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martes, 27 de septiembre de 2016

La columna de Carlos Federico Smith: cocinados en una prisión

Hay distintos enfoques en torno a los objetivos de la prisión a personas en cárceles. Para algunos, el objetivo es castigar a quien ha cometido un delito que la sociedad ha juzgado que ha de ser penado con cárcel.  Para otros, es disuadir la comisión de tales delitos no sólo por quienes ya experimentan la prisión, sino para quienes podrían verse tentados a cometerlos y, una tercera visión, es que la prisión sea un medio para reformar o rehabilitar a quienes ya han sido enviados al reclusorio.

Cualquiera que sea el enfoque apropiado como razón de ser para la existencia de cárceles, considero que hay un hecho innegable que debe siempre estar presente, cual es que se trata de seres humanos, quienes, como tales, por más horrendos los delitos cometidos, tienen derechos: derechos derivados por el hecho de ser humanos (aunque su delito puede ser llamado en ciertos casos inhumano). 
 
Lo anterior, en mi opinión, hace que cualquiera sea la razón para la existencia de prisiones, el trato dado a los prisioneros debe ser considerado como respetuoso de los derechos humanos, nos guste o no la profundidad o aberración del delito cometido. Existe en el mundo moderno mucha legislación al respecto, sin duda que inspirada en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidos, recogida en 1948. Elementos como la tortura, de la que tanto hemos leído en la historia de la humanidad y que aún se practica en ciertas naciones, se consideran aberrantes, al igual que siempre se enfatiza el derecho del prisionero a tener un juicio justo.  Mi campo de experiencia profesional no es el derecho, como ha de ser obvio por estos comentarios, pero, personalmente, creo que la condena de prisión no debe ser una justificación para violar los derechos esenciales propios de todo hombre.
 
A esta reflexión he llegado, luego de leer el comentario de La Nación del 10 de julio, titulado “100 reos se ‘cocinan’ en nueva prisión de acero y zinc: Arco modular costó ₡495 millones y fue inaugurado en abril pasado.”
 
Resulta que el estado construyó una cárcel en La Leticia, en Pocorí, Limón, en donde “hay días en que la temperatura supera los 34 “(grados centígrados). Instalada en una zona particularmente caliente del país, los presos “se cocinan” con el calor que sufren.
 
No dudo que la intención de la construcción de la nueva prisión era la de que fuera un lugar mejor, comparativamente con otras prisiones del país. Sin embargo, siendo una instalación nueva, no hay razón para que “pocos pueden dormir en las camas. La mayoría… nos tiramos al piso para descansar; otros (prisioneros) se meten a bañar de madrugada,” tal como comentó uno de los 104 presos allí ubicados.
 
Se ha considerado que el sistema penitenciario del país tiene una sobrepoblación del 42%, por lo cual debería de ser bien vista esta nueva cárcel, como medio para disminuir el hacinamiento. “Este pabellón es de mínima contención, lo que significa que los reclusos que estén ahí deben cumplir su pena en ocho años o menos; deben tener buena convivencia y deben trabajar dentro del centro (en mantenimiento, cocina o en la finca, entre otros).”
 
La construcción en su mayoría es de láminas de acero, revestidas de zinc y sólo los baños son hechos de concreto. De acuerdo con el informe de periodistas del medio, “se comprobó (en una visita de ellos) el calor que hace, pese a que, en apariencia, hay aisladores térmicos y pese a que en el dormitorio hay ocho ventanas pequeñas y 26 abanicos que permanecen encendidos día y noche.” 

Aparentemente la obra se realizó de acuerdo con los planos y especificaciones técnicas suministradas por el Ministerio de Justicia. No obstante, la directora del centro penal, señora Marianela Fallas, ya le pidió a la compañía constructora que brinde soluciones, pues hay una garantía de dos años y el problema se mantiene sin resolver. Mientras el estado pide que se arreglen las cosas, la empresa no lo hace; dependerá de si su responsabilidad surge de los planos que se le entregaron y que deberían de haber cumplido.
 
Estas son cosas que para nada le agrada a uno reseñarlas. Lo pone a uno a pensar si, cuando hace algunos años se trató de construir una cárcel administrada por concesión a una empresa privada, si esas habrían sido las condiciones de una vida penal. La empresa que las habría hecho tendría que cumplir con los requerimientos que le fijara contractualmente el estado y uno imaginaría que, tal vez, no se hubiera presentado la situación actual.  Aquella concesión no se hizo en mucho por la oposición de la ANEP, por una razón muy entendible: los trabajadores de la concesión posiblemente no serían sindicalizados bajo su égida, dejando ANEP lejos de percibir muchas cuotas de trabajadores afiliados y de tener así un mayor poder sindical y político. ANEP tuvo éxito en su oposición. Ahora, los prisioneros, asados o cocidos como si fueran tamales y no seres humanos, deben pagar por la ineficiencia de un estado, el cual ni siquiera pudo lograr que se hiciera una cárcel decente y, más bien, un centro que casi es de tortura, por haberse rendido ante la prepotencia de ANEP.
 
Como claramente lo dice Oviedo Vargas, un recluso, “Estar aquí es insoportable; estábamos mejor antes”. Que tan sólo lo imagine el amigo lector, quien, como ciudadano, también ha aportado su parte en los ₡495 millones gastados en hacer ese horno.
 
Jorge Corrales Quesada

lunes, 1 de octubre de 2007

Los hechos hablan


ASOJOD en un esfuerzo por abrir el armario de los recuerdos ha obtenido la noticia del Martes 23 de enero del 2001 donde ciertos grupos sindicalistas (anti-trabajadores) como: Asociación Nacional de Empleados Públicos y Privados (ANEP), la Federación de Trabajadores Limonenses (FETRAL), la Confederación Rerum Novarum y la Coordinadora de Sindicatos Bananeros, se jactan de estar demandando a Costa Rica ante los Estados Unidos para que nuestro país pierda las ventajas comerciales que le suministra la ICC.
Es hora que despertemos y nos demos cuenta cuales son los verdaderos intereses que hay detrás de tantas mentiras esgrimidas por los Grupos del NO.

Sin mas preámbulos pasamos a copiar dicha noticia para el gusto de todos nuestros lectores.

¨Cuatro organizaciones sindicales demandarán al Gobierno costarricense ante el Departamento de Comercio de los Estados Unidos y la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

En la queja --que interpondrán el próximo mes-- aluden que el país carece de las condiciones para efectuar negociaciones colectivas tanto en el sector público como en el privado.

La denuncia la harán la Asociación Nacional de Empleados Públicos y Privados (ANEP), la Federación de Trabajadores Limonenses (FETRAL), la Confederación Rerum Novarum y la Coordinadora de Sindicatos Bananeros.

Lo que pretenden es que Estados Unidos imponga sanciones comerciales contra los productos ticos que entran a esa nación con ventajas arancelarias.

Así lo confirmaron ayer Mauricio Castro y Albino Vargas, asesor legal y secretario general de la Asociación Nacional de Empleados Públicos y Privados (ANEP).

Frente a ello, el ministro de Trabajo, Bernardo Benavides, lamentó la decisión, pero anunció que, de presentarse la demanda, el Gobierno nombrará un grupo de abogados para enfrentarla.

En 1993 se presentó una denuncia similar cuyo trámite fue suspendido por los sindicatos luego de que el Gobierno impulsara la ley que estableció el fuero sindical en el Código de Trabajo.

Vacío legal

En mayo y agosto, la Sala Constitucional limitó, en dos fallos separados, las convenciones colectivas en el sector público.

En el primero, declaró inconstitucionales las convenciones de 50 de las 81 municipalidades, por lo cual cada Concejo debe definir con sus empleados quiénes realizan o no gestión pública.

Esto por cuanto quedan fuera de negociación los empleados que dicten actos administrativos que supriman o modifiquen derechos de los demás funcionarios, según explicó el experto en derecho laboral, Fernando Bolaños.

Un segundo fallo dejó sin efecto tres artículos de la convención de la Refinadora Costarricense de Petróleo (Recope) que establecían el pago de incentivos para disfrutar de vacaciones, bonificaciones por no faltar al trabajo y financiación de actividades sociales.

Gerardo Aguilar, presidente de la Rérum Novárum, comentó que el fallo de la Sala IV podría llevar a la Defensoría de los Habitantes, la Contraloría o la Procuraduría a solicitar la declaratoria de inconstitucionalidad de otros beneficios incluidos en diferentes convenciones del sector público.

Según Albino Vargas, "el camino nacional (de negociación) quedó cerrado, lo que procede es el escenario internacional".

Mauricio Castro explicó que la demanda intenta acogerse a las cláusulas sociales del Sistema General de Preferencias y de la Iniciativa de la Cuenca del Caribe (ICC), de las que Costa Rica forma parte, que obligan al país a mantener condiciones laborales como la negociación colectiva.

Desprestigio

Para el ministro Benavides, la queja internacional es improcedente pues "no se puede denunciar al Gobierno por acatar las resoluciones de los tribunales".

Considera que la demanda "desprestigiaría al país y podría afectar las relaciones comerciales con Estados Unidos".

Sandra Piszk, defensora de los habitantes, quien impulsó uno de los recursos que falló la Sala IV, no ve razón a la demanda pues "nadie está cuestionando las convenciones pues son un derecho, lo que combatimos son las cláusulas abusivas".

Para Fernando Bolaños, el éxito de la queja depende de la presión de los sindicatos estadounidenses: "Creo que en un Gobierno republicano no tendría tanta fuerza como si fuera en uno demócrata".


Tomado de la Nación
http://www.nacion.com/ln_ee/2001/enero/23/pais1.html

miércoles, 25 de julio de 2007

En Vela


La denuncia contra la cúpula sindical de ANEP, publicada la semana pasada, sobre las desviaciones legales, morales y administrativas internas, no es novedad ni escándalo. Es la confirmación de lo previsible y lógico: la ausencia de democracia, de controles, de discusión crítica, de transparencia y, como férrea lápida marmórea, la paranoia ideológica, que atonta y desnaturaliza todo, producen estos males.

Desde Stalin a Pinochet, de la dinastía de los Somoza a Fidel Castro, de Pol Pot a Hugo Chávez, de Trujillo a Kim Il Song, para hablar de las grandes ligas, hasta las divisiones menores de aprendices y novicios, la metodología es la misma. ¿Qué diferencia hay entre Albino Vargas, en ANEP, y Jorge Nery Carvajal, en el Comité Olímpico (CON)? La diferencia está en las siglas. El resto es idéntico, hasta el lenguaje. Entre los dos acumularán, dentro de poco, unos 40 años de reelecciones, una marca, gracias a los mismos métodos. ¡Oxidación y moho por dentro y por fuera! Las consecuencias son parecidas: ineficiencia, ridículo, grandilocuencia y, sobre todo, miedo de perder el poder.

En cuanto a ANEP, todo ha sido positivo, hasta la comedia montada, el viernes pasado, en El Tobogán. Tobogán o resbaladero, ¡qué metonimia tan precisa! Cuando un sindicato exhala el tufillo denunciado por una fiscal valiente y cuando esta debe pedir protección oficial ante las amenazas recibidas, ¿estamos ante un sindicato, esto es, una asociación en defensa de los agremiados trabajadores, o ante qué?

Pues bien, este “qué”, que hace la gran diferencia, verifica lo denunciado por tirios y troyanos por muchos años: la necesidad de distinguir entre el sindicalismo genuino, organización social consagrada en nuestras leyes, y el falso sindicalismo, que ha vivido en medio de la impunidad, del miedo y del chantaje, que declara huelgas cuando le viene en gana, que bloquea calles, escuelas, muelles y hospitales, y que tiene el tupé de decirse defensor de los trabajadores y arroparse en la bandera de Costa Rica.

Esta mixtificación forma parte de la confusión de conceptos –intelectuales y morales– reinante en Costa Rica, que tanto hemos denunciado, y de la estrategia de la manipulación y del miedo, prevaleciente en diversos sectores académicos, administrativos, políticos y en no pocos espacios de algunos medios de comunicación, privados o públicos. Esto es, en el fondo, lo que se debate en nuestro país en estos meses: la democracia albina, de bazucazos o callejera, o la institucio- nalidad democrática. Las más variadas causas nos han conducido a esta encrucijada. La polarización no es propiamente de personas, sino de principios y de valores.

Por Julio Rodríguez
Tomado de la Nación

viernes, 20 de julio de 2007

Una pequeña fábula


George Orwell escribió una genial fábula llamada Rebelión en la granja, donde unos animales se levantan contra sus amos humanos porque estos los explotaban sin piedad. Una vez que los animales lograron echar de la granja a los humanos, asumen el control de la producción y sueñan con un mundo feliz. Sin embargo, los cerdos, que eran los más inteligentes, rápidamente tomaron el control de la granja y se dejaron los todos los beneficios, pues alegaron que eran el cerebro del grupo y por eso tenían que comer y vivir en mejores condiciones para poder llevar con éxito la granja y evitar el regreso de los humanos. Al final, un cerdo, Napoleón, tomó el control convirtiéndose en un líder déspota y sanguinario, tanto que ya no se diferenciaba de los humanos que habían dominado la granja con anterioridad y que tanto habían odiado los animales.

Si bien esta fábula fue escrita como una crítica al estalinismo, supera barreras temporales y se aplica a muchos otros momentos históricos, como el que actualmente vive Costa Rica. Justamente ahora, los paladines de la justicia y la solidaridad, varios de los directivos de ANEP, esos mismos que todo lo saben y que velan por la felicidad de la humanidad, son denunciados por tomar dinero para financiar la lucha contra el TLC y que han buscado convertir a la asociación en un proyecto político, lo cual es contrario a los objetivos legales con la que fue creada.

El problema no radica en que tengan un proyecto político. Si quieren, pueden utilizar sus derechos constitucionales para formar un partido político y presentarse ante el electorado para que este decida si les da el poder o no. Pero no se vale que, sin pasar por el filtro electoral ni someterse a las reglas de juego establecidas por el TSE, este grupo quiera desempeñar un papel rector en la vida política nacional. Como grupo de interés puede influir en el proceso de toma de decisiones pero no puede ser unidad última de decisión dado que no goza de un mandato constitucional y/o legal para ello.

La gran pregunta que me hago es si estos directivos de la ANEP y de otros grupos sindicales llegaran al poder, mantendrían su discurso o si lo variarían por oportunismo y conveniencia. Me inclino a pensar que seguirán los caminos de Napoleón, pues sus incoherencias son prueba de ello. Por un lado dicen que vivimos en una dictadura y que el gobierno de Arias es inconstitucional pero por el otro ANEP y muchos otros sindicatos son elegidos por un pequeño porcentaje de sus afiliados y son de las organizaciones menos democráticas que existen, donde se esconde la información, se limita el acceso a la prensa así como la participación real de todos los afiliados y se desvirtúan las cosas a conveniencia. ¿Será que para ellos, todos somos iguales pero unos son más iguales que otros? ¿A qué nos enfrentamos? ¿Será que si llegan al poder, harán todo aquello que un día juraron destruir? ¿O nos destruirán a todos en su intento de hacer de esta tierra el paraíso?

Alejandro Barrantes Requeno

En vela


Lo que los hechos proclamaban día y noche, con evidencia clamorosa, ha quedado documentado. La Asociación Nacional de Empleados Públicos y Privados (ANEP) había decidido convertirse en “proyecto político”. Así, sin tapujos, aunque en secreto. ¿Tienen derecho? Por supuesto que sí, pero no como sindicato. Ahí está la trampa. Lo que es, es, y lo que no es, no es.

Así lo determinó la junta directiva del período 1998-1999, con Albino Vargas, líder indiscutible hoy del “no” al TLC, a la cabeza. Si se repasan todos los episodios de ANEP de ese tiempo a esta parte, se comprobará claramente que las palabras y actos de esta asociación se han enderezado a este objetivo concreto. Ha habido, pues, coherencia plena, entre este propósito y los hechos. El documento que así lo declara se denomina “Normativa de compromiso general de acatamiento obligatorio para el desarrollo del proyecto político de ANEP (Código de honor)”.

En su introducción se lee: “De cara a la llegada del siglo XXI, la ANEP representa un proyecto político en desarrollo, de carácter general y popular, que aspira a aportar en la generación de un contrapoder al proyecto político representado por el bloque neoliberal que controla los destinos de nuestra querida Costa Rica…”. Luego, vienen “los compromisos de carácter político”, cuya “infracción constituye un acto de deslealtad político para con el proyecto político en desarrollo que propicia ANEP, lo cual nos inhabilita para seguir abogando por su causa, debiendo abandonarlo”. La redacción es un desastre, pero el objetivo es claro. Este compromiso “adquiere un carácter de militancia política…”.

Figura un capítulo sobre los compromisos de orden ético, laboral y convivencial, donde se explicitan los valores de la lealtad y la obediencia a “las figuras de autoridad política y administrativa designadas por los organismos de dirección del sindicato”. En el transitorio 3 se aprueba gestionar “un crédito bancario de varios millones para procurar el contenido económico…”, lo cual abre un capítulo mágico en estos años de la ANEP: ¿Cómo se han administrado sus bienes y recursos? ¿Cuál ha sido la legalidad y apertura democrática de sus asambleas? ¿Se han pagado fielmente las cuotas sagradas de la CCSS?

Distingo entre el auténtico sindicalismo, en beneficio de los trabajadores agremiados, donde figuran dirigentes de valía, y el otro, el que ha desnaturalizado este movimiento y, además, pretende la representación de los trabajadores y aun de los costarricenses. Un sindicalismo, por cierto, cercano al corazón de los sindicatos norteamericanos, los mismos que luchan contra el TLC en Costa Rica.


Julio Rodríguez, tomado del periódico La Nación