
Nicaragua se retiró de las negociaciones con la Unión Europea tendientes a un Acuerdo de Asociación, lo cual deja a todo el proceso en el limbo. La actitud de la administración Ortega no es sorprendente. Basta con ver lo hecho por sus colegas “bolivarianos” en Ecuador y Bolivia durante las negociaciones para un acuerdo similar entre la Comunidad Andina y la UE para saber que tarde o temprano Managua iba a dar problemas.
Y hay razones bastante obvias para que Nicaragua tomara una medida tan drástica. Su comercio con Europa es bastante exiguo, por lo que firmar un acuerdo comercial con dicho bloque no le va ni le viene. Más bien representaba una oportunidad de oro para sacarle algo a los europeos, quienes lamentablemente prefieren negociar acuerdos de asociación en lugar de buscar simplemente tratados de libre comercio. Así, ni lerda ni perezosa, Nicaragua propuso un “fondo para el combate contra la pobreza” de 40.000 millones de euros, el cual sería destinado a los países con mayores necesidades en la región (¿cuál nación encabezará esa lista?). Este fondo le ayudaría a Ortega a recuperar los millones en ayuda externa que Estados Unidos y la misma UE le han quitado por el fraude en las elecciones municipales del año pasado.
¿Qué sigue ahora? Pues la UE probablemente no va a querer seguir negociando con los 4 países restantes. Más bien quien quita un quite y Honduras, presidida por otro bolivariano, también se retire de la negociación en solidaridad con Nicaragua, en cuyo caso apague y vámonos.
Desde hace ya varios años, cuando se empezó a pelotear la idea de un acuerdo de asociación con la UE, me mostré muy escéptico de su conveniencia. Sí, me gusta mucho el componente comercial, pero había más que eso en las negociaciones. En particular no me gustaba la insistencia europea de querer imponernos su burocrático modelo de integración regional con PARLACEN y Corte Centroamericana de Justicia incluidos. Por suerte la administración Arias hizo bien en cerrar esa puerta desde un inicio. También me disgusta la tendencia de la UE a exigir la adopción de protocolos laborales y ambientales como condición para el acuerdo de asociación. Dichos protocolos usualmente tienen la intención de exportar las contrapruducentes regulaciones europeas en dichas áreas y minar la competitividad de los países que los firman. Por ejemplo, el Protocolo de Cartagena limita seriamente el desarrollo de la biotecnología agrícola.
Sin embargo me emocionó mucho las demandas de la UE por una liberalización agresiva de los servicios. Lamentablemente en Costa Rica tenemos que esperar a que sean otros los que nos pidan liberalizar la economía, y estas negociaciones se prestan para eso. Lo ideal es que lo hiciéramos unilateralmente, pero eso es como pedirle peras al olmo.
En fin, quedamos a la espera de lo que decidan los europeos.
Juan Carlos Hidalgo




