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miércoles, 5 de agosto de 2009

¿Progresividad? del impuesto de la renta


Para todos aquellos que han hecho de su profesión habitual la de rasgarse las vestiduras por la pobreza, acá tienen una presentación muy interesante del Dr. Osvaldo Schenone donde analiza el "beneficio" de tasar la renta.

martes, 11 de diciembre de 2007

Impuestos vs. talento


Una de las cosas que más disgusta a los políticos sobre la globalización, y también de la explosión informativa en internet, es que las naciones en el siglo XXI tendrán que competir cada día más para atraer tanto a las inversiones como al capital humano.

Es muy lindo ir de viaje de vacaciones a Suecia o Dinamarca, pero un ejecutivo o técnico que quiera irse a trabajar a uno de esos paraísos de “bienestar social”, tan alabados por la izquierda latinoamericana, le descontarán 60 por ciento de su sueldo en impuesto sobre la renta. Y si escoge Francia, Bélgica o Nueva York, el gobierno le quitará 40 por ciento. Países como Italia y Alemania siguen a la par en despojo gubernamental, por lo que brillantes jóvenes ejecutivos que quieren ahorrar, para poder comprarse una casa o invertir en la bolsa de valores, estudian la posibilidad de trabajar en Dubai (Emiratos Árabes Unidos) o Qatar, donde el impuesto sobre la renta es cero. Esto no solamente resulta muy atractivo para los jóvenes que están comenzando a ahorrar, sino también para los ya bastante viejos –y experimentados- que ven acercarse la fecha de su jubilación y no cuentan todavía con ahorros suficientes para mantener su actual nivel de vida.

El primer paraíso impositivo de gran éxito lo creó el escocés Sir John Cowperthwaite, Secretario de Finanzas de Hong Kong desde 1961 a 1971, quien describía su política económica como “el no-intervencionismo positivo”. Ese genial burócrata estableció el primer impuesto sobre la renta de tasa única, copiado con inmenso éxito por varias naciones ex comunistas de Europa oriental que han logrado así aumentar la recaudación total bajando la tasa impositiva y haciéndola pareja para todos. Sir John, quien fue miembro de la Sociedad Mont Pèlerin y falleció en enero de 2006, gozaba de otra característica poco común en la administración pública, modestia personal, como lo comprueba esta famosa frase suya: “Yo hice muy poco. Todo lo que hice fue tratar de prevenir algunas cosas que pudieran trastornarlo”.

Cowperthwaite era tan decidido defensor de la libertad individual que no publicaba estadísticas económicas por temor a que fuesen utilizadas por otros funcionarios para entrometerse y planificar. Así, cientos de miles de chinos refugiados del comunismo pudieron transformar esa inhóspita región de apenas 1.077 kilómetros cuadrados, con un puerto como única riqueza natural, en un moderno paraíso capitalista. El laissez-faire y bajos impuestos de Cowperthwaite lograron que el ingreso per cápita de Hong Kong, que en 1960 equivalía apenas al 28 por ciento del de Gran Bretaña, se multiplicara y alcanzara para 1996 -el año antes de la devolución de esa colonia inglesa a China-, 37 por ciento por encima del de Gran Bretaña, país que ya entonces gozaba del inmenso auge logrado por la primer ministra Thatcher. Hoy, Hong Kong sirve a la nueva China de guía sobre lo que se puede alcanzar con libertad económica.

Países asiáticos como Taiwán, Singapur, Corea del Sur y China son los más atractivos con respecto a los impuestos, mientras que América Latina tiende a seguir los pasos de Europa occidental y en Estados Unidos todavía escuchamos a los políticos -como también a empresarios mercantilistas- insistir que el proteccionismo y altos muros contra la inmigración benefician a los trabajadores y fomentan el crecimiento económico. Hong Kong es prueba de todo lo contrario y ocupa, año tras año, el primer puesto en el Índice de Libertad Económica.

Por Carlos Ball

lunes, 24 de septiembre de 2007

Una obsesión peligrosa


Los medios de comunicación y el mundo académico viven obsesionados con los "diferencias" y las "desigualdades" en los sueldos. Como decía un tertuliano, "no tiene sentido" que un ejecutivo gane 50 millones de dólares al año. Pero cualquier persona es incapaz de encontrarle el sentido al 99% de todas las cosas que suceden en este mundo. ¿Sabe usted cómo funciona la transmisión de su vehículo? ¿Podría arreglarla si se estropeara? ¿Entiende usted cómo logra calmar el dolor de cabeza la aspirina? ¿Cómo se hace el yogur?

Hace años, un famoso ensayo hacía hincapié en que nadie sabe cómo hacer un simple lápiz de grafito. O sea, que ningún individuo en el mundo sabe cómo producir la madera, extraer el grafito, sacar la goma y fabricar la pintura. Los procesos económicos complejos hacen que todas estas cosas puedan ser hechas coordinadamente por una gran variedad de personas, sólo para producir algo tan sencillo como un lápiz. Esto puede multiplicarse por cien o por mil cuando se trata de la complejidad de producir un coche o un ordenador.

Si no puede entender algo tan simple como la fabricación de un lápiz, ¿por qué debería sorprenderse de no entender las razones por las que unos ganan mucho más dinero que otros?

Además, si esta obsesión con las desigualdades de salario no se queda en un simple lamento o un rechinar de dientes, la conclusión a la que se quiere llegar es que alguien debería "hacer algo" para cambiar eso que usted no entiende. Por lo general, eso significa que el Gobierno –los políticos– deberían imponer medidas basadas en su ignorancia sobre lo que está sucediendo. ¿Se puede imaginar algo más peligroso que permitir que los políticos decidan cuánto dinero podemos ganar cada uno de nosotros?

Por supuesto que ese control político de los ingresos es generalmente defendido para encargarse solamente de los "ricos". Pero cuando se introdujo el impuesto a la renta, a principios del siglo XX, solamente se le aplicaba a los "ricos" y era un pequeñísimo porcentaje de sus ingresos. Pero una vez que se abrieron las compuertas de semejante poder político, hemos visto cómo el impuesto a la renta no solamente se extendió mucho más allá de "los ricos" sino que también acaparó una parte importante de los ingresos de las clases medias.

Además, el impuesto a la renta ha generado una burocracia invasiva, creando una complejidad y un papeleo tan grandes que millones de ciudadanos de a pie tienen que buscarse un gestor que les rellene las solicitudes y luego firmarlas bajo pena de perjurio atestiguando que están bien hechas. Pero si usted supiera hacerlas correctamente, ¿para qué necesitaría que otra persona se las hiciera?

Dicho sea de paso, en Estados Unidos hizo falta una enmienda constitucional para permitirle al Gobierno federal la imposición de un impuesto sobre la renta. Aquellos que escribieron la Constitución norteamericana eran lo suficientemente sabios como para entender lo peligroso que sería permitirle al Gobierno que tomara el dinero del pueblo solamente porque el pueblo tenía dinero.

Desgraciadamente, los "progresistas" fueron lo suficientemente tontos, o envidiosos, como para señalar con el dedo a los "ricos" como únicos objetivos de un proceso que inevitablemente se extendería a toda la sociedad y convertiría sus exigencias en insaciables.

Hoy en día, los "progresistas" quieren extender aún más el control político a los ingresos. Lo llaman "justicia social" pero también podríamos llamarlo Rumpelstiltskin y seguiría significando que los políticos decidan cuánto dinero nos permiten tener a cada uno de nosotros.

También merece la pena hacer hincapié en que las personas de las que se dice que ganan cantidades "escandalosas" de dinero son por lo general ejecutivos de empresa. No hay una indignación semejante cuando son las estrellas de Hollywood, que ganan muchas veces más que los ejecutivos de empresa. Eso es un prejuicio social o ideológico alimentado por la envidia y la ignorancia. Es una mezcla demasiado explosivo como para basar en ella la política nacional.

La palabrería grandilocuente sobre "justicia social" o "equidad" se reduce a ampliar los poderes a los políticos, ya que estas palabras tan hermosas no tienen una definición concreta. Son un cheque en blanco para crear desigualdades en el poder que empequeñecen las desigualdades de los ingresos... y que son muchísimo más peligrosas.

Thomas Sowell, tomado de http://www.liberalismo.org/articulo/398/12/