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martes, 31 de julio de 2012

La columna de Carlos Federico Smith: una propuesta valiosa

Hay dos razones por las cuales no debe pasar desapercibida la reciente propuesta del columnista de La Nación, señor Julio Rodríguez, para que, en mis palabras, se cierre el actual Ministerio de Obras Públicas y Transportes (MOPT).  La primera, porque dicha propuesta proviene de más allá de círculos usualmente no muy inclinados a promover la participación del Estado en cuanta cosa se le ocurre, como es el caso de mi persona. Pero también porque atina a reflejar una desilusión creciente de la ciudadanía con las acciones ineficientes del Estado costarricense, en donde sólo parece que la ocurrencia de gastar más, con independencia de un muy elevado déficit, es la solución para los problemas de su gestión.  La alternativa del señor Rodríguez pasa por dar mayores espacios a la actividad privada, en la provisión de una serie de servicios que actualmente mal desempeña el MOPT.

No voy a referirme con detalle a la serie de fracasos recientes que han estado ligados al accionar del MOPT, muchos de los cuales los reseña el señor Rodríguez, pero los recientes episodios de la platina, del hueco en la autopista a Alajuela y de la malhadada trocha en la frontera norte, muestran en todo su esplendor el rosario de fracasos del MOPT en el desempeño de sus funciones esenciales. 

No todas las actividades que el Estado desempeña al alero del MOPT serán fácilmente trasladables a la empresa privada para que ésta las lleve a cabo. Ejemplo de ello podría ser la Dirección General de Tránsito. Si bien algunos, como boy scouts en el pasado, contribuimos a dirigir el tránsito en la ciudad de San José, sabemos que eso más bien era una responsable diversión, que una buena sustitución del poder de autoridad conferida a los agentes del Tránsito. Pero un mayor uso de ciudadanos como inspectores ad honorem, podría contribuir enormemente a mejorar una vigilancia a todas luces hoy deficiente.

Similarmente, podría ser necesario que exista un marco regulatorio, con participación estatal, en algunas actividades que tienen que ver con el transporte formal, como, por ejemplo, las concesiones de transporte urbano e inter urbano, así como para la operación de puertos y aeropuertos, entre otras posibles actividades, que no son la ocasión de mencionar.

Lo que sí es importante destacar es lo difícil que resulta en Costa Rica lograr el traslado de actividades del sector público al sector privado, aunque esto aparente ser algo relativamente sencillo.  Podría citar, como ejemplos, a la famosa saca de guaro mejor conocida como FANAL o la eliminación de un hoy casi inoperante por innecesario Consejo Nacional de Producción (CNP). Ambas entidades utilizan recursos que bien podrían ser utilizados en cosas más necesarias, que las que actualmente hacen. Pero hay temas similares, cuya discusión política inevitable en cuanto a decidir su operación por medio del sector privado en vez del sector público, se ha convertido en una especia de tabú. La propuesta del señor Rodríguez sin duda que requiere de una discusión abierta y sin acogotamientos politiqueros, pero sí que nos permita a los ciudadanos decidir el futuro de lo que deseamos se lleve a cabo eficientemente por nuestro estado y qué por el sector privado.

Como ejemplo, las licencias, en lugar de ser otorgadas centralizadamente, procedimiento que constantemente es objeto de crítica por una ciudadanía afectada por su ineficiencia, entre otras cosas, podrían ser otorgadas des-centralizadamente por los gobiernos locales. Es así como se hace, por ejemplo, en muchos lugares de los Estados Unidos.

También muchos departamentos del MOPT podrían ser eliminados y absorbidos por otras entidades estatales o de naturaleza pública en algún grado, como el Colegio de Ingenieros o el LANAME de la Universidad de Costa Rica, sin que implique los gastos innecesarios que hoy se dan en el MOPT. Igualmente, ese Ministerio dejaría de hacer obras que serían llevadas a cabo exclusivamente por el sector privado nacional e internacional, en un marco que efectivamente promueva la competencia y que evite el choricero que hoy se ha observado, por ejemplo, en el caso de la trocha de la frontera norte. Esto podría requerir mejorar nuestro actual sistema de contratación, para evitar prácticas de colusión entre oferentes, que termina por conspirar contra la nación y finalmente contra el bienestar del ciudadano.

Es indispensable el aporte ciudadano para la reformulación propuesta del MOPT.  Cuando se estableció el INCAE en el país, me parece que su objetivo principal era el impulso al desarrollo nacional, mediante el aporte que el sector privado, en su capacidad de empresario, pudiera brindar.  Una ampliación del espacio en que el sector privado puede participar y ofrecer su capacidad, sin duda que calza naturalmente con  esos propósitos iniciales del INCAE. En mi opinión, con el paso del tiempo, INCAE nos ha quedado debiendo en este aporte del sector privado al desarrollo, pues muchos de los ejecutivos que han emergido de sus aulas y principalmente sus docentes, se han dedicado a prestar sus servicios profesionales al estado, en puestos de destacada importancia. 

Como sabemos, en el estado mucha de la práctica usual consiste en establecer restricciones, limitaciones, políticas no necesariamente proclives a que el sector privado pueda desarrollar todo su potencial, así como a preservar privilegios para sectores particulares de la economía, lo cual ha contribuido a fortalecer al estatismo y no al sector privado. Por ello me permito sugerir que el INCAE, a quien considero una institución que podría aportar mucho y sin cobro alguno a los costarricenses, encabece una propuesta de traslado de funciones del estado hacia el sector privado, empezando por el MOPT. De esta manera abandonaría su práctica actual de proveedor de altos ejecutivos al gobierno (una especie de Escuela de Altos Estudios Francesa, adaptada a nuestro medio), y dirija su papel hacia el enriquecimiento de la sociedad, mediante una mayor participación productiva de un sector privado independiente y no convertido en rémora de los fondos estatales. El INCAE está en capacidad de sugerir ese destete oportunamente sugerido por el señor Rodríguez. Sin embargo, como yo creo que es la competencia la que en verdad favorece al consumidor –en este caso al ciudadano- también sugiero que propuestas similares de restructuración sean formuladas por las escuelas de negocios de las universidades estatales y privadas. Así estaremos en capacidad de evaluar diversas opciones y sugerencias respetables.

martes, 11 de enero de 2011

La columna de Carlos Federico Smith: se vislumbra una buena decisión


El Ministro de Obras Públicas y Transportes, Ingeniero Francisco Jiménez, ha empezado bien el año 2011 con su decisión de ir moderando la limitación a la libre circulación que el Estado costarricense impuso hace tiempo al libre tránsito en la ciudad de San José.

He dicho que “se vislumbra” porque a la fecha en que esto se escribe, la restricción vehicular, así llamada, se ha suspendido gracias a la ineficiencia (para nuestra suerte) de ese Ministerio en enviar a tiempo a la Imprenta Nacional un nuevo decreto que mantuviera la restricción actual. Por eso es que no tenemos en esta primera semana de enero limitación alguna para circular. Pero el Ministro nos anuncia que la nueva restricción (cuando manden a tiempo el decreto para su publicación, que estoy seguro no fallará esta vez) en vez de ser de un día entero según la placa, como era hasta ahora, será de acuerdo con el número de placas pero sólo para ciertas horas: de 6 a 7 y media en la mañana y de 4 y media a 7 en la noche.

Esto permitirá que los costarricenses estemos menos limitados en nuestro derecho a circular libremente, pero también mejorará lo que hoy tarda un ciudadano en acudir a sus centros de trabajo al verse impedido de manejar por la carretera de circunvalación o por el centro de San José. Esto se traducirá en una menor utilización de combustible que la actual, pues se le venía obligando a tomar desvíos que alargaban su ruta normal y así gastaba más gasolina. Posiblemente hasta lograremos ahorros en el tiempo de tránsito, pues los desvíos que había que tomar se saturaban fuertemente al vernos los ciudadanos obligados a usar rutas menos eficientes.

El ahorro previsto en la cantidad de combustibles va a ser muy útil porque ya se avecinan fuertes aumentos en sus precios (y les apuesto que aumentará la inflación importada, lo cual mostrará como las tasas relativamente bajas se debían a la moderación del alza en los precios internacionales y no a la magia del Banco Central, como nos lo ha querido demostrar).

Estos incrementos en los precios de los combustibles espero que no vayan a impulsar a quienes erróneamente promovieron la restricción vehicular bajo el pretexto de que se lograría un ahorro. Algunos datos, que luego dejaron de brindarse al público, nunca mostraron ese ahorro de combustibles que juraron se daría. Espero que el Ministro, que me parece ser una persona bastante razonable, no hará caso a estos futuros y repetidos cantos de sirenas, que más bien terminan por causar un grave daño. Espero que más bien se resista a volver a una restricción torpe que hoy está decidido a abandonar y que en realidad es poco lo que puede haber permitido de ahorro en combustibles para todo el país.

Habrá otro factor que jugará en contra de la inteligente decisión del Ministro de Transportes: la angurria del Estado. ¿Acaso no se han dado cuenta de la jugosísima fuente de ingresos que constituyen las multas por violar las actuales restricciones?. El monto de esas multas no es sólo asombrosamente alto para el tipo de “delito”, sino que su recaudación es relativamente barata para el Estado costarricense: varios tráficos estratégicamente ubicados para atrapar al osado que se atreva a romper esa infame ley de tránsito actual. Si se quitan las restricciones (o se reducen) se eliminan los ingresos (o se reducen): muerto el perro se acabó la rabia.

Le deseo el mayor de los éxitos al Ingeniero Francisco Jiménez por enfrentar el dogma de la regulación de la conducta humana por la decisión de algún burócrata arrogante que cree saber más que todos nosotros actuando libremente. Sé que tiene muchas otras tareas por delante para dignificar la gestión gubernamental en el sector de transportes en el país. En ellas los costarricenses lo debemos apoyar insistiendo en que no las deje de lado,.Puede hasta ser necesario defenderlo de los “amigos” que tiene adentro o cerca y que en verdad sólo desean que las personas no seamos libres de circular en nuestro país, aunque con ello sólo logran disminuir nuestro bienestar.

Jorge Corrales Quesada