Mostrando las entradas con la etiqueta socialdemocracia. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta socialdemocracia. Mostrar todas las entradas

jueves, 6 de febrero de 2014

El fracaso de la socialdemocracia

Quiero, sin rodeos, declarar categóricamente que el socialismo y su mediocre prima, la socialdemocracia (corporativista), han fracasado en su lucha por abolir las diferencias y conflictos entre las clases sociales, tras casi 100 años de intentos mal concebidos.  Al hablar de socialismo o socialdemocracia, me refiero al control directo o democrático de la economía por parte de agentes burocráticos y mercantilistas que, bajo esquemas corruptos, se aferran al poder para activar sus agendas egoístas en detrimento de la libertad individual y del crecimiento intelectual y económico del ciudadano común. 

Mientras que los fracasos económicos son claves a la hora de poner en evidencia la desconfianza de las masas hacia los líderes de los gobiernos socialdemócratas, los síntomas más reveladores de la degeneración estatista y mercantilista han sido de carácter político. La elección de líderes que deben jugosas facturas a ciertos grupos económicos, dueños de sus decisiones, y la incesante búsqueda de renta personal en la función pública, han puesto de manifiesto la falta de una filosofía política transparente y eficaz. Esto, unido al levantamiento de un masivo y mediocre aparato burocrático que impera sobre el pueblo y limita el acceso a las fuentes de riqueza por parte de una clase media vulnerable; situación que, lejos de sacar a miles de ciudadanos de la pobreza, los mantiene atados a la ignorancia y las regalías que, cada cuatro años, les son arrojadas desde las ventanillas estatales, como fruto del engaño electoral basado en promesas ilusorias. 

Creer que la justicia social se logrará fortaleciendo temporalmente a un Estado redistribuidor de la riqueza, es lo mismo que equipararlo a un superhéroe, similar al de muchas tiras cómicas, provisto de fuerzas y poderes imaginarios y absolutos. La vía correcta consiste, más bien, en fortalecer las estructuras fundamentadas en la propiedad privada de los medios de producción y de servicios, propiedad que solo tiende a concentrarse en pocas manos si los gobiernos favorecen a determinados grupos económicos, escondidos detrás de la bandera del libre mercado pero que, en la realidad, no poseen ni la energía creadora ni el empeño suficiente para competir en un ámbito totalmente libre.

Es cierto que el liberalismo, pilar del capitalismo, al reconocer el derecho del hombre como ser individual insustituible, ha subestimado su necesidad de pertenencia social en alguna medida y que esto ha llevado a los sectores menos favorecidos a un inevitable sentimiento de aislamiento y abandono; ahora bien, es precisamente dicho sentimiento el que urge erradicar por la vía del aumento en el intercambio, en todo nivel. 

Solo fomentando una economía en la que el conocimiento sea el único recurso digno de apalancar, tanto por la vía privada como estatal, se conseguirá incluir al individuo dentro de un sistema de especialización e intercambio, libre de complejos y de manera natural. Claro está que siempre existirán personas que, por diversas razones, no podrán ingresar a tal sistema en iguales condiciones de oportunidad, y a las cuales habrá que crearles redes de asistencia social-humanistas y de naturaleza local, mas no paternalistas, con el fin de que se conviertan por sí mismas en una fuente de semilla solidaria en el seno de la sociedad civil. De esta forma, sin duda, fertilizaremos las raíces de lo que llamamos, hoy y aquí, liberalismo integral.

Andrés Pozuelo Arce

martes, 6 de septiembre de 2011

La columna de Carlos Federico Smith: Costa Rica está llena de traidores


Ya han salido quienes dicen entender al “porecito” del Ministro de Haciendo por haberle dicho a los Diputados, quienes deberán aprobar el nuevo presupuesto de gastos del gobierno central, que no se podían “seguir aprobando leyes que aumenten el gasto sin generar ingresos. Eso es una traición a Costa Rica”.

Yo no lo “entiendo”, pues difícilmente se golpea de tal manera a quienes deben aprobar lo que él les manda, aunque muchos de esos señores Diputados y Diputadas son seres sensibles, quienes podrían estar dispuestos a dejar de lado cualquier respuesta arrogante y una decisión de castigar al Ministro y, por el contrario, dedicarse a meditar acerca de las opiniones de aquél, que podrían haber sido expresadas de otra manera.

En todo caso, lo que parece estarse dando es una repartición de culpas y, por qué no, empezar por los Diputados, como lo ha hecho el señor Herrero (y que documenta ampliamente don Armando González en su columna de La Nación del 4 de setiembre). Pero sí de culpas se trata, tal vez uno bien pochotón es el propio Gobierno del cual forma parte el prominente Ministro Herrero, pues ha mandado una serie de programas y proyectos de gastos sin que tengan los fondos requeridos. Para muestra un botón, de los cuales hay muchos más: ¿de dónde sale la plata para financiar a los llamados centros de cuido, última creación plena y total de doña Laura?

Jamás me atrevería acusarla de “traición a Costa Rica” por haber propuesto proyectos de gasto estatal que no tienen contenido presupuestario, tal como acusa el Ministro Herrero a los legisladores. Lo cierto es que ha existido una enorme irresponsabilidad de parte de este Gobierno al mandar presupuesto a la aprobación legislativa, en el cual ni siquiera se financian los gastos corrientes con ingresos corrientes. Este presupuesto va tan desfinanciado que no tiene ni los ingresos necesarios para cubrir todos los salarios que este año tiene que pagar (¿quién será el “traidor”?). Está escrito que de los ¢1.7 billones que hay que pagar en salarios, ¢818.000 mil millones se financiarían con préstamos. Pero hay más: de los casi ¢5.900 miles de millones de presupuesto que envía el propio Ministro Herrero para la aprobación legislativa, un 45%; esto es, ¢2.655 miles de millones, deberá ser financiados por medio del endeudamiento. Yo no hablo de traición de nadie, pero lo cierto es que es un gasto que no está financiado, al igual que como le hizo el reclamo el Ministro a los diputados: es gasto del Estado sin impuestos aprobados para financiarlo.

Desde ese punto de vista, ¿serán los únicos “traidores” los Diputados del momento y el actual Ministro de Hacienda y su Gobierno? Si alguien lo desea podría extender tal calificación a la Administración anterior, cuando le heredó a don Fernando Herrero esa monstruosa planilla estatal que ahora ni siquiera puede cubrir “traicioneramente” en su presupuesto. ¿Será don Oscar otro más del club? Si nos ponemos a hilar delgado, nos llevaría a tantos “traidores de Costa Rica” que mejor nos olvidamos de ese apelativo, porque casi que no caben en nuestro territorio todos los que de una manera u otra han impulsado el gasto público desfinanciado.

De paso una sugerencia para el Ministro de Hacienda, quien, ante la misma Asamblea Legislativa en que lo hizo acerca de la “traición a Costa Rica”, se quejó públicamente de que no podía reducir los rubros inflexibles de salarios que representan el 42% del gasto corriente, ¿qué tal si esa carga heredada la resuelve mediante el despido de los ahora innecesarios contratados por don Oscar Arias, en su momento y sin financiamiento, como critica que ahora lo hacen los actuales diputados?

Los que me preocupan son los “traidores” futuros, porque si se aprueban los nuevos impuestos, para lo único que van a servir es para que ese Estado (gracias a sus “traidores” del momento) gaste más y más plata. Esa ha sido la historia fiscal de nuestro país en los últimos tiempos.

Hace poco revisaba comentarios que escribí hace años y en uno de ellos, titulado “La Economía del Presidente Reagan”, que apareció en La Nación del 1 de diciembre de 1982, me refería a lo que hoy se podría llamar “el inagotable escenario de la traición”. Allí escribí lo siguiente:

“Lo anteriormente expresado tiene una gran trascendencia para la apropiada comprensión de la actual política económica nacional, pues los proponentes de última hora a favor del presupuesto balanceado ̶ aquellos quienes en el pasado siempre gustaron de ser los grandes amigos del exagerado gasto público ̶ hoy día tratan, y así lo hacen, de cerrar la brecha entre los ingresos y los gastos aunque, de nuevo con espíritu estatista, sólo por el aumento de los tributos impositivos. De aquí que, aunque ahora prediquen el equilibrio del presupuesto estatal, el que sea por medio de un aumento de las recaudaciones de los impuestos, lo que va a provocar es que puedan disponer de más dinero para gastar, y esto no les va a forzar a reducir el gasto público, si desean hacer una realidad sus propuestas para equilibrar al fisco.”


¡Qué poco parecen haber cambiado las cosas! Estos, quienes ahora se quejan por el desbalance del exceso de gasto sobre los ingresos, son los mismos que siempre han promovido esa conducta de una enorme expansión del gasto público sin contenido tributario. Como a todo chancho le llega su hora, miro ahora con interés que al menos alguien les haya llamado “traidores” a Costa Rica.

Pero no sólo me quejo. Aprovecho para destacar a todas luces cómo el propio Presidente del Partido Liberación Nacional, el gran promotor histórico de la gastadera pública. Don Bernal Jiménez le brindó la afortunada solución al Ministro Herrero para evitar el “injusto” proyecto tributario que impulsa esta Administración en la Asamblea Legislativa: que los ricos paguen más, e incluso destaca la evidente injusticia de que el rico Bernal Jiménez tenga que pagar el mismo porcentaje en impuestos como su pobre chofer (¿su chofer?, vean el símbolo de riqueza). Tome don Fernando de la mano las palabras de don Bernal y exprésele lo siguiente: dada su enorme y virtuosa inclinación por la justicia social, reflejada en su llamado para que los ricos paguen más impuestos, ¿qué le impide para que, personalmente y desde este mismo momento, le destine al Estado un 50% de los ingresos que obtendrá en este año (y podemos luego hablar de sus riquezas) mediante una donación que haría al Ministerio de Hacienda? Con tanta bondad y desprendimiento y justicia social en acción, don Fernando podría, esperamos, conseguir recursos suficientes para que no sea injustamente calificado de “traidor”, por impulsar proyectos de gasto público sin el debido financiamiento. Al mismo tiempo, don Bernal lograría tener muy tranquila su, desde muchos años ha, colosalmente voluminosa conciencia social, a la vez que, con las políticas restrictivas de don Fernando en cuanto a las erogaciones públicas, se evitaría que algunos hagan tantos negocios gracias al gasto que lleva a cabo el Estado.

Jorge Corrales Quesada

lunes, 7 de junio de 2010

Tema polémico: el paradigma socialdemócrata


Hace más de 50 años Costa Rica vivió un cambio realmente importante: el surgimiento de la Segunda Republica, fruto de la escisión que provocó la guerra civil, que significó un viraje en la ruta país, consolidando el Estado social de derecho que venía fraguándose durante la década de los 40, a partir de la incorporación de las garantías sociales a la Constitución de 1871.

Los sucesos transformaron el panorama radicalmente; un nuevo aparato estatal nacía para acometer el proyecto de José Figueres y los programas ideológicos del Partido Liberación Nacional. Durante las décadas siguientes, el costarricense observó como la nueva maquinaria institucional (consolidación de la CCSS y el INS, nacionalizan la banca y el surgimiento del ICE, el ITCO y el INVU, entre otras) se convertía en el ente regulador de toda la realidad social y económica.

Pero a la vez, la imperante socialdemocracia impregnó el ideario político costarricense. La forma de ver y vivir la política, por parte del grueso de la población, no podía entenderse fuera del paradigma socialdemócrata. No es casualidad que Ralf Dahrendorf dijera, refiriéndose al contexto mundial del siglo pasado, que fue el siglo de la política socialdemócrata, agregando que, pronto esta era tocaría su fin.

Sin embargo, en el horizonte costarricense el fin de la era socialdemócrata no se vislumbra. Si bien la interpretación y vivencia de la socialdemocracia han cambiado con el paso de las décadas, aparejado a la transformación gradual del aparato estatal, no es factible señalar un cambio del paradigma. Su persistencia se basa en su propia naturaleza, caracterizada fundamentalmente por su capacidad de transformación y voluntad de adecuarse.

Su punta de lanza perdura y es más vigente porque los valores socialdemócratas que han fluido de generación en generación lograron calar profundamente en el costarricense medio, al punto que cuestionar la justicia “social”, la solidaridad (forzada), la intervención estatal con fines “redistributivos”, la responsabilidad (colectiva), el humanismo y el progresismo es impensable en la mayoría de los círculos de pensamiento, incluso, es visto como reprochable por la mayoría de la población. Cuestionar tales valores resultan en un discurso contracorriente y subversivo, propio de los mejores disidentes.

Se suma que el programa liberal, acéfalo en la arena política, no cuenta con recursos suficientes, para cuestionar eficazmente el paradigma vigente. En la actualidad, las supuestas voces disconformes que levantarían la bandera liberal fueron silenciadas uando ni siquiera habían pronunciado sus primeras palabras.

Los defensores del corpus de valores vigente nos advierten todos los días que su punto de inflexión no está cerca, y las voces que señalan que definitivamente no podemos continuar la marcha con los valores vigentes porque simplemente no permiten resolver nuestros problemas no se escuchan, o al menos no con la fuerza requerida para darnos cuenta que los fundamentos del paradigma socialdemócrata en el que hemos vivido por más de 50 años ya no nos sirven y deben ser cambiados.

De ahí el gran reto para los liberales: lograr convencer y persuadir a la ciudadanía que no es mediante las ideas socialdemócratas que se resolverán nuestros problemas, lograr institucionalizar los valores de la libertad hasta el punto que la gente los interiorice, los comprenda y los integre a su vivencia diaria. Como pueden ver, nos queda muchísimo trabajo por delante.