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lunes, 21 de marzo de 2011

Tema polémico: revolución árabe y algunas reflexiones para Latinoamérica


Con los últimos eventos acontecidos tanto en Egipto como en el resto del mundo árabe, especialmente en Libia, surge la obligación de preguntarse por las causas de los mismos: ¿será que las personas en estas latitudes están cansados de regímenes eternos al mejor estilo de los Castros, o más bien, es el mejoramiento de sus condiciones materiales lo que los motiva para realizar las revueltas?. Este tema polémico no pretende responder esta pregunta, ya que no somos expertos en los temas de esas latitudes, pero si queremos aprovecharnos de esa coyuntura para hacer una serie de reflexiones para Latinoamérica.

Como hemos escrito en otras oportunidades, en los últimos Latinobarometros se ha visto que en Costa Rica se ha desgastado la confianza en el sistema democrático y, de nuevo, vale preguntarse el por qué de esta situación. Nuestra hipótesis es que la población no tiene claro para qué diablos funciona esto que llamamos "democracia". Pues muy sencillo, la democracia es simplemente un instrumento que permite la alternancia en el poder a través de un mecanismo pacífico que se desarrolla bajo una serie de reglas establecidas. Así, la democracia es sólo eso, pero eso es mucho, cosa que no suele ser apreciada todo lo que se debiera. En este sentido, la democracia no es justicia, no es desarrollo, no es crecimiento económico, no es seguridad en las calles, etc. Pero, parece que muchos no se han percatado de esta distinción, así que juzgan la democracia por resultados que la misma no puede generar. La democracia es una institución política, no económica.

Esta es una distinción fundamental, ya que si le pedimos peras al olmo y nos molestamos porque el olmo no nos da peras, podríamos terminar vaciando al bebe con el agua de la tina. ¿Qué significa esto? Que para el buen desarrollo de las instituciones debemos saber exactamente para que funcionan y sirven las mismas. Si queremos alternancia en el poder eso nos lo puede brindar la democracia, pero si lo que deseamos en crecimiento económico, este no es un problema para que la democracia resuelva. Mientras no tengamos claras estas sutiles diferencias consecuencias conceptuales no iremos para ningún lado.

Hay que tener claro que los sistemas políticos sólo ofrecen un marco para el desarrollo de las conductas políticas de los ciudadanos y que, si bien pueden ser útiles para algunas cosas, no son ellos los que provocan determinadas consecuencias. Para conseguir elementos como desarrollo humano, crecimiento económico, progreso, etc. se requieren otras instituciones que, si bien es cierto, pueden acoplarse mejor en un sistema democrático, son diferentes: se trata del libre funcionamiento del mercado, de la transparencia, de la aplicación igualitaria de las reglas del juego, del papel del dinero, del respeto por los derechos individuales.

Esperamos que para el bien del futuro de los árabes estos sepan muy bien por lo que están luchando y cual es la institución propicia para alcanzarlo. De lo contrario, tememos que esta sea una revolución similar a la que describía Orwell en su célebre novela "Rebelión en la granja": aquella que crea un escenario peor que el que se dejó atrás.