzar el desarrollo.

jueves, 25 de octubre de 2007

El recaudador


Jacques Bonhomme (J), Viñador

M. Lasouche (L), Recaudador

* L: ¿Usted ha recogido veinte toneles de vino?

* J: Sí, a fuerza de cuidados y de sudor.

* L: Tenga la bondad de entregarme seis y de los mejores.

* J: ¡Seis toneles de veinte! ¡Bondad del cielo! Usted me quiere arruinar. Y, por favor, ¿a qué los destinará?

* L: El primero será entregado a los acreedores del Estado. Cuando se tienen deudas, es bueno al menos pagar los intereses.

* J: ¿Y dónde ha puesto el capital?

* L: Esto sería muy largo contarlo. Una parte fue puesta antaño en cartones de cigarros que produjeron el más bello humo del mundo. Otro pagó hombres que se hiciesen lisiados en tierra extranjera tras haberla devastado. Luego, cuando estos gastos fueron ocasionados entre nosotros por nuestros amigos, los enemigos, ellos no han querido huir sin llevarse la plata, que ha sido necesario prestar.

* J: ¿Y qué recobro de ello hoy?

* L: La satisfacción de decir: "¡Que estoy orgulloso de ser francés cuando miro el arco del triunfo!"

* J: Y la humillación de dejar a mis herederos una tierra gravada con una renta perpetua. En fin, es necesario pagar lo que se debe cualquiera que sea el loco uso que se le ha dado. Venga un tonel, ¿pero los otros cinco?

* L: Es necesario uno para pagar los servicios públicos, la lista civil, los jueces que harían restituir el surco del que su vecino quiere apropiarse, los policías que atrapan a los ladrones mientras que Usted duerme, los obreros que mantienen el camino que lleva al pueblo, el cura que bautiza a sus niños, el intructor que los educa y su servidor que no trabaja para nada.

* J: Enhorabuena, servicio por servicio. No hay nada que decir. Yo desearía tanto arreglarme directamente con mi cura y mi maestro de escuela; pero no insisto en eso; venga el segundo tonel. Estamos lejos de los seis.

* L: ¿Cree Usted que sean mucho dos toneles para su contribución a los gastos de la armada y la marina?

* J: ¡Ay! Es poca cosa, considerando lo que me cuestan ya, porque ellos me han arrebatado dos hijos que amé tiernamente.

* L: Es bien necesario mantener el equilibrio de las fuerzas europeas.

* J: ¡Ah, Dios mío! El equilibrio será el mismo si se reduce en todas partes las fuerzas a la mitad o en tres cuartos. Conservaríamos nuestros niños y nuestras rentas. No sería necesario más que entenderse.

* L: Sí, pero no nos entendemos.

* J: Es lo que me asombra. Pues, en fin, cada uno sufre.

* L: Tú lo has querido, Jacques Bonhomme.

* J: Usted bromea, señor recaudador; ¿es que tengo voz y voto en el asunto?

* L: ¿A quién ha nombrado como diputado?

* J: A un bravo general de la armada, que será mariscal dentro de poco si Dios le presta vida.

* L: ¿Y de qué vive el bravo general?

* J: De mis toneles, por lo que imagino.

* L: ¿Y qué sucedería si él votara por la reducción de la armada y de su contribución?

* J: En lugar de ser hecho mariscal, sería puesto en retiro.

* L: Comprende ahora que ha sido Usted mismo...

* J: Pasemos al quinto tonel, le pido.

* L: Ese va para Argelia.

* J:¡Para Argelia! Y se asegura que todos los musulmanes son fóbicos al vino, los bárbaros! Yo mismo me he preguntado a menduo si ellos ignoran el Médoc porque son incrédulos o, lo que es más probable, si ellos son incrédulos porque ignoran el Médoc. Por otra parte, que servicios me brindan ellos a cambio de esta ambrosía que me ha costado tanto trabajo.

* L: Ninguno; tampoco esto es destinado a los musulmanes, sino a los buenos cristianos que pasan todos los días en Berberia.

* J: ¿Y qué van a hacer que pueda serme útil?

* L: Realizar razzias y sufrirlas, matar y ser muertos, adquirir disentería y regresar a ser tratados, abrir puertos, abrir rutas, construir pueblos y poblarlos de malteses, italianos, españoles y suizos que viven de sus toneles y de otros toneles que vendré a pedirle todavía.

* J: ¡Misericordia! Yo le niego rotundamente mi tonel. Se enviaría a Bicêtre a un viñador que hiciera tales locuras. Abrir rutas en el Atlas, ¡por Dios! ¡Cuando no puedo salir de mi casa! ¡Abrir puertos en Berberia cuando la Garona se llena de arena todos los días! ¡Arrebatarme a los niños que amo para ir a atormentarlos a las Kabilas! ¡Me hacen pagar las mansiones, semillas y caballos que se entregan a los griegos y a los malteses, cuando hay tantos pobres alrededor de nosotros!

* L: ¡Los pobres! Justamente, se deshace el país de este sobrante.

* J: ¡Mil gracias! Haciéndoles perseguir en Argelia el capital que les haría vivir aquí.

* L: Y además Ustedes ponen las bases de un gran imperio, Ustedes llevan la civilización a Africa y condecoran a su patria con una gloria inmortal.

* J: Usted es poeta, señor recaudador, pero yo soy viñador y yo me niego.

* L: Considere que, dentro de unos mil años, Usted recuperará sus anticipos centuplicados. Es lo que dicen aquellos que dirigen la empresa.

* J: Mientras tanto, ellos me piden primero, para adornar los gastos, solo una pieza de vino, después dos, después tres ¡y heme aquí gravado por un tonel! Persisto en mi rechazo.

* L: Es demasiado tarde. Su apoderado ha estipulado para Usted la concesión de un tonel o cuatro piezas enteras.

* J: Es muy cierto. ¡Maldita debilidad! Me parece que dándole mi poder he cometido una imprudencia, porque ¿qué hay de común entre un general de la armada y un viñador?

* L: Usted ve bien que hay alguna cosa en común entre Ustedes, que no es más que el vino que Usted recoge y que él se entrega a sí mismo en su nombre.

* J: Búrlese de mí, lo merezco, señor recaudador. Pero sea razonable, ¡vamos!, déjeme al menos el sexto tonel. He aquí el interés de las deudas pagado, la lista civil abastecida, los servicios públicos asegurados, la guerra en África perpetuada. ¿Qué más quiere?

* L: No regatee conmigo. Faltó decir sus intenciones al señor general. Mientras tanto, él ha dispuesto de su vendimia.

* J: ¡Maldito guardia bonapartista! Pero, en fin, ¿qué quiere hacer de este pobre tonel, la flor de mi bodega? Tenga, guste de este vino. ¡Cuán blando es, fuerte, acuerpado, aterciopelado, escogido!...

* L: ¡Excelente! ¡Delicioso! Hará bien al negocio de M.D..., el fabricante de paños.

* J: ¿De M.D..., el fabricante? ¿Qué quiere Usted decir?

* L: Que él sacará buen partido.

* J: ¿Cómo? ¿Qué pasa? ¡Diablos, si le comprendo!

* L: ¿No sabe Usted que M. D... ha fundado una soberbia empresa, muy útil al país, la que, hecho balance, deja cada año una pérdida considerable?

* J: Lo compadezco de todo corazón. ¿Pero qué puedo yo hacer?

* L: La Cámara ha comprendido que, si esto continuara así, M. D... estaría en la alternativa o de operar mejor o de cerrar su fábrica.

* J: ¿Pero qué relación hay entre las torcidas especulaciones de M. D... y mi tonel?

* L: La Cámara ha pensado que si ella entregara a M. D... un poco del vino tomado de su sótano, algunos hectolitros de trigo tomados de sus vecinos, algo en supresión de los salarios de los obreros, sus pérdidas se cambiarían en beneficios.

* J: La receta es infalible tanto como ingeniosa. ¡Pero, qué! Es terriblemente inicua. ¡Qué! M. D... cubrirá las pérdidas tomando mi vino?

* L: No es precisamente el vino, sino el precio. Es lo que se llama subsidio de incentivo. ¡Pero Usted está todo asombrado! ¿No ve Usted el gran servicio que brinda a la patria?

* J: ¿Quiere decir Usted a M. D...?

* L: A la patria. M. D... asegura que su industria prospera gracias a este arreglo, y así, dice él, que el país se enriquece. Es lo que él repitió estos días en la Cámara de la que es parte.

* J: ¡Es una superchería insigne! ¡Qué! ¡Un patán hará una tonta empresa, disipará sus capitales y él me arrebata bastante vino o trigo para reparar sus pérdidas y reservarse los beneficios, viéndose esto como una ganancia general!

* L: Su apoderado lo ha juzgado así; a Usted no le resta más que entregarme los seis toneles de vino y de vender lo mejor posible los catorce toneles de vino que le dejo.

* J: Es mi trabajo.

* L: Es que, verá Usted, sería bien enojoso que Usted no tirase a un gran precio.

* J: Le avisaré

* L: Porque ay muchas cosas a las que este precio debe hacer frente.

* J: Lo sé, señor, lo sé.

* L: Primero, si Usted compra hierro para renovar sus layas y sus arados, una ley decide que Usted le pagara al herrero dos veces lo que vale.

* J: Pero esto es la Selva Negra.

* L: Después, si Usted tiene necesidad de aceite, de carne, de tela, de hulla, de lana, de azúcar, cada uno, por ley, le costará el doble de su valor.

* J: ¡Pero es horrible, horroroso, abominable!

* L: ¿Para qué estas quejas? Usted mismo, por su apoderado...

* J: Déjeme en paz con mi poder. Lo he entregado extrañamente. Pero no lo tomará más y me haré representar por un buen y franco hombre.


* L: ¡Bah! Renombrará al bravo general.

* J: ¿Yo? ¿Renombraré al general para distribuir mi vino a los africanos y a los fabricantes?

* L: Usted lo renombrará, le dije.

* J: Esto es un poco excesivo. No lo renombreré si no lo quiero.

* L: Pero Usted querrá y lo renombrará.

* J: Que él venga a desafiarme. Encontrará con quién hablar.

* L: Lo veremos. Adiós. Me llevo sus seis toneles de vino y voy a hacer la repartición como el general lo ha decidido


Frederic Bastiat