miércoles, 30 de abril de 2014

Desde la tribuna: la función del Parlamento

Mañana se inicia un nuevo período constitucional, hay un nuevo grupo de diputados en la Asamblea Legislativa.

Los que fungieron en el período actual olvidaron algunas cosas esenciales y entraron marcados por el intento se subirse sus dietas.  Luego cundieron algunas actuaciones que han complicado el concepto acerca de su desempeño (desde el acuñamiento del “chuchinguismo” hasta los problemas con el levantamiento de inmunidades y actuaciones personales muy discutibles).  Algunos han querido lavarse la cara invocando el número de leyes aprobadas, como si ello fuera un buen índice.  

La verdad es que no se trata de cantidad de leyes sino de entender con claridad en qué radica la función republicana de un parlamento.

Hasta 1949, el nombre que recibía nuestro Parlamento era el de “Congreso”. Ello ayudaba mucho a conceptualizar mejor su función. En la Constituyente de 1949 se optó por denominarle “Asamblea Legislativa” y  tal nombre ha contribuido a confundir su función y centralizarla en aprobar leyes.

“Dictar la ley” y aprobar los impuestos y presupuestos son atribuciones exclusivas de la Asamblea Legislativa, pero no son obligaciones.

Lo paradójico del asunto es que la Constituyente del 49 incorpora al presidencialismo costarricense una serie de mecanismos del parlamentarismo y más bien debilita la figura del Ejecutivo en fortalecimiento de la Asamblea. Se trataba de que hubiese más control, más rendición de cuentas, más actuaciones colegiadas y más responsabilidad.   

Entre el nombre “Asamblea Legislativa” y una serie de circunstancias (entre las cuales están las mismísimas actuaciones del Partido Liberación Nacional, el desarrollo de las instituciones autónomas con su “4-3” y las “presidencias ejecutivas”, la estatización de los bancos y otras cuestiones) han llevado más bien a una prelación de hecho del Ejecutivo sobre el Legislativo, una exigencia social por aprobar leyes (no discutirlas sino aprobarlas) y un descuido total de las demás atribuciones (fundamentalmente la del control político y sus derivaciones como control presupuestario, control administrativo y financiero).

Algunos diputados llegan a olvidar que son el primer poder de la República (después del pueblo) e incluso ignoran que son “gobierno”. El resultado es desastroso, pues se confunde la función parlamentaria con una fábrica de leyes, en menoscabo de la libertad y otros derechos fundamentales.  Se ha entronizado un activismo legislativo rampante y unas ansias de regular todo.

Por supuesto que tales vicios llenan a la gente de obligaciones, al Estado de gasto y el control no existe, no aparece y no es bienvenido.

Federico Malavassi

martes, 29 de abril de 2014

La columna de Carlos Federico Smith: cooperación versus centralización política

Han observado ustedes la frecuencia con que políticos suelen decir que proponen hacer alguna cosa en nombre nuestro; esto es, que consideran deseable, por ejemplo, prohibir o controlar o regular ciertas actuaciones de las personas, lo cual lo dicen hacer en representación nuestra. 

La primera gran duda que le salta a uno es acerca de dónde es que emana esa presunta capacidad de políticos para conocer mejor que nosotros mismos, qué es lo que deseamos o queremos. No creo que los políticos tengan alguna habilidad genética particular que los diferencie de las demás personas y menos que dicha capacidad sea superior a la de los otros individuos, como la de poder leer la mente de estos, en tanto que los individuos no son capaces de conocer lo que está en la mente de los políticos. Ni uno ni otro; lo que pasa por la mente de una persona en cuanto a sus preferencias sólo es conocida cuando las revela al actuar en un mercado. ¿Cómo sabe usted si yo prefiero el mango al melón? Bueno, cuando a un mismo precio por unidad estandarizada, compro más de uno que del otro. Pero, si bien el consumidor reveló sus preferencias,  eso no significa que uno conoce las razones de sus preferencias. 

¿Será que el político sí puede saber lo que conocen o saben los individuos, cuando en un mercado de la política considera que, quienes votaron por él (o ella), lo hicieron así porque lo preferían?  Eso puede ser así, pero conocer exactamente qué es lo que pasa por la mente de una persona cuando lo escogió es, creo, imposible, porque no sabe si votó por él porque, digamos, le gustaban sus planteamientos o, por el contrario, porque es que le disgustaban menos que los de otros o porque la visión que ese votante puede tener del mundo es propia de un masoquista y le encanta sufrir cuando elige a un mal gobernante. Todo eso y más son posibles cuando se pretende hurgar en la mente de una persona (votante o no) en particular y más aún cuando hay tantos individuos que actúan en circunstancias específicas de tiempo y espacio muy distintas.

Gobernantes absolutos, como ciertos reyes, pretendían, tan sólo por tener ciertos antepasados familiares, creer que lo sabían todo mejor que como lo podían saber sus súbditos. Y legislaban (o dictaban órdenes) acordes con esa pretensión. Pero no sólo hay muchos capítulos históricos, en que esos mismos gobernantes no tenían certeza de cuáles eran sus verdaderos antecesores biológicos, sino que, también, como se ha llegado a saber, muchos de esos gobernantes, al imponer su criterio, más bien generaban el malestar ciudadano y otros, al hacerlo, tal vez atinaban, ganándose la voluntad popular. Pero, de ser cierto este último caso, ¿por qué el ciudadano no se iba a ahorrar ese intermediario y por sí mismo lograba hacer lo que deseaba (por supuesto que restringido en cuanto a que no afectara el mismo derecho poseído por otros ciudadanos)?

Una de las razones por la cual no me “gustan” los gobernantes que dicen hacer algo porque lo hacen a nombre mío, radica en que, al fin de cuentas, yo sí sé qué es lo que realmente quiere o prefiero. Por ello, por ejemplo, cuando un estado me quita lo que he ganado trabajando y acatando las reglas del juego, para hacer, en mi nombre, lo que ese gobernante quiere hacer con él, me produce mucho disgusto. Tengo mejor conocimiento –aunque sea imperfecto- para organizar mi modo de vida como yo lo prefiero, que como el que puede tener ese gobernante acerca de mi conocimiento propio. Los individuos buscamos la cooperación de otros (no sólo dentro de la familia o de allegados) sino de la generalidad, porque ello nos beneficia. No porque se nos imponga. 

Esto lo explica Richard  A Epstein en su libro Skepticism and Freedom (Chicago: The University of Chicago Press, 2003), cuando señala que 

“La cooperación entre familiares ofrece obvias ventajas genéticas. Y puesto que, por definición, la evolución es un instrumento muy imperfecto, los principios usuales de selección natural conducen a alguna distribución, probablemente normal, de gustos acerca de la disposición para cooperar, en la cual los cooperadores, en promedio, es posible que sobrevivan más que los no cooperadores. El resultado neto es que no hay razón para aceptar la historia radical Hobbesiana del egoísmo individual, o de su corolario, de que un estado de naturaleza produce una anarquía, que puede ser refrenada tan sólo por un estado unitario dirigido por un gobernante absoluto. Muy al contrario, uno de los peligros más grandes de la centralización del poder, es que tiende a minar el control que los métodos informales de control social ejercen sobre su fuerza. Los individuos exhiben métodos más elevados de cooperación en ambientes no regulados, cuando sus rupturas previas de las reglas legales no están sujetas a sanciones legales. Evidentemente, encarados por el éxito o fracaso de sus propias acciones, ellos desarrollan estrategias cooperativas.” (Op. Cit., p. 25-26).

Lo que el autor nos dice es que la cooperación entre los humanos existe porque los beneficia, permitiéndoles adaptarse mejor a la escasez, que en su ausencia. Por lo tanto, no es de aceptar que surgirá necesariamente la anarquía, por lo cual no se requiere que exista un gobernante absoluto, que venga a poner orden en la anarquía. Más bien un gobierno totalitario impide que surjan los acuerdos sociales de cooperación entre los individuos, que limitan ese poder. En libertad, más bien surge la mayor cooperación.

Un mercado libre es un buen ejemplo de una exitosa estrategia de cooperación de los individuos, que les permite sobrevivir mejor. Es una excelente muestra de cooperación en un ambiente no regulado. El problema con la cooperación “forzosa” que se presenta cuando el estado define por el individuo lo que debe hacer, es que ese estado no tiene el conocimiento que si poseen los individuos actuando cooperativamente en ese mercado.

Jorge Corrales Quesada

lunes, 28 de abril de 2014

Tema polémico: la doble moral religiosa

Recientemente, el Presidente electo de la República, Luis Guillermo Solís, hizo pública una serie de nombres que conformarán su Gabinete en el nuevo Gobierno que iniciará próximamente y uno de los que más revuelo ha causado es el de Melvin Jiménez como Ministro de la Presidencia. 

Además de ser sociólogo y estratega de la campaña de Solís, desde las primarias del PAC, Jiménez es pastor luterano, lo que ha encendido las alarmas tanto de los católicos como de los progresistas. 

Los católicos han señalado, con razón, que si fuese un nombramiento de un sacerdote de esa denominación religiosa, las protestas y críticas no se habrían hecho esperar: por todos lados, ciudadanos contrarios a la confesionalidad del Estado reclamarían el desaguisado y exigirían que se echara atrás esa decisión. Sin embargo, al tratarse de un miembro de otra iglesia, pareciera ser que todo el mundo guarda silencio, en especial los progres, quienes prefieren no referirse al tema. Entonces, para ellos, está mal que un sacerdote católico tenga un cargo de Ministro pero no hay problema si se trata de un luterano. La coherencia y consistencia en cuanto a la securalización del Estado es tan frágil para los progresistas como la cáscara de un huevo. 

Pero también resulta curioso que, en esta competencia de doble moral, la Iglesia Católica reclame por la participación de otra denominación religiosa en cargos de Gobierno cuando sus propios representantes han tenido muchísimo poder político desde hace siglos y atacan con todas sus fuerzas y bajo amenaza de perder el alma, acusando de servir al diablo a todos aquellos que claman por la separación definitiva de los asuntos del Estado y de la Iglesia. Entonces, para ellos, está mal que los luteranos tengan algún rol preponderante en política pero no hay problema que la Iglesia Católica haga y deshaga a su antojo en la política nacional.

Sin duda, por todo lado tenemos una doble moral, cosa que parece cada vez más enquistarse en la vida de los costarricenses. Por todo lado se mira la paja en el ojo del "otro" pero se soslaya la "viga" en el propio. Hipocresía, simple y llanamenta, que por desgracia está muy presente en casi cualquier discusión en este país. 

El Estado y los asuntos públicos deben estar separados de cualquier religión. Cada quien debe tener el derecho de creer o no creer y participar en la vida pública sin que esto signifique ventajas indebidas ni discriminación para determinada denominación. Esta necesidad trasciende el debate puntual acerca de la constitucionalidad o no del nombramiento de Jiménez pues ni siquiera deberíamos estar discutiendo eso, sino la secularización total del Estado. 

Gabriel García Márquez ha muerto, pero su Macondo sigue cada día más vivo en Costa Rica. Solo aquí pueden presentarse estas situaciones propias del realismo mágico.

miércoles, 23 de abril de 2014

Desde la tribuna: ¡Avisados estamos!


El Ministro de Hacienda designado para el nuevo gabinete, vicepresidente del nuevo Ejecutivo y coordinador del nuevo equipo económico ha sentenciado que el más grave problema fiscal es la evasión fiscal.

¡Avisados estamos! No le parece que tal calificativo sea para el alto endeudamiento público, no estima que el creciente gasto público sea el problema principal, no califica como mayor problema la desproporción del gasto público ni su ineficiencia, para él el problema es la evasión fiscal.

Es claro que si no ve problema en lo señalado, no hará nada para arreglarlo.  Es claro que ordeñará a la sociedad para solventar el inmenso gasto público.  Es evidente que perseguirá a los contribuyentes para obtener los dineros que cree evadidos. Asimismo, es indubitable que pronto vendrá el proyecto de paquete tributario y medidas coercitivas.  ¡Una vez más! 

Desde el inicio de su presencia en la Asamblea Legislativa, el PAC ha sido socio del PLN en la promoción de paquetes tributarios.  Asimismo, lo cual es más grave, ha sido socio legislativo de las maniobras inconstitucionales en que se han concitado para aprobar dichos paquetes.  ¡Malo con malo!

La visión puesta en la supuesta evasión fiscal aleja el examen de la verdadera situación del gasto público, de la verdadera tragedia nacional, del tamaño de esta Estado inutilón y convierte al nuevo gestor en cómplice del desperdicio de recursos, en cómplice del gasto corrupto y en perseguidor del sector privado.

¡Aviados estamos!

No se olvide que el Ministro saliente ha dicho que de nada sirve aprobar un paquete tributario si se dejan las cosas como están.  No se olvide que el Ministro saliente ha indicado que salarios públicos y transferencias son la causa del desastroso estado de las finanzas públicas.  No se olvide que el Estado, en su deficitario y exagerado gasto, se endeuda a razón de 3,500 millones de colones diarios (como 141 millones por hora, un poco más de 2 y medio millones por minuto).  ¿Van a compensar tal desparpajo con acciones contra la supuesta evasión? 

¡Aviados estamos!

Federico Malavassi Calvo

martes, 22 de abril de 2014

La columna de Carlos Federico Smith: son simples humanos

Me han llamado la atención ciertas reacciones de la gente, no sólo ante el triunfo electoral del PAC, sino acerca de las expectativas que tienen del gobierno entrante. Entiendo muy normal -y esperable- la satisfacción por la victoria, pero mi deseo en esta ocasión es advertir cuándo se puede perder la perspectiva de lo que podrá obtenerse con un nuevo gobierno.

Lo primero que debe tenerse muy claro es que, quienes vienen a asumir el nuevo gobierno, son tan humanos como lo somos nosotros: con virtudes y defectos; frágiles, al fin y al cabo, a las tentaciones, que devienen del ejercicio del poder. Si son limitados por su naturaleza, lo mejor que pueden hacer es evitar esa arrogancia que se observa con frecuencia, cual es que el gobernante, que tiene un poder concedido por la ciudadanía, al elegirlos democráticamente, cree saberlo todo y trata así de imponer su criterio, que bien puede estar equivocado, para ponerlo de la manera más suave. Por ello, que el gobernante reconozca lo limitado de su conocimiento –y no me refiero al adquirido por una educación formal, sino al conocimiento, explícito o tácito, que poseen todos los individuos y que no está integrado en un todo en parte alguna- constituye un buen fundamento para poder lograr un buen gobierno. Se trata de permitir que los individuos libres puedan hacer el mejor uso de su conocimiento para adaptarse a la ignorancia –desconocimiento pleno- que existe en una sociedad. Esa libertad para adaptarse, según el conocimiento que tenga el individuo, no debe ser sustituida por la pretensión arrogante de un gobernante -por más sabio que crea que es- de imponer a los demás su propio y también limitado conocimiento.

Es muy posible que ni siquiera esos gobernantes tengan la posibilidad de resolver problemas que mucha gente desea que así se haga. Habrá oposición –requisito indispensable en una sociedad libre y democrática- a muchas propuestas que haga el gobierno entrante. Digo esto no sólo a partir de la realidad de una Asamblea Legislativa muy fraccionada, ni tampoco porque habrá algunos que harán lo indecible, por fines politiqueros, de obstaculizar cualquier propuesta gubernamental, aunque sea conveniente, sino porque muchos de esos problemas son harto complejos e involucran –como es lo normal- posibles efectos sobre intereses legítimos de diversas personas. Gobernantes inteligentes y tolerantes buscarán hacer todo lo posible por amalgamar intereses diversos y, dado el caso, tomar las decisiones que considere adecuadas, siempre dentro del marco de la legalidad y, esencialmente, de respeto a los derechos de los individuos.

Creo que los ciudadanos, más que nunca antes, en esta ocasión han definido sus preferencias electorales con base en sus posiciones en contra de la corrupción en la gestión pública y de su impacto y relaciones con partes privadas. Creo que el costarricense espera que la honorabilidad, buen y correcto manejo de los recursos públicos y apego a la ley, sean lo que caracterice a este nuevo gobierno. Soy escéptico de que se logrará un gobierno totalmente exento de corruptela. Creo que es imposible exterminarla del todo dentro de la gestión pública (y privada). Nadie, por tanto, va a creer que se tendrá un gobierno de puros y perfectos, sino que la esperanza es que ese mal disminuya. Sí, posiblemente habrá casos de corrupción en la nueva administración de seres humanos imperfectos, pero la valoración está en el esfuerzo que los gobernantes hagan por erradicarla y, por supuesto, que esa lucha se haga dentro de un marco de la legalidad deseable y no que esté sujeta a las apetencias de nadie en específico, que incluso puede pretender ocultar con moralismos los defectos que aquejan a una administración. 

Lamentablemente no se ha elegido ni se han escogido dioses que vengan a librar a los humanos de todo mal. Son simplemente hombre y mujeres electas, con virtudes y defectos, con apetencias deseables y otras indeseables, que exhibirán conductas apropiadas y otras impropias, que tendrán aciertos y cometerán errores; que ojalá los aciertos sean más que los errores, que serán francos y serán hipócritas. No son nada más que humanos, como nosotros; algunos cultos, otros no, que tan sólo serán embadurnados de conocimiento formal. Todo eso será así. Los ciudadanos inteligentes, conocedores de sus limitaciones propias, que han delegado en algunos el poder limitado, pero poder al fin y al cabo, no para que se les conculquen sus derechos, sino para que les facilite adaptarse a las circunstancias propias de la incertidumbre que naturalmente existe en un vida de por sí difícil, apreciarán cuando un gobierno es bueno y cuando es  malo. La obligación moral de los gobernantes es facilitar el buen vivir en libertad de los ciudadanos.

No hemos elegido entre dioses y no sé si los que resultaron son los mejores, eso nos lo dirá el tiempo. Entre tanto, debemos estar vigilantes en que las cosas transcurran dentro del respeto de nuestros derechos inalienables y en el marco de nuestras leyes. Un gobierno limitado es lo que nuestro pueblo ha escogido con el paso de los años. Eso es lo que asegura nuestra libertad, cuyo resguardo debe ser nuestra guía fundamental.

Jorge Corrales Quesada

viernes, 11 de abril de 2014

Viernes de Recomendación

La Asociación Nacional de Fomento Económico
Invita

Pizza y Política:
Crisis en Venezuela

Fecha:              Jueves 24 de abril del 2014
Lugar:              ANFE – 200 metros oeste de la Casa Italia – Barrio Francisco Peralta, contiguo al Templo Votivo
Hora:               6:00 p.m-8:30 pm.

Programa

6:00 pm – 6:30 pm     Registro de participantes 
6:30 pm – 6:40 pm     Palabras de bienvenida, Sr. Óscar Álvarez Araya, Presidente de ANFE
6:40 pm – 7:10 pm     José Rodríguez, Politólogo y ex Capitán de la Armada Venezolana
7:10 pm – 7:40 pm     Vladimir de la Cruz, Historiador y ex embajador de Costa Rica en Venezuela
7:40 pm – 8:10 pm     Federico Malavassi, Ex diputado y abogado 
8:10 pm – 8:20 pm     Preguntas y comentarios del público
8:20pm – 8:30 pm      Palabras finales
8:30 pm                    Pizza y refrigerio


Costo: 
-Público en general, ¢2.000.
-Asociados que se encuentren al día en el pago de sus cuotas, la actividad será gratuita.

Importante: Cupo Limitado.

Reservaciones: 2253-4460 *Telefax: 2253-4497 * 89966569 *
Apartado 3577-1000 San José, Costa Rica
E-mail: info@anfe.cr, guita61@hotmail.com 

miércoles, 9 de abril de 2014

Desde la tribuna: ¿por qué se va Intel?

Intel se va porque puede, porque puede llevarse su operación productiva a otra parte, porque la frontera no le detiene y porque no le conviene seguir produciendo en Costa Rica.

Estoy seguro de que muchos costarricenses también se irían si pudieran:  producir en Costa Rica es difícil, complicado y caro.  La energía cuesta mucho, la tramitomanía  ahoga a todo el mundo, el Estado es un mal socio, hay amenaza constante de impuestos, la seguridad no funciona bien, no hay  compromiso con la eficiencia, los impuestos no se gastan bien, la infraestructura pública es un desastre y no se valora el trabajo de las empresas privadas ni la actividad comercial internacional ni la transferencia de tecnología.

Debe ser cansado y poco edificante estar oyendo críticas de políticos que constantemente intentan cargar de impuestos la producción, la abulia de entes públicos que retrasan constantemente la posibilidad de remozamiento de los planes y programas universitarios para formar al personal correspondiente, la defensa de los monopolios públicos que impide la generación de energía barata y oportuna y la inacción de muchos entes públicos en torna a solucionar los problemas que se presentan y demás condiciones que se requieren.

Desde las primeras amenazas de paquetes tributarios oíamos a Ministros de Hacienda y conspicuos dirigentes de los partidos estatistas inventar que habían hablado con los personeros de Intel y que habían accedido y aceptado que se les subiera la carga impositiva.

Llevamos años y años de cargar de empleados las instituciones estatales sin que ello signifique mejor  y más oportuno servicio y sin que haya vocación para la necesaria apertura eléctrica, que tanto necesita el país.

Podemos hablar de otras cosas que tampoco se solucionan a tiempo, como el costo de la planilla en capacitación y la mala respuesta de los organismos correspondientes.  

Un empresa como Intel está recibiendo diariamente múltiples ofertas de otras sociedades que quieren la operación que Costa Rica tiene.  La administración de esta organización internacional recibe constantemente reclamos de otras sedes para llevarse la operación que se va de Costa Rica.
¡Qué difícil es convencer a muchos de mejorar, si están convencidos de que Costa Rica es inmejorable!  ¡Qué dura lección de la realidad!

Cuando llega el recibo de la luz a muchas casas, la gente querría irse en carrera a otra parte en la cual el cobro fuera racional.  Cuando se le pone gasolina al carro y llega el cobro, todos queremos irnos a otro lugar donde el combustible fuera mejor y más barato.

Algunos demagogos tienen convencida a una parte del pueblo de que la situación nacional es insuperable.   Mucha mentira para justificar abusos y expoliaciones.  A una empresa como Intel no se le puede engañar así …

Tienen acceso a información de verdad, saben cuánto cuesta producir en cada parte del mundo, cuánto cuesta la energía en cada parte del mundo, cómo engañan los políticos en cada parte del mundo y dónde les calienta mejor el sol.  

¿Por qué es que muchos costarricenses se exponen a tratos con agiotistas para migrar a los Estados Unidos?  ¿Por qué dejan el calor de su hogar, se someten a un trato leonino para obtener un dinerillo y entrar de “mojados” a otro país?  

Tienen claro que aquí no tienen futuro y toman tan alto riesgo para trabajar en un medio que consideran más promisorio, más abierto, con más esperanza.    Están dispuestos a tomar el riesgo para mejorar en la vida.

A veces me pregunto si no se será que quienes viven de explotar con sus préstamos a estos migrantes procuran mantener la economía del país aherrojada e ineficiente, a fin de continuar con su negocito de prestamistas.

No es posible pensar en eficiencia y buenas condiciones para la producción y que el trabajo rinda en un sistema en el cual cunde el monopolio, el clientelismo y exceso de burocracia.  Se trata de un sistema en el cual el empleado público gana más que quien produce en la empresa privada.  Ello se ha logrado gracias a prebendas y gollerías, abuso de monopolios e irrespeto permanente a las formas jurídicas y reglas constitucionales para presupuestar.

La demagogia y el clientelismo han secuestrado al Estado y han contaminado algunas instituciones básicas:  los programas de educación, la calidad de la educación pública, el control de las instituciones públicas de educación, sistemas de pensiones especiales y privilegiados.  A través de su poder intentan convencer a todos de que estamos bien y de que no hay que procurar equilibrio financiero, apertura, libertad, competitividad ni comercio internacional.   Algunos se atreven a promover la autarquía alimentaria (proteccionismo contra alimentos comprados en el exterior) a fin de secuestrar el mercado y convertirlo en cautivo.

¡Claro que una empresa internacional deja su operación complicada en un medio así y busca mejor destino!

Federico Malavassi Calvo

martes, 8 de abril de 2014

La columna de Carlos Federico Smith: mi vivencia en Facebook...hasta el momento

Seré franco y les cuento que yo no creía en aquellas bondades de Facebook que me contaban mis amigos y mis hijos. En aquel entonces creía que se prestaba para el intercambio ligero, superficial, de ideas, además de que muchas veces el lenguaje empleado no era el deseable (al menos de acuerdo con mis relativamente flexibles reglas), pero también porque creía que uno se “mataba” escribiendo, con la esperanza de que se pudiera avanzar en el conocimiento personal y, a la hora de las cosas, pasaban desapercibidas o bien saboteadas por algún patán o un ignorante de turno.

De pronto, cuando por avatares de la vida dejé de escribir la columna semanal de ANFE en el periódico La Extra, me pregunté por qué no me metía en Facebook. Eso hice y ahora les narraré algo de mi visión personal que en este momento tengo acerca de Facebook. Creo que aún hay algo de cierto en las razones que con anterioridad me habían movido a no entrar en Facebook, pero también he podido encontrar muchas cosas buenas, que creo que me permitirán a mi (y espero que a muchos de ustedes) mejorar en calidad de vida, al lograr enormes satisfacciones y beneficios con el intercambio, mayoritariamente positivo, de ideas que se da en Facebook.

Trataré de explicarme. En primer lugar, me ha permitido hacer una enorme cantidad de nuevos amigos. Claro que parece ser natural que sean aquellos que están de acuerdo con muchas de las cosas que uno puede pensar que son buenas o deseables, pero también porque, al diferir algunos en los conceptos que expreso, me exigen pensar más y más acerca de cosas que uno podría considerar, al menos en su mente, que estaban muy bien definidas. Esto es, exige una constante meditación de uno acerca de las cosas que afirma. Reconozco, eso sí, que a veces, al estar frente a un teclado, se dicen (escriben) cosas sin un análisis profundo y detallado, pero al menos sirve para que uno exprese una opinión, que siempre deberá estar sujeta al cuestionamiento Popperiano. Muchas “verdades” son sólo transitorias y su fortaleza reside en que no se pueda probar lo contrario de lo que plantea como “cierto”. Por supuesto, siempre deberemos buscar pruebas en contrario para formular con ello mejores explicaciones o creencias.

En segundo lugar, al entrar a Facebook me he sentido favorecido con el restablecimiento de contactos con amigos de quienes no había vuelto a saber de ellos, que no había vuelto a ver, que no había vuelto a contactar. Con Facebook sé de ellos, incluso más que lo que pude conocer en el pasado. Eso es muy enriquecedor, puesto que volver a encontrarse con viejos amigos es una gracia que a menudo no es posible lograr en la vida usual previo al ingreso a Facebook.

En tercer lugar, en ocasiones lo que uno considera como una opinión “ligera o superficial”, en realidad puede tener mayor profundidad de lo que en un inicio mi mente limitada puede haber percibido.  Por ello, normalmente trato de leer el mayor número de opiniones posibles y, si algo que considero relevante debo ponerlo en Facebook (posiblemente equivocadamente de mi parte), lo hago, siempre con el deseo de que el intercambio de ideas nos haga mejores y más preparadas personas. Claro que en Facebook le sale más de un intemperante, que lo que quiere es jugar con uno o convertirlo en un peón de sus posiblemente malas intenciones, pero la solución parece ser muy sencilla: si no le está aportando nada a uno, pues ignórelo y se acabó. He tenido un par de casos así y vieran que, al momento, esa medicina me ha funcionado muy bien. (Claro que siempre está la posibilidad de fumigarlo de la lista de amigos de uno, pero eso lo dejo para casos extremos, si es que se presentan. Tengan en mente que uno puede aprender mucho de quienes difieren de las opiniones propias que uno puede, en cierto momento, sostener.)

En cuarto lugar, me gusta Facebook porque permite divulgar en mayor grado las opiniones de las personas. Esto es, ofrece una enorme posibilidad para asegurar la vigencia de la libertad de expresión, así como su derivada libertad de prensa o comunicación. Siempre los ambiciosos del poder tratarán de coartar la libertad de expresarse de aquellos quienes opinan diferente. Hoy lo vemos, por ejemplo, en Venezuela o Turquía. Pero también el pasado tiene enorme cantidad de ejemplos de esta pasión por el poder, que aqueja a muchos humanos. De aquí que admiro enormemente la lucha, tanto de quienes desde fuera como desde los adentros de Cuba, para que los ciudadanos de ese país tengan libertad para intercambiar, para expresar, sus ideas sobre lo que les dé la gana, acerca de lo que les plazca, de todo aquello que quieran (por supuesto que respetando los derechos de las demás personas).

Pero, además de aquellas desventajas o inconveniencias que antes de ingresar a Facebook me habían frenado a hacerlo –intercambio superficial de ideas, ligereza en cuanto a opiniones, uso de lenguaje impropio, frustración en comunicar opiniones y estar sujeto a molestias de personas que no buscan un intercambio racional de ideas, sino sólo “joder”, como decimos los ticos- al menos hay una cosa de Facebook que me ha molestado. Me refiero a las invitaciones que uno puede hacer de nuevos amigos. Uno espera que personas que va conociendo (incluso debido a la existencia de Facebook) pueda invitarlas a participar. Uno lo hace, pero resulta que, tal vez, muchas de esas personas leen o participan muy poco de Facebook y posiblemente lo abran muy poco. O sea, no leen la invitación que uno hizo y dicha invitación queda allí dando vueltas. También puede ser que personas que uno puede considerar como valiosas para que engrosen la lista de amigos, no tienen deseos de serlo, por lo cual dejan de lado la invitación que uno les formuló. 

El problema con Facebook es que, después de que uno ha hecho un cierto número de invitaciones sin haber recibido su confirmación de aceptación –creo que unas diez en cierto momento dado- el administrador de Facebook congela el número de invitaciones que uno puede hacer y de ello Facebook no le informa de la situación sino cuando ya ha aplicado la regla draconiana, por la cual le prohíbe, creo que hasta por dos semanas, invitar a un nuevo amigo potencial. Lo increíble es que, con toda la capacidad moderna de informar que tiene Facebook, no le puedan avisar a tiempo para que uno elimine las invitaciones que ahora hacen fila. ¡Que Facebook no le pueda advertir de la situación, con la capacidad que tiene para informar del problema, me parece que es una tremenda insania, puesto que esa conducta impide el mismo crecimiento de Facebook!

Tal vez la solución a este problema está en mis manos: después de cinco días sin que la persona que he invitado me la haya aceptado, le retiro la invitación y podré proceder a invitar otros amigos potenciales que ya tengo en una lista mía. Pero ojalá que la administración de Facebook se modernice, según lo que indiqué anteriormente, pues el que un mayor número de personas participe en redes, va en beneficio del mismo negocio de Facebook y, a la vez, de todos nosotros, los aficionados que ya formamos parte de Facebook.

Jorge Corrales Quesada

lunes, 7 de abril de 2014

Tema Polémico: Nuestra responsabilidad como liberales

Finalmente tenemos un presidente electo y, para sorpresa de pocos, en ASOJOD estamos sumamente defraudados con la voluntad de las mayorías. La mayoría, ahora más que antes, le apuesta a formas de gobierno más estatistas y entrometidas en las vidas de todos. Le apuesta a una forma de gobierno desconfiada de las decisiones de los individuos y más entrometida en el mercado. 

El mensaje clarísimo no se dio ayer; el mensaje fue claro desde el 2 de febrero, día en que más de un 70% de los ciudadanos decidieron votar por partidos de tendencia socialista. El gane del PAC de ayer ni nos suma ni nos resta a nuestra desilusión pues francamente la diferencia entre ambos candidatos era despreciable.

Es ahora que las libertades individuales se ven más amenazadas y es precisamente ahora que nos corresponde a todos los liberales del país luchar con mayor fuerza. La gran ventaja es que la razón está de nuestro lado y las pruebas sobran. Tendremos que aprender a comunicarlas mejor. Tendremos que aprender a tener más presencia en medios, en universidades, en escuelas, en asociaciones, en cámaras y en otras organizaciones sociales.

Desde esta plataforma seguiremos dando la lucha y buscaremos otras formas de comunicar el mensaje e ir formando criterio. También los invitamos a ustedes, nuestros lectores regulares, que se unan a la lucha por la libertad y entre todos tratemos de sacar nuestra sociedad adelante por el camino correcto.

viernes, 4 de abril de 2014

Viernes de recomendación

Para esta ocasión, queremos compartir con ustedes el libro "La moralidad del capitalismo: lo que no le contarán sus profesores", editado por Tom Palmer. Se trata de un conjunto de escritos de diversos autores en los que se explica por qué el capitalismo es el mejor sistema económico del mundo, más allá de resultados, enfocándose en su naturaleza y superioridad moral. El día de ayer, este libro fue presentado en una actividad organizada por ANFE y la Universidad Autónoma de Centroamérica, la cual tuvo una gran acogida. Esperamos que lo disfruten.

 

miércoles, 2 de abril de 2014

Desde la tribuna: el problema fiscal

Dice el Ministro de Hacienda que:   “Yo no me lo imaginaba tan difícil”. Y es que el asunto es un verdadero desastre.  No alcanza la plata, hay exceso de gastos y ni siquiera un paquete tributario arregla el problema.

Los principales disparadores del gasto son los salarios y las transferencias.  No hay vuelta de hoja. La Sala Constitucional ha determinado que los salarios de los empleados públicos son un dato público. A no dudarlo, tal resolución podría constituirse en la mejor y más útil herramienta contra el gasto público.

No obstante, queda el otro lado de la terrible pinza opresora:  las transferencias. Entre transferencias y salarios se encuentra la difícil historia que el Ministro de Hacienda, don Edgar Ayales, jamás se imaginó. 

El tema de los salarios fue muy fácil de provocar, ahora muy difícil de corregir.  Pasa por “derechos adquiridos”, Sala Constitucional, sindicatos, demagogia, clientelismo y “voluntad política”.

El tema de las transferencias no se queda atrás, pero hay que sumarle Universidades públicas y otros grupos políticos defendiendo un modelo de gasto en el que han invertido mucho tiempo y conspiración. Estos grupos e intereses se han concitado con partidos políticos para tomar la vía del paquete tributario y del crecimiento del Estado.  Han arruinado la acción pública costarricense ordeñando miserablemente los recursos públicos.  De paso, se han llevado entre las patas al sector productivo, al sector privado y la economía de los hogares más humildes.  Han comprometido seriamente el desarrollo nacional.

Son los mismos que señalan al neoliberalismo como causante de la desigualdad y la postración económica:  las pavas tirándole a las escopetas.  

Dicen que un problema empieza a resolverse cuando se plantea bien.  Sin embargo, el primer paso es aceptarlo.  Si no se acepta que se va por una vía incorrecta, jamás se detendrá el camino y menos se iniciarán las acciones correctivas (devolverse y tomar el buen camino).  

Por eso este asunto es tan difícil de resolver.  Hay grupos interesados en seguir ordeñando el erario público, han grupos interesados en seguir usufructuando el modelo de Estado y seguir obteniendo rentas a costa de los demás, hay políticos interesados en mantener el status quo, hay demagogia y clientelismo.  ¡Muy difícil resolver el problema así!

Federico Malavassi Calvo

martes, 1 de abril de 2014

La columna de Carlos Federico Smith: Venezuela se enrumba hacia el fascismo

Deseo empezar brindándole al lector una definición operacional de fascismo, como la que formula Jonah Goldberg, en su excelente y documentado libro Liberal Fascism (Doubleday: New York, 2007, p. 23):
“Fascismo es una religión del estado. Asume la unidad orgánica del cuerpo político y anhela por un líder nacional que en armonía con la voluntad popular. Es totalitario en tanto que mira a todo como si fuera algo político y mantiene que cualquier acción del estado se justifica si con ello se logra el bien común. Toma la responsabilidad de todos los aspectos de la vida, incluyendo nuestra salud y nuestro bienestar, y busca imponer la uniformidad del pensamiento y de la acción, ya sea por la fuerza o por la regulación y la presión social.  Todo, incluyendo la economía y la religión, debe estar alineado con sus objetivos.  Cualquier identidad rival es parte del ‘problema’ y, por tanto, se la define como el enemigo.”

No me cabe duda, por ello, que el estado venezolano tiene más, pero mucho más, de fascista, a cómo lo tienen aquellos que los gobernantes de Venezuela han considerado como sus enemigos.  Cuando el gobierno venezolano llama fascistas a quienes se le oponen, no es más que una muestra contundente del ejercicio de la Neolengua (Newspeak) Orwelliana. En palabras del autor de la famosa utopía negativa, 1984, George Orwell nos explica, en un apéndice de su libro, el significado de la Neolengua:

“Neolengua era la lengua oficial de Oceanía y fue creada para solucionar las necesidades ideológicas del Ingsoc o Socialismo Inglés…La intención de la neolengua no era solamente proveer un medio de expresión a la cosmovisión y hábitos mentales propios de los devotos del Ingsoc, sino también imposibilitar otras formas de pensamiento. Lo que se pretendía era que una vez la neolengua fuera adoptada de una vez por todas y la vieja lengua olvidada, cualquier pensamiento herético, es decir, un pensamiento divergente de los principios del Ingsoc, fuera literalmente impensable, o por lo menos en tanto que el pensamiento depende de las palabras. Su vocabulario estaba construido de tal modo que diera la expresión exacta y a menudo de un modo muy sutil a cada significado que un miembro del Partido quisiera expresar, excluyendo todos los demás sentidos, así como la posibilidad de llegar a otros sentidos por métodos indirectos. Esto se conseguía inventando nuevas palabras y desvistiendo a las palabras restantes de cualquier significado heterodoxo, y a ser posible de cualquier significado secundario. Por ejemplo: la palabra libre aún existía en neolengua, pero sólo se podía utilizar en afirmaciones como ‘este perro está libre de piojos’, o ‘este prado está libre de malas hierbas’. No se podía usar en su viejo sentido de ‘políticamente libre’ o 'intelectualmente libre”, ya que la libertad política e intelectual ya no existían como conceptos y por lo tanto necesariamente no tenían nombre. Aparte de la supresión de palabras definitivamente heréticas, la reducción del vocabulario por sí sola se consideraba como un objetivo deseable, y no sobrevivía ninguna palabra de la que se pudiera prescindir. La finalidad de la neolengua no era aumentar, sino disminuir el área del pensamiento, objetivo que podía conseguirse reduciendo el número de palabras al mínimo indispensable.” (George Orwell, 1984, Signet Classics: New York, 29a. edición, 1963, p. p. 246-247. Una versión en español del libro se puede obtener en http://antroposmoderno.com/word/George_Orwell-1984.pdf).

No sólo en cuanto al uso del idioma (fascismo=opositores del gobierno) los autoritarios gobernantes venezolanos se van acercando al fascismo, sino también porque su enfoque totalitario, por el cual el estado incursiona en todas las actividades privadas de sus ciudadanos, se emplea más cada día que pasa. Después de todo, no debemos olvidar que aquella frase que mejor sintetiza la naturaleza totalitaria del ideario fascista fue esgrimida por su padre ideológico, el Duce (que significa, el líder) Benito Mussolini, quien dijo: “todo dentro del estado, nada contra el estado, nada fuera del estado” (Discurso en la Cámara de Diputados, 9 de diciembre de 1928). Nótese la similitud de estas palabras con aquellas pronunciadas por Fidel Castro en el Salón de Actos de la Biblioteca Nacional, el 30 de junio de 1961, ante un grupo de intelectuales, al informarles que “…dentro de la Revolución todo; contra la Revolución, nada…” ¡Qué gran confluencia totalitaria entre Mussolini y Fidel!

El control es esencial en los gobiernos totalitarios. Veamos un nuevo y reciente ejemplo de ello.  Resulta que, en Venezuela, el Banco Central de ese país publica mensualmente un indicador llamado índice de desabastecimiento, el cual compara la disponibilidad en los comercios de bienes, básicamente de comestibles, con respecto a las demandas de los consumidores.  Por eso, con cierto grado de incorrección económica, también allá se le ha llamado el “índice de escasez”. Evidentemente, en un país en donde la inflación ya se va acercando a un 60% anual, en el cual pululan las políticas estatales de regulación y control de la actividad privada, obstaculizando así la provisión de los mercados, y en donde el ciudadano cada día más vive pendiente de si habrá disponibilidad de obtener los productos que permitan satisfacer las necesidades de consumo en sus hogares, dicho índice se convierte en un importante indicador de errores de la economía que puede estar cometiendo el gobierno y, por tanto, se traduce en fuente de una mayor intranquilidad entre la ciudadanía, conforme se va dando cuenta de cómo los productos básicos escasean cada vez más.

Ante esto, ¿cuál fue la solución totalitaria del gobierno venezolano? Ya la anunció Nelson Merentes, presidente del Banco Central de ese país –entidad que se encarga de la confección del índice en mención. Simplemente dijo que ese índice ya no iba a ser más una información que está disponible para el público, sino estrictamente será sólo para uso del gobierno. Con ello, se señaló, se despolitizará su empleo por parte de los opositores al gobierno de Maduro (claro, si a enero del 2014 la ciudadanía llegó a saber que el índice de desabastecimiento mostró un incremento que lo llevó al 56%, casi que era de esperar, como veía las cosas, que la situación seguiría de mal en peor).

Por supuesto que, aunque se suprimiera el acceso a la información de parte de los ciudadanos -derecho básico en las sociedades democráticas- la gente podrá simplemente comprobar, acudiendo a los mercados de abastos, como irá en aumento la escasez de los productos alimenticios.  Es muy difícil que, con esa medida, el gobierno pueda encubrir -tal como lo hace el gato con su cochinada- su incapacidad para orientar apropiadamente a la economía. Y, tras cuernos, palos, pues, en opinión de algunos, en Venezuela está en ciernes la introducción de las infaustas tarjetas de racionamiento, para la adquisición de bienes de consumo, que esperamos no sea otra aplicación más de las virtuosas enseñanzas que sobre política económica le han brindado los pagados asesores cubanos.

Volviendo a George Orwell y su libro 1984, con el uso de la Neolengua (o Newspeak) lo que el gobierno venezolano está poniendo en práctica es el lema totalitario de que “La Ignorancia es Conocimiento.” Lo cual muestra, además, que el gobierno venezolano copia lo malo que le viene de Cuba y que el camino hacia el fascismo se va delineando claramente.
 
Jorge Corrales Quesada