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lunes, 20 de julio de 2009

Testosterona


Qué dicha que el diputado Mario Quirós Lara sí tiene bien puestos los principios libertarios! Valiente y viril, le ha atravesado el caballo a los que pretenden transplantar a los frijoles el asqueroso proteccionismo arrocero.


Adelante don Mario!

miércoles, 20 de febrero de 2008

¡Asombroso!


En días pasados, el diputado Alexander Mora propuso un proyecto de ley para prohibir las corridas de toros a la tica, debido a la muerte de un torero improvisado en los festejos del año pasado y por considerar que dichas corridas implican un riesgo mortal para los involucrados. El señor Mora, evidentemente, tiene mucho tiempo libre o muy poca seriedad (quizá ambas) como para tener ocurrencias de este tipo, que parecieran propuestas salidas más de una mesa de tragos o de una visita a la gradería de sol de un estadio que de la Asamblea Legislativa costarricense.

Ya lo decía Ortega y Gasset: "Lo característico del momento es que el alma vulgar, sabiéndose vulgar, tiene el denuedo de afirmar el derecho a la vulgaridad y lo impone donde quiera". Resulta evidente que personas como este señor diputado no tienen la más mínima vergüenza de emitir estupideces de este calibre; antes bien, se sienten orgullosos y reclaman su derecho a la irracionalidad en busca de objetivos que parecen sólo existir en sus cabezas. El supuesto fin del proyecto es proteger la vida e integridad de las personas involucradas, pero en el sentido de que se proteje a los individuos de sí mismos. Está bien que el Estado proteja al ser humano de la agresión que otro cometa en su contra, pero nunca que el Estado protega a una persona de sí misma, porque al hacerlo se presupone que el ser humano no tiene derechos de propiedad sobre su vida y su cuerpo, sino que ambos pertenecen a entidades metaindividuales como Dios o como el Estado.

Pero la irracionalidad no acaba ahí, ya que pretender evitar toda amenaza a la vida de las personas implicaría introducirlas en burbujas indestructibles. Bastiat era partidario de llevar los argumentos de sus opositores al ridículo para demostrar la insensatez de estos. Hagamos el mismo ejercicio: si se le impide a una persona ingresar por su propia voluntad y concientes del riesgo a un redondel para hacerle suertes al toro, entonces también deben prohibirse actividades como subir a un automóvil o motocicleta pues cada día mueren decenas de personas por accidentes de tránsito; montar a caballo pues existe el riesgo de caerse y lesionarse seriamente; practicar deportes pues se puede sufrir una lesión o, en el peor de los casos, un infarto; establecer relaciones amorosas, toda vez que un rechazo o una infidelidad puede dar pie a un asesinato pasional o a un suicidio; hablar, puesto que se puede decir algo que cause molestia en el receptory que este agreda al emisor; cortar o picar alimentos, ya que existe el riesgo de cortarse un dedo. También se debe prohibir salir de la casa porque se puede ser alcanzado por un rayo, se puede ser asaltado, golpeado, etc. Todos estos casos involucran los mismos peligros a la vida y a la integridad que justifican el proyecto del diputado Mora.

No hay duda que propuestas como la del diputado Mora son ridículas y que, a pesar de que se están haciendo tradición en Costa Rica, todavía causan sorpresa. Pero hay que seguir levantando la voz en favor de la libertad del individuo para vivir su vida como mejor le parezca y recordar que las consecuencias, buenas o malas, de las decisiones y consecuentemente de los actos, competen únicamente al individuo. Nadie debe cargar con la responsabilidad de otro, por más buenas intenciones que tenga, pues eso sería eliminar uno de los tesoros más valiosos del ser humano: la libertad.