La semana pasada vino a Costa Rica el Presidente de China, Hu Jintao. En relación con esto, en ASOJOD queremos comentar varios asuntos que vemos con mucha preocupación: los temas del dinero proveniente de ese país, la fiscalización de esos fondos, el TLC con esa nación y la política exterior costarricense.
Dinero chino: una tentación. En primer lugar, es importante señalar que la Administración Arias está intentando cumplir sus promesas de campaña a partir de fondos prestados o regalados. Esto crea un problema de evaluación para el votante, pues no sabe si China o la Administración Arias es la responsable de la satisfacción de algunas de sus "demandas" y, por consiguiente, ignora si debe o no premiar al PLN en las siguientes elecciones.
Además, el boom de fondos chinos a disposición del gobierno de Costa Rica crea otros dos problemas importantes: por un lado, genera lo que podría llamarse una "ficción presupuestaria", pues hace creer a los tomadores y ejecutores de decisiones que hay mucho dinero disponible para gastar, y cuando eso pasa, la mente de muchos populistas empieza a sacar cálculos acerca de la relación entre las políticas públicas y la consecución de votos. Por el otro lado, al haber más dinero disponible, se aumenta el tamaño del Leviatán, en tanto se le dota de más recursos para que intervenga en la economía, distorsione las decisiones individuales y genere incentivos perversos para que algunos evadan sus responsabilidades.
¿Quién fiscaliza?El segundo tema que abordamos es el de la fiscalización. Si, como sucedió con el caso de las consultorías del BCIE, los fondos son privados (donaciones), significa entonces que la Contraloría no puede ejercer fiscalización sobre ellos. Por supuesto puede decirse que entonces la fiscalización recae sobre el donante, en la forma y términos que este proponga. Sin embargo, queda la duda respecto a si China tendría interés en vigilar el buen uso de ese dinero, o si estableció mecanismos para su control, por lo que entonces la preocupación se enfoca hacia la pregunta de si puede o no el Gobierno costarricense hacer uso discrecional de ese dinero, sea para pagar salarios, cumplir promesas de campaña o lo que mejor crea conveniente.
Sobre este mismo asunto, si no está clara la fiscalización ¿cómo evitar que este dinero sea aprovechado por personas corruptas? Los casos relacionados con el préstamo finlandés así como la experiencia en otras latitudes no dejan un buen sabor de boca a este respecto, pues para nadie es un secreto que muchas veces la cooperación internacional ha servido para engrosar las cuentas de algunos políticos corruptos, como el continente africano muy bien lo ejemplifica.
Ahora, siempre en el tema de los fondos públicos, si por el bien de la discusión decimos que el dinero chino no es público y que, como donante, China establece mecanismos de control y que el Gobierno costarricense tienen autorización para gastar como mejor le parezca ese dinero, queda todavía una interrogante: ¿a dónde está el dinero que el Estado costarricense recauda? ¿Está guardado, gastado, generando intereses? Porque si bien los fondos chinos vendrían a servir para satisfacer necesidades de gasto que tiene el Estado costarricense, la recaudación de impuestos no ha cesado. Entonces ¿dónde queda la necesidad de racionalizar el gasto y de tener disciplina fiscal y orden financiero, si el Estado puede pedir subsidios vía donaciones y préstamos? ¿Para qué el engorroso camino de calibrar y recaudar impuestos si está la sempiterna generosidad del gigante asiático?
A lo anterior podemos sumarle una implicación política bastante seria. Si no está claro el control sobre el gasto de ese dinero donado o prestado ¿cuál es el papel que desempeña la oposición (PAC, PUSC y ML)? Si seguimos a Pasquino y Massari, comprenderemos que la oposición tiene como papeles fundamentales en un régimen democrático, la crítica, el control y la alternativa al oficialismo, pero si las herramientas jurídicas la atan de manos ¿cómo podemos esperar su buen funcionamiento? Este tipo de prácticas, evidentemente, flaco favor le hacen a la institucionalidad, al Estado de derecho y a la democracia costarricense.
¿Quién da más?El tercer punto que deseamosa traer a colación es el de la política exterior costarricense a este respecto. Ya en ASOJOD habíamos hablado sobre el caso de las
relaciones diplomáticas con China y habíamos expresado nuestro malestar, en tanto se trata de un país cuyas políticas internas no concuerdan con el lineamiento definido por Costa Rica: democracia, derechos humanos, defensa de la libertad, paz.
Y como si la imagen de contradicción que está dando nuestro país al entablar relaciones diplomáticas con ese país no fuera suficiente, todavía venderse al mejor postor nos deja como la concubina del sistema internacional. Para muestra un botón: Costa Rica había recibido de Taiwán la friolera de $59,5 millones regalados entre 2000 y 2005 y $341 millones prestados en condiciones favorables para el mismo periodo. Pero luego, China empezó los coqueteos y Costa Rica se vendió a un mejor postor: ese país le ha dado al nuestro, en poco más de un año de tener relaciones, la suma de $430 millones y siguen contando, pues hay más promesas pendientes, en especial una línea de crédito que el Banco de Desarrollo de China dará a los bancos costarricenses como forma de "paliar" (¿?) las consecuencias de la actual crisis financiera internacional.
¿Que nos dice eso? Que la Administración Arias está aplicando muy bien la frase que don Oscar citó en uno de sus discursos: "nunca hay viento favorable para quien no sabe hacia donde va". Como es evidente, el Gobierno está adaptando las velas del barco que el capitán prometió dirigir, aunque las modificaciones sean contradictorias y dejen mal parado al país en la escena internacional. ¿Qué pasará ahora? Si los talibanes dan más de $430 millones, nos asociaremos con ellos? ¿Si Hugo Chávez sobrepasa la cantidad "mágica" se implantará una sucursal de la revolución bolivariana en Costa Rica?
TLC: una oportunidadNo todo es negativo respecto a la relación con China, pues al menos existe la posibilidad de negociar un TLC con ese país, aunque seguimos sosteniendo que no es necesario establecer lazos diplomáticos para iniciar relaciones comerciales. Sin embargo, este TLC nos parece que es una gran oportunidad para los costarricenses, pues tendremos la posibilidad de obtener productos a precios más cómodos y así satisfacer nuestras necesidades de consumo, así como la opción de explorar nuevos nichos de mercado y colocar bienes y servicios en un mercado gigante, lo cual se traduciría en más empleos y más beneficios para los costarricenses.
Sin embargo, los antecedentes inmediatos respecto a TLC's no son muy halagueños en nuestro país. Acabamos de salir de cuatro años discutiendo uno y ya, con dos en camino (UE y China), los enemigos del libre comercio no han descansado ni un momento. Por ahí ronda la sombra del proteccionismo y el mantenimiento de subsidios. Algunos empresarios podrían pedir ser excluidos, y con la excusa de no poder competir con los volúmenes de producción y precios baratos de los chinos, seguirán sometiendo al consumidor a aceptar sus malos bienes o servicios. No obstante, si se justifica el miedo a productos baratos de China, también se deberá justificar el miedo a tecnología que reduce precios o aumente calidad o al comercio con otros países, en suma, el miedo al progreso y al cambio. También podrían surgir algunos mercantilistas que pretendan usar al Estado costarricense para finaciar sus exportaciones y llegar al mercado chino. Esperemos que esto no pase y que los proteccionistas locales no acaben con tan buena oportunidad tanto para los consumidores como para los verdaderos empresarios que no tienen miedo a competir.
El TLC con China sería muy provechoso si en realidad es libre comercio, es decir, nada de favoritismos, proteccionismos, tasas, cuotas, permisos, privilegios, etc. Y vemos con buenos ojos que China no esté condicionando la firma del TLC a la ratificación de acuerdos de la OIT, OMC, etc, lo cual es una buena forma de respetar la soberanía costarricense. Pero más que soberanía nacional, lo que en ASOJOD reivindicamos es la soberanía del consumidor: es decir, que se nos permita a cada uno de nosotros tomar las decisiones respecto a precio, calidad, cantidad, etc. Si algunos empresarios (como la Cámara de Industrias) salen diciendo que es necesario impedir la entrada de algunos productos chinos, por diversas razones, entonces ¿qué seguirá después? ¿la Cámara de Industrias protegiéndonos de leer ciertos libros o visitar algunos lugares?
En ASOJOD hemos querido presentar todos estos puntos para la reflexión, esperando que motiven el análisis crítico respecto a las relaciones con China y enfatizando en algunos aspectos legales, políticos, financieros y comerciales que nos parecen importantes a la hora de analizar tal nexo.